por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 15
Autor: frmaria.org
Terminamos con esta entrega las lecciones dedicadas a la posición de la Iglesia ante la Masonería.
Ahora exponemos algunos de los principales pronunciamientos de la jerarquía de la Iglesia, haciendo especial hincapié en los más recientes, habidos tras el Concilio Vaticano II.
Por último, ofrecemos algunos de los motivos por los que es tan atractiva, sin olvidar que es el demonio quien está siempre detrás de todo lo que perjudica a la Iglesia.
El Código de Derecho Canónico del año 1917, condena la Masonería explícitamente: Canon 2335:
"Las personas que entran en asociaciones de la secta masónica o cualquier otra del mismo tipo que conspire contra la Iglesia y la autoridad civil legítima, contraen excomunión simplemente reservada a la Sede Apostólica.
Pasado ya el Concilio Vaticano II, la Iglesia alemana inició una aproximación a la Masonería para ver si era posible establecer algún tipo de diálogo.
Tras los contactos habidos, se produjo una declaración oficial, publicada en L`Osservatore Romano el 9 de julio de 1980:
“Entre la Iglesia Católica y la Masonería se han mantenido conversaciones oficiales en los años 1974-1980 por encargo de la Conferencia Episcopal Alemana y de las grandes Logias reunidas.
En el curso de aquellas se ha tratado de constatar si la Masonería ha experimentado cambios a lo largo del tiempo, tales que consientan a los católicos de pertenecer a ella actualmente.
Las conversaciones se han desarrollado en clima de cordialidad y con gran franqueza y objetividad.
Se han estudiado los tres primeros estadios (grados) de pertenencia a la secta.
Después de atento estudio de esos tres estadios primeros, la Iglesia Católica ha constatado que existen contrastes fundamentales e insuperables.
En su esencia la Masonería no ha cambiado.
La pertenencia a la Masonería pone en duda los fundamentos de la existencia de Cristo; el examen minucioso de los rituales masónicos y de las afirmaciones fundamentales, como también la constatación objetiva de que hoy no ha sufrido ningún cambio la Masonería, lleva a esta conclusión obvia:
No es compatible la pertenencia a la Iglesia católica y al mismo tiempo a la Masonería”.
La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, el 17 de febrero, de 1981, promulgó una clarificación sobre el estado de los católicos que se asocian a la Masonería en la que se reafirma la posición tradicional de la Iglesia acerca de la Masonería.
Sin embargo, el Código de Derecho Canónico actual (promulgado en 1983) no habla explícitamente de la Masonería sino que se limita a la siguiente advertencia general contra ese tipo de asociación: Canon 1374:
"Quien se inscribe en una asociación que maquina contra la Iglesia debe ser castigado con una pena justa; quien promueve o dirige esa asociación, ha de ser castigado con entredicho".
Algunos obispos pensaron que este canon ya no era aplicable a la Masonería porque no la nombra explícitamente.
Estimaban que la Masonería había evolucionado y que ya no "maquinaba" contra la Iglesia.
Sugirieron que se podría abrogar la prohibición contra la entrada de católicos en las logias masónicas.
Ante estas dudas, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó una nota el 26 de noviembre de 1983, en la que se decía:
“Se ha cuestionado sobre si ha habido algún cambio en la decisión de la Iglesia en respecto a las asociaciones masónicas ya que el Código de Ley Canónica, a diferencia del anterior, no las menciona expresamente.
Esta Sagrada Congregación está en posición de responder que esta circunstancia se debe al criterio editorial que se siguió también en el caso de otras asociaciones que tampoco se mencionaron en cuanto que están contenidas en categorías más amplias.
Por lo tanto, el juicio negativo de la Iglesia sobre las asociaciones masónicas se mantiene sin cambios ya que sus principios siempre se han considerado irreconciliables con la doctrina de la Iglesia ("earum principia semper iconciliabilia habita sunt cum Ecclesiae doctrina") y por lo tanto se continúa prohibiendo ser miembro de ellas.
Los fieles que se inscriben en asociaciones masónicas están en estado de pecado grave y no pueden recibir la Santa Comunión.
No está en la competencia de las autoridades eclesiales locales el impartir un juicio sobre la naturaleza de las asociaciones masónicas que implicase una derogación de lo que se ha decidido arriba, y esto en línea con la declaración de esta sagrada congregación promulgada el 17 de febrero de 1981.
En una audiencia concedida al subscrito cardenal prefecto, el Supremo Pontífice Juan Pablo II, aprobó y ordenó la publicación de esta declaración que ha sido decidida en una reunión ordinaria de esta Sagrada Congregación”.
La nota estaba firmada por el cardenal Ratzinger, actual Pontífice, a la sazón prefecto de Doctrina de la Fe.
Merece la pena también preguntarse por qué tantos van a la Masonería, en qué consiste su atractivo.
La Masonería es producto del alejamiento de Dios en que los hombres han caído.
Su influencia sobre los hispanos, por ejemplo, es favorecida por el machismo que considera la práctica cristiana como propia solo de las mujeres.
La participación en la logia masónica se ha presentado como una alternativa para los hombres, donde, en vez de someterse a Dios, hablan de negocios y hacen contactos según sus intereses.
Esto ha profundizado la crisis de falsa identidad masculina. Las consecuencias han sido graves tanto para la familia como para la sociedad.
Hay que tener en cuenta que muchos entran en la masonería buscando favorecerse de su poderosa red de contactos e influencias.
Es una gran tentación el percibir las oportunidades que se abren en los negocios y trabajos para los miembros de la logia. Los masones suelen ayudarse entre ellos y tienen algunas obras benéficas.
Está también el atractivo para los hombres en creerse que entran en un grupo elite de libres pensadores. Sin duda, muchos están confundidos y creen que pueden ser católicos y masones.
Quedan sinceramente consternados al conocer la posición de la Iglesia contra la Masonería. Cuando se les explican las razones no lo pueden creer.
Dicen que su logia no es así. Es cierto que algunas logias ya no tienen la agresividad tradicional contra la Iglesia, pero la filosofía sigue siendo la misma.
Hay además que tomar en cuenta que los miembros de bajo rango no saben la realidad oscura de la masonería porque se les esconde hasta que suban de grado y estén más influenciados y comprometidos.
Un masón que se llama católico escribió un artículo asegurando que los grados de la Masonería son complementarios con las creencias de "cualquier religión que crea en Dios".
No podía comprender el "fanatismo" de "algunos" en la Iglesia que condenan la Masonería. Más adelante, en el mismo artículo se lee:
"la Masonería me ha inspirado a ser tolerante y aprender de las otras religiones. He leído con gran interés la Cábala, el Corán… todos los masones adoran al mismo Dios."
Parece por este escrito que en su logia no atacan directamente a la Iglesia católica, pero ocurrió algo que a veces es peor: lograron confundirle de tal modo que no ve la diferencia entre leer la Biblia y la Cábala (escritos del ocultismo).
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 15
Autor: frmaria.org
Continuamos en este capítulo con el tema de la masonería y la prohibición que la Iglesia establece de pertenencia a ella.
Pero para entender el por qué de esta prohibición hay que comprender no sólo el concepto de Dios que se infunden al masón -visto en el capítulo pasado-, sino también las obligaciones que se le exigen.
A continuación se exponen algunos de los documentos papales de condena, sobre todo la “Humanum Genus” de León XIII.
Un punto esencial de la adscripción a la masonería es el de las obligaciones a que el masón se compromete. Estas obligaciones fundamentales son tres:
- Guardar secreto de lo tratado en las reuniones.
- Trabajar intensamente en el perfeccionamiento interno que redundará en beneficio de los demás.
- Cumplir lo establecido en los estatutos.
Además, estas tres obligaciones se desglosan en multitud de obligaciones menores y tareas concretas:
-Respetar y conocer todos los ritos y estatutos.
-Participar en los ritos masónicos, sustituyendo incluso las ceremonias civiles y religiosas, como el matrimonio, por las masónicas.
-Usar los símbolos propios de cada grado así como el "nombre simbólico" de cada individuo.
-Llamar "hermano" a todos los masones y tratarlos como a tales aún a riesgo de la propia vida y por encima de las leyes de cada nación.
-Celebrar las grandes fiestas de la masonería que coinciden con los solsticios.
-Pagar las cuotas.
-Realizar los llamados "trabajos masónicos", que pueden ser estudios o debates sobre cualquier tema.
-Proyectar sobre el mundo profano o no masónico el talante masónico de tolerancia, hermandad, etc.
-Promover la vuelta a la ecología y la protección de la naturaleza.
-El rechazo a las drogas.
-El racionalismo ético.
-La promoción del estado aconfesional.
-La oposición a la vivisección, la pena de muerte, el boxeo, la fiesta de toros, la caza, la pesca, etc.
-Oposición a la financiación de la educación privada por parte del Estado y a la enseñanza de una religión concreta en al escuela.
-Aceptación del control de la natalidad, el divorcio, la eutanasia, etc.
Como se ve, algunas de estas normas son perfectamente asumibles por los católicos, mientras que otras van dirigidas contra la moral cristiana e incluso contra la propia estructura eclesial y su misión educadora y evangelizadora.
Por todo ello, la Iglesia no tardó en pronunciarse en contra de la Masonería.
Esta oposición se fundamenta en los siguientes puntos:
- Violación del primer Mandamiento.
Los masones tienen un concepto de la divinidad opuesto al de la revelación judeo-cristiana.
No aceptan al Dios personal ni tampoco a Dios Trino, único y verdadero.
Su deidad es impersonal: el falso dios de la razón.
- Violación del segundo Mandamiento.
El grave abuso de los juramentos.
Formalmente invocan la deidad en sus ritos de iniciación para sujetar al hombre, bajo sanciones directas, a objetivos contrarios a la voluntad divina.
- Su rechazo a la Iglesia Católica, la cual intenta destruir. (Su objetivo de destruir la Iglesia está ampliamente documentado).
Los principales puntos de confrontación, tras el Vaticano II, son:
- El “Gran Arquitecto del Universo” es un concepto abstracto de Dios, no un Ser personal.
- La moral masona no está ligada a ninguna creencia religiosa en particular; se trata de una moral subjetiva.
- La doble moral masona que pregona la libertad absoluta pero exige juramentos iniciáticos e impone normas tremendamente estrictas a sus miembros.
- La autonomía de la razón masona frente a la relación fe-razón de la Iglesia.
- El esoterismo y el sincretismo masón que pretende nivelar todas las religiones dándole a Jesucristo el papel de gran maestro al mismo nivel que Buda, Mahoma, Zoroastro, etc. pero eliminando su divinidad.
- La ambigüedad masona que implica que no es posible conocer la verdad, frente a la revelación cristiana.
Por todo ello, el 24 de abril, de 1738 (21 años después de la fundación oficial de la Masonería) Clemente XII escribió “In eminenti”, la primera encíclica contra la Masonería.
Desde entonces ha estado prohibido para los católicos entrar en la Masonería. (Los ortodoxos y algunos grupos protestantes también han prohibido en diversas ocasiones la entrada de sus miembros en la Masonería).
Otros documentos papales -en total 371- que exponen el error de la Masonería fueron promulgados con posterioridad, según la Iglesia iba viendo necesario renovar la condena a esta institución y recordar a los católicos la prohibición de pertenencia a la misma.
Benedicto XIV lo hizo el 18 de mayo de 1751. Pío VII, con la “Ecclesiam a Jesu Christo”, el 13 de septiembre de 1821.
León XII, con “Quo Graviora”, el 13 de marzo de 1825.
Pío VIII, con “Traditi Humilitati”, el 24 mayo de 1829. Gregorio XVI, con la encíclica “Mirari Vos” (una de las más importantes sobre el tema), el 15 de agosto, 1832.
Pío IX, con la encíclica “Qui Pluribus”, el 9 de noviembre de 1846. León XIII, con la encíclica “Humanum Genus”, el 20 abril de 1884, quizá el principal documento pontificio sobre el tema.
Este mismo pontífice volvió a renovar la condena de la Masonería en 15 de octubre de 1890 con el documento “Dall´alto dell´Apostolico Seggio” y con la encíclica “Inimica Vos” del 8 de diciembre de 1892.
En la “Humanum Genus”, León XIII afirma, entre otras cosas:
“El fin de la Masonería es derrocar todo el orden religioso y político del mundo que ha producido la enseñanza cristiana y sustituirlo por un nuevo orden de acuerdo a sus ideas”. “Sus ideas proceden de un mero ¡naturalismo’.
La doctrina fundamental del naturalismo es que la naturaleza y la razón humana deben ser dueñas y guías de todo”.
“La Masonería reclama ser la religión ‘natural’ del hombre. Por eso dice tener su origen en el comienzo de la historia”.
“El concepto masón de Dios es opuesto al de la Iglesia Católica.
No aceptan de Dios sino un conocimiento puramente filosófico y natural”. (Dios es entonces imagen del hombre. Por eso no tienen una clara distinción entre el espíritu inmortal del hombre y Dios).
“Niegan que Dios haya enseñado algo. No aceptan los dogmas de la religión ni la verdad que no puede ser entendida por la inteligencia humana”.
“Poco les importa los deberes para con Dios. Los pervierten con opiniones erradas y vagas”.
“La Masonería promulga un sincretismo que mezcla desde los misterios de la cábala del antiguo oriente hasta las manipulaciones tecnológicas del modernismo occidental”.
“Enseña que la Iglesia católica es una secta. Su oposición a la Iglesia Católica antecede a la oposición de la Iglesia contra ella”.
“De lo anterior se concluye que el Catolicismo y la Masonería son esencialmente opuestas. Si una desistiera de su oposición a la otra, dejaría de ser lo que es”.
La encíclica hace una reflexión basada en las "dos ciudades" de San Agustín que representan dos reinos opuestos en guerra.
En un lado Jesucristo, en el otro está Satanás. La fuerza detrás de la Masonería, causante de sus engaños y su odio a la verdad de Jesús no puede ser sino Satanás, el príncipe de la mentira.
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 15
Autor: frmaria.org
La masonería es una pseudo religión paralela e incompatible con el cristianismo.
Sus elementos religiosos incluyen: templos, altares, oraciones, un código moral, culto, vestimentas rituales, días festivos, la promesa de retribución después de la muerte, jerarquía, ritos de iniciación y ritos fúnebres.
Así lo han declarado los pontífices desde el inicio de ese grupo hasta nuestros días, llegando a lanzar la excomunión a los que pertenecieran a ella.
La masonería tomó su nombre del antiguo gremio de los masones.
Éstos eran los artesanos que trabajaban la piedra en la construcción de grandes obras.
Con el declive de la construcción de las grandes catedrales en Europa y la propagación del protestantismo, los gremios de masones comenzaron a decaer y para sobrevivir comenzaron a recibir miembros que no eran masones de oficio.
Con el tiempo, estos últimos se hicieron mayoría y los gremios perdieron su propósito original.
Pasaron a ser fraternidades con el fin de hacer contactos de negocios y discutir las nuevas ideas que se propagaban en Europa.
La fundación de la masonería tiene lugar en 1717 con la unión en Londres de cuatro gremios para formar la Gran Logia Masónica como liga universal de la humanidad. De aquí pronto pasó a Francia donde se fundó "El Gran Oriente de Francia" en 1736.
Los primeros masones fueron protestantes ingleses. Se sentían "liberados" de una Iglesia dogmática que exige asentimiento a verdades reveladas.
Con la nueva libertad creció la fascinación por la especulación y el sincretismo.
Tomaron como patrones a Adán y los patriarcas y se atribuyeron arbitrariamente las mayores construcciones de la antigüedad, entre ellas el Arca de Noé, la Torre de Babel, las Pirámides y el Templo de Salomón.
Mezclaron las enseñanzas de las antiguas religiones y tomaron libremente elementos de los grupos ocultistas, como los rosacruces, los sacerdotes egipcios y las supersticiones paganas de Europa y del Oriente.
El objetivo era crear una nueva "gnosis" propia de personas ascendidas a un nivel superior. Como parte de su sincretismo, la Masonería no tiene reparo en incluir también a la Biblia, la cual ponen sobre su "altar".
Las logias pueden también recibir miembros de cualquier religión.
Estos traen sus propios libros sagrados a los que se les da el mismo valor que a la Santa Biblia. En definitiva, todos ellos quedan relegados a un segundo plano.
La masonería se propone como la nueva religión universal mientras que las Iglesias cristianas son relegadas a la categoría de meras "sectas".
Al entender esto queda claro como Satanás fomenta la masonería para luchar contra la verdadera religión universal (universal = católica).
La Masonería no solo explota la animosidad contra la Iglesia y el anticlericalismo sino que los fomenta e institucionaliza.
El corazón de la masonería está en su simbolismo, su hermetismo, su mandato de ayuda mutua y sus ritos secretos.
Las ceremonias, a menudo largas y complicadas, deben conocerse de memoria, y se realizan utilizando un léxico y una indumentaria particular.
Los símbolos habituales de la masonería son muy numerosos, pero lo más conocidos son el Compás y la Escuadra, la Plomada y el Nivel, el Martillo y el Cincel (recuerdos de su origen arquitectónico), la estrella de cinco puntas, las columnas, etc.
La masonería niega que se trate de una doctrina y gustan autodefinirse como un sistema particular de moral enseñada bajo el velo de la alegoría mediante símbolos, o sea un método que permite el libre pensamiento y la libre discusión acerca de cualquier tema, excepto el método en sí, con tal de que se respete la opinión de la mayoría.
Ésta teórica "tolerancia total" termina por traducirse en un "relativismo total", es decir: no existe nada (verdad, error, pecado, norma, ética, moral, etc) absoluto e inmutable. Más aún, tampoco interesan la verdad ni el bien moral en sí, lo realmente importante es su búsqueda.
Por ello el masón rechaza cualquier verdad dogmática o moral objetiva. En particular rechazan a la Iglesia Católica como paradigma del dogmatismo.
Para los masones aquel que intenta vivir una fe revelada es sencillamente un intolerante.
No es de extrañar por tanto su anticlericalismo, su oposición a los sacramentos cristianos y su lucha por una educación laica.
La verdadera filosofía masónica es el "humanismo secular", una ideología meramente humana proponente del racionalismo y el naturalismo.
Según ella, la "naturaleza" está guiada por la razón que lleva por si sola a toda la verdad y, consecuentemente, a una utopía de "libertad, igualdad y fraternidad".
Este debía ser el "novus ordo seculorum" (un nuevo orden secular).
La filosofía masónica es precursora de la Revolución Francesa y aparece mas tarde en la filosofía comunista.
La Masonería no tiene lugar para el Dios de la revelación. Dios aparece como un concepto y no como persona. Dios es el "Gran Arquitecto" que fundó la Masonería.
El hombre se convierte en su propio dios, la misma seducción de la serpiente antigua: "Coman y serán como dioses".
De hecho, en 1887 la logia masónica del "Gran Oriente" (de la que se inspira por lo general la Masonería en América Latina) formalmente eliminó la necesidad de que sus miembros crean en Dios o en la inmortalidad del alma.
Los símbolos cristianos de la cultura recibieron una interpretación secular.
Así, la cruz pasó a ser un mero símbolo de la naturaleza sin mayor trascendencia. Las letras "INRI" sobre la cruz de Jesús, pasaron a significar "Igne Natura Renovatur Integra" (el fuego de la naturaleza lo renueva todo).
Algunos masones dicen "creer" en Jesucristo pero, si son consecuentes con la masonería, no creen en Él según el sentido cristiano que lo reconoce como Dios.
Ellos lo consideran simplemente como el apóstol mayor de la humanidad por haber superado el fanatismo de los romanos y de los sacerdotes.
Jesús es "el Gran Maestro", pero, para no ofender a otras religiones, el nombre de Jesús quedó prohibido en la logia.
Los antiguos masones guardaban celosamente los secretos de su arte.
Con la nueva Masonería, el afán de secretismo aumentó y se le impuso estrictamente a los miembros en los ritos de iniciación.
Los candidatos deben hacer juramentos de no revelar en absoluto los "secretos" de la masonería so pena de auto-mutilación o de ser ejecutados.
El masón expresa el deseo de buscar "luz". Entonces se le asegura que recibirá la luz de la instrucción espiritual que no pudo recibir en otra iglesia y que tendrá descanso eterno el la "logia celestial" si vive y muere según los principios masónicos.
La Masonería tienen una extensa jerarquía compuesta por 33 grados.
El masón "Aprendiz" (primer grado) jura:
"No revelaré ninguno de los secretos de la masonería, bajo pena de que me corten el cuello".
El masón "Compañero" (segundo grado) jura:
"No revelaré jamás ninguno de los secretos de la masonería a los que no son masones, ni siquiera a los Aprendices, y esto bajo pena de que me arranquen el corazón y de que mi cuerpo sea arrojado a los cuervos".
Al llegar al trigésimo grado (llamado "Kadosh"), se debe pisar la tiara papal y la corona real, simbolizando el repudio a sus mayores enemigos, la Iglesia y la Monarquía.
Entonces se jura liberar a la humanidad "de las ataduras del despotismo".
Cada masón desconoce lo que enseñan y hacen en los grados superiores.
Aquí está la gran ironía: Los masones se consideran libres pensadores para opinar sin contar con la Biblia o la Iglesia y sin embargo están atados a la logia bajo las mas severas amenazas.
La influencia masónica es poderosa tanto en la política como en los negocios.
Cuando los masones han tomado control de un gobierno, como en Francia en 1877 y en Portugal en 1910, han establecido leyes para restringir las actividades de la Iglesia.
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 15
Autor: frmaria.org
La reacción contra el Islam por su violento rechazo a las caricaturas del profeta Mahoma publicadas en algunos medios de comunicación occidentales, ha servido para atacar duramente a la religión y, sobre todo, al cristianismo.
Se le ha acusado de ser responsable de todos los males de la humanidad, de ir contra el progreso, de cercenar el desarrollo de la personalidad y de la inteligencia humana.
Esta podría ser una respuesta.
La idea de que el éxito de Occidente ha dependido de haber superado las barreras religiosas para progresar es un «completo absurdo», afirma el autor de un nuevo libro.
Rodney Stark defiende esta tesis en «The Victory of Reason: How Christianity Led to Freedom, Capitalisrn, and Western Success» (Random House) (La Victoria de la Razón:
Cómo el Cristianismo llevó a la Libertad, al Capitalismo y al Éxito de Occidente).
Stark, profesor de sociología en la Universidad Baylor, sostiene que, en contraste con otras creencias que acentúan el misterio y la intuición, la teología cristiana privilegia la razón.
Este factor -no la geografía, ni un sistema agrícola más productivo, ni la reforma protestante- está detrás del ascenso de Occidente, sostiene.
El autor observa que esta visión está en contraste con la postura de muchos intelectuales occidentales del siglo XX.
Éstos han mantenido que Occidente se puso por delante de otras culturas precisamente por su capacidad de superar las barreras religiosas para progresar.
El crédito que dan a la religión se limitaba a reconocer la aportación del protestantismo, como si los quince siglos anteriores de cristianismo tuvieran poca importancia, dice Stark.
En un capítulo sobre la unión entre razón y teología en el cristianismo, Stark presenta por qué discrepa con estos intelectuales.
El ascenso de Occidente, mantiene, se ha basado en cuatro victorias primarias de la razón:
- La fe en progreso dentro de la teología cristiana;
- La transmisión de esta fe en progreso a las innovaciones técnicas y organizativas, muchas de ellas fomentadas por los monasterios;
- La razón ha informado la teoría y práctica políticas, permitiendo la libertad personal;
- La razón se aplicó al comercio, dando como resultado el desarrollo del capitalismo.
Desde los primeros siglos del cristianismo, los Padres de la Iglesia enseñaron que la razón era un don de Dios y el medio para aumentar la comprensión de la Escritura y la revelación.
Las religiones orientales, por el contrario, carecieron de la figura de un Dios consciente y todopoderoso, que pudiera ser objeto de reflexión teológica.
El judaísmo y el Islam tenían el concepto de un Dios suficiente para sostener la teología.
Pero dentro de estas religiones la tendencia fue hacia una postura construccionista que concebía la Escritura como algo que entender y aplicar, no como la base para una investigación posterior.
El cristianismo considera a Dios un ser racional y el universo como creado por Él.
De esta forma, a la comprensión humana le aguarda una estructura racional.
Y para plantear el desafío estaban los teólogos de la Iglesia católica, que durante siglos se implicaron en un cuidadoso razonamiento que llevó al desarrollo de la doctrina cristiana.
Pensadores de primer orden como Agustín y Tomás de Aquino, explica Stark, celebraban el uso de la razón como un medio para lograr penetrar en las intenciones divinas.
Así, cuando tuvo lugar la revolución científica en el siglo XVI, no fue una irrupción repentina del pensamiento secular.
Más bien, surgió de siglos de progreso sistemático de los pensadores escolásticos medievales, y se sostuvo por una invención cristiana del siglo XII, las universidades.
Stark dedica un capitulo a derribar la idea de los «Tiempos Oscuros». Mucho antes de que tuvieran lugar el renacimiento y la ilustración, la ciencia y la tecnología europeas habían superado con mucho al resto del mundo.
La idea de que la época medieval fue un periodo de estancamiento «es una caricatura creada por los intelectuales del siglo XVIII, antirreligiosos y amargamente anticatólicos», escribe Stark.
Fue en estos siglos cuando se desarrollaron la energía del agua y el viento de forma extensa, permitiendo avances enormes en la manufactura de bienes.
Y los notables avances de la tecnología agrícola aumentaron los campos de cultivo que permitieron alimentar las ciudades.
Lejos de oponerse a tales avances técnicos, el cristianismo les dio la bienvenida y los promovió.
Por el contrario, tanto el Imperio otomano como China se opusieron a la construcción de relojes mecánicos, por ejemplo. Tampoco la actividad económica tuvo que esperar al protestantismo para prosperar, afirma Stark.
Las órdenes monásticas crearon una suerte de proto-capitalismo.
Estimulados por los aumentos de productividad debidos a los avances tecnológicos, los monasterios desviaron la tendencia a una economía de subsistencia hacia un sistema de especialización y comercio.
A su vez, esto facilitó el aumento de la economía de moneda, como opuesta al trueque, y la creación del crédito y el préstamo de dinero.
Los monasterios también desarrollaron la ética del trabajo y el aprecio por el valor del esfuerzo económico mucho antes de la llegada del protestantismo.
Además, los teólogos católicos redefinieron ideas relacionadas con la carga de intereses y los precios justos de los bienes -elementos esenciales para el desarrollo del capitalismo-.
Stark también dedica amplio espacio a subrayar el desarrollo del capitalismo en las ciudades-estado italianas, que estimularon economías prósperas siglos antes la reforma luterana.
Aunque las condiciones para el desarrollo del capitalismo han existido en algunos países, en ocasiones faltaba el elemento esencial de la libertad, impidiendo así el progreso económico.
La libertad, sostiene Stark, es una victoria de la razón y fue apoyada por los teólogos cristianos que durante mucho tiempo teorizaron sobre la naturaleza de la igualdad y los derechos individuales.
De hecho, el trabajo de los teóricos políticos seculares de tiempos posteriores, como John Locke, suelen basarse en ideas desarrolladas por eruditos de la Iglesia.
El cristiano en general enseña el valor del individuo y pone de relieve la importancia de la responsabilidad personal en las decisiones morales.
Unido a esto está el concento de voluntad libre. Esto era un cambio radical con respecto al pasado, algo evidente, por ejemplo, en la literatura.
Stark sugiere comparar las tragedias griegas, donde los personajes son cautivos del destino, con Shakespeare, donde los protagonistas son claramente responsables de sus acciones.
Stark sostiene además que el nacimiento de la democracia en Europa occidental debe sus orígenes, no a la filosofía griega recuperada, sino a los ideales cristianos.
El mundo clásico proporcionó ejemplos de democracia, pero éstos no arraigaban por no asumir la igualdad de todos los ciudadanos.
Los ideales enseñados en el Nuevo Testamento, sin embargo, pusieron la base para afirmar la igualdad fundamental de todas las personas.
Los derechos de propiedad, otra condición previa vital para el capitalismo, también deben sus orígenes al cristianismo.
Tanto la Biblia como los teólogos más importantes defienden la propiedad privada.
Tomás de Aquino sostenía que el poseer propiedades es inherente a la naturaleza humana.
La enseñanza cristiana también contribuyó mucho al concepto de separación entre la iglesia y el estado, y a la limitación de los poderes del soberano sobre los ciudadanos.
Estos dos factores permitieron a Occidente evitar un punto muerto del sistema político que condujera al uso arbitrario e ilimitado de la autoridad política, que obstaculiza el desarrollo de una economía moderna.
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 15
Autor: frmaria.org
La amenaza terrorista ha puesto al mundo al borde del colapso, como no se conocía desde los tiempos de la “guerra fría”, cuando las dos superpotencias se armaban en una desenfrenada carrera para ver quién podía destruir antes al enemigo.
Pero también ha servido para reavivar el debate sobre el uso de la violencia, la legitimidad de la guerra, el alcance del pacifismo y el compromiso de los cristianos con la paz.
El terrorismo no es una novedad.
El mundo lleva muchos años padeciendo esa plaga, de una u otra manera.
Mientras que para unos es una forma legítima de violencia revolucionaria, la única que les quedaría a los pueblos oprimidos por las naciones poderosas, para otros es la peor de las violencias, pues va dirigida contra la población civil inocente, rompiendo así todas las normas de la guerra, si es que en la guerra se puede hablar de normas.
La amenaza terrorista ha ido evolucionando para convertirse en un terrorismo de Estado, más o menos encubierto, como el que puede poner en marcha Irán o el que lleva a cabo Al Quaeda, aunque este grupo islámico no tenga una base territorial con características estatales.
El peligro es enorme, no sólo por los ataques de los terroristas, sino por la réplica que pueden dar los países afectados por esos ataques.
Recientemente, nada menos que el presidente de Francia dejó claro que su país estaba dispuesto a usar incluso las armas nucleares para defenderse de esa violencia.
Si Irán persiste en sus amenazas y en recorrer el camino de la energía atómica, podríamos estar ante un escenario apocalíptico debido a la respuesta que Israel daría a los que la amenazan y a la reacción que esta respuesta -posiblemente atómica- tendría entre las masas musulmanas y entre sus gobernantes.
Cuando escribo este artículo, la embajada de Dinamarca en Beirut está ardiendo y ayer fueron quemadas las de ese mismo país, Noruega, Suecia y Finlandia en Damasco.
Y todo por la publicación de unas caricaturas de Mahoma.
¿Qué ocurriría si estallase una guerra con Irán del mismo calibre que la de Irak?.
Ante estas graves amenazas resurge con fuerza el movimiento pacifista, que predica el desarme y la no violencia a ultranza.
Pero ¿es el pacifismo una respuesta adecuada?.
La actitud de muchos pacifistas en el pasado reciente, similar a la de muchos ecologistas, ha desacreditado el conjunto del movimiento.
No son pocos los que lo miran con recelo, como un instrumento en manos de la extrema izquierda que se utiliza sólo cuando conviene a sus intereses partidistas y que, por otro lado, no emplea precisamente medios pacíficos en sus manifestaciones.
En la memoria de todos está el rechazo al ingreso en la OTAN expresado por los pacifistas españoles con tanta virulencia mientras gobernaba la UCD, que se cambió rápidamente a una aceptación de ese mismo ingreso cuando empezó a gobernar el PSOE.
O, por ejemplo, las grandes manifestaciones contra la colaboración española -de carácter humanitario- en la guerra de Irak y el silencio que se produjo cuando se supo que, ya con el gobierno socialista, se había participado en unas maniobras navales militares.
Estos casos son dos ejemplos caseros, de los muchos que pueden servir para desacreditar a las organizaciones pacifistas.
Otros, de carácter internacional, los encontramos cada vez que hay un gran encuentro mundial del tipo que sea.
Allí aparecen los miembros de esas organizaciones convertidos en guerrilleros urbanos extraordinariamente violentos.
El pacifismo, pues, no parece la respuesta adecuada a la grave situación que vive el mundo, al menos para un cristiano.
Convendrá, por lo tanto, dirigir la mirada a lo que enseña la Iglesia en el Catecismo para encontrar el camino justo.
El tema es tratado en el contexto del quinto mandamiento: “no matarás”.
Primero se hace una presentación de lo que se considera por “paz”, de la cual se dice que “no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas.
La paz no puede alcanzarse en la tierra sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad” (n° 2304).
Después se insiste en la necesidad de evitar la guerra, deber que compete a “todo ciudadano y todo gobernante”.
Pero, a continuación se dan las claves para discernir cuándo una guerra es justa y, por lo tanto, aceptable por un cristiano:
“Mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de la fuerza correspondiente, una vez agotados todos los medios de acuerdo pacífico, no se podrá negar a los gobiernos el derecho a la legítima defensa” (n° 2308).
“Se han de considerar con rigor las condiciones estrictas de una legítima defensa mediante la fuerza militar.
La gravedad de semejante decisión somete a ésta a condiciones rigurosas de legitimidad moral.
Es preciso a la vez: -Que el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de naciones sea duradero, grave y cierto.
-Que todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces.
-Que se reúnan las condiciones serias de éxito.
-Que el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar.
El poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prudencia extrema en la apreciación de esta condición” (n° 2309).
A continuación el Catecismo dedica unas palabras de apoyo a los militares, que son presentados como servidores de la paz:
“Los que se dedican al servicio de la patria en la vida militar, son servidores de la seguridad y de la libertad de los pueblos.
Si realizan correctamente su tarea, colaboran verdaderamente al bien común de la nación y al mantenimiento de la paz” (n° 2310).
Por desgracia, el terrorismo merece sólo una alusión de pasada en el Catecismo, prueba de que en ese momento no tenía la extensión ni la gravedad que ha adquirido después:
“El terrorismo que amenaza, hiere y mata sin discriminación es gravemente contrario a la justicia y a la caridad” (n° 2297).
Hay que buscar en el abundante y magnífico magisterio de Juan Pablo II para encontrar alusiones más directas al terrorismo y enseñanzas que indican al católico qué hacer en estas situaciones.
Por ejemplo, en el mensaje para la jornada mundial de la paz de 2002, escrito poco después de los atentados de las torres gemelas de Nueva York, afirmaba:
“Aquel día se cometió un crimen de terrible gravedad: en pocos minutos, millares de personas inocentes, de diverso origen étnico, fueron horrendamente asesinados.
Desde entonces, todo el mundo ha tomado conciencia con nueva intensidad de la vulnerabilidad personal y ha comenzado a mirar el futuro con un sentimiento profundo de miedo, hasta ahora desconocido”.
Más adelante añadía:
“En estos últimos años, especialmente después de la guerra fría, el terrorismo se ha transformado en una sofisticada red de connivencias políticas, técnicas y económicas, que supera los confines nacionales y se expande hasta abarcar todo el mundo.
Se trata de verdaderas organizaciones, dotadas a menudo de ingentes recursos financieros, que planifican estrategias a gran escala, agrediendo a personas inocentes y sin implicación alguna en las perspectivas pretendidas por los terroristas…
Existe, por tanto, un derecho a defenderse del terrorismo.
Es un derecho que, como cualquier otro, debe atenerse a reglas morales y jurídicas, tanto en la elección de los objetivos como de los medios…
No obstante, es preciso afirmar con claridad que las injusticias existentes en el mundo nunca pueden usarse como pretexto para justificar los atentados terroristas”.