Por Si el Mañana Nunca Llega

El Capitán Ulrich, piloto de un gran avión de propulsión a chorro, tomó el micrófono para comunicarse con el aeropuerto. Se acercaba a la isla de Mauricio y llevaba a bordo 160 pasajeros procedentes de Taiwan. Iba a aterrizar para reponer combustible antes de continuar el vuelo a Sudáfrica, pero algo andaba mal en el avión. En vez de solicitar autorización para aterrizar y esperar confirmación, como es de rigor, anunció desesperadamente:

  • ¡Hay fuego en la cabina! Trataré de descender.

Estas fueron sus últimas palabras. Dichas éstas, todo quedó en silencio. Poco después, el avión cayó al Océano índico. El Capitán Ulrich, con toda su tripulación y los 160 pasajeros que iban a bordo, perecieron en el accidente. El caso fue más trágico aún cuando se supo que éste era el último vuelo que hacía el Capitán antes de retirarse.

Toda muerte prematura nos conmueve, porque se supone que cada ser humano debe completar su ciclo normal de vida antes de morir. Pero cuando la muerte prematura ocurre en un accidente y le ocurre a una persona, como a este piloto que hacía el último viaje antes de jubilarse, para descansar, parece que fuera aún más impresionante.

Faltaban apenas diez minutos para que aterrizara normalmente, sólo diez minutos para llegar al aeropuerto con salud y con vida. Pero en ese breve lapso de tiempo, en esos escasos diez minutos, el fuego apareció en el avión y no hubo salvación para nadie.

¿Cuántas veces un hombre sale para su trabajo y le da un beso de despedida a su esposa y resulta que es éste su último beso? ¿Cuántas veces un hombre, despreocupado, dice: Esta es mi última borrachera? ¡Después de ésta, no beberé más! Y esa última copa de licor es la que colma la medida. Es en realidad su última copa, porque muere de un paro respiratorio.

La muerte acecha a la vuelta de cada esquina. Cada día que vivimos puede ser el último de nuestra vida.

Bien dijo el sabio Salomón:

  • "No hay quién tenga poder sobre el aliento de vida como para retenerlo, ni hay quien tenga poder sobre el día de su muerte, sino sólo Dios".

“No es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita.”

Perdóname Señor

Hoy, viajando en autobús vi una hermosa muchacha con cabellos de oro y expresión de alegría; envidié su hermosura.

Al bajarse, la vi cojear…, tenía una sola pierna, y apoyada en su muleta sonreía.

PERDÓNAME, SEÑOR, cuando me quejo. ¡Tengo dos piernas y el mundo es mío!

Fui a comprar después unos dulces. Me atendió un muchacho encantador, hablé con él; parecía tan contento que aunque se me hubiera hecho tarde no me habría importado. Ya, al salir, oí que me decía:

  • "Gracias por charlar conmigo… es usted tan amable. Es un placer hablar con gente como usted… ya ve, soy ciego".

PERDÓNAME, SEÑOR, cuando me quejo. ¡Yo puedo ver y el mundo es mío!

Más tarde, caminando por la calle vi un pequeño de ojos azules que miraba jugar a otros: niños; sin saber qué hacer me acerqué y le dije:

  • "¿Por qué no juegas con ellos?- Siguió mirando hacia adelante, sin decir una palabra. Entonces comprendí que no me oía.

PERDÓNAME, SEÑOR, cuando me quejo. ¡Yo puedo oír y el mundo es mío!

Tengo dos piernas, para ir a donde quiero…

Ojos, para ver los colores del atardecer…

Oídos, para escuchar las cosas que me dicen…

PERDÓNAME, SEÑOR, cuando me quejo.

¡Lo tengo todo y el mundo es mío!

Pelea de Lobos

Un abuelo le dice a su nieto: - "Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón. Uno de los dos, es un lobo enojado, violento, impaciente, intolerante y vengador. El otro está lleno de amor y compasión." El nieto le pregunta:

  • "Abuelo, dime, ¿cuál de los dos lobos ganará la pelea en tu corazón?"

El abuelo contesta: -"Aquel que yo alimente más".

Eleva a tal punto tu alma, que las ofensas no te puedan alcanzar.

Eleva a tal punto tu alma, que las ofensas no te puedan alcanzar.

Eleva a tal punto tu alma, que las ofensas no te puedan alcanzar.

René Descartes

«Pasé como Forestero y Ustedes me Recibieron» Mateo 25,35

Roy Popkin cuenta la historia real de un anciano, que perdió el conocimiento en una calle de Brooklyn y lo llevaron de emergencia a un hospital. Después de hacer algunas indagaciones, una enfermera del lugar pareció localizar al hijo del anciano, un marino que trabajaba en otra ciudad.

Cuando el marino llegó al hospital, la enfermera le dijo al anciano:

-"Su hijo está aquí"-. El pobre anciano, sedado por tanta medicina, levantó su brazo tembloroso. El marino tomó su mano y la tuvo entre las suyas por varias horas. De vez en cuando, la enfermera le sugería al marino que se tomara un descanso, pero él se rehusaba. Cerca de la madrugada, el anciano falleció. Luego que murió, el marino le preguntó a la enfermera: -¿Quién era ese hombre?-. La enfermera le dijo:

-¿No era ese su padre?-.

"No"-, dijo el marino, -pero vi que se estaba muriendo y en ese momento él necesitaba a un hijo desesperadamente y por eso me quedé".

Oración de un niño: "Señor: que los malos se vuelvan buenos y que los buenos se vuelvan simpáticos".

¿Para qué te Levantaste?

¿Alguna vez te has levantado en la mañana como un acto reflejo, sin saber por qué o cuáles motivos tienes para vivir?

¿Alguna vez has dejado de lado tus sueños, para vivir tan sólo el acelerado ritmo de hoy, sin poder detenerte a pensar?

Tal vez hoy te levantaste sin tiempo, como siempre, sin dar gracias al Creador, o encomendar tu día a Dios. Tal vez porque sientes que no tienes motivos para vivir, más que el cumplir con tus obligaciones.

Existe una razón más allá del trabajo, la responsabilidad, o el simple hecho de estar vivo. Cada minuto que pasa es irrepetible, precioso, único e incomparable. Pasar por la vida sin vivir, es algo que a muchos les sucede hoy.

Por eso, toma tu tiempo, mira el cielo, disfruta de las aves, de tus amigos, hasta de los embotellamientos. Disfruta de aquello que incluso te saque de tus casillas, sabiendo que, a fin de cuentas, el motivo principal por el que estás aquí… se llama: Jesús.

Para Hablar con Jesús

Estaba cansado y triste de seguir tratando de vivir una vida llena de reglas, cuando alguien me dijo que tratara de hablar con Dios.

Pensé mucho y decidí hacer la prueba. Cerré la puerta y no supe qué decir, sentado en mi cama, sin nada de qué hablar con alguien que no conocía. Al día siguiente, comenté que no había podido hacerlo, y me dijeron:

  • "Cuando no sepas que decir, solamente di: "Jesús". Ese nombre está sobre todo nombre y tiene poder"

No entendí mucho, pero nada perdía y lo intenté esa noche. Repetía el nombre: "Jesús" lentamente. Sentí mucha paz y como que alguien estaba conmigo. Y por más que lo intenté, no obtuve respuesta. Volví a preguntar, pues me intrigaba ver que había sentido algo. A lo que me respondieron.-"El problema es que llamaste a Jesús, y no le dejaste hablar, Él estaba contigo, pero no le diste oportunidad de hablar".

Esa noche, dije profundamente el nombre de Jesús y luego guardé silencio. Muchos pensamientos vinieron a mi mente y con ellos… una paz muy grande y un consuelo maravilloso. Entonces entendí que la única forma real de hablar con Jesús, es calmar los pensamientos de la mente, no buscar grandes maravillas o señales, sino solamente su presencia. Con eso basta para que cualquier problema se aleje.

Si estás con problemas, dificultades, o piensas como yo, que no puedes hablar con Jesús o que no te escucha, recuerda solamente decir su dulce nombre, calmar tu agitada mente y deja que su presencia te cambie la vida como lo hizo con la mía.

Eres tan importante, como yo para Él… ¿Deseas hacer la prueba?… Hazlo y no te arrepentirás… Te lo garantizo.

Oración de Fe

Creo, aunque todo te oculte a mi fe.

Creo, aunque todos me griten que no, porque he basado mi fe en mi Dios inmutable, en mi Dios que no cambia, en mi Dios que es amor.

Creo, aunque todo parezca morir.

Creo, aunque yo no quisiera vivir, porque he fundado mi vida en palabras sinceras, en palabras de amigo, en palabras de Dios.

Creo, aunque todo subleve mi ser.

Creo, aunque sienta muy solo el dolor, porque un cristiano que tiene al Señor por amigo, no vacila en la duda, se mantiene en la fe.

Creo, aunque veo a los hombres matar.

Creo, aunque veo a los niños llorar, porque aprendí con certeza que Él sale al encuentro en las horas más duras, con su amor y su luz.

Creo… pero aumenta mi fe.

R Ignacio Larrañaga

Nunca es Tarde para Pedir Perdón

Una mañana, Leonardo recibió una llamada de su ex-novia para decirle:

  • Yo también sentí lo mismo que tú anoche. Te espero dentro de una hora en el parque, junto al pequeño muelle del lago.

Leonardo colgó el teléfono y quedó muy pensativo. Extrañamente, un día antes había soñado a su ex-novia con la cual había terminado en malos términos, y por rencores y orgullos habían perdido la comunicación de pareja y amistad. Ahora, era el momento que ambos volvieran a cruzar palabras. El orgullo no debe ser eterno.

Leonardo se dirigió al parque, se acercó al pequeño muelle y se sentó, observando y pensando qué iba a pasar, qué le diría su ex-novia, de qué iba a hablar. Miraba a la gente pasar, y entre esa gente, alcanzó a observar que ella se acercaba a él de forma misteriosa. Pero lo más extraño es que ella vestía totalmente diferente: no llevaba sus ropas frecuentes, al contrario, llevaba un vestido blanco y unos zapatos impecablemente limpios del mismo color. ¡Y su rostro lucía tan hermoso!

Era como si destellara rayos de luz. Él intentó decirle "hola", pero ella le dijo: "Caminemos".

  • "He sabido que has estado triste y que has tenido muchos problemas, ¿es así Leonardo? Te he soñado llorando, te he escuchado gritar afuera de mi casa. Yo no me acercaba a tí debido a las circunstancias, pues sabía que tú no querías saber nada de mí. Pero no te culpo. Te lastimé demasiado y logré alejarte de mí. No vengo a discutir, no vengo a pedirte perdón, sólo he venido a decirte que aunque las cosas no se arreglaron en su debido momento, creo que nunca es tarde. Esperé a que tú me llamaras para que habláramos y aclaráramos nuestra situación; pero eso no sucedió.

El esperarte y el pensar en tí borró mi apetito y mis días de sol y así me fui cayendo poco a poco. Sin embargo, guardé la fe y me decía: el llamará, mas no lo hiciste.

No te culpo, pero si te comprendo. Sé lo que sentiste anoche; sé lo que te pasó, porque yo también lo sentí en ese momento, pero con mucho más dolor. Grité tu nombre mil veces, y grité mil veces perdón. ¡Qué lástima que no me hayas escuchado! ¡Qué lástima que no me hayas llamado Leonardo!.

Nunca es tarde para perdonar, y si te pedí que vinieras al

parque fue para entregarte ésto". Ella le entregó en sus manos una cruz, la cual era símbolo del amor de los dos: - Esta cruz es mi cuerpo, esta cruz es quien soy. Te amo y
quiero que la conserves contigo por el resto de tu vida.

El se quedó sin palabras y con los ojos un tanto llorosos. La gente lo empezaba a ver y lo señalaban. Incluso, un señor le preguntó si se encontraba bien, y él respondió:

Sí, ¿por qué? Lo veo caminar, y lo veo llorar. ¿Le sucede algo? No me sucede nada,
simplemente estoy conversando con ella. El señor se retiró algo extrañado del lugar.

Leonardo acompaño a su ex-novia hasta su casa. Al llegar, ella le pidió que por favor la esperara afuera. El accedió. De hecho, nunca lo hacía afuera de la casa. Leonardo esperó 10 minutos, y al notar que no regresaba, se preocupó. De repente, escuchó voces y vio salir de la casa a los amigos de ella. Todos, con cara triste y ojos llorosos lo abrazaron, y le dijeron: -Se nos fue, Leonardo, se nos fue.

Leonardo empezó a sentir su cuerpo tembloroso, entró a la casa y llegó hasta el cuarto de su ex-novia. Ahí, se encontraba la mamá de ella junto con el cadáver, el cual reflejaba una tristeza inmensa. Leonardo, con llanto y un nudo en la garganta, le preguntó a la señora:

¿Qué sucedió? ¿Dígame que sucedió? Dice el doctor que murió de tristeza. Ella dejó de comer, dejó de reír. No sabemos si el desamor la alejó de todo. No sabemos si el sentimiento de culpa la hizo infeliz. La mamá le entregó una carta a Leonardo, y decía así: - Yo también sentí lo mismo que tú. El aire empieza a faltarme, intento gritarle a mamá, pero no puedo. Luces blancas iluminan mi alcoba, siento un fuerte dolor de cabeza. Leonardo, gracias por haber ido al lago, gracias por estar aquí. Aunque en vida no me pudiste perdonar, sé que ahora lo harás frente a mí. Leonardo miró el cadáver y sólo dijo: - Perdóname tú a mí. Querido Amigo:

El rencor no tiene por qué cegarnos en el amor, en la amistad o en la familia. Todos somos seres humanos y lastimamos de igual manera. Aprende a perdonar a cada una de esas personas que te lastimaron, y tú también aprende a pedir perdón. No dejes que mañana sea demasiado tarde. No esperes a que te llegue una invitación, y no esperes a pedir perdón al cielo. Mejor corre y abraza a esa persona, mírala a los ojos y siente lo bello que es vivir.

También recuerda: Dios nos da la vida y sólo Él puede quitarla.

Aprende a amar, pero jamás ofrendes tu vida por un amor. Es cierto que el primer amor no se olvida, pero esto no significa que sea el definitivo o el mejor. Disfruta de tu juventud, que si un amor se va, seguro otro llegará y convertirá tus lágrimas en sonrisas de felicidad.

Nosotros y la Comunidad

Un individuo que no sabía cómo hacer para sentirse dentro de una comunidad, en la cual le costaba ver el amor entre los hermanos, porque veía las características particulares de cada uno, y eran muy distintos como para ser los unos para los otros, se sentó a orar, pidiéndole al Señor que le mostrara la forma de amar a su comunidad.

Luego de un tiempo, y en el anhelo de recibir la respuesta del Señor, se encontró con un hombre que miraba un grupo de piedras de diferentes tipos: unas de cemento, otras de rubí, otras de plata, otras de arcilla, todas muy distintas entre sí. Y el hombre le preguntó:

"¿Qué ve usted, amigo mío?"."Un grupo de piedras"-respondió él."Y… ¿qué aprecia en ellas?" "Veo que hay unas muy bonitas, que hay que cuidar, otras que hay que limpiar, y otras que yo tiraría". Y el hombre le respondió: - "Muy buena apreciación particular de lo que tengo. Venga mañana y le mostraré lo que yo
veo". Al día siguiente regresa el individuo y se encuentra un hermoso mural de Cristo resucitado, realizado con todas las piedras que él había clasificado según su parecer. Y el hombre que realizó el mural le dijo:

  • "Yo veía este gran mural y entraba en una profunda reflexión de cuales eran las
    piedras que usaría, y decidí iniciarlo sin sacar ninguna; y cuando lo terminé, me di cuenta que necesitaba cada una de ellas, y que ahora, si quito alguna de las piedras, el mural estaría incompleto".

"Esto me enseñó dos cosas: Una, que el valor particular de cada una de ellas, según mi parecer, no es el mismo valor que le da Dios a ellas; y en segundo lugar, si yo fuera una de estas piedras que forman el Cuerpo de Cristo, para que yo me vea bien en este mural, sólo tendría que quedarme en el sitio que me corresponde, porque de lo contrario, no sería la figura exacta de lo que el autor quería".

El individuo se marchó con una nueva enseñanza y con una nueva forma de orar:

  • "Señor, muéstrame cual es mi misión, y sobre todo, enséñame a amarte en cada uno
    de mis hermanos".

No Seas de Esos…

No seas de los que solamente critican… ya tenemos muchos de esos.

No seas de los que gritan improperios… ya tenemos muchos de esos.

No seas de los que toman licor hasta caer… ya tenemos muchos de esos.

No seas de los que son infieles a sus cónyuges… ya tenemos muchos de esos.

No seas de lo que no se preocupan por lo otros… ya tenemos muchos de esos.

No seas de los que dicen no creer en Dios… ya tenemos muchos de esos.

¡Sé de los que llevan palabras de aliento, hablan decentemente, se mantienen sobrios, fieles, que se preocupan por los demás… de esos ¡sí hay pocos!

¡Sé de los que creen y confían en Dios y por eso todo les sale bien!

En este mundo, donde siempre se desafía a "ser como deseas ser", te influyen a vivir más bien como el mundo desea y no como deseamos ser. Atrévete a ser diferente, no seas del montón que hace lo que el mundo dicta. Sé paciente, amable, amigo de Dios.

¡ESO ES SER DIFERENTE Y SER TU MISMO…! ¡ATRÉVETE!

Ahora sí…

"SÉ COMO DESEAS SER"

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