por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Su nombre era Blanca. Mientras estuvo al frente de su clase de 5° grado, el primer día de clase lo iniciaba diciendo a los niños una mentira.
Como la mayor parte de los profesores, ella miraba a sus alumnos y les decía que a todos los quería por igual. Pero eso no era posible, porque ahí, en la primera fila, desparramado sobre su asiento, estaba un niño llamado Diego.
La maestra Blanca había observado a Diego desde el año anterior, y había notado que él no jugaba con otros niños, su ropa estaba muy descuidada y a menudo necesitaba darse un buen baño.
Diego comenzaba a ser un tanto desagradable. Llegó el momento en que la maestra Blanca disfrutaba al marcar los trabajos de Diego con un plumón rojo haciendo una gran X y colocando un cero muy llamativo en la parte superior de sus tareas.
En la escuela donde Blanca enseñaba, le era requerido revisar el historial de cada niño; ella dejó el expediente de Diego para el final.
Cuando por fin revisó su expediente, se llevó una gran sorpresa. La profesora de primer grado escribió:
"Diego es un niño muy brillante, con una sonrisa sin igual. Hace su trabajo de una manera limpia y tiene muy buenos modales… es un placer tenerlo cerca".
Su profesora de segundo grado escribió: "Diego es un excelente estudiante, se lleva muy bien con sus compañeros, pero se nota preocupado, porque su madre tiene una enfermedad incurable y el ambiente en su casa debe ser muy difícil".
La profesora de tercer grado escribió: "Su madre ha muerto; ha sido muy duro para él. Él trata de hacer su mejor esfuerzo, pero su padre no le muestra mucho interés y el ambiente en su casa le afectará pronto si no se toman ciertas medidas".
Su profesora de cuarto grado escribió: "Diego se encuentra atrasado con respecto a sus compañeros y no muestra mucho interés en la escuela. No tiene muchos amigos y en ocasiones se duerme en clase".
Ahora la maestra Blanca se había dado cuenta del problema, y estaba apenada con ella misma. Ella comenzó a sentirse peor cuando sus alumnos les llevaron sus regalos de Navidad, envueltos con preciosos moños y papel brillante, excepto Diego. Su regalo estaba mal envuelto, con un papel amarillento que había lomado de una bolsa de papel.
A la maestra Blanca le dio miedo abrir ese regalo en medio los otros presentes. Algunos niños comenzaron a reír cuando ella encontró un viejo brazalete y un frasco de perfume con sólo un cuarto de su contenido.
Ella detuvo las burlas de los niños, al exclamar lo precioso Que era el brazalete, mientras se lo probaba y se colocaba un poco del perfume en su muñeca.
Diego se quedó ese día al final de la clase para decir:
- Maestra Blanquita, el día de hoy usted huele como olía mi mamá.
Después de que el niño se fue, ella lloró por lo menos una hora.
Desde ese día, ella dejó de enseñarles a los niños aritmética, a leer y a escribir.
En lugar de eso, comenzó a educar a los niños. La maestra Blanca puso atención especial en Diego.
Conforme comenzó a trabajar con él, su alma comenzó a revivir. Mientras más lo apoyaba, él respondía más rápido.
Para el final del ciclo escolar, Diego se había convertido en uno de los niños más aplicados de la clase, y a pesar de su mentira de que quería a todos sus alumnos por igual, Diego se convirtió en uno de sus consentidos.
Un año después, ella encontró una nota debajo de su puerta, era de Diego, diciéndole que ella había sido la mejor maestra que había tenido en toda su vida.
Seis años después, por las mismas fechas, recibió otra nota de Diego; ahora le escribía diciéndole que había terminado la preparatoria siendo el tercero de su clase y ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida.
Cuatro años después, recibió otra carta donde le decía que, a pesar de que en ocasiones las cosas fueron muy duras, se mantuvo en la escuela y pronto se graduaría con los más altos honores. Él le reiteró a la maestra Blanca que seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida, y que era su favorita.
Cuatro años después recibió otra carta. En esta ocasión le explicaba que después de que concluyó su carrera, decidió viajar un poco. La carta le explicaba que ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido y su preferida; pero ahora su nombre se había alargado un poco; la carta estaba firmada por el Doctor Diego Hernández Figueroa.
La historia no termina aquí, existe una carta más que leer, Diego ahora decía que había conocido a una chica con la cual iba a casarse.
Explicaba que su padre había muerto hacía un par de años y le preguntaba a la maestra Blanca si le gustaría ocupar en su boda el lugar que usualmente es reservado para la madre del novio; por supuesto, Blanca aceptó, y adivinen…
Ella llegó usando el viejo brazalete, y se aseguró de usar el perfume que Diego recordaba que usó su madre la última Navidad que pasaron juntos. Se dieron un gran abrazo, y el Dr. Hernández le susurró al oído:
- Gracias Blanca por creer en mí.
Muchas gracias por hacerme sentir importante y mostrarme que yo podía hacer la diferencia.
Blanca, con lágrimas en los ojos, tomó aire y dijo:
- Diego, te equivocas, tú fuiste el que me enseñó a mí que yo puedo hacer la diferencia. No sabía cómo educar hasta que te conocí.
Recuerda que a donde quiera que vayas y hagas lo que hagas, tendrás la oportunidad de tocar y/o cambiar con tus actitudes los sentimientos de alguien. Trata de hacerlo de una forma positiva.
“Los amigos son Angeles que nos levantan, cuando nuestras alas tienen problemas para recordar como volar"
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Dios me pidió un poema sobre las bellezas de la creación, y yo me puse a hablar de las cosas que Él creó.
Hablé del sol, y sentí sus manos calentándome.
Hablé de la luna, y sentí su brillo envolviéndome.
Hablé de la noche, y sentí sobre mí su manto de estrellas.
Hablé de todo lo verde del planeta, y sentí su soplo de esperanza.
Hablé de las aguas, y sentí su inmersión en el misterio de mi espíritu.
Hablé del cielo, y sentí que su azul me protegía.
Hablé del fuego, y sentí sus llamas quemando mis penas.
Hablé del aire, y sentí su soplo divino renovándome.
Hablé de todos los seres, y sentí su presencia en cada forma viviente.
Y a Él le presenté todo lo que escribí:
- Aquí está el poema que me pediste, espero que apruebes todo lo que escribí.
Y oí su respuesta:
- Prosigue, aún no has hablado de ti.
Cada criatura, al nacer, nos trae el mensaje de que Dios todavía no pierde la esperanza en los hombres (Tagora)
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Existen momentos en la vida que nos marcan para siempre o dejan una huella imborrable en nuestros corazones.
Permite que esos momentos sólo sean los más bellos y puros.
Permite que las huellas en tu corazón sean aquéllas que al momento de tu vejez te llenen de ternura, dulzura y sobre todo, de paz…
Y por último, permítete ser feliz, pero de manera tal, que nada ni nadie sea capaz de nublar ese bello sentimiento que Dios ha sembrado en nuestros corazones y que el amor y la
amistad han fortalecido.
Y es mi deseo:
Que Él nos ayude a que sólo esos momentos de felicidad sean los que nos acompañen ahora y siempre.
Ahora procuro no retardar u olvidar, sino conservar nada más aquello que podría acrecentar sonrisas de felicidad y alegría a mi vida.
Cada día que pasa, digo para mí mism@, que éste es un día muy especial.
Cada día, cada hora, y cada minuto que pasa son especiales.
¡APROVECHALOS!
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Bajo un sol abrazador, dos africanos descendían por el río Zambeze y remaban en su angosta piragua.
Oculto bajo las tranquilas aguas, un cocodrilo, terror del río, aguardaba su presa. De repente, la embarcación fue fuertemente sacudida y el cocodrilo hundió sus puntiagudos dientes en uno de los remos.
Desequilibrados, los dos remeros cayeron en las profundas aguas. Al ver la muerte ante sí, se debatían con vigor.
Uno de ellos se acordó de la advertencia de los ancianos de su aldea: "Si caes en un río infestado de cocodrilos, nada debajo del agua río arriba, porque el cocodrilo, en busca de su presa, siempre se deja llevar por la corriente".
Finalmente, después de muchos esfuerzos, este hombre alcanzó la orilla sano y salvo. Su compañero eligió la solución más fácil: nadó en el sentido de la corriente, pero también en el sentido del cocodrilo.
Muy cerca de la ribera, su pierna fue atrapada por un mordisco de la terrible bestia que lo arrastró al fondo del río.
El peligro está tan presente en un río infestado de cocodrilos como cuándo se siguen las corrientes de la moda de este mundo: la opinión pública, los placeres dudosos, el amor al dinero, la popularidad…¿Andas tú en la dirección correcta, o en el sentido de la corriente?
Dios dice: "Hay caminos que al hombre le parecen rectos; pero al final conducen a la muerte"
(Proverbios 14:12).
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
En cada amanecer los seres humanos abrimos los ojos para enfrentarnos a otro día más…
La mañana se va llenando de un taconeo, que marca la carrera veloz de gente que marcha hacia sus tareas diarias…
Las calles se llenan de estudiantes, trabajadores y
gentes, que se afanan por llegar al lugar esperado…
Tanta es la prisa, que el tiempo no es suficiente para detenernos a mirar el interior del [ ser humano que nos rodea…
Nuestros ojos se conforman con fijarse en el exterior solamente…
Recordamos el largo de una falda, la marca del pantalón, el color de la piel…
Comentamos el gesto huraño de algún compañero, sin buscar la causa que lo provocó…
Transcurre el día y no hemos mirado el interior del amigo que nos acompaña diariamente…
Deberíamos jugar a descubrir lo hermoso de la gente…
Cada ser humano tiene a Dios dentro…
¡Es lo que debería llamar nuestra atención diaria!
En lugar de ver el gesto agrio de alguien, entendamos el valor que tiene para resistir las tensiones provocadas por situaciones que no conocemos..
Antes de burlarnos del que no aprende con la rapidez de los demás, demos un aplauso a su magia para ser bueno con sus semejantes…
Todos los días son buenos para comenzar a descubrir sonrisas hermosas, manos hábiles, actos valiosos, espíritus valientes, luchadores incansables…
Cada ser humano tiene un valor especial, un don divino que recibe al nacer y que si se descubre, puede utilizarlo para su beneficio y para el de los que le rodean…
Hagamos un alto en nuestra prisa diaria, miremos el interior de nuestros hermanos y aprendamos a valorarlos por lo que son y no por lo que quisiéramos que fueran…
“La vida sólo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia delante”
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Cierta casa de una viuda muy rica se incendió. La señora muiió en el fuego. Mientras los bomberos trataban de controlar las llamas, se dieron cuenta de que el hijito de la señora, de 5 años de edad, estaba denlro de la casa. No había forma de llegar a él. Las escaleras ya se habían caído. El edificio no tenía ascensor y no sabían como llegar al niño.
Sólo un hombre que pasaba por el lugar, vio la escena. Observó un tubo al lado de las llamas que llegaba a la ventana donde se había asomado el niño.
Nadie podía tocar el tubo por lo mucho que se había calentado. Pero aquel hombre, valientemente, se subió por el tubo, quemándose las manos, hasta donde estaba el niño, salvándole la vida.
Un año y medio más tarde, se ventilaba en la corte quién calificaba para adoptar al niño (siendo heredero de toda la riqueza).
Muchos solicitaron, demostraron lo que creían era necesario para calificar: trayectoria, negocios, solidez, riquezas, etc. Pero a ninguno el niño aprobó, y ésta era una condición sumamente necesaria.
El juez volvió a llamar a quienes habían asistido para que probaran si adoptaban al niño, o si éste le aprobaba; entonces entró a la sala un hombre desconocido. Caminó lentamente hacia adelante, con las manos dentro de los bolsillos. El juez le preguntó por sus credenciales, a lo que respondió:
- Señoría, no tengo riquezas ni negocios que me hagan competir contra todos los que aspiran a adoptar al niño.
El juez le dijo:
- ¿Pues qué hace usted aquí?, alguna razón debe mostrar por la que quiera ser el padre tutor del niño.
El señor dijo:
- Sólo tengo estas muestras de amor abnegado. (Al decir esto mostró sus manos; estaban blancas, quemadas, deshechas).
El niño, al verlo, reconoció al hombre que le había salvado la vida y, con lágrimas en sus ojos corrió a abrazarlo, y a aceptarlo como su padre tutor.
Hermanos: Cristo Jesús pagó por ti un precio incalculable. Entregó su vida para salvar la tuya, y también te lleva esculpido en las palmas de sus manos. El quiere adoptarte como su hijo, no porque quiera tomar tu riqueza sino para cambiar tu desdicha y enfermedad, por su alegría, riqueza y vida eterna.
¿Aceptarás su adopción?
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Una pareja de jóvenes muy apuestos estaban muy enamorados y se iban a casar. Unos meses antes de la boda, ella tuvo un accidente y quedó con el rostro quemado, muy desfigurado.
- No puedo casarme contigo -le comunicó en una carta a su novio-. Quedé marcada y fea para siempre, búscate a otra joven hermosa como tú lo mereces; yo no soy digna de ti.
A los pocos días, la muchacha recibió la siguiente carta de su novio.
- El verdadero indigno soy yo, siento mucho tener que comunicarte que he enfermado de los ojos y el médico me dijo:
que estoy perdiendo aceleradamente la visión, e irremediablemente voy a quedar ciego. Si aun así estás dispuesta a aceptarme, yo sigo ardientemente deseando casarme contigo.
Cuando se casaron, el novio estaba ya completamente ciego.
Vivieron 20 años de amor, felicidad y comprensión. Ella fue su lazarillo, se convirtió en sus ojos, en su luz.
El amor le fue guiando por ese túnel de tinieblas. Cuando ella agonizaba, sentía dejarlo solo en interminables noches de tinieblas. Murió y entonces… él abrió sus ojos. ¡No estaba ciego!
Dijo ante el desconcierto de todos:
- Fingí serlo para que mi mujer no se afligiera al pensar que podía verla con el rostro desfigurado; ahora mi amor descansa en ella.
Busquemos nuestro verdadero amor, no con los ojos físicos… sino con los del alma…
No dejes que las locuras de tu día a día te dejen ciego para vivir la mejor cosa de la vida.
por makf | 24 Ago, 2025 | Libro 6
Como todas las mañanas desde hace ya 6 años, me despertó mi mamá para ir a la escuela; había pasado una mala noche, con pesadillas sobre monstruos y me costaba trabajo levantarme.
A los diez minutos, mi madre volvió a despertarme esta vez con más fuerza, se estaba haciendo tarde. Me levanté rápidamente, apenas y me lavé la cara, me comí el desayuno en un abrir y cerrar de ojos, y ahí estaba mi mamá diciéndome:
- Come más despacio, te vas ahogar.
Con las prisas del momento le contesté de mal modo:
- Sí, ya lo sé, no empieces a regañarme, (aún tuve que soportar las preguntas de rigor).
- ¿Llevas el almuerzo?, ¿te cepillaste los dientes?, ¿tienes listos los libros?
Y yo aún más impaciente le contestaba levantando la voz:
- ¡Ya te dije que sí! Ella sonrió suavemente y me dijo:
- Anda, dale un beso a mamá y ve con cuidado a la escuela.
Alcé los hombros con fastidio y le dije medio enfadado:
- ¡Mamá! Ya es tarde, no tengo tiempo para eso.
- Está bien hijo, ve de prisa, que Dios te proteja.
Aún retumban mis propias palabra en mi oído: no tengo tiempo para eso…
Con las prisas y el enfado no me percaté de un leve destello de tristeza en su mirada. Mientras iba corriendo hacia la escuela, estuve a punto de regresarme y darle un beso a mi mamá; sentía un nudo en el corazón, pero mis compañeros comenzaron a llamarme y fui hacia ellos, ¿con qué excusa regresaría?, ¿que iba a darle un beso a mi mamá?, se hubieran reído de mí.
De todas formas, al regresar a casa después de las clases, vería a mi mamá en la puerta de mi casa esperándome como siempre, temerosa de que me suceda algo, impaciente si tardo unos minutos, ya que me he entretenido con mis amigos.
El día se me pasó volando en la escuela; entre clase y clase, juegos y almuerzo, se me había olvidado el incidente de la mañana. Sin embargo, esta vez, apenas sonó el timbre, salí corriendo a mi casa sin entretenerme. Desde la esquina esperaba divisar la figura de mi madre en la puerta, pero no había nadie esta vez. Supuse que estaría adentro, entretenida con algo, pero extrañé de momento su presencia tan segura.
Antes de tocar el timbre, salió a la puerta mi padre, ¿pero, era mi padre?, aquel hombre era mucho mayor de lo que siempre me había parecido, los hombros caídos, los ojos hinchados y un profundo halo de tristeza lo rodeaba; mi corazón empezó a latir alocadamente presintiendo algo, apenas me salió la voz para decir…
- ¿Qué pasa papá?, ¿mamá está bien?
Y en un suspiro me contestó:
- Tu mamá sufrió un ataque al corazón esta mañana. Su muerte fue instantánea, nadie se enteró, hasta que vinieron a visitarla y la encontraron ahí tendida en el pasillo. Fue muy rápido, hijo, se fue nuestro ángel… - un sollozo salió de su garganta y no pudo seguir hablando.
- ¿Mi mamá?, ¡¡ ¡mmmaaammmááá!!!
Dios perdóname, dile que me perdone, aún soy un niño pretendiendo ser un hombre, dile por favor que ella es lo que más quiero en esta vida, y que prometo valorar a las personas que comparten conmigo mi existencia, no malhumorarme con días sin ningún motivo, y que les daré mil besos, día a dia, por todos los que no pude darle a ella. Cuídala por mí, mi Dios, que cuando me toque la hora de partir de este mundo venga a mi pecho y me arrope como siempre lo hizo.
¿Saben?… Disfruten a sus madres todos los días de su existencia… nunca sabemos hasta cuándo tendremos la dicha de su presencia mortal. Y si ya no está con nosotros, no te preocupes; una mamá es muy necia y nunca te dejará solo, te quiere muchísimo…
"Nunca subestimes el poder de una palabra, o una acción amable.
Una madre es paciencia, entrega, sacrificio, perdón,
compañía, amor, bendición, protección y oíros atributos, que ocuparían muchas páginas de muchos libros; pero lo más importante de todo este discurso es que: LA MADRE ES UN REGALO DE DIOS
por makf | 23 Ago, 2025 | Libro 6
(Una historia que prueba la existencia de Dios)
En alguna ocasión se suscitó una fuerte discusión entre dos amigos, uno creyente en la existencia de Dios y el otro absolutamente incrédulo y ateo.
Después de una larga e inútil discusión, se separaron muy molestos.
El creyente, con el deseo de convencer a su amigo, construyó en una habitación de su casa un planetario, al cual le invirtió mucho tiempo y dinero, para simular el universo en movimiento, en el cual aparecía el sol, los planetas, música sideral, cometas, etc. Lo realizó con tanto cuidado y esmero, que cuando uno entraba a esa habitación, se sentía flotar en el espacio.
Invitó a visitarlo a su amigo ateo, y cuando éste último, sorprendido, le preguntó al constructor quién había realizado tan magnífica obra maestra, el creyente le contestó: - Nadie.
A lo cual, por supuesto, el otro reclamó:
- Oye, ¡no soy tonto! Esto lo debe haber hecho alguien, no creo que se haya hecho solo.
El creyente lo sacó de la habitación y, como era de noche, lo llevó al jardín de su casa y le dijo:
- Mira, observa el firmamento, las estrellas, la perfecta armonía de las fuerzas en movimiento. Sabes, -le dijo finalmente-, toda esta maravilla nadie la hizo.
En ese momento, el ateo comprendió que existía un poder superior y le respondió:
-Tenias razón, perdóname.
por makf | 23 Ago, 2025 | Libro 6
Aquel día, me desperté con mucha flojera y renegando. Con trabajo pude deshacerme de las cobijas.
Me dirigí al baño arrastrando los pies, mientras maldecía el tener que levantarme de la cama, sin poder quedarme en ella todo el día.
Desayuné con los ojos tan cerrados como mi mente.
Tal pereza me dominaba, que por no meter el pan en el tostador, preferí comerlo frío y beber la leche directamente de la botella.
¿Por qué tener que trabajar? ¡Esa sí era una verdadera maldición!
Salí de mi casa en dirección a la oficina, me subí en mi vehículo con asientos de piel y calefacción, observando en el camino el pavimento humedecido por la lluvia, y seguía maldiciendo el tener que ir a trabajar.
El semáforo marcó el alto y de pronto, como un rayo, se colocó frente a todos los automóviles algo que parecía un bulto.
Por curiosidad abrí más mis ojos somnolientos y pude descubrir que lo que parecía un bulto, era el cuerpo de un joven montado en un pequeño carro de madera.
Aquel hombre no tenía piernas y le faltaba un brazo.
Sin embargo, con su mano izquierda lograba conducir el pequeño vehículo y manejar con maestría un conjunto de pelotas, con las que hacía malabares.
Las ventanillas de los «automóviles se abrían para darle una moneda al malabarista, que llevaba un pequeño letrero sobre el pecho.
Cuando se acercó a mi auto pude leerlo, "Gracias por ayudarme a sostener a mi hermano paralítico".
Con su mano izquierda señaló hacia la banqueta y ahí pude ver a su hermano, sentado en una silla de ruedas colocada frente a un atril que sostenía un lienzo, y movía magistralmente con su boca un pincel que daba forma a un hermoso paisaje.
El malabarista, mientras recibía ayuda, vio el asombro de mi cara y me dijo:
- ¿Verdad que mi hermano es un artista? Por eso escribió esa frase sobre el respaldo de su silla.
Entonces leí la frase que decía: "Gracias, Señor, por los dones que nos das. Contigo no ¡ nos falta nada".
Recibí un fuerte golpe en mi interior, mientras el hombre se retiraba y el semáforo cambiaba del color rojo al verde.
Mi semáforo interior cambió desde aquel día.
Nunca más se me volvió a encender la señal de alto, que me paralizaba por la pereza.
Siempre he tratado de mantener la luz verde y realizar mis trabajos y actividades sin detenerme.
Aquel día descubrí que ante aquellos jóvenes, yo era el paralítico.
Desde aquel mismo día, nunca he dejado de agradecer.
Ahora no tengo todo lo que quiero; pero le doy gracias a Dios por lo que tengo.
El salario apenas me alcanza para pagar las cuentas, pero gracias a Dios que por lo menos tengo un trabajo para ganar el sustento.
Los problemas se me han venido multiplicando como si fueran mágicos, pero gracias a Dios tengo paciencia y fortaleza para resolver aquellos que tienen solución y resignación para los qus no tienen.
A veces creo que no podré seguir adelante con tanto conflicto; pero le doy gracias a Dios porque cada mañana siento dentro de mi corazón que sí puedo.
Los años han ido pasando rápidamente, mi piel está un poco arrugada, y mis cabellos se están poniendo blancos; pero le doy gracias a Dios por la alegría que siento de vivir.
Cada día le doy gracias a Dios por los conflictos que pude resolver, por los problemas que pude superar, por la enfermedad que pude soportar, por el odio que se transformó en amor, por la soledad que pude sobrellevar.
Cada día lo bendigo por haberme enseñado a decir:
"Gracias, Señor, por los dones que me das. Contigo no me falta nada".