por Makf | 8 Abr, 2026 | Apologética 13
Autor: Xavier Villalta
Biblia e Iglesia.
Puntos de meditación sobre la relación Biblia-Iglesia.
La Biblia no puede ser comprendida correctamente si se toma desligada de la Iglesia en la que nació.
1. La Iglesia no nació de la Biblia, porque la Iglesia es anterior a la Biblia.
Es decir, primero fue la Iglesia, y en ella nació la Biblia. Esto, lo mismo con respecto a Israel, si nos referimos al Antiguo Testamento, como con respecto a la Iglesia Cristiana, si nos referimos al Nuevo testamento.
Cuando se escribieron los libros del Nuevo testamento, la Iglesia ya había sido fundada por Cristo, pues recordemos que Cristo murió y resucitó alrededor del año 30, mientras que los libros del Nuevo testamento, fueron escritos mucho después.
Por ejemplo, el Evangelio de San Marcos se escribió alrededor del año 64; San Lucas escribió su Evangelio entre los años 65 y 80de esas fechas más o menos data el Evangelio actual de San Mateo.
Los primeros libros del N T son las cartas de San Pablo, escritas entre los años 51 y 67. El último fue el Apocalipsis escrito entre los años 70 y 95.
2. Cuando se escribió la Biblia (en concreto en N.T) la Iglesia era ya una comunidad viva, gobernada por los Apóstoles y por sus sucesores, que transmitían de viva voz la Palabra de Dios.
No todo lo que pasó quedó escrito, ni siquiera de la vida y Predicación de Jesús (Jn 21,25; 2 Te 2,15; 2 Tim 1, 13; 2,2; 2Jn 12)
3. La Biblia es verdadera Palabra de Dios, y debemos creer y obedecer lo que nos enseña y manda. Pero Jesucristo no vino a escribir una Biblia. El vino a inaugurar el Reino de Dios y para eso fundó una comunidad (su Iglesia) que fuera ya en el mundo el anuncio y el inicio permanente de ese Reino.
A sus Apóstoles Jesús no los mandó a repartir Biblias sino a predicar y a dirigir en su nombre su Iglesia ( Mt 28, 19; Lc 10,16; Rom 10,17).
A sus discípulos, Jesús no los mando a que leyeran la Biblia para conocer su voluntad, sino que los puso en relación con su Iglesia, y con las autoridades que dejó en ella (Hech 9, 6-17; Mt 18,15-17) Esto mismo hizo Yahvé en el A:T. (Dt 17, 8-13)
Encontramos en la Biblia partes difíciles de entender, y que muchos falsean su sentido, razón por la cual es necesario que alguien, que esté inserto plenamente en la Iglesia, ayude a entender (2 Pe 3,16; Hech 8, 29-31)
4. La Iglesia cristiana del siglo I era guiada por la Palabra de Dios. Pero ésta no estaba sólo en los pocos libros que escribieron algunos de los Apóstoles, sino que se encontraba también en las palabras y hechos de Jesús, en la predicación de los Apóstoles, y en la orientación que daban continuamente a la predicación de los Apóstoles, y en la orientación que daban continuamente a la Iglesia y que ella recogía, conservaba y vivía con Fidelidad.
A este conjunto de orientaciones vivas de Cristo y de los Apóstoles (Que no quedaron escritas ) es a lo que la Iglesia llama la Tradición, la cual quedo plasmada en la vida misma de la Iglesia, en sus instituciones, en su culto y sobre todo, en su manera de entender las cuestiones que plantea la Biblia.
5. La Tradición es la atmósfera o el ambiente en el que ésta se escribió, y la clave para interpretarla correctamente.
La Tradición es la vida y la fe de la Iglesia del siglo I que juntos con la Biblia escrita, se ha conservado y transmitido fielmente.
por Makf | 8 Abr, 2026 | Apologética 13
Autor: Autores varios | Fuente: Apologetica.org
¿Por qué aceptar algunos libros, pero no todos, cuando fue la misma Iglesia que decidió aceptar toda la Biblia de una vez como la tienen los católicos?.
La Biblia protestante es diferente de la católica. Mirando el índice de libros que contiene la Biblia contamos 66 libros, mientras que la Biblia católica y la Biblia ortodoxa contienen siete libros más.
En la Biblia protestante faltan 1 y 2 Macabeos, Tobías (o Tobít), Judit, Baruc, Sabiduría, y Eclesiástico (o Sirácides) conocidos como "deuterocanónicos” [1].
Los hermanos no católicos llaman a los siete libros deuterocanónicos "Apócrifos", aunque no es un término muy exacto para lo que se quiere señalar, ya que "apócrifo" significa etimológicamente "escondido", haciendo alusión al autor, que es "desconocido" y suele "esconderse" tras un pseudónimo.
En este sentido hay otros libros "apócrifos" que sin embargo forman parte de los libros inspirados (como la carta a los Hebreos, que no fue escrita directamente por Pablo, pero que lleva su nombre).
Como sea, la realidad es que los protestantes no admiten estos libros como inspirados.
¿Por qué la diferencia?
Fue solamente en el año 393 d.C. que los obispos se unieron con los sacerdotes y laicos para discernir cuáles libros son inspirados, o también "canónicos". La Iglesia tenía el poder de hacer eso porque Jesús le dio el poder de atar y desatar (Mt 18, 18) y prometió enviar al Espíritu Santo para la plenitud de la verdad (Jn 14, 26).
En el siglo XV Martín Lutero pensó que los primeros cristianos usaban el "canon judío de Palestina" (los libros escritos en hebreo), 39 libros. Pero en realidad los 46 libros del "canon Alejandrino" o "traducción de los Sesenta" (la traducción al griego de los libros hebreos, pues el griego era el idioma internacional de este tiempo) era aceptado por la gran mayoría de los judíos dispersos por todo el mundo (la "diáspora"). Alejandría era el más grande e importante centro judió en el mundo de habla griega.
Alrededor de los años 90-100 d.C. algunos líderes judíos se reunieron para tratar el tema del canon (conocido como el canon de Palestina) quitando los siete libros, su objetivo era regresar al canon hebreo, y distinguirse así de los cristianos.[2] Pensaban que lo que no fue escrito en hebreo no era inspirado (aunque Eclesiástico y 1 de Macabeos estaban originalmente escritos en hebreo y Arameo.[3])
Sin embargo, la discusión entre ellos siguió por muchos años, y sus decisiones no fueron universalmente reconocidas. Había mucho desacuerdo entre los diferentes grupos y sectas judíos. Los saduceos solamente confiaban en el Torá, los fariseos no podían decidir sobre Ester, Cantares y Eclesiastés. Solamente en el segundo siglo los fariseos decidieron 39 libros[4]. El apóstol Pablo, que viajó por todo el mundo de hablar griego, utilizaba la versión de los LXX.
Cuando a san Jerónimo se le pidió que tradujera la Biblia en latín (en 382 d.C.) optó por seguir la decisión de los judíos y rechazó los siete libros, llamándolos "apócrifos". Esta decisión de Jerónimo fue rechazada por los concilios ya mencionados Y Jerónimo aceptó la decisión de los concilios.
Al fin y al cabo, los judíos expulsaron a los cristianos de la sinagoga y no les dejaron participar en la decisión sobre el canon. Hoy en día muchos se basan en las decisiones judías sobre el canon. Ahora bien, esos mismos judíos habían ya decidido rechazar a Jesús como Mesías: ¿por qué dar a ellos la autoridad sobre el canon del AT?
Martín Lutero y los demás reformadores decidieron seguir la decisión judía de basar el canon del AT sobre el idioma hebreo y sacaron los siete libros de su Biblia. Los llamaron "apócrifos" siguiendo la idea de San Jerónimo. Así comenzó la Biblia Protestante. En el tiempo de la Reforma, Lutero (1534) introdujo la idea de calificar los varios libros del NT según lo que él consideraba su autoridad. Otorgó un grado secundario a Hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis, los puso al final de su traducción.
Hizo igual con los siete libros del AT, pero no los quitó de la Biblia. Dijo que no son iguales a las Sagradas Escrituras, pero sí son útiles y buenos para leer (Artículo VI de los 39). En 1643 el profesor John Lightfoot les llamó ”apócrifa desgraciada”. En 1827 la Sociedad Británica y Extranjera de la Biblia los omitió completamente en su Biblia. Luego, otras editoriales hicieron lo mismo.
Algunos hermanos dicen que la Iglesia católica añadió estos siete libros en el Concilio de Trento (siglo XVI), pero Lutero no hubiera podido rechazar estos libros si ellos no hubieran estado ya en el canon.[5] Otros dicen que no se citan en el NT. Pero, tampoco el Nuevo Testamento cita Ester, Abdías y Nahum, y sin embargo los hermanos los aceptan en su Biblia.
Los cristianos usaban el rollo grande más que el pequeño por ser escrito en griego. El griego, idioma universal de este tiempo, era el idioma del NT. Justino Martir escribió que la Iglesia tenía un AT distinto a lo de los judíos. Sin embargo, por consideración a los judíos, sobre todo en las controversias, algunos representantes aislados de la Iglesia, por lo menos en la práctica, no pusieron ya desde el principio, los siete en la misma línea con los otros 39.
Los judíos de Palestina decidieron el canon del AT alrededor de los años 90-100, como se dijo, rechazando los siete libros escritos en griego. Algunos hermanos se basan en Ro 3, 1-2 para decir que el cristiano debe reconocer esta decisión judaica palestina: "¿Qué ventaja tiene pues el judío? Primero ciertamente que les ha sido confiada la palabra de Dios" [6]. Sin embargo, de aquí no se sigue que ellos tengan más autoridad que la Iglesia del Nuevo Testamento para aprobar los libros sagrados.
¿Cómo puede ser que rechacen al Mesias, si a ellos había sido confiada precisamente la Palabra de Dios? El hecho de que Dios les haya dado la Palabra de Dios no garantiza que sean infalibles en su interpretación o discernimiento; si lo hubiesen sido, nunca hubiesen rechazado al Mesias. Además: ¿quiénes tenían que decidir el canon? ¿Qué judíos? ¿Qué autoridad? ¿Quiénes se reunieron en Jamnia para esa decisión? ¿Hay algún documento?
Los manuscritos más antiguos del AT (por mil años) contienen los Deuterocanónicos. Salvo la ausencia de Macabeos en el Codex vaticanus, el más antiguo texto griego del AT, TODOS LOS DEMAS manuscritos contienen los siete libros.
“De los 850 documentos de los que han hallado restos en Qumrán, unos 223 son copias de distintos libros del Antiguo Testamento; se hallan representados casi todos los libros de la Biblia hebrea (menos Ester), y algunos deuterocanónicos (Tobías, y Ben Sira o Eclesiástico)… Como se sabe, la actual Biblia hebrea tiene como base un manuscrito de Leningrado copiado el año 1008 d.C., y representa el texto consonántico oficial rabínico (Texto Masorético), fijado con toda precisión en el siglo II d. C., y transmitido sin variantes hasta nuestros días.
Frente a él, los cristianos de Oriente y los occidentales no reformados utilizaron habitualmente los libros y el texto representados por la antigua versión griega de los LXX…Al publicarse los primeros manuscritos bíblicos de Qumrán, en concreto, dos rollos de Isaías encontrados en la cueva 1, se encontró que estos textos -mil años más antiguos que los manuscritos medievales en que se basan las biblias hebreas y anteriores a la unificación masorética.- eran prácticamente iguales al texto conocido”. Los documentos del Qumrán, ¿qué aportan al cristianismo, por Eulalio Fiestas Le-Ngoc en Palabra, Octubre 1994, p. 71.
"Los Padres conciliares (de Trento) sabían que los concilios africanos (Hipona, Cártago) del siglo IV habían aceptado los libros deuterocanónicos; resulta curioso, que Trento, al aceptar un canon más largo, parece haber conservado un auténtico recuerdo de los primeros días del cristianismo, mientras que otros grupos cristianos, en su reconocido intento de volver al cristianismo primitivo, se decidieron por un canon judío más reducido que, si están en lo cierto algunos investigadores protestantes como A.C. Sundberg y J.P. Lewis, era una creación de época posterior".¡Estos investigadores protestantes descubrieron que la Iglesia primitiva usaba el rollo grande!
Cuando los autores del NT citan algo del AT, lo citan según la traducción griega de los Setenta el 86% de las veces. Algunos hermanos admiten esto pero tratan de decir que los siete libros eran "suplemento" del rollo grande, y por eso Cristo y los apóstoles no los citaron. Pero los autores del NT no hacían esta distinción.
Citar el rollo era admitir que todo ello es inspirado. Si eran falsos, agregarlos como "suplemento" hubiera sido hacer impuro todo el rollo (y el culto en el cual se les utilizaba). Sabemos la reverencia de lo judíos hacia las Sagradas Escrituras. Cuando Jesús entró en la sinagoga para leer del libro (Lc 4, 6-17) hubiera sido un momento provechoso para decir que entre los libros había siete que no eran inspirados.
Además, los siete sí son citados en la Tradición oral, como demuestran los padres apostólicos. Y son citados directa o indirectamente en los siguientes: Mt 6, 7 alude a Eclo 7, 14. Mt 6, 14 alude a Eclo 28, 2; Ro 1, 19-32 alude a Sab de 12, 24 a 13, 9; Ef 6, 14 la idea está en Sab 5, 17-20, y Stg 1, 19 es influenciado por Eclo 5, 13. 1 P 1, 6-7 se ve en Sab 3, 5-6. Compara Heb 1, 3 y Sab 7, 26-27 1 Co 10, 9-10 con Jud 8, 24-25, 1 Co 6, 13 y Eclo 36, 20, etc.
Es importante recordar que los hermanos aceptan libros del AT que nunca son citados en el NT como Rut, Eclesiastés, Cantares, y que ¡la Carta de Judas (vv. 14 y 9) cita a 1 Enoc y la “Asunción de Moisés”!
¿Por qué aceptar algunos libros, pero no todos, cuando fue la misma Iglesia que decidió aceptar toda la Biblia de una vez como la tienen los católicos?
Al fin y al cabo el debate sobre si los siete libros son apócrifos o no, es un debate sobre cómo sabemos si ellos son inspirados. Y vimos que sin la Iglesia no podemos saber esto. El católico sabe con certeza que la Biblia es inspirada porque la Iglesia católica dijo que lo era, la última vez en el concilio de Trento.
Martín Lutero en su Comentario sobre San Juan dijo: "Estamos obligados de admitir a los Papistas que ellos tienen la Palabra de Dios, que la hemos recibido de ellos, y que sin ellos no tendríamos ningún conocimiento de ésta". Esta Iglesia pronunció que TODOS los 73 libros que componen el Antiguo y Nuevo Testamento son revelación.
En 1615 el arzobispo anglicano de Cantebury proclamó una ley que llevaba un castigo de un año en la cárcel para cualquier persona que publicara la Biblia sin los siete libros deuterocanónicos, ya que la versión original de la King James los tenía.
"Ha sido decidido que nada sea leído en la Iglesia aparte de las Escrituras divinas. Las Escrituras canónicas son las siguientes: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué…Tobít, Judit,… los dos libros de Macabeos, dos libros…" (Canon N° 3).[7]
Hermano, imaginemos que un cristiano solamente tiene el Evangelio de Marcos, le faltaría mucho en su conocimiento de Jesucristo, no sabría nada de su infancia, porque esto se encuentra solamente en Lucas y Mateo; nada del Padre Nuestro (no está en Marcos), la parábola del hijo pródigo, la boda de Caná, etc. Si un hermano tuviera solamente una hoja de la Biblia, ¿podría pensar que sabe toda la revelación de Dios?
Sin la Biblia católica un hermano difícilmente sabría toda la revelación de Dios sobre los difuntos y el purgatorio (2 Mac 12, 45; Sab 3, 5-6), sobre el alma (Sab 3,1), el buen uso del vino (Eclo 31, 25-27), María, la madre de Jesús (Jdt 13, 18-20), la intercesión de los Santos para nosotros (2 Mac 15,13-14) y muchas otras cosas. ¿Por qué no pedir a Dios luz sobre este asunto importante?
¿Qué dijo la Iglesia primitiva?
Entre los padres de la Iglesia Clemente cita a Judit, Tobías y Ester. En su Carta al los Corintios (27, 5). Cita Sab. 12, 12.
Didajé cita Eclo 4, 31 (en 4, 5) y Sab12, 5 (en 5, 2).
Carta de Bernabé cita a Sab 2, 12 (en 6, 7).
Policarpo, en su Carta a los Filipenses (10:2) cita a Tobías 4, 10.
También los siete libros "deuterocanónicos" ofrecieron a los antiguos artistas cristianos materia para decorar las catacumbas.
Los eruditos hablan
Del libro Evangelio y tradición de Israel. Matthieu Collin & Pierre Lenhardt, EVD, España, 1991.
"Los Hechos hacen decir también a Pablo: <> (Hch 28, 17). Aquí se ve claramente que se trata, ya no en primer lugar de la escritura -la torá escrita-, sino de la forma de vivir transmitida por los padres, que es exactamente la Torá oral de los fariseos. Además, Flavio Josefo utiliza la misma expresión que los Hechos: <>, para hablar del estudio fariseo de la ley (p. 11).
Bajo el título Torá escrita y Torá oral: "La primera anécdota destaca el hecho de que la Escritura no puede prescindir de un mínimo de oralidad. Para que se entienda la palabra de Dios, hay que leerla, y por tanto, ante todo, aprender a leer. La lectura supone el aprendizaje del alfabeto con un maestro digno de confianza. Para acceder a la palabra de Dios escrita, se necesita un maestro autorizado, lo cual permite concluir que la Torá escrita se transmite por la Torá oral.
¿Cómo podría un maestro conducir a la palabra de Dios escrita, si su palabra oral, por elemental que fuese, no fuera el comienzo de la palabra de Dios? Por otra parte, ¿Puede concebirse que la palabra de Dios escrita, cuando es recibida y transmitida oralmente, pueda dejar de ser palabra de Dios? Además, hay que reconocer que la Torá oral precede a la Torá escrita en la enseñanza, lo mismo que la precedió en el momento de la revelación del Sinaí, donde Dios habló a Moisés antes de escribir sus mandamientos en las tablas de piedra…. Notémoslo aquí: La expresión <> significa para un fariseo la Torá escrita y la Torá oral (cf. Pablo en Gál 5, 14)” (p. 18).
La necesidad de la interpretación y traducción autorizada
"La coherencia de la Torá consiste en enseñar ella misma que no puede recibirse como palabra de Dios más que en la tradición controlada y autorizada que transmiten los sabios (p. 19).
"Los sabios reunidos en Yabné no hicieron más que confirmar la Torá oral de los fariseos. A más tardar en el año 100 d. C., es evidente que se enseña en Israel que hay una Torá bajo dos formas: la Torá escrita y la Torá oral (p. 29).
"El punto de partida es la recepción: la Torá no es obra de los hombres, sino que Moisés la transmitió después de recibirla de Dios. Es la Torá en toda su amplitud la que aquí se transmite, y es la Torá oral la que evidentemente tiene aquí la prioridad, ya que depende de la legitimidad de la sucesión de los maestros" (p. 29). Jesús siguió la misma línea cuando implementó la regla de la Sucesión Apostólica.
"Según el modelo de la tradición farisea, Torá oral viva, la tradición apostólica no sustituye nunca al maestro que permanece en medio de los suyos y es el único <> del evangelio de Dios. Lo mismo que los maestros fariseos hablan en <> (Mt 23,2), es decir, con su autoridad propia, también los <> hablan en nombre de Cristo Jesús, con su autoridad propia: por medio de su Espíritu es como él sigue garantizando la auténtica fidelidad de la tradición y de la cadena apostólica de los Discípulos dentro de las comunidades reunidas en su nombre y estructuradas en torno a los sucesores auténticos de sus <>” (p. 35).
Analizando al primer historiador cristiano -Eusebio de Cesarea (Hist. Eccl.)- donde él habla de Policarpo, los autores dicen: "Se reconoce ya desde el principio el vocabulario de la tradición: <>, pero lo más significativo es lo que se dice de la enseñanza de Policarpo. Efectivamente, Ireneo indica que Policarpo refería al mismo tiempo los hechos y las obras del Señor transmitidos por los testigos oculares de la vida de Jesús y sus enseñanzas transmitidas de memoria; Policarpo lo recibió todo esto y lo enseñaba en conformidad con las escrituras, que son aquí evidentemente las Escrituras en sentido estricto, la Torá escrita; Ireneo observa que a su vez también él memorizó esa tradición en su corazón y no en un cuaderno, rumiándola sin cesar.
"Ireneo insistirá más tarde en la sucesión legítima de los <>, que son los obispos en cada una de las Iglesias de Dios repartidas por todo el mundo…. A este orden es al que dan su asentimiento muchos pueblos bárbaros que creen en Cristo: Poseen la salvación, escrita por el Espíritu sin papel y sin tinta en sus corazones, y guardan escrupulosamente la antigua tradición, creyendo en un solo Dios,… Los que sin letras han abrazado esta fe son bárbaros en cuanto al lenguaje… Gracias a la antigua tradición de los apóstoles, rechazan hasta el pensamiento de cualquier invención mentirosa de los herejes (Ireneo Adv. haer., III, 4,1-2)” (pp. 45-46).
por Makf | 8 Abr, 2026 | Apologética 13
Autor: P. Lic. Carlos D. Pereira, IVE | Fuente: iveargentina.org or: Xavier Villalta
Estudio de un caso: La muerte del gigante Goliat.
A veces se sostiene que existen contradicciones en la Sagrada Escritura, debido a que se presentan versiones o tradiciones distintas -y a veces incluso contrapuestas- sobre un mismo hecho.
¿Como congeniar esta postura con la de inspiración bíblica (que toda la Sagrada Escritura tiene a Dios por Autor principal), y sobretodo con la de inerrancia de la Sagrada Escritura (que esta no es inexacta ni enseña cosas fraudulentas)?
Nuestra posición es la siguiente: Antes de afirmar con toda prisa que existen contradicciones, es necesario estudiar en detalle los textos en cuestión, y ver si no es posible lograr armonizarlos o explicarlos de modo que la aparente contradicción se salve. Esa debería ser la labor de un exégeta católico, y esto no implica ningún "a priori" de carácter apologético.
Hay que estudiar si la armonización o estudio comparado es posible, y si lo es, explicarlo de tal modo. Muchas veces se tiene una confianza a toda prueba en los estudios exegéticos cuando estos llevan a encontrar problemas en el texto sagrado -que muchas veces quedan irresueltos- y no se la tiene en cambio cuando se trata de estudios que intentan resolver dichos problemas. Esa falta de confianza infundada constituye en sí misma un verdadero "a priori".
En el presente artículo, estudiaremos un caso concreto de aparente contradicción en el Antiguo Testamento, y esbozaremos un principio de solución. Queda abierto el campo para el disenso o la polémica, pero en cada caso será necesario presentar los argumentos, como intentamos hacerlo aquí.
La muerte del gigante Goliat
En la Biblia existen aparentemente dos relatos de la muerte de Goliat, el gigante filisteo de Gat. El primer relato es bien conocido por nosotros. Es la famosa hazaña de David, hijo de Jesé, quien empieza justamente a cobrar fama a partir de la victoria sobre el gigante filisteo.
El relato es sumamente colorido y lleno de hermosos detalles, los cuales lo convierten justamente en uno de los pasajes más pintorescos del Antiguo Testamento. Lo encontramos en 1 Samuel 17 y no tiene paralelo en el libro de las Crónicas.
Existe en cambio un segundo relato, muy breve, ya que se trata sólo de una información, en el cual se afirma que un tal Elcaná da muerte a Goliat. Así en 2 Samuel 21,19, donde Elcaná, hijo de "Jaare-Oregim" (literalmente: bosque de los tejedores), betlemita, mata a Goliat, de Gat.
Este relato tiene su paralelo en las Crónicas, exactamente en 1 Crónicas 20,5, sólo que esta vez se afirma que Elcaná, hijo de Jaiir (también bosque) da muerte a Lahmi, "hermano de Goliat, el de Gat".
Una afirmación común sostiene que existen dos tradiciones de la muerte de Goliat. En realidad, de existir dos tradiciones, habría que explicarlas como insertas en un mismo libro, o sea el segundo de Samuel, ya que si tomamos el paralelo de Crónicas, este podría perfectamente conjugarse con el primer relato de la muerte de Goliat en manos de David.
David mató a Goliat, y esto fue un hecho que se comentó por años, debido a sus grandiosas características, y luego Elcaná mató al "hermano de Goliat", al cual se lo presenta como tal para que el público recuerde la gesta gloriosa de David. Todo lector de Crónicas sabe quien es Goliat. En este caso no habría dos tradiciones, sino dos relatos diversos de dos hechos distintos.
Que el texto de Crónicas y el de 2 Samuel son paralelos no cabe duda, pues se asemejan muchísimo, y están encuadrados en un mismo contexto. Que el de 2 Samuel 21,19 haya recibido influencias del famoso texto de 1 Samuel 17 (David y Goliat) tampoco parece posible negarlo, pues hay grandes semejanzas. Por ejemplo, en 1 Sam 17,7 se afirma que "el asta de su lanza era como rodillo de tejedor".
Lo mismo se afirma en 2 Sam 21,19, aunque con un pequeño problema textual, ya que el término "hets" (asta) se encuentra sustituido por "ets" (leño o tronco), excepto para dos manuscritos, que según la Biblia Hebraica Stuttgartensia estarían bajo la influencia del texto de 1 Samuel. De modo que sea quien sea, el que escribió ese versículo en el segundo libro de Samuel "no podía ignorar la historia de 1 Samuel", y probablemente en parte se inspiró en ella.
Si su pretensión hubiese sido colocar otra versión de la muerte de Goliat, "sabría perfectamente que estaba contradiciendo la primera", y sería un caso extraño en la Biblia, que un hagiógrafo haya pretendido "voluntariamente" contradecir a otro, sabiendo ambos que estaban manejando un texto considerado sagrado.
El paralelismo entre 2 Sam 21,19 y 1 Crónicas 20,5 es más que evidente. Generalmente se supone que Crónicas tiene ya conocimiento de Samuel, ya que es muy posterior, incluso estilísticamente.
En el texto de Crónicas no hay problema textual respecto a "ets" (leño o tronco), como si lo hay en el de 2 Samuel, según hemos visto. Se deberá sin duda a la influencia de 1 Sam, pero teniendo en cuenta el hecho que sólo dos manuscritos han corregido la lectura sobre la base de dicha influencia, permaneciendo el resto tal como se halla en Crónicas, esto nos puede sugerir al menos la posibilidad que el versículo de 2 Samuel dependa también de Crónicas en este sentido; quizás la redacción definitiva de este versículo de Samuel, tal como la tenemos hoy, suponía probablemente el versículo de Crónicas ya redactado. Este dato nos será de sumo interés.
Hay otro problema más de texto en 2 Sam 21,19, respecto al término "beGob" ("en Gob", siendo Gob el nombre del lugar donde se desarrollaron las luchas entre los filisteos e Israel). Algunos manuscritos colocan "en Nob" -según aparece sólo tres versículos más arriba, en 2 Sam 21,16- y las versiones griegas presentan "en Rom" o "en Rob".
Lo mismo aparece en el versículo anterior (2 Sam 21,18), donde también algunos manuscritos corrigen por "en Nob", y las versiones griegas por "en Geth" o "en Garzel", que es el nombre griego de "Gezer". Curiosamente, en el paralelo de 1 Crónicas 20,4 (que es el versículo anterior al que hemos analizado en dicho libro, y por lo tanto forma parte de su contexto), se lee "en Gezer", sin problemas textuales.
Los dos problemas textuales (que no se dan en Crónicas) llevan a suponer que el texto de 2 Sam 21,18-19 parece inseguro, y además "se halla muy probablemente influenciado por el de 1 Crónicas 20, 4-5".
Con respecto al nombre de Elcaná, los dos textos difieren en algo. 2 Sam 21,19 lo presenta como "Ben Yaaré Oregim"; "hijo del bosque de los tejedores", y a continuación añade "bet halahmi", o sea "betlemita", mientras que 1 Crónicas 20,5 lo presenta como "Ben Yaiir" (hijo del bosque), seguido del objeto directo, especificando que "mató a Lahmi, hermano de Goliat, el gadita".
Notemos la semejanza entre "bet halahmi", que significa "betlemita", o sea de Belén, y el nombre "Lahmi", que se da aquí como nombre propio. Lo que queremos afirmar es lo siguiente: En Crónicas no aparece ninguna indicación que Elcaná fuera betlemita sino que mató a Lahmi, "hermano" de Goliat. En 2 Samuel en cambio, mató a Goliat. Pareciera que existe un error en alguno de los dos textos.
Tanto la denominación "Ben Yaaré Oregim" como "Ben Yaiir" parecen extrañas como nombres propios. Parecieran más bien nombres que expresan cualidades, más cuando vemos otros dos versículos, uno en 2 Sam 23,24 y otro en 1 Crónicas 11,26, en los cuales se afirma que "Elcaná era hijo de Dodó, de Belén". Es importante hacer notar que estos dos textos últimos "no son paralelos", y si bien el de 2 Sam 23,24 tiene como contexto las últimas andanzas de David y es posterior a lo que estamos tratando, el de 1 Crónicas 11,26 es en cambio anterior, de los comienzos de las andanzas de David.
Allí la intención es presentar Elcaná (en una lista donde se presentan treinta laureados de David), y se lo hace con el nombre propio de su padre, como era costumbre; esto es, "hijo de Dodó". El hecho que ambos versículos últimos hagan relación, el uno al inicio de la historia de David como rey, el otro al final de la misma, es una prueba de que nos referimos siempre a un solo "Elcaná", valiente de David, hijo de un padre llamado Dodó, que por otra parte era un nombre común (recurre en 2 Sam 23,9 y 21,15).
De modo que ni "Yaaré Oregim" ni "Yaiir" eran nombres del padre de Elcaná. En los dos versículos que hemos mostrado, la intención no parece ser "presentar a Elcaná" (ya presentado), sino dar alguna cualidad. Según la BHS y también el diccionario Anchor Bible, pareciese que "Yaaré Oregim" es una corrupción, donde se puede haber deslizado con mucha probabilidad un error diptográfico (ya que "Oregim" se vuelve a repetir en el versículo)[1].
Entendemos que puede ser así, aunque no necesariamente, ya que "Yaiir" aparece siete veces más en el Antiguo Testamento, siempre con el significado de "incitar, alzarse". De modo que puede significar en Crónicas otra cualidad, como "hijo de la incitación, del alzamiento", no necesariamente "del bosque", y no necesariamente depender de 2 Sam 21,19. De todos modos, tanto si lo llamamos "hijo del bosque de los tejedores" o "hijo de la incitación", siempre estaremos significando cualidades y no nombres propios. Agregar en dicho contexto que era "betlemita" (como lo hace 2 Sam 21,19), no parece tener demasiado sentido.
Aquí nos detenemos algo en analizar este nombre de "betlemita" (bethalahmi). En la Biblia, semejante término se utiliza sólo para Jesé, el padre de David, en 1 Sam 16,1; 1 Sam 16,18; 1 Sam 17,58. Sólo en 2 Sam 21,19 se aplica a otro que no sea Jesé. En cambio, para otros casos, como el de Dodó -que según dijimos era el nombre verdadero del padre de Elcaná-, se utiliza sólo el término "Bet Lehem" (2 Sam 23,24) o bien "mibet Lehem" (de Belén), en 1 Crónicas 11,26. Y hay también otros casos, en que se presenta con el nombre de Belén y no con el término betlemita, reservado sólo para Jesé.
De la forma que se emplea el término "Belén" en 1 Cro 11,26 y 2 Sam 23,24 puede entenderse que no sólo Dodó, sino el mismo Elcaná era betlemita, como parece haberlo sido efectivamente, de modo que el suponer que se lo llama "betlemita" en 2 Sam 21,19 es una suposición natural de hacer, y fácilmente un hagiógrafo pudo haberlo supuesto, no entendiendo bien que se trataba de Lahmi, hermano de Goliat, sino considerando que Elcaná betlemita, hubiese dado muerte realmente a Goliat. Así también lo supone el artículo ya citado, de Anchor Bible.
Siempre nos queda la duda de por qué este hagiógrafo no advirtió que se estaba repitiendo la historia de la muerte de Goliat. Pudo haber sido un error, o bien al no poseer el nombre propio, lo llamó por el nombre de su hermano, Goliat, cuya historia era ya famosa, y que probablemente se parecía físicamente, ya que los filisteos gigantes parecían ser comunes.
En efecto, en 1 Crónicas 20,6-7, después de lo acontecido con Elcaná, se afirma que Jonatán, hermano de David, mató a otro filisteo de gran talla, de Rafá, y en 1 Cro 11,23, Benaya, otro de los valientes de David, mató a un egipcio grande (Rafa está en la frontera con Egipto), cuya "lanza era también como rodillo de tejedor". La otra suposición, pensar que el hagiógrafo de Crónicas confundió el término "betlemita", de por sí extraño -nunca aplicado a otro que no sea Jesé-, con un tal nombre "Lahmi", y que además para justificarlo, tuvo que agregar que se trataba de un "hermano" de Goliat, sin haberlo advertido siquiera, parece mucho más remota.
En conclusión, nos parece lo siguiente:
- El texto de 2 Samuel 21,19 (segundo relato de la muerte de Goliat) depende en gran medida del relato conocido de 1 Sam 17 (historia de David y Goliat). Al menos, este último no podía ser ignorado, y en caso que existiese una contradicción (debida a la doble muerte de Goliat), esta "no podría haber pasado inadvertida para el hagiógrafo de 2 Sam 21,19", llamando poderosamente la atención en este caso, que no haya previsto el corregirla.
- El relato de 2 Sam 21,19 tiene su paralelo en 1 Crónicas 20,5. Hay por lo menos dos problemas textuales de 2 Sam que no se encuentran en este segundo texto (además de un tercero que es común a los dos), que nos llevan a pensar, en primer lugar "que el texto de 1 Cro 20,5 es más seguro que el de 2 Sam"[2], y en segundo lugar "que este segundo depende del primero", al menos en cuanto a tener conocimiento del mismo. (Lo cual puede suponer una redacción definitiva posterior).
- Los nombres del padre de Elcaná en los dos textos analizados son sólo nombres figurativos. El verdadero nombre es Dodó, ya que hay por lo menos otros dos textos que así lo afirman, siendo además dicho nombre un nombre común en la época y lugar. Esto lleva a suponer que cualquier otra especificación de tal nombre figurativo en dicho contexto, como decir por ejemplo que era betlemita, parece no ser demasiado coherente con el sentido de dicho versículo.
- Además, la denominación "betlemita" era por lo menos extraña, ya que sólo se aplica en la Biblia a Jesé, padre de David. Y en ayuda de esto, encontramos otros textos en los que a Dodó (y no sólo a él) se lo llama "de Belén", pero nunca betlemita. Esto y el punto anterior (3) llevan a suponer que "betlemita" en 2 Sam 21,19 es un "agregado".
- En 1 Crónicas 20,5 encontramos el nombre Lahmi, "hermano de Goliat", como el que fue realmente muerto por Elcaná. Observemos la similitud con Bet halahmi, "betlemita". Si hemos supuesto que este segundo es un agregado, posiblemente se trata de un error de copia o de audición. La ausencia en este segundo texto (el de 2 Sam 21,19) de una referencia al "hermano" de Goliat, puede deberse a un intento de armonización o corrección (se carecía del nombre propio).
- Careciendo del nombre propio, se lo pudo haber llamado "Goliat" en referencia a su hermano, cuyas características eran iguales (poseer una lanza cuya asta era como un rodillo de tejedor). Esto es importante, porque "prueba que en el texto de 2 Sam 21,19 se da verdadera inerrancia", aún suponiendo que existió realmente una inexactitud histórica. Pues el "hermano de Goliat pudo haber sido llamado con el nombre de su hermano", ya que se trataba de dos personajes símiles entre si y muy disímiles del resto, y además que "el padre de Elcaná era betlemita", "ya que efectivamente lo era" (hay dos textos independientes que afirman que Dodó era de Belén), sólo que el modo de afirmarlo en 2 Sam no es el correcto ni el usual.
Por todo esto afirmamos que, en nuestra opinión, no se puede hablar de dos tradiciones de la muerte de Goliat, sino sólo de dos hechos independientes: la muerte de Goliat por un lado, y la de su hermano por el otro, en manos de dos personas distintas y en momentos históricos muy distintos. Las características (algunas al menos) de ambos hermanos se parecen, lo cual pudo haber impresionado mucho en la mentalidad israelita, justamente para no olvidar que se trataba "de hermanos".
por Makf | 8 Abr, 2026 | Apologética 13
Autor: P. Eduardo María Volpacchio | Fuente: algunasrespuestas.wordpress.com
Charlando con un ateo me dijo que la biblia se contradecía y me dio algunos ejemplos, ¡tiene él razón?.
Charlando con un ateo me dijo que la biblia se contradecía y me dio algunos ejemplos:
1º Samuel 15.29 (RVR60)29 Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta.
Génesis 6.7 (RVR60)
7 Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho.
(siguen los ejemplos semejantes, que no cito aquí para no aburrir al lector).
En realidad, para responder a aquel ateo tendríamos que comenzar enseñandole qué es la Biblia, qué se encuentra en ella, y de qué manera se la interpreta.
Pero antes de entrar ese tema, me parece mejor que comiences aclarando el sentido de la discusión.
La discusión sobre ser creyente o ser ateo, no se basa en la Biblia.
El problema de la existencia de Dios va por otro lado: yo no creo en Dios porque lo diga la Biblia, sino porque la razón muestra que no existe otra explicación del mundo más razonable que Dios.
A fin de cuentas, para explicar la razón de la existencia del universo, sólo hay dos opciones:
1) El Logos: es decir, la Razón Creadora
2) La Irracionalidad (el azar).
No hay otra opción. Intentar explicar la existencia de un mundo ordenado matemáticamente (es por eso que las ciencias pueden existir: porque el mundo tiene una forma razonable) por la Irracionalidad es bastante poco razonable. Decir que lo razonable procede de la Irrazonabilidad requere bastante fe en la no existencia de Dios (¡eso sí que es fe!).
La primera opción es bastante más razonable que la segunda. A partir de allí, se puede comenzar a razonar cómo es ese ser Creador. Y después, uno descubrirá ¡con gran alegría! que no nos ha dejado sólos, sino que se nos ha revelado.
Nadie comienza a ser creyente porque lo convenzan en una discusión con citas de la Biblia. El hecho del conocimiento de la existencia de Dios, podríamos decir que es previo, no procede de la Biblia sino de la razón: es una cuestión racional.
Y al revés, nadie abandona la fe y termina ateo por aparentes contradicciones en la Biblia.
Sí es frecuente encontrar algún ateo buscando -y el que busca encuentra- contradicciones en la Biblia. Sería interesante conocer la motivación del interés de aquel amigo por la Biblia. Si es sincero o si solamente quiere plantearte objeciones sin mucha seriedad.
Como te das cuenta el tema da para varios temas.
En cuanto al problema de la coherencia interna de la Biblia, me limito a señalar algunos puntos:
1) No somos fundamentalistas (al menos los católicos, sí hay protestantes fundamentalistas), es decir, seguidores de un libro (los cristianos somos seguidores de Jesucristo). A lo largo de la historia Dios se ha revelado con hechos y palabras, pero sobre todo haciéndose hombre. La Revelación es la persona de Jesucristo. Nosotros somos seguidores de Dios hecho hombre.
La Biblia fue compuesta por diversos autores a lo largo de unos dieciséis siglos. Allí se nos trasmite la revelación (cuya plenitud, te repito es la persona de Jesucristo, no un libro).
No pensamos que Dios haya dictado palabra por palabra de la Biblia (cosa que sí piensa un fundamentalista), sino que Dios inspiró a los autores. A través de ellos nos habla. Entonces hay que ver qué pretendió escribir el autor y qué nos dice Dios a través de él.
Esto requiere estudio (por algo la Biblia es el libro más estudiado de la historia…) para saber interpretarlo. Es muy superficial discutir sobre la Biblia a base de ir tirando citas de versículos: así no se hace Teología: primero habría que demostrar que el pasaje dice lo que tu amigo afirma que dice…
2) Si te interesan los criterios de interpretación (te cuento que la Exégesis Bíblica es toda una rama muy amplia de la Teología), podés ver lo básico en la primera parte de la Exhortación Apostólica Verbum Domini (de Benedicto XVI, en el 2010).
Para nuestro caso nos interesa uno: la consideración de toda la Biblia: no se puede interpretar un versículo aislado del resto. La Sagrada Escritura es un libro, compuesto de muchos libros, criterio básico de interpretación es la coherencia interna. Es decir, que para entender un texto, necesitamos los demás. Así desaparecen muchas de lo que tu amigo presenta como contradicción.
3) Hay pasajes de la Biblia que cuentan acciones violentas o pecados. No son un problema, ya que los hombres cometemos pecados y acciones malas. Sí hay algunos hechos que requieren más estudio -te cuento que está todo superestudiado-, pero no creo que un ateo tenga los conocimientos escriturísticos, teológicos, históricos y literarios para resolverlos.
4) La Sagrada Escritura a veces habla de Dios en forma antromórfica: es decir, hablando de Dios como si fuera un hombre. Es un lenguaje figurado: así dice que formó al hombre con barro de la tierra, pero todos sabemos que Dios no tiene manos (es puro espíritu), de manera que nunca nadie se ha planteado interpretar eso en sentido literal. Lo mismo, muchos otros pasajes.
En fin, creo que con esto te ofrezo una introducción al tema (cada punto daría para seguir explicando muchas cosas).
por Makf | 8 Abr, 2026 | Apologética 13
Autor: Salvador Hernámdez | Fuente: Escuela de la Fe
La lectura de la Sagrada escritura nos pone en contacto con la auténtica Palabra de Dios.
“¿Has leído alguna vez la Biblia?” me preguntó. “Alguna vez…”, respondí y me dio una larga explicación sobre el Argamenón, sobre el fin del mundo…y que sólo me salvaría si seguí las enseñanzas de los setenta ancianos que guían a los auténticos Testigos de Gehová.
Yo le oía pensando ¿este hombre fue alguna vez católico, ¿conocía entonces la Biblia en la misma cantidad, al menos que en su actual secta? Pero hay más.
¿Cómo es posible sacar a la Biblia tantas conclusiones erróneas como las que este señor me dio en tan solo 10 minutos? ¿Qué fuerza recibe de la palabra de Dios, aunque sea mal interpretada, que le hace predicarla en cualquier oportunidad?
La Biblia es un regalo de Dios para mejorar nos como Cristianos pero podemos utilizarla mal. Necesitamos leer la Biblia e interpretarla correctamente para conocer mejor lo que Dios piensa sobre nosotros, sobre nuestras vidas y sobre Él mismo.
Los siguientes boletines presentarán algunas bases necesarias para leer la Biblia desde la distancia correcta. Porque es un libro muy distante a nosotros: en el tiempo, en la cultura, en la mentalidad, en los avances o retrocesos científicos, etc.
Un completo estudio Bíblico debe hacerse desde estos cuatro aspectos:
- Aspecto histórico: conocer la vida que rodeo la vida del escritor bíblico para comprender por qué escribió esas palabras y el verdadero sentido de sus enseñanzas.
- Aspecto literario: conocer el estilo en que escribía cada autor, para no cambiarle es estilo a sus escritos.
- Aspectos teológicos: conocer los mensajes de la Biblia con claridad y precisión. Es decir, conocer los principios y las normas fijas que Dios nos quiere enseñar con sus palabras, aunque las aplicaciones sean variadas según el pasar de los tiempos.
- Aspecto espiritual: conocer lo que Dios propone personalmente a cada uno de nosotros para ser mejores cristianos. Es quizá el aspecto que más nos interesa a cada uno. Pero necesitamos de aspectos anteriores porque si no tomamos en cuenta todos los aspectos acabaremos sacando conclusiones equivocadas.
Importancia de la Biblia en nuestras vidas
La lectura de la Sagrada Escritura nos pone en contacto con la auténtica palabra de Dios, como la lectura de la carta de un amigo, nos pone a platicar con nuestro amigo. Para que nuestra lectura de la Biblia sea verdadera plática y conversación provechosa con Dios, debemos entrar en diálogo con Él, antes que buscar la simple instrucción y el estudio estéril. Cuando escuches la voz de Dios, no te endurezcas ni le cierres las puertas de tu corazón.
Dios nos ha hablado
Es importante observar cómo en las religiones fundadas por los hombres, son el intento del hombre para llegar a Dios. En las religiones bíblicas como la judía y la cristiana, el proceso es a la inversión porque es Dios quien toma la iniciativa de venir y hablar al hombre. Es Dios quien sale al encuentro del hombre para conversar con él. Y lo consigue “en los libros sagrados el padre que está en los cielos sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos” (CIC N. 104).
Revelación, historia de la salvación y la Biblia
Podemos preguntarnos cuánto se interesa Dios por nosotros. A veces, le sentimos muy cerca. Otras nos parece un ser lejano, casi extraño. Pero Dios quiere entrar en contacto con los hombres. Porque ama infinitamente a todos y a cada uno de los seres humanos. Por eso, toda la iniciativa del diálogo. Y habla en lugares y momentos concretos. Habla en la historia con palabras y con acciones. Habla para salvarnos. Por eso llamamos historia de la salvación al conjunto de las acciones que Dios hace en la vida de los humanos.
Dios nos manifiesta como es Él, cómo somos nosotros y cuál es su plan para toda la humanidad. Es lo que llamamos revelación. Y se realiza valiéndose de los diversos mediadores humanos, en un proceso lento y gradual, con acciones y palabras que se explican y complementan mutuamente.
La Biblia, pues, es el conjunto de los libros que relatan los incidentes de la historia y el progreso de la manifestación de Dios a los hombres. Está dividida en dos grandes bloques: Antiguo y Nuevo Testamento, cada uno con sus características propias.
Inicio de la revelación
La fe nos enseña que Dios se manifestó desde el antiguo testamento. Su finalidad fue preparar la venida de Jesucristo, salvador de toda la humanidad. Esta preparación Dios la llevó a cabo de muchas maneras junto con su pueblo elegido. Así, personas, alianzas, profecías, nacimientos o muertes, forman parte de una revelación que se realiza poco a poco. Dios se va expresando de una manera pedagógica para que aún el más simple pueda comprender. Sus libros conservan un valor permanente por ser inspirados. Sus enseñanzas no pueden ser revocadas aunque contengan elementos imperfectos y pasajeros, porque son verdadera palabra de Dios (CIC. Nos. 121 y 122).
La revelación de Dios en el Nuevo Testamento
Podemos preguntarnos ahora: ¿Qué lugar ocupa Jesucristo en esta revelación de Dios a los hombres? Jesús es la palabra de Dios hecha carne (Jn 1, 14). Él vino a dar plenitud y cumplimiento y hacer más comprensible cuanto había sido revelado en el Antiguo Testamento. Dios no dice muchas cosas. Dios dice sólo un apalabra: su verbo único, en Él dice toda su plenitud (CIC. N. 102).
El Nuevo Testamento es, “la plenitud de los tiempos” (Gál 4,4; Lc 16,16). Da cumplimiento a todas las esperanzas sembradas durante todo el Antiguo. Y así constituye la nueva y definitiva alianza que nunca cesará (CIC 124). Por eso, no hay que esperar ya ninguna otra revelación de Dios por supuesto nuevos y falsos testigos, hasta la gloriosa manifestación del mismo Jesucristo al final de los tiempos. (1 Tim 6, 14; Tt 2, 13).
Dios nos sigue hablando hoy
También podemos preguntarnos si Dios se ha olvidado de nosotros y ha callado. La respuesta a esta interrogante está en considerar que la palabra de Dios es algo vivo y cercano. Que nos sigue interpelando a cada uno de nosotros: Lo hace básicamente de dos modos:
- Con las palabras: Dios se revela primeramente por palabras. Y sus palabras están escritas en la biblia. Ahí se contiene la palabra viva de Dios que ha resonado a lo largo de los siglos (Hb 4, 12-13). A través de esta palabra Dios habla sin interrupción con la Iglesia. De forma que, cuando en la Iglesia se lee la Sagrada Escritura, es Dios mismo que nos habla.
- En los acontecimientos: No es completa la lectura de la Biblia si no perdura el diálogo recíproco que en el transcurso de los tiempos se debe establecer entre el Evangelio y nuestra vida concreta, tanto personal como social.
Actitudes ante la palabra de Dios
Es legítimo leer la Biblia buscando sus bellezas literarias o culturales. Pero nosotros debemos preocuparnos principalmente del mensaje religioso. Porque este libro se hizo con espíritu religioso. El conocimiento de la palabra de Dios, sea escrita o narrada en acontecimientos, nunca debe dejarnos neutrales o indiferentes. Nos pide la obediencia de la fe en cada paso y momento de nuestra vida. Así se convierte en fuente de salvación para nosotros (Rm1,5; 16,26). Porque estos son los planes de Dios. Y más si tenemos en cuenta que nosotros somos actores de los hechos de la historia de la salvación en cierto sentido.
Ejercicio: responde las siguientes preguntas
¿Qué es la revelación?
¿Qué relación hay entre Revelación, Historia de la Salvación y la Biblia?
¿Cuál es la finalidad del Antiguo testamento?
¿Qué figura une al Antiguo y Nuevo Testamento, y en quién se cumple lo anunciado en el Antiguo?
¿Cómo sabemos que la Biblia es Palabra auténtica de Dios y no un invento humano?