15. ¿Creían los padres de la Iglesia en la doctrina de la Sola Fides?

Autor: Por José Miguel Arráiz | Fuente: Apologetica.orgutor:  Xavier Villalta 

Un estudio sobre los Padres de la Iglesia y la cuestion de Sola Fide..

Durante la época en que yo coqueteaba con el protestantismo nunca reparé en esta pregunta. Yo llegué a rechazar esta doctrina por considerar que no tenía ningún sustento escriturístico, sin embargo, hoy día puede llegar a ser clarificador responder esta pregunta, que si bien para un fundamentalista pudiera parecer irrelevante, hay razones escrituristicas para que a mi no me lo parezca.

Y es que si esta doctrina fue una novedad del siglo XVI no habría manera que yo la tomara en serio, porque aunque como católico estoy abierto a lo que considero legítimos desarrollos en la doctrina cristiana, quien se ha tomado el tiempo de estudiar la historia y los textos patrísticos va a llegar a una cruda conclusión: La doctrina de salvación por la Sola Fe no solo no fue creída antes de Lutero, sino explicitamente anatemizada y rechazada.

¿Como podría ocurrir esto de ser esta una doctrina verdadera? ¿Quiere decir esto que la Iglesia estuvo ciega durante quince siglos? A un protestante se le puede hacer fácil aceptar esto, pero yo simplemente no puedo creerlo. La mayoría de fundamentalistas sostienen que la Iglesia se “paganizó” a raiz de que el emperador Constantino el Grande se convirtió al cristianismo y decretó la libertad de culto en el edicto de Milán, pero incluso siglos antes de Constantino, esta doctrina ya era rechazada como herética.

A continuación pretendo hacer una recopilación de textos patrísticos de los más preeminentes padres y escritores eclesiáticos de la Iglesia, comenzando desde los discípulos directos de los apóstoles, y con ellos demostrar que el consenso de los padres de la Iglesia creía que:

  • El hombre aunque tiene libre albedrío, no puede salvarse sin la gracia de Dios. Dios por su gracia tiene la primera iniciativa de su salvación y ejerciendo esta libertad el hombre responde y coopera con la gracia. (Entendiendo que gracia es el favor gratuito e inmerecido de Dios)
  • Dios llama a todos los hombres a la salvación y sobre todos derrama su gracia a través de Cristo, porque quiere que todos los hombres se salven. Quienes se condenan lo hacen por su propia voluntad.
  • La gracia de Dios mueve al hombre a creer en Cristo y obedecer. Sin la gracia no puede ni lo uno ni lo otro, y nisiquiera tiene la iniciativa para hacerlo.
  • Así, la salvación es gracia pero nosotros debemos cooperar haciendo uso de nuestra libertad o libre albedrio.
    Por medio de la fe el hombre es justificado. Al ser justificado no solo es declarado justo sino hecho justo (regenerado).
  • Luego el hombre justificado movido por la gracia debe vivir de acuerdo a la voluntad de Dios, obrando el bien y cumpliendo los mandamientos, pero es libre de no hacerlo y caer del estado de gracia de Dios.
  • En este sentido para salvarse no basta solo creer (Sola Fides), sino creer y luego obrar, pero donde luego las obras y el cumplimiento de los mandamientos son necesarios para la salvación, pero no como moneda de pago por ella, porque es gracia.

Esto solo pretende ser un breve resumen de la doctrina católica referente a la justificación, para quienes deseen estudiar a fondo la doctrina católica respecto a estos puntos sugiero leer los decretos de Trento y “El mérito, del Cardenal Charles Journet”.

La Didaché

Considerado uno de los más antiguos escritos cristianos no-canónicos, incluido en la categoría de “padres apostólicos” y considerado por mucho tiempo anterior a muchos escritos del Nuevo Testamento. Es recientemente cuando estudios recientes señalan una posible fecha de composición posterior no más allá del 160 d.C.

La traducción de J. B. Lightfoot. Puede consultarse AQUI

Ya en este primitivo testimonio de la fe de la Iglesia se advierte que de nada servirá tenido fe durante toda la vida si en el último momento no somos perfectos:

La Didaché 16,1-2 “Vigilad sobre vuestra vida; no se apeguen vuestras linternas ni se desciñan vuestros lomos, sino estad preparados, porque no sabéis la hora en que va a venir el Señor. Reuníos con frecuencia, inquiriendo lo que conviene a vuestras almas. Porque de nada os servirá todo el tiempo de vuestra fe, si no sois perfectos en el último momento.” (1)

San Clemente Romano

San Clemente, discípulo de los apóstoles San Pedro y San Pablo, es reconocido como uno de los padres apostólicos, y cuarto obispo de Roma (luego de San Pedro, San Lino y San Anacleto). Se conserva una epístola donde disciplina a la comunidad corintios por una disputa surgida en esa iglesia. La traducción de J. B. Lightfoot puede consultarse AQUI

Clemente ha sido citado frecuentemente por apologetas protestantes como partidarios de la doctrina de la Sola Fides, en base al siguiente texto:

Clemente a los Corintios XXXII,3-4 “En conclusión, todos fueron glorificados y engrandecidos, no por méritos propios ni por sus obras o justicias que practicaron sino por voluntad de Dios. Luego tampoco nosotros, que fuimos por su voluntad llamados en Jesucristo, nos justificamos por nuestros propios méritos, ni por nuestra sabiduría, inteligencia, piedad, o por las obras que hacemos en santidad de corazón, sino por la fe, por la que el Dios omnipotente justificó a todos desde el principio.” (2)

Clemente realmente dice lo mismo que establece el concilio de Trento cuando declara que “Nada de lo que precede a la justificación, ya sea fe u obras, merece la gracia de la justificación. Porque si es por la gracia no lo es por las obras. Además como dice el Apóstol, la gracia ya no es más gracia.” (Trento, Sesión VI, “Decreto sobre la Justificación", Cap. 8). Trento enseña así que no hay nada anterior a la justificación, incluyendo las obras (de cualquier tipo) que merezca la justificación.

En otros textos sin embargo Clemente habla de como los profetas fueron declarados justos no solo al creer, sino al obedecer:
Clemente a los Corintios XXX,3 “Unámonos, pues, a aquellos a quienes fué dada la gracia de parte de Dios; revistámonos de concordia manteníéndonos en el espíritu de humildad y continencia, justificados por nuestras obras y no por nuestras palabras” (3)

Clemente a los Corintios, IX,3 “Tomemos por ejemplo a Enoc, quien, hallado justo en la obediencia, fué trasladado, sin que se hallara rastro de su muerte” (4)

Clemente a los Corintios X,1 “Abraham, que fué dicho amigo de Dios, fué encontrado fiel por haber sido obediente a las palabras de Dios” (5)

Clemente viene siendo un excelente exponende de la doctrina católica de la justificación. El hombre se justifica por la fe, pero se salva a condición de que guarde los mandamientos y cumpla de modo acabado la voluntad de Dios (las obras no son solo producto de la fe, sino condición para salvarse):

Clemente a los Corintios XXXV,4-8 “Por nuestra parte, luchémonos por hallarnos en el número de los que le esperan, a fin de ser también participes de los dones prometidos. Mas ¿cómo lograr esto, carísimos?. Lograrémoslo a condición de que nuestra mente esté fielmente afianzada en Dios; a condición de que busquemos doquiera lo agradable y acepto a Él; a condición, finalmente, de que cumplamos de modo acabado cuanto dice con sus designios irreprochables y sigamos el camino de la verdad, arrojando lejos de nosotros toda injusticia y maldad, avaricia, contiendas, malicia y engaños, chismes y calumnias, odio a Dioos, soberbia y jactancia, vanagloria y inhospitalidad. Porque los que tales cosas hacen son odiosos a Dios, y no sólo los que las hacen, sino quienes las aprueban y concienten. Dice en efecto la Escritura: Al pecador empero le dijo Dios: ¿A qué fin explicas tu mis justificacioes y tomas en tu boca mi alianza?. Pues tú aborreciste la disciplina y te echaste mis palabras a la espalda” (6)

Clemente también advierte sobre el peligro de perder la salvación, por lo que advierte que para salvarse hay que perseverar hasta el fin llevando una conducta digna de Dios y obedeciendo los mandamientos.

Clemente a los Corintios XXI,1-4 “Vigilad, carísimos, no sea que sus beneficios que son muchos, se conviertan para nosotros en motivo de condenación, caso de no hacer en toda concordia, llevando conducta digna de Él, lo que es bueno y agradable en su presencia. Dice, en efecto en alguna parte la Escritura: El Espíritu del Señor es lámpara que escudriña los escondrijos del vientre. Consideremos cúan cerca de nosotros está y cómo no se le oculta uno solo de nuestros pensamientos ni propósito que concibamos. Justo es, por ende, que no desertemos del puesto que su voluntad nos ha asignado” (7

(Nótese, que en el texto anterior Clemente reconoce que se puede caer del estado de gracia y condenarse, a diferencia de la doctrina protestante “Salvo siempre Salvo”)

Clemente a los Corintios XXVIII,1-2 “Ahora, pues, como sea cierto que todo es por Él visto y oido, temámosle y demos de mano a los execrables deseos de malas obras, a fin de ser protegidos por su misericordia de los juicios venideros. Porque ¿dónde podrá nadie de nosotros huir de su poderosa mano? ¿que mundo acojerá a los desertores de Dios?” (8)

Clemente a los Corintios LVIII,2 “…Porque vive Dios y vive el Señor Jesucristo y el Espíritu Santo, y también la fe y la esperanza de los elegidos, que sólo el que en espíritu de humildad y perseverante modestia cumpliere sin volver atrás las justificaciones y mandamientos dados por Dios, solo ése será ordenado y escogido en el número de los que se salvan por medio de Jesucristo…” (9)

También tiene un claro exponente de la doctrina católica del mérito:
Clemente a los Corintios XXXIV,2-4 “Bien está, pues, que seamos prontos y fervorosos para el bien obrar, pues de Él nos viene todo. Previénenos, en efecto: He aquí al Señor y su recompensa delante de su cara, a fin de dar a cada uno según su trabajo. Con todo lo que nos incita, a los que creemos en Él con todo nuestro corazón, a que no seamos perezosos ni remisos para toda obra buena” (10)

Pero si esto no fuera poco, reconoce que por medio de la caridad se puede obtener el perdón de los pecados:
Clemente a los Corintios L,5 “Dichosos de nosotros, carísimos, si hubiéremos cumplido los mandamientos de Dios en la concordia de la caridad, a fin de que por la caridad se nos perdonen nuestros pecados” (11)

San Policarpo

Obispo de Esmirna instituido por el apóstol San Juan de quien fue discípulo. Nació aproximadamente por el año 75 y murió martir. Es considerado también uno de los padres apostólicos. Se conserva una carta dirigida a la Iglesia de Filipos, (La traducción de J. B.
Lightfoot puede consultarse AQUI) en la cual al igual que establece como condición para salvarse no solo la fe sino el cabal cumplimiento de la voluntad de Dios y la obediencia a los mandamientos:

Policarpo de Smirna a los Filipenses 2 “Por lo cual, ceñidos vuestros lomos, servid a Dios en temor y en verdad, dando de mano a la vana palabrería y al extravío del vulgo, creyendo al que resucitó a nuestro Señor Jesucristo de entre los muertos y le dio gloria y asiento a su diestra; a él fueron sometidas todas las cosas, las del cielo y las de la tierra; a Él rinde adoración todo aliento; Él ha de venir de juez de vivos y muertos; y Dios requerirá su sangre de mano de quienes no quieren obedecerle. Ahora bien, el que a Él le resucitó de entre los muertos, también nos resucitará a nosotros, con tal que cumplamos su voluntad y caminemos en sus mandamientos y amemos lo que él amó, apartados de toda iniquidad, defraudación, codicia de dinero, maledicencia, falso testimonio…; no volviendo mal por mal, ni injuria por injuria, ni golpe por golpe, ni maldición por maldición. Acordemonos, más bien, de lo que dijo el Señor para enseñanza nuestra: No juzguéis, para que no seais juzgados, perdonad y se os perdonará; compadeced para que seáis compadecidos. Con la medida que midiereis se os medirá también a vosotros. Y: Bienaventurados los pobres y los que sufren persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos” (12)

El Pastor de Hermas

Una obra muy apreciada en la Iglesia primitiva al punto de que algunos padres lleggaron a considerarlo canónico. Fue compuesto por Hermas, hermano del Papa Pío I, en Roma entre el 141 a 155. La traducción de J. B. Lightfoot. Puede consultarse AQUI

Hermas habla de haber tenido una visión donde ve una torre que se construye sobre las aguas, y donde se traen piedras para edificarla. Llama la atención que no todas las piedras son utilizadas, unas eran lanzadas lejos de la torre, otras hechas añicos, otras colocadas cerca de la torre pero que no utilizaban por estar carcomidas, otras por su forma descartadas por no ajustarse a la construcción, Posteriormente la Dama explica que la Torre es la Iglesia y nosotros las piedras:
El Pastor de Hermas, Visión tercera, 5,3 “Los que entraban en la construcción sin necesidad de labrarlos son los que aprobó el Señor, porque caminaron en la rectitud del Señor y cumplieron sus mandamientos” (13)

El Pastor de Hermas, Visión tercera, 5,4 “-Y los que rechazaban y tiraban ¿quienes son?
Estos son los que han pecado, pero están dispuestos a hacer penitencia; por esta causa, no se los arrobaba lejos de la torre, pues cuando hicieran penitencia serán útiles para la construcción…” (14)

El Pastor de Hermas, Visión tercera, 6,1 “¿Quieres conocer las piedras que eran hechas trizas y se las arrojaba lejos de la torre? Estos son lo hijos de iniquidad; se hicieron creyentes hipócritamente y ninguna maldad se apartó de ellos. De ahí que no tienen salvación, pues por sus maldades no son buenos para las construcción..” (15)

El Pastor de Hermas, Visión tercera, 6,2-4 “Respecto a las otras, que viste tiradas en gran número por el suelo y que no entraban en la construcción, de ellas, las piedras carcomidas representan a los que han conocido la verdad, pero no perseveraron en ella ni se adhirieron a los santos. Por eso son inútiles.

-¿Y quiénes representan las piedras con rajas? -Estos son los que guardan unos contra otros algún resentimiento en sus corazones y no mantienen la paz mutua…. Las piedras desportilladas representa a los que han creído y mantienen la mayor parte de sus actos dentro de la justicia, pero tienen también sus porciones de iniquidad. De allí que están desportillados y no enteros” (16)

El Pastor de Hermas, Visión tercera, 7 “En cuanto a las otras piedras que viste arrojar lejos y caer en el camino y que rodaban del camino a parajes intransitables, éstas representan a los que han creído; pero que luego, arrastrados de sus dudas, abandonan su camino, que es el verdadero. Imaginándose, pues que son capaces de hallar camino mejor, se extravían y lo pasan miserablemente andando por soledades sin senderos” (17)

Establece así que no basta creer, sino también perseverar y cumplir los mandamientos, de lo contrario uno vendrá a representar una de esas piedras carcomidas arrojadas lejos de la torre. Más adelante cuando el autor del pastor le pregunta a la Dama si se salvaría, esta le contesta afirmativamente pero si guarda los mandamientos y persevera en ellos.

El Pastor de Hermas, Mandamiento cuarto, 2,2-4 Yo -dijo- estoy encargado de la penitencia, y a todos los que se arrepienten les concedo inteligencia. ¿O es que no te parece -me dijo- que este mismo arrepentimiento es un género de inteligencia? Si -prosiguió-, el arrepentimiento es una inteligencia grande. Porque el pecador que hace penitencia cae en la cuenta que hizo el mal delante del Señor y sube a su corazón el remordimiento de la obra que ejecutó y se arrepiente y ya no vuelve a obrar el mal, sino que se entrega a la práctica del bien por múltiples modos y humilla y atormenta su alma por haber pecado. Ya ves, pues, cómo la penitencia es un género de inteligencia grande. Pues por eso justamente, señor -le dije,, te quiero preguntar a ti todo puntualmente; primero, porque soy pecador y quiero saber qué obras he de practicar para vivir, pues mis pecados son muchos en número y de muy variadas formas. Vivirás -me contestó- si guardares mis mandamientos y caminares en ellos. Y quien quiera que guardare estos mandamientos, vivirá para Dios” (18)

San Ignacio de Antioquía

Obispo de Antioquia, martirizado en Roma (devorado por los leones) en tiempos del emperador Trajano (98-117). Se conservan de él las siete cartas que escribió camino al martirio aproximadamente en el año 107. Pueden consultar la traducción protestante de las cartas de San Ignacio directamente AQUI la cual está basada en el libro Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE

Para San Ignacio no basta proclamar la fe, sino perseverar en ella hasta el final, por eso la fe y la caridad deben estar trabadas en unidad. El premio del atleta de Dios es la vida eterna, donde recibirá la recompensa de sus buenas obras. También establece que la salvación está a disposición del hombre que quien por su libre albedrío elige entre la vida y la muerte, pero si no se está incluso dispuesto a morir por Cristo no se tiene la vida eterna:
Ignacio de Antioquía a los efesios, XIV,1-2 “Nada de todo eso se os oculta a vosotros, como tengáis en grado acabado para con Jesucristo aquella fe y caridad que son principio y término de la vida. El principio, quiero decir, la fe; el término, la caridad. Las dos, trabadas en unidad, son Dios, y todo lo demás, que atañe a la pefección y santidad se sigue de ellas. Nadie, que proclama la fe, peca; ni nadie, que posee la caridad, aborrece. El árbol se manifiesta por sus frutos. Del mismo modo, los que profesan ser de Cristo, por sus obras se pondrán de manifiesto. Porque no está ahora el negocio en proclamar la fe, sino en mantenerse en la fuerza de ella hasta el fin” (19)

Ignacio de Antioquía a Policarpo, II,3 “Se sobrio, como un atleta de Dios. El premio es la incorrupción y la vida eterna, de la que también tú estás persuadido. En todo y por todo, rescate tuyo soy, y conmigo mis cadenas, que tú amaste” (20)

Ignacio de Antioquía a Policarpo, VI,1-2 “Atended al obispo, a fin de que Dios os atienda a vosotros. Yo me ofrezco como rescate por quienes se someten al obispo, a los ancianos y a los diáconos. ¡Y ojalá que con ellos se me concediera entrar a la parte en Dios! Trabajad unos junto a otros, luchad unidos como administradores de Dios, como sus asistentes y servidores. Tratad de ser gratos al Capitán bajo cuyas banderas militáis, y de quien habéis de recibir el sueldo. Que ninguno de vosotros sea declarado desertor. Vuestro bautismo ha de permanecer como vuestra armadura, la fe como un yelmo, la caridad como una lanza, la paciencia como un arsenal de todas las armas. Vuestra caja de fondos han de ser vuestras buenas obras, de las que recibiréis luego magníficos ahorros.” (21)

Ignacio de Antioquía a Magnesios, V,1-2 “Ahora bien, las cosas están tocando a su término, y se nos proponen juntamente estas dos cosas: la muerte y la vida, y cada uno irá a su propio lugar. Es como si se tratara de dos monedas, una de Dios y otra del mundo, y que lleva cada una grabado su propio cuño: los incrédulos, el de este mundo; más los fieles, por la caridad, el cuño de Dios Padre grabado por Jesucristo. Si no estamos dispuestos a morir por Él, para imitar su pasión, no tendremos su vida en nosotros.” (22)

San Justino Martir

Mártir de la fe cristiana hacia el año 165 (decapitado), es considerado el mayor apologeta del Siglo II. San Justino hace referencia a la salvación del hombre no solo en base la fe, sino a su caminar en la virtud y el mérito de sus acciones:
Justino Martir, Primera Apología 12,1-2 “Nosotros somos vuestros mejores auxiliares y aliados para el mantenimiento de la paz, pues profesamos doctrinas como la de que no es posible que se le oculte a Dios un malechor, un avaro, un conspirador, como tampoco un hombre virtuoso, y que cada uno camina, según el mérito de sus acciones, al castigo o a la salvación eterna. Porque si todos los hombres conocieran esto, nadie escogería la maldad por un momento, sabiendo que caminaba a su condenación eterna por el fuego, sino que por todos los medios se contendría y se adornaría de virtud, a fin de alcanzar los bienes de Dios y verse libre de los castigos” (23)

Justino Martir, Primera Apología 21,6 “…ahora, alcanzar inmortalidad a nosotros se nos ha enseñado que sólo la alcanzan los que viven en santa y virtuosamente cerca de Dios, así como creemos que han de ser castigados con fuego eterno quienes vivieren injustamente y no se conviertan” (24)

Justino Martir, Primera Apología 16,8 “Mas aquellos que se vea no viven como El enseñó, sean declarados como no cristianos, por más que con la lengua repitan las enseñanzas de Cristo, pues El dijo que habían de salvarse no los que sólo hablaran, sino que también practicaran las obras. Y efectivamente dijo así: No todo el que me diga “Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi padre que está en los cielos.” (25)

También tiene una perspectiva clara del libre albedrío y con casi 1400 años de antelación rechaza la posición calvinista donde el hombre es virtualmente un títere que no puede resistir la gracia (de donde concluyen que quien se condena es porque Dios nunca derramó la gracia sobre él sino que le abandonó a su maldad).
Justino Martir, Primera Apología 43.1-8 “De lo anteriormente por nosotros dicho no tiene nadie que sacar la consecuencia de que nosotros afirmamos que cuanto sucede, sucede por necesidad del destino, por el hecho de que decimos ser de antemano conocidos los acontecimientos. Para ello, vamos a desatar también esta dificultad. Nosotros hemos aprendido de los profetas, y afirmamos que ésa es la verdad, que los castigos y tormentos, lo mismo que las buenas recompensas, se dan a cada uno conforme a sus obras; pues de no ser así, sino que todo sucediera por destino, no habría en absoluto libre albedrío. Y, en efecto, si está determinado que éste sea bueno y el otro malo, ni aquel merece alabanza, ni éste vituperio. Y si el género humano no tiene poder para huir por libre determinación de lo vergonzoso y escoger lo bello, es irresponsable de cualesquiera acciones que haga.

Mas que el hombre es virtuoso y peca por libre elección, lo demostramos por el siguiente argumento: Vemos que el mismo sujeto pasa de un contrario a otro. Ahora bien, si estuviera determinado ser malo o bueno, no sería capaz de cosas contrarias ni se cambiaría con tanta frecuencia. En realidad, no podría decirse que unos son buenos y otros malos, desde el momento que afirmamos que el destino es la causa de buenos y malos y que obra cosas contrarias a sí mismo, o habría que tomar por verdad lo que ya anteriormente insinuamos, a saber, que virtud y maldad son puras palabras y que sólo por opinión se tiene algo por bueno o por malo. Lo cual, como demuestra la verdadera razón, es el colmo de la impiedad y de la iniquidad. Lo que si afirmamos ser destino ineludible es que a quienes escogieron el bien, les espera digna recompenza y a los que lo contrario, les espera igualmente digno castigo. Porque no hizo Dios al hombre a la manera de las otras criaturas, por ejemplo, árboles o cuadrúpedos, que nada pueden hacer por libre determinación; pues en este caso no sería digno de recompenza o alabanza, no habiendo por sí mismo escogido el bien, sino nacido ya bueno; ni, de haber sido malo, se le castigaría justamente, no habiéndolo sido libremente, sino por no haber podido ser otra cosa que lo que fue.” (26)

San Teófilo de Antioquía

Sexto obispo de Antioquía según Eusebio de Cesárea y San Jerónimo. Solo se conservan tres libros escritos aproximadamente en el 180 d.C. (A Autólico). En su primer libro habla de como seremos juzgados de acuerdo nuestras obras, y de como los que perseveran en las buenas obras obtienen la vida eterna:
Teófilo de Antioquía, Autólico I,14 “Y si quieres, lee tú también con interés las Escrituras de los profetas y ellas te guiarán con más claridad para escapar a los eternos castigos y alcanzar los bienes eternos de Dios. Porque El, que nos ha dado la boca para hablar y formó el oido para oír e hizo los ojos para ver, lo examinará todo y juzgará con justicia, dando a cada uno según sus méritos. A los que, conforme a paciencia, buscan la incorrupción por las buenas obras, les hará gracia de la vida eterna, de alegría, paz, descanso y muchedumbre de bienes…” (27)

San Ireneo de Lyon

San Ireneo (obispo y mártir). Fue discípulo de San Policarpo que a su vez fue discípulo del apóstol San Juan. Celebre por su tratado “Contra las Herejías” donde combate las herejías de su tiempo, en especial las de los gnosticos. Nació aproximadamente en el 130 d.C. y murió en el 202 d.C. Para Ireneo la gracia también es resistible porque Dios hizo libre al hombre, y como Dios derrama su gracia sobre todos los hombres, quien se condena es por propia elección, al igual que el que se salva es porque persevera en las buenas obras:
Ireneo de Lyon, Contra los herejes IV, 37,1-2 “Esta frase: «¡Cuántas veces quise recoger a tus hijos, pero tú no quisiste!» (Mt 23,37), bien descubrió la antigua ley de la libertad humana; pues Dios hizo libre al hombre, el cual, así como desde el principio tuvo alma, también gozó de libertad, a fin de que libremente pudiese acoger la Palabra de Dios, sin que éste lo forzase. Dios, en efecto, jamás se impone a la fuerza, pues en él siempre está presente el buen consejo. Por eso concede el buen consejo a todos. Tanto a los seres humanos como a los ángeles otorgó el poder de elegir -pues también los ángeles usan su razón-, a fin de que quienes le obedecen conserven para siempre este bien como un don de Dios que ellos custodian. En cambio no se hallará ese bien en quienes le desobedecen, y por ello recibirán el justo castigo; porque Dios ciertamente les ofreció benignamente este bien, mas ellos ni se preocuparon por conservarlo ni lo tuvieron por valioso, sino que despreciaron la bondad suprema. Así pues, al abandonar este bien y hasta cierto punto rechazarlo, con razón serán reos del justo juicio de Dios, de lo que el Apóstol Pablo da testimonio en su Carta a los Romanos: «¿Acaso desprecias las riquezas de su bondad, paciencia y generosidad, ignorando que la bondad de Dios te impulsa a arrepentirte? Por la dureza e impenitencia de tu corazón amontonas tú mismo la ira para el día de la cólera, cuando se revelará el justo juicio de Dios» (Rom 2,4-5). En cambio, dice: «Gloria y honor para quien obra el bien» (Rom 2,10).

Dios, pues, nos ha dado el bien, de lo cual da testimonio el Apóstol en la mencionada epístola, y quienes obran según este don recibirán honor y gloria, porque hicieron el bien cuando estaba en su arbitrio no hacerlo; en cambio quienes no obren bien serán reos del justo juicio de Dios, porque no obraron bien estando en su poder hacerlo. Si, en efecto, unos seres humanos fueran malos por naturaleza y otros por naturaleza buenos, ni éstos serían dignos de alabanza por ser buenos, ni aquéllos condenables, porque así habrían sido hechos. Pero, como todos son de la misma naturaleza, capaces de conservar y hacer el bien, y también capaces para perderlo y no obrarlo, con justicia los seres sensatos (¡cuánto más Dios!) alaban a los segundos y dan testimonio de que han decidido de manera justa y han perseverado en el bien; en cambio reprueban a los primeros y los condenan rectamente por haber rechazado el bien y la justicia. Por este motivo los profetas exhortaban a todos a obrar con justicia y a hacer el bien, como muchas veces hemos explicado; porque este modo de comportarnos está en nuestra mano pero, habiendo tantas veces caído en el olvido por nuestra mucha negligencia, nos hacía falta un buen consejo. Por eso el buen Dios nos aconsejaba el bien por medio de los profetas.” (28)

Enfatiza también que la salvación se obtiene mediante mucho esfuerzo y “luchando”:
Ireneo de Lyon, Contra los herejes IV, 37,7 “Por eso el Señor dice que el reino de los cielos es de los violentos: «Los violentos lo arrebatan» , quiere decir aquellos que se esfuerzan, luchan y continuamente están alerta: éstos lo arrebatan. Por eso el Apóstol Pablo escribió a los corintios: «¿No sabéis que en el estadio son muchos los que corren, pero sólo uno recibe el premio? Corred de modo que lo alcancéis. Todo aquel que compite se priva de todo, y eso para recibir una corona corruptible, en cambio nosotros por una incorruptible. Yo corro de esta manera, y no al acaso; yo no lucho como quien apunta al aire; sino que mortifico mi cuerpo y lo someto al servicio, no vaya a suceder que, predicando a otros, yo mismo me condene». Siendo un buen atleta, nos exhorta a competir por la corona de la incorrupción; y a que valoremos esa corona que adquirimos con la lucha, sin que nos caiga desde afuera. Cuanto más luchamos por algo, nos parece tanto más valioso; y cuanto más valioso, más lo amamos. Pues no amamos de igual manera lo que nos viene de modo automático, que aquello que hemos construido con mucho esfuerzo. Y como lo más valioso que podía sucedernos es amar a Dios, por eso el Señor enseñó y el Apóstol transmitió que debemos conseguirlo luchando por ello. De otro modo nuestro bien sería irracional, pues no lo habríamos ganado con ejercicio. La vista no sería para nosotros un bien tan deseable, si no conociésemos el mal de la ceguera; la salud se nos hace más valiosa cuando experimentamos la enfermedad; así también la luz comparándola con las tinieblas, y la vida con la muerte. De igual modo el Reino de los cielos es más valioso para quienes conocen el de la tierra; y cuanto más valioso, tanto más lo amamos; y cuanto más lo amamos, tanto más gloria tendremos ante Dios.” (29)

Ireneo es otro padre que rechaza la doctrina de Salvo siempre Salvo:
Ireneo de Lyon, Contra los herejes IV, 27,2 “Por eso decía aquel presbítero, no debemos sentirnos orgullosos ni reprochar a los antiguos; sino hemos de temer, no sea que después de conocer a Cristo hagamos lo que no agrada a Dios, y en consecuencia no se nos perdonen ya nuestros pecados, sino que se nos excluya de su Reino. Pablo dijo a este propósito: «Si no perdonó las ramas naturales, él quizá tampoco te perdone, pues eres olivo silvestre injertado en las ramas del olivo y recibes de su savia»”. (30)

Clemente de Alejandría

Nació hacia el año 150, probablemente en Atenas, de padres paganos; después de hacerse cristiano, viajó por el sur de Italia y por Siria y Palestina, en busca de maestros cristianos, hasta que llegó a Alejandría; las enseñanzas de Panteno (jefe de la escuela catequética de Alejandría, en Egipto) hicieron que se quedara allí. Hacia el año 202, la persecución de Septimio Severo le obligó a abandonar Egipto, y se refugió en Capadocia, donde murió poco antes del 215.

Su conocimiento de los escritos paganos y de la literatura cristiana es notable; según Quasten, en sus obras se encuentran unas 360 citas de los clásicos, 1500 del Antiguo Testamento y 2000 del Nuevo, por tanto es considerado cronológicamente como el primer sabio cristiano conocedor profundo no sólo de la Sagrada Escritura sino de obras las obras cristianas anteriores a él, e incluso obras de literatura profana. Clemente consideraba el cristianismo la realización más bella y el coronamiento de todos los elementos de verdad dispersos en la filosofía.

Su rechazo a la doctrina de la Sola Fides es tan diáfano que no hace falta comentar nada:
Clemente de Alejandría, Stromata, VI, XIV “Hay también otras ovejas” dice el Señor, «las cuales no son de este redil» – consideradas dignas de otro redil y morada, en proporción a su fe. «Pero mis Ovejas oyen mi voz» entendiendo intuitivamente los mandamientos. Y estos deben ser tomados en magnánima y digna aceptación así como también la recompensa fruto del trabajo. Así que cuando oímos, «Tu fe te ha Salvado», no pensamos que El dice absolutamente que los que han creído serán salvados, a no ser que también trabajen para ello. Pero fue solo para los judíos que el dijo estas palabras, quienes guardaban la ley y vivían de manera blasfema, quienes querían solo fe en el Señor. Nadie entonces puede ser un creyente y al mismo tiempo licencioso; pero aunque renuncie a la carne, el creyente debe vencer las pasiones, para así se capaz de alcanzar su propia morada.

Ahora sabemos que es mas que creer, al ser coronado con el mas alto honor inmediatamente ser salvo es algo mayor que el salvado. En consecuencia el creyente, a través de una gran disciplina, quitándose las pasiones, pasa a la morada que es mejor que la anterior, a sabiendas que el mayor tormento, es llevar con él, el arrepentimiento por los pecados cometidos después del bautismo.” (31)

San Hipólito

Se desconoce el lugar y fecha de su nacimiento, aunque se sabe fue discípulo de San Ireneo de Lyon. Su gran conocimiento de la filosofía y los misterios griegos, su misma psicología, indica que procedía del Oriente. Hacia el año 212 era presbítero en Roma, donde Origenes—durante su viaje a la capital del Imperio—le oyó pronunciar un sermón.

Con ocasión del problema de la readmisión en la Iglesia de los que habían apostatado durante alguna persecución, estalló un grave conflicto que le opuso al Papa Calixto, pues Hipólito se mostraba rigorista en este asunto, aunque no negaba que la Iglesia tiene la potestad de perdonar los pecados. Tan fuerte fue el contraste que se separó de la Iglesia y, elegido obispo de Roma por un reducido círculo de partidarios suyos, fue así el primer antipapa de la historia.

l cisma se prolongó tras la muerte de Calixto, durante el pontificado de sus sucesores Urbano y Ponciano. Terminó en el año 235, con la persecución de Maximino, que desterró al Papa legítimo (Ponciano) y a Hipólito a las minas de Cerdeña, donde se reconciliaron. Allí los dos renunciaron al pontificado, para facilitar la pacificación de la comunidad romana, que de este modo pudo elegir un nuevo Papa y dar por terminado el cisma. Tanto Ponciano como Hipólito murieron en el año 235. San Hipólito al igual que el resto de los padres reconoce que el hombre por medio de la fe se prepara para la vida eterna a través de sus buenas obras, por las cuales alcanzarán el reino de los cielos:
San Hipólito, Comentarios sobre proverbios “Y de igual manera, los gentiles por la fe en Cristo, preparan para ellos la vida eterna a través de buenas obras” (32)

San Hipólito, Contra Platón sobre el Universo “Él, al administrar el justo juicio del Padre a todos, dará a cada quien lo que es justo de acuerdo a sus obras…la justificación será vista en en dar a cada uno lo que es justo; desde aquellos que han hecho bien, tendrán un justo gozo eterno, y los amantes de la iniquidad tendrán un castigo eterno . . Pero los justos recordarán sólo las buenas obras por las cuales alcanzaron al reino de los cielos, en la cual no hay sueño, ni dolor, ni corrupción” (33)

Orígenes

Orígenes fue escritor eclesiástico, teólogo y comentarista bíblico. Vivió en Alejandría hasta el 231, se pasó los últimos 20 años de su vida en Cesarea del Mar, Palestina y viajando por el imperio romano. Fue el mayor maestro de la doctrina cristiana en su época y ejerció una extraordinaria influencia como intérprete de la Biblia.

Orígenes es cuidadoso en alertar que los cristianos deben ser instruidos para entender que no basta solo creer, sino también obrar:
Orígenes, Comentario sobre Romanos 2:5 “Ahora consideremos el justo juicio de Dios, en el que se recompensa a cada uno según sus obras. En primer lugar debemos rechazar los herejes que dicen que las almas buenas o malas por naturaleza y mantener en su lugar que Dios recompensará a cada uno según sus obras y no según su naturaleza. En segundo lugar, los creyentes serán inistruidos para no pensar que es suficiente solamente creer; ellos deben darse cuenta que el justo juicio de Dios recompensará a cada uno según sus obras” (34)

Orígenes, Comentario sobre Romanos 4:2 “Que nadie piense que alguien que tiene fe suficiente para estar justificado y tener gloria ante Dios al mismo tiempo tener maldad viviendo en él. Porque la fe no puede coexistir con la incredulidad, ni la justicia con la maldad, como la luz y las tinieblas no pueden vivir juntos. (35)

También reconoce que los creyentes justificados pueden caer del estado de gracia cuando por su propia voluntad cometen pecados graves y no cumplen los mandamientos (si el hombre puede hacer o dejar de hacer algo que luego de justificado lo haga perder su salvación, entonces nuevamente ya la salvación no es solo fe):
Orígenes, Comentario sobre Romanos 2:25 “…Incluso en la iglesia, si alguien es «circunciso» por la gracia del bautismo y luego se convierte en transgresor de la ley de Cristo, la circuncisión del bautismo cuenta para él como incircuncisión, porque «la fe sin obras es muerta» (36)

Orígenes, De Principiis, Libro III,1 “El Salvador también diciendo, «yo os digo: no resistan al mal» y, «El que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio», y «quien mira a una mujer para desearla, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón», y así como en otros mandamientos, no se transmite otra cosa sino que está es facultad nuestra observar lo que se ha mandado. Por lo tanto, somos con razón responsables de condenación si transgredimos los mandamientos que somos capaces de cumplir. Y, por tanto, también él mismo declara: «Quien oye mis palabras, y las practica es como un hombre sabio que edificó su casa sobre una roca». También la declaración: «Quien oye estas cosas, y que no haga, es como un hombre necio que edificó su casa sobre la arena»". Incluso las palabras que ha dirigido a aquellos que están en su mano derecha, «Venid a mí, benditos de mi Padre», «Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber», muestra claramente que dependía de ellos mismos, quienes deberían ser merecedores de alabanza por hacer lo que fue mandado y recibiendo lo que fue prometido, o merecedores de censura quienes oido o recibido lo contrario les fue dicho «Apartaos de mi, malditos, al fuego eterno».

Observemos también lo que el apóstol Pablo nos enseñó sobre tener el poder sobre nuestra propia voluntad, poseedores de cualquiera de las causas de nuestra salvación o ruina : «¿Desprecias las riquezas de su bondad, paciencia y generosidad, ignorando que su bondad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en hacer el bien, buscan gloria, honra e inmortalidad; pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia. Tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, sobre el judío en primer lugar, y también sobre el griego; en cambio, gloria, honra y paz a todo el que hace lo bueno: al judío en primer lugar y también al griego» Encontrarán también innumerables pasajes de la Sagrada Escritura que claramente demuestran que tenemos libre albedrío. De lo contrario sería una contrariedad los mandamientos datos a nosotros, por observar aquello que nos podría salvar, o por transgreddir aquello que nos condenaría, si el poder de mantenerlos no fuera dado a nosotros.” (37)

En su obra más importante conocida como De principiis o el Peri-Archon (Περί αρχών ) escribe
Orígenes, De Principiis, Prefacio 5 “La enseñanza apostólica es que el alma, teniendo una substancia y vida propia, será, luego de su partida del mundo, recompensada de acuerdo con sus merecimientos, siendo destinada a obtener la herencia de vida eterna y bienaventuranza, si sus acciones lo han procurado, o será entregada al fuego y penas eternas, si la culpa de sus crímenes la ha llevado a ello.” (38)

San Cipriano de Cártago

San Cipriano nació hacia el año 200, probablemente en Cartago, de familia rica y culta. Se dedicó en su juventud a la retórica. El disgusto que sentía ante la inmoralidad de los ambientes paganos, contrastado con la pureza de costumbres de los cristianos, le indujo a abrazar el cristianismo hacia el año 246. Poco después, en 248, fue elegido obispo de Cartago. Al arreciar la persecución de Decio, en 250, juzgó mejor retirarse a un lugar apartado, para poder seguir ocupándose de su grey. San Cipriano también establece como condición para salvarse el cumplimiento de los mandamientos y las buenas obras:
Cipriano de Cártago, Sobre la unidad de la Iglesia 16 “Profetizar y echar fuera demonios, y hacer grandes actos en al tierra, son sin duda, cosas sublimes y admirables, pero uno no alcanza el reino de los cielos aunque haga todas esas cosas, a no ser que camine en la observancia del derecho y la justicia. El Señor denuncia, y dice, “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y yo les diré «Nunca los conocí, apartaos de mí, hacedores de maldad». Existe la necesidad de justicia, que uno puede bien merecer de Dios el juez; debemos obedecer sus preceptos y advertencias, para que nuestros méritos puedan recibir su recompensa” (39)

Cipriano de Cártago, Sobre los lapsos, Tratado III,17 “Creemos, en efecto, que los méritos de los mártires y las obras de los justos son de gran valor con el Juez, pero que será cuando el día del juicio venga, cuando, después de la conclusión de esta vida y el mundo, su pueblo estará en pie ante el tribunal de Cristo” (40)

En De opere et eleemosynis (Las buenas obras y las limosnas) escribe:
Cipriano de Cártago, Las buenas obras y la limosna. Tratado VIII,2 “El Espíritu Santo habla en las Sagradas Escrituras, y dice, «por la limosna y la fe se purgan los pecados». Seguramente no los pecados que habían sido previamente contraidos, sino aquellos que son limpiados por la sangre y santificación de Cristo. Además, Él dice que de nuevo «como en el lavado del agua salvífica el fuego del infierno es extinguido, así también es sojuzgada la llama por la limosna y por las buenas obras». Porque en el bautismo se concede la remisión de los pecados una vez para siempre, el ejercicio constante e incesante de las buenas obras, a semejanza del bautismo, otorga de nuevo la misericordia de Dios…; los que después de la gracia del bautismo se han descarriado, pueden ser limpiados otra vez” (41)

Aquí San Cipriano explícitamente habla de como por medio de buenas obras se obtiene también el perdón de los pecados cometidos luego del bautismo (un concepto totalmente ajeno a la doctrina protestante). Es notorio también que cite como Escritura no solo a proverbios (16,6) , sino a Eclesiastico (3,30) , y en el capítulo 5 cita Tobías, dos libros que los protestantes han sacado de sus Biblias acusándolos de ser “apócrifos” (por lo visto, para San Cipriano no).

De este mismo texto comenta Quasten:

“Cipriano enseña aquí la eficacia de las buenas obras para la salvación. Puesto que nadie está exento «de alguna herida de la conciencia», todo el mundo está obligado a practicar la caridad. No puede haber excusa para nadie. Los que temen que sus riquezas disminuyan por el ejercicio de la generosidad y se vean expuestos en el futuro a la pobreza y a la necesidad, deberían saber que Dios cuida de aquellos que socorren a los demás. «Que nadie, carísimos hermanos, impida y retraiga a los cristianos del ejercicio de las obras buenas y rectas, con la consideración de que alguno pueda excusarse de ellas en beneficio de sus hijos, puesto que en los desembolsos espirituales debemos pensar solamente en Cristo, que ha declarado que es El quien los recibe, prefiriendo, no nuestros semejantes, sino el Señor a nuestros hijos» (16). «Si realmente quieres a tus hijos, si les demuestras plenamente la suavidad de tu amor paternal, deberías ser tanto más caritativo, a fin de que por tus buenas obras puedas recomendar tus hijos a Dios»(18). Este tratado de Cipriano fue una de las lecturas favoritas de la antigüedad cristiana. Las actas del concilio general de Efeso (431) citan varios pasajes, aunque no sabemos de ninguna traducción griega de esta obra” (42)

Cipriano de Cártago, Las buenas obras y la limosna. Tratado VIII,2 “Los remedios para propiciar a Dios son dados en las palabras de Dios mismo; las instrucciones divinas han enseñado lo que los pecadores deben hacer, que por obras de justicia de Dios es satisfecho….” (43)

Lactancio

Nació en el Norte de Africa, hacia el año 250, de familia pagana. Abrazó el cristianismo probablemente en Nicomedia. Durante la última gran persecución, hacia el año 303, se vio obligado a abandonar su cátedra y a exilarse en Bitinia. Después del Edicto de Milán, Constantino le llamó a Tréveris para confiarle la educación de Crispo, su hijo mayor. Se estima murió en torno al año 317. En Divinae institutiones haciendo referencia al libre albedrío advierte que podemos ganar la vida eterna por nuestra virtud o perderla por nuestros vicios (nuevamente nada de Sola Fides):
Lactancio, Las instituciones divinas, VII,5 “Por esta razón El nos ha dado la vida, que podemos o perder aquella verdad y vida eterna por nuestros vicios, o ganarla por nuestra virtud” (44)

San Hilario de Poitiers

Obispo y escritor, santo, Padre y Doctor de la Iglesia nacido a principios de siglo IV, hacia 315, en Poitiers (Francia) y fallecido en esta misma ciudad en 367. San Hilario habla de como el perseverar en la fe es también un don de Dios, pero eso no excluye el libre albedrío:
Hilario de Poitiers, Sobre los salmos 118[119]:Nun,20 Perseverar en la fe es un don de Dios, pero el primer movimiento de la fe comienza en nosotros. Nuestra voluntad debe ser tal que, propiamente y por sí misma lo haga. Dios le dará el aumento después que ha sido hecho el comienzo. Nuestra debilidad es tal que no podemos llevar por nosotros mismos llevarla a término, pero él recompensa el comienzo en vista de haber sido hecho libremente” (45)

Hilario de Poitiers, Sobre los salmos 118[119]:Ain,10 La debilidad humana es impotente si espera lograr algo por sí misma. El deber de tal naturaleza es simplemente esto: hacer el comienzo con la voluntad, con el fin de adherirse al servicio del bien. La misericordia divina es tal que ayudará a los que están dispuestos, fortaleciendo aquellos que han comenzado y asistiendo a aquellos que están tratando. El comienzo sin embargo, es parte nuestra, tal que él pueda traernos a la perfección” (46)

Rechaza con antelación la doctrina cavinista de la predestinación donde se atribuye la elección a un juicio divino inescrutable. Para San Hilario esta distinción se basa en el mérito (nuevamente nada de Sola Fides)
Hilario de Poitiers, Sobre los salmos 64 [65], sección 5 “Porque de acuerdo al evangelio, muchos son los llamados y pocos los escogidos…La elección, por lo tanto, no es cuestión de juicio accidental. Es una distinción hecha por medio de una selección basada en el mérito. Beato, entonces, es él que elige a Dios: bendecido por la razón que él es digno de la elección.” (47)

San Atanasio

Nacido hacia fines del siglo III y principios del IV. Aproximadamente en el año 320 cuando es ordenado diácono, y como diácono asistió al al Concilio de Nicea. En 328 era ordenado obispo antes de cumplir treina años. Es reconocido como doctor de la Iglesia y campeón de la ortodoxia por su defenza a la fe nicena. Afirma que en el juicio se verá si hemos perseverado en la fe y cumplido los mandamientos:
San Atanasio, Vida de san Antonio 33 Para esto no es productivo de la virtud, ni es ninguna muestra de bondad. Para ninguno de nosotros se juzga por lo que no sabe, y nadie es llamado santo por su aprendizaje y conocimiento, sino que cada uno será llamado a juicio en esos puntos - si han mantenido la fe y realmente observado los mandamientos. (48)

Atanasio de Alejandría, La encarnación del verbo 56 “Él ha de venir, no a sufrir, sino a hacernos frutos de su propia cruz, el cual es la resurrección y la incorrupción, y ya no para ser juzgado, sino a juzgar a todos, por lo que cada uno ha hecho en la vida mortal, ya sea el bien o el mal…Así, el Señor mismo también dice «verán al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder, y viniendo en las nubes del cielo en la gloria del Padre»…De acuerdo al beato Pablo: «Todos tenemos que estar ante el tribunal de Cristo para que cada uno reciba lo que hizo en su vida mortal, ya sea el bien o el mal»” (49)

En su obra Contra los arrianos, en el capítulo 25 del tercer discurso declara que es posible caer del estado de gracia y perder la salvación al cometer pecados gravies y no hacer penitencia:
Atanasio de Alejandría, Contra los arrianos 3,25 “Por lo que la Palabra tiene por naturaleza, como yo dije, en el Padre, que El desea nos sea dada irrevocablemente por el Espíritu, a sabiendas de que el Apóstol dice, «¿Quién nos separará del amor de Cristo?», pues «los dones de Dios» y «y la gracia de Su llamado son irrevocables». Este es el Espíritu del que está en Dios, y no el que vemos en nosotros mismos; y como somos hijos y dioses porque la Palabra Es en nosotros, así deberíamos estar en el Hijo y el Padre, y seremos considerados para ser uno con el Hijo y el Padre, porque el Espíritu esta en nosotros, el cual esta en la Palabra y en el Padre. Cuando entonces un hombre cae del Espíritu por cualquier maldad, si se arrepiente de haber caído, la gracia queda irrevocablemente a como este dispuesto, de lo contrario, si el que ha caído no esta mas en Dios (porque el Espíritu Santo y Paráclito que esta en Dios lo ha abandonado) pero el pecador estará en aquel que lo ha sometido , como ocurrió en el caso de Saúl, el Espíritu de Dios se apartó de él y un espíritu maligno lo afligía.". (50)

Atanasio de Alejandría, Cartas festales XI,7 “Por lo tanto, la meditación de la ley es necesaria, mi amado, y el continuo conversar con la virtud, «para que el santo se encuentre perfecto y preparado para toda obra buena». Por estas cosas es la promesa de vida eterna, como Pablo escribió a Timoteo, llamándolo al constante ejercicio y meditación, y diciendo «ejercítate para la piedad. Porque el ejercicio corporal es provechoso para un poco; mas la piedad a todo aprovecha, porque tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera»” (51)

San Cirilo de Jerusalén

Nació en Jerusalén o en sus cercanías, hacia el 313 ó 315, en el 348 era ya obispo. Murió aproximadamente en el año 386. Nuevamente concibe la salvación desde una perspectiva completamente opuesta a los reformadores. Para salvarse no hay solo que creer, sino perseverar unido a Cristo como el sarmiento a la vid, de lo contrario la posibilidad de que Jesús nos maldiga por no producir frutos está latente. Es por eso que al cristiano le corresponde aportar fruto para no ser cortado.

San Cirilo de Jerusalén, Catequesis I,4 “Eres hecho partícipe de una vid santa: si permaneces en la vid, crecerás como un sarmiento fructífero; pero si no permaneces, serás consumido por el fuego. Así pues, produzcamos fruto dignamente. Que no nos suceda lo mismo que a aquella vid infructuosa, no sea que, al venir Jesús, la maldiga por su esterilidad. Que todos puedan, en cambio, pronunciar estas palabras. «Pero yo, como verde olivo en la casa de Dios, confio en el amor de Dios para siempre jamás» . No se trata de un olivo sensible, sino inteligible, portador de la luz. Lo propio de él es plantar y regar; pero a ti te corresponde aportar el fruto. Por ello, no desprecies la gracia de Dios: guárdala piadosamente cuando la recibas.” (52)

San Basilio el Grande

Nació hacia el año 329 en Cesarea de Capadocia llegó a ser uno de los Padres de la Iglesia griega que más brillaron en el siglo IV. Murió aproximadamente en el año 379 Para San Basilio para salvarse no basta nisiquiera solo renunciar al pecado, sino que los frutos (obra) también son requeridas:
Basilio el Grande, Las Morales I,3 “La mera renuncia del del pecado no es suficiente para la salvación de los penitentes, sino también los frutos dignos de penitencia, que también se requiere de ellos”(53)

Basilio el Grande, Las Morales II,1 “Quien obedezca el evangelio debe ser purgado de todos las deshonras de la carne y el espíritu para que pueda ser aceptable a Dios en orden de las buenas obras de santidad” (54)

Basilio el Grande, Sobre el Espíritu Santo XVIII “Es de acuerdo a tus méritos el «estar siempre con el Señor», y si esperas ser arrebatado «en las nubes al encuentro con el Señor en el cielo para estar siempre con el Señor»” (55)

También reconoce que aquellos que se salven serán aquellos que fueron fieles. Habla también de como aquellos que reciben al Espíritu Santo pueden ser apartados de Él si comienzan a vivir una vida pecaminosa:
Basilio el Grande, Sobre el Espíritu Santo XVI,40 Ellos, entonces, que fueron sellados por el Espíritu hasta el día de la redención, y preservaron puros e intactos los primeros frutos que recibieron del Espíritu, son ellos los que oirán las palabras «¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno de muchas cosas». De la misma manera que los que han ofendido al Espíritu Santo por la maldad de sus caminos, o no han forjado para él lo que Él les dio, serán privados de lo que han recibido, y su gracia será dada a otros; o, de acuerdo con uno de los evangelistas, serán totalmente cortados en pedazos – cuyo significado es ser separados del Espíritu” (56)

Basilio el Grande, Homilía I,4 “Dios es el Creador del universo, y el justo juez que recomenza todas las acciones de la vida de acuerdo a sus méritos” (57)

Basilio el Grande, Sobre los salmos 114, no 5 “..Espera el descanso eterno a los que han luchado a través de la vida atento de las disposiciones de la ley, no como pago adeudado de sus obras, pero otorgado como un don de Dios en la magnificencia a los que han de esperado en él” (58)

San Gregorio de Nisa

Nacido entre el 331 al 335 d.C. Fue consagrado obispo en el 371 y fallece en el 394. Para ilustrar la necesidad de no solo la fe sino de las obras para la salvación, Gregorio utiliza la figura de la armadura del hoplita (http://es.wikipedia.org/wiki/Hoplita), soldado élite de la armada griega que poseía una coraza especial que constaba de dos placas que protegían ambos lados del torzo. Gregorio compara al hoplita bien armado por ambos lados, con el cristiano que tiene fe y obras.
Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Eclesiastés 8 Pablo, uniendo la virtud a la fe y tejiéndolas juntas, construye de ellas la coraza del hoplita, armando al soldado propia y seguramente de ambos lados. Un soldado no puede considerarse satisfactoriamente armado cuando una parte de la armadura no está unida a la otra.La fe sin las obras de justicia no son suficientes para la salvación, ni tampoco sin embargo, es justo vivir seguro en si mismo para la salvación, si se separa de la fe” (59)

San Ambrosio

Padre y doctor de la Iglesia nacido en el año 340 consagrado obispo en el año 374 quien fue también un ardiente defensor de la ortodoxia en contra del arrianismo. Muere en el año 397. Para San Ambrosio habla de como las obras serán puestas en el juicio en una balanza en la cual se decidirá si nos salvaremos o nos condenaremos, por tanto la vida eterna no se basa solo en el conocimiento de las cosas divinas sino también en el fruto de las buenas obras:
Ambrosio, Carta II, a Constancio, un obispo “Los méritos de cada no de nosotros serán colocados en una balanza, en la cual un poco de peso, ya sea de buenas obras o de mala conducta la balancearán a su destino, si el mal prevalace, ¡hay de mi! si lo hace bien, se recibe el indulto. Ningún hombre está libre del pecado, pero donde el bien prevalece, el mal se aleja, se eclipsa, y cubre. Por tanto, en el día del juicio nuestras obras nos socorrerán o nos hundirán a la profundidad con el peso de una piedra de molino…” (60)

San Ambrosio, Sobre los deberes del clero, Libro II, 2,5 “Pero las Sagradas Escrituras dicen que la vida eterna se basa en el conocimiento de las cosas divinas y en el fruto de buenas obras. El Evangelio es testigo de estos ambas sentencias. Porque el Señor Jesús habló así del conocimiento: “Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien tu haz enviado”. Sobre las obras dio esta respuesta: Todo el que abandone casa, hermanos, hermanas, padre, madre, esposa, hijos, o tierras por ni nombre, recibirá el ciento por uno, y heredará la vida eterna” (61)

San Juan Cristóstomo

Considerado uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia oriental, nació en Siria aproximadamente en el año 347 Fue patriarca de Constantinopla y murió en el 404 d.C. Es tajante en recordar que para tener vida eterna no basta creer, porque si no se lleva una vida recta la fe no vale de nada para salvarse:
Juan Cristóstomo, Homilía sobre el evangelio de Juan 31,1“«¿Es entonces suficiente», dijo uno «creer en el Hijo, para tener vida eterna?». De ninguna manera. Y escuchar esta declaración de Cristo mismo, y decir: «No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos», y la blasfemia contra el Espíritu es suficiente para lanzar un hombre al infierno. Pero, ¿por qué hablo de esta porción de doctrina? Aunque el hombre crea debidamente en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, sino lleva una vida recta su fe no le valdrá nada para su salvación. Por lo tanto cuando Él dijo,«Esta es la vida eterna, que te conozcan a Ti, el el único Dios verdadero», no debemos suponer que el (conocimiento) de que habla es suficiente para nuestra salvación…Aunque se ha dicho aquí, «El que cree en el Hijo tiene vida eterna»…todavía nisiquiera de esto afirmamos que la fe sola es suficiente para la salvación.Y las directrices de vida dadas en muchos lugares del evangelio muestran esto” (62)

Juan Cristóstomo, Homilía sobre la epístola a los corintios 23,2 “«No piense» dice él, “que porque habeis creído, que esto es suficiente para su salvación…a menos que exhiba una conducta intachable” (63)

San Jerónimo

Reconocido como uno de los cuatro Doctores originales de la Iglesia Latina. Padre de las ciencias bíblicas y traductor de la Biblia al latín. Presbítero, hombre de vida ascética, eminente literato. Nació en el año 347 y murió en el 420. San Jerónimo al igual que otros padres declara que los bautizados pueden caer del estado de gracia y perder su salvación por medio de las elecciones de su libre albedrio. Aquellos que por medio de la gracia soporten las pruebas recibirán la corona de la vida:
“No va de acuerdo a la justicia divina olvidar las buenas obras, y las acciones que has ministrado y ministras a los santos por su nombre, y para recordar solamente los pecados. El apóstol Santiago también, a sabiendas de que los bautizados pueden ser tentados, y caer de su propia libre elección, dice «Bienaenturado el hombre que soporta la tentación, porque cuando ha sido aprobado recibirá la corona de la vida que el Señor les prometió a quienes le aman». Y que no podemos pensar que somos tentados por Dios, como leemos en el Génesis que Abraham fue, añade: «Que nadie diga cuando es tentado, es tentado de Dios: porque Dios no puede ser tentado por el mal ni tienta a nadie. Sino que cada uno es tentado por su propia concupiscencia que le arrastra y le seduce. Después la concupiscencia, cuando ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, una vez consumado, engendra la muerte». Dios nos creó con libre albedrío, y no somos forzados por la necesidad ni a la virtud ni al vicio. De lo contrario, si no estamos obligados por necesidad, no hay corona. Como en las buenas obras es Dios quien los trae a la perfección, ya que no es de quien quiera, ni de lo que corre, sino de Dios que piadosamente nos ayuda a ser capaces de llegar a la meta” (64)

San Agustín

Obispo de Hipona y doctor de la iglesia, es reconocido como un de los cuatro doctores mas reconocidos de la Iglesia Latina. Nació en el 354 y llegó a ser obispo de Hipona durante treinta y cuatro años. Combatió duramente todas las herejías de la época y murió el año 430
San Agustín es muy citado por protestantes (tanto luteranos y calvinistas) como un exponente de la doctrina de la Sola Fides y por sus textos relacionados con la predestinación. Particularmente no puedo explicarme el porqué existiendo también textos tan claros del mismo Agustín sobre el purgatorio, la oración por los difuntos, doctrinas opuestas a la Sola Fides.
La mayoría de los textos citados por protestantes son textos donde San Agustín combate al pelagianismo (una herejía que predicaba que el hombre se salvaba por obras y no por gracia). Pelagio vendría siendo algo así como la Némesis de Lutero (Pelagio predicaba “Solo Obras”, Lutero “Solo Fides”, San Agustín la doctrina ortodoxa: La católica)

Un ejemplo lo tenemos en lo referente al libre albedrío, que Lutero declaró ser “pura mentira” (en De Servo Arbitrio) , sin embargo, cuando Agustín es acusado por los pelagianos de negar el libre albedrío se defiende vigorozamente:
Agustín de Hipona, Replica a Juliano IV,47 “Afirmas que en otro de mis libros dije: «Se niega el libre albedrío si se defiende la gracia, y se niega la gracia si se defiende el libre albedrío». Pura calumnia. No dije esto; lo que dije fue que esta cuestión presenta tan enormes dificultades que pudiera parecer que se niega uno si se admite la otra. Y como mis palabras son pocas las voy a repetir para que vean mis lectores cómo amañas mis escritos y con qué mala fe abusas de la ignorancia de los tardos y romos de inteligencia, para hacerles creer que me has respondido porque no sabes callar.

Dije hacia el final del primer libro, dedicado al virtuoso Piniano, cuyo título es De gratia contra Pelagium: «En esta cuestión que trata del libre albedrío y de la gracia de Dios es tan difícil delimitar el campo, que, cuando se defiende el libre albedrío, parece se niega la gracia de Dios, y cuando se defiende la gracia de Dios, parece se destruye el libre albedrío». Pero tú, varón honesto y verás, suprimes las palabras que dije y pones otras de tu invención. Dije, sí, que esta cuestión era difícil de resolver, no que fuera imposible. Y mucho menos afirmé, como falsamente me acusas, que, si se defiende la gracia, se niega el libre albedrío, si se defiende el libre albedrío, se niega la gracia de Dios. Cita mis palabras textuales y se evaporan tus calumnias” (65)

Agustín de Hipona, Replica a Juliano III,2 “No es cierto, como dices “que llamamos pelagianos o celestianos a todo el que reconoce en el hombre el libre albedrío y afirme que Dios es el creador de los niños", sino que damos este nombre a los que no atribuyen la libertad, a la que hemos sido llamados, a la gracia divina; y a los que rehúsan reconocer a Cristo como Salvador de los niños; a los que no admiten en los justos la necesidad de dirigir a Dios petición alguna de la oración dominical. A éstos sí, los llamados pelagianos y celestianos, porque participan de sus criminales errores.” (66)

Agustín de Hipona, Replica a Juliano V,65 “Dices que “alabo la continencia de los tiempos cristianos no para encender a los hombres en amor a la virginidad, sino para condenar el matrimonio, instituido por Dios". Mas para que nadie crea te atormenta la sospecha de una mala interpretación de mis sentimientos, me dices, como queriendo aprobar: “Si con sinceridad exhortas a los hombres a la virginidad, has de confesar que la virtud de la castidad puede ser observada por los que quieran, de suerte que cualquiera puede ser santo en el cuerpo y en el espíritu". Respondo que lo admito, pero no en tu sentido. Tú atribuyes este poder sólo a las fuerzas del libre albedrío; yo lo atribuyo a la voluntad, ayudada por la gracia de Dios. Sin embargo, pregunto: ¿Sobre qué ejerce el espíritu su poder para no pecar sino sobre un mal que, si vence, nos hace caer en pecado? Y para no tener que decir, con los maniqueos, que este mal viene de una naturaleza mala, a nosotros extraña y con la cual se mezcla, nos resta confesar que existe en nuestra naturaleza una herida que es necesario curar, y cuya mancha nos hace culpables si no es lavada por el sacramento de la regeneración” (67)

San Agustín también rechaza la posición calvinista y declara que es el hombre por su propia elección quien pierde la gracia y se hace malvado (Calvino afirmaba que quienes no fueron predestinados nunca recibieron la gracia, porque de haberla recibido, no pudieran resistirla y se salvarían

Agustín de Hipona, Amonestación y Gracia 6,9 “Pero si alguien ya regenerado y justificado tendría, por voluntad propia, que recaer en su mala vida, ciertamente ese hombre no puede decir: Yo no lo he recibido; porque él perdió la gracia que él recibió de Dios y por su propia libre elección se hizo malvado” (68)
Agustín de Hipona, Comentario sobre los Salmos 83:16 “Él otorgó el perdón, y pagará la corona. Del perdón es donador, y de la corona deudor, pero ¿por qué deudor? ¿Él recibió algo?…El Señor se hizo a sí mismo deudor no por recibir algo, sino por prometer algo. Uno no le dice “Paga por aquello que haz recibido”, sino , “Paga por aquello que haz prometido” (69)

También rechaza explícitamente la doctrina de la Sola Fides:

Agustín de Hipona, Manual de fe, esperanza y caridad XVIII,3 “Ahora, si el malvado fuera salvado por el fuego a cuenta de solamente su fe, y si esta fue al forma en que el pasaje del bienaventurado Pablo debería ser entendido-”Pero él mismo será salvado, como por fuego”– entonces la fe sin obras sería suficiente para salvarse. Pero entonces lo que el apostol Santiago dice sería falso. Y también falso sería otra frase del mismo Pablo: “No se equivoquen", dice, “ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni ladrones, ni los codiciosos, ni borrachos, ni revilers, ni extortioners, heredarán el reino de Dios” (70)

Quizá la declaración más clara de San Agustín a este respecto lo tenemos en su tratado sobre la gracia y el libre albedrio.
Agustín de Hipona, Sobre la gracia y el libre albedrío. XVIII-XX “La fe sin buenas obras no es suficiente para la salvación Personas poco inteligentes, sin embargo, con respecto a las palabras del apóstol: «pensamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley» han pensado que quiere decir que la fe es suficiente para un hombre, incluso cuando lleva una mala vida, sin buenas obras. Imposible es que tal persona debiera juzgarse recipiente de la elección por el apostol, quien, después de declarar que en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión; sino la fe que obra por la caridad. Es esa la fe infiel a Dios de los demonios impuros, -que incluso «creen y tiemblan», como dice el apóstol Santiago. Por tanto, ellos no poseen la fe por la que el hombre vive, - la fe que actúa por el caridad en tal sabiduría, que Dios la recompensa de acuerdo a sus obras con la vida eterna. Pero en la medida en que tenemos nuestras buenas obras de Dios, de quien también proviene de nuestra fe y nuestro amor, por lo que el mismo gran maestro de los gentiles ha designado a la vida eterna como un regalo de Su gracia”.

Y de aquí nace otro problema de no poca importancia, que, con la gracia de Dios, hemos de resolver. Si la vida eterna se da a las buenas obras, como con toda claridad lo dice la Escritura: Porque el Hijo del Hombre. . .pagará a cada uno conforme a sus obras, ¿cómo puede ser gracia la vida eterna, si la gracia no se da por obras, sino gratis, de acuerdo con el Apóstol: Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda? Y en otro lugar: Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia y a continuación: Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. ¿Cómo, pues, será gracia la vida eterna, si a las obras responde? ¿O es que quizá no llama gracia el Apóstol a la vida eterna? Es más: tan claramente lo dice, que es de todo punto innegable. Y no es que requiera esta cuestión un ingenio agudo. Basta sólo un oyente atento. Porque cuando dijo: Porque la paga del pecado es muerte, en seguida añadió: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Este problema, a mi parecer, sólo puede resolverse entendiendo que nuestras buenas obras, a las que se da la vida eterna, pertenecen también a la gracia de Dios, toda vez que nuestro Señor Jesucristo dice: Sin mí nada podéis hacer. Y el mismo Apóstol, al decir: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe, vio que los hombres podrían entender como no necesarias las obras y bastar sólo la fe, como también que los hombres podrían gloriarse por sus buenas obras, cual si a sí mismos se bastaran para realizarlas; y por eso añadió: porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. ¿Y qué significa, pues, esto, que, recomendando el Apóstol la gracia y asegurando que no proviene de las obras, para que nadie se gloríe, da luego la razón y dice: somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras? ¿Cómo, pues, no por obras para que nadie se gloríe? Pero repara y entiende: no por obras como tuyas y de tu procedencia, sino como obras en las que el Señor te plasmó, es decir, te formó y creó, porque esto es lo que dice: Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, no con la creación que dio vida a los hombres, sino con aquella otra que ya supone al hombre y de que habla el Salmo: Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y de la cual dice el Apóstol: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios. Somos plasmados, es decir, somos formados y creados para buenas obras, que no preparamos nosotros, sino Dios, para que en ellas vivamos. Así, pues, carísimos, si nuestra vida buena no es más que gracia de Dios, sin duda alguna que la vida eterna, que se da a la vida buena, don es de Dios, ambas por cierto gratuitas. Pero sólo aquella que se da es gracia; mas la que se da en este caso, ya que es premio de la vida buena, es gracia que recompensa a otra gracia, como retribución por justicia, para que se cumpla, ya que es verdadero que Dios dará a cada uno según sus obras. (71)

Conclusiones

No es difícil después de lo anterior entender porqué Lutero no pudo recurrir al testimonio de los padres de la Iglesia, testimonio que no solo le era hostil, sino que le declaraba hereje. De allí que tuvo que refugiarse en la Sola Scriptura (doctrina que como vimos anteriormente también era rechazada de forma unánime por la Iglesia primitiva y los padres de la Iglesia). Sin embargo ni siquiera allí encuentran apoyo las doctrinas del monje agustino. No es de extrañar que llamara a la epístola de Santiago epístola de “paja”, e intentara sacarla del Nuevo Testamento junto con la epístola a los hebreos, Judas y el apocalipsis. Y es que para justificar la doctrina de la Sola Fides hubiera tenido que mutilar media Biblia.

Nota: Quiero agradecer a mis hermanos Jorge Baca y a Berene, miembros del foro de apologética de Catholic.net, quienes me ayudaron a traducir varios de estos textos.

Referencias
(1) Tomado de Padres Apostólicos, 5ta edición. Daniel Ruiz Bueno, BAC 65, pág. 92-93
(2) Ibid. pág. 207
(3) Ibid. pág. 205
(4) Ibid. Pág. 185
(5) Ibid. Pág. 186
(6) Ibid. Pág. 210
(7) Ibid. Pág. 198
(8) Ibid. Pág. 204
(9) Ibid. Pág. 231
(10) Ibid. Pág. 209
(11) Ibid. Pág. 224
(12) Ibid. Pág. 662-663
(13) Ibid. Pág. 954
(14) Ibid. Pág. 955
(15) Ibid. Pág. 955
(16) Ibid. Pág. 955-956
(17) Ibid. Pág. 957
(18) Ibid. Pág. 977
(19) Ibid. Pág. 455
(20) Ibid. Pág. 498
(21) Ibid. Pág. 500-501
(22) Ibid. Pág. 462
(23) Tomado de Padres Apologetas Griegos, 2da edición, Daniel Ruiz Bueno, BAC 116, pág. 191-192
(24) Ibid pág. 205-206
(25) Ibid pág. 199
(26) Ibid pág. 228-229
(27) Ibid pág. 781
(28) Tomado de http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/0d.htm
(29) Ibid.
(30) Tomado de http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/0a.htm
(31) Traducido desde Stromata / Miscellanies, Chapter XIV; ANF, Vol. II
http://www.ccel.org/print/schaff/anf02/vi.iv.vi.xiv
(32) Traducido desde Commentary on Proverbs; ANF, Vol. V, 174
http://www.ccel.org/print/schaff/anf05/iii.iv.i.vi.i
(33) Traducido desde Against Plato, 3; ANF, Vol. V, 222-223
http://www.ccel.org/print/schaff/anf05/iii.iv.ii.iii
(34) Traducida desde Commentary on Romans [2:5]; Bray, 57-58 The Church Fathers Were Catholic, Dave Armstrong, pág. 136
(35) Traducida desde Commentary on Romans [4:2]; Bray, 109-110 The Church Fathers Were Catholic, Dave Armstrong, pág. 137
(36) Traducida Commentary on Romans 2:25; Bray, 76 desde The Church Fathers Were Catholic, Dave Armstrong, pág. 136
(37) Traducido de De Principiis, Book III, 1,6
http://www.newadvent.org/fathers/04123.htm
http://www.ccel.org/print/schaff/anf04/vi.v.iv.ii
(38) Traducido desde Origen De Principiis , preface, 5; ANF, Vol. IV, 240)
http://www.ccel.org/print/schaff/anf04/vi.v.i
http://www.newadvent.org/fathers/04120.htm
(39) Traducido de On the Unity of the Church, 16; ANF, Vol. V, 423
http://www.newadvent.org/fathers/050701.htm
http://www.ccel.org/print/schaff/anf05/iv.v.i
(40) Traducido de On the Lapsed [Treatise III], 17; ANF, Vol. V
http://www.newadvent.org/fathers/050703.htm
http://www.ccel.org/print/schaff/anf05/iv.v.iii
(41) Tomado de Patrología I, Johhanes Quasten, BAC 206, pág 324
http://www.newadvent.org/fathers/050708.htm
(42) Tomado de Patrología I, Johhanes Quasten, BAC 206, pág 324
(43) Traducido desde On Works and Alms [Treatise VIII], 5; ANF, Vol. V
http://www.ccel.org/print/schaff/anf05/iv.v.viii
http://www.newadvent.org/fathers/050708.htm
(44) Traducido de Divine Institutes, 7:5; ANF, Vol. VII, 200
http://www.newadvent.org/fathers/07017.htm
http://www.ccel.org/print/schaff/anf07/iii.ii.vii.v
(45) Traducido de The Faith of the Early Fathers, Vol I, pág. 386
(46) Ibid. pág. 386-387
(47) Ibid. pág. 386
(48) Traducido de Life of Antony; NPNF 2, Vol. IV, 205
http://www.newadvent.org/fathers/2811.htm
http://www.ccel.org/ccel/schaff/npnf204.xvi.ii.xi.html
(49) Traducido de Incarnation of the Word, 56, 4; NPNF 2, Vol. IV, 66
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf204/vii.ii.lvi
(50) Traducido desde Athanasius,Discourse Against the Arians,3:25 in NPNF2, Vol IV:407
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf204/xxi.ii.iv.iii
(51) Traducido desde Athanasius, Festal Letters. Letter XI,7. NPNF2, Vol IV
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf204/xxv.iii.iii.ix
(52) Tomado de http://www.mercaba.org/tesoro/CIRILO_J/Cirilo_03.htm
La versión en ingles en Cyril of Jerusalem,Catechetical Lectures,I:4,NPNF 2,Vol. VII, 7
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf207/ii.v
(53) Traducida desde The Church Fathers Were Catholic, Dave Armstrong, pág. 142
(54) Ibid.
(55) Traducido de De Spiritu Sancto, Chapter XXVIII; NPNF 2, Vol. VIII)
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf208/vii.xxix
http://www.newadvent.org/fathers/3203.htm
(56) Traducido de De Spiritu Sancto Chap. XVI, 40 NPNP 2 Vol VIII, p. 25.
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf208/vii.xvii
http://www.newadvent.org/fathers/3203.htm
(57) Traducido de (Homilía I; NPNF 2, Vol. VIII)
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf208/viii.ii
http://www.newadvent.org/fathers/32011.htm
(58) Traducido de ST. Basil the Great, On Ps. 114, no. 5 en The Faith of the Early Fathers, Vol II, pág. 22
(59) Traducido de The Faith of the Early Fathers, Vol II, William A. Jurgens, pág. 45-46
(60) Traducida desde The Church Fathers Were Catholic, Dave Armstrong, pág. 144
(61) Traducido desde On the Duties of the Clergy, Book II, 2, 5; NPNF 2, Vol. X
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf210/iv.i.iii.ii
http://www.newadvent.org/fathers/34012.htm
http://www.vatican.va/spirit/documents/spirit_20010605_ambrogio_en.html
(62) Traducido de Homilía XXXI, 1, Por Juan 3:35-36; NPNF 1, Vol. XIV
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf114/iv.xxxiii
http://www.newadvent.org/fathers/240131.htm
(63) Traducido de Homilía XXIII on Corinthians NPNF1: Vol. XII, p. 133
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf112/iv.xxiv
(64) Traducido de Against Jovinian, Book II, 3; NPNF 2, Vol. VI
http://www.newadvent.org/fathers/30092.htm
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf206/vi.vi.II
(65) Tomado de Obras Completas de San Agustín XXXV. BAC 457, pag 703
(66) Ibid. pag 574
(67) Ibid. pag 825
(68) Traducido de The Faith of the Early Fathers, Vol III, William A. Jurgens, pág. 157
(69) Ibid. pág. 19
(70) Traducido de Enchiridion of Faith, Hope, and Love, Chapter XVIII, paragraph 3; NPNF 1, Vol. III
http://www.ccel.org/print/augustine/enchiridion/chapter18
(71) Traducido de On Grace and Free Will XVIII-XX NPNF1 Vol V
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf105/xix.iv.xviii
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf105/xix.iv.xix
http://www.ccel.org/print/schaff/npnf105/xix.iv.xx
http://www.newadvent.org/fathers/1510.htm

14. Exégesis y lectura creyente de la Escritura

Autor: Dra. Bruna Costacurta | Fuente: iveargentina.org 

La exégesis bíblica, llamada a recorrer caminos singulares de interpretación, que permanezcan fieles a la absoluta e irrepetible particularidad de la Escritura como libro inspirado.

El horizonte del exégeta bíblico, que estudia e interpreta el texto sacro, no puede ser sino el horizonte de un «creyente» que actúa en la fe.

La Sagrada Escritura, en efecto, se presenta con un estatuto del todo especial de palabra humana y al mismo tiempo palabra divina, en el cual la palabra eterna de Dios se encarna en la palabra de los autores humanos.

En el texto bíblico, actúa una realidad de revelación y de presencia particular de Dios que lo vuelve diverso de todo otro escrito. Este quiere ser una palabra última dicha sobre la realidad de la cual revela el sentido y la verdad más profunda.

Por ello no se lo puede abordar sin reconocer y respetar esta fisonomía particular, la cual sólo la fe está en grado de discernir y de recibir en todas sus consecuencias.

Como es notorio, la exégesis se interroga hoy sobre su camino y en particular sobre su estatuto de ciencia, y sobre las diversas metodologías utilizadas.

1 El gran debate parece establecerse entre el método históricocrítico, de tipo diacrónico, y otro método de tipo «holístico» y sincrónico.

2. Pero el verdadero problema, más allá de la elección del método, es la actitud hermenéutica que lo acompaña y la finalidad interpretativa a la cual debe servir. Y una vez asumido que la exégesis debe ser científica, la cuestión que se plantea es a cuál idea de ciencia se debe hacer referencia, y cuales son las precomprensiones que la condicionan.

En definitiva, la pregunta es si la interpretación del texto sagrado deba, y pueda, ser teológica, explícitamente abierta a las instancias de la fe en la conciencia de la propia función eclesial.

3  En realidad, si la Escritura es aceptada en su verdad de libro inspirado, parece que no se la pueda limitar, para comprenderla, a un mero estudio histórico, linguístico, literario, estructural, etc., sino que teniendo en cuenta los resultados de todas estas perspectivas, se deberá llegar al descubrimiento de su sentido propiamente religioso. Es el mensaje religioso y espiritual el que debe buscarse, y es el que debe establecerse como norma para el hombre de todo tiempo que se ponga a la escucha de la Palabra.

Obviamente, esto no quiere decir que haya que caer en una actitud pietista, ni fundamentalista, y ni siquiera quiere decir que haya que situarse en el nivel de una lectura ingenua y precientífica del texto bíblico. Algunas adquisiciones de la metodología históricocrítica han llegado a ser ya patrimonio común de los estudiosos, en particular la conciencia del largo y complejo proceso de formación, del cual los escritos bíblicos son el resultado y llevan las huellas.

No se trata, por tanto, de ignorar el camino evolutivo del texto, los problemas con él conectados, las dificultades textuales y filológicas, las técnicas de composición, los géneros literários, el contexto histórico y demás.

4. Es más, se trata de poner todo esto al servicio de la interpretación, pero en la explícita conciencia de que la Escritura es un libro de fe, escrito en la fe y recibido en la fe por la comunidad de los creyentes como normativo para su vida de creyentes.

Este es, por otra parte, el primer postulado «científico» para una correcta relación con un texto escrito: saber qué cosa es, para qué ha sido compuesto, y después respetar su naturaleza e intencionalidad a través de un método de investigación adecuado para ello

5. En realidad, éste es el modo normal e incluso espontáneo con el cual normalmente uno se sitúa ante un escrito. A nadie se le ocurriría leer una fábula de Fedro o de La Fontaine como si fuese un tratado de etología sobre el comportamiento de los animales. Del mismo modo no se puede leer un texto de fe como si fuese simplemente un pasaje de literatura antigua, igual a aquellos de otras muchas culturas similares. Ni tampoco se lo podrá asumir, por el contrario, sólo en su dimensión de revelación divina sin tener en cuenta el hecho de que media una composición literaria.

Este es el difícil trabajo de la exégesis bíblica llamada a recorrer caminos singulares de interpretación, que permanezcan fieles a la absoluta e irrepetible particularidad de la Escritura como libro inspirado.

Esta decisión hermenéutica parece comportar algunas consecuencias fundamentales, en primer lugar el hecho que el objeto del análisis y del estudio deberá ser el estado actual del texto, en su redacción última. De hecho es la forma final canónica de los escritos bíblicos la que es normativa para la fe de los creyentes, y no la reconstrucción de un hipotético texto originario. En esta línea, parece ser hoy particularmente significativa toda la corriente de la perspectiva canónica, representada sobre todo por Childs

6, Sanders

7, Rendtorff

8, y otros

9. Buscar la forma originaria de un pasaje bíblico y recorrer sus etapas de formación sin duda es útil para comprender cómo un pasaje ha llegado a ser tal como es. Pero más allá de las varias dificultades y de la impresión de arbitrariedad que a veces acompañan tales operaciones, con resultados muchas veces sólo hipotéticos y poco convincentes.

10, queda,sin embargo, por considerar un problema que para mí es central. Esto es, que el texto que la crítica literaria reconstruye, en realidad no es el bíblico, sino otra cosa, un texto nuevo, juzgado más auténtico, o más coherente, o estilísticamente mejor, y al final de cuentas preferible porque responde más a ciertos criterios prefijados.

Ahora bien, estudiar tal texto, hacer de él el objeto de la interpretación parece que aleja de la exégesis propiamente «bíblica» (esto es, de la Biblia), porque la Biblia es aquella que el canon define y nos ofrece como libro de fe.

La lectura sincrónica del texto final, aún sin ignorar sus etapas de formación parece estar postulada por el carácter normativo tradicionalmente reconocido a los escritos canónicos.

Quisiera, a tal propósito, detenerme en un pequeño ejemplo, nada más que un detalle, que mira un texto cuya forma última presenta dificultades que parecen requerir una reconstrucción más coherente que elimine sus aristas y discrepancias.

Me refiero al conocidísimo relato de Génesis 2 y 3, sobre el jardín y sobre el fruto prohibido. La narración presenta un problema de contradicción interna debido al hecho que en la descripción inicial del jardín se habla de dos árboles, el de la vida que está en medio del jardín y el del conocimiento del bien y del mal (Cf. Gen 2,9). Pero después, del árbol de la vida no se habla más hasta el fin del capítulo 3 (vv. 22.24), mientras que el árbol del conocimiento del bien y del mal se nombra en la prohibición de Dios (2,17) y a él se hace referencia en el resto del relato como árbol prohibido.

El problema se pone con motivo de esta desaparición del árbol de la vida y se acentúa por el hecho que, en el momento de la tentación en Gen 3, la mujer, respondiendo a la pregunta de la serpiente, dice que Dios ha ordenado que no se comiese el fruto del árbol que está en el medio del jardín (3,3). Esta es, sin embargo, la definición dada al inicio para el árbol de la vida, no para aquel que luego se prohibe. Entonces; ¿se trata de un árbol o de dos? y ¿cómo se explica la incongruencia de la respuesta de la mujer?

Generalmente los comentadores dan por descontado que ella esta hablando del árbol del conocimiento del bien y del mal, y recurren a la explicación de fuentes diversas en referencia a la historia de la tradición.

11. Así el problema viene tratado afirmando que el relato en realidad concierne a un sólo árbol, el prohibido que estaba en el medio del jardín, al cual luego se habría agregado el ornamento del árbol de la vida que, en cuanto secundario, es relegado por la interpretación y que podría también explicar la subsiguiente denominación del otro árbol como aquel del conocimiento del bien y del mal

12. Pero si se acepta, en cambio, el texto tal como ha sido querido por el redactor último (inspirado) y que es el que tenemos nosotros hoy, entonces propiamente la presencia de los dos árboles se hace significativa para la comprensión espiritual del sentido del hombre. Porque querría decir que el hombre no puede asimilar el conocimiento global de la realidad, es decir del bien y del mal, que sólo es una prerrogativa de Dios, pero puede acceder libremente a la vida. El árbol de la vida es suyo, siempre que el hombre acepte comer de él en una radical dependencia del Creador y aceptando la propia verdad de creatura, es decir, no comiendo del árbol del conocimiento.

Cuando después la mujer responde a la serpiente hablando del árbol prohibido como si fuese el de la vida, se revela allí algo de la confusión típica de la tentación y del pecado. Es como si para la mujer los dos árboles se confundiesen, de modo tal que llegue a pensar que no hay vida posible si se debe aceptar la propia limitación de creatura. Bajo el acicate de la tentación, el mandamiento de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, ofrecimiento y condición de verdadera vida para el hombre, se vuelve así un mandamiento de muerte. La verdad se confunde en la conciencia de la mujer, abriendo así el camino para el ataque decisivo de la serpiente.

Se trata sólo de un pequeño ejemplo, apenas insinuado, pero que puede ser de estímulo para afrontar temáticas y textos bastante más complejos e importantes.

La decisión hermenéutica que lleva a asumir el texto canónico como normativo, requiere una segunda toma de posición, y es que la Sagrada Escritura, precisamente porque está establecida por un canon, debe ser asumida en su totalidad, y como una unidad13 . La interpretación de los textos requiere su inserción en el contexto global de la Escritura, porque solamente en su totalidad se despliega la revelación de Dios al hombre.

Es necesario por tanto, asumir la totalidad, en una visión amplia y unitaria en la cual son importantes no sólo cada uno de los pasajes sino también las relaciones que existen entre ellos y, en modo particular, la más amplia relación entre el Antiguo y el Nuevo Testamento14 . Si el Nuevo Testamento es interpretación y cumplimiento del Antiguo, no se podrá entenderlo sino en referencia a aquello que él relee y completa. Y por otra parte el Antiguo Testamento tendrá necesidad del Nuevo para llegar a una plena comprensión de su sentido último y más profundo.

Tal actitud hermenéutica que es la de la tradición de la Iglesia y a la cual el trabajo de autores como Beauchamp ha dado una contribución determinante15 , conduce a la posibilidad de una lectura sincrónica a la luz de la fe pascual, en la cual aún las contradicciones o discordancias que parecen comparecer a veces entre textos diversos y entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, a pesar de en su problemática, se vuelven fuente de mayor riqueza interpretativa.

Piénsese, por ejemplo, en el aparente contraste existente entre la idea de Dios juez y aquella de Dios misericordioso, entre denuncia del pecado y perdón, entre la proclamada necesidad de que el culpable y sólo él perezca, y el anuncio definitivo de un inocente que muere por todos. La tentación más frecuente es de eliminar los elementos de contradicción conservando un sólo extremo y eliminando al otro como secundario, no originario, perteneciente a otra fuente, o también como en el caso del Antiguo y el Nuevo Testamento como resultado de una evolución que sanciona la superación radical, es decir la anulación, de aquello que era inicial.

En realidad, es precisamente en la asunción contemporánea de los dos polos de la contradicción que viene puesta en juego la inteligencia de la fe. Así será necesario entender como no puede haber verdadera misericordia sin verdad y por lo tanto sin juicio, como sólo la acusación puede abrir a aquel que es acusado a la conciencia del pecado y por lo tanto al perdón, y comprender que el misterio de la cruz no modifica el problema de la condena y del castigo, sino más bien el de la culpa, volviendo inocentes a aquellos que se reconocen culpables.

Estamos delante de temáticas enormes que el tiempo a disposición no nos consiente ni siquiera una alusión. Pero me parece importante subrayar en la conclusión, que, a semejanza de los dos árboles del Génesis, no es a través de la simplificación que se puede llegar al sentido más pleno de la revelación bíblica.

En el fondo, la contradicción forma parte de la fe y hay que asumirla en la fe, a la luz de la última y definitiva paradoja que Festo describe a Agripa en un modo muy eficaz: son «cuestiones... relacionadas con un cierto Jesús, muerto, que Pablo sostiene que está vivo» (Act 25,29).

Traducción realizada por el
P. Lic. Tomás Orell, I.V.E.


* Este artículo es traducido del original italiano publicado en la Revista Gregorianum, vol. 74, fasc. 4, de la Pontificia Universidad Gregoriana, Roma, 1992

** Bruna Costacurta, es doctora en Ciencias Bíblicas por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma; actualmente se desempeña como profesora de Antiguo Testamento en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. 

1 Cfr. J. Barton, Reading the Old Testament. Method in Biblical Study, London, 1984; L. AlonsoSchökel, «Of Methods and models», UTS 36 (1985) 313; Id., «Trends: plurality of methods, priority issues», UTS 40 (1988) 285297; F. Raurell, «Lettura plurale del testo: metodi biblici», Laurentianum 29 (1988) 251286; R. Rendtorff, «Between historical criticism and holistic interpretation: new trends in Old Testament exegesis», UTS 40 (1988) 298303; Ch. Conroy, «Riflessioni metodologiche su recenti studi della pericope di Naaman (2 Re 5)»; in: LucaAtti. Studi in onore di P. Emilio Rasco nel suo 701 compleanno, a cura di G. Marconi e G. O’Collins, Assisi 1991, 4671.

2 N. del T.: Perspectiva diacrónica (del griego dia=a través; kronos=tiempo) es el estudio que se hace de los textos atendiendo a la génesis histórica de ellos, es decir investigando principalmente las fuentes del texto; ésta es la perspectiva de los métodos históricocríticos.

Sincrónica (syn=con, conjuntamente. Holístico, del griego holos=todo, totalidad) es en cambio la perspectiva que encara el texto en el estado concreto en que ha llegado hasta nosotros, atendiendo especialmente a su coherencia, estructura y función; ésta es la de los modernos métodos estructuralistas. 

3 A tal propósito, es signifativa la reciente publicación del libro L’esegesi cristiana oggi, en el que algunos estudiosos de gran relevancia reflexionan precisamente sobre la fisonomía «cristiana» que debe tener la exégesis para cumplir con su tarea eclesial de interpretación de ambos testamentos.

En la contribución de I. de l Potterie, la exégesis se define como ciencia de la fe. La elección de la terminología parece importante, porque reivindica para la exégesis el estatuto de ciencia, pero de ciencia teológica, de la cual la fe es elemento constitutivo (Cfr. I. de la Potterie, L’esegesi biblica, scienza della fede, en: I. De la PotterieR. GuardiniJ. RazingerG. Colombo E. Bianchi, L’esegesi cristiana oggi, Casale Monferrato 1991, 151165. Véase también A. Vanhoye esegesi biblica e Teologia; la questione dei metodi, Seminarium 31 (1991) 267278.

4 «La capacidad de obrar sobre planos de indagación diferenciados, usando métodos diversos y entrando en un diálogo científico con diversas disciplinas interconectadas ... es algo que debería considerarse normal hoy en día para todos los exégetas: C. Conroy, «Riflessioni metodologiche», 70, Cfr. también J. Barr, Does Biblical Study Still Belong To Theology? An Inaugural Lecture delivered before the University of Oxford on 26 May 1977, Oxford 1978 (sobretodo pp. 1516); M. G. Brett, Biblical Criticism in Crisis? The impact of the canonical approach on Old Testment Studies, Cambridge 1991.

5 Cfr. El principio epistemológico de R. Guardini mencionado por I. de la Potterie en el artícuo arriba citado: «ningún objeto de indagación puede ser bien comprendido sino lo es por un modo de conocimiento adecuado a su objeto» (I. de la Potterie, L’esegesi biblica, 132). Además es sabido que, para entender un argumento, es necesario asumirlo en el interior de su específico «juego lingüístico» (según la terminología de Wittgenstein): Cfr. C. Huber, Critica del sapere, PUG, Roma 1989, 208222.

6 Cfr. B. S. Childs, Biblical Theology in Crisis, Filadelfia, 1970; Introduction to the Old Testament as Scripture, Filadelfia, 1979; Old Testament Theology in a Canonical Context, Filadelfia, 1986. Sobre la obra de Childs, se puede ver también M.G. Brett, Biblical Cristicism in Crisis?

7 Cfr. J.A. Sanders, Torah and Canon, Filadelfia, 1972; «Text and Canon: Old Testament and New», en: Mélanges Dominique Barthélemy, Etudes Bibliques offertes à l’occasion de son 60e anniversaire, ed. P. CasettiO. KeelA. Schenker, OBO 38, Fribourg Göttingen 1981, 373394; Canon and Community, A Guide to Canonical Criticism, Filadelfia 1984; From Sacred Story to Sacred Text, Canon as Paradigm, Filadelfia 1987 («select Bibliography in Canonical Criticism»: 195200) 

8 Cfr. R. Rendtorff, «Between historical criticism and holistic interpretation».

9 El interés por la forma final del texto no es solo prerrogativa de la perspectiva canónica, sino también, por ejemplo, del análisis literario y narrativo, del análisis estructural y del retórico. Sin embargo, en nuestro contexto, me parece que hay que remarcar la posición de la perspectiva canónica por su explícita referencia a la fe, a la comunidad creyente, y a la forma teológica del texto.

Sobre la relación y confrontación de estos diversos métodos cfr. B. S. Childs, Introduction to the Old Testament, 7475; R. F. Melugin, «Canon and Exegetical Method», en ; Canon, Theology and Old Testament Interpretation. Essays in Honor of B.S. Child, ed. G. M. Tucker, Filadelfia 1988, 51; R. Rendtorff, «Between historical criticism and holistic interpretation», 300303; J. Barton. Reading the Old Testament, 141145, 151154.

10 Cfr. A. Vanhoye, «Esegesi biblica e Teologia», 270272. Véase también la amplia contribución del Card. J. Ratzinger, «L’interpretazione biblica in conflitto. Problemi del fondamento ed orientamento dell’esegesi contemporanea», en: L’esegesi cristiana oggi, 93125.

11 Cfr., por ejemplo, G. von Rad, Das erste Buch Mose, Genesis, ATD 2/4, Göttingen 91972, 54: «Der Verdacht, dass die Zweiheit der Bäume in der Mitte erst das Ergebnis einer nachträglichen Verbindung zweier Überlieferungen sei, lässt sich schwer unterdrücken»

12 Cfr. C. Wetermann, Génesis, BK I, 1, Neukirchen 1974, 288292 (con amplia bibliografía).

13 Cfr. J. Ratzinger, «L’interpretazione biblica in conflitto», 98: «El presupuesto fundamental sobre el cual reposa la comprensión teológica de la Biblia, es la unidad de la Escritura. A este presupuesto corresponde como camino metodológio la analogía de la fe, es decir la comprensión de cada uno de los textos a partir del conjunto». Cfr. también pp. 105122 y I. de la Potterie L’essegesi biblica, 147150.

14 Sobre el problema de la relación teológica entre el Antiguo y Nuevo Testamento, cfr. J. Barr, Old and New in Interpretation. A Study of the Two Testaments, London 1966. D. L. Baker Two Testaments, One Bible. A study of some modern solutions to the theological problem of the relationship between the Old and New Testament, Leicester 1976.

15 Cfr. sobretodo P. Beauchamp, L’un et l’autre Testament, Tome II: Accomplir les Ecritures, París 1990.

13. Mentalidad bíblica de los católicos

Autor: P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá | Fuente: Para dar razón de nuestra Esperanza, sepa defender su Fe 

Qué distinto es interpretar la Biblia solo o consultando a un entendido. Si uno no sabe y no consulta a nadie, puede equivocarse al interpretar la Biblia.El libre examen de la Biblia dentro del protestantismo ha creado el mayor libertinaje interpretativo.

El otro día leí un cuento de una muchacha de muy hermosos ojos y que por tal razón era admirada y perseguida por los hombres. En esta historia de ciencia ficción se decía que sus ojos, para ella, eran ocasión de pecar; y como esta niña leía todos los días la Biblia, un día leyó esta frase: «Si tu ojo te hace pecar, sácatelo» (Mt. 5, 29), y entonces ella tomó una fatal determinación: se echó un ácido en sus ojos para que se le quemaran y así pedió la vista para siempre…

Esto no es más que un cuento que fue imaginado por un novelista con el fin de demostrar lo que puede pasar al interpretar la Biblia al pie de la letra y sin consultar a nadie. Supongamos que el ejemplo es cierto. Si la niña hubiera preguntado a un sacerdote católico, éste le habría dicho que esa frase de la Biblia no se tiene que interpretar así, sino que se trata de una figura literaria.

Lo que nos quiere decir Jesús aquí es que cuando hay algo que uno ama mucho y ese algo tan precioso es ocasión de pecar hay que renunciar a eso. Por ejemplo: renunciar a una amistad peligrosa, dejar un negocio sucio, etc., y eso aunque nos cueste mucho… Pero Jesús en ningún momento nos quiere decir que tengamos que mutilar nuestro cuerpo, que está creado a imagen y semejanza de Dios.

Qué distinto es interpretar la Biblia solo o consultando a un entendido. Si uno no sabe y no consulta a nadie, puede equivocarse al interpretar la Biblia. Y si el que no sabe le enseña otro es como un ciego que guía a otro ciego. Los dos van al abismo (Mt. 15,14).

Queridos hermanos, este hecho es una simple fantasía de un escritor. Pero todos hemos conocido en nuestro tiempo fanáticos seguidores de sectas protestantes que han llegado a un suicidio colectivo con la Biblia en la mano…

Es muy importante tener criterios claros para interpretar bien la Biblia. En esta carta les voy a explicar con qué distinta mentalidad los católicos y los protestantes leen la Biblia. Es un tema algo difícil, pero es un punto en el que se diferencian fundamentalmente los católicos de los protestantes. En nuestra explicación no queremos ofender a nadie. Toda persona merece nuestro respeto y es digna de que la amemos, como Cristo nos ama a nosotros. Pero sí que queremos buscar la verdad, ya que los errores merecen siempre nuestro repudio. «La verdad nos hará libres».

Entendemos como «mentalidad bíblica» el criterio, o el modo de pensar, con que normalmente se interpreta la Biblia. Primeramente expliquemos la mentalidad bíblica de los católicos y luego la mentalidad de los protestantes, para finalmente dar algunas pautas para hacer juntos una lectura bíblica.

  1. Mentalidad bíblica católica
    Es una mentalidad histórico-crítica.

El católico, con un profundo sentido de fe y de oración, ha valorizado en todo tiempo el estudio serio de la Biblia. Este estudio aprovecha los aportes de varias generaciones, y da un serio fundamento a nuestra espiritualidad bíblica. Quiere decir que no es nada fácil comenzar a estudiar la Biblia.

Ello implica un mundo de conocimientos. La Iglesia Católica está consciente de que leer la Biblia, sin una adecuada preparación, es tentar a Dios. Hay que prepararse para leerla. Si no, puede suceder cualquier cosa. Así lo enseña la historia. Una persona que sabe poca historia y poca geografía y no tiene costumbre de ubicar lo que lee en su contexto propio, puede, con la Biblia en la mano, decir grandes barbaridades.

Un estudio serio de la Biblia exige

  1. Conocer del mejor modo posible el texto sagrado, en su lengua original o en sus traducciones, y mantenerse razonablemente fiel al texto.
  2. Conocer el origen, la formación y la transmisión de los libros sagrados; sus muy variados estilos literarios y el contexto histórico en que se escribieron.
  3. Exige también conocer los condicionamientos culturales propios de la época en los que se encarnan y se transmiten la Palabra de Dios. Sin duda muchos elementos culturales de aquella época son relativos, cambiables y mejorables.
  4. Exige ver la diferencia radical, aunque complementaria entre el Antiguo y el Nuevo Testamento ya que hay una gran evolución y cambios doctrinales entre el A.T. y el N.T.
  5. Exige ver toda la Biblia como camino hacia la plenitud en Cristo. Es lo que se llama el Cristocentrismo bíblico. Hay una infinidad de problemas que exigen al estudioso de la Biblia ser humilde y alegre, convencido de que el estudio de la Biblia es difícil, y a la vez, fascinante e inagotable

¿Qué significa tener mentalidad eclesial?

Quiere decir que el católico recibe e interpreta la Biblia dentro de la comunidad del Pueblo de Dios, dentro de la Tradición divino-apostólica, viva e histórica que es la Iglesia. Y eso no es por capricho o devocionismo tonto, sino porque así lo exige la naturaleza de la Biblia.

Porque la Biblia no es un libro extraño caído repentinamente de cielo. El libro sagrado nació y se formó lentamente dentro de una larga tradición, dentro de la comunidad del Pueblo de Dios en el Antiguo Testamento y dentro de la comunidad de la Iglesia primitiva. De hecho la Iglesia podría vivir sin Biblia escrita, aunque no sin su mensaje divino, sin su Palabra, sin su Evangelio y sin Cristo presente en la comunidad. Es decir, antes que existiera la Biblia escrita, ya había una Tradición viva del mensaje divino en la predicación, en la catequesis, en la liturgia y en la vida de los primeros cristianos.
Es por eso que no podemos prescindir de la Tradición, del modo como vivieron, interpretaron y defendieron la Biblia nuestros mayores en la fe. Somos sus herederos.

Hay más todavía, la expresión y la garantía de la interpretación auténtica de la Biblia, dentro de la Iglesia, concierne de modo particular al Magisterio oficial de la Iglesia (al Papa y a los obispos, que son los legítimos sucesores de los Apóstoles) (Mt. 16,19; Mt. 18,18).
Sentir con toda esta Tradición viva es, pues, sentir con la Iglesia, es tener mentalidad eclesial. No se trata de un tema fácil, pero tampoco, por ser difícil, se va a dejar a un lado esta tradición eclesial.

Esto tampoco nos impide la iniciativa personal en el estudio y reflexión de la Biblia. Al contrario, más bien nos incentiva, nos da amplitud y seguridad en nuestra lectura bíblica. La mentalidad eclesial católica rechaza, por tanto, la interpretación de la Biblia, a solas o en grupo, en forma independiente y absoluta al margen de la Iglesia.

Advertimos que esta mentalidad eclesial, a veces, se torna dificultosa especialmente cuando se trata de inculturar el Evangelio en pueblos que han vivido ajenos a la tradición y cultura cristiana. Esta inculturación del Evangelio exige la originalidad del mensaje bíblico aterrizado a su propia cultura, libre de condicionamientos y de ataduras culturales extrañas. Nunca la Biblia puede ser un pretexto para destruir una cultura.

La mentalidad bíblica protestante

El protestantismo nació en Alemania cuando Martín Lutero, sacerdote católico alemán, se separó de la Iglesia Católica en 1517. Hoy tan sólo en Europa y América hay más de 600 diversas Iglesias protestantes con enormes diferencias de doctrinas y de régimen.

¿De dónde nace el divisionismo protestante?
Del famoso: ¡Sólo la Biblia!, y de la interpretación personal de la Biblia.
La raíz de tantas divisiones en las Iglesias protestantes está en la mentalidad con que el protestante lee e interpreta la Biblia. El protestante, en general, tiene este criterio para leer la Biblia: ¡Sólo la Biblia!, y su interpretación es personal.

El protestante, hablando en general, cree que la sola Biblia contiene y manifiesta por sí misma toda la revelación de Dios. No necesita de la Tradición viva de la Iglesia. La Biblia, por ser Palabra de Dios, es inteligible por sí misma. La iluminación que el Espíritu Santo pone en el corazón de cada uno -dice- basta para interpretar correctamente la Palabra de Dios. Y así, por principio y en general, el protestante prescinde de la Tradición de la Iglesia, de la historia de la Biblia y de su complejidad humana.

Esto es un grave error desde la perspectiva bíblica católica. Pero eso no quita que este amor por la Biblia haya producido entre los protestantes grandes biblistas de fama internacional, y ha impulsado a muchos dentro del protestantismo a «vivir el Evangelio» y «a seguir a Cristo», de mil formas auténticamente cristianas, y con inmensa libertad de espíritu, muy en la línea de San Pablo y de San Francisco de Asís.

¿Es suficiente la sola Biblia?

La exagerada concepción de la sola Biblia ha llevado al protestantismo a difundir la Biblia como sea, por millones, en ediciones sin ninguna explicación orientadora, dejando la interpretación a gusto del lector.

Con igual criterio, se ha traducido la Biblia precipitadamente a otras culturas o lenguas aborígenes e insuficientemente conocidas, originando innumerables nuevas y diversas Iglesias autóctonas, sincretistas e indefinibles. (Se dice que en África han surgido ya más de 2.000 nuevas y diversas Iglesias protestantes, autóctonas, y que algo muy parecido está sucediendo en Asia).

El libre examen de la Biblia dentro del protestantismo ha creado el mayor libertinaje interpretativo. Muchos han entendido la inspiración bíblica en forma verbal y literal, cayendo en un fundamentalismo bíblico totalmente desfasado. Otros han juzgado la Biblia como un libro meramente humano. Han pululado predicadores del Evangelio independientes, sin ninguna filiación eclesial. Se ha caído en el «biblismo» y en el «bibliocentrismo» (absolutización de la Biblia), y hasta en «bibliolatrías» (culto idolátrico a la Biblia).

En el siglo pasado proliferaron, especialmente en Estados Unidos, Iglesias escatológicas, sobrevalorando casi exclusivamente el libro del Apocalipsis, fijando fechas para el fin del mundo, señalando con el dedo al Anticristo, proclamando exactamente cuántos y quiénes se van a salvar y excluyendo al resto del mundo, cristianos o no, como paganos y abominables…

En fin, con la Biblia en la mano se ha llegado a actitudes realmente fanáticas, totalmente antiecuménicas, esclavizantes e irracionales. Por eso un poeta dijo con desprecio y con burla acerca de los que interpretan la Biblia a su gusto: «Inventan sus propias doctrinas, las apoyan en la Biblia y las tienen por divinas».
Queridos hermanos, como verdaderos católicos debemos esperar que pronto llegue el tiempo que leamos juntos con los hermanos protestantes la Biblia con espíritu de unión, de amor, de paz y de fraternidad universal.

Meditemos la oración de Jesús por el Nuevo Pueblo Santo:

«Padre, ha llegado la hora.
No ruego solamente por ellos, sino también
por todos aquellos que por su palabra
creerán en mí.
Que todos sean uno
como tú, Padre, estás en mí, y yo en ti.
Sean también uno en nosotros;
así el mundo creerá
que tú me has enviado»
(Jn. 17,7 y 20,22).

Que seamos capaces de leer la Biblia con una mentalidad liberadora: Cristo, Dios-Hombre, es de todos, El es nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida (Jn. 14, 6). La historia humana es esencialmente una historia de amor y de salvación en Cristo (Col. 1, 13-20; Ef. 1, 3-14).

Resumiendo: Valoramos en su justa medida el amor que los evangélicos sienten por la Biblia. Ojalá que los católicos tengamos también un gran aprecio por el libro santo y sea nuestro libro de cabecera. Pero para nosotros la Biblia y la Tradición tienen que ir de la mano y no se pueden separar. Y la garantía de la Tradición nos la da el Magisterio de la Iglesia, representado por el Papa.
Gracias a este Magisterio, la Iglesia Católica puede decir: Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Y también «Creo en la Iglesia Una, Santa, católica y apostólica».

Cuestionario

¿Cuál es la regla de oro para la interpretación de la Biblia? ¿Se pueden sacar frases de su contexto y darles una interpretación personal? ¿Qué significa interpretar la Biblia dentro de la Tradición Católica? ¿Cuál es la postura protestante? ¿En qué se basan? ¿Qué acontece al interpretar la Biblia en forma personal y sin tomar en cuenta la Tradición? ¿Qué se espera, al respecto, del Ecumenismo?

12. ¿Enseña la Biblia que el Espíritu Santo es Dios?

Autor: César Vidal Manzanares | Fuente: Libro: "Las Sectas frente a la Biblia" ApologeticaCatolica.org 

Reflexiones bíblicas sobre la divinidad del Espíritu Santo.

NOTA SOBRE LAS VERSIONES DEL TEXTO SAGRADO: A lo largo de la obra he utilizado con preferencia mi propia traducción directa del griego para el Nuevo Testamento, y del hebreo y arameo para el Antiguo.

En el primer caso me he valido del Greek-English New Testament, de Nestlé y Aland, Editio XXVI, Stuttgart 1981, y en el segundo de la Biblia Hebraica Stuttgartensia, Editio Minor, Stuttgart 1984. Cito también de las versiones prestigiosas de la Biblia comunes en el mundo de habla hispana y de las propias ediciones de las sectas.

Las siglas siguientes son las utilizadas en relación con las diversas traducciones de la Biblia: VNM: Versión del Nuevo Mundo o Biblia de los Testigos de Jehová; EP: La Santa Biblia, de Ediciones Paulinas; BJ: Biblia de Jerusalén; NC: Nácar Colunga; VP: Versión Popular; VM: Versión Moderna; NBE: Nueva Biblia Española; RV: Reina-Valera. Cuando no se indica referencia, la traducción es mía.

Las objeciones que históricamente se han formulado contra la doctrina de la Trinidad se han dirigido mayoritariamente en contra de la plena divinidad de la persona del Hijo. Sin embargo, da la impresión de que, supuestamente, negada ésta, los antitrinitarios no tuvieran mucho interés en refutar la divinidad del Espíritu Santo. Es como si resultara ocioso continuar una disputa sobre la Trinidad cuando ya ha quedado de manifiesto que una de las tres personas no es Dios, sino un dios o un mero hombre.

Quizá esto explique por qué los argumentos contra el Espíritu Santo son tan poco elaborados en las sectas, llegando en muchos casos a no existir siquiera. Los mismos Testigos de Jehová, que definen al Espíritu Santo como la "fuerza activa de Dios" y la comparan con formas de energía como la electricidad que impulsa el funcionamiento de los electrodomésticos, ponen de manifiesto una pobreza extrema en la negación de la personalidad y la divinidad del Espíritu Santo. Pero ¿enseña realmente la Biblia que el Espíritu Santo carece de personalidad y que no es Dios?

l. Objeciones de las sectas

Tres son fundamentalmente las objeciones que he recogido en conversaciones con testigos y estudios de sus publicaciones en relación con la personalidad y divinidad del Espíritu Santo. La primera es la consistente en afirmar que la Biblia no enseña en ningún sitio ni que el Espíritu Santo sea una persona ni que sea Dios. A contestar esta objeción dedicaremos los dos apartados siguientes de este capítulo.

La segunda es señalar que el Espíritu Santo es una fuerza impersonal, como el agua lo es, ya que se nos dice en la Biblia que se es bautizado con el Espíritu Santo y también que se es bautizado en agua. Resulta obvio, alegan los jehovistas, que si el Espíritu Santo fuera una persona no podría estar sobre tantas personas a la vez.

No hace falta señalar que tal objeción, en el fondo, es ridícula, y, en realidad, proporciona un argumento a favor de la divinidad del Espíritu Santo. Si realmente el Espíritu Santo puede estar en tantas partes (como los testigos reconocen que lo señala la Escritura), sólo puede explicarse porque es Dios. Como Dios precisamente, goza del don de la ubicuidad, es decir, de poder estar en diversos lugares a la vez. Pablo mismo señala que "en él (Dios) vivimos, nos movemos y existimos" (He 17,28) (BJ); y de esta ubicuidad no se desprende que Dios no sea Dios -porque, por ejemplo, también nos movemos en medio del aire, y éste no tiene personalidad-, sino que concluye que Dios es omnipotente y que nos va a juzgar a todos. Como puede verse, pues, esta objeción no tiene ninguna validez para negar la personalidad y divinidad del Espíritu Santo. [Una variante de esta objeción es afirmar que el Espíritu Santo carece de personalidad, puesto que entra en las personas. El argumento, una vez más, es muy pobre. Los demonios entran en el interior de las personas en los casos de posesión, y no por ello pierden su personalidad; ¿por qué le iba a suceder eso, sin embargo, al Espíritu Santo? ¿Pretenden afirmar los testigos que el espíritu de Satanás goza de más cualidades que el de Dios?]

La tercera objeción es similar a la segunda. Viene a decir que el Espíritu Santo ni es Dios ni tiene personalidad, porque de él se afirma en la Biblia que se bebe (lcor 12,14). Ahora bien, puesto que lo que se bebe siempre son sustancias sin personalidad (agua, vino, etc), el Espíritu Santo no es Dios y tampoco tiene personalidad.

Lo cierto es que Pablo, sólo unas líneas antes, ha señalado que los israelitas también bebieron de Cristo, que es un ser personal y también Dios: "Y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que les seguía; y la roca era Cristo" (1Cor 10,4) (BJ). Tan claramente desmiente el pasaje la objeción de los testigos, que éstos no han tenido el más mínimo reparo en cambiarlo en su Versión del Nuevo Mundo, donde se dice: "y aquella masa rocosa significaba Cristo"; burda falsificación por otra parte, ya que la palabra griega que aparece en el original es en, es decir "era", y no "significaba". Pero, como ya ha tenido ocasión de comprobar el lector en el capítulo anterior, cambiar versículos de la Biblia para amoldarlos a sus doctrinas es algo habitual en las tácticas de la Wachtower.

Poca, si es que alguna, consistencia presentan estas dos objeciones de los testigos. Pasemos ahora a examinar si efectivamente la Biblia enseña o no la personalidad del Espíritu Santo.

  1. El Espíritu Santo es un ser personal

Definir si un ente goza o no de personalidad no plantea ninguna dificultad especial. Es obvio que una fuerza impersonal, como la electricidad, el agua, la energía nuclear, etc., no puede desarrollar actividades propias de los seres dotados de personalidad, ya sean humanos o espirituales. Ahora bien, si la electricidad pudiera revelar, enseñar, guiar, ordenar, interceder, enviar, hablar, etc., ya no nos hallaríamos ante una fuerza impersonal, sino ante un ente personal. Ahora bien, en la Biblia, ¿el Espíritu Santo aparece como una fuerza impersonal, al estilo de la electricidad, según afirman los testigos, o, por el contrario, está ligado indisolublemente a cualidades personales? Pensamos que el propio lector puede sacar sus propias conclusiones a partir de los textos que citamos a continuación a título de ejemplo, razón ésta por la que limitaremos los comentarios sobre los mismos a un mínimo indispensable:

El Espíritu Santo enseña y recuerda. "Mas el ayudante, el espíritu santo, que el Padre enviará en mi nombre, ése les enseñará todas las cosas y les hará recordar todas las cosas que les he dicho" (Jn 14,26) (VNM). ¿Cómo puede enseñar -la palabra griega didásei utilizada aquí contiene la idea de enseñar como maestro- y recordar todo un ente que no tiene ni personalidad?

El Espíritu Santo da testimonio. "Cuando llegue el ayudante que yo enviaré a ustedes del Padre, el espíritu de la verdad, que procede del Padre, ése dará testimonio acerca de mí, y ustedes, a su vez, han de dar testimonio, porque han estado conmigo desde que principié" (Jn 15,26) (VNM). Tanto el Espíritu Santo como los discípulos de Jesús dan testimonio. ¿Cómo es posible que el primero carezca de personalidad y los segundos no? ¿Cómo es posible que un ente carente de personalidad sea el encargado de instruir a seres que sí la tienen?

"El espíritu mismo da testimonio con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios" (Rom 8,16) (VNM).

El Espíritu Santo guía a la Verdad. "Sin embargo, cuando llegue aquél, el espíritu de la verdad, él los guiará a toda la verdad, porque no les hablará por su propio impulso, sino que hablará las cosas que oye, y les declarará las cosas que vienen" (Jn 16,13) (VNM).

Las palabras de Jesús transmitidas por el autor del cuarto evangelio no pueden resultar más claras: el Espíritu guiará a toda la verdad; hablará no según su propio impulso, sino lo que oiga, y anunciará el futuro. ¿Puede una fuerza impersonal -como la electricidad- hacer esto?

El Espíritu Santo glorifica. "Aquél (el Espíritu Santo) me glorificará, porque recibirá de lo que es mío y se lo dará a ustedes" (Jn 16,14) (VNM).

El Espíritu Santo dirige la evangelización. "Además atravesaron Frigia y el país de Galacia, porque el espíritu santo les había prohibido hablar la palabra en el (distrito de) Asia" (He 16,6) (VNM).

¿Es siquiera verosímil que una fuerza impersonal pudiera formular prohibiciones y órdenes en relación con un tema como la evangelización?

El Espíritu Santo conduce. "Porque todos los que son conducidos por el espíritu de Dios, éstos son los hijos de Dios" (Rom 7,14) (VNM).

¿Cómo es posible que una fuerza carente de personalidad -como la electricidad- conduzca a personas que sí tienen personalidad, de tal manera que si éstas se someten a su guía pongan de manifiesto que son hijos de Dios?

El Espíritu Santo intercede. "De igual manera el espíritu también acude con ayuda para nuestra debilidad; porque el (problema de) lo que debemos pedir en oración cómo necesitamos hacerlo no lo sabemos, pero el espíritu mismo aboga por nosotros con gemidos no expresados. Sin embargo, el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del espíritu, porque éste aboga en conformidad con Dios por los santos" (Rom 8,26-27) (VNM).

¿Cabe en cabeza humana que un ente sin ninguna personalidad sepa más que seres humanos que sí la tienen? ¿Es lógico pensar que un ente que no tiene personalidad se preocupe hasta el punto de abogar por seres humanos con gemidos que no pueden narrarse? ¿Es siquiera asimilable que un ente sin personalidad abogue además en plena conformidad con lo que Dios desea?

El Espíritu Santo envía. "Por consiguiente, estos hombres, enviados por el Espíritu Santo, bajaron a Seleucia, y de allí se embarcaron para Chipre" (He 13,4).

¿Cómo es posible que un ente sin personalidad pueda enviar a seres que sí la tienen, marcándoles además su itinerario concreto?

El Espíritu Santo toma decisiones en el seno de la Iglesia. "Porque al espíritu santo y a nosotros mismos nos ha parecido bien no añadirles ninguna otra carga salvo estas cosas necesarias" (He 15,28) (VNM).

¿Desde cuándo una fuerza impersonal -como la electricidad- puede tomar decisiones junto a seres humanos?

"Presten atención a sí mismos y a todo el rebaño, entre el cual el espíritu santo los ha nombrado superintendentes, para pastorear la congregación de Dios…" (He 20,28) (VNM).

Pero ¿cómo puede una fuerza sin personalidad nombrar a los obispos para que pastoreen la Iglesia?

El Espíritu Santo provoca la profecía. "Ahora bien, en estos días unos profetas bajaron de Jerusalén a Antioquía. Uno de ellos, por nombre Agabo, se levantó, y por el espíritu procedió a indicar que una gran hambre estaba por venir sobre toda la tierra habitada; la cual de hecho tuvo lugar en el tiempo de Claudio" (He 11,27-28) (VNM).

"Y viniendo a nosotros y tomando el cinturón de Pablo, se ató los pies y las manos y dijo: Así dice el Espíritu Santo: Al varón a quien pertenece este cinturón los judíos lo atarán de esta manera en Jerusalén y lo entregarán en manos de gente de las naciones" (He 21,11) (VNM).

En estos pasajes asistimos a dos ocasiones en que el Espíritu Santo movió a un profeta a predecir el futuro incluso señalando las palabras concretas que debía pronunciar. Las profecías, al contrario de las dadas por testigos, adventistas, mormones o Niños de Dios, se cumplieron. ¿Puede realmente una fuerza impersonal impulsar la profecía hasta el punto de hacer articular las palabras concretas y determinar su cumplimiento?

El Espíritu Santo ordena. "De modo que el espíritu me dijo que fuera con ellos sin dudar nada" (He 11,12) (VNM).

"Mientras ellos estaban ministrando públicamente a Jehová y ayunando, el espíritu santo dijo: "De todas las personas apártenme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado" (He 13,2) (VNM).

¿Cómo es posible que una fuerza impersonal como la electricidad pueda dar órdenes a Pedro, el príncipe de los apóstoles, y a la Iglesia, pronunciando incluso frases completas?

El Espíritu Santo da dones. "Pero la manifestación del espíritu se da a cada uno con un propósito provechoso. Por ejemplo, a uno se le da mediante el espíritu habla de sabiduría, a otro habla de conocimiento según el mismo espíritu, a otro fe por el mismo espíritu, a otro dones de curaciones por ese único espíritu, a otro operaciones de obras poderosas, a otro el profetizar, a otro discernimiento de expresiones inspiradas, a otro lenguas diferentes, y a otro interpretación de lenguas. Pero todas estas operaciones las ejecuta el uno y mismo espíritu. Distribuyendo a cada uno respectivamente así como dispone" (1Cor 12,7-11).

Ahora bien, nosotros nos preguntamos ¿cómo es posible que una fuerza sin personalidad y que, por lo tanto, carece de discernimiento, de sabiduría, de fe, de conocimiento -todas ellas cualidades personales- puede dotar de esos dones a seres humanos? ¿No será precisamente porque sí tiene personalidad y porque además dispone de todas estas cualidades?

El Espíritu Santo revela. "Además, se le había revelado divinamente por el espíritu santo que no vería la muerte antes de que hubiera visto al Cristo de Jehová" (Lc 2,26) (VNM).

Pero ¿cómo puede revelar el futuro a una persona un ente que no tiene personalidad?

El Espíritu Santo habla frases enteras. Hemos visto ya algunos ejemplos en los apartados anteriores, pero vamos a citar alguno más:

"De modo que el espíritu dijo a Felipe: Acércate y únete a ese carro" (He 8,29) (VNM).

¿Cómo puede una fuerza impersonal pronunciar frases coherentes y articuladas que tienen un propósito y que incluso vaticinan el futuro?

El Espíritu Santo puede ser resistido. "Hombres obstinados e incircuncisos de corazón y de oídos, siempre están ustedes resistiendo al espíritu santo; como hicieron sus antepasados antes de ustedes" (He 7,51) (VNM).

Creemos que los textos reproducidos arriba, escasos botones de muestra por otra parte, establecen de manera indiscutible el concepto que los primeros cristianos tenían acerca del Espíritu Santo. Para ellos no era una fuerza activa e impersonal, comparable a la electricidad, como pretende la Wachtower. Por el contrario, el Espíritu Santo no sólo tenia personalidad, sino que además contaba con un papel en la vida de la Iglesia y de los creyentes (papel ya anunciado por el propio Jesús) que dejaba entrever su valor sobrehumano y, como examinaremos con más claridad en el siguiente apartado, divino. Sinceramente no pensamos que se pueda pretender bajo ningún concepto que, a la luz del Nuevo Testamento, el Espíritu Santo es una energía carente de personalidad.

  1. El Espíritu Santo es Dios

Ahora bien, ¿muestra con la misma certeza la Escritura que el Espíritu Santo es Dios? Una vez más vamos a dejar hablar a la Biblia, limitando nuestros comentarios a su mínima expresión.

Mentir al Espíritu Santo es mentir a Dios. "Pero Pedro dijo: Ananías, ¿por qué te ha envalentonado Satanás a tratar con engaño al espíritu santo y a retener secretamente parte del precio del campo? Mientras permanecía contigo, ¿no permanecía tuyo?, y después que fue vendido, ¿no continuaba bajo tu control? ¿Por qué te propusiste un hecho de esta índole en tu corazón? No has tratado con engaño a los hombres, sino a Dios" (He 5,3-4) (VNM).

El Espíritu Santo es el mismo Jehová que habló en el Antiguo Testamento. "Así, porque estaban en desacuerdo unos con otros, empezaron a irse, mientras Pablo hacía este único comentario: Aptamente habló el espíritu santo por Isaías el profeta a los antepasados de ustedes diciendo: Ve a este pueblo y di: Oyendo oirán, pero de ningún modo entenderán; y mirando mirarán, pero de ningún modo verán" (He 28,2526) (VNM).

Ahora bien, lo cierto es que Pablo cita de Is 6,8-9; y allí no se dice que hablara el Espíritu Santo, sino el mismo Jehová: "Y empecé a oír la voz de Jehová, que decía: ¿A quién enviaré y quién irá por nosotros? Y yo procedía a decir: Aquí estoy yo. Envíame a mí. Y él pasó a decir: Ve, y tienes que decir a este pueblo: Oigan vez tras vez, pero no entiendan; y vean vez tras vez, pero no consigan conocimiento" (ls 6,8-9).

¿Se equivocaba el apóstol Pablo al identificar a Jehová con el Espíritu Santo, o se equivocan los testigos al decir que el Espíritu Santo no es Dios?

"Por esta razón, así como dice el espíritu santo: Hoy, si ustedes escuchan la propia voz de él, no endurezcan sus corazones como en la ocasión de causar amarga cólera, como en el día de hacer la prueba en el desierto, en el cual sus antepasados me probaron con una prueba, y con todo habían visto mis obras durante cuarenta años. Por esta razón quedé asqueado de esta generación y dije: Siempre se descarrían en su corazón y ellos mismos no han llegado a conocer mis caminos. De modo que juré en mi cólera: No entrarán en mi descanso" (Heb 3,7-11) (VNM).

El autor de la carta a los Hebreos reproduce aquí una extensa cita del Sal 95,7-11, atribuyéndola al Espíritu Santo. Basta ir al Antiguo Testamento para comprobar que el que habla en el mismo es Jehová. Ahora bien, ¿se equivocaba el autor de la carta a los Hebreos identificando al Espíritu Santo con el Jehová del Antiguo Testamento, o se equivoca la Wachtower al decir que el Espíritu Santo ni es Dios ni tiene personalidad?

El Espíritu Santo es Jehová. Por todo lo anterior es fácil de comprender que el Nuevo Testamento identifique al Espíritu Santo de manera clara con el Señor del Antiguo: "Ahora bien, Jehová es el espíritu; y donde está el espíritu de Jehová hay libertad" (2Cor 3,17) (VNM).

La misma Biblia de la Wachtower lo expresa con una claridad tan meridiana que creemos que sobran los comentarios.

Sólo el Espíritu Santo abarca las cosas de Dios. Por todo ello no es de extrañar que en la mente de los autores del Nuevo Testamento, que, como hemos visto, no creían que el Espíritu Santo no fuera Dios ni tampoco pensaban que era una fuerza impersonal, anidara la certeza de que toda la inmensidad de Dios sólo podía ser penetrada por el Espíritu Santo, algo imposible si éste hubiera sido una simple fuerza activa carente de personalidad:

"Porque, ¿quién entre los hombres conoce las cosas del hombre salvo el espíritu del hombre que está en él? Así también, nadie ha llegado a conocer las cosas de Dios salvo el espíritu de Dios" (1Cor 2,11) (VNM).

Porque el Espíritu Santo es Dios, se puede blasfemar contra él. "Sin embargo, cualquiera que blasfemare contra el espíritu santo no tiene perdón jamás, sino que es culpable de pecado eterno" (Mc 3,29) (VNM). [La blasfemia contra el Espíritu Santo es la resistencia frente al mismo. Mientras otros pecados permiten su perdón al no entrañar necesariamente la dureza de corazón, el que se cierra al Espíritu Santo impide que el arrepentimiento entre en su alma y con él la misericordia de Dios.]

  1. Conclusión

En opinión del que escribe estas líneas, la doctrina del Espíritu Santo es una de las realidades más hermosas y conmovedoras de las que nos hablan las Escrituras. Activo de manera menos manifiesta en el Antiguo Testamento, es a partir de pentecostés cuando irrumpe con toda su grandeza y poder en la historia de la humanidad.

Cuando el creyente está solo, es el Espíritu Santo el que intercede por él con unos gemidos que no pueden expresarse en términos humanos; cuando siente la duda, clama al unísono con nuestras almas, recordándonos que tenemos un Padre en el cielo; cuando la Iglesia se zarandea en el mar de la historia, él se presta a guiarla y reparte, sin miedo al derroche, sus carismas (en los que la Wachtower no cree) para edificación del cuerpo de Cristo. Ese espíritu abrió la puerta de la Iglesia a los judíos del pentecostés llegados de los lugares más remotos de la tierra; se derramó sobre Cornelio, el primer gentil cristiano, y abrió las rutas del evangelio en medio de una sociedad que, como la nuestra de hoy en día, lo necesitaba ardientemente.

Ese espíritu enseña y recuerda la palabra y la obra de Jesús, da testimonio y revela. Sin él no seríamos nada, porque él empolló la vida que había en el fondo de las aguas antes de la creación (Gén 1,2). En su nombre somos bautizados, y él nos sostiene en nuestra vida para que, como hijos de Dios, un día podamos estar con Cristo para siempre. No es de extrañar, pues, que los primeros cristianos lo citaran con profusión en sus oraciones y que ansiaran cada vez más su cercanía; y tampoco es raro que el himno cristiano más hermoso quizá de todos los tiempos, el Veni Creator Spiritus esté dedicado y dirigido a él.

La jactancia de la Wachtower, empero, lo califica simplemente como una fuerza sin personalidad, que se asemeja a la electricidad, que no es Dios, que ya no derrama sus dones sobre el pueblo de Dios. Si en ocasiones la falsedad puede ser externamente hermosa, no es en este caso, porque a la grandeza sublime e inenarrable de las Escrituras sólo ha sustituido una paupérrima caricatura sectaria.

11. ¿Cuál es la diferencia entre una Biblia católica y otra protestante?

Autor: P. Miguel Angel Fuentes, sacerdote I.V.E. | Fuente: teologoresponde.com.ar  

¿Son iguales todas las Biblias?.

¿Me podrían decir cuál o cuáles son las diferencias entre una Biblia Católica y una Biblia Evangélica? Mi hermana acaba de recibir como regalo una Biblia de una persona que la quiere convertir al Evangelismo, y no sabemos en qué difiere de la nuestra pues aparentemente son iguales.

Otras:
Tengo una pregunta o más bien curiosidad: la Biblia que leen los católicos ¿es diferente a la que leen otras religiones?

Gracias por el tiempo que se toma para nuestras preguntas; en este caso la que tengo es: ¿por qué mi Biblia como católico es diferente a la de los protestantes?

Las respuestas, en los distintos casos, son muy semejantes y en cierto modo, debemos remitirnos al punto anterior sobre la historia de la formación del canon bíblico.

Responder a esta pregunta no es difícil, pero sí complicado, porque no se nos pide que digamos la diferencia de una versión católica con una determinada versión protestante sino con “la Biblia que leen los protestantes”; ahora bien, muchas personas, cuando hablan de los protestantes, engloban con este título tanto a los cristianos de iglesias reformadas tradicionales (luteranos, calvinistas, presbiterianos, etc.) cuanto a miembros de sectas que también usan la Biblia, como los Testigos de Jehová; y no es lo mismo una cosa que otra.

Trataré, por tanto, de indicar algunos puntos generales, sin hacer una comparación detallada, lo cual es imposible (para mí, aquí, con los límites que me he impuesto).

Ante todo, todas las versiones católicas y protestantes de la Biblia coinciden en muchas cosas: en la mayoría de los libros que contienen y sustancialmente en el sentido de los textos.

(1) En cuanto al número de los libros (el canon): como ya hemos indicado en el capítulo anterior, las versiones católicas de la Biblia tienen siete libros más que las versiones protestantes; son los libros que nosotros llamamos “deuterocanónicos” del Antiguo Testamento y ellos llaman “apócrifos” (1 y 2 Macabeos, Tobías, Judit, Baruc, Sabiduría, y Eclesiástico o Sirácida). En cambio, aceptan los 27 libros del Nuevo Testamento, aunque a siete de ellos los llaman “deuterocanónicos”. El motivo es que Lucero, en el momento de su separación de Roma, rechazó el “canon alejandrino” que contiene la lista de los 46 libros de la traducción de los “Setenta” (traducción al griego realizada en Alejandría de Egipto del hebreo al griego), adhiriéndose al “canon judío de Palestina” (los libros escritos en hebreo) que contiene 39 libros1.

En torno a los años 90-100 d.C., algunos líderes judíos se reunieron para tratar el tema del canon (conocido como el canon de Palestina) quitando los siete libros, pretendiendo volver al canon hebreo, y distinguirse así de los cristianos; pensaban que lo que no fue escrito en hebreo, no era inspirado (aunque Eclesiástico y 1 Macabeos estaban originalmente escritos en hebreo y arameo); las discusiones siguieron por muchos años, con mucho desacuerdo entre los diferentes grupos y sectas judíos. Los saduceos solamente confiaban en la Torá, los fariseos no podían decidir sobre Ester, Cantares y Eclesiastés.

Solamente en el segundo siglo, los fariseos decidieron 39 libros. San Pablo, utilizaba la versión de los Setenta, y cuando los autores del Nuevo Testamento citan algo del Antiguo Testamento, lo citan según la traducción griega de los Setenta el 86% de las veces. Los descubrimientos de Qumran, en pleno siglo XX, ha mostrado que grupos judíos leían y usaban los libros “deuterocanónicos” (al menos se han encontrado los libros de Tobías, y Ben Sira o Eclesiástico).

Lutero y los demás reformadores, rechazaron los siete libros que nosotros llamamos deuterocanónicos (y ellos “apocrifos”) dando origen a la Biblia Protestante; también calificó de deuterocanónicos a varios libros del Nuevo Testamento, considerándolos de menor autoridad, sin embargo no los quitó, pues sostenía que, aunque no son iguales a las Sagradas Escrituras, son útiles y buenos para leer2. La Biblia de Zurich, traducida por Zwinglio y otros (1527-29), incluía los libros deuterocanónicos como útiles aunque los relegaba al último volumen y no los consideraba canónicos; algo parecido hizo la Biblia Olivetana, prologada por Calvino, en 1534-35.

En 1615, el arzobispo anglicano de Cantebury, proclamó una ley que llevaba un castigo de un año de cárcel, para cualquier persona que publicara la Biblia sin los siete libros deuterocanónicos, ya que la versión original de la King James (la más famosa de las versiones inglesas) los tenía; pero fue precisamente en Inglaterra, donde fue creciendo la oposición a estos libros, y en 1827 la “Sociedad Británica y Extranjera de la Biblia” los omitió completamente en su Biblia. Luego, otras editoriales hicieron lo mismo.

Estos libros no fueron añadidos durante el Concilio de Trento, como creen algunos protestantes, pues Lutero los había rechazado del canon precisamente porque estaban en el canon comúnmente admitido (aunque algunos discutieran su valor canónico), pero él consideraba que no debían estar al no haber sido escritos originalmente en hebreo. Trento define de modo definitivo el canon, pero no hace aceptar libros que hasta el momento se rechazaban.

De hecho, los manuscritos más antiguos (anteriores mil años a Trento), contienen los deuterocanónicos; y salvo el Codex Vaticanus, el más antiguo texto griego del Antiguo Testamento (en el que no están los libros de Macabeos), todos los demás manuscritos contienen los siete libros del Antiguo Testamento llamados deuterocanónicos.

Pasando de las grandes denominaciones protestantes a las sectas de inspiración pseudo-cristiana (pensemos en los Testigos de Jehová, por ejemplo), debemos decir que, en cuanto al canon bíblico, no difieren sus Biblias de las protestantes, aunque tal vez ellos han percibido con más fuerza el gran problema que plantea el dar razón del canon (o sea, por qué creemos que estos libros han sido inspirados), debiendo atribuir el poder de discernimiento “al cuerpo gobernante” de la Congregación cristiana, o sea reconociendo la necesidad de un criterio extra-bíblico3.

(2) El segundo tema es el de las versiones, es decir, las traducciones de la Biblia. Desde un primer momento, los reformadores no se contentaron con distinguir el canon protestante del católico sino que se dedicaron a hacer traducciones de la Biblia a las lenguas modernas.

Sabemos que los textos originales de la Biblia han sido escritos en hebreo/arameo (la mayoría de los libros del Antiguo Testamento) y en griego (los libros del Antiguo Testamento que se conocen como deuterocanónicos, aunque algunos de los así denominados son traducciones del hebreo; los escritos del Nuevo Testamento, aunque se discute si algunos de éstos no son en realidad traducciones al griego de un texto original en hebreo o arameo).

Hubo traducciones desde tiempos antiguos, como lo demuestra la versión al griego de los Setenta (versión griega de los libros inspirados judíos, nuestro Antiguo Testamento), o la de Aquila, prosélito judío (en torno al 130 d.C.), la de Símmaco (fines del siglo II). Orígenes hizo una de las obras más monumentales de la antigüedad, conocida como Hexapla Biblia porque el texto estaba dispuesto en seis columnas que comprendían: el texto consonántico hebreo en caracteres hebreos, el hebreo trascrito en caracteres griegos, la versión de Aquila, la de Símmaco, el texto tradicional de los Setenta y la versión de Teodoción. Hubo traducciones al siríaco (el Diatessaron de Taciano, la Biblia Vetus Syriaca, la Biblia Peshitta, etc.), al copto (la forma más reciente de la lengua egipcia), al etiópico. San Jerónimo hizo una traducción al latín de toda la Biblia, asesorándose por maestros judíos para su traducción de los textos hebreos, conocida como Vulgata.

Mientras el mundo occidental cristiano se manejó en griego como lengua franca, y luego en latín, el uso de los textos bíblicos en estas lenguas no ofreció dificultad; pero con la formación de las lenguas romances y el desuso del latín por parte del vulgo, el texto latino de la Biblia se hizo ininteligible. Desde entonces, comenzaron a aparecer versiones en lenguas vulgares.

Corren sobre este tema, dos afirmaciones erróneas. La primera es que quienes comenzaron la labor de traducir y divulgar la Biblia en las lenguas vulgares o romances, o modernas, fueron los reformadores protestantes; la segunda: que éste fue un fenómeno propio de ambientes protestantes, pues la Iglesia católica prohibía a sus fieles la lectura de la Biblia. Las dos afirmaciones son históricamente falsas y no hace falta más que remitirse a los hechos históricos para corregirlas.

Es falsa, ante todo, la acusación (que es fácil de oír en ambientes protestantes) de que fueron los reformadores (principalmente Lutero) quienes por vez primera volcaron la Sagrada Escritura a las lenguas modernas. Escriben Tuya y Salguero: “Mucho antes de que Lutero iniciase la reforma protestante, existían numerosas versiones de la Biblia en las lenguas vulgares de muy diversos países. Según el P. A. Vaccari, entre los años 1450 y 1500 se cuentan unas 125 ediciones diferentes de la Biblia4, lo que demuestra cuán extendida estaba su lectura. En España, se leía la Sagrada Escritura en romance ya antes de Alfonso X el Sabio (1252-1284).

En Alemania, se hizo una versión en 1466, de la que aparecieron 15 ediciones antes del año 1500. La primera edición en lengua vulgar italiana, se publicó en Venecia el año 1471, de la que se conocen nueve ediciones antes de . 1500. En Francia, también se hizo una traducción el año 1477, que tuvo tres ediciones antes del año 1500”5

Es igualmente incorrecta la afirmación de que la Iglesia prohibió a sus fieles la lectura de la Biblia (o al menos la lectura de la misma en lenguas modernas). La misma profusión de versiones que acabamos de mencionar, atestigua la extensión del uso de la Biblia (incluso en versiones de lenguas vulgares) antes de la Reforma protestante. El Concilio de Trento, a raíz de que los protestantes atentaron contra la integridad de la Sagrada Escritura y contra la interpretación auténtica de la Iglesia (por ejemplo, en cuanto a las afirmaciones sobre la justificación), estableció normas de lectura que preservaran de falsas interpretaciones.

Pero no existe ninguna normativa canónica del Concilio tridentino que prohíba las versiones en lenguas vulgares y menos su lectura. Atestigua esto Pío XII: “No prohíbe el concilio Tridentino que, para uso y provecho de los fieles de Cristo y para más fácil inteligencia de la divina palabra, se hagan versiones en las lenguas vulgares, y eso aun tomándolas de los textos originales”6. Existieron, sí, prohibiciones locales, como las del concilio de Tolosa (1229), la de Tarragona (1233), el sínodo de Oxford (del año 1408); el motivo era la falta de autorización de las versiones cuestionadas y en algunos casos, el uso que hacían de ellas algunas sectas (como el caso de Tolosa que tiene relación con el problema de los albigenses).

Hay que reconocer, sin embargo, que en ambientes de la Reforma se dio un impulso particular a las versiones en lenguas vulgares modernas. Tal vez la más antigua y notable, sea la versión de Lucero, quien publicó en alemán el Nuevo Testamento en 1522 y el Antiguo entre 1523 y 1534. La más famosa de las versiones inglesas es la King James Version (de 1611), revisada sucesivamente en varias oportunidades. En castellano, la primera versión de la Biblia completa hecha por un protestante es la de Casiodoro de Reina (publicada en Basilea en 1569); en 1602 Cipriano de Valera la retocó y (según dice) cotejó la versión de Casiodoro con otras versiones, reeditándola.

Es la más conocida de las versiones protestantes castellanas (conocida como Reina-Valera). Sobre esta versión, ha escrito una magnífica reseña el eminente Marcelino Menéndez Pelayo en su Historia de los Heterodoxos7. Cito algunos párrafos de este crítico, por ser esta versión, la más común entre nosotros y por ser la autoridad de Menéndez Pelayo indiscutible en este punto8: “Esta Biblia es rarísima; llámasela comúnmente del Oso por el emblema o alegoría de la portada. Tiene año (1569), pero no lugar de impresión ni nombre del traductor; sólo sus iniciales C. R. al fin del prólogo (1858). , Doce años invirtió Casiodoro en su traslación, aunque como trabajo filológico no es el suyo ninguna maravilla. Sabía poco hebreo, y se valió de la traducción latina de Santes Pagnino (muy afamada por lo literal), recurriendo a la verdad hebraica sólo en casos dudosos.

De la Vulgata hizo poca cuenta, pero mucha de la Ferrariense9 ‘no tanto por haber acertado más que las otras… cuanto por darnos la natural y primera significación de los vocablos hebreos y las diferencias de los tiempos de los verbos’, aunque la tacha de tener grandes yerros, introducidos por los judíos en odio a Cristo, especialmente en las profecías mesiánicas, y de haber dejado muchas cosas ininteligibles o ambiguas. En cuanto a Casiodoro, aunque él mismo confiesa que ‘la erudición y noticia de las lenguas no ha sido ni es la que quisiéramos’, y le habilitaba sólo para entender y cotejar los diversos pareceres de los intérpretes, procuró ceñirse al texto sin quitar nada, como no fuera algún artículo o repetición de verbo cuya falta no menoscabara la entereza del sentido, ni añadir cosa alguna sin marcarla de distinta letra que el texto común o encerrarla entre vírgulas.

Estas ediciones son, ya de una o pocas palabras que aclaran el sentido, ya de variantes, especialmente en Job, en los Salmos, en los libros de Salomón y en las historias de Tobías y Judit. De la versión siríaca del Nuevo Testamento confiesa que no pudo aprovecharse porque salió aquel mismo año, cuando ya estaba impresa la suya. Conservó en el texto la voz Jehová, aunque nunca la pronuncien los hebreos. Usa los nombres concierto, pacto, alianza, para designar lo que los Setenta y la Vulgata llaman Testamento y se defiende en el prólogo de haber usado por primera vez en castellano los nombres reptil y escultura, que en la Ferrariense son removilla y doladizo.

Y procuró retener todas las formas hebraicas que conciertan con las españolas. Llenó la obra de notas marginales, que son interpretaciones o declaraciones de palabras. Las anotaciones de doctrina las reservó para imprimirlas aparte o ponerlas en otra edición (…) Como hecha en el mejor tiempo de la lengua castellana, excede mucho la versión de Casiodoro, bajo tal aspecto, a la moderna de Torres Amat y a la desdichadísima del P. Scío (…)

Cipriano de Valera (…) escribía con donaire y soltura (…) Los veinte años que dice que empleó en preparar su Biblia deben ser ponderación e hipérbole andaluza, porque su trabajo en realidad se concretó a tomar la Biblia de Casiodoro de Reina y reimprimirla con algunas enmiendas y notas que ni quitan ni ponen mucho. Tampoco he de negar que, en general, mejoró el trabajo de su predecesor (…) En cuanto a la traducción, el mismo Cipriano confiesa que siguió palabra por palabra la de Casiodoro, cotejándola con otras interpretaciones en diversas lenguas y quitando lo añadido por los Setenta o por la Vulgata que no se halle en el texto hebreo; lo cual principalmente acontece en los Proverbios de Salomón. Y a esto, a alguna que otra nota añadida, que se indica con diversa letra que las del traductor antiguo, y a algún retoque en el lenguaje se reduce toda la labor de Valera, que, sin embargo, pone su nombre, y calla el de Casiodoro, en la portada”.

He querido alargarme un poco en estas expresiones, pues creo que debe notarse el mérito literario de muchas de las primeras versiones protestantes de la Biblia. Podremos discutir las traducciones de algunos pasajes en concreto, pero no se puede poner en duda el valor de la obra en su conjunto (en cuanto a la versión literaria se refiere). Son conocidas las reiteradas ponderaciones que –entre nosotros– hace Leonardo Castellani de la versión inglesa King James.

No se puede decir lo mismo de las versiones de la Biblia divulgadas por los Testigos de Jehová. Dice el P. Petrino en su estudio sobre el uso de la Biblia por parte de esta secta: “La versión jehovista de la Sagrada Escritura ha llamado la atención de todos los estudiosos que no dudan en denunciar sus falsedades y notar sus divergencias con respecto de los textos bíblicos auténticos”10. Y cita a continuación las palabras de A. Hoekema: “La Traducción del Nuevo Mundo no es una traducción objetiva de la Biblia en inglés moderno, sino una traducción falsificada en la cual muchas de las enseñanzas de la Sociedad Wachtower han sido fraudulentamente introducidas”11.

Los Testigos de Jehová introducen en el texto, por tanto, grandes cambios que no son simples cuestiones lexicográficas sino alteraciones del texto bíblico original. A pesar de que diga seguir las ediciones críticas de R. Kittel y Westcott y Hort, en realidad se separa y las ignora cuando se ve comprometida la “doctrina” de la secta.

Para mayor confusión de muchos incautos, también los mormones (o Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días) usa también la Biblia (junto a otros libros reconocidos por ellos como sagrados: el Libro de Mormón, Doctrinas y Convenios y La Perla de Gran Precio). Ellos definen la Biblia como la historia de los tratos de Dios con los pueblos del Continente Oriental (Palestina, Egipto, etc.), mientras que el Libro de Mormón sería la historia de los tratos de Dios con los pueblos antiguos del Continente Occidental (las Américas)12. Los mormones enseñan expresamente que la Biblia no es el único libro revelado/inspirado13. Su fundador, J. Smith, usó originalmente la King James Version (en el Libro de Mormón se han contado hasta 27.000 palabras o frases tomadas literalmente de esa edición).

Sin embargo, la mayoría de las doctrinas enseñadas por mormones, tienen un sentido completamente distinto del bíblico, y constituyen una negación de las verdades no sólo católicas sino cristianas; así el dios de los mormones es pura materia, puro hombre, visible, no eterno, no es creador, no es omnipresente ni perfecto, ni único, etc.14

(3) Finalmente, una característica general de las ediciones de la Biblia no católicas, es la ausencia de notas explicativas, mientras que las Biblias católicas tienen notas (algunas más, otras menos). Las notas no son esenciales, ciertamente, ni forman parte de la Revelación, ni son inspiradas. Pero son muy útiles, y, en algunos casos, muy convenientes. Son indicaciones, explicaciones, comentarios o simplemente referencias a otros pasajes en que, el mismo tema sobre el que se hace la nota, vuelve a aparecer con un sentido más claro. No hay que poner las manos en el fuego por las notas de muchas ediciones católicas de la Biblia, las cuales pueden contener errores o ser tendenciosas (como ocurre, por ejemplo, con las notas de la llamada Biblia Latinoamericana).

Otras, en cambio, son magníficas, como la edición de la Biblia de L. Cl. Fillion, de 1887 (conozco la 4ª edición en ocho tomos de 1903, con texto en latín y notas en francés), o entre nosotros, la valiosa versión de J. Straubinger (primera versión católica americana hecha sobre los textos primitivos)15, cuyas notas constituyen pequeños artículos que destacan las ideas fundamentales de la Biblia, mostrando su aplicación en la vida, al igual que procuran mostrar la armonía que existe entre los dos Testamentos y la coincidencia de los pasajes paralelos, para que el lector tenga siempre a la vista la unidad viva de las Escrituras desde el Génesis hasta el Apocalipsis.

En nuestros días (primeros años del siglo XXI) está realizando una importante obra el Prof. Scott Hahn, publicando una nueva edición de la Revised Standard Version pero con subsidios a pie de página, que ofrecen al fiel lector de la Biblia, concordancias bíblicas, notas exegéticas a los principales versículos, y notas teológicas importantes (unas que relacionan el contenido y la unidad de la Escritura mostrando cómo pasajes del Antiguo Testamento iluminan los misterios del Nuevo Testamento; otras tomadas de la tradición viviente de la Iglesia –santos Padres, magisterio–, poniendo en relieve los sentidos espirituales de la Escritura en continuidad con la gran tradición eclesiástica, y otras que subrayan “la analogía de la fe”, mostrando cómo los misterios de la fe se iluminan unos a otros poniendo de relieve la coherencia y unidad de los dogmas definidos y la infalible interpretación de la Iglesia). De vez en cuando también se intercalan breves análisis de términos bíblicos, y temas exegéticos de interés para el lector y el estudioso (como cuándo celebró Jesús la Última Cena, y otros). 16

Las Biblias protestantes carecen de notas por una cuestión lógica: el principio de libre examen. Cada fiel debe interpretar la Biblia de acuerdo a lo que le inspire el Espíritu Santo. No hay lugar para un magisterio que tenga por objeto la explicación de la Sagrada Escritura. Toda nota explicativa coartaría esta libertad de interpretación. Sin embargo, éste es un principio aparentemente respetado por el protestantismo; en la realidad, la ausencia de notas respeta a medias la libertad individual, puesto que: (a) por un lado, toda versión de la Biblia en otra lengua que no sea la original implica de suyo una interpretación; puede verse al respecto la versión griega del Nuevo Testamento preparada por los protestantes Nestle y Aland, para observar las distintas variantes de algunos pasajes y vocablos17; el traductor debe elegir entre variantes y, en muchos casos, interpretar un texto. A modo de ejemplo, podemos observar (tomando sólo las versiones españolas de Reina-Valera) diferencias (mínimas, pero diferencias al fin y al cabo):

  • El versículo de Lucas 1,28 es traducido por la versión Reina-Valera Actualizada (1989): “Cuando entró a donde ella estaba, dijo: –¡Te saludo, muy favorecida! El Señor está contigo”. Omite las palabras “bendita tú entre las mujeres”, las cuales aparecen, en cambio, en la versión Reina-Valera (de 1909), en la Reina-Valera Revisada (1960) y la Reina-Valera Actualizada (1995).
  • El versículo de Mateo 16,18 aparece en la Reina-Valera de 1909 como “tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”; pero en lugar de piedra aparece “roca” en las versiones Reina-Valera Actualizada (1989), Reina-Valera Revisada (1960) y Reina-Valera Actualizada (1995). El cambio es importante, porque está detrás la discusión de la relación entre el nombre de Pedro y la “piedra” sobre la que se edifica la Iglesia de Jesucristo; la relación entre los términos arameos “Cefas-cefas” usados por el Señor queda en evidencia en la traducción “Pedro-piedra” y no tanto cuando se traduce “Pedro-roca” (de todos modos, llegado el caso se puede explicar bien).
  • En Juan 6,56, Jesús dice “Ésta es mi sarka”. Las cuatro versiones que venimos mencionando (Reina-Valera, 1909; Reina-Valera Actualizada, 1989, Reina-Valera Revisada, 1960; Reina-Valera Actualizada, 1995) traducen “carne” (al igual que las versiones católicas); pero de hecho el término griego “sark”, admite otras acepciones como carne, cuerpo físico, naturaleza humana, descendencia terrena (como por ejemplo la usa san Pablo en Ro 9,8). Los traductores han hecho una interpretación (correcta) inclinándose, como más exacta, por la palabra “carne”18. En Lc 1,32 aparece dôsei, de dídômi, que si bien significa dar, garantizar, permitir, colocar, establecer, pagar, producir, causar, confiar, ofrecer, infligir (como castigo), etc., es traducido en todas las versiones como “dar” (“el Señor Dios le dará”). Etc.

Se podrían multiplicar los ejemplos. Algunas variantes son mínimas, otras no tanto, pero demuestran que el traductor es un “intérprete”, y no puede ser de otro modo.

Igualmente, los protestantes comentan, explican e interpretan la Biblia constantemente: lo hacen sus pastores y ministros en las homilías, lo hacen quienes citan algunos pasajes como aplicables en una situación determinada, y lo hacen sobre todo los que critican las interpretaciones católicas que nosotros hacemos de algunos pasajes. Por tanto, no respetan en toda su literalidad y amplitud el principio del libre examen. Una persona que acepte el principio de que la Biblia debe interpretarse individualmente, debe limitarse a darle a los demás un ejemplar de la Biblia en las lenguas originales y que se arregle solo. Y no criticar a los demás que hagan una interpretación distinta de la propia; ¿acaso un protestante niega el derecho de que un católico pueda leer la Biblia e interpretarla como el Espíritu Santo le dicte?; entonces, ¿por qué nos critican –sobre todos los miembros de las sectas– que nosotros entendamos que Jesucristo funda su Iglesia sobre Pedro, el que Jesucristo otorgue el poder de perdonar los pecados a los apóstoles y a sus sucesores, el que María sea virgen perpetuamente, etc.?

El principio del libre examen es también el principio de la estricta mudez. Si no hay magisterio pontificio ni episcopal, ni tradición válida, entonces tampoco debería haber pastores-predicadores (una fuente de ingresos que muchos pastores no dejarán escapar tan fácilmente, aunque tengan que gambetearse a Lutero –hasta cierto punto, pues tampoco Lutero lo respetó), ni deberían existir las universidades de teología, ni las escuela de Biblia (que deberían limitarse a ser escuelas de lenguas), etc. Pero esto no lo van a admitir, porque cada perro defiende su hueso, aunque enseñe (para los demás) que los huesos no se comen.

Referencias:

1 No nos ocupamos en este libro directamente de la situación de las iglesias orientales cismáticas (se puede consultar el tema, por ejemplo, en James Turro y Raymond Brown, Canonicidad, en Comentario Bíblico San Jerónimo, Ediciones Cristiandad, Madrid 1972, Tomo V, p. 73-74). Baste decir que, con ciertas variantes, se impuso la influencia de la versión de los Setenta con el canon completo. Jugie ha demostrado que la iglesia bizantina, desde sus comienzos hasta la Edad Media, aceptó los libros deuterocanónicos; no hay noticias de disputas entre latinos y griegos sobre el canon. Recién después de la reforma protestante y por influencia de ella entre los griegos cismáticos surgen dudas y las opiniones se hacen fluctuantes, pero dentro de todo, en la mayoría de las ediciones aparecen la mayoría de estos libros.

2 Cf, James Turro y Raymond Brown, Canonicidad, en Comentario Bíblico San Jerónimo, Ediciones Cristiandad, Madrid 1972, Tomo V, p. 71.

3 Así dicen: “(…) tal como por su espíritu o fuerza activa Dios otorgó a ciertos cristianos discernimiento de expresiones inspiradas, también pudo guiar al cuerpo gobernante de la congregación cristiana para discernir qué escritos inspirados tenían que incluirse en el canon de las Sagradas Escrituras” (Sociedad Torre de Guardia, “Ayuda para entender la Biblia”, New York 1987, p. 797; cf. Juan D. Petrino, La lectura de la Sagrada Escritura bajo el régimen de la Organización de los Testigos de Jehová. El uso de la Biblia en el ‘Salón del Reino’, Tesis doctoral, Università San Tommaso d’Aquino, Roma 1989, p. 136).

4 Cf. A. Vaccari, Lettura della Bibbia alla vigilia della Riforma Protestante: CivCatt 3 (1933) 313-325; 429-450; Id., Bibbia e Bibbie: CivCatt (1937,2) 231-243.
5 Tuya-Salguero, Introducción a la Biblia, op.cit., I, pp. 579-580.

6 Pío XII, Enc. Divino afflante Spiritu, Enchiridon Biblicum, n. 549.

7 En la versión Emecé Editores, Buenos Aires 1945, tomo V, cap. X, III y VI.

8 Entresaco sólo algunos párrafos de los capítulos indicados en la nota anterior. Vale la pena, incluso para un protestante, leer completo el texto del autor.

9 Se refiere Menéndez Pelayo a la versión judía en castellano conocida como Biblia de Ferrara.

10 Petrino, J.D., op. cit, p. 144; en nota al pie indica una variada bibliografía como los estudios de Aveta-Palmieri, Carrera, Clark, etc. Remito a su obra.
11 Hoeckema, A., The Four Major Cults, Michigan 1963, p. 242; Petrino, op.cit, p. 145.

12 Cf. Antonio Colom, S.J., ¿Teología? Mormona (Exposición y refutación), Fe Católica Ediciones, Madrid 1976; Montefrío, Los Mormones, Fe Católica Ediciones, Madrid 1971, Ernesto Bravo, S.J., Los Mormones, en: AA.VV. (CELAM), Las Sectas en América Latina, Claretiana, Bs.As. 1989, pp. 39ss.

13 Se puede leer expresamente en “El libro de Mormón”, 2 Nefi, 29,10: “no por tener una Biblia debéis suponer que contiene todas mis palabras; ni tampoco debéis suponer que no he hecho escribir otras más”.

14 Pueden leerse las citas correspondientes en los lugares citados más arriba sobre la doctrina mormona.

15 Hay una edición reciente en tomo único: La Santa Biblia, Fundación Santa Ana, La Plata 2001.

16 La edición (en curso) está siendo publicada en forma de cuadernillos por Ignatius Press; Hahn ha trabajado en colaboración con Curtis Mitch.

17 La famosa edición del “Novum Testamentum Graece”, de Nestle y Aland, editado por Deutsche Bibelgesellschaft Suttgart, con numerosas ediciones, tiene a pie de cada página las numerosas variantes de algunas palabras que se encuentran en los antiguos códices; los editores han debido elegir por las variantes más seguras, lo que exige un trabajo de interpretación. Esta edición puede conseguirse tanto en librerías católicas como protestantes, como en la “American Bible Society”, de New York (1865 Broadway).

18 Uso para estos análisis gramaticales: Barclay M. Newman, A Concise Greek-English Dictionary of the New Testament, United Bible Societies 1971 (UBS), Deutsche Bibelgesellschaft (German Bible Society), Stuttgart 1993

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