por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
Devolviéndole una imagen positiva, y ajustada de sí mismo. Si le vemos en su
aspecto positivo, sin inflar, ni exagerar ningún aspecto, aceptándole, lo estamos
consiguiendo.
Motivándole a afrontar el conocimiento de lo que le rodea, con curiosidad, e
interés. Creando un clima de descubrimiento, agradable y positivo.
Reforzándole en sus logros, no recalcando sus fracasos. Lo que ha hecho mal, no se lo podemos presentar como algo que está bien, pero podemos relativizar su fallo.
Dándole la oportunidad de que se enfrente a los conflictos. Que ponga en
juego sus habilidades, para resolverlos autónomamente.
Criticar sus actos, nunca a su persona. Cuando tengamos que limitar su acción,
podremos explicarle que lo que ha hecho no está bien, no nos gusta, pero
diferenciándolo claramente de lo que es su persona. Es decir, podemos expresarle: "Eso está mal", nunca le diremos: "Eres un desastre".
Asegurarle nuestro cariño y afecto incondicional, independientemente de sus
logros y comportamiento. El niño necesita sentirse seguro, y querido por sí mismo.
Facilitar al niño una salida "airosa" del conflicto. Cuando a un niño se le niega algo que quiere, o se le impide que lleve a cabo una acción determinada, es conveniente ofrecerle y ayudarle a tomar una opción alternativa, e incompatible con la anterior, y que sea adecuada. Una salida airosa para él, respetando la
norma. Si es posible, eligiendo entre varias.
Permitirle la expresión de sus sentimientos. Las emociones personales son el último reducto de la intimidad. No se debe enseñar a los niños a disfrazarlas desde pequeños. Se puede exigir un control sobre la acción, no sobre la emoción.
En un ambiente afectivo y adecuado, las emociones irán madurando positivamente
Aprende de los errores de otros, ya que no vivirás lo suficiente para aprender todo de ti mismo
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
En un día caluroso de verano, cu el sur de la Florida, un niño decidió ir a nadar en la laguna, detras de su casa. Salió corriendo, se tiró en el agua y comenzó a nadar feliz. No se dio cuenta de que un cocodrilo se le acercaba.
Su mamá desde la casa miraba por la ventana, y vio con horror lo que sucedía, enseguida corrió hacia su hijo, gritándole lo más fuerte que podía. Oyéndole, el niño se alarmó y viró nadando hacia su mamá, pero fue demasiado tarde.
Desde el muelle, la mamá agarró al niño por sus brazos, justo cuando el cocodrilo le agarraba sus pequeñas piernas. La mujer jalaba determinada, con toda la fuerza de su corazón. El cocodrilo era más fuerte, pero la mamá era mucho más apasionada, y su amor no la abandonaba. Un señor que escuchó los gritos, se apresuró hacia el lugar, con una pistola, y mató al cocodrilo. El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante, aún pudo llegar a caminar.
Cuando salió del trauma, un periodista le preguntó al niño si le quería enseñar las cicatrices de sus pies.
El niño levantó la sábana y se las mostró. Pero entonces, con gran orgullo, se remangó las mangas y señalando hacia las cicatrices en sus brazos le dijo:
"Pero las que usted debe ver son estas".
Eran las marcas de las uñas de su mamá, que habían presionado con fuerza. "Las tengo, porque mi mamá no me soltó y me salvó la vida".
Nosotros también tenemos las cicatrices de un pasado doloroso.
Algunas son causadas por nuestros propios desaciertos, pero algunas son la huella de Dios, que nos ha sostenido con fuerza para que no caigamos en las garras del mal.
Algunas veces nos conducimos tontamente en algunas situaciones peligrosas. La vida está repleta de riesgos, y nos olvidamos que el enemigo nos espera para atacarnos. Ahí es cuando empieza la lucha de halar y tirar. Si tienes las cicatrices de Su amor en tus brazos, sé muy, pero muy agradecido. El no te dejó, y no te dejará ir.
"Vivir bien y dar vida, es lo mejor que podemos hacer para no estar muertos en vida".
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
Las peleas y los problemas familiares tienen la rara característica de despertar el recuerdo de cosas que estaban, aparentemente, bien guardadas en el pasado. En especial, las peleas entre familiares, y con los amigos. Cuando uno discute por un problema, debe permanecer enfocado en ese conflicto, y no mostrar todas las "facturas" que han quedado pendientes de cobro.
Algunas de ellas podremos cobrarlas más adelante; otras, tal vez nunca y entonces, si ya no tienen solución, es mejor guardarlas en el cesto del olvido. Si tenemos un billete de lotería y ganamos, pero no nos presentamos a cobrar, lo perdemos; lo mismo ocurre con los conflictos, si no se resuelven en el momento en que se producen, ya no vale la pena hacerlo.
¿Por qué comenzar a hablar de un episodio que ocurrió hace diez años? Hoy el problema es otro, y si queremos solucionarlo, tenemos que centrarnos en la situación presente y tratar de salir adelante de la mejor manera posible. Si además queremos resolver las otras disputas que no quedaron resueltas en su momento, no lograremos remediar ni unas ni otras.
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
"Mi siempre linda mamá:
Ya va saliendo el sol. La noche queda atrás, es preciosa la aurora; a la luz de la fe las cosas se ven más claras, el corazón se fortalece y la sonrisa se ensancha.
Piense en Dios que lo demás no importa. Ámelo y pléguese con Él y por Él y, de paso, un poquito por usted misma, ¡porque usted es de Dios!
¡Ya va llegando! Ya se van abriendo ante sus ojos los infinitos horizontes del mundo de Dios. ¡Qué vista! ¡Qué grandeza! ¡Qué paz! Ya no habrá más tierra. ¡Sólo cielo! ¡Sólo Dios! Usted supo ser fiel. Dentro de poquito viene el premio y Dios da a lo Dios.
Regale, mamá, sus flores; suelte sus canarios; deje sus chucherías; adórnese el cabello; póngase buena moza; mire el crucifijo, hágale una guiñada de ojos y con la mejor de sus sonrisas extiéndale los brazos con el último de sus simpáticos regalos: su dolor.
Dígale que venga a buscarla cuando guste, que usted ya está preparada, que lo espera, y hasta puede usar la frase tan llena de amor y de fe que nuestros hermanos mayores del primitivo cristianismo tenían tan frecuentemente en sus labios: ¡Ven Señor Jesús!
Que no se le ocurra querer verme por última vez. Eso no se lo permito. Yo quiero verla muchas veces más. Y sé que usted también. No dude un segundo: la esperanza nos asegura que lo haremos, que nos veremos muchas veces más, que conversaremos largo y seguiremos juntos el resto del camino con toda la eternidad por delante.
Déle un beso a Jesucristo. El la quiere, ¡dígale muchas veces que usted también! Hasta luego, mamita. Que Dios le bendiga. Un beso grande".
Su hijo Sacerdote.
Ricardo Ferreira Achaval, S.J.
"QUIZÁ DIOS QUIERA QUE CONOZCAS MUCHA GENTE EQUIVOCADA, ANTES DE QUE CONOZCAS A LA PERSONA ADECUADA, PARA CUANDO AL FIN LA CONOZCAS SEPAS ESTAR."
AGRADECIDO.
Gabriel García
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
Era una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, me hallaba de mal humor. Te regañé porque te estabas tardando demasiado en desayunar, te grité porque no parabas de jugar con los cubiertos, y te reprendí porque masticabas con la boca abierta. Comenzaste a refunfuñar, y entonces derramaste la leche sobre tu ropa. Furioso, te levanté por los cabellos y te empujé violentamente para que fueras a cambiarte de inmediato.
Camino a la escuela, no hablaste. Sentado en el asiento del auto, llevabas la mirada perdida. Te despediste de mí tímidamente, y yo sólo te advertí que no te portaras mal.
Por la tarde, cuando regresé a casa después de un día de mucho trabajo, te encontré jugando en el jardín. Llevabas puestos unos pantalones nuevos y estabas sucio y mojado. Frente a tus amiguitos, te dije que debías cuidar la ropa y los zapatos, que parecía no interesarte mucho el sacrificio de tus padres para vestirte. Te hice entrar a la casa para que te cambiaras de ropa, y mientras marchabas delante de mí, te indiqué que caminaras erguido.
Más tarde, continuaste haciendo ruido, y corriendo por toda la casa. A la hora de cenar, arrojé la servilleta sobre la mesa, y me puse de pie furioso, porque no parabas de jugar. Con un golpe sobre la mesa, grité que no soportaba más ese escándalo, y subí a mi cuarto.
Al poco rato, mi ira comenzó a apagarse. Me di cuenta de que había exagerado mi postura, y tuve el deseo de bajar para darte una caricia, pero no pude. ¿Cómo podía un padre, después de hacer tal escena de indignación, mostrarse sumiso y arrepentido? Luego escuché unos golpecitos en la puerta. "Adelante", dije, adivinando que eras tú. Abriste muy despacio, y te detuviste indeciso en el umbral de la habitación. Te miré con seriedad y pregunté: ¿Te vas a dormir?, ¿vienes a despedirte? No contestaste. Caminaste lentamente con tus pequeños pasitos y, sin que me lo esperara, aceleraste tu andar, para echarte en mis brazos cariñosamente. Te abracé, y con un nudo en la garganta percibí la ligereza de tu delgado cuerpecito. Tus manitas rodearon fuertemente mi cuello, y me diste un beso suavemente en la mejilla. Sentí que mi alma se quebrantaba. "Hasta mañana, papito" me dijiste.
¿Qué es lo que estaba haciendo?, ¿Por qué me desesperaba tan fácilmente? Me había acostumbrado a tratarte como a una persona adulta, a exigirte como si fueras igual a mí, y ciertamente no eras igual. Tú tenías unas cualidades de las que yo carecía: eras legítimo, puro, bueno y, sobre todo, sabías demostrar amor. ¿Por qué me costaba tanto trabajo?, ¿Por qué tenía el hábito de estar siempre enojado? ¿Qué es lo que me estaba pasando? ¡Yo también fui niño! ¿Cuándo fue que comencé a contaminarme?
Después de un rato entré a tu habitación, y encendí una lámpara con cuidado. Dormías profundamente. Tu hermoso rostro estaba ruborizado, tu boca entreabierta, tu frente húmeda, tu aspecto indefenso como el de un bebé. Me incliné para rozar con mis labios tu mejilla, respiré tu aroma limpio y dulce. No pude contener el sollozo, y cerré los ojos.
Una de mis lágrimas cayó en tu piel. No te inmutaste. Me puse de rodillas y te pedí perdón en silencio. Te cubrí cuidadosamente con las cobijas, y salí de la habitación.
Si Dios me escucha y te permite vivir muchos años, algún día sabrás que los padres no somos perfectos, pero sobre todo, ojalá te des cuenta de que, pese a todos mis errores…,
¡Te amo más que a mi vida!
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
MAMA:
Aunque tú no quisiste que yo naciera, no puedo dejar de decirte mamá. Te escribo desde el cielo, para explicarte lo feliz que yo estaba desde que comencé a vivir en tu vientre. Yo deseaba nacer, conocerte y pensaba que algún día llegaría a ser un niño alegre.
Soñaba con ir a la escuela y llegar a ser un hombre importante. Yo creía que cuando cumpliera los nueve meses de estar junto a tu corazón y naciera, todos se iban a alegrar en casa con mi llegada. Pero tú no pensabas igual que yo, ¿verdad mamá?, y un día,
cuando yo estaba contento jugando en lo más recóndito de tus entrañas, sentí algo extraño…, que no sabría explicarlo…, algo que me hizo temblar.
Sentí que me quitaban la vida. Yo quise defenderme… pero la muerte, con su implacable y metálica voz, me sorprendió cuando en tu vientre jugaba tan contento y sólo pensaba en nacer para besarte.
Entonces no comprendí quién me quitaba la vida. Dime, mamá, ¿Quién podría entrar impunemente dentro de ti y llegar hasta donde tan seguro me hallaba para matarme?
¿Quién sabía que estaba ahí?
¿Quién fue mamá, quién?
¿Dónde estabas tú, que no me defendiste?
No sé lo que llegué a pensar… perdóname, pero por un momento, el negro cuerpo de la duda pasó por mi mente, y creí que tú sólo habrías podido hacerlo.
Pero no, perdona mi mal pensamiento. ¿Cómo iba yo a comprender que una madre mataría a su hijo, cuando en la casa no estorban ni el gato, ni el perro, ni el televisor?
Ahora, mamá, yo lo sé todo. Se que hay madres que matan a sus hijos antes de nacer. Madre ¿Cómo pudiste matarme? ¿Cómo es posible que hiciste tal cosa conmigo?
¿Pensabas acaso comprar un lavaplatos, o una lavadora con los gastos que yo ocasionaría? El mal consejo que te dieron lo escuchaste antes de oír tu corazón.
Yo, que tenía tantas ilusiones. Y tú me las quitaste todas. Yo, que pensaba ser un buen ingeniero, un patriota, un revolucionario digno y capaz. Hubiera podido ser un buen hijo y un buen padre, pero tú me lo negaste todo.
¿Sabes una cosa mamá?, ayer estuve hablando con Dios y le pedí que, por favor, me aclarase la verdad de mi muerte. Él me abrazó con cariño y me dijo muchas cosas… Las palabras más maravillosas y alentadoras que jamás escuché; las mismas que siempre soñé escuchar en tus labios de madre, cuando todavía esperaba que me arrullaras en tus brazos. Me dijo también, que sólo El es el dueño de la vida, y que nadie tiene derecho, ni poder, para quitarla.
Por mis ojos caían torrentes de lágrimas, pero Dios me estrechó contra su pecho y me susurró tiernamente: "Pequeño mío, si tú no tienes madre, Yo te daré la Mía". Y me llevó a la Virgen, quien me ha dado todo lo que tú me negaste.
Mamá, antes de despedirme de tí, voy a pedirte un favor: Que esta carta que te escribo se la leas a tus amigas y futuras mamás, para que no cometan el monstruoso error que tú cometiste conmigo.
Te envío todo el cariño que hubiera querido darte con mi vida, y te pido te arrepientas de lo que hiciste con…
Tu hijo que nunca nació.
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
Ayer fue el día más triste de mi vida: enterré a mi madre. Cuando miré su dulce y adorable cara y su cabello plateado por el tiempo, me di cuenta que esa sería la última vez que la vería. Muchos pensamientos vinieron entonces a mi mente: Cuando por las tardes o las noches no teníamos quien nos cuidara a los niños, acudíamos a mi madre, porque no queríamos perdernos la función de cine, o la fiesta en casa del amigo. Ella nunca se negó, jamás nos dijo que tenía otros planes o yo no quise darme cuenta. En una ocasión, me prometí comprar un boleto extra, y llevarla a ver las películas que le gustaban. Pero nunca compré el boleto.
Una vez nos encontramos en la panadería y vi que su suéter estaba un poco desteñido y viejo. Entonces pensé que debería llevarla al centro, y comprarle uno nuevo. Sabía que, aunque ella lo necesitaba, nunca me lo pediría, así era ella. Pero siempre tuve otras cosas que hacer, y mi madre siguió con su suéter viejo Recuerdo su último cumpleaños. Le mandamos unas azaleas blancas bellísimas, con una nota que decía:
"Lamentamos no poder estar contigo en esta fecha, pero con estas flores te enviamos todo nuestro amor". Esa tarde, había un programa de televisión muy importante, y por la noche estábamos invitados a una fiesta.
Recuerdo la última vez que vi a mi madre viva; fue en la boda de un primo, se veía más viejecita y cansada. Entonces pensé en mandarla a unas vacaciones con su hermano en la costa. Que se asoleara un poco, para que no se viera tan pálida. Pero nunca lo hice, siempre tuve, supuestamente, cosas más importantes que hacer.
Si yo pudiera regresar las hojas del almanaque, le compraría todos los suéteres del mundo, la llevaría al cine, y pasaría todos sus cumpleaños a su lado. Si yo pudiera regresar en el tiempo, la mandaría a ver a su hermano, y a todos los sitios que quisiera ir.
Pero es muy tarde ya. Ella está en el Cielo, y yo estoy aquí, enfermo del corazón por todas las oportunidades perdidas. Qué diferente hubiera sido, si hubiera leído una carta como ésta.
Un hijo
"Sólo una cosa torna un sueño imposible, el miedo a fracasar"
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
"Hola mami, ¿cómo estás? Yo, muy bien; gracias a Dios hace apenas unos días me concebiste en tu pancita. La verdad no te puedo explicar lo contento que estoy de saber que tú vas a ser mi mamá, otra cosa que también me llena de orgullo es ver el amor con el que fui concebido…"
¡Todo parece indicar que voy a ser el niño más feliz del mundo! Mami, ha pasado ya un mes desde mi concepción, y ya empiezo a ver como mi cuerpecito se empieza a formar, digo: "no estoy tan bonito como tú, pero dame una oportunidad". ¡Estoy MUY feliz! Pero hay algo que me tiene un poco preocupado…
Últimamente me he dado cuenta de que hay algo en tu cabecita que no me deja dormir, pero bueno, ya se te pasará, no te apures.
Mami, ya pasaron dos meses y medio y la verdad estoy feliz con mis nuevas manitas y de veras que tengo ganas de utilizarlas para jugar.
Mamita, dime que te pasa, ¿por qué lloras tanto todas las noches? ¿Por qué cuando papi y tú se ven se gritan tanto?
¿Ya no me quieren, o qué? Voy a hacer lo posible para que me quieran… Han pasado ya tres meses mami, te noto muy deprimida, no entiendo que pasa, estoy muy confundido. Hoy en la mañana fuimos con el doctor y te hizo una cita para mañana.
No entiendo, yo me siento muy bien… ¿acaso te sientes mal, mamita?
Mami, ya es de día, ¿a dónde vamos?
Qué pasa, mami ¿por qué lloras? No llores, si no va a pasar nada…
Oye mami, no te acuestes, apenas son las 2 de la tarde, es muy temprano para irse a la
cama, aparte, no tengo nada de sueño, quiero seguir jugando con mis manitas.
¡Ay, ah! ¿Qué hace ese tubito en mi casita?
¿A poco es un juguete nuevo? ¡Oigan! ¿Por qué están succionando mi casa?
¡MAMI! ¡Esperen! ¡Esa es mi manita! Señor, ¿por qué me la arrancan? ¿que no ve que me duele? ¡ah! ¡Mami defiéndeme! ¡Mamá…ayúdame! ¿Que no ves que todavía estoy muy chiquito y no me puedo defender? Mami, ¡mi piernita!, ¡me la están arrancando! Por favor diles que ya no sigan, te lo juro que ya me voy a portar bien, ya no te
vuelvo a patear. ¿Cómo es posible que un ser humano me pueda hacer esto? Va a ver cuando sea grande y fuerte… ah… Mami, ya no puedo más, me ay… mami,.. mami… ¡ayúdamee!…
-Mami, han pasado ya 17 años desde aquel día, y yo desde aquí observo cómo todavía te duele esa decisión que tomaste. Por favor, ya no llores, acuérdate que te quiero mucho y aquí te estoy esperando con muchos abrazos y besos.
Te quiere mucho, tu bebe
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
Muy fino amigo:
Principio las líneas de esta carta para agradecerle su visita… ¡recibimos tan pocas…! pero en fin, no debo quejarme, antes bien, agradezco a Dios por tantos y tantos años de vida que me ha otorgado.
Cumplí ya seis años en este asilo donde por mi propia voluntad me he confinado.
He conocido en esta larga estancia a muchos viejos y muchas ancianitas y aunque sabemos que nuestra estancia en este mundo es ya corta, eso no ha impedido que hayamos llegado a estimarnos y extrañar a los que se van yendo; el día que hay una defunción se respira aquí un silencio impresionante.
Mi estancia en el mundo exterior era ya insostenible; creo que fue un error el haber invitado a mi hijo y a su familia a vivir en mi casa cuando enviudé…
Pero me apenaba que él, a pesar de frisar ya en los cuarenta, no tenía un ingreso fijo y mis nietos corrían el mismo peligro que él, de quedarse sin estudiar…
Por otra parte, mi nuera se había comportado con respeto hacia mí, por lo que decidí ayudarlos; me decía: "Tal vez sea lo último que haga en mi vida"…
Cuando ellos hubieron tomado posesión de la casa, poco a poco fui perdiendo terreno, les molestaba que yo oyera mis canciones antiguas, e iban hacia mi consola y sin ninguna explicación las cambiaban por canciones modernas que sencillamente no aguanto, pero que ellos preferían…
Poco a poco fueron desapareciendo los retratos de mis padres, de mi esposa, los de los niños de mis hijos, e incluso los míos.
Les molestaba mi incipiente sordera la cual no me impedía oírlos cuchichear que yo era un viejo desaseado y latoso y se lamentaban de que no me muriera pronto…
Me parecieron injustificados los calificativos sobre mi persona, ya que si algo bueno tengo es ser pulcro y no tratar de molestar a nadie.
Mi pensión y el modesto capital que logré acumular me permitían antes de que ellos llegaran, tener la alacena y el refrigerador bien surtidos, pero ya instalados ellos en la casa, apenas y me dejaban algo de comer y eso con malas caras cuando yo consumía lo que había adquirido con mi dinero.
Varios años pasé así y aunque a veces estaba a punto de estallar los disculpaba
argumentando que eran parte de mi propia sangre…
No obstante mi sufrimiento, logré que mis nietos obtuvieran un título, pero no logré que fueran, si no agradecidos, siquiera respetuosos conmigo.
En los últimos tiempos habitaba yo el cuarto de servicio, fuera de la casa, lugar que me había destinado mi nuera…
En virtud de que difícilmente podía caminar para ir al banco a cobrar mi pensión o los retiros de dinero que yo necesitaba, les pedía a ellos ya fuera que me acompañaran o les pedía que me cambiaran algún cheque; porque me acompañaban, tenia que pagarles, y de los cheques, me entregaban siempre cantidades menores a las retiradas.
El fracaso personal y la debilidad de carácter de mi hijo convirtieron a aquella familia en un matriarcado.
En una ocasión en que me enfrenté a esa mujer y le reclamé su actitud y su injusticia e incluso la amenacé con lanzarla de la casa en compañía de sus hijos, me respondió que la propietaria de la casa era ella y que el que tenía que largarse era yo… Mi hijo me rogó que no ingresara al asilo y a pesar de que incluso débilmente me defendió ante ella, el estuvo también en peligro de ser lanzado igual que yo de esta morada que yo construí con el trabajo de los mejores años de mi juventud…
Estoy tranquilo; se me trata bien. Me apena y me inquieta únicamente el que yo no pueda proyectar algo para el mañana porque la organización de la institución está a cargo de las autoridades de la misma…
Aquí es uno completamente dependiente y aun cuando la mayoría de los internos somos seniles y nuestro cerebro ya no tiene capacidad de un juicio claro, algunos que como yo, -perdonando un juicio presuntuoso-, tenemos aún la mente lúcida, sufrimos porque nos tratan a todos igual y no se toman en cuenta algunas opiniones sobre modificaciones y mejoras al sistema, que en ocasiones respetuosamente sugerimos.
Ocasionalmente, más por interés que por amor viene a visitarme mi hijo y siempre lo ayudo; sin embargo, he hecho las diligencias necesarias para que el día que el Señor me llame, que creo que ya será pronto, mi modesto capital y mi casa, pasen a poder del fideicomiso que maneja este asilo, donde yo y muchos como yo hemos venido a vivir en paz, a refugiarnos en los últimos días de la vida.
No es una venganza contra mi nuera, es solamente un acto de justicia póstumo; y para mi hijo, que ya comienza a enfilar por el escabroso camino de la vejez, es la enseñanza de que ya es tiempo de que pueda valerse por si mismo y hacerse un hombre de carácter…
Y a usted, que ha tenido la gentileza de leer esta carta, le pido que les dé una ayuda a los ancianos de este asilo que necesitan de ella y que están muy solos en el mundo…
Les paso este caso de la vida real, y… ¡ayuden a los viejitos de los asilos!
Si los más jóvenes nos ponemos a pensar que un día llegaremos al invierno de nuestras vidas y que quizás estemos en una situación parecida a este relato, tal vez esto no pasaría con tanta frecuencia.
Debemos respetar a los ancianos, ya que ellos son un manantial de sabiduría y experiencia…
¡Que Dios los bendiga!
por makf | 12 Ago, 2025 | Libro 2
Querido amigo:
Yo no fui de joven, ni mejor ni peor que la mayoría… No me dedicaba a abusar de la gente, pero tampoco estaba dispuesto a que abusasen de mí…
Si acaso…, era más inquieto que la media…
Ya desde los años del colegio, no me conformaba fácilmente: quería saber qué había detrás…, que sentido tenía todo esto…
Y durante 30 años anduve de acá para allá preguntando, mirando, comparando, sintiendo…
En ese tiempo supe lo que era ambicionar una posición…, llegar a tener un porvenir asegurado…, probé los frutos de la sensualidad y, a pesar de todo, no he pasado a la historia como un santo ñoño…
Conocí lo que significa amar, y ser amado por una mujer…, el orgullo de ser padre…, experimenté asombrado lo profunda que puede llegar a ser la amistad…
Con el corazón en la mano, yo pedía cada día más: más felicidad…, más placer…, más verdad…, más…, ¡más!…
Luego llega una edad en la vida en la que te dicen: "Pues ya no hay más… Y si quieres ser maduro, acostúmbrate a contentarte…, a conformarte con lo que hay, a ser realista"…
La sociedad común está llena de gente "madura", que saben conformarse con lo que tienen, incluido ese poquito de rebeldía que los tiempos y el buen gusto permiten…
Yo…, decidí no conformarme… Pedí más…
Y…, en medio de una crisis general, donde no veía cómo salir adelante, descubrí de una vez por todas que mi corazón había sido hecho para recibir al Amor que hizo el amor…, y yo quise conocerlo, y que estaría inquieto hasta descansar en él…
Mi mujer, mi hijo, mis libros, mis amigos…, todo estaba allí y yo lo amaba…, pero todo se quedaba incompleto sin Dios, y sólo con Dios tenía sentido todo: la vida y la muerte, el amor y la amistad, la verdad y el perdón de los enemigos, y la honradez y la pobreza…
Esa fue mi experiencia…
No es poesía…, ni ganas de cubrir el expediente…
Mentiría si lo contara de otro modo…
En mis libros, especialmente en las "Confesiones", tienes escrito de mi puño y letra mi itinerario, qué fue lo que me pasó…
Claro que no voy a pedirte que tú, que eres diferente a mí, lo repitas… Puede ser, (puede ser…), que tú seas de los que no le piden más a la vida… Entonces, todo esto te parecerá un rollo… Pero también puede ser que lo mío te suene familiar…, que también tú andes buscando aquí y allá, y te sientas hoy lleno de amor, y mañana de vacío. A ti te escribo esta carta, para animarte a la inquietud…, a que sigas buscando…; para que no te rindas todavía…, aunque todo te invite a rendirte…; para que seas en todos los momentos de tu vida, honrado contigo mismo…
Y si no encuentras a Dios, no importa: Él te encontrará a ti…
Yo sé que no es fácil, tal como están las cosas, hablar de Dios… Para muchos, por desgracia, Dios no es hoy una elección personal, sino una costumbre… Pero Dios es tu profundidad… No le huyas sin más ni más…, porque estás huyendo de tu centro… Y si quieres estar seguro de no estar hablando contigo mismo, de no estar haciéndote un Dios a tu imagen y semejanza…, ahí está el Dios, presentado por el Jesús del Evangelio, hombre como nosotros, con palabras como
las nuestras, con un mensaje social exigente, con una ética que no son pamplinas, Dios y hombre con los amigos…
Probablemente, luego querrás comunicar tu experiencia con otros… Y vendrá la Iglesia, dura realidad donde a veces apenas se reconoce el Evangelio… Pero…, ¿Acaso se ha de dejar la casa grande, porque haya algunos cacharros rotos?
En fin…, siempre es delicado aconsejar… Tú vives cuando el Cristianismo lleva ya dos mil años…, ha hecho mucho camino…, ha habido muchos otros testigos… De mí, solamente puedo decirte, de despedida…, que me hizo dichoso quien me hizo…
Suerte, amigo…
El que te escucha no está fuera de ti… No somos gran cosa cada uno de nosotros pero…, aunque alguien opine lo contrario, fuimos creados para ser felices… Te deseo, pues, que haya felicidad en la obra que se representa en el teatro de tu pecho…, pequeño teatro…, pero Dios te mira…
Canta y anda…
Agustín, el del corazón inquieto.