II-  El Papa Francisco: 6. Cruzar el umbral de la fe

Autor: Cardenal Jorge Mario Bergoglio 
Fuente: Agencia Informativa Católica Argentina aica.org

El magisterio del Papa Francisco está claramente expuesto en las numerosas homilías, cartas pastorales y otros documentos del cardenal Jorge Mario Bergoglio.

Carta por el Año de la Fe
(1 de octubre de 2012)
Queridos hermanos:
Entre las experiencias más fuertes de las últimas décadas está la de encontrar puertas cerradas. La creciente inseguridad fue llevando, poco a poco, a trabar puertas, poner medios de vigilancia, cámaras de seguridad, desconfiar del extraño que llama a nuestra puerta. Sin embargo, todavía en algunos pueblos hay puertas que están abiertas.

La puerta cerrada es todo un símbolo de este hoy. Es algo más que un simple dato sociológico; es una realidad existencial que va marcando un estilo de vida, un modo de pararse frente a la realidad, frente a los otros, frente al futuro.

La puerta cerrada de mi casa, que es el lugar de mi intimidad, de mis sueños, mis esperanzas y sufrimientos así como de mis alegrías, está cerrada para los otros. Y no se trata sólo de mi casa material, es también el recinto de mi vida, mi corazón. Son cada vez menos los que pueden atravesar ese umbral. La seguridad de unas puertas blindadas custodia la inseguridad de una vida que se hace más frágil y menos permeable a las riquezas de la vida y del amor de los demás.

La imagen de una puerta abierta ha sido siempre el símbolo de luz, amistad, alegría, libertad, confianza. ¡Cuánto necesitamos recuperarlas! La puerta cerrada nos daña, nos anquilosa, nos separa.

Iniciamos el Año de la fe y paradójicamente la imagen que propone el Papa es la de la puerta, una puerta que hay que cruzar para poder encontrar lo que tanto nos falta. La Iglesia, a través de la voz y el corazón de Pastor de Benedicto XVI, nos invita a cruzar el umbral, a dar un paso de decisión interna y libre: animarnos a entrar a una nueva vida.

La puerta de la fe nos remite a los Hechos de los Apóstoles: “Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe” (Hechos 14,27).

Dios siempre toma la iniciativa y no quiere que nadie quede excluido. Dios llama a la puerta de nuestros corazones: Mira, estoy a la puerta y llamo, si alguno escucha mi voz y abre la puerta entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo (Ap. 3, 20).

La fe es una gracia, un regalo de Dios. “La fe sólo crece y se fortalece creyendo; en un abandono continuo en las manos de un amor que se experimenta siempre como más grande porque tiene su origen en Dios”

Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida mientras avanzamos delante de tantas puertas que hoy en día se nos abren, muchas de ellas puertas falsas, puertas que invitan de manera muy atractiva pero mentirosa a tomar camino, que prometen una felicidad vacía, narcisista y con fecha de vencimiento; puertas que nos llevan a encrucijadas en las que, cualquiera sea la opción que sigamos, provocarán a corto o largo plazo angustia y desconcierto, puertas autorreferenciales que se agotan en sí mismas y sin garantía de futuro.

Mientras las puertas de las casas están cerradas, las puertas de los shoppings están siempre abiertas. Se atraviesa la puerta de la fe, se cruza ese umbral, cuando la Palabra de Dios es anunciada y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma.

Una gracia que lleva un nombre concreto, y ese nombre es Jesús. Jesús es la puerta. (Juan 10:9) “Él, y Él solo, es, y siempre será, la puerta. Nadie va al Padre sino por Él. (Jn. 14.6)” Si no hay Cristo, no hay camino a Dios. Como puerta nos abre el camino a Dios y como Buen Pastor es el Único que cuida de nosotros al costo de su propia vida.

Jesús es la puerta y llama a nuestra puerta para que lo dejemos atravesar el umbral de nuestra vida. No tengan miedo… abran de par en par las puertas a Cristo nos decía el Beato Juan Pablo II al inicio de su pontificado. Abrir las puertas del corazón como lo hicieron los discípulos de Emaús, pidiéndole que se quede con nosotros para que podamos traspasar las puertas de la fe y el mismo Señor nos lleve a comprender las razones por las que se cree, para después salir a anunciarlo. La fe supone decidirse a estar con el Señor para vivir con él y compartirlo con los hermanos.

Damos gracias a Dios por esta oportunidad de valorar nuestra vida de hijos de Dios, por este camino de fe que empezó en nuestra vida con las aguas del bautismo, el inagotable y fecundo rocío que nos hace hijos de Dios y miembros hermanos en la Iglesia. La meta, el destino o fin es el encuentro con Dios con quien ya hemos entrado en comunión y que quiere restaurarnos, purificarnos, elevarnos, santificarnos, y darnos la felicidad que anhela nuestro corazón.

Queremos dar gracias a Dios porque sembró en el corazón de nuestra Iglesia Arquidiocesana el deseo de contagiar y dar a manos abiertas este don del Bautismo. Este es el fruto de un largo camino iniciado con la pregunta ¿Cómo ser Iglesia en Buenos Aires? transitado por el camino del Estado de Asamblea para enraizarse en el Estado de Misión como opción pastoral permanente.

Iniciar este año de la fe es una nueva llamada a ahondar en nuestra vida esa fe recibida. Profesar la fe con la boca implica vivirla en el corazón y mostrarla con las obras: un testimonio y un compromiso público. El discípulo de Cristo, hijo de la Iglesia, no puede pensar nunca que creer es un hecho privado. Desafío importante y fuerte para cada día, persuadidos de que el que comenzó en ustedes la buena obra la perfeccionará hasta el día, de Jesucristo. (Fil.1:6) Mirando nuestra realidad, como discípulos misioneros, nos preguntamos: ¿a qué nos desafía cruzar el umbral de la fe?

Cruzar el umbral de la fe nos desafía a descubrir que si bien hoy parece que reina la muerte en sus variadas formas y que la historia se rige por la ley del más fuerte o astuto y si el odio y la ambición funcionan como motores de tantas luchas humanas, también estamos absolutamente convencidos de que esa triste realidad puede cambiar y debe cambiar, decididamente porque “si Dios está con nosotros ¿quién podrá contra nosotros? (Rom. 8:31,37)

Cruzar el umbral de la fe supone no sentir vergüenza de tener un corazón de niño que, porque todavía cree en los imposibles, puede vivir en la esperanza: lo único capaz de dar sentido y transformar la historia. Es pedir sin cesar, orar sin desfallecer y adorar para que se nos transfigure la mirada.

Cruzar el umbral de la fe nos lleva a implorar para cada uno “los mismos sentimientos de Cristo Jesús” (Flp. 2, 5) experimentando así una manera nueva de pensar, de comunicarnos, de mirarnos, de respetarnos, de estar en familia, de plantearnos el futuro, de vivir el amor, y la vocación.

Cruzar el umbral de la fe es actuar, confiar en la fuerza del Espíritu Santo presente en la Iglesia y que también se manifiesta en los signos de los tiempos, es acompañar el constante movimiento de la vida y de la historia sin caer en el derrotismo paralizante de que todo tiempo pasado fue mejor; es urgencia por pensar de nuevo, aportar de nuevo, crear de nuevo, amasando la vida con “la nueva levadura de la justicia y la santidad”. (1 Cor 5:8)

Cruzar el umbral de la fe implica tener ojos de asombro y un corazón no perezosamente acostumbrado, capaz de reconocer que cada vez que una mujer da a luz se sigue apostando a la vida y al futuro, que cuando cuidamos la inocencia de los chicos garantizamos la verdad de un mañana y cuando mimamos la vida entregada de un anciano hacemos un acto de justicia y acariciamos nuestras raíces.

Cruzar el umbral de la fe es el trabajo vivido con dignidad y vocación de servicio, con la abnegación del que vuelve una y otra vez a empezar sin aflojarle a la vida, como si todo lo ya hecho fuera sólo un paso en el camino hacia el reino, plenitud de vida. Es la silenciosa espera después de la siembra cotidiana, contemplar el fruto recogido dando gracias al Señor porque es bueno y pidiendo que no abandone la obra de sus manos. (Sal 137)

Cruzar el umbral de la fe exige luchar por la libertad y la convivencia aunque el entorno claudique, en la certeza de que el Señor nos pide practicar el derecho, amar la bondad, y caminar humildemente con nuestro Dios. (Miqueas 6:8)

Cruzar el umbral de la fe entraña la permanente conversión de nuestras actitudes, los modos y los tonos con los que vivimos; reformular y no emparchar o barnizar, dar la nueva forma que imprime Jesucristo a aquello que es tocado por su mano y su evangelio de vida, animarnos a hacer algo inédito por la sociedad y por la Iglesia; porque “El que está en Cristo es una nueva criatura”. (2 Cor 5,17-21)

Cruzar el umbral de la fe nos lleva a perdonar y saber arrancar una sonrisa, es acercarse a todo aquel que vive en la periferia existencial y llamarlo por su nombre, es cuidar las fragilidades de los más débiles y sostener sus rodillas vacilantes con la certeza de que lo que hacemos por el más pequeño de nuestros hermanos al mismo Jesús lo estamos haciendo. (Mt. 25, 40)

Cruzar el umbral de la fe supone celebrar la vida, dejarnos transformar porque nos hemos hecho uno con Jesús en la mesa de la eucaristía celebrada en comunidad, y de allí estar con las manos y el corazón ocupados trabajando en el gran proyecto del Reino: todo lo demás nos será dado por añadidura. (Mt. 6.33)

Cruzar el umbral de la fe es vivir en el espíritu del Concilio y de Aparecida, Iglesia de puertas abiertas no sólo para recibir sino fundamentalmente para salir y llenar de evangelio la calle y la vida de los hombres de nuestros tiempo.

Cruzar el umbral de la fe para nuestra Iglesia Arquidiocesana, supone sentirnos confirmados en la Misión de ser una Iglesia que vive, reza y trabaja en clave misionera.

Cruzar el umbral de la fe es, en definitiva, aceptar la novedad de la vida del Resucitado en nuestra pobre carne para hacerla signo de la vida nueva.

Meditando todas estas cosas miremos a María, que Ella, la Virgen Madre, nos acompañe en este cruzar el umbral de la fe y traiga sobre nuestra Iglesia en Buenos Aires el Espíritu Santo, como en Nazaret, para que igual que ella adoremos al Señor y salgamos a anunciar las maravillas que ha hecho en nosotros.

Card. Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires
1 de octubre de 2012. Fiesta de Santa Teresita del Niño Jesús.

II-  El Papa Francisco: 5. «Nuestra fe tiene como centro a Jesucristo»

Autor: Papa Francisco | Fuente: ACI Prensa || Vatican.va

El Papa afirmó que las Sagradas Escrituras son el testimonio en forma escrita de la Palabra divina.

El Papa Francisco recibió al mediodía del 12 de abril de 2013 a los miembros de la Pontificia Comisión Bíblica, encabezados por su Presidente, el Arzobispo Gerhard Ludwig Müller, tras la celebración de su Asamblea plenaria anual.

Al recordar que han profundizado el tema de "la inspiración y la verdad de la Biblia», el Santo Padre destacó la importancia que el tema tiene no sólo para cada creyente, sino para la Iglesia entera, puesto que "la vida y la misión de la Iglesia se fundan en la Palabra de Dios, que es alma de la teología y, al mismo tiempo, inspiradora de toda la existencia cristiana".

Ofrecemos a continuación el texto completo del discurso:
Discurso del Santo Padre Francisco
a los miembros de la Pontificia Comisión Bíblica
12 de abril de 2013

Su Eminencia, 
Venerado hermano, 
Estimados miembros de la Comisión Bíblica Pontificia,

Me complace acogerlos al final de vuestra Asamblea Plenaria anual. Doy las gracias al presidente, monseñor Gerhard Ludwig Müller, el saludo y la concisa exposición del tema que ha sido objeto de una consideración cuidadosa en el curso de vuestros trabajos. Os habéis reunido una vez más para estudiar un tema muy importante: la inspiración y la verdad de la Biblia.

Este es un tema que afecta no sólo al creyente, sino a toda la Iglesia, porque la vida y misión de la Iglesia se funda sobre la Palabra de Dios, la cual es el alma de la teología y, en conjunto, la inspiración de toda vida cristiana .

Como sabemos, las Sagradas Escrituras son el testimonio escrito de la Palabra de Dios, el memorial canónico que certifica el acontecimiento de la Revelación. La Palabra de Dios, por lo tanto, precede y excede la Biblia. Es por esta razón que nuestra fe no tiene en el centro sólo un libro, sino una historia de salvación y, sobre todo, a una Persona, Jesucristo, Palabra de Dios hecha carne. Precisamente porque el horizonte de la Palabra divina abraza y se extiende más allá de la Escritura, para entenderla correctamente es necesaria la presencia constante del Espíritu Santo, que "nos guiará a la verdad completa" (Jn. 16,13).

Hace falta colocarse en la corriente de la gran Tradición que, con la ayuda del Espíritu Santo y la guía del Magisterio, ha reconocido los escritos canónicos como palabra que Dios dirige a su pueblo y nunca ha dejado de meditarlos y descubrir sus inagotables riquezas. El Concilio Vaticano II lo reiteró con gran claridad en la Constitución dogmática Dei Verbum :

"Todo lo que se refiere a la interpretación de la Sagrada Escritura, está sometido en última instancia a la Iglesia, que tiene el mandato y el ministerio divino de conservar y de interpretar la palabra de Dios". (n. 12).

Como nos recuerda la citada Constitución conciliar, hay una unidad inseparable entre la Escritura y la Tradición, ya que ambos vienen de la misma fuente: "La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma divina fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin.

Ya que la Sagrada Escritura es la palabra de Dios en cuanto se consigna por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo, y la Sagrada Tradición transmite íntegramente a los sucesores de los Apóstoles la palabra de Dios, a ellos confiada por Cristo Señor y por el Espíritu Santo para que, con la luz del Espíritu de la verdad la guarden fielmente, la expongan y la difundan con su predicación; de donde se sigue que la Iglesia no deriva solamente de la Sagrada Escritura su certeza acerca de todas las verdades reveladas. Por eso se han de recibir y venerar ambas con un mismo espíritu de piedad". ( ibid. , 9).

De ello se deduce que el exégeta debe estar atento a percibir la Palabra de Dios presente en los textos bíblicos colocándolo dentro de la misma fe de la Iglesia. La interpretación de las Sagradas Escrituras no puede ser sólo un esfuerzo científico individual, sino que siempre deben ser confrontada, insertada y autentificada por la tradición viva de la Iglesia.

Esta norma es decisiva para precisar la correcta y recíproca relación entre la exégesis y el Magisterio de la Iglesia. Los textos inspirados por Dios fueron confiados a la comunidad de creyentes, a la Iglesia de Cristo, para alimentar la fe y guiar la vida de caridad. El respeto de esta naturaleza profunda de las Escrituras condiciona la misma validez y eficacia de la hermenéutica bíblica.

Esto comporta la insuficiencia de toda interpretación subjetiva o sencillamente limitada a un análisis incapaz de acoger en sí ese sentido global que en el curso de los siglos ha constituido la Tradición del entero Pueblo de Dios, que "in credendo falli nequit (no puede equivocarse cuando cree)" (Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium , 12).

Queridos hermanos, me gustaría terminar mi intervención dando las gracias a todos ustedes y animándolos en su importante labor. Que el Señor Jesucristo, Verbo de Dios encarnado y divino Maestro que ha abierto la mente y el corazón de sus discípulos a la inteligencia de las Escrituras (Cfr. Lc 24, 45), guíe y sostenga siempre su actividad. Que la Virgen María, modelo de docilidad y obediencia a la Palabra de Dios, les enseñe a acoger plenamente la riqueza inagotable de la Sagrada Escritura no sólo a través de la investigación intelectual, sino en la oración y en toda su vida de creyentes, sobre todo en este Año de la fe, a fin de que su trabajo contribuya a hacer resplandecer la luz de la Sagrada Escritura en el corazón de los fieles. Deseándoles una fructuosa continuación de sus actividades, invoco sobre ustedes la luz del Espíritu Santo e imparto a todos mi Bendición.

II- El Papa Francisco: 4. Es una dicotomía absurda querer vivir con Jesús sin la Iglesia

Autor: Papa Francisco | Fuente: ACI Prensa || Vatican.vat

Homilia en la Misa celebrada el 23 de abril de 2013 en la Capilla Paulina del Vaticano, el día de su santo, San Jorge.

En una Eucaristía celebrada en la NNCapilla Paulina del Vaticano con los cardenales que residen en Roma, el Santo Padre agradeció a los presentes y centró su homilía en tres puntos: el fervor de evangelización de los primeros cristianos; la Iglesia que es Madre de la fe y la alegría del misionero.

A continuación el texto completo de la homilía:

Homilia del Santo Padre Francisco
Capilla Paulina
Martes, 23 de abril de 2013

Agradezco a Su Eminencia, el Señor Cardenal Decano, sus palabras: muchas gracias, Eminencia, gracias.

Les doy las gracias también a ustedes, que han querido venir hoy. Gracias. Porque me siento muy bien acogido por ustedes. Gracias. Me siento bien con ustedes, y eso me gusta.

La primera lectura de hoy me hace pensar que, precisamente en el momento en que se desencadena la persecución, prorrumpe la pujanza misionera de la Iglesia. Y estos cristianos habían llegado hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, y proclamaban la Palabra (cf. Hch 11,19).

Tenían este fervor apostólico en sus adentros, y la fe se transmite así. Algunos, de Chipre y de Cirene —no éstos, sino otros que se habían hecho cristianos—, una vez llegados a Antioquía, comenzaron a hablar también a los griegos (cf. Hch 11,20). Es un paso más. Y la Iglesia sigue adelante así. ¿De quién es esta iniciativa de hablar a los griegos, algo que no se entendía, porque se predicaba sólo a los judíos? Es del Espíritu Santo, Aquel que empujaba más y más, siempre más.

Pero en Jerusalén, al oír esto, alguno se puso un poco nervioso y enviaron una Visita Apostólica, enviaron a Bernabé (cf. Hch 11,22). Tal vez podemos decir, con un poco de sentido del humor, que esto es el comienzo teológico de la Congregación para la Doctrina de la Fe: esta Visita Apostólica de Bernabé. Él observó y vio que las cosas iban bien (cf. Hch 11,23). Y así la Iglesia es más Madre, Madre de más hijos, de muchos hijos: se convierte en Madre, Madre, cada vez más Madre, Madre que nos da la fe, la Madre que nos da una identidad. Pero la identidad cristiana no es un carnet de identidad. La identidad cristiana es una pertenencia a la Iglesia, porque todos ellos pertenecían a la Iglesia, a la Iglesia Madre, porque no es posible encontrar a Jesús fuera de la Iglesia.

El gran Pablo VI decía: Es una dicotomía absurda querer vivir con Jesús sin la Iglesia, seguir a Jesús fuera de la Iglesia, amar a Jesús sin la Iglesia (cf. Exort. Ap. Evangelii nuntiandi, 16). Y esa Iglesia Madre que nos da a Jesús nos da la identidad, que no es sólo un sello: es una pertenencia. Identidad significa pertenencia. La pertenencia a la Iglesia: ¡qué bello es esto!

La tercera idea que me viene a la mente —la primera: prorrumpió la pujanza misionera; la segunda: la Iglesia Madre— es que cuando Bernabé vio aquella multitud —el texto dice: «Y una multitud considerable se adhirió al Señor» (Hch 11,24)—, cuando vio aquella multitud, se alegró. «Al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró» (Hch 11,23). Es la alegría propia del evangelizador. Es, como decía Pablo VI, «la dulce y consoladora alegría de evangelizar» (cf. Exort. Ap. Evangelii nuntiandi, 80). Y esta alegría comienza con una persecución, con una gran tristeza, y termina con alegría. Y así, la Iglesia va adelante, como dice un santo, entre las persecuciones del mundo y los consuelos del Señor (cf. San Agustín, De civitate Dei, 18,51,2: PL 41,614). Así es la vida de la Iglesia. Si queremos ir por la senda de la mundanidad, negociando con el mundo —como se quiso hacer con los Macabeos, tentados en aquel tiempo—, nunca tendremos el consuelo del Señor. Y si buscamos únicamente el consuelo, será un consuelo superficial, no el del Señor, será un consuelo humano. La Iglesia está siempre entre la Cruz y la Resurrección, entre las persecuciones y los consuelos del Señor. Y este es el camino: quien va por él no se equivoca.

Pensemos hoy en la pujanza misionera de la Iglesia: en estos discípulos que salieron de sí mismos para ponerse en camino, y también en los que tuvieron la valentía de anunciar a Jesús a los griegos, algo casi escandaloso por entonces (cf. Hch 11,19-20). Pensemos en la Iglesia Madre que crece, que crece con nuevos hijos, a los que da la identidad de la fe, porque no se puede creer en Jesús sin la Iglesia. Lo dice el mismo Jesús en el Evangelio: «Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas» (cf. Jn 10,26). Si no somos «ovejas de Jesús», la fe no llega; es una fe de agua de rosas, una fe sin sustancia. Y pensemos en la consolación que tuvo Bernabé, que es precisamente «la dulce y consoladora alegría de evangelizar». Y pidamos al Señor esa parresia, ese fervor apostólico que nos impulse a seguir adelante, como hermanos, todos nosotros: ¡adelante! Adelante, llevando el nombre de Jesús en el seno de la Santa Madre Iglesia, como decía San Ignacio, jerarquía y católica. Que así sea.

II- El Papa Francisco: 3. En el Juicio Final seremos juzgados por Dios en la caridad

Autor: Papa Francisco | Fuente: ACI Prensa 

El Papa Francisco en su catequesis de la audiencia general exhortó a no tener miedo al juicio final y a vivir el amor para vivir mejor el presente.
Audiencia General
Plaza San Pedro
Miércoles 24 de abril de 2013

Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!

En el Credo profesamos que Jesús "de nuevo vendrá con gloria para juzgar a los vivos y a los muertos". La historia humana comienza con la creación del hombre y la mujer a imagen y semejanza de Dios y concluye con el juicio final de Cristo.

A menudo nos olvidamos de estos dos polos de la historia, y sobre todo la fe en el regreso de Cristo y en el juicio final a veces no está tan clara y sólida en el corazón de los cristianos. Jesús durante su vida pública, a menudo ha reflexionado sobre la realidad de su venida final.

Sobre todo recordamos que, con la Ascensión, el Hijo de Dios ha llevado al Padre nuestra humanidad que Él asumió y quiere atraernos a todos hacia sí mismo, llamar a todo el mundo para ser recibido en los brazos abiertos de Dios, para que, al final de la historia, toda la realidad sea entregada al Padre.

Hay, sin embargo, este "tiempo intermedio" entre la primera venida de Cristo y la última, que es precisamente el momento que estamos viviendo. En este contexto se coloca la parábola de las diez vírgenes (cf. Mt 25,1-13). Se trata de diez muchachas que esperan la llegada del Esposo, pero tarda y ellas se duermen.

Ante el repentino anuncio de que el Esposo está llegando, todas se preparan para recibirlo, pero mientras cinco de ellas, prudentes, tienen el aceite para alimentar sus lámparas, las otras, necias, se quedan con las lámparas apagadas, porque no lo tienen, y mientras buscan al Esposo que llega, las vírgenes necias encuentran cerrada la puerta que conduce a la fiesta de bodas.

Llaman con insistencia, pero es demasiado tarde, el esposo responde: no os conozco. El Esposo es el Señor, y el tiempo de espera de su llegada es el tiempo que Él se nos da, con misericordia y paciencia, antes de su llegada final, tiempo de la vigilancia; tiempo en que tenemos que mantener encendidas las lámparas de la fe, de la esperanza y de la caridad, donde mantener abierto nuestro corazón a la bondad, a la belleza y a la verdad; tiempo que hay que vivir de acuerdo a Dios, porque no conocemos ni el día, ni la hora del regreso de Cristo.

Lo que se nos pide es estar preparados para el encuentro: preparados a un encuentro, a un hermoso encuentro, el encuentro con Jesús, que significa ser capaz de ver los signos de su presencia, mantener viva nuestra fe, con la oración, con los Sacramentos, estar atentos para no caer dormidos, para no olvidarnos de Dios. La vida de los cristianos dormidos es una vida triste, ¿eh?, no es una vida feliz. El cristiano debe ser feliz, la alegría de Jesús… ¡No se duerman!

La segunda parábola, la de los talentos, nos hacen reflexionar sobre la relación entre la forma en que usamos los dones recibidos de Dios y su regreso, cuando nos pedirá cómo los hemos utilizado (cf. Mt 25,14-30). Conocemos bien la historia: antes de salir de viaje, el dueño da a cada siervo algunos talentos para que sean bien utilizados durante su ausencia.

Al primero le entrega cinco, dos al segundo y uno al tercero. Durante su ausencia, los dos primeros siervos multiplicar sus talentos - se trata de monedas antiguas, ¿verdad? -, Mientras que el tercero prefiere enterrar su propio talento y entregarlo intacto a su dueño. A su regreso, el dueño juzgar su trabajo: alaba a los dos primeros, mientras que el tercero viene expulsado fuera de la casa, porque ha mantenido oculto por temor el talento, cerrándose sobre sí mismo.

Un cristiano que se encierra dentro de sí mismo, que oculta todo lo que el Señor le ha dado… es un cristiano… ¡no es un cristiano! ¡Es un cristiano que no agradece a Dios todo lo que le ha dado!

Esto nos dice que la espera del retorno del Señor es el tiempo de la acción. Nosotros somos el tiempo de la acción, tiempo para sacar provecho de los dones de Dios, no para nosotros mismos, sino para Él, para la Iglesia, para los otros, tiempo para tratar siempre de hacer crecer el bien en el mundo.

Y sobre todo hoy, en este tiempo de crisis, es importante no encerrarse en sí mismos, enterrando el propio talento, las propias riquezas espirituales, intelectuales, materiales, todo lo que el Señor nos ha dado, sino abrirse, ser solidarios, tener cuidado de los demás.

En la plaza, he visto que hay muchos jóvenes. ¿Es verdad esto? ¿Hay muchos jóvenes? ¿Dónde están? A ustedes, que están en el comienzo del camino de la vida, pregunto: ¿Han pensado en los talentos que Dios les ha dado? ¿Han pensado en cómo se pueden poner al servicio de los demás? ¡No entierren los talentos! Apuesten por grandes ideales, los ideales que agrandan el corazón, aquellos ideales de servicio que harán fructíferos sus talentos.

La vida no se nos ha dado para que la conservemos celosamente para nosotros mismos, sino que se nos ha dado, para que la donemos. ¡Queridos jóvenes, tengan un corazón grande! ¡No tengan miedo de soñar cosas grandes!

Por último, una palabra sobre el párrafo del juicio final, donde viene descrita la segunda venida del Señor, cuando Él juzgará a todos los seres humanos, vivos y muertos (cf. Mt 25,31-46). La imagen utilizada por el evangelista es la del pastor que separa las ovejas de las cabras.

A la derecha se sitúan los que han actuado de acuerdo a la voluntad de Dios, que han ayudado al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, el enfermo, el encarcelado, el extranjero. Pienso en los muchos extranjeros que hay aquí en la diócesis de Roma. ¿Qué hacemos con ellos? Mientras que a la izquierda están los que no han socorrido al prójimo. Esto nos indica que seremos juzgados por Dios en la caridad, en cómo lo hemos amado en los hermanos, especialmente los más vulnerables y necesitados.

Por supuesto, siempre hay que tener en cuenta que somos justificados, que somos salvados por la gracia, por un acto de amor gratuito de Dios que siempre nos precede. Solos no podemos hacer nada.

La fe es ante todo un don que hemos recibido, pero para dar fruto, la gracia de Dios siempre requiere de nuestra apertura a Él, de nuestra respuesta libre y concreta. Cristo viene para traernos la misericordia de Dios que salva. Se nos pide que confiemos en Él, de responder al don de su amor con una vida buena, hecha de acciones animadas por la fe y el amor.

Queridos hermanos y hermanas, no tengamos nunca miedo de mirar el juicio final; que ello nos empuje en cambio a vivir mejor el presente. Dios nos ofrece con misericordia y paciencia este tiempo para que aprendamos cada día a reconocerlo en los pobres y en los pequeños, para que nos comprometamos con el bien y estemos vigilantes en la oración y en el amor. Que el Señor, al final de nuestra existencia y de la historia, pueda reconocernos como siervos buenos y fieles. Gracias.

II- El Papa Francisco: 2. Fe es preparación para la belleza del Cielo

Autor: Catholic.net

El papa Francisco en la homilía en Santa Marta recuerda que la fe "es un camino de belleza que nos ha indicado Jesús".
Homilía del Papa Francisco
26 de abril de 2013

La fe no es ni una alienación ni una estafa, sino un camino concreto de belleza y de verdad indicado por Jesús, para preparar nuestros ojos para mirar sin gafas “el rostro maravilloso de Dios”, en el lugar definitivo que nos ha preparada para cada uno. Es una invitación a no dejarse tomar por el miedo y a vivir la vida como una preparación a ver mejor, escuchar mejor y amar más.

Lo indicó el papa Francisco en su homilía de la misa de este viernes 26 de abril en la capilla de la residencia Santa Marta.

El papa Francisco --indicó hoy el diario vaticano L´Osservatore Romano al publicar la homilía- ha centrado sus palabras sobre el pasaje de san Juan, “No se turbe vuestro corazón. Tengan fe en Dios y tengan fe en mi. En la casa del Padre hay muchas moradas. (…) y del lugar a donde yo voy conocen la vía”.

“Estas palabras de Jesús --comentó el pontífice- son justamente palabras hermosas. En un momento de despedida, Jesús les habla a sus discípulos desde el corazón. Él sabe que sus discípulos están tristes porque se dan cuenta de que la cosa no va bien”. Entonces Jesús les da coraje, les tranquiliza, les abre un horizonte de esperanza".

Y el papa se interroga: “¿De qué comienza a hablar Jesús? Del cielo, de la patria definitiva”. Y para ello como un arquitecto indica lo que va a hacer: va a prepararles un lugar.

¿Por qué esta preparación? ¿Cómo sucede? ¿Se trata de alquilar una habitación allí arriba? Y Francisco explica que preparar el lugar significa “preparar nuestra posibilidad de gozar, de ver, de sentir, de entender la belleza de lo que nos esperamos, de aquella patria hacia la cual nosotros caminamos”.

“Toda la vida cristiana --prosiguió el papa- es un trabajo de Jesús, del Espíritu Santo para prepararnos un lugar, prepararnos los ojos para poder ver”.

Alguien podría objetar, dijo: “¡pero padre, yo veo bien, no necesito gafas”. Y el papa recordó que personas con cataratas cuando se hacen operar, después dicen: “¡Nunca creí que se pudiera ver así de bien sin gafas!”.

Nuestros ojos son los del alma y necesitan prepararse para ver el rostro maravilloso de Jesús. Hay que “preparar el oído para poder sentir las cosas bellas, las palabras bellas. Y principalmente preparar el corazón para amar más”, dijo.

Porque en el camino de la vida --indicó el santo padre-- el señor hace esto valiéndose de las pruebas, las consolaciones, tribulaciones, y con todas las cosas buenas. Todo el camino de la vida es un camino de preparación.

Y el papa Francisco pone en guardia del peligro de no reconocer una perspectiva de eternidad, de perder esta dimensión fundamental de nuestra vida y del camino de fe. Y que alguien podrá decir: “Pero padre, yo fui a lo de un filósofo y me dijo que todos estos pensamientos son una alienación, que nosotros estamos alienados, que la vida es esta, lo concreto, y el más allá no se sabe que cosa sea…”.

Algunos piensan así, pero Jesús nos dice: “Tengan fe en mí, lo que yo te digo es la verdad, yo no estafo, yo no te engaño”.

“Desde el tiempo de Abraham --dijo el papa- estamos en camino con la promesa de una patria definitiva. Si nosotros vamos a leer el capítulo undécimos de la carta a los hebreos, encontraremos aquella hermosa figura de nuestros antepasados, de nuestros padres, que hicieron este camino hacia la patria y la saludaban desde lejos”.

“Prepararse para el cielo y comenzar a saludarlo desde lejos”. Y esta “no es alienación, esta es la verdad, esto es dejar que Jesús prepare nuestro corazón, nuestro ojos para aquella belleza tan grande. Es el camino de la belleza. También el camino del retorno a la patria".

“Que el Señor --concluyó el papa- nos de esta esperanza fuerte”, y también “el coraje de saludar la patria desde lejos”. Y la “humildad de dejarnos preparar. O sea que el Señor prepare la morada, la morada definitiva en nuestro corazón, en nuestros ojos y en nuestro oído”.

II- El Papa Francisco: 1. Catequesis sobre la comunión de los santos

Autor: Cr José Antonio Varela V. | Fuente: Zenit.org

Nuestra fe nos recuerda que no estamos solos sino que hay una comunión de vida entre todos los que pertenecen a Cristo.

En la mañana del miércoles 30 de octubre de 2013, el papa Francisco dijo las siguientes palabras a los fieles presentes en la audiencia general:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy me gustaría hablar de una realidad muy bella de nuestra fe, es decir, la comunión de los santos. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que este término hace referencia a dos realidades: la comunión en las cosas santas, y la comunión entre las personas santas (núm. 948). Me centro en el segundo significado: es una verdad entre las más reconfortantes de nuestra fe, porque nos recuerda que no estamos solos sino que hay una comunión de vida entre todos los que pertenecen a Cristo.

Una comunión que nace de la fe; de hecho el término "santos" se refiere a aquellos que creen en el Señor Jesús, y se incorporan a Él en la Iglesia a través del bautismo. Por eso, los primeros cristianos fueron llamados también "los santos" (cf. Hch. 9,13.32.41; Rm. 8,27; 1 Cor. 6,1).

1 . El Evangelio de Juan dice que, antes de su pasión, Jesús oró al Padre por la comunión entre los discípulos con estas palabras: "Para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado" (17,21). La Iglesia, en su verdad más profunda, es comunión con Dios, familiaridad con Dios, una comunión de amor con Cristo y con el Padre en el Espíritu Santo, que se prolonga en una comunión fraterna.

Esta relación entre Jesús y el Padre es la "matriz" de la unión entre nosotros los cristianos: si estamos íntimamente inseridos en esta "matriz", en este horno ardiente de amor, entonces podemos llegar a ser realmente un solo corazón y una sola alma entre nosotros, porque el amor de Dios incinera nuestro egoísmo, nuestros prejuicios, nuestras divisiones internas y externas. El amor de Dios también incinera nuestros pecados.

  1. Si esto tiene su origen en la fuente del amor, que es Dios, entonces también se da el movimiento recíproco: de los hermanos a Dios; la experiencia de la comunión fraterna con Dios me lleva a la comunión con Dios. Estar unidos entre nosotros nos lleva a estar unidos a Dios, nos lleva a esta relación con Dios que es nuestro Padre. Este es el segundo aspecto de la comunión de los santos que me gustaría subrayar: nuestra fe necesita del apoyo de los demás, especialmente en tiempos difíciles. Si estamos unidos la fe se vuelve más fuerte.

¡Qué hermoso es apoyarse mutuamente en la aventura maravillosa de la fe! Digo esto porque la tendencia a refugiarse en lo privado también ha influido en la esfera religiosa, por lo que muchas veces es difícil buscar la ayuda espiritual de aquellos que comparten nuestra experiencia cristiana.

Todos las hemos experimentado; yo también, forma parte del camino de la fe, del camino de nuestra vida. ¿Quién de nosotros no ha experimentado inseguridad, desconcierto e incluso dudas en el camino de la fe? Todos hemos experimentado esto, también yo: es parte del camino de la fe, es parte de nuestra vida. Todo esto no debe sorprendernos, porque somos seres humanos, marcados por la fragilidad y las limitaciones; todos somos frágiles, todos tenemos límites. Sin embargo, en estos tiempos difíciles hay que confiar en la ayuda de Dios, a través de la oración filial, y al mismo tiempo, es importante encontrar el coraje y la humildad para estar abierto a los demás, para pedir ayuda, para pedir que nos den una mano.

¡Cuántas veces hemos hecho esto, y después hemos sido capaces de salir del problema y encontrar a Dios otra vez! En esta comunión --comunión quiere decir común-unión--, somos una gran familia, donde todos los componentes se ayudan y se apoyan mutuamente.

  1. Y ahora llegamos a otro aspecto: la comunión de los santos va más allá de la vida terrena, va más allá de la muerte y dura para siempre. Esta unión entre nosotros, va más allá y continúa en la otra vida; es una unión espiritual que nace del bautismo y no se rompe con la muerte, sino que, gracias a Cristo resucitado, está destinado a encontrar su plenitud en la vida eterna.

Hay un vínculo profundo e indisoluble entre los que son todavía peregrinos en este mundo -- incluidos nosotros-- y los que han cruzado el umbral de la muerte para entrar a la eternidad. Todos los bautizados aquí en la tierra, las almas del Purgatorio, y todos los santos que ya están en el Paraíso forman una sola gran familia. Esta comunión entre el cielo y la tierra se realiza sobre todo en la oración de intercesión.

Queridos amigos, ¡tenemos esta belleza! Es nuestra realidad, la de todos, lo que nos hace hermanos, que nos acompaña en el camino de la vida y hace que nos encontremos de nuevo allá en el cielo. Vayamos por este camino con confianza, con alegría. Un cristiano debe ser alegre, con la alegría de tener a tantos hermanos y hermanas bautizados que caminan con él; sostenido por la ayuda de nuestros hermanos y hermanas que transitan este mismo camino para ir al cielo. Y también con la ayuda de nuestros hermanos y hermanas que están en el cielo y oran a Jesús por nosotros. ¡Adelante por este camino de felicidad!

I-  La Apologética: 4. La apologética no está de moda

Autor: Catholic.net

La apologética tiene que ser considerada como parte integrante de la misma evangelización..

La gran tiranía 
Hoy existe una gran tiranía, que se está apoderando de todos los sectores de la sociedad, en todas las latitudes. Es un monstruo que avanza imponiendo su ley, la de la demanda y la oferta, con sus apéndices que son el éxito, la fama y la moda. Se trata del «mercado», una palabra mágica, un poder oculto, que todo lo pervade con su fascinación irresistible, el «business», el negocio. Para que algo tenga valor, tiene que transformarse en «negocio», entrar en el «mercado», mirar hacia el éxito, dando fama y poder. De otra manera no sirve para nada. 

Este monstruo se está posesionando también de la religión, la religión de la demanda y la oferta, del éxito, del negocio. Si algo le gusta a la gente, quiere decir que es bueno, hay que dárselo. Tantas religiones cuantos son los gustos de la gente con sus preocupaciones reales: salud, curiosidad, superación persona, emocionalismo, euforia, espanto... La religión «cocktail» para cada gusto. Gusto y negocio, demanda y oferta, éxito... 

¿Y la verdad? «¿Qué es la verdad?», preguntó Pilato a Jesús (Jn 18,38). Es la lógica de las sectas, que son la versión religiosa de la ley del mercado, de la demanda y de la oferta, sin ninguna preocupación por la verdad y la moralidad objetivas. En muchos casos, la misma Biblia es un ingrediente más para el «cocktail», hecho de psicología, hipnosis, terapia grupal, etc. 

Apologética en decadencia 
Lo malo es que también dentro de la Iglesia ha entrado algo de este virus del «mercado», el «éxito» y el «negocio». Así se justifican ciertas prácticas, rayanas en la idolatría, por el simple hecho que «así le gusta a la gente», «es la fe del pueblo sencillo» «representa una buena entrada económica»... 

Por el simple hecho de que alguien aparece en la pantalla televisiva, hace noticia, cuenta con muchos seguidores, le va bien económicamente, quiere decir que tienen razón, anda bien, agarró la onda... hace progresar la obra de Dios, es un ejemplo a seguir. ¡Ay de los inconformes! A menos que de la inconformidad no se haga una moda y no se transforme en un negocio. Entonces, sí, vengan todas la inconformidades posibles.

Hasta el hombre «controvertido» y el «asesino» pueden transformarse en «estrellas» alimentar el «mercado», engendrando «business», fama, poder y éxito. Por eso la apologética hoy se encuentra en tanta decadencia, por el hecho de que se presenta como algo característico del pasado, fuera de moda. 

Hoy las palabras claves son «apertura», «tolerancia», «ecumenismo». El mejor elogio que se puede hacer a uno es calificarlo de «progresista», de «avanzada». Claro que, en esta perspectiva, no hay lugar para la apologética. Y no faltan los sofismas: «la fe no se defiende, se vive»; «Cristo no necesita que alguien lo defienda, sabe defenderse solo», etc., etc. Como se tratara de defender la fe escondida en las bibliotecas o al Cristo glorioso que está en el cielo.

El hecho es que quieren aparentar ser «progresistas» y se espantan frente a la perspectiva de ser considerados «retrógradas». 

Al interior de la Iglesia, ¿acaso nadie se da cuenta de los múltiples errores que circulan entre los fieles? Entonces, ¿porqué no intervienen? Evidentemente para no ser incluidos en la lista de los «conservadores». 

¿Acaso muchos presbíteros no se dan cuenta que sus ovejas están siendo arrebatadas por los lobos rapaces? Entonces, ¿por qué no toman cartas en el asunto? Por miedo a ser considerados «conservadores». 

Es tan grande este miedo, que no valen ni las reiteradas intervenciones del Papa, ni la angustia y el sufrimiento del pueblo para cambiar de actitud. Les resulta más fácil y gratificante decir: «Yo me llevo muy bien con esa gente; hasta tengo algunos amigos que son pastores», que prepararse sobre el tema de las sectas para ayudar a los feligreses que se encuentran con problemas. 

Falta de amor

El buen nombre, la fama, el deseo de vivir en paz, el egoísmo pueden más que el amor. Sí, en resumidas cuentas, de eso se trata: escoger entre los propios intereses y el bien del prójimo, la propia comodidad y el riesgo a enfrentarse a un problema tan complicado y de tan pocas satisfacciones. A esos señores, que se sienten tan seguros de haber escogido el camino más correcto por no meterse en líos, les pregunto: 

«¿Acaso a lo largo de la historia los que se entregaron a la ardua tarea de profundizar, aclara y defender la fe ante el acecho de los herejes, lo hicieron por el simple gusto de pelear? ¿Acaso no lo hicieron por el amor hacia la verdad y los hermanos, acosados por la duda y deseosos de una orientación que les devolviera la paz?»

He aquí lo que escribió a este propósito San Ireneo en la introducción a sus cinco tomos Adversus Haereses (Contra los herejes): 

«Para mí es insólito escribir, no tengo práctica alguna, pero me empuja el amor...Hay que hacer todo lo posible par evitar que algunos sean arrebatados como corderos por lobos vestidos de oveja».

Origen de un malentendido

En los tiempos pasados, la apologética consistía en defender la fe católica de los ataques de sus enemigos. Se dirigía esencialmente a los de afuera, para que tomaran conciencia de la falsedad de sus ataque. Hoy, la apologética se dirige, antes que nada, a los de adentro para que no se dejen confundir por los que se salieron de la misma Iglesia y tratan de llevárselos a sus grupos. Antes, los que no conocían la fe eran los de afuera; hoy, los que no conocen la fe son los de afuera y los de adentro. 

Por no haber entendido esta situación, tal vez muchos están en contra de la apologética, pensando que nuestro principal objetivo consiste en querer atacar o convencer a los de afuera. No nuestra preocupación principal consiste en fortalecer la fe de los que están dentro de la Iglesia, aclarando su identidad y dando respuesta a las posibles dudas que puedan derivar de los ataques de las sectas. 
En un segundo tiempo, nuestra acción se dirige también hacia los hermanos que dejaron la Iglesia de buena fe y siguen abiertos al diálogo (muy pocos en verdad), para que queden cuestionados y se abran a la posibilidad de un regreso a la Iglesia, de la cual nunca debieron hacer salido. 

Revivir la sana apologética 

Por lo tanto, hoy más que nunca, es necesario revivir la sana apologética, no por el gusto al pleito o como juego intelectual, sino para ayudar al pueblo católico a tener ideas claras acerca de su fe y no dejarse confundir por la enorme avalancha de falsos profetas y falsos cristos (Mc 13,22), que están invadiendo el mundo tomando la religión como un negocio más (1 Tim 6,5.10), sin aquel cuidado, respeto y delicadeza que merece todo lo que se refiere a Dios, a la misma esencia del hombre y su destino final.

Como es fácil notar, se trata de una tarea extremadamente delicada y compleja, teniendo presente la multiplicidad y variedad de los desafíos a los que se tienen que dar una respuesta: ateísmo, sectas de tipo protestante, nuevos movimientos religiosos cargados de esoterismo, influjos orientales, psicología, etc.

Se necesitan «especialistas» en las distintas ramas, para que investiguen sus contenidos y aclaren los puntos que contradicen nuestra fe, para evitar que católicos «ingenuos» fácilmente se dejen envolver sin darse cuenta de sus implicaciones profundas, como está pasando ahora con la teoría de la «reencarnación». Muchos católicos, que hasta se creen preparados y comprometidos, la están aceptando sin pestañear siquiera, como si se tratara de algo indiferente para la fe católica y no cayendo en la cuenta de que se trata de algo completamente contrario.

En realidad, ¿como se puede compaginar la creencia en una sucesión de vidas con la doctrina de la «muerte, el juicio, el infierno y la gloria»? 

Así que, hoy más que nunca, es urgente que en la Iglesia se desarrolle un verdadero «ministerio» para hacer frente a esta problemática, un ministerio que abarque distintos aspectos: investigación, divulgación y asesoría práctica con elación a los hermanos «débiles en la fe», que necesitan una ayuda para superar la crisis en que se encuentran y así poder lanzarse con más libertad y confianza en el seguimiento de Cristo. 

En este sentido, la apologética tiene que ser considerada como parte integrante de la misma evangelización. En realidad, sin la apologética, se corre el riesgo de construir sobre arena, al no contar el católico con bases firmes para hacer frente a las continuas provocaciones que le vienen de todas partes. 

Frente a esto, alguien podría decir: «Falta que también la apologética hoy se vuelva en una moda y entre en la lógica del mercado». Mejor así que abandonar a las ovejas en las garras del lobo.

I-  La Apologética: 3. ¿Apologética después del Vaticano II?

Autor: Catholic.net

Una Nueva Apologética en consonancia con el magisterio de la Iglesia.

Una de las razones por la cual en algunos ambientes no es aceptada la Apólgetica es porque piensan que queremos practicarla o resucitarla tal como se practicaba antes del concilio Vaticano II. Donde en algunos casos era muy racional, combativa, triunfalista y un monólogo donde se quería vencer a un enemigo en la Fe. Además que se le veía como algo contrario al ecumenismo.

La verdad es que hoy en día en muchos países se esta practicando una nueva Apologética pero desde una perspectiva donde se ha incorporado la visión teológica del Vaticano II.

Veamos a continuación algunas de las caracteristicas principales de ella y seguramente que estará de acuerdo con nosotros en promover la importancia de una nueva Apologética en todas las areas de pastoral:

  • Que surge de la vivencia del sacramento de la confirmación por el cual somos enriquecidos con el Espirítu Santo para ser testigos de Cristo y extender y defender la fe con obras y palabras. (Catecismo de la Iglesia No. 1285).
  • Que sea un elemento integrante de la evangelización. (Catechesi Tradendae No. 18).
  • Que no es monólogo sino al contrario, pues establece las bases para un sano diálogo. (Cfr. La Iglesia y las sectas ¿pesadilla o reto? Pag. 269 P. Flaviano Amatulli).
  • Que al mismo tiempo que fortalece la identidad del católico está abierta a los valores y elementos de santidad existentes fuera del ámbito eclesial visible (Unitatis Redintegratio No. 3).
  • Que no está ni contra las sectas ni con ellas. Mas bien busca instruir con serenidad sobre las características y diferencias de las diversas sectas y sobre las respuestas a las injustas acusaciones contra la Iglesia. (Cfr. Documento de Santo Domingo CELAM No. 146).
  • Que se injerta como una disciplina mas dentro del conjunto teológico. (Pastores Dabo Vobis No. 51).
  • Renovación de la Apologética que no busca pelear o condenar sino fortalecer la fe del católico capacitándolo a dar razones de su esperanza. (Cfr. El compromiso pastoral de la Iglesia frente a las sectas. Comisión doctrinal de la Conferencia del episcopado mexicano No. 55; 1 Pe 3,15).
  • Que no es antagónica con el ecumenismo, sino que se complementa con el mismo. (Cfr. Apologética y Ecumenismo. Dos caras de la misma moneda. P. Flaviano Amatulli).
  • Que no solamente ve el error en el otro, sino que al mismo tiempo se autocritica y descubre en el otro los signos de los tiempos. (Ut Unum Sint No. 34).
  • Que une el valor del testimonio con la necesidad del anuncio explícito del Evangelio. (Evangelii Nuntiandi No. 22).
  • Que defiende y promueve a la vez la riqueza espiritual que el Señor nos dejó pues sólo en la Iglesia católica se encuentra la plenitud de los medios de salvación establecidos por Jesucristo. (Cfr. Sínodo de América No. 282).
  • Que no es triunfalista sino un profético anuncio de una verdad que se propone y penetra por la misma fuerza de la verdad con suavidad y firmeza en el alma. (Ut Unum sint No. 3).
  • Que desarrolla principalmente toda una labor de pastoral preventiva. (cfr. El compromiso pastoral de la Iglesia frente a las sectas. Comisión doctrinal de la Conferencia del episcopado mexicano No. 61 y 70).

*Que se complementa con el ecumenismo, pues entre ambas líneas de pastoral no hay oposición sino complementariedad. El Ecumenismo busca restablecer la Unidad con los que ya se apartaron (Unitatis Redintegratio) y la Apologética busca preservar la unidad de los que todavía están en la Iglesia (Unitatis Praeservatio).

Es esta la Nueva Apologética que estamos proponiendo y promoviendo, en consonancia con el magisterio de la Iglesia.

I-  La Apologética: 2. La apologética, una tarea ingrata

Autor: Catholic.net

Se necesita mucho espíritu de entrega. Son pocos los que se dedican a esta tarea, convencidos de que se trata de algo necesario y urgente para la Iglesia..

Complejidad del problema 

Con el asunto de las sectas está pasando algo muy curioso: todos reconocen la gravedad del problema, pero pocos se deciden a enfrentarlo seriamente. 

¿Por qué? «No sabemos por donde empezar», confiesan algunos con toda franqueza. «Por fin hemos encontrado a uno que nos presenta objetivos claros al respecto, con estrategias bien concretas», me decía Mons. Castrillón, ex presidente del CELAM. La complejidad del problema es el primer obstáculo, que impide a muchos abordar el tema. 

Ecumenismo malentendido

Otro obstáculo; un malentendido ecumenismo. Al querer enfrentar con seriedad el problema de las sectas, uno tienen miedo a obstaculizar el proceso ecuménico ya en acto y con buenas perspectivas para el futuro. Es que no se ha entendido que el ecumenismo no tiene nada que ver con las sectas, que el ecumenismo no tiene nada que ver con las sectas, vorazmente proselitistas.

Mientras el ecumenismo busca la unidad, el proselitismo a ultranza de las sectas mira hacia la división. En este contexto, nuestra labor mira a fortalecer la fe de los católicos para que no se dejen arrastrar por las mañas y artimañas de las sectas, y haciendo esto estamos seguros de trabajar en favor de la unidad, al impedir precisamente mayores divisiones. 

Flojera 

Sin embargo, aclarando esto, viene la dificultad de la preparación necesaria para trabajar en esta línea. Se necesita conocer bastante acerca de la Biblia y acerca de la doctrina católica y las creencias de los distintos grupos religiosos. Y entonces interviene la flojera que puede llegar hasta crear un fenómeno de tipo sectario dentro de la misma Iglesia: cada uno se queda con su grupo. Conoce sus cosas, vive la fe como le enseñan allá y con eso se siente feliz, sin preocuparse en lo más mínimo por lo que se maneja en los demás grupos al interior de la misma Iglesia y tanto menos en los grupos que están fuera de ella.

Y para camuflar esta situación de cobardía y cerrazón, se hace alarde de «apertura» , «espíritu ecuménico» y tantas cosas bonitas que no vienen al caso. Hasta que el problema no se vuelve «personal» al no pode ayudar a un familiar o un amigo que se está pasando o ya se pasó a una secta. Y entonces empiezan las recriminaciones contra la jerarquía, por no tomar cartas en el asunto y no preparar adecuadamente a su gente. 

Muchos sacrificios 

Evidentemente no faltan católicos practicantes, que sienten la curiosidad por adentrarse en el problema de las sectas «para conocer». Pero ¿qué pasa? Que una vez satisfecha su curiosidad, se alejan del asunto. No quieren «comprometerse» a dar un servicio a la comunidad eclesial en esta línea específica. Es que se trata de una tarea ingrata, que exige muchos sacrificios y ofrece pocas satisfacciones. No es como trabajar en otros campos.

En realidad, en los movimientos apostólicos normalmente se trabaja con el afán de aumentar la propia membresía y así adquirir más prestigio y poder en la comunidad eclesial, aunados muchas veces a ciertas ventajas de tipo económico. Trabajando en la línea de la defensa de la fe, al contrario, es trabajar por la Iglesia como tal, ayudando al que sea, sin ningún tipo de vínculo ulterior, que pudiera traer algún beneficio. 

Pocos comprometidos 

Es como sembrar en el mar. Aclarar dudas, aconsejar resolver problemas, y ya. Y te quedas solo como antes, con la única satisfacción de haber hecho regresar al redil alguna oveja perdida o haber llevado la paz a un alma angustiada.Es lo que se nota al concluir algún cursillo para seminaristas, religiosas, laicos comprometidos o pueblo en general: alguna palabra de agradecimiento, algún vago deseo de que «esto siga » y ya. Al momento del compromiso concreta, muy pocos levantan la mano. Es que hay que dar mucho y recibir muy poco a cambio. 

Casi siempre me preguntan: «¿Quién sostiene esta actividad?» Al escuchar la respuesta: «Nadie», casi todos se enfrían. Ven el asunto muy difícil y con pocas perspectivas para el futuro. Claro, les gustaría entrarle, pero con algunas condiciones: un sueldito, un carrito, una oficinita, teléfono y fax. Pero, esto de meterse a trabajar así nada más, gratis et amore Dei (gratuitamente y por amor a Dios), cargando una miserable mochila y pidiendo hospedaje en cualquier lugar, parece una exageración, algo propio de la Edad Medio, completamente fuera de los parámetros de la era de la computación. 

Por eso, somos tan pocos los que estamos metidos en esto. Sin embargo, no por eso nos vamos a desanimar, «tirando la toalla», como dicen por ahí. Somos pocos, pero bien fogueados y convencidos de lo que estamos haciendo. Así que, ni las burlas («Ahí vienen los cazadores de brujas»), ni la pobreza, no los rechazos de parte de algunos nos van a detener: sabemos perfectamente en lo que estamos y lo que pretendemos. 

Por otro lado, no faltan (y son muchos) los que ven en esta labor relacionada con el problema de las sectas, algo «providencial», necesario y urgente para el bien de la Iglesia hoy. 

Un sacerdote comentaba: 

«Durante los primeros siglos de la historia de la Iglesia, hubo situaciones difíciles con relación al problema de las sectas. Sin embargo, entonces la Iglesia supo enfrentar el problema con audacia y prontitud. Lo que no ha hecho ahora. Por eso el problema se ha hecho grave. ¡Qué bueno que alguien se ha abocado a la tarea de luchar para preparar a los católicos a mantenerse firmes en su fe y no dejarse confundir por las insidias de las sectas!».


Así que, va a depender mucho de nosotros, si esta actividad tendrá todo el alcance que necesita para responder realmente a las necesidades de la Iglesia en el momento actual. Dependerá de nosotros saber involucrar a más gente, crear opinión y despertar interés e iniciativas al respecto. 

Como es fácil constatar, aún no se entiende que para llevar adelante esta obra se necesitan fondos económicos. Ni modo. Vamos a usar más la inteligencia para descubrir métodos siempre más populares y que impliquen pocos gastos. Tal vez la pobreza de los medios que utilizamos y la poca capacidad del mismo elemento humano implicado en esta actividad, pueden ser una señal más para convencernos de que esta obra es realmente una «obra de Dios». 

I-  La Apologética:1. Necesidad de una apologética

Autor: Catholic.net

La introducción a una nueva estrategia para evitar el avance de las sectas, viendo su realidad, cuáles han sido las reacciones ante el proselitismo y la necesidad de una nueva apologética.

Desde el año 1983 se está trabajando con un método para hacer frente al proselitismo de las sectas fundamentalistas. Actualmente esto se lleva a cabo en más de quince países. Un hecho es cierto: donde sé esta aplicando este método, las sectas ya no avanzan y comienza un lento regreso hacia la Iglesia Católica.

Introducción

Sin duda que uno de los retos más grandes que enfrenta la Iglesia Católica a principios del Tercer Milenio es el avance de las sectas fundamentalistas con su proselitismo, teniendo un enorme ritmo de crecimiento en muchos países del continente americano y en otros continentes. 

En realidad lo que se propone no es una varita mágica ni mucho menos, más bien se trata de retomar algo que durante siglos la Iglesia realizó como parte esencial de su misión evangelizadora.

La estrategia consiste en desencadenar todo un proceso que lleve a la incorporación de la Apologética en todas las estructuras parroquiales y diocesanas. De esta manera la Nueva Apologética se convierte en un elemento integrante y dinamizador dentro de los Planes de Pastoral que actualmente ya forman parte de los programas de las diócesis. En la medida en que esto se logra, en igual medida va disminuyendo el ritmo de crecimiento de las sectas. Ésta ha sido una experiencia comprobada en varias diócesis.

El objetivo es fortalecer la identidad de miles o millones de católicos. Para lograrlo lo más conveniente sería introducirla a nivel diocesano desde un principio, si esto no es posible, podría hacerse en las vicarías o decanatos, o inclusive en el ámbito parroquial.

En esta estrategia se visualiza la Apologética como una pastoral específica ante el proselitismo sectario y considera totalmente indispensable y necesario que se trate de unir, ante este fenómeno del sectarismo, toda la acción pastoral global o general. (Catequética, litúrgica y social).

Aquí nos concentraremos en la Apologética dejando las otras áreas de pastoral a los expertos en ellas.

Para lograr el objetivo de este “programa” es totalmente indispensable" que sé realicen las cuatro fases en las que consiste esta estrategia. Quitar alguna o cambiar el orden es tirar por la borda el 50 o 70 % de lo que se pretende conseguir. Al mismo tiempo, en cada fase, hay elementos que se deben cuidar con precisión.

Otro elemento indispensable es el conocimiento y la aprobación de la estrategia por parte de la jerarquía de la Iglesia. Solamente así, se podrá llegar a las estructuras parroquiales y diocesanas.

El uso del material de Apologética ya existente es muy importante para la realización e implementación de las diferentes fases.

El fin no es hacer un poco de “ruido” y dar algunas charlas de defensa de la fe, creando un grupito especialista en sectas y a ver que se le ocurre hacer. NO. El objetivo es frenar en serio el ritmo de crecimiento de las sectas fortaleciendo la “identidad” de los miles o millones de católicos de cada diócesis, en un período de uno o dos años. Haciendo que cada uno de los católicos conozca su Iglesia, la Biblia y poder dar respuesta a los ataques injustos por parte de las sectas.

La primera fase es una concientización masiva, la segunda es la etapa de capacitación de los agentes de pastoral y de los ministerios de promotores y defensores de la fe. La labor permanente y fundamental de la tercera etapa irá disminuyendo cada vez más el porcentaje de católicos que abandonan la Iglesia católica a causa de las sectas. La cuarta fase forma agentes de pastoral altamente cualificados en esta área de pastoral.

El fin que tenemos es el de compartir esta experiencia como una propuesta para que se pueda repetir por todo el mundo donde el proselitismo sectario esté presente y se quiera enfrentar con seriedad y profundidad al mismo. Tal como lo indica el documento fruto del Sínodo de América presentado por su Santidad Juan Pablo II:

Para que la respuesta al desafío de las sectas sea eficaz, se requiere una adecuada coordinación de las iniciativas a nivel supradiocesano, con el objeto de realizar una cooperación mediante proyectos comunes que puedan dar mayores frutos.

La realidad del sectarismo fundamentalista 

Diferentes instancias eclesiales y estudios estadísticos han señalado el creciente avance de las sectas en el continente americano y en otros países. Entre ellos cabe destacar lo mencionado en las conclusiones del Sínodo de América recientemente presentado: 

“Los avances proselitistas de las sectas y de los nuevos grupos religiosos en América no pueden contemplarse con indiferencia. Exigen de la Iglesia en este continente un profundo estudio, que se ha de realizar en cada nación y también a nivel internacional, para descubrir los motivos por los que no pocos católicos abandonan la Iglesia” 

Igualmente la IV Conferencia General del episcopado latinoamericano nos habla del crecimiento de las sectas fundamentalistas como algo grave: 
“El problema de las sectas ha adquirido proporciones dramáticas y ha llegado a ser verdaderamente preocupante sobre todo por el creciente proselitismo” No. 139 del Documento de Santo Domingo. 

Algunos estudios estadísticos que nos confirman esto son los siguientes: 

  • En América Latina cada hora 400 personas abandonan la Iglesia Católica. 
  • En 1900 eran 250,000 para el año 1990 ya son 46 millones en América latina. 
  • En Guatemala aproximadamente el 25% de la población ya es evangélica. 
  • En el Salvador cerca del 30% ya no son católicos y han pasado a diversas sectas. 
  • En Brasil de seguir el mismo ritmo de crecimiento para el 2050 la mitad de la población sería evangélica. 
  • En México, a pesar de no ser de los mas dañados en este aspecto, en 1970 el total de protestantes era 880,000 actualmente ya son cerca de cinco millones. 
  • En Estados Unidos todas las sectas tienen un altísimo ritmo de crecimiento. Algunas llegan a más del 1000%.

Todo esto ha sido posible por diferentes causas. Sin embargo es importante subrayar algunos factores principales que han contribuido a esta realidad: 

1. El voraz proselitismo de las sectas a través de los más diversos métodos incluyendo los ilícitos desde una perspectiva cristiana. (Engaño, intereses económicos, presión psicológica, ayuda material...) 

2. Los “Planes” de conquista evangélicos con toda una estrategia para disminuir la presencia de la Iglesia Católica y lograr engrosar las filas de las sectas fundamentalistas. 

3. Otro factor importante es sin duda el llamado “Teoría de la conspiración” en el cual se considera al protestantismo como a la vanguardia A partir del Concilio Vaticano II nuevos aires soplaron en la Iglesia Católica. En América Latina el CELAM en Medellín y después en Puebla impulso a la Iglesia en su opción preferencial por los pobres y paso a la acción de una manera muy visible y comprometida. 

4. En el aspecto social muchos de los elementos que los sociólogos mencionan como caldo de cultivo para el sectarismo se dan en la mayoría de los países del continente en diferentes grados: 

  • Pobreza extrema 
  • Concentración urbana con la secuela de masificación 
  • Narcotráfico y violencia 
  • Rápidos y profundos cambios sociales que producen crisis existencial y búsqueda de seguridad e identidad

Reacciones frente al proselitismo sectario 

Desde hace años en muchos países se han tenido estudios y encuentros para analizar el fenómeno del sectarismo y marcar líneas o propuestas de acción, pero la triste realidad es que después de todos estos análisis el resultado es que las sectas siguen creciendo igual o más que antes. ¿Por qué no se ha logrado frenar el ritmo de crecimiento de las sectas? 

Veamos algunas de las acciones y actitudes que se tomaron frente al avance de las sectas y que han provocado las consecuencias ya mencionadas. 

1.- Parálisis : 

  • Derrotista: Se pensó que no se podía hacer nada porque las sectas contaban con todo un financiamiento económico y un aparato de mercadotecnia impresionante. Esto fue respaldado por la llamada “teoría de la conspiración” 

  • Triunfalista: Algunos, por el contrario, creyeron que no era necesario hacer algo porque las sectas iban a desaparecer solas. Como a la Iglesia Católica la fundó Cristo no había que perder tiempo en esas cosas. 

  • Indiferentismo: Otros simplemente ignoraron el problema, es más ni problema había. Algunos incluso pensaron que si se iban 3000 a las sectas no importaba, pues lo importante era que se quedaran 400 bien comprometidos. Además los otros grupos también les hablaban de Dios.

2.- Ecumenismo ingenuo: 

La falta de una verdadera formación ecuménica unido a la imposibilidad de practicarlo con las sectas fundamentalistas que son antiecuménicas provocó que en muchos lugares se cayera en un ecumenismo ingenuo.

  • No se diferenció entre Protestantismo histórico y sectas fundamentalistas. 
  • El problema de las etiquetas aumentó esto, pues muchas iglesias que en teoría son ecuménicas en diferentes lugares adoptaron toda la mentalidad anticatólica y antiecuménica de las sectas, lo cual todavía muchos no alcanzan a distinguir. 
  • En el contexto socio-religioso actual las Iglesias Protestantes disminuyen y las sectas fundamentalistas están creciendo. Ante esto, algunos no supieron que hacer pues toda su formación apuntaba al ecumenismo que no es aceptado por las sectas fundamentalistas. 
  • La discusión sobre la terminología a usar a muchos todavía los tiene estancados. (Sectas, cultos, Nuevos grupos religiosos, Iglesias etc.) 
  • Algunos practicaron el Ecumenismo de café: charlar y convivir con cualquier pastor tomándose un café y dejando fuera las directrices dadas por el Magisterio de la Iglesia. Con esto se favoreció el crecimiento de las sectas fundamentalistas. 
  • En algunos lugares de un ecumenismo verdadero se pasó a un indiferentismo religioso de graves consecuencias.

3.- Análisis parciales: 

Pero sin duda, algo que ha tenido una influencia muy grande en este aspecto del crecimiento de las sectas es el resultado de los estudios y análisis que se han realizado en diferentes países y en diferentes niveles eclesiales. 

Las conclusiones y propuestas se hicieron, y después de 5, 10, y 15 años las sectas siguieron creciendo. Si analizáramos los diferentes resultados de los estudios y propuestas realizadas, notaríamos que son muy similares sus conclusiones sobre el por qué los católicos se van a las sectas y también muy similares sus propuestas sobre que hacer para que ya no se vayan a engrosar esas filas. Todos estos análisis son parciales, hay que llevar a cabo las propuestas pero integrándole el elemento apologético como identidad del católico. La triple dimensión de la pastoral: profética, litúrgica y social es una tarea prioritaria y esencial de la Iglesia. 

Renovación de una nueva apologética 

Impulsar una Nueva Apologética de cara al tercer milenio es una de las prioridades que estamos proponiendo y gracias a Dios hemos visto excelentes resultados. 

En los lugares o países donde hemos presentado un programa de cuatro etapas fundamentales que conforman una estrategia básica que en poco tiempo produce frutos excelentes en cuanto a frenar el ritmo de crecimiento de las sectas a costa de la Iglesia Católica. 

Nueva apologética o defensa de la fe: 

  • Elemento integrante de la evangelización. (Catechesi Tradendae No. 18). 
  • Capaz de un sano diálogo. (Cfr. La Iglesia y las sectas ¿pesadilla o reto? Pag. 269 P. Flaviano Amatulli). 
  • Surgida de la vivencia del Sacramento de la Confirmación por el cual somos enriquecidos con el Espíritu Santo para ser testigos de Cristo y extender y defender la fe con obras y palabras. (Catecismo de la Iglesia No. 1285). 
  • Fortaleciendo la identidad del católico abierto a los valores y elementos de santidad existentes fuera del ámbito eclesial. (Unitatis Redintegratio No. 3). 
  • Sin estar en contra de las sectas ni con ellas. Mas bien busca instruir con serenidad sobre las características y diferencias de las diversas sectas y sobre las respuestas a las injustas acusaciones contra la Iglesia.

  • Injertada como una disciplina más dentro del conjunto teológico.

  • No buscando la confrontación, sino el fortalecimiento de la fe del católico capacitándolo paraa dar razones de su esperanza. (Cfr. El compromiso pastoral de la Iglesia frente a las sectas. Comisión doctrinal de la Conferencia del episcopado mexicano No. 55; 1 Pe 3,15). 
  • No siendo antagónica con el ecumenismo, sino que se complemente con el mismo. (Cfr. Apologética y Ecumenismo. Dos caras de la misma moneda. P. Flaviano Amatulli). 
  • Que no solamente vea el error en el otro, sino que al mismo tiempo se autocrítica y descubra en el otro los signos de los tiempos.
  • Que une el valor del testimonio con la necesidad del anuncio explícito del Evangelio.
  • Que defiende y promueve a la vez la riqueza espiritual que el Señor nos dejó en los medios de salvación, instituidos por Él y de los cuales la Iglesia Católica es la depositaria.
  • Que sea un profético anuncio de una verdad que se propone y penetra por la misma fuerza de la verdad con suavidad y firmeza en el alma.  
  • Que desarrolla principalmente toda una labor de pastoral preventiva. (cfr. El compromiso pastoral de la Iglesia frente a las sectas. Comisión doctrinal de la Conferencia del episcopado mexicano No. 61 y 70).
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