por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 16
Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net
1. 11. - La Masonería, Asociación Universal.- Su unidad.
Se suele distinguir entre la masonería inglesa o anglosajona y la masonería latina, y no falta algún fundamento para esta distinción, dado el distinto modo de proceder que tienen las logias de una y otra raza; más aún, no ha mucho ha habido una ruptura entre las logias inglesas y americanas anglosajonas y las latinas, a causa de la extrema irreligiosidad y materialismo de que éstas hicieron profesión.
Eso no quita, sin embargo, que haya entre ellas no sólo la comunidad de origen, sino también la unión en el espíritu general de los ritos simbólicos, y se puede asegurar sin peligro de equivocarse, que reina la unión en la ocultísima dirección suprema, de la cual la casi totalidad los masones no se da cuenta, porque todo está muy bien arreglado para cazar incautos que no se den cuenta.
Esta dirección suprema juega al tira y afloja, según las conveniencias de tiempos y lugares; sabe esperar, sabe retroceder cuando le conviene, para no comprometer el terreno ganado y las posiciones ventajosas para nuevas conquistas en el porvenir.
Desde el fin del último siglo, una gran asamblea de los principales jefes decretó que un masón admitido a los tres primeros grados, sería reconocido por hermano legítimo en todas las logias de cualquier rito que fueren; lo cual no es arbitrario, puesto que toda la masonería está encerrada en los tres primeros grados, de los cuales los demás no son más que explicación o reproducción. Como se ha dicho, todo es cuestión de entender con mayor o menor perfección lo que se profesa en los tres primeros grados que son comunes a todas las logias. ‘Estos son el texto, dice Mackey, y los altos grados son el comentario’ (Preuss, A. F. 381.)
Es evidente que no hay unidad de ritos; pero esta variedad ‘no afecta la universalidad de la Masonería. El ritual es sólo la forma externa y extrínseca. La doctrina de la Francmasonería es la misma en todas partes. Es el cuerpo inmutable quedando en todas partes el mismo.’ Así lo afirma el Dr masón Mackey wn la Encyclopedia (Preuss, A. F. 385.)
Después de expresar el deseo de que aún el ritual sea más perfecto y en todas partes semejante, continúa el mismo Dr.•. ‘Pero si esto es imposible, como lo es, al menos nos ha de consolar el que mientras las ceremonias o el ritual hayan variado en diferentes períodos y aún varíen en diferentes países, la ciencia y la filosofía, el simbolismo y la religión de la Francmasonería continúa y continuará siendo la misma dondequiera que la verdadera Masonería sea practicada’ (Preuss, A. F. 386.)
Esa consecuencia la prueba en seguida el Doctor masón examinando los símbolos que se usan en las logias, el derecho de visitar las logias concedido a todo masón de cualquiera logia o país que sea, sin que las pocas excepciones establecidas por algunas logias de los estados unidos, alcancen a destruir la ley general; de modo que de esa unión resulta el vínculo sagrado que, como él dice:
‘Reúne a los hombres de las más discordantes opiniones en una banda de hermanos, que no da sino un mismo lenguaje a hombres de todas las naciones y un altar, a hombres de todas las religiones’, y con razón, por tanto, ese vínculo se llama ‘el Músico Lazo’ y los masones, por estar unido bajo su influencia a gozar de sus beneficios, son llamados ‘Hermanos del Místico Lazo’ (Preuss, A.F. 391-392.)5[5]
De ahí que ‘las autoridades masónicas unánimemente afirman que la Franc-Masonería por todo el mundo es una y que toda la Franc-Masonería no forma realmente sino una Logia’ (Cathol. Encycl..)
¿Cómo se explica, entonces, la ruptura de relaciones con el Gran Oriente de Francia, a causa del ateísmo de que éste hizo profesión, cambiando el artículo 1° de la Constitución de 1812, párrafo II, donde se profesaba la existencia de Dios y la inmortalidad del alma? La distinción entre Masonería esotérica, u oculta, y exotérica, o externa, lo explica fácilmente. Es cuestión de táctica:
En Francia se creyó el mundo masónico suficientemente preparado para recibir la profesión del ateísmo y ésta se estableció; en Inglaterra y Estados Unidos no estaba preparado para tanto y vino esa ruptura, puramente exterior, que afecta solamente a los mal instruidos en los principios de la Masonería, no a los de grados superiores que están penetrados de esos principios. Ya veremos que en Estados Unidos se prepara rápidamente el terreno para llegar a la misma declaración de ateísmo.
Para apreciar mejor en lo que vale la diferencia entre la Masonería inglesa y la latino-americana, en lo que concierne a la Religión, conviene tener a la vista el 1° de los seis artículos de los ‘Old Charges’ (antiguas obligaciones) de la Constitución de la Gran Logia Inglesa, redactada por Anderson en 1723, restaurado en el ‘Libro de las Constituciones’ de 1756 y 1813. Dice así: ‘Un masón está obligado por su profesión a obedecer la ley moral y si entiende rectamente el arte, jamás será un Ateo estúpido ni un Libertino irreligioso.’
‘Pero aunque en tiempos antiguos los masones estaban obligados en cada país o nación, a tener la religión nacional, sin embargo se tiene ahora por más conveniente obligarlos solamente a aquella Religión en la cual todos los hombres convienen, dejándoles para sí mismos sus opiniones particulares: esto es, ser hombres buenos y veraces, u hombres de Honor y Honradez, cualesquiera que puedan ser las Denominaciones o Persuasiones que los distingan. Por donde la Masonería llega a ser el Centro de Unión y el Medio de ajustar verdadera Amistad entre Personas, que deberían haber quedado a perpetua distancia.’
La Constitución Gothica (Cristiana) de las antiguas Logias de operarios masones, antes y después de 1747, decía: ‘La primera obligación es que Ud. sea fiel a Dios y a la Santa Iglesia y no profese error o herejía.’ La diferencia salta a la vista.
La nueva redacción está calculada para admitir en la Masonería a todos, aún a los Ateos, con tal que no sean estúpidos, y si bien se examinan las cosas, aún éstos tienen cabida, como de hecho hay muchos en las logias de todas las naciones. Cualquiera puede ver también a lo que se reduce la religiosidad que se exige a los masones.
De ese verdadero alcance de la Constitución Masónica inglesa, provino que el cambio hecho por el Gran Oriente de Francia, encontró aceptación en muchos masones de Estados Unidos.
Tanto es así que, a pesar de que la Gran Logia de Inglaterra exige, por resoluciones tomadas en 1878, la fe en el Gran Arquitecto del Universo, son reconocidos como masones, aquellos que como Spencer y otros filósofos naturalistas de ahora llaman Dios el principio oculto todopoderoso que obra en la naturaleza, o como los que siguen el ‘Handbuch’ (3ª. De. II, 231) y sostienen como dos columnas de la Religión ‘el sentimiento de la pequeñez del hombre y de la inmensidad del tiempo y del espacio’ y ‘la seguridad de que todo lo que es real tiene su origen en el bien.’
Todo en la Masonería está lleno de ambigüedades. Los textos, de 1723 y 1738, de la ley fundamental concernientes al Ateísmo, son ambiguos de propósito. El Ateísmo no es condenado positivamente, sino desaprobado apenas lo suficiente para encarar las exigencias del tiempo, cuando su franca admisión habría sido fatal a la masonería. Cath. Encycl. Masonry.
1. 12. La Asociación Masónica Internacional.
Desde 1902, gracias a los subsidios regulares de 25 Potencias Masónicas y a los donativos de generosos hermanos, había funcionado en Neufchatel la Oficina Masónica Internacional, bajo los auspicios de la Gran Logia Suiza Alpina y debido a los esfuerzos del H.•. Quartier la Tente.
Últimamente, en 1921, ha quedado establecida en Ginebra la Asociación Masónica Internacional con el nombre de ‘Federación Masónica’, cuyos estatutos pueden verse en ‘Documentation Catholique’, 1923.
13.- Secreto masónico.
El secreto forma parte de la esencia misma de la Masonería: el día en que se dejara a un lado el secreto, ese mismo día estaría irremisiblemente perdida. No se organizan sociedades secretas para marchar al unísono con la sociedad en que se vive: el secreto es necesario precisamente cuando se quiere conspirar contra ella.
Los masones suelen negar que la Masonería sea una sociedad secreta. Refiere Copin-Albancelli que el H.•. Limosín, director y fundador de la Revista masónica ‘L’Acacia’, en el curso de una polémica, en 1903, le afirmaba que cometía el más grosero de los errores afirmando que la Masonería es una sociedad secreta. ‘Sociedad discreta’, le decía, ‘no secreta.’ El mismo Limosín, en un discurso inserto en el número de julio de 1907 de la ‘Societé de Statistique de Paris’, insiste en la misma afirmación, y para probarla, cita una cantidad de príncipes y reyes que han pertenecido a la Masonería. En el debate que tuvo lugar en la Cámara de Diputados de Chile, hace unos ocho años, más o menos, uno de los miembros de la Masonería más altamente graduados en las logias, se esforzó en reducir el juramento del secreto al ‘compromiso de no revelar los medios de reconocimiento entre los miembros’ de las logias. ‘Eso es todo’, decía. Pero en esto, como en muchas otras cosas de la Masonería, o no se sabe lo que se dice o se falta lisa y llanamente a la verdad. El secreto masónico no se reduce a eso sólo; eso no es todo, con permiso del mismo Gran Maestre chileno. Pueden verse en Dom Benoit y en Serra (T. II, 93-94) lo que al respecto establecen varias logias o fórmulas; pero se puede decir que, como uso general son objetos del secreto ‘no sólo doctrinas y medios generales, sino también doctrinas especiales y medios particulares, órdenes diarios, planes, planes, consignas, &c.
Es secreto el fin de la Masonería, no sólo para los profanos, sino también para la mayor parte de los adeptos; se engaña al mundo sobre las doctrinas que se enseñan en las logias y a las logias inferiores se ocultan las doctrinas enseñadas en las superiores; se oculta, también, no sólo al mundo profano, sino a las logias inferiores, los planes que se forman en las logias y las personas que en ellas intervienen. La misma organización de la Masonería en forma de sociedades superpuestas unas a otras, de las cuales las inferiores son profanas para las superiores, el recuerdo del secreto en cada reunión y en cada logia, está manifestando que es una sociedad secreta, y que oculta algo a sus mismos adeptos, comenzando por ocultarles la Dirección Suprema y el Fin Supremo de la institución.
Hablando de sí mismo, dice Copin-Albancelli: ‘Podría creerse que yo debía conocer perfectamente la cuestión masónica, puesto que yo había pasado seis años en los talleres de la Viuda (Así se llama la Masonería.) Sin embargo, nada de eso había. Yo podía imaginarme conocerla; en realidad no la conocía: no sabía de ella sino lo que había visto. Y lo que se ve en la Masonería, seáis o no masones, no es sino una apariencia destinada a engañaros sobre lo que no veis… Yo había sido sucesivamente aprendiz, compañero, maestre y rosacruz. Había ocupado oficios de secretario, de orador y de primer vigilante en mi logia. Había dispuesto dos veces del de venerable, que había hecho dar a los que creía más capaces que yo para asegurar la prosperidad del taller. También había sido nombrado desde mi entrada al capítulo La Clemente Amistad, secretario de ese capítulo. Yo había sido, pues, ‘una luz’ capitular. Una circunstancia, de la cual tendré ocasión de hablar después, me había permitido entrever que detrás el mundo masónico exista un mundo, más secreto aún que éste, no sospechado ni para él, tanto como para el mundo profano… A pesar de todo, lo repito, no sospechaba lo que era la asociación de la cual había sido miembro activo. ¡Con tanta habilidad están dispuestas las cosas para ilusionar a los masones y a los que no lo son!’ (Copin, P.O. 43-44.)
14. La Masonería pone especial empeño en ocultar su fin a los profanos y a sus
propios miembros.
La prueba está en que no hay nadie que pueda decir con certeza cuál es el fin de la Masonería, y eso que ya lleva dos siglos de existencia en la organización actual. ¿Es un fin filosófico? ¿Es un fin de beneficencia? ¿Es un fin anticatólico? ¿Es un fin liberal? ¿Recreativo? ¿Pornográfico? ¿Satánico? Hay partidarios de las respuestas afirmativas para cada una de estas preguntas. Y esto no sucede sólo entre profanos sino entre los mismos masones. Es natural.
Óigase lo que dice Pike, uno de los doctores de la ciencia Masónica: ‘Los grados azules (así se llaman los tres primeros grados) no son más que el pórtico externo del pórtico del Templo.’ (El trabajo de la Masonería es la construcción de un templo espiritual.) Parte de los símbolos se explican ahí al Iniciado, pero es intencionalmente engañado con falsas interpretaciones. No se intenta que él los entienda, sino que se imagine que los entiende. Su verdadera interpretación es reservada para los Adeptos, los Príncipes de la Masonería…’ (Preuss, A. F. 12.) ‘La Masonería, dice el mismo Pike, como todas las Religiones, todos los Misterios, Hermeticismos y Alquimias, oculta sus secretos a todos, menos a los Adeptos y Sabios o Electos y emplea falsas explicaciones e interpretaciones de sus símbolos para engañar a aquellos que merecen ser engañados; para ocultarles la Verdad, que se llama Luz y apartarlos de ella’ (Preuss, A.F. 13.)
Preguntad a los masones cuál es fin que se propone la Masonería y la mayor parte os responderá que es la beneficencia o que es el socorro mutuo en el trabajo, en el comercio, &c. Otros, los aficionados a banquetes, tal vez os digan que es el tener de cuando en cuando unos momentos de expansión entre amigos, &c. Otros os dirán que es el estudio. No es de creer que todos ellos digan lo que no sienten, y sin embargo, sus respuestas mismas están manifestando que no saben nada de la historia de la Masonería. Son víctimas de ese engaño intencional de que habla Pike.
La Masonería pone especial empeño en despistar a sus propios adeptos acerca de los grados superiores, por medio de los símbolos, de los rituales y de su misma organización. Así, por ejemplo, cuenta Copin-Albancelli que al aprendiz se le procura inculcar la idea de que todos los masones que él ve con las insignias de los cordones, son maestros; y si después se da cuenta de que hay otros grados más altos, se le dirá que esos grados más altos no valen nada; que la prueba es que el H.•. X o el H.•. F. están como todos los demás muy sujetos al Venerable, siendo de estos altos grados, y por si acaso continúa en sus curiosidades sobre los altos grados, se le cuenta una leyenda que tiende a hacer creer que los masones de altos grados son más bien inferiores a los maestros, por tener la debilidad de ser aficionados a los galones. Los maestros son los masones ‘perfectos’, según el ritual; los demás no han sabido comprender el sentido elevado de esa expresión; se han dejado tentar por lo que ellos han creído ser una dignidad, y allí están en las logias superiores, sin tener nada que hacer. Y si se admiran de que la Masonería esté favoreciendo una debilidad sin objeto, como ésa, se les responde que se tolera por pertenecer a la herencia de las tradiciones que no hay que abandonar, y así se procura tranquilizar al aprendiz, que no mira como superior suyo sino al Venerable, cuya elección depende también de su voto (Copin, P. O. 217-219.)
Lo mismo pasa el maestro, a quien se le procura ocultar la existencia, o al menos la importancia, de los grados superiores, y se le inspira la idea de que la Masonería Azul, como se llama la de los tres grados inferiores, es toda la Masonería. A eso van encaminadas ciertas preguntas y respuestas del Catecismo Masónico de su grado, y como la cosa le halaga, fácilmente se queda con esa idea. Para eso también, en el orden administrativo, no se hace diferencia de grados y suele suceder que un maestro sea el Venerable en una logia donde hay masones de altos grados, lo cual le confirma en la idea que se la procurado inculcar.
La verdad, es, sin embargo, que los altos grados han sido creados, precisamente, para ocultar algo a los grados inferiores. ‘Como los tres grados de la Masonería ordinaria, dice Luis Blanc, masón, comprendían un gran número de hombres opuestos por estado y por principios a todo proyecto de subversión social, los novadores multiplicaron las gradas de la escala mística por subir: crearon las traslogias reservadas a las almas ardientes; instituyeron los altos grados… santuario tenebroso cuyas puertas no se abrían al adepto sino después de una larga serie de pruebas calculadas para comprobar los progresos de su educación revolucionaria, para probar la constancia de su fe, para ensayar el temple de su corazón.’ Por eso dice la ‘Orthodoxie Maconnique’ que la Masonería, invadida, por decirlo así, y tomada de asalto en sus primeros grados por el vulgo, se ha refugiado en los grados superiores’ (Benoit, F. M. I, 252- 253.)
En el grado 29 del Rito Escocés Antiguo Aceptado, grado del Gran Escocés de San Andrés, el Patriarca, en la recepción al grado, declara al neófito que todavía no se le revelan los secretos de la Masonería: ‘Debéis creer firmemente, le dice, que lo que habéis aprendido hasta este día, es nada en comparación de los secretos que ciertamente os serán revelados o continuación, si vos sois Electo y si no os hacéis indigno.’En cuanto a los misterios ocultados allí (bajo esos problemas) no puedo aún revelároslos; pero llegará el tiempo en que los penetraréis, &c.’ (Benoit, F. M. I, 288.) Esto pasa en el grado 29. ¿Qué habrá que decir de los tres primeros grados?
La Dirección Suprema de la Institución es lo más oculto que hay en la Masonería, más aún que las verdaderas doctrinas, que al fin y al cabo, como después se verá, llegan a traslucirse al través de los velos y símbolos que las envuelven. Que hay una Dirección Suprema oculta, distinta de los Grandes Orientes o Grandes Logias, que son las altas direcciones visibles, no hay que dudarlo. De otro modo no se explicaría la unidad y universalidad de la Masonería, a pesar de las rupturas externas, ni tampoco la uniformidad de acción que se ha desplegado por ella en distintas jurisdicciones en algunas épocas. Después de lo que se ha dicho sobre el secreto en la explicación de las doctrinas y sobre la existencia de los altos grados, se comprende fácilmente que la casi totalidad de los masones, como todo el mundo profano, ignore dónde está el centro de esa unidad de la Masonería y quién y quiénes son los que dirigen esa vasta organización. Lo que diré de los príncipes o reyes masones poco después, confirmará el secreto de la dirección suprema de la Masonería.
La ley común de la discreción y del secreto, que al decir de Mackey, en su Masonic Ritualist, es la esencia misma de la Masonería; esas virtudes del secreto y del silencio, que son la misma esencia del carácter masónico, según el mismo autor, no se guarden sólo con los profanos, sino con los mismos hermanos de grados inferiores, de modo que ellos saben poco más que nosotros, si no estudian fuera de las logias lo que es su institución.
15. Un parangón con la Iglesia Católica.
La Masonería dice a sus adeptos y a todo el mundo que es una institución que investiga y enseña la verdad. La Iglesia católica también dice lo mismo. Pero la Masonería oculta esa verdad a sus propios adeptos a tal punto que ni siquiera en los grados cercanos al último se la enseña claramente y del todo. La Iglesia católica, desde el principio, a todos, sin ninguna distinción, enseña todos sus misterios, y todo su interés y afán está en que su doctrina sea conocida de todo el mundo, de sus mismos enemigos y perseguidores. Si lo que la Masonería enseña es la verdad, ¿por qué teme tanto la luz? Si es la verdad, ¿por qué tanto egoísmo para ocultarla, aún a los propios adeptos?
16.- Los juramentos masónicos.
El secreto o los secretos masónicos están sellados con gravísimos juramentos, que se van renovando y recordando con toda frecuencia. He aquí la fórmula del juramento, sobre el secreto, que se ha usado en el grado aprendiz en Inglaterra, Escocia, Alemania y en las logias del rito escocés de Francia, durante un tiempo, al menos. Decimos así, porque cuando la Masonería se ve sorprendida en algunos de sus secretos, suele cambiar de decoración, de rituales y de todo, a fin de mantener engañados a los suyos y a los profanos. He aquí dicha fórmula de juramento: ‘Juro en nombre del Arquitecto Supremo de todos los mundos no revelar jamás los secretos, los signos, los toques, las palabras, las doctrinas, los usos de los Francmasones y de guardar sobre todo ello un silencio eterno. Prometo y juro a Dios no descubrir jamás cosa alguna ni por la pluma, ni por señales, palabras o gestos; no hacer jamás escribir, litografiar, imprimir ni publicar cosa alguna de lo que me ha sido confiado hasta ahora y pueda confiárseme más adelante. Me obligo y someto al castigo siguiente, si falto a mi palabra: que me quemen los labios con un hierro candente; que me corten la mano y el cuello y me arranquen la lengua; que mi cadáver sea colgado en una logia durante la admisión de un nuevo hermano, para que sirva de borrón a mi infidelidad y de horror a los demás; que sea quemado después y las cenizas echadas al viento para que no quede ningún rastro de la memoria de mi traición.
Así Dios me ayude y su santo Evangelio. Así sea. (Eckert, T. I, 33-34.) Naturalmente, esta fórmula ha sido modificada donde se ha echado ya a un lado todo cristianismo positivo, y en nombre de Dios ha sido reemplazado por los estados generales de la orden, por el honor, por la espada, &c. El juramento se renueva en cada aumento de salario. Quizás más tarde se presentará la ocasión de dar a conocer otras fórmulas de juramentos masónicos. (Ver, por ejemplo, Benoit, F. M. I, 386 sigs..)
1. 17. El secreto ante la conciencia.
Antes de pasar adelante, no estará de más que interroguemos a nuestra conciencia sobre un secreto tan absoluto, tan sin restricciones, como es el de los masones6[6]: Este secreto se promete con juramentos terribles, como acabamos de ver, sin saber nada acerca de la materia del secreto y sin saber si ese juramento no va a encontrase en oposición con otros deberes más fundamentales que tenemos como ciudadanos, como miembros de la Iglesia o como simples seres racionales. He ahí, desde luego,, lo que detiene de entrar en la Masonería a la gente de conciencia bien cultivada: ¿Y si bajo este secreto tan severo y tan universal se me pide algo contra mi conciencia? ¿Y si se me pide algo contra la patria? ¿Y si se me pide algo contra mi Religión o mi familia?
1. 1. El secreto ante el sentido común. He oído decir a muchos que han sido invitados a entrar en la Masonería, que ellos ha respondido que no ven para qué tanto secreto; que para hacer el bien, como dicen los masones, no hay para qué esconderse tanto, &c. Han hablado, sin duda, el lenguaje del sentido común: si no deseamos hacer el bien con un bombo, tampoco debemos hacerlo tan oculto que despertemos desconfianzas sobre nuestro buen proceder; ya que es propio de los malhechores buscar las tinieblas (para obrar en ellas,) según el dicho del Evangelio: ‘El que obra mal odia la luz.’ Ya veremos después cuál es ese bien que hace la Masonería.
No sólo es idea cristiana sino también muy de razón natural para todo el que admite la verdadera libertad, con todas sus consecuencias, la de la responsabilidad de nuestros actos. El secreto tiende a debilitar el sentimiento o conciencia de nuestra responsabilidad, facilitando los medios de burlar las sanciones sociales o públicas que esos actos merecen. Además, cualquiera se pregunta: ¿Las doctrinas y los hechos de la Masonería son cosa buena o mala? Si son cosa buena, ¿por qué privar al resto de los hombres de ese bien? Si son cosa mala, claro es que la conciencia debe repudiarlo y no entrar en tal asociación.
La Iglesia Católica es una sociedad que profesa hacer el bien y no sólo no se oculta para hacerlo, no sólo no oculta sus enseñanzas, ni esconde sus misterios y sacramentos, sino que todo su anhelo es que sean aprovechados de todos los hombres. ¿Por qué? Precisamente, porque cree que esas enseñanzas y esos misterios son cosa buena, y quiere participar de ese bien a todos los hombres. Esos pensar con sinceridad en el bien que se hace o se posee. ¿Por qué la Masonería hace a un lado al pueblo?
1. 19. Los juramentos masónicos ante la moral.
Los masones suelen jurar, al menos en los primeros grados y donde se quiere salvar cierta apariencia de religión, sobre la Biblia y por el Gran Arquitecto del universo, que algunos entienden que es Dios y otros que es la Naturaleza y ésta todavía la entienden de distintos modos. ¿Qué valor moral tiene ese juramento? ¿Estará el masón obligado en conciencia a cumplirlo como cualquier juramento legítimo? La moral responde que no: La razón es, porque si pone a Dios por testigo y garantizador de lo que se promete, contra los dictados de la prudencia y de toda razón y conciencia. Dios no puede servir de firmeza a un acto por el cual más bien se le ofende que se le honra. Menos aún ese juramento puede tener firmeza para un católico, a quien está severamente prohibido y bajo pena de excomunión, un acto semejante. No podemos invocar a Dios como fiador de la culpa.
Si se invoca a la naturaleza como fiadora y testigo de nuestro juramento, y sin ninguna relación con el Creador, que se desconoce, en este caso se concibe la naturaleza como un ser sin inteligencia, que no es capaz de oír ni de afirmar nuestra promesa o juramento y tanto da invocarla como no invocarla. Lo mismo hay que decir del honor, cosa a veces tan discutible como fugaz.
5[5] El objeto de los trabajos mas.•. es siempre el mismo y de ninguna manera lo alteran las diferencias que pueden existir en los diversos ritos seguidos en el Tall.•. (Const. De la Ord.•. M.•. en Chile; Tit. II. Art. 17. 1862.)
6[6] Copin-Alancelli cuenta que él hizo el juramento con restricciones, que se disimuló recibiéndolo muy bien. Pero, ¿cuántos tienen esa entereza de carácter?
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 16
Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net
1. 5. - Organización de la Masonería.
No cabe dentro de mi propósito dar una descripción detallada de la organización de la masonería; pero considero necesario dar de ella alguna idea, aunque sea superficial. Los que deseen más detalles, pueden consultar las obras citadas, Espasa, Dom Benoit, &c.
1. 6. Gobierno y Administración.
La Masonería está constituida por grandes Logias o Grandes Orientes, que también se llaman Federaciones, Soberanos Consejos, Potencias Masónicas, y son las grandes divisiones de la Masonería, gobernadas por un Consejo o Comité Ejecutivo, cada una de ellas.
Este Consejo es elegido en la Asamblea Masónica compuesta de representantes nombrados anualmente por las logias de la Federación uno por cada Logia. La Asamblea es el cuerpo legislativo de la Gran Logia o Federación. También suele llamarse Convento.
Las Grandes Logias o Grandes orientes son formados por Talleres o Logias, de las cuales tienen bajo su dependencia mayor o menor número, según sea la prosperidad de la orden o la extensión territorial de su jurisdicción.
Cuando la logia no está regularmente constituida, se llama triángulo o logia en formación. Cada logia tiene su mesa directiva o Consejo de administración, que también suele llamarse Oriente2[2] , y se compone del Venerable (o Presidente,) Primero y segundo Vigilantes (Vice-Presidentes,) Orador, Secretario, Tesorero, Hospitalario, Experto,, Diputado a la Gran logia, Guarda del Templo, maestros de ceremonias, íd de banquete, porta estandartes, archiveros, &c., &c. y H.H. sirvientes.
1. 7. Consejo Directivo.
Sólo los siete primeros forman el Consejo Directivo. Los cinco primeros son llamados ‘las cinco luces o lumbreras’ del taller. Son elegidos por mayoría de votos, entiendo que en el mes de diciembre de cada año. ‘Un Venerable no es, pues, dice un ex francmasón, una personalidad tan alta como el vulgo ordinariamente lo cree. No lo es sino en su taller, donde es la primera de las lumbreras y eso sólo por un año, a no ser que se le reelija’ (Copin P. O. 157.)
1. 8. Los ritos masónicos.
No todas las logias pertenecen al mismo rito. Estos son las constituciones, reglas, símbolos y observancias de los institutos masónicos. Siendo, al menos aparentemente, independientes entre sí las agrupaciones que siguen los diversos ritos, puede suceder que un mismo jefe o un mismo consejo gobierne muchos ritos.
Así, bajo el imperio de Nápoles, Cambaceres reunía en su cabeza las dignidades supremas de un gran número de ritos: ‘Era, dice Ragón, Gran Maestre Adjunto del Gran oriente de Francia, Gran Maestre y Protector del Rito Francés Antiguo y Aceptado; Gran Maestre de Honor del Rito de Heredom; Gran Maestre de la Logia Gran Maestra del Rito Escocés Filosófico; Gran Maestre del Rito Primitivo’, &c. (Benoit. I, 199.)
Como se ve, hay gran número de ritos. Actualmente, sólo una decena está en vigor, saber: El Rito de York o Masonería del real Arco, practicado en Inglaterra en sus antiguas y actuales colonias y en países donde hay numerosos miembros de esa nacionalidad como China, Puerto Rico y Chile.
El Rito Escocés Antiguo y Aceptado, practicado por masones de diversas naciones. Es el más popular y el más difuso, según la Encyclopedia od Freemasonry, y en muchos países, especialmente latinos, sus Supremos Consejos son la única obediencia masónica. Es el que está más en boga en
Chile3[3].
El Rito de Herodom, practicado por masones de Escocia, Alemania y Hungría. El Rito Escocés Antiguo Reformado, practicado en Bélgica y Holanda. El Rito Escocés Filosófico, practicado en la Gran Logia Alpina, de Suiza.
El Rito Joanita, o de Zinnendorf, practicado por algunos masones de Alemania. El Rito Ecléctico, practicado por la Gran Logia de Frankfurt-am-Mein. El Rito Sueco de Swedenborg, practicado en Suecia y Noruega.
El Rito de Mizraim, practicado por algunos masones sujetos al Consejo General de París, &c., &c.
1. 9. Los grados.
Todos los ritos tienen los tres primeros grados de aprendiz, compañero y maestro, grados simbólicos, como los llaman; pero no todos tienen el mismo número de grados filosóficos, variando el número total de grados desde cinco o siete hasta noventa y dos que tiene el rito de Menfis. Los masones de los primeros grados se reúnen en logias; los grados superiores se reúnen en capítulos, consejos, cortes, tribunales, consistorios.
Los tres primeros grados se confieren siempre con el ceremonial de estilo; no siempre se hace lo mismo con los grados superiores, sino que se suelen conferir por simple nombramiento. Como se comprende fácilmente, los grados filosóficos corresponden a los grados de conocimiento y alegorías que se proponen en la Masonería desde los primeros grados.
Sólo en los últimos grados de cara rito se revelan todos los secretos y se adquiere en toda su desnudez, libre de ambigüedades y disimulos, la verdad masónica, que no se enseña en los grados inferiores, por no estar aún preparados los espíritus para recibirla.
Los americanos de los Estados Unidos, suelen por sarcasmo o quizá en serio también, dar a algunos masones el título de Brillantes, a otros el de masones del grado de cuchillo y tenedor y a otros el de masones mohosos.
Los masones brillantes son los que se saben las ceremonias y las practican al pie de la letra. Parece que hay muchos sencillos que creen que en eso consiste la perfección masónica y quedan muy pagados del título; los de cuchillo y tenedor son los que piensan que todo el fin de la Masonería es el tener buenas comilonas, y los mohosos, son los que vegetan en la Masonería, sin preocuparse mucho de adelantar en el conocimiento de sus doctrinas y propósitos.
Creo que entre nosotros hay muchos masones mohosos, es decir, caballeros serios y honorables, que están en la Masonería sin saber por qué ni para qué, como no sea para contribuir con su dinero y con su nombre a que otros realicen lo que a ellos les causaría horror, si lo supieran.4[4]
Pero no vayamos a creer que los masones se contentan con títulos tan modestos como los de aprendiz, compañero y maestro, para designar los miembros de los altos grados, por más que la igualdad sea uno de sus lemas. No sé que haya otra institución que haya inventado títulos tan retumbantes para distinguir su jerarquía, como la Masonería.
Ahí van unas muestras, tomadas del rito escocés antiguo aceptado: el masón del cuarto grado se llama Maestro Perfecto; el del 11°, Sublime Maestro Electo; el de 16°, Príncipe de Jerusalén, Gran Consejo Jefe de las Logias; el del 19°, Gran Pontífice o Sublime Escocés de la Jerusalén Celeste; el del 28°, Caballero del Sol o Príncipe Adepto; el del 30°, Caballero Kadosh o Gran Inquisidor, Gran Electo, Caballero del Águila Blanca y Negra; el del 32°, Soberano Príncipe del Real Secreto, &c.
1. 10. Influjo de los grados y logias superiores.
La elección de los dignatarios de las logias se hace por los miembros de ellas; pero la elevación a los grados superiores viene de arriba; a veces, como pasa en los altos grados, sin que los del grado del cual se asciende se den cuenta y aún crean que es por iniciativa de ellos.
Eso proviene de que el mecanismo de las logias está admirablemente constituido para ocultar esa y otras muchas influencias que descienden de lo alto, de un poder que está a mucha distancia de aquellos a quienes dirige, sin que ellos lo sepan. Para tener una idea de esta organización, hay que pensar que en el grado ínfimo, que es el de aprendiz, nunca se trabaja en el taller estando solos los aprendices, sino que están siempre vigilados por masones de los grados superiores, por maestros o por otros más altamente graduados, pero que sólo llevan las insignias de maestros.
El aprendiz que da esperanzas de corresponder a los designios de la Masonería recibe ‘aumento de salario’, es decir, es ascendido al grado de compañero, y de la misma suerte ascenderá al grado de maestro. Confundidos con los maestros, suelen asistir a las logias los hermanos de los grados superiores, que los vigilan a ellos y les procuran el ascenso o aumento de salario, si lo merecen.
De modo que así como los aprendices tienen ya secretos para con el mundo profano, así los tienen los compañeros y los maestros respectivamente con sus inferiores, y así los tiene cada grado con el que le es inferior.
A veces son conocidos los hermanos de grados superiores; a veces son desconocidos; el que asiste a la logia los ve sujetos al venerable, obedientes a él y se imagina que son de su mismo grado, o a lo sumo del grado maestro, siendo así que está en presencia de miembros de una logia superior. Éstos son los que traen de arriba las inspiraciones masónicas, así como ellos, a su vez, las reciben de otros superiores. Cada logia es, para la de grado superior, como el mundo profano es para la ínfima.
Conocidos o desconocidos, los hermanos, los de grado superior estudian el estado de ánimo, la preparación alcanzada por la logia inferior y en el momento oportuno sugieren la idea que quieren hacer prevalecer, la resolución que quieren hacer tomar.
La propone uno de ellos y la apoya otro u otros que ya están convenidos en la logia superior; y los de la logia inferior, que ignoran tal vez que la resolución que se les propone es un acuerdo tomado más arriba, las adoptan como de propia iniciativa.
Hay, pues, una ingeniosísima pirámide masónica, como la llanta Copin-Alancelli, que tuvo buena ocasión de conocerla. Y sin embargo, ¡cuánto se habla de igualdad y libertad en las logias!
2[2] Los talleres, o templos, llamados también logias, donde trabajan los masones, suelen estar construidos de modo que la Presidencia, a la cual también se da el nombre de oriente, esté hacia ese punto cardinal. Ya se verá el porqué de esa disposición.
En la Constitución de la Gran Logia se llama indiferentemente talle o logia, la corporación misma de masones que tienen su oficialidad propia.
3[3] El Rito Escocés Antiguo Aceptado fue organizado en 1801 sobre la base de Rito de Perfección Francés Escocés, establecido en París, en 1758, por el Consejo de los
Emperadores del Oriente y del Occidente. En 1908 había 26 Supremos Consejos universalmente reconocidos, entre los cuales figura el de Santiago de Chile, establecido en
1870.
4[4] También llaman Masones Papagayos a los que saben de memoria el ritual y catecismo sin preocuparse de su historia ni de su sentido (Preuss, A.F. 11)
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 16
Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net
I.- Introducción.
Con verdadero temor entro a tratar la materia de este librito, presintiendo que voy a disgustar a más de uno con el intento de vulgarizarla como, con el favor de Dios, me propongo.
Hay entre los masones personas serias y sinceras, que, tal vez, han llegado a formarse la convicción de que la asociación a la cual han dado su nombre no sólo es inofensiva, sino honorable y digna de reconsideración.
Entre esas personas hay algunas que me manifiestan benevolencia y me honran con sus atenciones; a otras les debo servicios y les estoy agradecido. Pero si esas personas, cuya sinceridad reconozco, piensan rectamente, comprenderán que yo también voy a tratar esta materia con toda la sinceridad de mi alma, y que no es mi intención ocasionar a nadie la menor molestia, sino cumplir con una obligación que me impone la conciencia.
Más aún, descubrirán en este trabajo un esfuerzo para sacar del error a los que, a mover y según las reglas generales del común sentir, han caído en él sin darse cuenta o por una excesiva condescendencia.
2.- Mi propósito.
Hay muchas obras escritas sobre la Masonería, como puede verse en la Bibliografía que ponen los Diccionarios Enciclopédicos, especialmente el de Espasa, al tratar de ella. Aquí mismo, en Chile, se han publicado algunos opúsculos o se han difundido otros venidos de otras partes, algunos traducidosdel francés, como los de Mons. Fava.
¿Para qué, entonces, un nuevo opúsculo? dirá el lector.
Cierto que no es por el prurito de escribir, lo que, por varias razones, harto me cuesta. Las obras grandes, o están escritas en idiomas extranjeros o son demasiado extensas y no están al alcance sino de muy pocos.
Los opúsculos dichos, o por no llevar nombre de autor o por dejar a un lado aspectos importantes de la materia que se trata, dejan, a mi parecer, algo que desear.
Ésa es la razón por qué he emprendido este trabajo, para poner al alcance del mayor número de personas, sean o no sean masones, cosas que no pueden menos de interesarles; pues creo que a todos los padres de familia católicos, a todos los jóvenes y señoritas, a toda persona que tome a pechos su Religión, su patria y el bienestar de la humanidad entera, les conviene saber algo de lo mucho que ignoran sobre una institución y sobre doctrinas que tienen íntima relación con asuntos de tan vital importancia como esos.
Deseo desvanecer ciertas dudas y disipar ciertos engaños, a favor de los cuales se hace mal a muchos incautos o imprudentes y, por medio de ellos, a todo lo que más puede estimar un corazón bien puesto, comenzando por el propio bienestar moral, por la educación de la propia conciencia. Estoy seguro de que muchos masones me agradecerán este servicio de darles a conocer lo que a ellos se les está ocultando: he oído ya a varios el desengaño sobre la Masonería, y eso sin que hayan penetrado el fondo de sus secretos, y precisamente éste ha sido uno de los estímulos que he tenido para emprender este estudio sobre ella.
Espero dar a muchos la luz que por ahora no tienen y que me la agradecerán.
1. 3. - ¿Pero los profanos pueden saber algo acerca de la Masonería?
He aquí una pregunta que necesariamente ha de ocurrir a todo el que sepa las interminables precauciones que toma la Masonería para que no se conozcan sus secretos. Esta pregunta se la van a hacer aún los mismos masones, sobre todo los que poco o nada se preocupan de conocer su institución, sino que aceptan ciegamente lo que en ella se les dice.
Hay entre nosotros muchísimos masones que, estoy seguro, saben de Masonería mucho menos que yo; mucho menos de lo que yo sabía antes de dedicar un poco de tiempo a este estudio, como lo he hecho últimamente, y saben menos, porque en esta materia se atienen con toda buena fe a lo que oyen en las logias y no tienen tampoco tiempo para preocuparse más de ello. Ahora bien, ¿cómo ha podido saberse lo que se encierra en el recinto de las logias y en el círculo juramentado de los masones?
He aquí cómo: En primer lugar no han faltado muchos que, al dar cuenta del fin y de los manejos de la Masonería y sintiendo los reproches de su razón y de su conciencia, han vuelto atrás, se han separado de las logias y han manifestado lo que su conciencia les decía que no debían ocultar más tiempo.
Citaré como ejemplos al conde de Haugwitz, quien, después de haber ejercido mucha influencia y de haber ocupado altos grados en las logias, presentó en 1822 una memoria al Congreso de Verona sobre los manejos de las Sociedades Secretas, ‘cuyo veneno, decía, amenaza la humanidad hoy más que nunca.’
Citaré a Copin-Albancelli, que, después de haber llegado a Caballero Rosa-Cruz y en vísperas de ascender o otro grado más alto, se retiró también y se dedicó a manifestar el peligro que encierra la Masonería para su patria, la Francia, y para la civilización cristiana. Ha fundado un periódico y ha escrito la obra antes citada. Citaré a Domenico Margiotta, ex-33 y ex Gran Maestre de muchas logias de varios ritos, en Italia, autor de ‘Adriano Lemmi’.
Otro medio de saber los secretos de la Masonería son los documentos oficiales de las logias, de los cuales han logrado apoderarse los gobiernos. Así, por ejemplo, el Gobierno de Baviera, en 1786, sorprendió todos los papeles y archivos de la secta de los Iluminados, fundada por Weishaupt, y los hizo publicar con el nombre de ‘Escritos originales de la Orden y de la Secta de los Iluminados.’ Eckert también tuvo en su mano, para escribir su obra, documentos suministrados por los gobiernos.
Otro medio de saber los secretos de la Masonería son los rituales de la misma; rituales diversos entre sí, según los ritos, pero concordantes en las ideas generales. Del mismo modo, las obras y revistas masónicas destinadas a circular dentro de la orden, en las cuales se suelen publicar las conferencias o discursos de los masones, especialmente en sus grandes asambleas.
Son conocidas las revistas ‘El Mundo masónico’, ‘La Revista Masonica’, La Revue Maconnique’, las obras de Ragón, de Findel, de Pike, Mackey, de Mac-Clenachan, estos tres últimos de Estados Unidos, y otras muchas que pueden verse citadas en los autores que tratan de la Masonería. Entre nosotros se edita ‘La Verdad.’ Con paciencia y perseverancia se ha llegado a formar una Biblioteca masónica suficiente para tener sobre la Masonería el juicio cabal que conviene tener.
1. 4. - Un verdadero Proteo.
Lo que las fábulas cuentan del personaje mitológico llamado Proteo, a quien no se le podía coger por la variedad de formas con que se presentaba, se realiza con exactitud en la Masonería: ella, como el personaje aludido, cambia de formas según le conviene: unas veces es monárquica, otras republicana y otras veces, comunista; unas veces enciende la revolución, otras veces defiende el orden; unas veces patrocina las doctrinas y reconocer como suyos los hechos de sus miembros; otras veces, sobre todo cuando son tales que despierten a la execración pública, se lava las manos y atribuye esos hechos a la exageración o apasionamiento personal del que los llevó a cabo.
Por otra parte, lo que se hace o enseña en unas logias lo ignoran otras logias inferiores.
No todos los ritos son los mismos. Queda, pues, un ancho campo para que un masón pueda decir: ‘Yo soy masón y aún he ocupado altos puestos en las logias y no sé nada de eso que se atribuye a la Masonería; son calumnias que le levantan sus enemigos.’ La mayor parte de ellos lo dirá con verdad, porque así es: los masones ignoran muchas cosas de la masonería; pero otros lo dirán mintiendo, porque así les conviene decirlo.
Como se comprende fácilmente, una sociedad que se oculta en las tinieblas de la noche o del secreto para hacer sus trabajos, tiene una ventaja inmensa sobre sus adversarios para despistarlos y engañarlos, y dará ímprobo trabajo al curioso que pretenda descubrir una parte de ellos siquiera. Con esa condición a la vista, allegaré pruebas a lo que vaya diciendo, de tal manera que el lector se forme de esa asociación una idea fundada en los datos más auténticos e innegables que hay, sin olvidar lo que dice un ex masón: ‘El masón está descalificado para hablar de la Masonería’ (Copin, P.O. 106.107.)
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 16
Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net
El siguiente libro presenta a la Masonería sin velo, es decir: su naturaleza, principios, secretos, metas, objetivos y especialmente la respuesta que la Iglesia ha dado a esta Institución.
"He emprendido este trabajo, para poner al alcance del mayor número de personas, sean o no sean masones, cosas que no pueden menos de interesarles; pues creo que a todos los padres de familia católicos, a todos los jóvenes y señoritas, a toda persona que tome a pechos su Religión, su patria y el bienestar de la humanidad entera, les conviene saber algo de lo mucho que ignoran sobre una institución y sobre doctrinas que tienen íntima relación con asuntos de tan vital importancia como esos.
Deseo desvanecer ciertas dudas y disipar ciertos engaños, a favor de los cuales se hace mal a muchos incautos o imprudentes y, por medio de ellos, a todo lo que más puede estimar un corazón bien puesto, comenzando por el propio bienestar moral, por la educación de la propia conciencia".
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 15
Autor: frmaria.org
En el próximo mes de octubre tendrá lugar en Roma una masiva beatificación de mártires de la persecución religiosa en España, entre los años 1934 y 1937.
Casi quinientos mártires serán elevados a los altares.
Con este motivo, se han oído ya muchas voces críticas, elevadas precisamente por los que están revolviendo el pasado para hablar de la “memoria histórica”.
Ofrecemos un resumen de dos intervenciones episcopales.
Monseñor Berzosa, auxiliar de Oviedo, de cuya diócesis serán beatificados algunos mártires, ha escrito, con este motivo, lo siguiente:
“Sé que en estos momentos de recuperación de la llamada memoria histórica, todo lo que afecte al periodo de la historia española de los años 30-40 se puede, y de hecho se tiende, a interpretar en clave política.
Por esta razón, conviene puntualizar al menos tres claves para comprender lo que son, y lo que no son, los mártires asturianos y el sentido que tiene su posible beatificación y canonización.
Lo primero, y lo más importante, que es necesario subrayar es que dichos mártires son eso: “mártires”, es decir, víctimas totalmente inocentes en una persecución religiosa.
Ellos no eran soldados, ni sindicalistas, ni políticos, ni intelectuales, ni representaban una ideología beligerante definida. No se los persiguió ni martirizó por haber iniciado ellos una polémica o batalla alguna.
Sencillamente, fueron asesinados por ser lo que eran: creyentes coherentes hasta estar dispuestos a dar la vida por lo que creían.
En segundo lugar, la Iglesia ha venido beatificando y canonizando mártires desde hace veinte siglos; desde el inicio del cristianismo.
Por esta razón a la Iglesia nadie, desde fuera, le impone un calendario de beatificaciones o canonizaciones.
El ritmo que lleva es doble: por un lado, si el declarar beatos o santos a dichos mártires viene reclamado por el pueblo que les honra devoción.
Y, por otro lado, tras una rigurosa investigación si la Iglesia llega al convencimiento de que dichos mártires merecen tal categoría.
Y, tercera clave, en el caso que nos ocupa, la Iglesia en España no desea que los mártires, anteriores a la guerra civil y concomitantes a la misma, sean utilizados como arma arrojadiza contra nadie ni como bandera o enseña política de nadie.
La Iglesia desea que, social y culturalmente, dichos mártires contribuyan a la reconciliación y al recuerdo y memoria de algo dramático que no debe volver a repetirse.
Su ejemplo de heroísmo y generosidad, como víctimas inocentes del ayer y estímulo de las víctimas que siguen generándose en otros campos, nos desafía con un mensaje claro y punzante: el mal nunca se vence con el mal, sino con el bien.
La violencia genera más violencia. Sólo el amor y el perdón son creativos y capaces de renovar personas y sociedades”.
Por su parte, la Conferencia Episcopal publicó un comunicado sobre la beatificación que, entre otras cosas, dice lo siguiente:
“Os anunciamos con profunda alegría que, en el próximo otoño tendrá lugar en Roma la beatificación de 498 hermanos nuestros en la fe, de los muchos miles que dieron su vida por amor a Jesucristo en España durante la persecución religiosa de los años treinta del pasado siglo XX.
En 1999, esta Asamblea Plenaria de los obispos daba gracias a Dios por los logros del siglo XX y pedía perdón por los pecados de aquella centuria que llegaba a su fin.
Entre los pecados recordábamos las “violencias inauditas” a las que el mundo, Europa y España se vieron arrastradas por “ideologías totalitarias, que pretendían hacer realidad por la fuerza las utopías terrenas”.
Y dábamos gracias a Dios, recordando, con Juan Pablo II, que “al término del segundo milenio, la Iglesia ha vuelto de nuevo a ser Iglesia de mártires” y que “el testimonio de miles de mártires y santos ha sido más fuerte que las insidias y violencias de los falsos profetas de la irreligiosidad y del ateísmo”.
Los mártires están por encima de las trágicas circunstancias que los han llevado a la muerte.
Con su beatificación se trata, ante todo, de glorificar a Dios por la fe que vence al mundo y que trasciende las oscuridades de la historia y las culpas de los hombres.
Por eso escribía Juan Pablo II: “quiero proponer a todos, para que nunca se olvide, el gran signo de esperanza constituido por los numerosos testigos de la fe cristiana que ha habido en el último siglo, tanto en el Este como en el Oeste.
Ellos han sabido vivir el Evangelio en situaciones de hostilidad y persecución, frecuentemente hasta el testimonio supremo de la sangre.
Estos testigos, especialmente los que han afrontado el martirio, son un signo elocuente y grandioso que se nos pide contemplar e imitar.
Ellos muestran la vitalidad de la Iglesia; son para ella y para la humanidad como una luz, porque han hecho resplandecer en las tinieblas la luz de Cristo.
Más radicalmente aún, demuestran que el martirio es la encarnación suprema del Evangelio de la esperanza”.
La beatificación que vamos a celebrar contribuirá a que no se olvide el “gran signo de esperanza” que constituye el testimonio de los mártires. De los del siglo XX en España, 479 han sido beatificados en once ceremonias a partir de 1987, y 11 de ellos son ya santos.
Casi quinientos han sido reunidos, esta vez, en una única celebración.
Y, como en las anteriores ocasiones, cada caso ha sido estudiado por sí mismo con todo cuidado a lo largo de años.
Estos mártires dieron su vida, en diversos lugares de España, en 1934, 1936 y 1937.
Son los obispos de Cuenca y de Ciudad Real, varios sacerdotes seculares, numerosos religiosos -agustinos, dominicos y dominicas, salesianos, hermanos de las escuelas cristianas, maristas, distintos grupos de carmelitas, franciscanos y franciscanas, adoratrices, trinitarios y trinitarias, marianistas, misioneros de los Sagrados Corazones, misioneras hijas del Corazón de María-, seminaristas y laicos, jóvenes, casados, hombres y mujeres.
Podemos destacar como rasgos comunes de estos nuevos mártires los siguientes:
fueron hombres y mujeres de fe y oración, particularmente centrados en la Eucaristía y en la devoción a la Santísima Virgen; por ello, mientras les fue posible, incluso en el cautiverio, participaban en la Santa Misa, comulgaban e invocaban a María con el rezo del rosario; eran apóstoles y fueron valientes cuando tuvieron que confesar su condición de creyentes; disponibles para confortar y sostener a sus compañeros de prisión; rechazaron las propuestas que significaban minusvalorar o renunciar a su identidad cristiana; fueron fuertes cuando eran maltratados y torturados; perdonaron a sus verdugos y rezaron por ellos; a la hora del sacrificio, mostraron serenidad y profunda paz, alabaron a Dios y proclamaron a Cristo como el único Señor.
La beatificación que vamos a celebrar es una hora de gracia para la Iglesia que peregrina en España y para toda la sociedad.
Os invitamos a prepararos bien para esta fiesta y a participar en ella de modo que se convierta para todos en un nuevo estímulo para la renovación de la vida cristiana.
Lo necesitamos de modo especial en estos momentos en los que, al tiempo que se difunde la mentalidad laicista, la reconciliación parece amenazada en nuestra sociedad.
Los mártires, que murieron perdonando, son el mejor aliento para que todos fomentemos el espíritu de reconciliación.