Aprender Temprano en la Vida

Se encontraban platicando dos personas; uno le decía al otro: "¡Cómo desearía ser como tú!, tener tu conducta y tu sabiduría. ¿Podrías decirme dónde lo aprendiste? Me gustaría tanto ser un hombre luminoso y ejemplar como tú".

"La respuesta es simple, mi querido amigo: Lo que sé, lo aprendí en el jardín de niños".

"No, no puede ser. Tu respuesta podría verse como un rasgo de egoísmo, pero esto tampoco es posible, pues te conozco, y sé que no serías capaz de hacerlo. ¡Ya sé!, se trata de una broma al ver mi interés, por lo cual vuelvo a preguntarte: ¿Dónde aprendiste lo que te hace diferente a todos los demás?".

Sin vacilar y en tono amable, el interpelado volvió a responder: "Ya te lo dije. Todo lo que sé, lo aprendí en el jardín de niños". "Te pido seas más explícito, y me aclares por favor".

"Bueno, verás. Casi todo lo que en realidad necesito saber sobre cómo vivir, qué hacer y cómo ser, lo aprendí en el jardín de niños. La sabiduría no estaba en la cumbre de la montaña universitaria, sino ahí, en la caja llena de arena. En el jardín de niños aprendí todo ésto:

A compartirlo todo, a jugar sin hacer trampa, a no golpear a la gente, a poner las cosas en el sitio de donde las ha tomado uno, a limpiar lo que uno mismo ensucia; a no tomar nada que no nos pertenezca, a pedir disculpas cuando se ha lastimado a alguien, a lavarme las manos antes de comer, a llevar una vida armoniosa, a aprender algo, y pensar algo, y a dibujar, pintar, bailar, jugar y trabajar un poco cada día, a que hay que dormir la siesta.

Cuando salimos al mundo, debemos tener cuidado y permanecer juntos.

Hay que observar lo maravilloso, como la semillita en el vaso de plástico: las raíces crecen hacia abajo y la planta hacia arriba, y en realidad nadie sabe por qué, pero todos somos así.

En el jardín de niños aprendí que los peces de colores, los hámsteres, las ratas blancas y hasta la semillita en el vaso de plástico, todos mueren. Nosotros también.

Recuerdo que aprendí a observar. Que todo lo que se debe saber está a la vista, en alguna parte: la regla de oro, "trata a tus semejantes como quisieras que te traten a ti"; también el amor y la higiene; y la ecología, la política y la vida sensata.

¡Cuánto mejor sería el mundo si todos pudiéramos cada tarde comer a la misma hora, y acostarnos después a dormir la siesta, bien tapados con frazadas! Y si en todas las naciones se observara la norma básica de poner siempre las cosas en su lugar y limpiar lo que hemos ensuciado. Respetar a cada ser humano.

Esto sigue siendo verdad, cualquiera que sea nuestra edad cronológica: que al salir al mundo, más nos vale tomarnos de la mano y permanecer juntos; así lo hace el jardín de niños y siempre estuve protegido. Y esas enseñanzas, mi querido amigo, no tienen edad.

AUTOR ANÓNIMO (sólo sabemos que fue al Jardín de Niños)

"Nunca dejes de sonreír,

ni siquiera cuando estés triste,

porque nunca sabes quién se

puede enamorar de tu sonrisa"

Aprende a Orar en 10 Minutos

1.- Comienza por saber escuchar. En el silencio y en tu interior, el Cielo emite noche y día.

2.- No ores para que Dios realice tus planes, sino para que tú interpretes los planes de Dios.

3.- Pero no olvides que la fuerza de tu debilidad, es la oración. Cristo dijo: «Pedid y recibiréis»

4.- El pedir tiene su técnica: Hazlo atent@, humilde, confiad@, sin titubear e insistente, y por nuestro Señor Jesucristo que vive y reina por los siglos de los siglos… Amén.

5.- ¿No sabes qué decirle a Dios? Háblale de tus intereses. Muchas veces. Y a solas.

6.- No conviertas tu oración en un monólogo, harías a Dios autor de tus propios pensamientos, háblale y espera su respuesta. Poco a poco aprenderás que esa voz interior, ese sentimiento, esa seguridad, o esa moción en tu corazón, es su respuesta.

7.- Cuando ores, no seas ni engreído, ni demasiado humilde. Con Dios no se valen trucos… Sé cual eres.

8.- ¿Y qué de las distracciones involuntarias? No te preocupes, Dios y el sol broncean con sólo ponerse delante.

  1. - Si alguna vez piensas que cuando hablas a Dios Él no te responde…, abre la Biblia y lee.

10.-No hables nunca de «ratos de oración»; ten «vida de oración».

Aprecie y Ame Su Matrimonio

Si estudiamos un poco las causas de los problemas matrimoniales que sacuden a tantas familias, veremos que el desconocimiento del valor de la persona humana, la falta de un diálogo profundo, el no saber perdonar, el no tener tiempo para convivir y el ambiente de inmoralidad reinante, resquebrajan trágicamente la vida matrimonial.

Cuando se deja de apreciar, valorar y querer a la persona que Dios le dio; cuando uno se hace ciego ante las inmensas riquezas espirituales y humanas que tiene el cónyuge; cuando se desconoce o se olvida el por qué se enamoró uno del que después sería "carne de su carne", poco a poco se entra en un terreno de tierra movediza, y se hunde la estabilidad matrimonial.

Mucha gente, experimentando esta situación dramática, que casi siempre ocurre por descuido y desidia, se encuentra el día menos pensado con un vacío grande… "desapareció el ser amado", se rompió la vinculación afectiva.

No se dieron cuenta de que al no cultivar el jardín, al no cuidar las plantas de la ternura, la escucha, el respeto, el dedicar tiempo al encuentro personal; todo esto produjo un enfriamiento, y un triste alejamiento de ambos.

Todo ocurre gradualmente, y el día menos pensado, se levantan por la mañana, y se dan cuenta de que "se les murió el amor"; que ya nada los une.

Se fueron alejando y fabricando un mundo de indiferencia, creyendo que el amor conyugal se mantenía, simplemente, porque hubo un tiempo en que sí se amaron intensamente.

El descuido en este campo produce un ambiente peligroso. Ya no hay resonancia en las palabras, en los suspiros, en los anhelos… un frío interno ha congelado sus almas. Al final, dos extraños viviendo juntos.

¡Todo esto nos anuncia un drama! El divorcio, la soledad, los hijos sin papá o mamá, o la vida en casa, pero llena de tensiones, peleas, gritos: un infierno. Para que esto no ocurra, en su caso le decimos:

Aprecie su Matrimonio

Comience a sembrar una manera nueva de amarse, y convivir como en sus mejores tiempos. ¡Vamos! a dialogar más, a estar más tiempo juntos, a escucharse más. Aplique el gran remedio de la ternura y la comprensión.

Empiece a olvidar los malos momentos del pasado; a perdonar y a querer más a su cónyuge; a valorar más las virtudes y cualidades que tiene; a no desperdiciar momentos para estar más cerca de su ser amado y convivir con él; a participar de sus sufrimientos e ideales, de sus preocupaciones y triunfos, de sus alegrías y de sus tristezas; a reír juntos; a llorar juntos; a vivir en verdad siendo una sola carne.

Aprecie y ame su matrimonio. Juntos arrodíllense, oren al Señor, las manos juntas, imploren al Señor que entre en sus vidas, que sea El quien conduzca su matrimonio, quien los mantenga unidos hasta el final.

¡Hasta que la muerte los separe! Y no se olviden, con Dios todo esto se puede, porque ¡CON EL, USTEDES SON INVENCIBLES!

Antes de Ser Mamá

Yo comía mi comida caliente.

Mi ropa lucía planchada y limpia todo el día.

Podía sostener largas y tranquilas conversaciones telefónicas.

ANTES DE SER MAMÁ… Me dormía tarde, tan tarde como quería, y jamás me preocupaban las desveladas.

Cepillaba y cuidaba mi pelo, lucía uñas largas y hermosas. Mi casa estaba limpia, y en orden; no tenía que brincar juguetes olvidados por todos lados.

ANTES DE SER MAMÁ…

No me apuraba si alguna de mis plantas era venenosa, ni pensaba en lo peligroso de las escaleras o las esquinas de mis muebles.

No dejaba mi tiempo en consultas mensuales con el doctor, ni consideraba siquiera la palabra VACUNA.

ANTES DE SER MAMÁ…

No tenía que limpiar comida del piso, ni lavar las huellas de pequeños deditos marcadas en los vidrios.

Tenía control absoluto de mi mente, mis pensamientos, mi cuerpo y mi aspecto físico…

Dormía toda la noche, y los fines de semana eran totalmente relajados.

ANTES DE SER MAMA…

No me entristecían los gritos de los niños en la consulta médica; no tuve jamás que detener, con lágrimas en mis ojos, una piernita que sería inyectada.

ANTES DE SER MAMÁ…

Yo nunca sentí un nudo en la garganta al mirar a través de unos ojos llorosos y una carita sucia.

No conocía la felicidad total, con sólo recibir una mirada.

No pasaba horas mirando la inocencia dormir en una cuna.

Nunca sostuve a un bebé dormido, SÓLO porque no quería alejarlo de mí.

ANTES DE SER MAMÁ…

Nunca sentí que mi corazón se rompía en un millón de pedazos, al no poder calmar el dolor de un niño.

Nunca supe que algo tan pequeño podía afectar TANTO mi mundo.

Nunca supe que podía amar a alguien de ese modo.

Nunca supe que amaría como una MADRE.

ANTES DE SER MAMÁ…

Yo no conocía el sentimiento que provoca tener mi corazón fuera de mi cuerpo.

No sabía qué tan especial me sentiría, al alimentar a un bebé hambriento.

No sabía de esa cercanía inmensa entre una madre y su hijo.

No sabía que algo tan pequeño, podría hacerme sentir tan importante.

ANTES DE SER MAMÁ… No imaginaba tanta calidez, tanta dulzura, tanto amor. No imaginaba lo grande y lo maravilloso que sería.

No imaginaba la satisfacción de ser madre, no sabía que yo era capaz de sentir tanto…

HOY NO IMAGINO MI VIDA SIN ESA PEQUEÑA SONRISA, PÍCARA Y TRAVIESA, SIN ESA HUELLA DE CHOCOLATE EN LA PARED, SIN ESE OLOR A PUREZA, SIN ESCUCHAR DE UNOS PEQUEÑOS LABIOS ESA PALABRA CORTA Y DIGA A LA VEZ… "MAMÁ"

Angeles en la Tierra

Dios estaba en el cielo mirando a los hombres en la tierra y veía cómo reinaba entre ellos la desolación. -"Más de 5 mil millones de seres humanos son pocos para alcanzar la magnificencia divina del amor"-suspiró el Señor. El Padre vio a muchos hermanos en guerra, esposos y esposas disgustados, ricos y pobres apartados, sanos y enfermos distantes, libres y esclavos separados. Así que un buen día reunió a su ejército de ángeles y les dijo:

  • ¡Observen a los seres humanos!… ¡Necesitan ayuda! Tendrán que bajar ustedes ala tierra.

¿Nosotros?, preguntaron los ángeles asustados y emocionados, pero llenos de fe.

Sí, ustedes son los indicados. Nadie más podrá cumplir esta labor.

¡Escuchen! Cuando crié al hombre, lo hice a imagen y semejanza mía, pero con talentos especiales para cada uno. Permití diferencias entre ellos para que juntos formaran mi Reino. Así lo planeé. Unos alcanzaron riquezas para compartir con los pobres, otros gozaron de buena salud para cuidar a los enfermos, unos serían sabios y otros muy simples para procurar entre ellos sentimientos de amor, admiración y respeto; los buenos tendrían que orar por los que actuaran como si fueran malos; el paciente toleraría al neurótico. En fin, mis planes deben cumplirse para que el hombre alcance, desde la tierra, la felicidad eterna. Y para hacerlo, ustedes bajarán con ellos.

  • ¿De qué se trata? -

Preguntaron los ángeles inquietos. Entonces el Señor les explicó su deber: -Como los hombres se han olvidado de que los hice distintos para que se complementaran unos a otros y así formaran el cuerpo de mi Hijo Amado; y como parece que no se dan cuenta de que los quiero diferentes para lograr la perfección, ustedes bajarán con varias distinciones.
Y le encomendó a cada uno su tarea:

Tú tendrás memoria y concentración de excelencia: Serás ciego.

Tú serás elocuente con tu cuerpo y muy creativo para expresarte: Serás sordomudo.

Tú tendrás pensamientos profundos, escribirás libros, y serás poeta: Tendrás parálisis cerebral.

A ti te daré el don del amor: Tendrás Síndrome de Down.

Tú serás muy bajo de estatura y tu simpatía y sentido del humor llegarán hasta el cielo: Serás enano. Tú disfrutarás la creación tal como la planeé para los hombres: Tendrás discapacidad intelectual y, mientras otros se preocupan por los avances científicos y tecnológicos, tú disfrutarás mirando una hormiga, una flor. Serás feliz, muy feliz, porque amarás a todos y no emitirás
juicios de ninguno.

Tú vivirás en la tierra, pero tu mente se mantendrá en el cielo, preferirás escuchar mi voz a la de los hombres: Tendrás autismo.

Tú serás hábil como ninguno: Te faltarán los brazos y harás todo con las
piernas y la boca. Al último ángel le dijo: - Serás genio, te quitaré las alas antes de llegar a la tierra y bajarás con la espalda ahuecada, los hombres repararán tu
cuerpo, pero tendrás que ingeniártelas para triunfar: Tendrás mielomeningocele, que significa "miel que vino del cielo".

Los ángeles se sintieron felices con la distinción del Señor, pero les causaba enorme pena tener que apartarse del cielo para cumplir su misión.

-¿Cuánto tiempo viviremos sin verte? ¿Cuánto tiempo lejos de tí?

-No se preocupen, estaré con ustedes todos los días. Además, esto durará sólo entre 60 y 80 años terrenos.

-Está bien Padre, será como Tú dices. 80 años son un instante en el reloj eterno. Aquí nos vemos "al ratito", dijeron los ángeles al unísono y bajaron a la tierra emocionados.

Cada uno llegó al vientre de una madre. Ahí se formaron y al nacer, fueron recibidos con profundo dolor; causaron miedo y angustia. Algunos padres rehusaron la tarea, otros la asumieron enojados, otros se echaron culpas hasta disolver el matrimonio y otros lloraron con amor y aceptaron la tarea.

Sea cual fuere el caso, como los ángeles saben su misión y sus virtudes son la fe, la esperanza y la caridad,

además de otras, todas gobernadas por el amor, ellos han sabido aceptar su misión y con paciencia pasan la vida iluminando a todo ángel que los ha querido amar.

Todos los días siguen bajando ángeles a la tierra con espíritus superiores en cuerpos limitados y seguirán llegando mientras haya humanidad en el planeta. Dios quiere que estén entre nosotros para darnos la oportunidad de trabajar con ellos y para aprender de ellos, porque trabajar es servir, servir es vivir y vivir es amar, porque la vida se nos dio para eso.

"El que no vive para servir, no sirve para vivir"

Las obras de Dios también se hacen a través de los hombres. Estas obras son la misericordia, especialmente con aquellos que más nos necesitan. ¿Ven por qué tantas diferencias?

Maestro, ¿quién pecó para que éste naciera ciego? ¿Él o sus padres?

-Ni él ni sus padres, nació así para que se vieran en él las obras de DIOS. (Juan 9,1-3)

Amor Verdadero

Moses Mendelssohn, abuelo del conocido compositor alemán, distaba mucho de ser guapo. Además de una estatura algo baja, tenía una grotesca joroba. Un día visitó a un mercader de Hamburgo que tenía una hermosa hija llamada Frumtje.

Moses se enamoró perdidamente de ella, pero a ella le repelía su apariencia deforme. Cuando llegó el momento de despedirse, Moses hizo acopio de su valor y subió las escaleras hasta donde estaba el cuarto de aquella her­mosa joven, para tener la última oportunidad de hablar con ella. Era tan hermosa, pero a Moses le entristecía profundamente su negativa a mirarlo. Después de varios intentos de conversar con ella, le preguntó tímidamente: ¿Crees que los matrimonios se crean en el cielo?

  • Sí- respondió ella, todavía mirando al suelo» ¿Y tú ?…
  • Sí, lo creo - contestó -. Verás. En el cielo, cada vez que un niño nace, el Señor anuncia con qué niña se va a casar. Cuando yo nací, me fue señalada mi futura esposa. Entonces el Señor añadió: "Pero tu esposa será jorobada". Justo en ese mo­mento exclamé: "Oh, Señor, una mujer jorobada sería una tragedia, dame a mí la joroba y permite que ella sea hermosa"…

Entonces Frumtje levantó la mirada para contemplar los ojos de Moses y un hondo recuerdo la conmovió. Alargó su mano y se la dio a Moses. Tiempo después, ella se convirtió en su esposa.

Es necesario reflexionar un poco en todo esto. Muchas veces, los prejuicios que tenemos al estar o convivir con personas distintas a nosotros, nos impiden entender y vivir el amor. Hoy, haz la diferencia y verás.

Amor Incondicional

Los pasajeros del ómnibus la observaron compasivamente, cuando la atractiva joven del bastón blanco, subió con cuidado los escalones.

Le pagó al conductor y, usando las manos para percibir la ubicación de los asientos, caminó por el pasillo, y encontró el asiento que, según él le había dicho, estaba vacío.

Luego se acomodó, colocó su maletín sobre las rodillas, y apoyó el bastón contra su pierna.

Hacía un año que Susana, de 34 años, se había quedado ciega.

Debido a un diagnóstico equivocado, había perdido la vista, y de repente se había sentido arrojada a un mundo de oscuridad, rabia, frustración y auto conmiseración.

Dado que antes había sido una mujer orgullosamente independiente, ahora Susana se sentía condenada por esta terrible vuelta del destino, a ser una carga impotente y desvalida para todos los que la rodeaban.

"¿Cómo pudo pasarme esto?", se quejaba con el corazón lleno de cólera.

Pero a pesar de cuánto llorase, ella sabía cuál era la dolorosa verdad: nunca más volvería a ver.

Una nube de depresión se cernía sobre el espíritu de Susana, antes tan optimista.

El sólo hecho de vivir cada día, era un ejercicio de frustración y cansancio.

Y sólo podía aferrarse a su esposo, Mark..

Mark era un oficial de la fuerza aérea y amaba a Susana con todo su corazón.

Al perder ella la vista, notó cómo se hundía en la desesperación, y decidió ayudarla a reunir las fuerzas y la confianza necesarias para volver a ser independiente.

La experiencia militar de Mark, lo había entrenado muy bien para manejar situaciones delicadas, pero él sabía que aquella, era la batalla más difícil que iba a enfrentar.

Finalmente, Susana se sintió preparada para volver a su trabajo, pero, ¿cómo llegaría hasta allí?

Estaba acostumbrada a tomar el ómnibus, pero ahora se encontraba demasiado asustada como para ir por la ciudad por sí sola.

Mark se ofreció a llevarla en el auto todos los días, aún cuando trabajaban en extremos opuestos de la ciudad.

Al principio, esto reconfortó a Susana, y cubrió la necesidad de Mark de proteger a su esposa ciega, que se sentía tan insegura para realizar la acción más insignificante.

Sin embargo, Mark pronto se dio cuenta de que ese arreglo no funcionaba… era problemático y costoso.

"Susana tendrá que empezar a tomar el ómnibus de nuevo", admitió ante sí mismo.

Pero sólo pensar en mencionárselo, lo hacía estremecer.

Ella todavía estaba tan frágil, tan llena de rabia, ¿cómo reaccionaría?

Tal como Mark había previsto, Susana se horrorizó ante la idea de volver a tomar el ómnibus.

"¡Estoy ciega!, explicó con amargura, ¿cómo se supone que voy a saber a dónde me dirijo?, siento que me estás abandonando".

A Mark se le rompió el corazón al oír esas palabras, pero él sabía lo que debía hacerse.

Le prometió a Susana que, por la mañana y por la noche, la acompañaría en el ómnibus todo el tiempo que fuera necesario, hasta que ella se sintiera segura.

Y eso fue exactamente lo que ocurrió.

Durante dos semanas enteras Mark, con uniforme militar y todo, acompañó a Susana en el viaje de ida y vuelta al trabajo.

Le enseñó cómo apoyarse en sus otros sentidos, en especial el oído, para determinar dónde se encontraba, y cómo adaptarse a su nuevo entorno.

La ayudó a entablar amistad con los conductores, quienes se ocuparían de ella, y le guardarían un asiento.

La hizo reír, incluso en aquellos días no tan buenos, en que tropezaba al bajar del ómnibus, o tiraba su maletín lleno de papeles, en el pasillo.

Todas las mañanas hacían el recorrido juntos, y Mark tomaba un taxi para volver a su oficina.

Aunque esta rutina resultaba más cara y cansada que la anterior, Mark sabía que sólo era cuestión de esperar un tiempo más, antes de que Susana estuviera capacitada para viajar en ómnibus por su cuenta.

Creía en ella, en la Susana que él había conocido antes de que perdiera la vista, la que no le temía a ningún desafío, y jamás se rendía.

Por fin, Susana decidió que ya estaba lista para hacer el intento de viajar sola.

Llegó la mañana del lunes y, antes de irse, ella abrazó a Mark, su compañero de viajes en ómnibus, su esposo, y su mejor amigo.

Tenía los ojos llenos de lágrimas de gratitud por su lealtad, su paciencia y su amor.

Se despidieron y, por primera vez, cada uno tomó un camino distinto.

Lunes, martes, miércoles, jueves… todos los días le fue muy bien, y Susana fue sintiéndose cada día mejor.

¡Lo estaba haciendo! ¡Estaba yendo a trabajar por su cuenta!

El viernes por la mañana, Susana tomó el ómnibus como de costumbre.

Al pagar el boleto, el conductor le dijo: "Caramba, en verdad la envidio".

Susana no supo si le estaba hablando a ella o no. Después de todo, ¿Quién iba a envidiar a una ciega que había encontrado el coraje de vivir durante el año anterior?

Intrigada preguntó al conductor: "¿Por qué dice que me envidia?". El conductor respondió: "¿Sabe? todas las mañanas durante la semana pasada, un caballero de muy buen aspecto, con uniforme militar, ha estado parado en la esquina de enfrente, observándola mientras usted baja del ómnibus.

Se asegura que cruce bien la calle, y la vigila hasta que entra en su edificio de oficinas. Luego le envía un beso, le hace un pequeño gesto de saludo y se va. Usted es una mujer afortunada.

Lágrimas de felicidad rodaron por las mejillas de Susana, porque, aunque ella no podía verlo físicamente, siempre había sentido la presencia de Mark.

Era afortunada, muy afortunada, pues él le había hecho un regalo más poderoso que la vista, un regalo que ella no necesitaba ver, para creer en su existencia.

El regalo del amor que puede llevar la luz donde ha habido oscuridad.

Amor Fraternal

La historia cuenta que, había dos hermanos que se querían con toda el alma.

Ambos eran agricultores. Uno se casó, y el otro permaneció soltero.

Decidieron seguir repartiendo toda su cosecha a medias.

Una noche, el soltero soñó: ¡No es justo! Mi hermano tiene mujer e hijos, y recibe la misma proporción de cosecha que yo que estoy solo. Iré por las noches a su montón de trigo, y le añadiré varios sacos, sin que él se de cuenta.

A su vez, el hermano casado soñó también una noche: ¡No es justo! Yo tengo mujer e hijos, y mi futuro estará con ellos asegurado. A mi hermano, que está solo, ¿quién lo ayudará? Iré por las noches a su montón de trigo, y le añadiré varios sacos sin que se dé cuenta.

Así lo hicieron ambos hermanos. Y ¡oh, sorpresa!, ambos se encontraron en el camino, una misma noche, portando sacos uno para el otro. Se miraron, comprendieron lo que pasaba, y se abrazaron con un abrazo de hermano, aún más fuerte, y para siempre.

A veces, es necesario hacer un alto en nuestra vida, y revalorizar las bendiciones que tenemos al contar con un hermano; es esencial, como cristianos, amarnos y procurarnos como tales.

No podemos dar testimonio de vida, si no amamos a los que están más cerca de nosotros. El Señor nos pide caridad y entrega.

¿No crees que hoy es un buen día para empezar?

Vamos ¡anímate!, reconoce que han sido más los momentos felices con tu(s) herman@(s), que los daños que sin lugar a dudas, ninguno quiso causar. ¡Decláral@ inocente como Él nos declaró inocentes desde la cruz! Carga tu costal…, o ¡cuando menos una flor, y llévasela!. ¡Saca de tu interior, todo lo bueno que Dios puso en ti y dile cuánto 1@ amas! y entonces, te darás cuenta que fuiste hecho a imagen y semejanza de Papito Dios, y entonces te darás cuenta que ¡eres Amor!

Amar es Darse Todo

El hombre que estaba tras el mostrador, miraba la calle distraídamente.

Una niñita se aproximó al negocio y apretó la naricita contra el vidrio de la vitrina. Los ojos de color del cielo brillaban cuando vio un determinado objeto. Entró en el negocio y pidió para ver el collar de turquesa azul.

Es para mi hermana. ¿Puede hacer un paquete bien bonito?, dice ella.

El dueño del negocio miró desconfiado a la niñita y le preguntó:

¿Cuánto dinero tienes?

Sin dudar, ella sacó del bolsillo de su ropa un pañuelo todo atadito y fue deshaciendo los nudos. Los colocó sobre el mostrador y dijo feliz:

¿Esto alcanza?

Eran apenas algunas monedas que ella exhibía orgullosa.

"Sabe, quiero dar este regalo a mi hermana mayor. Desde que murió nuestra madre, ella cuida de nosotros y no tiene tiempo para ella. Es el cumpleaños de ella y tengo el convencimiento de que quedará feliz con el collar que es del color de sus ojos".

El hombre fue para la trastienda, colocó el collar en un estuche, lo envolvió con un vistoso papel rojo e hizo un trabajado lazo con una cinta verde.

Toma, dijo a la niña. Llévalo con cuidado.

Ella salió feliz corriendo y saltando calle abajo.

Aún no acababa el día, cuando una linda joven de cabellos rubios y maravillosos ojos azules entró en el negocio. Colocó sobre el mostrador el ya conocido envoltorio deshecho y preguntó:

¿Este collar fue comprado aquí?

"Sí señorita".

¿Y cuánto costo?

"¡Ah!", -habló el dueño del negocio-. El precio de cualquier producto de mi tienda es siempre un asunto confidencial entre el vendedor y el cliente.

La joven continuó:

¡Pero mi hermana tenía sólo algunas monedas! El collar es verdadero, ¿no? Ella no tendría dinero para pagarlo.

El hombre tomó el estuche, rehizo el envoltorio con extremo cariño, coloco la cinta y lo devolvió a la joven diciéndole:

Ella pagó el precio más alto que cualquier persona puede pagar. ¡ELLA DIO TODO LO QUE TENIA!

El silencio llenó la pequeña tienda y cuatro lágrimas rodaron por las caras emocionada de la joven y del dueño de la tienda, en cuanto sus manos tomaban el pequeño envoltorio

La verdadera donación es darse por entero, sin restricciones. La gratitud de quien ama no coloca límites para los gestos de ternura. Sé siempre agradecido pero no esperes el reconocimiento de nadie.

Gratitud con amor no sólo reanima a quien la recibe, también reconforta a quien la ofrece. Piensa en eso. "La vida mejora con cada día que pasa siempre y cuando demuestres una actitud positiva".

El Amor de una Estrellita

Va dedicado a todas las pequeñas que han perdido un tesoro aquí en la tierra, pero que ahora tienen una estrellita en el cielo. Es una bella historia de amor y fe, que tocará tu corazón.

Su cabello estaba arreglado en una colita, y lucía su vestido favorito con un lazo. Hoy celebraban el día del padre en el colegio, y no quería dejar de ir. Su mamá trató de decirle que tal vez debiera quedarse en casa. Tal vez los niños no entenderían si iba al colegio sola. Pero ella no tenía miedo; sabía exactamente que decir; que decirle a sus compañeros de clase, sobre el por qué él no estaba allí hoy. Sin embargo, su madre siguió preocupada de que ella enfrentase sola el día, por lo que, una vez más, intentó retenerla en casa. Pero la niñita fue al colegio, ansiosa de contarle a todos acerca de un papá que nunca ve, un papá que nunca llama.

Había papas alineados al fondo del salón, preparados para ser felicitados. Los niños se movían impacientes en sus asientos. Uno por uno, la maestra llamó a los alumnos de la clase, para que presentaran a sus papas, mientras transcurrían lentamente los segundos. Por fin, la maestra dijo su nombre, y los niños voltearon a mirarla todos, buscando a un hombre que no estaba allí.

-"¿Dónde está su papá?" se escuchó a un niño decir.

-"Probablemente no tiene uno", se atrevió otro a gritar.

Y desde algún lugar cerca al fondo, se oyó a un papá decir:

-"Parece que tenemos a otro padre desinteresado, demasiado ocupado para perder su día".

Las palabras no la ofendieron; mientras, sonreía a su mamá, y se volteaba hacia la maestra, quien le pidió que continuase. Con sus manitas en la espalda, lentamente comenzó a hablar, y de su boca salieron palabras increíbles.

-"Mi papito no puede estar aquí, porque vive muy lejos. Pero sé que él desearía estar conmigo, por tratarse de un día tan especial. Y aunque no puedan conocerlo, quiero que sepan todo sobre mi papá, y sobre cuánto me ama".

-"Le gustaba contarme historias; me enseñó a montar bicicleta. Me sorprendía con rosas rosadas, y me enseñó a volar cometas. Solíamos compartir malteadas y helados en barquillo. Y aunque no puedan verlo, no estoy parada aquí sola, porque mi papito está siempre conmigo, aunque estemos separados. Lo sé, porque él me prometió que estaría para siempre en mi Corazón".

Diciendo aquello, estiró su manita, y la colocó sobre su pecho. Sintiendo el latir de su propio corazón, debajo de su traje favorito. Desde algún lugar, en medio de la multitud, su mamá estaba bañada en lágrimas, mientras veía con orgullo a su hija, mucho más sabia de lo que sus años le concedían: Afirmar el amor de un hombre que, no estando presente en su vida, hacía lo mejor por ella. Y cuando bajó su manita, contemplando directamente a la multitud, finalizó con suave voz, pero con un mensaje claro y fuerte:

-"Yo amo mucho a mi papito; el es mi estrellita. Si él pudiera, estaría aquí conmigo, pero el cielo está demasiado lejos.

El murió en una batalla, luchando por su patria. A veces cierro mis ojos, y siento como si nunca se hubiera ido".

La pequeña cerró sus ojos, y pudo verle allí aquel día. Para asombro de su madre, todos los papas e hijos que estaban en el salón, comenzaron a cerrar sus ojos. Quién sabe qué vieron al frente. Quién sabe qué sintieron por dentro. Luego, ella habló al vacío:

-"Yo sé que estás conmigo, papito".

Nadie en aquel salón pudo explicar lo que pasó allí, ya que todos tenían los ojos cerrados. Pero en el escritorio, junto a ella, había una fragante rosa rosada de tallo largo. Una niña fue bendecida, aunque fuese por un instante, por el amor de su estrellita, y le fue concedido el don de creer que el cielo nunca está demasiado lejos.

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