16. Parentesco de la masonería con el Judaísmo

Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net

129. -La Cábala y su división en ortodoxa y farisaica.

Llámase cábala la doctrina esotérica u oculta que los judíos pretendían haber recibido por tradición oral desde Moisés y aun desde el principio del mundo.

Según los entendidos se encuentra contenida principalmente en los dos libros llamados ‘Libros de la Creación’ y en el ‘Zohar’. Se pretende por los que siguen la Cábala que es un comentario de los libros de Moisés que sólo los iniciados pueden hacer. La importancia de la cábala ha comenzado después del siglo décimo de nuestra era, El libro ‘Zohar’ se atribuye con fundamento al judío español Moisés de León, muerto en 1305.

Hay autores que distinguen una Cábala ortodoxa y una Cábala farisaica. La ortodoxa, que venía desde Moisés al menos y que era la verdadera tradición judía, fué purificada de las alteraciones que había recibido en tiempos de Esdras y ocultada al pueblo, de modo que el pueblo no pudiera reconocer al Mesías y cayó en el olvido después de la dispersión de los judíos.

Fué resucitada en el siglo xv por el judío Pablo Ricci y Pico dr la Mirándola. El judío convertido Drach hace notar que su conocimiento dió lugar a la conversión de muchos judíos.

La Cábala farisaica se fue formando al lado de la ortodoxa y, según Eliphas Levi, Patriarca del ocultismo moderno, constituye el dogma de la alta magia, Hay judíos que pretenden que la Cábala no tiene nada que ver con el judaísmo ortodoxo. ‘El hecho es’, dice Webster a este respecto, ‘que las principales ideas del Zohar encuentran confirmación en el Talmud.

Como observa la Jewish Encyclopedia, la Cábala no está en oposición real con el Talmud y muchos judíos talmúdicos la han apoyado y han contribuído a ella. ¡Adolfo Franck no ha vacilado en describirla como ‘el corazón y la vida del Judaísmo! La mayor parte de los más eminentes Rabbis de los siglos XVII y XVIII creyeron firmemente en el carácter sagrado de Zohar y en la infalibilidad de su enseñanza’ (Webs., pág.
9.)

La introducción del elemento judío en los Templarios, de donde ha pasado a la Masonería, se hace remontar a la época de las Cruzadas. ‘Por esta fecha, dice Webster, parece que han existido no menos de tres Cábalas: primeramente, la antigua tradición secreta de los patriarcas transmitida de los Egipcios, por medio de los Griegos y Romanos y posiblemente por medio de los Colegios Romanos, a los Masones británicos del arte (de los tres primeros grados.)

En segundo lugar, la versión judia de esta tradición, la primera Cábala de los judíos, absolutamente compatible con el Cristianismo, que desciende desde Moisés, David y Salomón hasta los Esenios y judíos más ilustrados; y en tercer lugar, la Cábala pervertida, mezclada por los Rabbis con la magia, supersticiones barbáricas, y, después de la muerte de Cristo, con leyendas anticristianas.

‘Cualquier elemento cabalístico que se haya introducido en la Masonería en el tiempo de las Cruzadas parece haber pertenecido a la segunda de estas tradiciones a la Cábala pervertida de los judíos, conocida de los Esenios. Hay, en efecto, vivas semejanzas entre la Masonería y el Esenismo - grados de iniciación, juramentos del secreto, el uso del delantal y un cierto signo masónico-; mientras que a las tradiciones Sabeístas de los Esenios tal vez puede atribuirse el simbolismo solar y estelar de las logias. La leyenda de Hiram, puede haber pertenecido a la misma tradición’ (Webster, 109-110.)

Véase también La Franc-Mas. Secte Juive née du Talmud, Diction. de la Bible, Vigouroux; The Catholic Encyclop., Preuss, etc.

130. — Relación de la Masonería con la Cábala

Pues bien, tanto los autores masones, v.gr., Pike-, Mackey, como los antimasónicos, atribuyen a la Masonería un estrecho parentesco con la Cábala. Por lo que toca a la doctrina filosófica, tienen de común la identidad del mundo con Dios, o sea el panteísmo y consiguiente materialismo, el bisexualism de Dios, al cual los autores americanos dan capital importancia, como si fuera el gran secreto de la Masonería.

‘La busca de la Palabra, el encontrar la divina verdad, dice Mackey, esto y solamente esto, es un trabajo de masón y la PALABRA es su recompensa’ (Preuss, A. M., 171) . Y esa Palabra viene a ser una invención masónica para convertir en un nombre bisexual el nombre hebreo de Dios, Yahveh o Jehová.

También se manifiesta su relación con la Cábala perversa, introducida primero en algunas de las sectas masónicas más terribles, como el Iluminismo, el Martinismo, el Rosicrucianismo, etc., en la Masonería moderna, por la doctrina moral, por la permisión de la hipocresía, de la mentira, del robo, de la deshonra, cuando se trata de hacer mal a los gentiles, o sea a los no judíos, cosas que se practican ampliamente en la Masonería, como hemos visto, cuando se trata de conseguir sus fines, como profesando el mismo principio común con la Cábala: ‘ el fin justifica los medios’ (Véase La F.M., Secte Juive.)

El Ritual masónico denuncia con evidencia su origen judío: los símbolos, comenzando por la misma Biblia, el escudo de armas, en que se trata de desplegar heráldicamente las varias formas de los querubines descritos en la segunda visión de Ezequiel, un buey, un hombre, un león y un águila, las dos columnas del templo masónico, recuerdo este último del templo de Salomón; la reconstrucción del templo, que es la obra masónica, etc. Las leyendas y catecismos, tomados en gran parte de la Biblia, tergiversándola casi siempre al saber masónico, especialmente la leyenda de Hirám, que tan importante papel desempeña en el Ritual masónico.

Las palabras o términos usuales, como los nombres de las coliunnas, Booz y Jakin, las palabras de reconocimiento y de pase, v.gr., Tubalcaín, Shiboleth, Giblim o Moabon, Nekum o Nekam, Abibalc, etc. La importancia que se da a los números, cosa muy propia de la Cábala, es también otro testimonio de la influencia cabalística en la Masonería.

Finalmente, los hechos, el reinado del Terror, la explosión de odio satánico contra la Iglesia, contra N. S. Jesucristo, las horribles blasfemias en que prorrumpían los revolucionarios masones en Francia, no son más que la expresión y cumplimiento de las aspiraciones de las sectas Cabalísticas y secretas que durante varios siglos venían secretamente contra del Cristianismo. Lo que los bolchevistas judíos en su mayor parte hacen ahora en Rusia contra el Cristianismo, no es más que otra edición de lo que hicieron los masones en la Revolución Francesa. Los ejecutores son distintos; la doctrina que mueve y autoriza y la dirección suprema es la misma.

131. — Epilogo sobre el origen. Alguna vez la verdad.

No creo necesario el detenerme a dar a conocer a mis lectores las relaciones que la Masonería tiene o pretende tener con las sectas más antiguas, egipcias, caldeas, indobrahmánicas, griegas, persas, etc. De aquellas sectas o escuelas ha imitado la doble doctrina, exótica, o externa, y esotérica, u oculta y reservada a los iniciados.

De esas fuentes provienen también sus doctrinas sobre el panteísmo, o materialismo, el dualismo o bisexualismo de Dios, la emanación de las almas, su metempsicosis, etc. El que tenga interés en ello puede leer a Preuss, que expone con mayor detenimiento lo que enseñan los doctores masones, al menos los norteamericanos. Réstame sólo el encontrarle alguna vez razón a la Masonería.

En las leyendas masónicas de ciertos grados se suele decir que la Masonería desciende por Caín, hijo de Eva, de Eblis, el ángel de luz masónico, o sea el Lucifer de los cristianos, y por lo tanto, según ellos, viene del mismo Satanás, que para ellos es el Dios bueno, el eterno enemigo de Jehovah, Dios de la Biblia y de los cristianos.

Creo que los lectores que se hayan dado cuenta de lo que va dicho, especialmente en materia de doctrinas y de prácticas morales, comenzando por las mentiras constitucionales o sociales, constantes y de manifiesta comprobación, y siguiendo con las violencias y crímenes cometidos, creo, digo, que los lectores encontrarán que, en esa jactancia de la Masonería acerca de su altísimo origen, aun envuelta en mentira, dice una verdad que nadie le disputará.

Viene espiritualmente de Satanás, no en la forma que ella dice, por supuesto. El demonio ha sido seductor, es decir, engañador desde el principio; ha sido el instigador de todos los pecados, el homicida de las almas, el atizador de todas las rebeliones, de todas las impurezas, de todas las libertades humanas culpables; el demonio ha dicho al hombre que como Dios.

El demonio ha sido el implacable enemigo de Cristo, instigando contra El toda suerte de traiciones, de herejías, de persecuciones.

La Masonería, que ha hecho lo mismo, es realmente su hija legitima y el instrumento suyo en el mundo.

El demonio es el padre de la mentira, y la Masonería es la mentira por constitución y por necesidad de su existencia. Es verdaderamente hija de Eblis o Satanás, y tiene razón para rendirle culto y cantarle himnos, como lo hace en algunos de sus grados.

15. Origen de la Masonería y su relación con otras sectas

Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net

120. — Diversidad de opiniones

Insensiblemente me he ido alejando de mi propósito, dando mayor extensión de lo que había pensado a este libro, y aunque quisiera terminar aquí, sin embargo hay dos o tres puntos más que creo indispensable bosquejar siquiera ante los lectores que hayan tenido la paciencia de leer lo que precede. Entre ellos está la cuestión del origen de la Masonería, del cual paso a tratar.

Pocos asuntos hay en que haya más diversidad de asertos y pareceres y se haya dado más campo libre, a la invención y a la fábula. Con decir que se le hace subir no sólo hasta N.S. Jesucristo, no sólo hasta la construcción del Templo de Salomón, hasta la edificación de la tore de Babel, sino también hasta Adán, hasta Dios mismo, ya se tendrá una idea del embrollo con que la Masonería ha envuelto su origen ante sus adeptos.

‘Es el oprobio de la Masonería’, dice Mackey (Encyclopedia, 296,) ‘que todavía no haya sido escrita su historia con un espíritu de verdadera crítica; que la credulidad haya sido fundamento sobre el cual se hayan levantado todas las investigaciones históricas masónicas; que los eslabones perdidos de una cadena de evidencia hayan sido suplidos frecuentemente con gratuitas invenciones y que afirmaciones de gran importancia hayan sido apoyadas en testimonios de documentos de cuya autenticidad no se ha probado’ (Cath. Encyc. Masonry, p.772.) El mismo Mackey señala doce opiniones diversas sobre el origen de la Masonería.

121. Origen de su organización

Sin embargo, generalmente entre los hermanos se conviene en que la Masonería azul de los tres primeros grados en su forma actual data de 1717, en que fue reorganizada en Inglaterra por el Presbiteriano Revd. Anderson. Cuatro logias de masones de Londres se reunieron en la Taberna del Diablo, según refiere Mackey en la Encyclopedia of Freemasonry, y constituyeron la Gran Logia, dándole un ritual y una ‘Constitución’.

En Paris, la primera logia se reunió también en una taberna: y las demás que se fueron fundando siguieron esa costumbre, que fue común a otros países de Europa. ‘En América’, continúa Mackey, ‘esa práctica ha cesado sólo en fecha relativamente reciente, y es posible que en algunas aldeas obscuras no haya sido aun abandonada… El primer salón masónico de que haya mención es uno que fue erigido por la logia de Marsella, en Francia, el año 1765… En 1772 la Gran Logia de Inglaterra hizo las primeras diligencias para la construcción de un salón, habiéndose suscrito una considerable suma para ello…’

La palabra Logia, común a todos los idiomas, derivada del inglés Lodge, es prueba, según Mackey, el origen inglés de las logias masónicas de todas partes; lo mismo que la letra G, como sustituta del Y en Yehovah, manifiesta el mismo hecho, aunque sólo en inglés y en alemán venga a representar la idea primitiva de Dios, God, Got.

Pero esa palabra, que para los grados azules suena simplemente Dios y es God, para grados más y para los supremos doctores de las logias, no es más que el resultado de tres iniciales hebreas, G.O.D., de las tres palabras Gomer, Oz. Dabar, que significan respectivamente Sabiduría, Fuerza y Belleza. Y si no fuera por esa coincidencia, esos altos masones no usarían el nombre de Dios, Dod, ni la letra G, que suelen poner en el triángulo de sus logias.

‘Es una singular coincidencia, dice el H. MacClenachan, continuador de Mackey, ‘y digna de meditarse; que las letras que componen el nombre inglés de la Divinidad, sean las iniciales de las palabras hebreas sabiduría, fuerza y belleza, las tres grandes columnas o sostenes metafóricos de la Masonería. Ellas parecen presentar la única razón casi que puede justificar a un masón para usar la inicial ‘G’ en su visible suspensión en el oriente de la logia en lugar del delta. La coincidencia parece ser más que una casualidad’.

Avanzando más en la explicación, los doctores masones llegan a la conclusión de que esas letras representan los poderes prolíficos de la naturaleza, que son el verdadero gran arquitecto de la Masonería. (Preuss, cap. VIII. The God of Freemas.)

Por lo que toca a los demás grados, agregados a los tres primeros reconocidos en la Constitución de la Gran Logia Madre, no entraré a dar noticias de las opiniones que hay sobre ellos.

Pueden verse en algunos de los autores citados. He aquí el resumen de Nesta Webster: ‘Quedan en pie los siguientes hechos: 1) Que mientras la Masonería Británica del Arte seguía las huellas de su origen hasta las guildas o asociaciones de albañiles, los francmasones de Francia de 1737 para adelante, han colocado el origen de la Orden en la caballería de las cruzadas: 2) que fue entre estos masones entre los que se erigieron los grados superiores conocidos como del Rito Escocés; y 3) que, como ahora lo vemos, estos grados claramente sugieren la inspiración de los Templarios (Secr. Soc., etc., p.141.)

No es raro encontrar en los autores las declaraciones de masones o exmasones que atribuyen a los altos grados todos los crímenes y corrupción de que se ha hecho culpable la Masonería; lo que sólo es verdad en el sentido de que el secreto de los altos grados ha fomentado extraordinariamente el espíritu de subversión que en los primeros no está aún muy francamente desarrollado.

122.- Origen de sus doctrinas

Siendo la Masonería un conglomerado de sectas y de grados diversos, formados en distintos tiempos y con ocasiones y tendencias de actualidad muy diversas, se encuentran en ella restos de doctrinas esparcidas en la historia de la humanidad desde los tiempos más remotos hasta los más modernos.

El carácter común a todas esas doctrinas es la oposición más o menos declarada, más o menos completa con los dogmas de la revelación. Como es la Anti-Iglesia, ha ido recogiendo todo lo que la enseñanza cristiana ha repudiado por absurdo o ha condenado como opuesto a la palabra de Dios, y todo lo que la razón humana, abandonada a sí misma, ha inventado en su flaqueza o en su propensión a favorecer los extravíos del corazón humano. Lo vamos a ver en un breve repaso de los principales sistemas de doctrinas. En gran parte lo tomo de Benoit (F.M., II, p.97 y sigs.)

123. — Afinidades con el Protestantismo. ¿Por qué simpatizan? Llama la atención el hecho de que, habiéndose propagado la Masonería por Europa desde la protestante Inglaterra, sin embargo, sea en Inglaterra donde se ha mostrado más pacífica y tolerante, lo mismo que en Estados Unidos. Más aún, se observa en México, en Estados Unidos, en Chile mismo, y creo no equivocarme al decir que en todas partes, por lo que he visto también en Roma, que la Masonería, que hace guerra implacable de calumnias y de violencias, cuando la puede hacer, a la Iglesia Católica, una de suma benevolencia, si no de favores, para con los protestantes, de cualquier secta que sean.

¿Cómo explicar este hecho? La explicación es muy obvia: El Protestantismo es una rebelión contra la autoridad establecida en su Iglesia por N.S. Jesucristo, contenida expresamente en la Biblia, e indirecta y lógicamente es una rebelión contra la misma autoridad de N, S. Jesucristo, El racionalismo y el Deísmo continuaron la obra comenzada por el Protestantismo y la negación del mismo Dios, propiciada por la Masonería o profesada abiertamente por ella es el complemento de esas rebeliones y negaciones.

De ahí es que los masones declaran que el Protestantismo es una media Masonería: ‘El Protestantismo’, decía la revista masónica Latomia, de Alemania, ‘es la mitad de la Masonería’. Por eso decía Eugenio Sué: ‘El mejor medio de descristianizar la Europa es protestantizarla’; y E. Quinet:

‘Para acabar con toda religión he ahí los dos caminos que se abren ante vosotros: Podéis atacar al mismo tiempo que al Catolicismo a todas las religiones de la tierra, y especialmente a las sectas cristianas; en este caso tenéis en contra vuestra a todo el universo. Al contrario, podéis armaros de lo que se opone al Catolicismo, especialmente las sectas cristianas que le hacen guerra; agregando la fuerza de impulsión de la Revolución Francesa, pondréis al catolicismo en el peligro mayor que jamás haya corrido. He ahí por que yo me dirijo a todas las creencias, a todas las religiones que han combatido a Roma.

Están todos, quieran o no, en nuestras filas puesto que en el fondo su existencia es tan inconciliable como la nuestra con la dominación de Roma’. Las sectas protestantes son las mil puertas abiertas para salir del cristianismo’ (Benoit,F.M., II, 264-265.)

He ahí una razón suficientemente poderosa para que la Masonería no sólo no moleste, sino para que ayude al protestantismo y también por lo que, no sólo los simples fieles, sino también los Ministros y Obispos protestantes están en las logias como en su propia casa.

Nadie va a combatir a sus auxiliares, mientras necesita de ellos.

Otra razón de esa diferencia de conducta, es que el católico, al hacerse masón, hace también la apostasía de su fe y necesita acallar los remordimientos y justificar ante su conciencia y ante los demás esa apostasía: de ahí es que tiene que hacer mayores esfuerzos, manifestar mayor odio contra lo que ha dejado, si no quiere volver atrás, con la vergüenza de haberse dejado engañar. He ahí por qué la Masonería pone mayor empeño en fanatizarlo, encendiéndolo en furor contra la que ha dejado; para que le sea más difícil volver a su fe primera.

124. — Relación con otras sectas; con los Templarios

Después de lo que se acaba de decir, no es de extrañar que la Masonería, presente muchas afinidades con el Socinianismo, como lo ha hecho notar Mons. Fava en su ‘Discurso sobre el Secreto de la Masonería’; pues es una de las sectas protestantes más racionalistas.

De los estudios hechos por Webster se desprende que al menos algunas sectas masónicas han heredado doctrinas y prácticas, a veces abominables y criminales, de otras sectas más antiguas mediante las sectas de los Rosacruces o Rosicrusianos y otras sectas anticristianas y satánicas que han practicado el culto de Lucifer y han ejercitado la magia y el maleficio en grande escala.

Véase, por ejemplo, el cap. IV: Three Centuries of Occultism (Tres siglos de Ocultismo.) Entre las sectas con las cuales se enlaza más inmediata y claramente la Masonería está la de los Templarios, que parece han subsistido secretamente después de su abolición en 1312. He aquí el resumen de las afinidades de la Masonería con esta secta; lo que en la Masonería se suele encontrar de común con los Templarios.

La negación de la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, el horror a la cruz, la guerra al sacerdocio católico, la indecencia de ciertas manifestaciones de beneficencia y de amor; el secreto de las reuniones, la adoración de la criatura, la justificación de los medios por el fin y las reuniones en la noche.

De ahí es que los masones son panegiristas de los templarios, y en algunos grados la venganza a la cual se adiestran es contra los asesinos de Jacobo Molay, el Gran Maestre de los Templarios, y el cadáver que se expone en la sala del medio es representación del suyo.

A este propósito dice Ragón, Gran Doctor Masón: ‘Los templarios recibieron en Asia la iniciación con las fórmulas y el velo judaicos. Iniciados desde la institución del Temple, propagaron en Europa los misterios masónicos, y sin duda la práctica secreta de estos misterios habrá servido en Europa de fundamento a la acusación de ateísmo y de irreligión que ha causado su fin trágico…’ (Benoit, F. M., II, p. 135-136. Véase The Cause, p 67; Eckert, II, 19-31.)

125. — Con los Albigenses

El panteísmo y dualismo, el odio al Dios de la Biblia, el odio a Jesucristo y la blasfemia contra El ; la duplicidad de Cristo uno nacido en Belén y el Cristo espiritual de los Albigenses, al cual algunas logias alemanas hacen corresponder un Cristo místico, y muchas otras lo hacen ser simplemente un símbolo de la humanidad del hombre de genio bienhechor, etc., el odio contra la Iglesia Romana y el desprecio de sus sacramentos, especialmente contra el matrimonio, la condenación de la generación y el favor a la licencia de costumbres, en el mismo sentido de los templarios; la doctrina de la transmigración y transformación de las almas, la división en ritos, los tres grados, que en los albigenses eran catecúmenos, creyentes y perfectos, las mismas violencias contra las iglesias y objetos del culto y los banquetes que en algunos grados suelen hacerse en Viernes Santo.

126. — Con algunas sectas árabes

Los que se han dedicado al estudio más profundo de las raíces históricas de la Masonería, no han visto en los Templarios más que un canal por medio del cual han llegado a tomar carta de ciudadanía en Europa, doctrinas y organizaciones del Oriente.

Entre estas sectas seña la Webster algunas que se formaron en el seno del Islamismo y que con sus organizaciones secretas, sus grados, sus doctrinas materialistas o dualistas y con sus prácticas infames y criminales han sido como el preludio de sectas que vemos desarrollarse en el siglo XVIII a la sombra o sobre la base de la Masonería. Tales son: 1)

Los Ismailis, cuyo jefe principal, Abdullah ibn Maymun, fundó la secta de los Batines, con siete grados: un recurso para atraerse adeptos y asegurar su dominación sobre las multitudes, además del secreto, fué la institución de misioneros que hablara a cada cual según conviniera para ganárselo y que con prestidigitaciones, como si fueran milagros, y con la máscara de la piedad y devoción y con discursos enigmáticos, etc., hicieran dóciles las multitudes para trabajar en la ejecución de sus designios. Parece haber servido de modelo a Weishaupt, el fundador de los Iluminados.

Los Kahmahitas, cuyos furores dominaron por un siglo en el seno del Islamismo, hasta que la universal conflagración fué extinguirla en la sangre, es otra de las sectas, cuyas doctrinas y prácticas se ven imitadas en algunas sectas masónicas. Profesaban el dualismo, el doble principio bueno y malo; el comunismo de bienes y de mujeres, y pronto llegaron a ser una terrible banda de asesinos y ladrones, entregados a toda licencia. Su fundador fue Hosein Ahwazi, enviado de Abdallh a Irak de Persia.

Los Fatimitas aumentaron los grados establecidos por Abdullah, elevándolos a nueve. ‘Su método es afiliar prosélitos, como hace notar Claudio Janet, y su sistema de iniciación eran absolutamente los que Weishaupt el fundador de los Iluminati, prescribía a los ‘Hermanos Insinuantes’. Externamente, los prosélitos eran de dos clases, los sabios y los ignorantes.

En los primeros grados, como se observa en la Masonería, se conservaba el respeto a la religión; pero se procuraba ir minando la fe, o con el descrédito de los maestros anteriores, o con poner en igual categoría a todos los profetas, incluso Moisés, Nuestro Señor y Mahoma. Desde el 5º grado para adelante se hacía la obra de destruir directamente toda religión. He ahí el evidente modelo de los Illuminati del siglo XVIII, a los cuales puede ser común esta descripción sumria de Von Hammer:

‘No creer nada y atreverse a todo, fue, en dos palabras, la suma del sistema que aniquiló todo principio de religión y de moralidad y que no tenía otro objeto que la ejecución de planes ambiciosos por medio de dóciles servidores, que, atreviéndose a todo y no sabiendo nada, desde que todo lo consideran como un engaño y quien nada es prohibido, son los mejores instrumentos de una política infernal’.

Los Drusos redujeron a tres los grados; profanos, aspirantes y sabios, y conservaron una especie de culto de la Naturaleza y de Sabeísmo con la fe de los Ismailis en la dinastía de Alí y de sus sucesores y un credo abstruso y esotérico sobre la naturaleza de Dios, que declaran ser ‘La Razón Universal’, que se manifiesta por medo de ‘avatares’. Su catecismo es muy parecido al que usan los masones.

Finalmente, los Hashishiyin o Asesinos, es otra de las sectas árabes cuyas huellas se descubren en las sectas masónicas modernas. Es aquella secta terrible de la cual fue jefe el Viejo de la Montaña.

Tenía siete grados; su secreto para con los profanos era riguroso; conservaban como doctrina fundamental de la secta el Islamismo. Establecieron un verdadero reinado de terror en el Oriente, organizando con el aliciente del Paraíso un sistema de asesinatos sobre la base del fervor religioso, para acabar con todos los que les fuesen contarios. Los Jacobinos del 1793 han sido sus legítimos descendientes (Webster, o.35 y sigs.)

127. Con los Paulicianos y Maniqueos

Con los Paulicianos tiene de común la Masonería las palabras y expresiones mágicas con que encanta y engaña a los sencillos; la pretensión, que suele declarar a veces, de profesar un cristianismo purificado y primitivo, y la exaltación de San Pablo sobre San Pedro, como espíritu más liberal, etcétera. Con los Maniqueos, la Masonería suele profesar los dogmas y usar las prácticas siguientes:

El Dios-Naturaleza, en dos principios, bueno y malo, luz y tinieblas; el espíritu revolucionario, destructor del orden: la guerra a la propiedad, al matrimonio; la satisfacción de las pasiones carnales sin freno alguno; el culto al sol; el horror a la eternidad de las penas y la creencia enl metempsicosis o transmigración de las almas; la negación de la realidad de Cristo, seguida por algunas escuelas masónicas; las palabras seductoras con que se promete la luz, la verdad, etc., para cazar los adeptos; la imitación de las instituciones de la Iglesia, especialmente del bautismo, de la comunión, de la jerarquía, etc., los tres grados fundamentales, que en los maniqueos eran los creyentes elegidos y los perfectos; los tres signos, de la boca, de las manos y del seno.

A causa de la indecencia de este último, las logias lo han suprimido, conservando los otros dos y vestigios del suprimido en los cantos y en algún prado; los juramentos sobre los secretos; el favor y alabanza dados a todas las herejías y el odio a la Iglesia Católica; el duelo en la recepción del maestro y el nombre de hijos de la viuda, recuerdo este último de la viuda rica que adoptó a Manés, fundador del Maniqueísmo.

Las simpatías de la Masonería por el Maniqueísmo son evidentes: Weishaupt, recomendaba a sus adeptos el estudio del Maniqueísmo, y Redarés celebra a Manes como a uno de esos hombres que han querido poner razón y verdad en su fe religiosa.

128. Con los Gnósticos

La afectación de ciencia (gnóstico quiere decir sabio;) la variedad de sectas y tiros; el panteísmo y dualismo, negación de la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo; la pretensión de poseer el verdadero cristianismo; la práctica de la magia, que suele recomendarse mucho en ciertas sectas masónicas: la doctrina de la metempsicosis; los signos de reconocimiento; la recomendación de evitar la familia; el comunismo de bienes y mujeres; la rehabilitación y veneración de los grande culpables como Caín, Judas, etc., señalados en la Biblia; la deshonestidad, enseñada y practicada en ciertos ritos o grados, y la licencia general enseñada en todos los grados, etc.

Las mismas analogías se puede decir que se encuentran con las primeras sectas de herejes que se formaron alrededor del cristianismo desde los primeros tiempos y cuyos principales elementos fueron los judíos.

14. Congreso antimasónico internacional de Trento. Resumen.

Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net

114. - Doctrinas religiosas y filosóficas

Como confirmación de todo lo procedente, daré aquí las conclusiones a que llegó el Congreso Antimasónico Internacional celebrado no ha mucho en Trieste, conclusiones que tomo de la obra de Creus y Coronura, La Masonería, páginas 311 y siguientes.

Apoyándose en la autoridad oficial que ha sancionado las doctrinas contenidas en más de 150 volúmenes de obras masónicas, volúmenes que han figurado en la pequeña exposición del Congreso de Trento, se ha declarado por unanimidad ‘Que las doctrinas religiosas y filosóficas reproducidas y propagadas por la Francmasonería son las doctrinas phalicas de los antiguos Misterios de la India, de la Persia, de la Etiopía, del Egipto, de la Fenicia, de la Grecia, de los Romanos, de los Druidas; y, después del Cristianismo, de los Gnósticos, de los Maniqueos, de los Albigenses, de los Pataros y otros semejantes, de los Templarios, de los filósofos del Fuego o Alchimistas o Rosa-Cruces.

Estos últimos, en 24 de junio de 1717, fundaron la Masonería con un símbolo actual, para perpetuar bajo su nombre el culto del Phallus, llamado asimismo Naturalismo, o culto de la Naturaleza. Por esto la Masonería se define a sí misma, por boca de la Gran Madre Logia de todas las logias del mundo, Madre Logia de Inglaterra. ‘La capacidad de la naturaleza, la inteligencia del poder que existe en la naturaleza en sus diversas operaciones’. En cuanto a la capacidad de la naturaleza, se define por esa simple palabra ‘Luz’, la luz por excelencia que ilumina a todo hombre que viene al mundo.

En cuanto a la inteligencia del poder que existe en la naturaleza, se proclama: ‘Un hermoso sistema de moral, bajo el velo de las alegorías y el adorno de los símbolos’.

En fin, para resumir en pocas palabras las precedentes definiciones: ‘Ella es la ciencia del Santo Nombre de Dios, de la palabra para Jehová, pronunciada e interpretada en logia por Hi-Ho, que quiere decir El-Ella, los dos sexos, las potencias generadoras’.

115. - Masonería y Satanismo

Respecto de las relaciones de la Masonería con el Satanismo se convino por unanimidad que la simple Masonería de los tres primeros grados, de Aprendiz, de Compañero y de Maestro, hallándose como se hallan, común y necesariamente divididas en exotérica y esotérica, es decir, que sus miembros, ignorando como ignoran, en su mayor parte la significación de sus símbolos, y, por consiguiente, no hallándose todavía moralmente preparados y dispuestos a un comercio físico o sensible con los espíritus, o bien con Satán, no existe esta relaciópn desde el punto de vista moral e intelectual, sin embargo, tienen una perfecta relación con el Satanismo, puesto que es una asociación que se llama a si misma ‘Dios’, o, como la definía Mazzini, ‘Ecclesia Sancta Dei’, entendiendo por este Dios a Lucifer o el Sol, principio de la generación material universal.

‘Que, en fin, los Maestros de la simple Masonería, bien distintos por sus símbolos y por la separación de sus reuniones, de los Aprendices y Compañeros, a los cuales no les son explicados sus símbolos’, pueden practicar si quieren, el Arte Hermético o negro, la Magia, bajo el nombre de Masonería Sacerdotal, supuesto que por el hecho mismo de ser Maestros, son sacerdotes de Satán, representado en todas las logias simbólicas por la Estrella flamígera o flameante.

116. — Relación de los dogmas masónicos entre sí

Respecto de si existe alguna relación entre las diversas doctrinas profesadas, al menos en apariencia, por los Francmasones, y si existe realmente, cuál sea, se contestó unánimemente también, que las diversas doctrinas profesadas públicamente por los Francmasones bajo diferentes nombres, se resumen en el Masonismo ‘por el todo en el todo’ o en el Dios. Gran-Todo del Panteísmo idealista y del Materialismo, bajo el nombre de ciencia positiva o Positivismo.

‘Que esas doctrinas, en el lenguaje simbólico universal de los masones, reciben de ellos el nombre de ‘Masonería ostensible a los profanos’. ‘Que tienen entre ellas una íntima relación, en cuanto todas identifican el universo con Dios.

‘Que provienen todas de la Masonería, escuela y seminario de ateísmo, ‘Que su relación consiste únicamente en la substitución del concepto de un Dios generador del Universo, al concepto cristiano del Dios creador del cielo y de la Tierra.

‘Y que esta institución se halla indicada en la Masonería por el nombre de Arquitecto del Universo, aplicado a Dios. Y el Arquitecto supone la preexistencia o la coexistencia de la materia sobre la cual debe ejercerse la arquitectura y emplearse los instrumentos… ponerla en obra’.

117. – Objeto de la Masonería

Y tocante a cuál sea el objeto de la Masonería, después de una larga discusión, con igual unanimidad fue contestado: ‘Que el objeto de la Francmasonería es la destrucción universal en el orden físico, intelectual y moral:

‘En el orden físico, o de la existencia, puesto que la Masonería ha divinizado la muerte o la destrucción universal, sustituyendo a la Santísima Trinidad Cristiana la Trinidad india de un Dios Generador, Destructor y Regenerador, representado por su Triángulo realizado en el Cosmos por el principio general según el que ‘mors unius est generatio alterius’, y viceversa, sucesiva y eternamente, y puesto en práctica por los masones con grave perjuicio de la sociedad humana, bajo los especiosos nombres de lucha por la vida, revolución perpetua y progreso indefinido.

En el orden moral, el objeto de la Masonería es la destrucción universal, puesto que deifica el principio del mal, y con él, todos los vicios bajo el nombre de todas las virtudes.

‘En el orden intelectual, su objeto es la destrucción universal de la verdad, por la profesión explícita y necesaria del secreto, de la mentira, del perjuicio y de la blasfemia cotidiana.

‘En una palabra, resumiendo todo lo que precede, se ha concluído que, así como apagando u obscureciendo, en cierta manera, el Sol, los que cierran los ojos a la luz, apagan y obscurecen la vida, el orden y la belleza del Universo; los Francmasones, falseando el concepto cristiano de un Dios creador, por la substitución del concepto de un Dios Generador, tienden a la destrucción universal, visto que en todos los ritos simbólicos y todas las ceremonias profesan la adoración y el culto del maldito pecado mortal en acto, ‘per peccatum mors’ y visto que adoran la rebeldía universal en Satán y la lujuria infinita de la humanidad, que son el Alpha y Omega de su dios, la Destrucción.

118. Acción masónica

Sobre la acción masónica nos dicen las conclusiones del Congreso: 1º ‘Que la Francmasonería es una secta religiosa y maniquea; que la última palabra de sus secretos y de sus misterios es el culto de Lucifer o Satán, adorado en las tras-logias como el Dios-Bueno, por oposición al Dios de los Católicos, que los iniciados blasfemadores llaman el Dios-Malo.

2° ‘Que el demonio, inspirador de las sectas masónicas, sabiendo que no ha de llegar jamás a hacerse adorar directamente por la generalidad de los hombres, procura infiltrar en las almas, por medio de la Masonería, el gérmen del naturalismo, que no es otra cosa que la completa emancipación del hombre respecto a Dios.

3º ‘Que para implantar en el mundo este naturalismo impío, la Francmasonería se esfuerza en acostumbrar a los hombres a colocar en el mismo pie de igualdad todas las religiones, la única verdadera y las falsas; substituir a la atmósfera católica masónica, por medio de la prensa y la escuela sin Dios.

4º ‘Que el medio particular de que se sirve la Masonería para perder las almas afanosas de lo sobrenatural, pero no suficientemente preparadas para el maniqueísmo luciferiano, es excitarlas a que se entreguen a las prácticas perversas del espiritismo.

5º ‘Que la Francmasonería es también una secta política, que procura apoderarse de todos los gobiernos, para hacer de ellos ciegos instrumentos de su acción perversa y que trata también de sembrar por doquiera la rebelión.

6° ‘Que el objeto de la Francmasonería, sembrando la revolución por todos los ámbitos del globo, es el establecimiento de la república universal, basada sobre la rebelión contra la soberanía divina, sobre la destrucción de las libertades y las franquicias locales, sobre la abolición de las fronteras y la perversión del sentimiento patriótico, sentimiento que, después del amor de Dios, ha inspirado al género humano sus más bellas acciones, sus más nobles sacrificios, sus más heroicas abnegaciones.

7º ‘Que la Francmasonería prosigue su lucha contra la Iglesia, introduciendo en los pueblos cristianos una legislación anticristiana.

8° ‘Que la Francmasonería es directamente responsable del socialismo moderno, porque ha substituido el ideal cristiano de la felicidad social, su ideal propio; a la jerarquía social cristiana, gobernada por la justicia y templada por la caridad, una pretendida igualdad de todos los hombres entre sí; porque haciendo olvidar a los hombres que es en la vida futura donde será recompensado cada cual según sus obras, les enseña que la felicidad sólo se halla en los goces materiales de acá abajo y que todos tienen un derecho estrictos una parte igual de esa felicidad.

9º ‘Que la filantropía masónica, opuesta a la caridad cristiana, siendo, como es, el amor puramente natural de unos hombres a otros hombres, es incapaz de servir de lazo entre la humanidad y Dios; y que, además, esta filantropía masónica no se ejerce sino respecto a los Francmasones mismos, y muy a menudo, en detrimento de la sociedad civil.

11° ‘Que para corromper irremediablemente a la familia, la Francmasonería procura corromper a la mujer, que no solo hace ingresar, siempre que pueda, a las mujeres a sus logias, sino que es el alma de este movimiento llamado feminista o de emancipación de la mujer, destinado a introducir la perturbación y el desorden en las familias, por el vago deseo de una reforma completamente inasequible.

12° ‘Que para acostumbrar a los hombres a prescindir de la iglesia en la vida social, la secta procura hacer suprimir las fiestas religiosas y los días consagrados a la santificación de las almas y al descanso de los cuerpos, para substituirlos por las fiestas meramente civiles’.

Hasta aquí el resumen del Congreso.

119. — ¿Qué es, pues, la Masonería?

Después de lo dicho, se puede dar la siguiente definición de la Masonería: La conspiración habilidosamente organizada y disciplinada contra Jesucristo y la Iglesia, y consiguientemente contra el mismo Dios y contra todo lo que significa orden y respeto a alguna autoridad y reconocimiento de algún deber que cumplir y de un freno a nuestras pasiones.

Era lo que con desembozo confesaba Proudhon: ‘Nuestro principio propio es la negación de todo dogma; nuestro punto de partida, la nada; negar, siempre negar; he ahí nuestro método; él nos conducirá a poner como principios: en religión, el ateísmo; en política, el anarquismo; en economía política, la no propiedad’ (Benoit, F. M., I, 17) Eso es lo que se ha esforzado por realizar la Masonería, sin poder jamás conseguirlo del todo, no sólo porque la Providencia vela por el género humano y deficiente de un modo especial su Iglesia, sino porque del fondo mismo de nuestra naturaleza se levanta la protesta contra el exceso del mal y surge la reacción contra él.

Después de lo dicho, también se puede definir la Masonería, en conformidad con lo que muchos masones han declarado: una sociedad compuesta de dos clases (de miembros: los que engañan y explotan a los demás, y por medio de ellos al mundo profano, y otros, la gran mayoría, que son engañados y explotados por los primeros y les sirve de instrumento para toda clase de fines, aun los más perversos, y para trabajar en contra de sus propias ideas religiosas, patrióticas, sociales, etc.

13. Doctrinas Filosófica y Sociales

Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net

108.- Materialismo y Ateísmo

Casi todas la variantes del culto y simbolismo masónico van a parar en la negación del Ser Supremo, distinto de este mundo material, es decir, en la negación de Dios, tal cual lo ha conocido el mundo cristiano, el pueblo mahometano y el judío; espiritual, infinito, con una infinidad de perfección actual y no sólo con la infinidad pasiva, de recibir formas indefinidamente posibles, propias de la materia.

La Masonería, busca de sus pontífices protesta del cargo de ateísmo que lo hace; pero trata de conciliar su afirmación de divinidad con el materialismo: ‘El materialismo, dice Ragón, es muy impropiamente llamado ateísmo. El ateísmo no es concebible: sería suponer efecto sin causa; puesto que es la causa de todo lo que existe lo que se designa con el nombre de DIOS, el cual es la causa desconocida de efectos conocidos. Pues bien, tal absurdo no es admitido por nadie, sino por la ignorancia o por la mala fe. Por tanto, no puede haber ateos.

La sola división que existe está en la cuestión de saber si la causa de toda existencia es espiritual o material, es decir, aislada, independiente de la materia, o bien inherente a la materia y formando parte integrante de ella. Pero un materialista no es un ateo’ (Benoit, F. M., I, 232.) Eso está bueno para engañar tontos.

Desde el momento en que se acepta que la divinidad no es más que el mundo material, y principalmente el hombre, que es la parte superior del mundo, se niega la existencia de Dios en la realidad, dejando solamente el nombre, como una muestra más del engaño e hipocresía que usa la Masonería.

‘Viendo (los masones) que cada ser construye, infieren de ahí que la construcción es universal, que una actividad constructiva se ejerce a través del mundo, el cual no existe sino porque perpetuamente se construye. El universo aparece así como un inmenso taller que se edifica él mismo por el intermedio de infinidad de seres dedicados a su construcción.

Pero los seres se construyen por un tiempo limitado, mientras que la construcción del conjunto es indefinida. Notemos aquí que construcción implica discernimiento. Un pollito se desarrolla en el huevo según un plan. Las células que se multiplican obedecen a una sugestión constructiva para constituirse en organismo.

¿No se ejerce en grande una sugestión análoga sobre todo lo que se desarrolla, sobre la evolución humanitaria, por ejemplo?

¡Y he ahí al Gran Arquitecto reconocido en su obra, que es la gran obra del Progreso general!..

‘Un masón no tiene nada de metafísico, hábil para hacer el titiritero con concepciones etéreas; es un constructor sobre la tierra plana, que no construye en las nubes.

Sintiendo bajo sus pies el suelo, se vuelve hacia él antes de investigar las nubes. Lo que cae bajo sus sentidos es para él el punto de partida de toda revelación.’ (Oswald Wirth, ‘El Dios de la Teología y el Gran Arquitecto de los Francmasones’

Otros hay que proponen con más franqueza su ateísmo: ‘Somos personalmente tan ateos como se puede ser. La idea de Dios es de las que rehusamos aun discutir; tan indigna de consideración nos parece. ¡Pues bien! No por eso somos menos partidarios de que se mantenga el Gran Arquitecto del universo. Esta inscripto en la cabeza de las primeras constituciones. Dejémoslo. Otros lo aceptan como una verdad; nosotros lo soportamos como una convención’. (H.. Lantoine, cit. Rev.des SS. SS. N° 18, p. 328, 1925)

Sobre esos principios se edifica la libertad absoluta que defiende la Masonería, y con mucha lógica; porque si no hay más Dios que la Naturaleza, de la cual nosotros los hombres somos la parte culminante, nosotros somos dios o parte principal de dios, somos soberanos independientes de todo otro ser como no sean las leyes naturales, físicas, químicas, mecánicas. De ahí que se exhorte al hombre a ser su propio dios y adorador de sí mismo.

109. — Negación del alma espiritual e inmortal

Respecto a la inmortalidad y espiritualidad del alma, no pueden ser dudosas las teorías masónicas. Si el alma a lo sumo es una parte de la divinidad y no puede ser parte de ella si ésta no es algo material, divisible, claro está que, el alma es también algo puramente material, sujeta, por lo mismo, a corrupción y a muerte.

‘En el principio, dice Pike, el Universo no era más que un alma. Era un Todo solo, con Tiempo, Espacio, e Infinito como ellos. Tuvo ese pensamiento: - Yo creo al hombre, cuya Alma sea mi imagen y e´l gobernará. Y ¡he ahí! El Hombre con sentidos, instintos, y un alma nacional!’Y sin embargo, no hombre todavía, sino un animal que respiraba, que veía, que pensaba, hasta que penetró en su cerebro una centella inmaterial del propio Infinito Ser de Dios , y se hizo Alma: y ¡he ahí al hombre, al Inmortal’. (Preuss, A.F.,204.)

Esta centella, en la muerte vuelve al seno de Dios, si está purificada con la iniciación masónica, que es como una muerte espiritual que borra lo pasado, y si no está purificada tendrá que dar vueltas por la vida hasta que se purifique. Esta es la doctrina del Supremo Gran Pontífice de la Masonería Universal, Pike.

Es cierto que afirma que el alma tendrá su actividad e inteligencia en Dios, como antes de unirse con el cuerpo, pero ésa no es ni puede ser otra vida que la que tiene la parte en el todo en cual se refunde. Se deja, pues, en el nombre la Inmortalidad del alma; en realidad se la niega; pues, si su inmortalidad se reduce a eso, también las pIantas, los frutos, son inmortales, ya que ninguno de sus componentes se reduce a la nada, sino que todos los elementos disueltos con la muerte, vuelven a formar parte del todo material de donde habían salido.

Las doctrinas masónicas sobre este punto, tales como las han expuesto Pike y Mackey, son las mismas de los gnósticos, con las viejas teorías de la preexistencia de las almas, de su transmigración y de su vuelta a Dios, con todo su cortejo de incongruencias y de falta de lógica, que los doctores masones prefieren pasar por alto y aceptar, porque esas eran las doctrinas de los antiguoos. (Véase Preuss, A. F., 200 -220)

El predominio de las ideas materialistas entre los hermanos es la causa de la insistencia con que se enseña en las cátedras oficiales, que están casi todas en su poder, la teoría del darwinismo o transformismo, con su postulado indispensable de la generación espontánea y su cortejo de absurdos, de ridiculeces, de afirmaciones sin fundamento serio y de esfuerzos por sorprender en las capas de la tierra algún mezquino indicio, entre la inmensa mina de hechos que no no dejan subsistir por un momento la absurdísima idea de que las cosas se pongan solas en movimiento, después de haber comenzado a existir sin que nadie les diera la existencia, que se hayan dado solas la vida, las que la tienen, sin recibirla de un ser que antes la tuviera, que se hayan dado la inteligencia, los seres que la tienen, sin recibirla de quien pudiera darla, que las cosas se hayan ordenado solas, que se construyan solos esos admirables organismos, que nuestra inteligencia no alcanza aun a conocer y admirar, sin que haya una inteligencia que haya establecido el orden y las leyes, en una palabra, que la nada haya producido lo que existe y que el acaso ciego haya llenado de leyes y de orden el universo.

Contra estas enfermedades de los espíritus, que no son nuevas en la humanidad, hay que tener paciencia y mucha caridad, al mismo tiempo que hay que usar de la reflexión para con todos aquellos que no están aun fanatizados y cegados por el constante repetir de los mismos errores acompañados de los mismos aordes de las palabras ciencia, progreso, evolución y otras parecidas.

110. — Doctrinas comunistas, antianarquistas, bolchevistas

No son más que consecuencias de la doctrina masónica acerca de la igualdad primitiva, que se propone restaurar entre los hombres, de esa igualdad absoluta, tan invocada y querida por los Comunistas corno fundamento de la realización de sus sueños.

Ya desde la entrada en la logia se previene a los adeptos que en la Masonería no hay distinciones, que todos son iguales; se le hace hacer la entrega del metal, es decir del dinero que llevan y si no se les deja desnudos es porque las costumbres no permiten realizar ese ideal. Así los hombres quedarían iguales en todo lo que no depende únicamente de la naturaleza.

Esa igualdad trae consigo la comunidad de bienes y lógicamente las demás comunidades, especialmente la de mujeres y de la patria, a que aspiran ciertas escuelas socialistas.

Naturalmente, cuando la Masonería necesitaba el apoyo de los reyes y príncipes, para trabajar a las sombras de ellos en derribar sus tronos, y cuando necesitaba del dinero de los ricos para su propaganda o para sus misiones revolucionarias, no se proponían tan claramente las doctrinas socialistas o anarquistas. Y ahora mismo, no en todas partes se habla claramente de esos ideales; eso haría que se retiraran muchos de cuyo apoyo y dinero la Viuda tiene necesidad.

Todos o casi todos los autores que he tenido a la vista establecen el parentesco doctrinal entre la Masonería y los sistemas destructores del orden social y los esfuerzos empleados por la Masonería para tener a los partidos revolucionarios como aliados o instrumentos suyos; y los autores de los últimos tiempos manifiestan a las claras la íntima relación del judaísmo con la Masonería y con los partidos revolucionarios, desde el Socialismo hasta el Bolchevismo.

‘De la explicación del ritual (masónico,) dice Eckert, cómo de la historia y de las confesiones de la Orden hay razón para concluir que la Francmasonería es una conjura contra el altar, el trono y la propiedad, con el fin de establecer sobre el haz de la tierra un reino social y teocrático, cuyo gobierno religioso y político tendría su sede en Jerusalén!..

La condición indispensable para su realización es la destrucción de los tres obstáculos que se le oponen: la Iglesia, el trono y la propiedad’ (I. 208.) El Congreso masónico de Saintes, en 1847, y los que le siguieron ‘prueban con demasiada claridad que la Masonería tiene por fin el socialismo y por medio de la revolución’ (Eckert, II, 227, nota.)

Eso explica el favor que la Masonería prestó y presta a todas aquellas asociaciones o ligas que directa o indirectamente se proponen parcial o totalmente la destrucción de la propiedad, la revolución social y la guerra al cristianismo, asociaciones que se multiplicaron en Europa y América en el siglo pasado.

A ellas dedica Benoit la sección segunda de la segunda parte de su obra ‘la F.M.’, tantas veces citada, a la cual remito al lector que quiera estudiarlas más detalladamente. Lo digno de observación, es, como hace notar Webster, que todos esos movimientos subversivos, de los cuales el bolchevismo se nos presenta como la última fase, tienen una sola mira: la destrucción del Cristianismo. ‘Lo repito: No es una revolución económica lo que forma el plan de los directores reales del movimiento, no es ni la ‘dictadura del proletariado’ ni la reorganización de la sociedad por los inteligentes del ‘Trabajo’; es la destrucción de la idea cristiana.

Los oradores socialistas pueden prorrumpir en invectivas contra la aristocracia corrompida o los ‘hinchados capitalistas’, pero éstos no serán los que más sufrirán una vez que esté ejecutada la conspiración. La revolución mundial se ha manifestado siempre indulgente para con los aristócratas egoístas y corrompidos, desde el marqués de Sade y el duque de Orleáns para adelante. Son los buenos, los rectos, los benévolos, los que han caído víctimas de la furia revolucionaria’ (p.341.)

Las logias quieren hoy, dice el Marqués de Colbet en el Echo du Cher, el despojo de los propietarios, la supresión de la herencia, la socialización del individuo, nuevos impuestos, la nacionalización de las grandes empresas, etc.’, es decir, el programa de la Internacional roja (Rev. de SS. SS., p. 41, 1925.)

Con razón, detrás de todo este movimiento revolucionario, ramificado en tantos sistemas, grupos o partidos, a veces contrarios entre si, y que, sin embargo, todos van al mismo fin, la destrucción del orden social cristiano, los que estudian y observan no pueden menos de ver una dirección general que habilísimamente maneja los hilos de todo ese ejército revolucionario, cuyas compañías al parecer andan por su cuenta y parece dirigirse por sí mismas.

La libertad masónica, que lleva al hombre a tenerse como su propio dios, conduce naturalmente a todas las revoluciones y al anarquismo más absoluto, y si no se puede realizar ese ideal es porque el sentido común no se ha perdido del todo entre los hombres y porque la naturaleza racional y social que hemos recibido deja sentir, aun en los que profesan los principios más disolventes, otra fuerza arraigada en las profundidades mismas de nuestro ser que pone algún dique a los más peligrosos extravíos humanos.

La historia muestra las reacciones que se han producido cuando la fuerza disolvente de los principios masónicos ha llegado a ponerse en ejercicio con el mayor furor y cuando parecía que el triunfo del desorden era definitivo.

‘El hombre, dice el Jerofante en la secta de los Iluminados al adepto que se recibe de epopta o sacerdote, el hombre es malvado, porque la religión, el estado, los malos ejemplos lo pervierten’ (Benoit, F.M. I, 46.) Con toda verdad y lógica dijo, pues, Prudhon, que el sistema de la Masonería era la negación de todo…en política el anarquismo’.

Dadas las relaciones del anarquismo con el judaísmo, no es de extrañar que no sólo se haya lecho notable la proporción de judíos anarquistas criminales, sino también de anarquistas judíos insanos, como lo hace notar el médico neuropsiquiátrico de Nueva York, Mr. Collins (Webster, p. 397.)

111.- Doctrinas disolventes de la Familia

El ataque de la Masonería a la familla ha sido uno de los más dañosos a la sociedad. Ha comenzado por las leyes de matrimonio civil, haciendo perder al matrimonio ante los ojos de la muchedumbre ignorante o viciosa esa consagración, ese carácter de institución sacramental de que lo dotó Nuestro Señor Jesucristo, y lo ha reducido al carácter de un contrato humano, como tantos otros, cuya fuerza depende de la ley humana.

Los males que ha causado en la sociedad cristiana en que vivimos ese primer atentado contra el matrimonio y contra la familia están, por desgracia, a la vista de todos, y son tan enormes, que casi ha concluido la familia en las clases populares de las ciudades. Y como si fuera poco todavía el mal hecho, la Masonería, siguiendo los ejemplos o instrucciones venidas de otras naciones, anhelo establecer la ley del divorcio.

En la ceremonia del matrimonio masónico, el Venerable y el Primer Vigilante tienen en presencia de los recién unidos este diálogo: ‘¿Qué pensáis de la indisolubilidad del matrimonio? - Que es contraria a las leyes de la naturaleza y de la razón; a las leyes de la naturaleza, porque las conveniencias sociales han unido muchas veces a seres que la naturaleza había separado por antipatías que no se descubren sino por el matrimonio; a las leyes de la razón, porque la indisolubilidad hace una ley del amor y pretende sujetar al más caprichoso y al más involuntario de los sentimientos - ¿Y cuál debe ser el correctivo? - El divorcio, responde el Primer Vigilante’… (Ragón, cit. Benoit, F. M., II, 234 -235.) La ley del divorcio es ya un hecho en varias naciones; en otras, como en Chile, es un proyecto auspiciado por la Masonería.

De ahí al amor libre, como lo quieren los socialistas, hay muy poca distancia. Fuera de eso, la Masonería introduce la Corrupción de costumbres en el mismo matrimonio, recomendando prácticas que van contra su fin principal.

Con la ley del secreto y las insistentes recomendaciones de guardarlo especialmente con la familia, amigos y vecinos establece un muro entre los consortes y crea un antagonismo entre la mujer cristiana que profesa con sinceridad su religión y el que renegó de ella con su ingreso a la Masonería y sigue instituyéndose y preparándose para combatirla con todas las armas que ella suele usar.

Ya se comprende qué vida de martirio tiene que llevar una esposa que se dé cuenta, algo siquiera, de la escuela en que se encuentra su marido, de los proyectos a los cuales presta su concurso obligado por los juramentos, y todavía, sin poder tener con ella una confidencia sobre asuntos que son de tanta entidad para un alma cristiana. No soñó tal cosa al escoger por compañero o íntimo confidente de su vida, al que había de tener un juramento que le impedirá ser confidente con ella, y que tras de ese juramento está conspirando por destruir lo que ella más aprecia, su Religión.

Nadie hay que no vea cuánto se debilitan así los vínculos de familia. Todavía la Masonería se empeña en separar de su hogar al niño, sustrayéndolo en el colegio y fuera de él, cuanto puede a la dirección y formación moral y religiosa de sus padres y debilitando, por consiguiente, en ellos los sentimientos y deberes filiales y los vínculos de familia. ¡Se comprende!

La familia está destinada para ser centro de virtudes y es el conservatorio de la religiosidad cristiana, como lo es de las buenas costumbres.

El Gran Oriente de Bélgica puso, el año 1864, a la orden del día de todas las logias, la cuestión de la enseñanza obligatoria. De las discusiones de las logias salió el proyecto de ley laica y obligatoria, cuyo último artículo era el siguiente: ‘5º Arrebatar el niño a la dirección paterna’. Dos meses después se formaba la Liga de la Enseñanza con el concurso activo de los masones y judíos enfeudados a la Masonería, para preparar el terreno a la aceptación de la ley (I. Bertrand, La F. M., Secte juive, 54-55.)

112. — Ataque hipócrita a la confesión

La Masonería suele atacar la confesión, como si ella impidiera o debilitara la confianza mutua que han de tener entre si los esposos; en lo cual falta, como acostumbra, a la verdad; pues nada impide que la esposa diga a su marido todo lo que necesita decir a su confesor para que se le perdonen sus pecados.

Otra cosa es si le convendrá a ella, a su marido o a la paz del hogar el hacerlo; pero no hay juramento ni prohibición alguna que se lo estorbe. Y si no le basta la confesión con su marido, como hipócritamente suelen decirlo los masones, es porque su marido no tiene poder de perdonar las ofensas cometidas contra Dios. Por lo demás, la intervención del confesor jamás puede ser causa de que se perturbe un hogar en que se observen las leyes naturales y positivas.

113. – Doctrina antipatriótica y hechos que la confirman

Como sociedad internacional, empeñada en establecer la libertad, igualdad y fraternidad universales, entendidas a su modo, por supuesto, la Masonería es enemiga de la nacionalidad, y buenas pruebas ha dado de ello.

Si así como en el convento de Wilhemsbad (1782) se decretó que la Revolución comenzara en Francia, se hubiera resuelto que comenzara por Alemania, habría sido éste el país devorado por la Revolución y, en vez de ayudar los traidores a las armas revolucionarias o imperiales, cuando invadían a Italia o al imperio germánico habría sido Francia el teatro de esas increíbles perfidias que le hacían decir a Napoleón que Italia estaba completamente minada; y a Henry de Beauregard, Jefe de Estado Mayor de Carlos Manuel, que los franceses ponían allí fuego a la pólvora por todas partes y que su poder no tenía más límite ni freno que su conciencia (Benoit, F. M., II, 395 396.)

Lo mismo pasaba en Austria, donde los emisarios de las logias francesas encontraban bastantes afiliados para secundarle sus planes. La captura de Semonville, enviado extraordinario de los Jacobinos a Constantinopla, vino a hacer descubrir ‘un mundo de traidores’, como dice una publicación de aquel tiempo, de los cuales no se tenía la menor sospecha.

De Alemania, durante el furor de la Revolución francesa, hay que decir otro tanto ‘Creo haberlo demostrado suficientemente, dice Eckert, en la Historia de la Masonería Francesa, es incontestable que los masones alemanes, por su unión con la asociación general y especialmente con las logias militares, fueron cómplices o los instrumentos de varias traiciones. La infame conducta de la guarnición de Maguncia es notoria.

¿La defección de que en esta época se hicieron culpables muchos comandantes de plazas prusianas, tuvieron todas el mismo fundamento? . No me atrevería a asegurarlo, pero es lo cierto que muchos hechos no pueden explicarse de un modo plausible en otra forma.. Estos hechos desconsoladores no se han verificado sino durante la época en que la Masonería estuvo completamente entregada a Napoleón; no se pudo comprobar lo mismo, o más bien sucedió todo lo contrario, cuando al fin la Orden adquirió la convicción de que no era el Emperador quien había sido su fácil instrumento, sino que era la Masonería la que no había siso más que un medio de que se había servido Napoleón.

Jamás Alemania volvió a mancharse con tal infamia, cuando la Masoneria lanzó el grito contra la profanación sacrílega que Napoleón había hecho de los santuarios masónicos’. ‘En España y Portugal, dice el mismo autor, la Masonería mostró una docilidad que no se le conocía hasta entonces y desplegó una gran actividad para crear un partido imperial’ (Eckert, II, p.151 y sigs.)

Ya antes se ha dicho cómo la Masonería fue preparando la caída de Napoleón III y la derrota de Francia en 1870.

La historia de Italia es, tal vez, la que presenta en su aspecto más repugnante la connivencia de los revolucionarios con los poderes extranjeros, por medio de. las logias, con Napoleón III, con Lord Palmerston, el Oriente de los Orientes, como se le ha llamado, y con el Supremo Pontífice de la Masonería Norteamericana y, a lo que parece, de toda la Masonería, Alberto Pike, que, si no los podía auxiliar con fuerzas, los auxiliaba con dólares.

Margiotta suministra muchos y preciosos datos al respecto. También los dan las Historias en general (Véase especialmente a Crétineau-Joly. L’Engl, en fase de la Revol..)

Con tales antecedentes históricos nada es más natural, justo y patriótico, que la ley que ha dictado el Gobierno de Italia sobre las asociaciones secretas, para defender a la Patria de semejantes traiciones, no sólo en tiempo de guerra, sino aun en tiempo de paz, en que las influencias extranjeras pueden obrar, por medio de las sociedades secretas, en contra de los intereses más vitales del país, como de hecho ha pasado en Italia, por lo que toca al aspecto religioso, considerado como de suprema necesidad para la moralidad y para la paz interna.

En el informe que sobre ese proyecto de ley pasó el señor Bodrero, se lee: ‘Al impregnar a sus adeptos de una seudo- moral en que los conceptos de nación y de patria ceden a los más universales de humanidad, toda masonería coloca efectivamente la calidad de masón en las diversas organizaciones sociales como anterior y superior a toda otra cualidad, autoridad u obligación jerárquica’.

‘Si es una falta grave, continúa, para todos los súbditos del estado el formar parte de sociedades secretas, ¿qué decir de los magistrados, cuya función debe siempre inspirarse en una conciencia recta, serena, objetiva, libre de toda influencia, presión, hecho de jefe que amenazaría la honrada equidad de su misión?

¿Qué decir de los oficiales de todas las fuerzas del Estado (ejército, marina, aviación, milicia voluntaria) que deben ser fieles y lealmente fieles a un solo juramento sagrado, el que prestan al Rey y a la Patria; hombres selectos por el uniforme que visten y por la muy noble misión que han escogido libremente?

Por eso el Estado no podría admitir que puestos delicados y esenciales, como la administración de los fondos públicos, la justicia, la enseñanza, la defensa nacional, la asistencia pública, sean confiados a hombres que, en nombre de una asociación secreta, puedan trastornar todas las reglas expresamente establecidas para el cumplimiento de sus funciones... ‘(Rev, de Sociétés Secretes, p. 382-383, Por lo que toca a España, dice Nocedal, en su discurso ya citado, que, en tiempo de la invasión francesa, ‘el gran Duque de Berg, caudillo entonces de los ejércitos invasores, pudo encontrar malos españoles, afrancesados aduladores del poderoso, traidores a la patria, buscándolos en las logias, y mientras España entera se apercibía a la heróica pelea, los masones enviaron a sus jefes más conspicuos a poner la corona en la sienes de Napoleón Bonaparte… De modo que sobre la Masonería pesan, a más del crimen de traición a la patria, todos los crímenes, matanzas, incendios y rapiñas de los franceses, de que fué cómplice y auxiliadora...’ (La Igl. y la Mas., p.155-156.)

No es de extrañar todo eso, pues es doctrina de los Iluminados que ‘El amor a la Patria es incompatible con los objetos de un amor inmenso, con el fin ulterior de la Orden’. Y Rebold, que ‘La Francmasonería proclama la fraternidad universal; sus esfuerzos tienden constantemente a ahogar entre los hombres los prejuicios de casta, la distinción de color, de origen, de opinión, de nacionalidad’ ( Benoit, F. M. 246.)

Los resultados de esos esfuerzos los expresa L’ltalie, de Roma, en su artículo de fondo, el 16 de octubre de 1879: ‘Lo que asombra en las doctrinas profesadas hoy día por los oradores radicales de todos los Estados de Europa, es la perversión completa de los sentimientos patrióticos. Los filósofos y los filántropos (es decir los masones,) que pedían ingenuamente una alianza universal de los pueblos, estaban, sin duda, muy lejos de imaginarse que sus sueños inocentes producirían tantas extravagancias criminales’ ( Rosset, La F. M., p 192.)

En los libros y magazines de la Masonería los actos ilegítimos y traicioneros ejecutados para la mutua asistencia son recomendados y alabados como gloria de la Masonería.

‘Las mismas inexorables leyes de la guerra,’ dice el Gr. O. de Francia Lefévre (Solsticio 24 Junio 1841, Proceso verbal, 62,) ‘tienen que doblegarse ante la F.M..; lo cual es tal vez la prueba más elocuente de su poder. Una señal hasta para detener una matanza; los combatientes arrojan lejos sus armas, se abrazan fraternalmente entre sí y al momento llegan a ser amigos y hermanos, como lo prescriben sus juramentos’. En el mismo sentido se expresa el ‘Handbuch’ o Manual Mas.. Alemán. (Cath. Encycl.)

Muy loable es el amor a todos los hombres en general y especialmente a los de nuestra misma asociación; pero deja de serlo y se convierte en un crimen de lesa Patria, cuando con ese pretexto se la traiciona o pone en peligro.

Ese peligro, nacido de los juramentos masónicos a que alude el orador citado, cuyas obligaciones se sobreponen a las de la disciplina militar y a las de la Patria, justifican de más la prohibición hecha en varios Países a los militares, de afiliarse a la Mas.., prohibición que la influencia masónica ha dejado desgraciadamente sin efecto entre nosotros.

No es, pues, de extrañar que, cuando en Chile se ha levantado una voz para herir el sentimiento patrio, siempre haya habido entre los HH.. apologistas o defensores de los sin patria.

12. La Masonería y su ideal de beneficiencia

Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net

    1. La honradez masónica.

No había querido tocar este punto, pero como suele ser el más tenido en cuenta por los que dominan las opiniones sociales, cuando se juzga de la moralidad y corrección de los hombres, me es necesario hacerlo, aunque sea brevísimamente.

Repito la advertencia ya muchas veces hecha: No me refiero sino en general a las personas de los masones y sólo a aquéllos que viven masónicamente. Sería injusto si pensara siquiera que tantos y tantos masones, que conozco, en los cuales no han penetrado las doctrinas masónicas, y que las ignoran casi por completo, fueran a manchar su honradez con actos incorrectos; como sería injusto quien atribuyera a la doctrina católica los robos y escándalos que cometen los católicos que no viven como tales, que no conocen, o al menos no practican, las doctrinas que profesan.

  1. La Masonería y los bienes de la Iglesia.

Desde luego, hay que notar en la Masonería el ningún respeto por la propiedad de la Iglesia y el plan sistemático de apoderarse de sus bienes, como lo ha hecho en las varias naciones que ha dominado: Francia, Italia, Méjico, Portugal, España, &c., y como se ve que piensan hacerlo aquí mismo mandando hacer la estadística de sus propiedades.

Ya se sabe que en Francia, cuando se hizo la confiscación de los bienes de la Iglesia, se dijo al pueblo que eso iba a ser para dedicarlo a sus necesidades, y es notorio también a qué escándalos dio lugar la liquidación.

Esa explotación de los bienes que los pueblos cristianos han mirado como sagrados basta por sí sola como lección objetiva muy elocuente para quitar el temor al robo; ¡pero ojalá fuera eso sólo!

    1. Mentira masónica.

Comentando una circular del Gran oriente de Francia a las logias de su obediencia, en que se les habla de la prudencia, de la ‘obra grande y bienhechora de la Masonería’, Copin-Albancelli hace esta observación, que viene a propósito: ‘La Masonería miente.

Trata de hacer creer que su obra es ‘grande y bienhechora’, que las ideas a las cuales se consagra son ‘nobles y puras.’

Pero los hechos la desmienten; porque hay miembros conspicuos de la congregación masónica que se llaman Wilson; Mayer, antiguo director estafador de la Linterna; Geyer, perceptor, en quiebra de caja; Tomás, el desvalijador de las Iglesias; hay otros en gran número que se cuentan en los panamistas, los suditas, los humbertistas, los defraudadores del sur, los falsificadores de toda especia y los coimeros de toda suerte. ¡Es cosa extraordinaria que una doctrina ‘noble y pura’ produzca tales frutos y en tan gran número!’ (Copin, P. O., 9.)

Los robos y escándalos de Adriano Lemmi, Supremo Gran Pontífice de la Masonería Italiana, han sido públicos, especialmente los fraudes de la provisión de tabacos, de los cuales ya se ha hecho mención, y otros muchos en que anduvo Crispi, Sciarra, Carducci, el poeta de Satanás, &c. Los narra Margiotta, en su obra Adriano Lemmi.

¡Ojalá la Masonería entre nosotros pudiera levantar la frente siempre pura y limpia de esa mancha que se ha echado encima en otras naciones! ¡Ojalá sólo la Iglesia tuviera que temer de las doctrinas que quitan todo temor de Dios y que enseñan al hombre a no combatir ninguna de sus inclinaciones!

    1. La beneficencia masónica.

¿A quién no se le ha dicho muchas veces que la Masonería es únicamente una sociedad de beneficencia? ¡Cuántos se habrán imaginado al oírlo que, fuera del socorro mutuo que se promete a los adherentes, la Masonería se ocupa únicamente del socorro de los necesitados con las grandes sumas que reúne!

Desgraciadamente, la Masonería usa tanto, tanto el misterio que, a pesar de que muchos otros secretos se llegan a traslucir por las obras que ejecutan los hermanos, de su beneficencia muy poco, por no decir nada, se trasluce ordinariamente.

No digo que bajo sus auspicios no se hagan obras de beneficencia o de filantropía, como les gusta llamarla.

Las hacen y a veces grandes; pero no con el dinero de la Orden o Hermandad, sino con el que colectan en fiestas, rifas o loterías, &c.

No voy tampoco a negar la generosidad individual de muchos adeptos; pues hay personas que son naturalmente inclinadas a dar y lo harían siendo o no siendo masones.

Pero en Iquique, donde la Masonería está floreciente, con sus cuatro o cinco logias, donde ha reinado durante tanto tiempo, realmente su beneficencia es mucho más misteriosa y secreta que sus conspiraciones contra la Iglesia o sus trabajos políticos, que por algo salen a luz.

    1. La generosidad.

Y lo curioso es que lo que me pasa a mí les pasa y les ha pasado a todos los que han puesto alguna atención a las cosas de la Masonería. Ved lo que decía Eckert de su tiempo: ‘Se dice que la beneficencia es el fin de la Masonería. Pero en ninguna parte se comprueba esa beneficencia, que sería el sello distintivo de la Orden.

¿Dónde están, pues, sus larguezas y actos de generosidad en vasta escala?

Jamás se ha visto nada sino cosa muy modesta. Además, esos actos de beneficencia, por mínimos que sean, no han sido sino locales, de ningún modo universales’ (La F. M., I, p. 121.)

Preuss, por su parte, después de un largo estudio de la doctrina masónica, tal cual la expone Mackey, llega más o menos a la misma conclusión: ‘Su caridad, dice, es para el pobre Hermano.•. que ha caído en pobreza o desgracia y para ninguno más.

Si el hermano ha caído en pobreza, no estaba en esa condición al ser recibido. La prosperidad o al menos el bienestar mudado en pobreza, la fuerza de vigorosa humanidad minada por la edad y necesitada, y esto solamente dentro de los límites de la Orden, que rigurosamente excluye de sus filas a las clases necesitadas, ése es el propio campo de la caridad masónica; si algún campo más estrecho de caridad puede encontrarse, señálesele’ (Preuss, A. M., 340.)

    1. Falsedad masónica.

Y como el Doctor masón había dicho que la principal beneficencia consiste en los beneficios intelectuales de la Orden, enseñando ‘la verdad de Dios y del alma’; en ‘quebrantar las cadenas del error y de la ignorancia que antes han tenido al candidato en el cautiverio moral e intelectual’, &c., el autor citado hace ver que, dado el secreto que usan las logias con extraños y aún con los propios hermanos de grados inferiores, esa benevolencia o beneficencia es lo más mezquina que pueda darse, ante una necesidad tan universal de luz masónica como la Masonería tiene que suponer.

Por otra parte, lo que ya se ha dicho hasta aquí y lo que ve todo el que quiere abrir los ojos, la conducta bárbaramente cruel de la Masonería para con sus enemigos, hace pensar que la sonada beneficencia masónica ha de seguir el mismo estilo de las demás afirmaciones que hasta ahora se han estudiado.

Cualquiera puede preguntarse: ¿Dónde están las obras de beneficencia masónica? ¿Quién las ha visto?

Fuera de la Masonería Inglesa, que tiene algunas obras de beneficencia, con el auxilio de unos pocos HH.•. ricos, es difícil, si no imposible, divisarlas en otra parte.

    1. Formación de una logia.

Como apéndice a esta capítulo transcribiré los siguientes datos sobre la formación de una Logia, que me escribe un amigo en cuya veracidad tengo absoluta confianza:
‘He tenido ocasión de sorprender en su primera reunión a los fundadores de una logia aquí en el norte.

El H.•. fundador era antiguo meritorio militar, decrépito ya; el Secretario, a quien sorprendimos con el maletín de la documentación en la mano, un Visitador de Escuelas que tuvo que salir… los profesores jóvenes podrían contar el porqué; otro de los fundadores, un militar, tal vez el más envuelto en el pavoroso proceso de ha pocos años, y que ha quedado fuera del Ejército porque no hacía honor al uniforme; un Director de Correos, que era una medianía y que tuvo que optar por ocultar las insignias masónicas que ostentaba sobre su abultado abdomen como dije de cadena; un Director de establecimiento de enseñanza y municipal, que era el tony de las sesiones; otro municipal fatuo e ignorante; un profesor que, por desgracia, lo es todavía, de una inmoralidad públicamente escandalosa dentro y fuera de su hogar; cuatro jovenzuelos sin vergüenza, sin educación y sin ley ni Dios, de patriotismo dudoso; un empleado fiscal henchido de orgullo, elevado de la nada, hereje empedernido y envuelto en ruidos procesos… Tales eran lumbreras que pretendían difundir la luz, la ciencia y la filantropía en aquella ciudad.’

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