15. Lucrecia Borgia, ¿cuál es la verdad sobre ella?

Autor: n/a | Fuente: Revista Cristiandad

Acusada de todos los crímenes y pecados imaginables para la carne y el espíritu…

Corrían los turbulentos años del gobierno anticatólico de Napoleón Bonaparte. Las aparicias conservadoras no disimulaban la infernal parodia que intentaba hacer del Sacro Imperio.

El espíritu de la Revolución Francesa se afianzaba con fingidos retrocesos e intimidantes golpes que la institucionaban poco a poco en los principios anticristianos.

Pero la violencia no conquista corazones. A lo sumo impone formas de vida que más tarde o más temprano van impregnandose en las mentes y se va asumiendo todo como normal. Pero no crea una cultura, una forma particular de ser, de pensar y de sentir que tenga resonancia con el deseo del opresor.

Es así como la agresión anticatólica se divide - como siempre - con ofertas que van desde los moderados y hasta pseudoconservadores a los más radicales y exagerados. Ambos extremos están destinados a desaparecer por la línea del medio, la que no quiere a los extremos pero no se opone al mal que se le propone.

Es así como el mal se sirve de las armas de apariencia más inofensiva, como son las artes. ¿Quién exige, acaso, rigor histórico, moral o fidelidad doctrinaria a una obra de arte? "¡Pero si están hechas para divertiros!", dirá el hombre moderno. Y sin embargo, sonreirá el artista, toda obra de arte expresa una idea, una idea cargada de simbolismo e ideología, de fuerza para cambiar e impactar al observador.

Victor Hugo y su creación de Lucrecia Borgia

El renombrado escritor francés Víctor Hugo (1802-1885) ingresa en escena. El mayor exponente del romanticismo decimonónico, lanza su teoría de lo grotesco como opuesto a lo bello. Tras su "Hernani", pone en las tablas la exitosa Lucrèce Borgia (1833). Intentó con dos obras más pero el fracaso de la última le alejó del teatro. Sin embargo serán Les Misérables (1862) y Notre-Dame de Paris (novela «gótica», 1831) los que le llevarán a la inmortalidad.

Dejamos al lector el estudio y juicio sobre semejantes panfletos desbordante de anticatolicismo. Son bellísimas obras de arte cargadas de veneno. No negamos su valor artístico: sólo cuestionamos su recalcitrante espíritu anticatólico para que se abandone el espíritu de falsa inocencia con que se contempla el arte.

Volvamos a nuestro asunto. Sobre una Lucrecia Borgia debilitada por algunos comentarios maliciosos e infundados lanzados por los enemigos políticos del papa Alejandro VI (su padre), Victor Hugo construye toda una leyenda negra venenosa y calumniosa hasta lo irreal y absurdo.

Gracias a su obra de teatro el bajo pueblo sacia sus oídos ávidos de morbosidad. Desalentado por sus infructuosas investigaciones deseosas de encontrar nombres y datos de los asesinatos ordenados o perpetrados por Lucrecia Borgia, el novelista cita a varios… ¡escogidos al tuntún!

En la introducción a Thèatre, de Víctor Hugo (Garnier-Flammarion, parís, 1979) el profesor d ela Universidad de Lovaina Raymond Pouilliar afirma: "Tomasi había escrito un libro, tres veces editado en francés, las Memorias para sevir a la historia de César Borgia, duque de valentinois; muy tarde, casi en el momento de su redacción, Victor Hugo encontró uno de estos ejemplares en la biblioteca real.

Los nombres italianos estaban afrancesados por el traductor de Tomasi; la Biografía Universal de Michaud los da en su forma original…" Esto es, toma los nombres de una Biografía universal que por muy gramnde que fuera no podía mencionar a todas las víctimas que le carga a Lucrecia.

Más delante (nota a la página 76) señala: "Hugo inventa parientes próximos para asegurar la existencia de vengadores". Toma algunos de entre los enemigos de Alejandro VI. En el colmo del peor dramón de su carrera literaria y el colmo de la ficción antihistórica, Victor Hugo hace que Lucreacia, en el último acto, envenene a su hijo Juan y a cinco amigos suyos… ¡y su hijo moribundo, en un acto de estremecedora justicia, la apuñala, matándola!.

Lo malo de esto es que pese al relativo poco éxito que tuvo la obra en Francia (estrenada el 2 de febrero de 1833), en el extranjero tuvo tal acogida que para diciembre ya la habñan convertido en ópera. Hugo demanda a Felice Romani - libretista - por plagiar de forma literal su obra. Donizzeti compuso la música y la estrenó en la misma Scala de Milán. Hugo impide que se estrene en París. La ópera es reconstruida y retitulada La Rinnegata (La Repudiada) y se estrena en 1845.

Otro colega de Victor Hugo, Alejandro Dumas, padre, también las emprende contra Lucrecia y le agrega todo el mito del veneno, extendiéndolo a ser un uso común en la familia. Un exéntrico Manuel fernández y González (1821-1888) publica un folletón titulado Lucrecia Borgia, Memorias de Satanás. Y así por delante.

Lucrecia era, a ojos de todos, el mismo demonio en persona. Pasada la moda de desprestigiarla, aparece en 1941 un panfleto con forma de libro titulado Lucrecia Borgia, la princesa de los venenos…

De nada habían servido los esfuerzos de un Giusepe Campori quien en 1866 publicó un hiperdocumentado estudio titulado "Una vittima della Storia: Lucrezia Borgia". Como si faltasen más pruebas, Ferdinand Gregorovius (Lucrecia Borgia, Stuttgart, 1874), renombrado experto en historia romana, añade nada menos que setenta y cinco nuevos documentos para acabar con el mito.

Las más recientes investigaciones publicadas demuestran que Lucrecia Borga no sólo no fue la infiel esposa como se dice (y aún sería poco esperable dada la vergonzosa corrupción de costumbres del Renacimiento) sino que jamás utilizó ni mandó utilizar un puñal, espada ni arma alguna.

Tampoco utilizó el mítico veneno d elos Borgia (la cantarella). Es más, en palabras del inmortal historiador inglés William Thomas Walsh, "Lucrecia (…) según la historia, documentos y memorias dignas de fe, era en su época una d elas mujeres más virtuosas y dignas de alabanza" (cfr. Isabel La Cruzada, Espasa Calpe Argentina, 1945)

Situándola en el marco de la historia

El amor a la verdad exige ser rigurosos y abiertos a todas las posibilidades que los hechos y sanos razonamientos nos vayan presentando ante los ojos. Por ello repasaremos brevemente la verdad histórica que envolvió a Lucrecia y a Alejandro VI.

Como origen debemos remontarnos poco antes, cuando el papa Calixto III (1378-1458) es entronizado en Roma. De origen español - obispo de Valencia - hizo frente a la invasión turca y a la agresión de las tropas otomanas. Rehabilitó la memoria de Juana de Arco mediante un nuevo proceso (1456).

El problema comienza con las justificadas acusaciones levantadas en su contra por las numerosas pruebas que dio de sostener nepotismo exagerado, al conceder muchos cargos y privilegios a los miembros de su familia, en especial a su sobrino Rodrigo de Borja, el futuro papa Alejandro VI (1431-1503).

Éste, español como su tío provenia de la familia Borja. Italianizaron su apellido adoptando el de tradicional Borgia. Prefecto de Roma, bajo Sixto IV fue nombrado legado papal, reconcilió a Enrique IV de Castilla con su hermana Isabel (1472). Logró rechazar a Carlos VIII de Francia de los Estados Pontificios, y después se alió con Luis XII.

En 1493 promulgó una bula fijando la línea alejandrina, que determinó la divisoria del Nuevo Mundo entre Castilla y Portugal. Favoreció a sus hijos (habidos sacrílegamente de Vanozza Catanei), en especial a César y a Lucrecia.

De Alejandro VI se ha dicho demasiado y se ha calumniado tanto su memoria como a la de su hija. Las calumnias, básicamente, se popularizaron cuando el hereje y apóstata Savonarola predicaba un miserabilismo pre-calvinista comenzó a gritar por las calles que todo quien siguiera al papa era enemigo de Cristo y profetizaba por doquier.

"Yo os aseguro, in verbo Domine, que este Alejandro no es en absoluto Papa y no debe ser tratado como tal", sostenía. Llegó a sostener que habia comprado el cargo y que ni siquiera creía en Dios. La gente sencilla se escandalizaba, pero la verdad es que pese a sus pecados personales, la doctrina que enseñó fue fidelísima a la Tradición y a la Revelación y aún manifestaba una gran y tierna devoción por la Santísima Virgen.

Recordemos que ya nos encontramos en el Renacimiento y que las luchas de poderes se daban ya no por motivos religiosos sino por motivos viles, materiales y humanos.

Las "familias" o Casas asesinaban, calumniaban, corrompían o exiliaban conforme necesitaban para asegurar y aumentar su poder. Por eso los enemigos políticos de la casa de los Borgia (favorecida en demasía, como ya hemos dicho, desde el gobierno de Calixto III) azuzaban al pueblo con historias de simonía, de inmoralidad y de corrupción. Vicios creíbles en tanto que eran harto frecuentes en esa época.

Alejandro VI fue proclamado tras haber servido como fiel y sagaz Canciller del Papa. Unió, como dijimos, a Europa contra los turco e inició un programa de reformas para Iglesia.

Pero lo que originó las gravísimas e infamantes calumnias dirigidas contra sus hijos César y Lucrecia, fue el haber iniciado el plan de centralización y de unificación de Italia, conforma se estilaba en la Europa del momento. Esto significó, de paso, arrasar con las noblezas y poderes corruptos que oprimían duramente al pueblo. Así actuó Luis XI en Francia, Enrique VII en Inglaterra, Isabel y Fernando en España. Trayendo orden a la anarquía renacentista, los nobles y reyezuelos despojados, nada creyeron demasiado vil como para decir del Papa y su familia.

Lucrecia fue víctima de las intrigas, la casaron y descasaron según conveniencias de la política circunstancial. Salvó de la muerte a su primer marido, se enamoró y vivió feliz con el segundo que le designaron, soportó las infidelidades del tercero con dignidad… y el final de su vida fue ejemplar.

Quizá fue frívola y ligera como las mujeres de su época. Pero ya con su tercer matrimonio se dedica a asistir al teatro, a leer mucho, a divertir con su presencia: era elegante, culta (hablaba italiano, español, latín y griego), bella, y con mucha clase. Se dedicaba a obras de caridad, visitaba hospitales y hospicios, asistiendo personalmente a los dedichados y enfermos. Les levantaba la moral con sus cuidados, sus dádivas y alegre presencia.

Los ultimos años de su vida se retiraba con frecuencia a pasar largas temporadas al convento de San Bernardino.

Su muerte fue producida por un alumbramiento complicado. Una sietemesina fue la causa de su muerte. Tras nueve días de fiebre, murió con el consuelo de los sacramentos y rodeada del amor familiar que comenzaba a disfrutar.

14. ¿Existió la papisa Juana?

Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net

Parece que el núcleo de la historia fuera un relato popular romano que desembocó en una serie de circunstancias consideradas muy sospechosas.

Se trata de una leyenda que se remonta al s. XIII (Crónica Universal de Metz), y que trata de hacer existir a este personaje en siglos diversos, sin que haya mucho acuerdo en las fechas (siglos IX, X y XI) o en el nombre (Inés, Gilberta, Ute…).

Cuenta esta leyenda medieval que una mujer, para poder salir de la pobreza, vistió el habito de un monje muerto por la peste y se dedicó a predicar por los pueblos. Su fama creció tanto que más adelante tuvo su propia iglesia… después fue nombrada obispo…, cardenal…, y papa. Juana fue descubierta públicamente, ya que quedó embarazada y dio a luz durante una procesión.

Parece que el núcleo de la historia fuera un relato popular romano que desembocó en una serie de circunstancias consideradas muy sospechosas: como el que los Papas evitaran pasar por determinadas calles que eran angostas, o el supuesto hallazgo de la estatua de una joven que amamanta a un bebé, o una inscripción, o una teoría de que cada Papa elegido debiera someterse a pruebas que confirmasen su virilidad… Fue un motivo muy desagradable para atacar al papado durante el S. XIX.

Quien demolió las bases de esta leyenda fue precisamente un protestante, David Blondel (1590-1655), que publicó sus resultados en Ámsterdam en 1647 y 1657.

Esta vicisitud no necesita hoy ni siquiera la más mínima credibilidad, ya que no hay ningún indicio documentado que sea contemporáneo al mito para ninguna de las fechas que se sugieren.

Más aún, los hechos relacionados con esos períodos terminan por hacer imposible toda la historia. Es probable también que haya influido negativamente en todo esto la vida de mujeres sin escrúpulos, como las dos Teodoras y Marocia, durante el S. X.

Puede consultar las obras siguientes:

  • C. D´Onofrio, Mille anni di leggenda (Roma 1978).
  • La papesa Giovanna (Roma 1979).
  • M. Praz, La leggenda della papessa Giovanna.
  • A. Boureau, La papessa Giovanna, storia d´una leggenda medioevale (Torino 1991).

13. Los Papas Borgia

Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net

Los Borja se trasfieren a Roma con la elección de Calixto III y allí adquieren y consolidan su influjo en Italia con la elección de Dn. Rodrigo Borja al PapadoN.

Alfonso Borja es mejor conocido como el Papa Calixto III, nacido en Játiva, en 1378. Los Borja, en sus orígenes, se remontan a la casa aragonesa de los Borja del S. XII. A partir de 1455 los Borja se trasfieren a Roma con la elección de Calixto III (1455-1458). Allí adquieren y consolidan su influjo en Italia con la elección de Dn. Rodrigo Borja al Papado, Alejandro VI (1492-1503).

Quizá haya que matizar un tanto los términos con relación a Alfonso de Borja, ya que no era él una persona de dudosa reputación moral. Calixto III fue como cardenal y como Papa un personaje austero, profundamente piadoso y caritativo, aunque también un obstinado que no toleraba oposiciones de parte de los demás cardenales. Ello le llevó a favorecer a sus propios parientes y compatriotas, entre ellos el duque de Espoleto y Rodrigo, sobrino de Calixto, a quien hizo cardenal.

Gracias a Calixto se obtuvieron esporádicos éxitos contra los turcos en Belgrado, y en Lesbos (ambos en 1457), así como logró socorrer contra ellos a las diversas islas cristianas del Egeo. Desafortunadamente no fue muy benévolo con los judíos, pues reconfirmó las duras leyes que prohibían las relaciones sociales con ellos, que sus predecesores habían dejado de aplicar.

Alejandro VI, -Rodrigo Borja, el sobrino de Calixto-, también era oriundo de Játiva. En 1456 estudió en Bolonia, Italia por orden de su tío y en 1456 lo nombró cardenal, como ya se ha dicho previamente. Él sí logró acumular riquezas gracias a que ejerció el cargo de canciller de la santa sede. Llevaba una vida licenciosa y tuvo diversos hijos, los más famosos son los nacidos en la aristocrática romana Vannozza Catanei: Juan, César, Lucrecia y Godofredo. Ello no fue obstáculo para que Pío II le llamara ásperamente la atención por todos estos errores.

Era un hombre ambicios, enérgico y astuto. Llegó al Papado gracias a una desvergonzada corrupción y promesas de ricas promociones. Como Papa restableció el orden en la ciudad de Roma, reformó la curia y se esmeró por combatir el imperio turco. Cometió muchos errores, como el enriquecimiento de sus hijos: César, a quien nombró obispo de diversas sedes a los 18 años; a Juan le dio el ducado de Benevento y para Lucrecia preparó suntuosos matrimonios…

A la muerte por asesinato de su hijo Juan, juró que se dedicaría por entero a la reforma de la Iglesia, pero era inconstante y pronto cayó de nuevo en los placeres y maquinaciones familiares. El trato de Alejandro con Savonarola fue al inicio paciente, mas luego lo excomulgó, hizo torturar y ajusticiar (1498). Alejandro VI fue quien también hizo la demarcación sobre las posesiones de España y Portugal en el nuevo mundo; como favorecía a España, el acuerdo recibió una ulterior modificación con el tratado de Tordesillas de 1494.

A pesar de sus muchos y escandalosos defectos, era un gran sostenedor de la ortodoxia; también reformó monasterios, órdenes religiosas y misiones del Nuevo Mundo. Se cree que murió de malaria, aunque hay sospechas de que falleciera envenenado por error.

12. La verdad sobre el caso Galileo Galilei

Autor:  Xavier Villalta 

El caso Galileo Galilei ¿un error de la Iglesia?.

Galileo Galilei, generalmente conocido como Galileo, nació en Pisa el 18 de febrero de 1564 y murió el 8 de enero de 1642. Su padre, Vincenzo Galilei perteneció a una familia de notables quienes poseyeron una importante fortuna, él había ganado cierta distinción como músico y matemático.

A temprana edad Galileo manifestó su aptitud por las matemáticas y la mecánica, pero sus padres deseaban que se alejara de estos estudios que no prometían mayores ingresos y se dedicara a la profesión médica. Todo fue en vano, y durante su juventud decidió seguir la senda de su genio original, lo que le colocó rápidamente entre la primera categoría de los filósofos de la naturaleza.

Fue un gran mérito que Galileo felizmente combinara la experimentación con los cálculos, con ello se opuso al sistema prevaleciente en su tiempo. El mismo consistía en que en lugar de ir directamente a la naturaleza y la investigación de sus leyes y procesos, se hacía el aprendizaje por medio de la autoridad, especialmente la derivada de Aristóteles, quien se suponía había dicho la última palabra en esos asuntos.

Basándose en esos planteamientos se arribó a muchas conclusiones erróneas, las cuales dominaron durante mucho tiempo. Contra ese estado de circunstancias y de supersticiones se mantuvo Galileo de manera resuelta y vehemente. Eso hizo que lograra desacreditar muchas creencias que se consideraban incuestionables, pero a la vez se granjeó una tormentosa oposición e indignación por parte de quienes había desacreditado.

No sólo llegó generar formidables controversias sino también a refutar y confundir a sus adversarios. Por si fuera poco Galileo tenía una buena pluma y con ella ridiculizó a sus oponentes, llegando a exasperarlos.

Todo esto conllevo que enfrentara los innumerables problemas por los cuales es mayormente recordado en la actualidad. Tal y como Sir David Brewster (Martyrs of Science) indica, "La brillantez, por no decir la imprudencia, con la cual Galileo insistió en hacerse de enemigos, sirvió aún más para que estos últimos se alienaran de la verdad".

No obstante que en la mente popular, Galileo es recordado principalmente como un astrónomo, no fue precisamente en esta área en la cual realizó sus más substanciales contribuciones al conocimiento humano, tal y como es testificado por autoridades de la talla de Lagrange, Arago y Delambre. Sus mayores logros fueron en el campo de la mecánica y especialmente en dinámica, ciencia que se considera llegó a fundar.

Antes de cumplir 20 años de edad, sus observaciones en la oscilación de una lámpara colgante en la Catedral de Pisa, le condujeron al descubrimiento de los movimientos isocrónicos del péndulo, teoría que utilizaría unos cincuenta años más tarde en la construcción de un reloj astronómico. En 1588, la formulación de un tratado sobre gravedad en los cuerpos sólidos le valió la denominación del Arquímedes de su tiempo, y le aseguró una cátedra en la Universidad de Pisa.

Durante los siguientes años, aprovechando la existencia de la torre inclinada, condujo la experimentación de la caída de los cuerpos y demostró la falsedad de una máxima peripatética, aceptada sin ninguna duda hasta entonces, según la cual la velocidad de caída era proporcional al peso de los objetos.

Esto provocó una tormenta en la reacción por parte de los aristotélicos quienes no aceptaban ni aún hechos que contradijeran los dictados de su maestro. Galileo, en vista de estos problemas y de otros que había generado, consideró prudente dejar Pisa y trasladarse a Florencia, el lugar de origen de su familia. Debido a la influencia de amigos del Senado de Venecia, fue nombrado en 1592 como presidente del área de matemáticas de la Universidad de Padua, posición que ocupó, con creciente renombre, durante 18 años.

A partir de allí se estableció definitivamente en Florencia donde fue nombrado filósofo y matemático extraordinario del Gran Duque de Toscania. Durante todo este período, y ya próximo a concluir su vida, fue infatigable su investigación de la naturaleza en sus múltiples campos. Dando seguimiento a sus experimentos de Pisa y otros respecto a planos inclinados, Galileo fue capaz de establecer las leyes de caída de los cuerpos tal y como se conocen en la actualidad.

También formuló las leyes de los proyectiles, y en gran medida anticipó las leyes del movimiento, las que finalmente fueron formuladas por Newton. Galileo estudió las propiedades de ondas cíclicas e intentó resolver el problema asociado con su cuadratura, también utilizó los "infinitesimales", siendo el primero que introdujo su uso y con ello creando uno de los principios en que posteriormente se desarrollaría el cálculo en matemáticas.

En el campo de la estática Galileo dio la primera demostración directa y completa de las leyes del equilibrio y del principio de las velocidades virtuales.

En hidrostática, él estableció las bases para el principio de la flotación, inventó el termómetro (termómetro lento). Aunque algunas veces se sostiene lo contrario Galileo no inventó el microscopio.

Aunque son muy famosos sus descubrimientos astronómicos, no son ellos los que constituyen su aporte más substancial. En este sentido su mayor aporte fue indudablemente la práctica invención del telescopio.

A principios de 1609 Galileo tuvo noticias de que un óptico holandés llamado Lippershey, había producido un instrumento que permitía ver de manera ampliada objetos distantes. Galileo estudió los procesos que estaban involucrados y sus principios, y se dice que luego de una noche completa de estar trabajando en los principios de la refracción de la luz, tuvo éxito en construir un objeto capaz de aumentar tres veces la visión de objetos distantes. Esa capacidad de visión rápidamente se aumentó a treinta y dos veces.

Este instrumento permitió a Galileo desarrollar sus observaciones y sus descubrimientos en el firmamento, los cuales fueron adquiriendo cada vez mayor significado. La luna, por ejemplo, fue vista, no como lo creían los antiguos astrónomos, como una esfera perfecta, o bien de naturaleza diferente a la de la tierra, sino que nuestro satélite posee colinas y montañas similares a los de nuestro planeta. Fue posible ver que el planeta Júpiter tiene satélites, como demostrando la existencia de un sistema solar en miniatura. Con ello se apoyaba la doctrina de Copérnico. Se había indicado para ese entonces, que si los planteamientos de Copérnico eran ciertos, esto implicaba que los planetas interiores -mercurio y venus- debían tener fases similares a las de la luna.

Antes de los aportes de Galileo la controversia llevó a establecer que esos planetas interiores eran transparentes y que los rayos del sol pasaban a través de ellos. Con los descubrimientos de Galileo se pudo detectar las fases de esos planetas y se volvió a replantear el debate en torno al Copernicanismo. Finalmente, se pudo ver con claridad las manchas solares. A partir de ello, Galileo pudo probar la rotación de la estrella y que por tanto la misma no tenía una posición inamovible, tal y como algunos aseguraban.

Antes de esos descubrimientos, ya Galileo había abandonado los preceptos de Ptolomeo para adherirse a los planteamientos de Copérnico. Pero, tal y como lo confesó posteriormente a Kepler en 1597, él había evitado tal identificación por temor a ser víctima del ridículo, tal y como había ocurrido con Copérnico. Con sus descubrimientos, Galileo se sintió con la seguridad de salir públicamente en defensa de los postulados de Copérnico. Con ello no sólo se aseguraba la creencia más generalizada en los aportes copernicanos, sino que también Galileo ganaba la más prominente posición como astrónomo de sus época. Quizá el más grande astrónomo de todos los tiempos.

Esos elementos fueron la causa de su lamentable controversia con las autoridades eclesiásticas, lo que levantó graves cuestionamientos. Es necesario entender en este punto la posición exacta. Los brillantes descubrimientos que Galileo realizó mediante el descubrimiento del telescopio dieron, sin embargo, poco empuje al avance teórico de esta ciencia.

Como se ha dicho en varias ocasiones, los aportes más teóricos en astronomía fueron hechos por un astrónomo contemporáneo de Galileo: Kepler. Este avance kepleriano no fue completamente reconocido o bien fue ignorado. Es casi inconcebible, tal y como lo refiere Delambre, que Galileo no hiciera mención de las leyes keplerianas. Las primeras dos de ellas fueron dadas a conocer en 1609 y la tercera 10 años más tarde. Estos últimos aportes fueron determinantes en establecer las bases que posteriormente permitirían a Newton formular los principios de la mecánica celeste.

Con los descubrimientos de Galileo se tuvo clara prueba de la mayor validez de los principios de Copérnico -base heliocéntrica- por sobre los de Ptolomeo y otros astrónomos antiguos los que sostenían el principio geocéntrico del universo. Sin embargo, esos aportes no pudieron convencer a otros ilustres e importantes astrónomos como Tycho Brahé (quien no vivió para ver el telescopio), y Lord Bacon, quien murió aún no creyendo la validez de los planteamientos galileanos. Milton, por su parte, quién visitó a Galileo ya a avanzada edad (1638), aparece como mediatizado en su criterio. Existen pasajes en su gran poema que favorecen planteamientos de ambos sistemas.

Entretanto, la explicación del fenómeno de las mareas, permitió a Galileo dar una prueba del fenómeno de rotación de la tierra sobre su eje. Hoy día este aporte es universalmente reconocido como un grave error. Galileo falló en establecer la influencia de la luna en tal fenómeno tal y como posteriormente lo demostraría Newton.

Respecto a los cometas también Galileo sostuvo erróneamente que se trataba de fenómenos atmosféricos, tales como los meteoros. Tycho ya había adelantado la falsedad de esos planteamientos que se presentaban como una solución para el sistema anti-copernicano.

A pesar de las deficiencias de sus argumentos, Galileo planteó sus propuestas con tal vehemencia que logró convencer a muchos, contribuyendo de esa manera a crear las condiciones que amargaron buena parte de su vida. En este sentido, no obstante, es conveniente subrayar dos aspectos.

Primero el aspecto quizá más conocido, que la hostilidad que recibieron las teorías copernicanas se debió al deseo de la iglesia de mantener a la gente en la ignorancia. Ese punto no tiene sólida sustentación si se toma en cuenta que la iglesia fue la institución por excelencia que estuvo preocupada por el conocimiento durante siglos, todo ello a pesar de los errores de método en que la iglesia haya caído. La representación más clara de esto es que los religiosos insistían en el carácter geocéntrico del sistema solar.

Aún así fue un hombre de iglesia: Nicolás Copérnico quien avanzó la idea de que el sistema solar giraba no en torno a la tierra sino con respecto al sol y que nuestro planeta se mantenía en rotaciones sobre su propio eje. Su trabajo más representativo "De Revolutionibus orblure coelestium", fue publicado a requerimiento de dos influyentes hombres de la iglesia: el Cardenal Schomberg y del Arzobispo de Culm, Tiedemann Giese.

La obra contó con la autorización del Papa Paulo III, a efecto de que –tal y como lo reconoció Copérnico- la obra fuera protegida del casi seguro ataque que iba a enfrentar por los "matemáticos" (filósofos), debido a su aparente contradicción contra lo que percibía la percepción humana y el sentido común. Se agregó también que no se tenía recuento de objeciones que se podía hacer con base en las escrituras.

Ciertamente, durante unos 75 años no se originaron contrapropuestas por parte de la Iglesia Católica, aunque Lutero y Melanchthon condenaron el trabajo de Copérnico en términos desmedidos. Ni Paulo III, ni ninguno de los nueve papas que le siguieron, ni la Congregación de Roma, hicieron ver ninguna alarma, tal y como si fue originado por el propio Galileo en 1597. Quien, hablando de algunos de los riesgos que podría tener el apoyo a Copérnico, ridiculizó planteamientos sin decir nada de persecución. Aún cuando él ya había realizado sus grandes descubrimientos, nada cambió en este sentido.

Por el contrario, cuando Galileo llegó a Roma en 1611, fue recibido con pompa de triunfador. Todos, tanto clérigos como laicos trataron de verlo y su telescopio fue colocado en los jardines Quirinales pertenecientes al Cardenal Bandim. Galileo exhibió las manchas solares ante un pontífice admirado. No fue sino hasta unos cuatro años más tarde que surgieron los problemas entre los clérigos debido a la vehemencia con la cual en ese entonces, Galileo defendía las tesis de Copérnico. Es absurdo mantener que la oposición se debió a que se oponían a que las gentes fueran iluminadas por la verdad científica.

Existen evidencias firmes de que para Bacon y otros, las nuevas enseñanzas eran radicalmente falsas y acientíficas. Galileo además no contaba con suficientes pruebas para lo que afirmaba de manera tan vehemente. Según el profesor Huxley, después de examinar esta situación concluía que los oponentes de Galileo tenían en cuanto a argumentos, "lo mejores".

Sin embargo lo más notorio, fue la insistencia con la que se deseaba dar créditos a los planteamientos con base en las sagradas escrituras, quienes representaban la máxima autoridad en asuntos de amplio alcance incluyendo planteamientos científicos. Por lo tanto, al establecerse el curso del sol en la Oración de Josué, o que la tierra era inmovible, se asumió que las doctrinas de Copérnico y Galileo estaban contra las escrituras, y por lo tanto eran herejías. Era evidente ya aún en los días de Copérnico, que la Reforma se mantenía sospechosa ante toda interpretación de la Biblia, lo que no fue exactamente suavizado por Galileo y su aliado Foscarini en el sentido de encontrar argumentos positivos para el Copernicanismo.

Foscarini era un fraile Carmelita de noble linaje que había dirigido los destinos de Calabria como provincial y tenía considerable reputación como predicador y teólogo.

El mismo se lanzó a la defensa de Copérnico con gran evidencia y lo hizo buscando argumentos en el Candelabro de Siete Velas de la Antigua Ley. Especialmente él provocó la alarma al publicar trabajos en lenguaje vernáculo lo que contribuyó a no pocas confusiones entre el pueblo incapaz de formarse una opinión y de hacer juicio de los planteamientos. En ese tiempo había un partido de escépticos en Italia, quienes se oponían toda forma de religión, y tal y como David Brewster lo reconoce (Mártires de la Ciencia), no hay duda de que este partido lanzó su apoyo tras las posiciones de Galileo.

En esas circunstancias, sabiendo que su doctrina había sido presentada como contra la Iglesia, Galileo viajó a Roma en diciembre de 1615. Allí fue cortésmente recibido. Ante el tribunal de la Inquisición él fue oído y luego se declaró que sus postulados eran científicamente falsos y contra las escrituras, es decir heréticos.

Con base en ello se declaró que Galileo debía abandonar sus teorías, cosa que hizo, prometiendo que no insistiría en esas enseñanzas. Luego se firmó el decreto de la Congregación del Indice del 5 de marzo de 1616. En el mismo se prohibían varios trabajos considerados heréticos a los cuales fueron agregados cualquiera que apoyara el sistema de Copérnico. En ese documento no se mencionan los trabajos de Galileo. Tampoco se tiene el nombre del papa, aunque se sabe que se contaba con la aprobación del pontífice en las sesiones previas de la Inquisición.

En este sentido es indiscutible que las autoridades eclesiásticas cometieron un grave y deplorable error, y sancionaron junto con falsos principios, el propio uso de la escritura. Tanto Galileo como Foscarini promovieron que la Biblia tenía por intención enseñar como la humanidad va al cielo, no como el cielo funciona. Al mismo tiempo debe recordarse que no se hacían objeciones al sistema copernicano y que el mismo mostraba en esa época pocas pruebas. No se ponía por otro lado objeción a que esa hipótesis explicaba en términos más simples lo que constituía el tema de presentación del sistema de Ptolomeo, y que para motivos prácticos podría ser adoptada por los astrónomos. Lo que si se objetaba era que el sistema de Copérnico era la verdad, "lo que contradecía la escritura".

Es claro además que los autores de ese escrito no pretendían ser absolutistas ni irreversibles. El Cardenal Bellarmino, el más influyente miembro del Colegio Sagrado, escribió a Foscarini promoviendo que tanto este último como Galileo debían demostrar como su sistema explicaba los fenómenos celestiales –una propuesta no excepcional y que estimula las aplicaciones prácticas- sin embargo se indicaba que no se debía contradecir a la Biblia:

Si se indica que el sol está en una posición central, inamovible y que es la tierra la que gira alrededor de él, se hace necesario, entonces, cuidadosamente, proceder a la explicación de los pasajes de la escritura que aparecen contrarios a este principio, y debemos decir más bien que estos principios han sido mal interpretados, en lugar de declararlos falsos en la demostración.

Por medio de este decreto tanto el trabajo de Copérnico fue prohibido como el de la "Epitomía" de Kepler, pero en ambos casos solamente donec corrigatur, la propuesta era presentar los sistemas como hipótesis y no como hechos definitivos. Se estableció luego que esos trabajos bien podrían ser leídos completamente por los entendidos en la materia "los preparados y hábiles en la ciencia" (de Remus a Kepler).

De acuerdo a von Gebler, parece que Galileo tomó el decreto de la Inquisición con frialdad hablando con satisfacción acerca de los cambios en el sistema de Copérnico. El se fue de Roma, evidentemente, con la promesa de violar la promesa que había hecho, y mientras desarrollaba otras ramas de la ciencia, no perdió oportunidad de manifestarse por el sistema que había declarado no aprobar.

No obstante, cuando visitó Roma de nuevo en 1624, fue atendido con lo que se describió como una "noble y generosa recepción". El papa actual de ese momento Urbano VIII, había sido su amigo, tanto como el Cardenal Barberini y se habían opuesto a la condenación de 1616. Se le concedió una pensión a la que como extranjero no tenía derecho, y que de acuerdo a Brewster, debe considerarse como un respaldo a la ciencia en si misma. Pero para decepción de Galileo, Urbano no anuló el juicio de la Inquisición.

Luego de su regreso a Florencia, Galileo se dedicó a componer el trabajo que reavivó y agravó las viejas animosidades. Se trató de un diálogo entre un ptolomista que es confundido por dos copernicanos. El libro fue publicado en 1632 y era plenamente inconsistente con su promesa anterior. La autoridades en Roma lo consideraron como un reto. Por tanto fue citado de nuevo frente a la Inquisición y otra vez falló en mantener el valor de sus opiniones, declarando que desde 1616 no había apoyado la teoría de Copérnico. Tal declaración como era de esperarse, no fue tomada con seriedad y a pesar de ello, fue encontrado "vehementemente sospechoso de herejía" y a ser encarcelado a disposición del tribunal, además debía recitar los Siete Salmos Penitenciales una vez a la semana durante tres años.

Aunque la condena de prisión se mantuvo hasta la muerte de Galileo en 1642, no es apropiado hablar de él como de un prisionero. Como su "biógrafo protestante", von Gebler, nos dice: "un vistazo a lo que verdaderamente ocurrió en los hechos de este famoso juicio, convencería a cualquiera de que Galileo estuvo veintidós días en el edificio del Santo Oficio (la Inquisición), y no en una celda con rejas, sino en un cómodo apartamento de un oficial de la Inquisión". Por lo demás se le permitió el uso de otros lugares como de retiro tales como casas de amigos, siempre confortables y lujosas.

No es cierto, como insistentemente se ha dicho, que fue torturado y enceguecido por sus prisioneros, aunque en 1637, cinco años antes de su muerte, llegó a quedar completamente ciego. En todo caso él rechazo ser enterrado en un lugar bendecido. Al contrario, aunque el papa (Urbano VIII) no autorizó que se construyera un monumento en su tumba, si envió sus bendiciones al hombre agonizante, quien fue finalmente enterrado en suelo bendecido en Florencia, en la iglesia de Santa Croce.

Finalmente, el famoso dicho de "E pur si mouve", supuestamente dicho por Galileo al levantarse luego de estar arrodillado, al renunciar al movimiento de la tierra, es una ficción, de la cual no se obtiene ninguna mención sino después de un siglo de su muerte, la que tuvo lugar el 8 de enero de 1642, el mismo año en que nació Newton.

Tal es en breve esta historia acerca de un famoso conflicto entre autoridades eclesiásticas y la ciencia. En relación a la misma, especial importancia se le ha dado a la conección de los hechos con la infalibilidad papal. ¿Se puede decir entonces que tanto Paulo V como Urbano VIII estaban tan comprometidos con la doctrina del geocentrismo que la impusieron como algo de fe, a partir de la iglesia, y que la decisión papal no fue cierta? Que ambos papas se mantuvieron contra Copérnico, es claro. Ellos creyeron que el sistema de Copérnico no estaba de acuerdo con la escritura y lo suprimieron. La pregunta, sin embargo, es si alguno de ellos condenó la doctrina ex cathedra. Esto no se hizo por parte de ambos pontífices.

En cuanto al decreto de 1616, hemos visto que fue promulgado por la Congregación del Indice, la cual no tiene ningún problema en cuanto a que se le demuestre su capacidad de falibilidad, este tribunal estaba absolutamente incompetente de hacer un decreto dogmático. Tampoco el caso está alterado por el hecho de que el papa aprobará la decisión de la Congregación in forma communi. Es decir que el propósito fue la prohibición en cuanto a circular los escritos que se consideraron hirientes. Tanto el papa como sus asesores pudieron haberse equivocado en ese juicio, pero eso no altera el carácter del pronunciamiento, o convierte al mismo en un decreto ex cathedra.

En referencia al segundo juicio, el de 1633, el mismo no tuvo un enfoque tan directo en la doctrina, como en la persona de Galileo, y en su actitud de no mantenerse fuera de la divulgación de las doctrinas copernicanas. La sentencia que se le dio claramente implicaba una condenación a las ideas de Copérnico, pero no se hizo un decreto formal acerca de este punto, y el mismo no tuvo la firma del papa. Esto no es solamente una opinión de teólogos, sino que también es corroborado por escritores quienes no pueden ser acusados de estar tendenciosamente a favor del papa.

El profesor Augusto De Morgan (Budget of Paradoxes) declara:

Es claro que lo absurdo fue el acto de la Inquisición Italiana, para la satisfacción privada y personal del papa –quien sabía que cualquiera que fuera el curso que las acciones tomaran no lo implicarían a él como papa- y no a la institución de la Iglesia.

Yvon Gebler (Galileo Galilei):

La Iglesia nunca condenó (el sistema copernicano) en absoluto, debido a que los Calificadores del Santo Oficio nunca significaron la Iglesia.

Conviene agregar que a Riceloll y a otros contemporáneos de Galileo se les permitió, luego de 1616, que la definición copernicana había sido dada a conocer por el pontífice. Más vital aún es la pregunta que originó el debate: "¿Significa la condena de Galileo que la Iglesia mantiene una oposición implacable al progreso científico y la ilustración?" Se puede indicar al respecto, junto al Cardenal Newman, que esta instancia prueba lo opuesto, explícitamente, que la Iglesia no ha interferido con las ciencias físicas, y que para el caso, lo de Galileo, es "el argumento de valor" (Apología 5).

El profesor De Morgan reconoce ("movimiento de la tierra" en la English Cyclopedia):

El poder papal ha sido utilizado moderadamente en cuestiones de filosofía, tal y como puede deducirse si se juzga la gran tensión en el caso de Galileo. Se trata de una prueba real de que la autoridad que ha durado más de mil años ha estado todo el tiempo monitoreando el progreso del pensamiento.

El doctor Whewell hablando de este mismo caso, indica (History of the Inductive Sciences):

No sería entendido el alegato de que la condena de las nuevas doctrinas, fue algo característico y general en la Iglesia Romana. Ciertamente la inteligencia y las mentes más cultivadas de Italia, y muchos de sus personalidades eclesiásticas entre ellas, han sido las más sobresalientes en promover y dar la bienvenida al progreso de la ciencia, y pueden encontrarse entre muchos de los eclesiásticos del tiempo de Galileo, los primeros y más ilustrados casos de adherentes al sistema copernicano.

Lo que deberíamos saber sobre Galileo

11. La Inquisición ¿prejuicio anti-católico?

Autor: P. Jordi Rivero

La Iglesia, formada por personas que viven en el mundo, ciertamente se ve afectada por las prácticas del mundo.

Está de moda atacar a la Iglesia acusándola de ser la causante de los mayores crímenes de la historia. La Inquisición y Las Cruzadas suelen ser temas favoritos.

Es verdad que estas cosas ocurrieron y se deben examinar como parte de la historia sin justificarlas. Pero es totalmente falso e injusto concluir que estos hechos constituyen los mayores crímenes de la historia. Esas acusaciones reflejan el prejuicio anti-católico que prevalece en nuestro mundo actual. 

La actual persecución contra la Iglesia nos recuerda a los nazis que acusaban a los judíos de ser los causantes de todas las miserias de Alemania. ¿Acaso era cierto que los judíos cometieron crímenes? Sí, es cierto. Pero no más que los cometidos por los demás alemanes. Todas las etnias han cometido crímenes.

¿Eran los crímenes causados por el hecho de ser judíos? No. No era el judaísmo el causante de los crímenes, ni eran los crímenes de los judíos diferentes a los de cualquier otro grupo. Pero la propaganda Nazi saturó la creencia popular con historias de crímenes cometidos por judíos hasta crear una imagen nefasta. Una imagen que parecía imposible constatar. 

Al defender a los judíos, ¿se estaría negando que algunos cometieron crímenes?, ¿se estaría minimizando el mal?. No. Mas bien se estaría haciendo justicia. Dios quiera que todos luchemos contra el crimen, que nunca se justifique un solo abuso contra un ser humano. Pero adjudicar el crimen a una raza o etnia es en si una injusticia que no hace mas que perpetuar el mal. 

Una mentira repetida constantemente llega a creerse 
El ataque incesante contra la Iglesia Católica ha creado una radical distorsión de la realidad. Los pecados de la Inquisición se han explotado sin análisis crítico con el fin de atacar a la Iglesia. Al escuchar los comentarios de estos modernos inquisitores, parecería que la Iglesia no ha sido mas que una gigante inquisición causante de todos los crímenes de la historia. Esta es la gran mentira que no debemos aceptar. 

Ningún católico o persona de buena voluntad debe permitir semejantes ataques. Los eventos de la historia solo se pueden entender en su contexto y utilizando fuentes auténticas. Pero las exageraciones absurdas y las mentiras se han repetido tanto, que la mayoría las cree como hechos históricos. 

Para juzgar el pasado hay que conocer la historia y no manipularla o sacarla fuera de contexto

Uno de los casos que con frecuencia se utilizan como paradigma de los horrores de la Inquisición es el famoso juicio contra Galileo. Recientemente recibimos un e-mail reprochando a la Iglesia por haber "torturado y ahogado a Galileo en la época medieval".

Esta acusación, sin embargo, contiene varios errores de base: 1-Galileo no vivió en los tiempos medievales, 2- Galileo no fue torturado, 3- Galileo no fue ahogado ni muerto por violencia sino que murió anciano (76 años) en su casa. Sospecho que el autor del e-mail tomó su información de las historias de Galileo que proliferan en los medios de comunicación. 

Una cosa es criticar el juicio en si, otra cosa es atacar a la Iglesia en general. Galileo es católico tanto como lo son sus opositores. Los que atacan a la Iglesia por el caso Galileo no la aman como lo hizo él, pues a pesar de todo, fue católico toda su vida. En fin, es cierto que en el caso de Galileo se cometieron injusticias (reconocidas ya por la Iglesia en el siglo XVIII). Pero Galileo también tenía buenos amigos en la Iglesia (como el Cardenal Roberto Belarmino) y el Papa no firmó la sentencia contra el. 

No es nuestra intención justificar ninguna injusticia. Un solo crimen cometido es algo reprobable. Pero cuando se juzga hay que ser objetivo, honesto y mesurado, de lo contrario se cae en el mismo error que se pretende delatar. Hoy no faltan los inquisidores contra la Iglesia católica. 

La Iglesia ya ha pedido perdón y hemos visto como hasta el perdón se ha querido manipular como una aceptación tácita de todas las acusaciones tal como las proponen. El siguiente pasaje presenta la posición de la Iglesia sobre el perdón: 

El Magisterio eclesial no puede evidentemente proponerse la realización de un acto de naturaleza ética, como es la petición de perdón, sin haberse informado previamente de un modo exacto acerca de la situación de aquel tiempo. Ni siquiera puede tampoco apoyarse en las imágenes del pasado transmitidas por la opinión pública, pues se encuentran a menudo sobrecargadas por una emotividad pasional que impide una diagnosis serena y objetiva...

Esa es la razón por la que el primer paso debe consistir en interrogar a los historiadores, a los cuales no se les pide un juicio de naturaleza ética, que rebasaría el ámbito de sus competencias, sino que ofrezcan su ayuda para la reconstrucción más precisa posible de los acontecimientos, de las costumbres, de las mentalidades de entonces, a la luz del contexto histórico de la época 
-Documento: Memoria y reconciliación 

El pecado no es propio de la naturaleza de la Iglesia 
Es necesario saber distinguir entre la naturaleza y el accidente. Por ejemplo: La maternidad es un hermoso don de Dios, su naturaleza es muy buena. 

Es cierto que hay muchas madres que cometen graves delitos contra sus hijos. No por eso deja de ser buena la maternidad y al defenderla no estaríamos justificando los delitos, al contrario, el mal se comprende mejor cuando se tiene conocimiento de como las cosas deberían ser. 

La prostitución, sin embargo, es mala en su propia naturaleza. Su razón de ser en si misma es contraria a la dignidad humana. No por eso arremetemos contra las prostitutas para apedrearlas. Pero si quisiéramos ayudarles a salir de esa opresión. 

La Iglesia es muchísimo más que Inquisición y los inquisitores son muchísimos más que los de la Iglesia
Para apreciar la realidad de las cosas hay que ver el cuadro completo y en proporción. Para ver las cosas en perspectiva hay que entender que la Inquisición no representa sino una mínima porción de la actividad de algunos de los miembros de Iglesia de la época. 

Durante la Inquisición habían en la Iglesia multitudes de creyentes viviendo la doctrina del amor del Evangelio. Muchísimos santos y santas entregaban sus vidas por Dios y por el prójimo. La Iglesia tenía infinidad de hospitales, casas para ancianos y pobres... 

Las comunidades mendicantes de San Francisco, Santo Domingo y muchas otras llevaban la Buena Nueva hasta los confines del mundo... Muchos católicos, tanto laicos como miembros del clero lucharon para propagar el Evangelio que es amor, paz y justicia en Cristo. Esta es la gracia de Dios, esta es la misión de la Iglesia. ¿Ha visto usted que se honre a la Iglesia por todo esto? 

Era aquélla una época que, como en todas, abundaron los crímenes procedentes de todos los sectores. Los procedimientos de la Inquisición eran los medios de la época y, en su esencia, los medios de las épocas anteriores y posteriores. No se justifica. Pero los inquisidores que cometieron injusticias no lo hicieron por ser ellos católicos sino por ser hombres influenciados por el mundo, por tener un corazón duro en que la gracia de Cristo no pudo prevalecer. Esta distinción es esencial. 

El mal y las injusticias siempre han ocurrido y no han cesado. ¿Porque se señala la Inquisición? Reitero que estoy de todo corazón opuesto al abuso, a las torturas... Pero también estoy de todo corazón opuesto a que se manipulen estos terribles males para señalar a la Iglesia cuando es precisamente ella la que mas ha hecho por la dignidad del hombre. 

Además, no todo lo que hizo la Inquisición fue errado o violento. La inquisición tenía una justa razón de ser como tribunal de justicia que corrigió muchos abusos. El mal de la Inquisición está en que muchos de sus jueces se dejaron influenciar por los métodos de enjuiciamiento y de castigo utilizados universalmente sin considerar que eran contrarios a la doctrina de la Iglesia. 

Todos los hombres son pecadores. No por ser miembros de la Iglesia estamos exentos

El pecado ha existido desde Adán y Eva. Los abusos de derechos humanos, particularmente contra los enemigos han sido siempre (y son) la penosa norma en la historia. Nada mas hace falta estudiar la historia de cualquier imperio, de cualquier país, de cualquier raza o de cualquier época para constatarse de ello. 

La Iglesia, compuesta de personas que viven en el mundo, ciertamente se ve afectada por las prácticas del mundo. Pero el pecado no es fruto de la Iglesia. Cuando sus hijos pecan, aunque estos sean de la jerarquía, es precisamente por no vivir según su Evangelio, por no ser consecuentes con su vocación bautismal de ser Iglesia. 

El pecado se infiltra como contagio en la Iglesia 

Ya desde el principio, entre los doce Apóstoles, surgió un traidor. Ya la Iglesia tenía pecadores y escándalos. Jesús nos advirtió: Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquél por quien vienen! (Lucas 17:1). 

Obviamente Jesús no justifica el pecado, pero nos advierte que aún en la Iglesia somos vulnerables y siempre habrá buen fruto y cizaña creciendo juntamente (Cf Mt 13:25-40). ¿Es la Iglesia la causante de la cizaña?. No. Su doctrina y su gracia no fomentan cizaña alguna. Es el enemigo, el que opera en el mundo, quien penetra y la siembra. 

Ciertamente debemos de renunciar al pecado y sacarlo de entre nosotros. No podemos justificarlo. Ciertamente los católicos son influenciados por el mundo y caen muchas veces en lo mismo que hace el mundo. Pero ¡mucho cuidado de no condenar a la madre buena por lo que hacen los hijos réprobos! 

La Iglesia es santa por su naturaleza, santa en virtud de su Cabeza que es Cristo.

La Iglesia es su Cuerpo Místico. En ella se encuentran todos los medios para la santidad. Su doctrina es santa. De ella recibimos la gracia para vivir el amor y el perdón. El pecado de sus miembros no restan verdad a lo dicho. Solo demuestra que ellos no supieron vivir a la altura de su vocación. Los que quieren ver pueden descubrir en la multitud de santos los efectos de la gracia que la Iglesia comunica a aquellos que la saben recibir. 

La Iglesia, a través de los siglos, ha sido el principal agente en la toma de conciencia sobre los derechos humanos y en los esfuerzos por su implementación. La Iglesia se ha dedicado a través de los siglos ha enseñar el camino del amor divino que recibe de Cristo. Multitudes de hombres, mujeres y niños se han entregado a servir a Dios y a sus hermanos inspirados y fortalecidos como miembros de la Iglesia. 

¿Qué hacemos hoy día? ¿Qué diremos de nuestro siglo? La Inquisición se queda muy pequeña en comparación con los genocidios de nuestro tiempo. ¿Cómo podemos reclamarle a los que vivieron en otro siglo por sus crímenes si nosotros mismos aceptamos la masacre actual de millones de niños inocentes? 

Conclusión 

Reflexionar sobre los males del pasado, dentro y fuera de la Iglesia, nos debería ayudar a valorar más la verdad eterna de la doctrina de la Iglesia que brilla ante la razón y nos reta a buscar nuestra propia conversión y a luchar por eliminar las atrocidades de hoy día. 

Aún desde un punto de vista puramente humano, podemos constatar cuanto necesitamos a la Iglesia, pues ¿quién es hoy día la voz que clama por los no nacidos, los ancianos, los inmigrantes, los presos, por los que no tienen voz? 

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