Mito 39: En el año 1930, Pio XI condenó a las escuelas públicas

Autor: Catholic.net  

El secularismo que se da en cierto tipo de educación laica, quiere desaparecer a la religión detro del salón de clases.

Mito 39. En el año 1930, Pio XI condenó a las escuelas públicas.

Refutación y Argumentos Católicos

He de confesar que no he encontrado ningún dato histórico serio que corrobore esta afirmación.

Desde el punto de vista de la personalidad de Pío XI, la afirmación no sólo carece de sentido, sino que se presenta contradictoria. Sería muy extraño que un papa que fuera profesor en el seminario de Padua de 1888 a 1911, colaborador y director de la biblioteca Ambrosiana de Mián, experto paleógrafo, Prefecto de la Biblioteca Vaticana, bien dotado para las lenguas –fue visitador apostólico en Polonia y rehusó salir de Varsovia el año 1920 ante una amenaza de ataque bolchevique- condenara las escuelas públicas.

El lema que adoptó como papa fue: “la paz de Cristo en el reino de Cristo” para significar que la Iglesia y la cristiandad habían de ser operantes en la sociedad y no aisladas de ella. Con la encíclica “Ubi Arcano” de 1922 inauguró la Acción católica para establecer el trabajo entre laicos y jerarquía. Instituyó la fiesta de Cristo rey para hacer frente al secularismo, y fomentar la fe y la vida sobrenatural.

Para seguir afrontanto el mismo problema del secularismo publicó el 31 de diciembre de 1929 la encíclica “Divini illius Magistri”: no se condenan las escuelas públicas lo que se condena es el secularismo que una determinada educación laica pretende inocular en las escuelas.

El Papa siguió contrarrestando el secularismo con la “Casti Connubii”, donde define el matrimonio cristiano y condena la anticoncepción.

Con la Quadragesimo anno del 15 de mayo de 1931 reafirma la doctrina social de León XIII.

Su más importante éxito diplomático lo constituyeron los pactos de Letrán (11 de febrero de 1929), gracias a los cuales se fundó el Estado Vaticano independiente y neutral. La Santa Sede reconocía el reino de Italia con Roma como capital.

El estado italiano indemnizó a la Iglesia con la pérdida de los estados pontificios y aceptó al catolicismo como religión oficial. Sin embargo, no ha de desuicarse que el Papa se mostró hostil al fascismo en 1931 cuando Mussolini disolvió en 1931 los movimientos juveniles católicos, pero sobre todo en 1938, cando el fascismo asumió las mismas teorías raciales de Hitler.

En los años 1933-1936 dirigió al nazismo 34 notas de protesta a causa de la situación de opresión en que se veía la Iglesia, hasta que el 14 de marzo de 1937 se llegó a la ruptura definitiva con la encíclica “Mit brennender Sorge”, que denunciaba las continuas violaciones del concordato del 20 de julio de 1933 y declaraba al nazismo como esencialmente anticristiano.

El Papa protestó contra la persecución anticatólica en México: en abril de 1937 con la encíclica “Nos es muy conocida” exhortó a los católicos a organizarse pacíficamente y a promover la Acción Católica.

Pío XI logró que se calmaran las tensiones surgidas a raíz del debate sobre el modernismo: rehabilitó a algunos de sus exponentes que se veían marginados; se propuso promover la ciencia y la investigación, modernizó la Biblioteca Vaticana, en 1925 fundó el Instituto Pontificio de Arqueología Cristiana, transfirió a Castel Gandolfo el Observatorio Vaticano. Reformó la fomración del Clero.

En 1936 fundó la Pontificia Academia de las Ciencias, admitiendo entre sus miembros a ilustres científicos de varias partes del mundo. En 1931 instaló una estación de radio en la ciudad del Vaticano.

Fue el primer Papa que empleó el radio para fines pastorales.

Mito 38: El Papa Pio X condenó los avances de la ciencia moderna.

Autor: Catholic.net  

«La ciencia moderna descubre a Dios detrás de cada nueva puerta que abre». Pío XII.

Mito 38: El Papa Pio X, en el año 1907 A.D. condenó junto con el "Modernismo", todos los descubrimientos de la ciencia moderna que no son aprobados por la iglesia.
Pio IX había hecho la misma cosa en el concilio de 1864.

Refutación y Argumentos Católicos

También aquí hay afirmaciones deplorables: la condena del modernismo no ha significado jamás la condena de los descubrimiento de la ciencia moderna en sí. Tampoco es verdad que hubiera un concilio en 1864. 

Por modernismo se entiende el peligro moral que representaron para la Iglesia las novedades profanas de lenguaje y sofismas originados por una falsa ciencia propugnada por los modernistas, de suerte que se da a la razón una autonomía total y se la quiere emancipar de la autoridad y de la tradición: nada ha de escapar a su libre examen.

Sin embargo, no ha de confundirse “modernismo” con “modernidad”, siendo ésta última un proceso cultural que influye en el conjunto del mundo contemporáneo. Así, por ejemplo, el modernismo niega la realidad de lo sobrenatural, niega una religión revelada y todo se reduce a condicionamientos culturales o mitos (como han hecho los protestantes liberales con la Biblia, con Bultmann a la cabeza). Según eso, el nacimiento del cristianismo implica el final de las religiones paganas precedentes, pero nautralmente debe llevar al final de la religión.

A partir del S. XVIII se fue acrecentando una tendendencia muy marcada de ciertos personajes (enciclopedistas ilustrados) de criticar al cristianismo; esto con Pío X llegó a su culmen.

Dicha crítica se hacía desde ángulos diversos: la historia comparada de las religiones, la prehistoria, la geología, paloentología, arqueología, historiografía y la filología. Se creía que el estudio de los fósiles, el evolucionismo iban contra la doctrina de la creación del hombre; las excavaciones en Oriente Medio trajeron a la luz civilizaciones de las que se ignoraban muchas cosas, y a partir de ellas se comenzó a dudar del valor histórico del Antiguo Testamento; se comenzaron a aplicar de modo indiscriminado los métodos de las ciencias historiográficas a los orígenes del cristianismo, a las formulaciones doctrinales, a los relatos bíblicos. Se dejó de lado al revelación e inspiración de la Biblia para tratar los escritos sagrados como documentos humanos.

Cuando Pío X era patriarca de Venecia, había visto con preocupación cómo se erguía el así llamado modernosmo, de suerte que ya como Papa con el decreto “Lamentabili” calificó al modernismo “síntesis de todas las herejías”: Con ello se condenaban 65 proposiciones modernistas. El mismo año publicó la encíclica “Pascendi” para abordar el mismo problema.

La supresión del modernismo quedó completada con el “motu proprio” “Sacrorum antistitum” del 1 de septiembre de 1910 con el que se impuso el juramento antimodernista contra el así llamdo “espíritu de novedad” en el clero. Es verdad que hubo ciertos abusos en no pocos casos, lo que provocó una fuerte presión a menudo molesta sobre los intelectuales.

Una última observación: el protestantismo no se vio exento tampoco de críticas. ¿Cómo se reaccionó ante el modernismo? Con la creación del fundamentalismo bíblico, y el nacimiento de las comunidades y sectas evangélicas. El fundamentalismo bíblico opina tuvo lugar con la publicación de doce obras escritas entre 1910 y 1912, publicadas por A. Dixon y R. Torrey.

En 1918 tuvo lugar la fundación de la "World´s Christian Fundamentals Association", base del movimiento fundamentalista protestante. El aZo 1920 un semanario anabaptista, "The Watchman Examiner", lanzó un proclama en favor de los fundamentalistas: restaurar el evangelio bíblico en las iglesias de los EUA y combatir el ambiente secularista –modernista- del país. 

En "The Fundamentals: A Testimony to the Truth", obra financiada por el petrolero Lyman Stewart, fundador de la "Union Oil Company", se proclaman de modo estable los principios del fundamentalismo: la infalibilidad literal de la Biblia, la concepción virginal de Jesús, la resurrección física de Jesús, la expiación por sustitución de Cristo, la segunda venida de Cristo, inminente y física. 

Así es como en 1948 las comunidades fundamentalistas de diversos países decidieron formar el "Consejo Internacional de las Iglesias Cristianas" en contra de la "Conferencia Mundial de las Iglesias" de Ámsterdam, que es de cuZo ecuménico. El fundamentalismo dio origen a la difusión o nacimiento de las sectas milenaristas. La versión unificada de la Biblia para los protestantes de 1952, la "Revised Standard Version", constituyó una reacción clara contra el fundamentalismo bíblico protestante.

Mito 37: En el año 1870 después de Cristo, el Papa Pio IX proclamó el dogma de la Infalibilidad Papa

Autor: Catholic.net  

Mito 37: En el año 1870 después de Cristo, el Papa Pio IX proclamó el dogma de la Infalibilidad Papa

Ésta es una blasfemia y la muestra de la apostasía y del anti-cristo profetizado por San Pablo. (II Tes. 2:2-12; Apocalipsis 17:1-9; 13:5-8,18)

Muchos estudiantes de la Biblia ven el número de la bestia (Apocalipsis 13:18) 666 en las letras Romanas del título del Papa: " VICARIVS FILLII DEI. " - V.5, I-1; C-100, l-l: v-5, 1-1; L-50, 1-1; 1-1-Total, 666.

Refutación y Argumentos Católicos

Estamos ante una de tantas manipulaciones. Si bien Pío IX ocupaba la sede de Pedro para el año 1870, la proclamación de la infalibilidad se encuentra declarada en la Constitución “Pastor Aeternus” del Concilio Vaticano I (18 de juilio de 1870).

Dicha constitución declara que las definiciones del Papa sobre cuestiones de fe y mora, formuladas “ex cathedra” son infalibles “per se” y no por el consentimiento de la Iglesia. Esta declaración es desenlace de un desarrollo doctrinal que ha durado siglos, y elimina al mismo tiempo toda interpretación conciliarista sobre la misión del papado.

En las citas que coloca el enunciado del mito no se dice en ninguna de ellas que el Papa sea el anticristo, que la infalibilidad sea blasfemia ni muestra del anticristo.

En cuanto a la designación del Papa como Vicarius Filii Dei, cabe decir lo siguiente:

Ellen Gould White es quien recogió ciertas afirmaciones de Lutero contra el Vicario de Cristo, el Papa [Lutero había dicho que la ramera era la Iglesia de Roma de Ap 17,4; Carlos V la bestia del mar de Ap 13,1 y el Papa la bestia de la tierra (Ap 13,13) o el anticristo (Ap 13,18; 19,20). Resulta curioso que Lutero tomara el Apocalipsis para realizar estas aplicaciones, dado que él la consideraba una obra de dudosa apostolicidad e incluso llegó a decir que las visiones le resultaban incomprensibles…].

En Apocalipsis 13,18, se dice que el número de la bestia es el 666. La Sra. Gould White parte de que el nombre del Papa en latín es: "Vicarivs filii Dei" (Vicario del Hijo de Dios). Si se toman las letras que en latín son números, se deduce la cifra 666. Ahora bien, "Vicarius filii Dei" nunca ha sido el nombre del Papa, sino "Vicarivs Christi". Y las letras de dicho nombre suman el número 212. Si hacemos lo mismo con la fundadora de los Adventistas en Michigan, Ellen Govld White sí deducimos el número 666 sin necesidad de traducirlo al latín:

ELLEN (50+50 = 100) GOVLD (5+50+500 = 555) WHITE (5+5+6 = 11).

A ser honestos, ni siquiera es esa la correcta interpretación de Ap 13,18. Los exegetas están casi todos de acuerdo en que lo equivalente al 666 es el nombre "Nerón César" cuyos caracteres en hebreo -se le reconoce por criptograma- sí suman 666.

Según los datos del Nuevo Testamento, en concreto, según la primera carta de Juan (2,18.22; 4,3) y la segunda (2,17) el anticristo es quien se opone a la verdad central de la fe cristiana; es el opositor al mensaje divino de salvación, lo cual asume diversas maneras, como la negación de la encarnación, quien niega la divinidad de Cristo, etc.

Ahora bien, en tales citas el autor, Juan apóstol y evangelista, parece hacer una distinción entre quien niega dichas verdades y quien inspira dichas negaciones. Por lo tanto, por un lado, el negador de la verdad central de la fe, el opositor y enemigo del mensaje de salvación es el demonio; y todo el que se presta a él y a la mentira que infunde, es en cierto modo anticristo también.

La diferencia entre ambas figuras es que el hombre que se presta al juego del demonio tiene siempre la puerta abierta al perdón y a la reconciliación de parte de Dios, mientras que en el demonio no hay vuelta de hoja.

Mito 36: La Concepción Inmaculada de la Virgen María fue proclamada por el Papa Pio IX en el año 185

Autor: Catholic.net  

María fue salvada por Cristo como todos los hombres…

Mito 36: La Concepción Inmaculada de la Virgen María fue proclamada por el Papa Pio IX en el año 185

Refutación y Argumentos Católicos

I. Datos bíblicos

Nuestros hermanos protestantes evangélicos suelen acusarnos de que las enseñanzas de la Iglesia son confusas y mantienen a la gente alejada de la sencillez de Cristo en el Evangelio. Uno de esos temas confusos (a veces nos dicen que son invenciones o falacias nuestras) es el tema de la Inmaculada concepción.

Los protestantes se amparan en varias citas para negar el dogma. Romanos 3,23 dice: "por cuanto todos pecaron y necesitan la gloria de Dios". Si todos pecaron, María pecó, debiera ser la conclusión lógica de la que según ellos la Iglesia hace caso omiso. Más aún, la primera carta de Juan 1,8 afirma que "quien dijera que no tiene pecado es un mentiroso y la verdad no está en él". María misma dice que Dios es su salvador (Lc 1,47), de manera que ella reconocería que tiene pecado.

En primer lugar hay que aclarar lo que se entiende por enseñanzas de la Iglesia o "dogmas". La Iglesia hace explícita una verdad que no se encuentra palmariamente en la Escritura, sino que la ha ido comprendiendo cada vez más y mejor a lo largo de los siglos. Así pues, no es del todo cierto que en 2000 aZos los papas no tienen bases bíblicas para el dogma de la de la Inmaculada o de la asunción.

El que la Iglesia proclame dogmas ha de comprenderse como un don de Cristo a la Iglesia. Si ha habido hombres antes y después de Cristo que posean el don de profecía, Cristo sería injusto con su esposa, la Iglesia, si ella no gozara de este don, mientras que sus hijos sí lo tienen. Pero en la Iglesia se trata de un don que se limita a lo que concierne a la fe y costumbres.

A lo largo de su historia bimilenaria, la Iglesia ha definido nuevos dogmas que enriquecen el contenido de la fe.

¿Cómo comprender dicho desarrollo?
No de modo sustancial u objetivo, sino accidental y subjetivo.

Lo que la Iglesia ha ido haciendo a través de los siglos ha sido una mayor comprensión y explicación de los dogmas; más concretamente, se ha tratado de la definición explícita de determinadas verdades que ya estaban contenidas en la revelación divina (Escritura y Tradición = depósito de la palabra de Dios), pero que la Iglesia ha propuesto de manera explícita a la fe de los fieles. De ahí se deducen dos consecuencias: La Iglesia no inventa, ni crea nuevos dogmas; más bien, propone a los fieles de manera infalible determinadas verdades que estaban ya contenidas en el “Depositum fidei”. El depósito no cambia, sino que somos nosotros los que crecemos en su comprensión bajo la dirección infalible de la Iglesia, asistida por el Espíritu Santo

El fundamento bíblico de la inmaculada concepción es el texto de Lucas 1,28. Antes de llegar a Lucas 1,28, conviene aclarar que en efecto María fue salvada como el resto de los hombres. Judas 24 enseñanza que "Dios todopoderoso es capaz de guardarnos sin caída y de presentaros sin mancha en presencia de su gloria". Si aplicamos el pasaje a la Inmaculada concepción deducimos que al igual que nosotros, María fue salvada del pecado, mas en su caso no significó una salvación después de caer en pecado, sino previamente, como quien es advertido de un peligro antes de que caiga en él y no después…

El contexto de Romanos 3,23, es muy diverso del de Lc 1,26-38. Dejando de lado la diferencia de los géneros literarios de ambos escritos (uno es narrativo y otro doctrinal), no ha de descuidarse que el pecado de que se habla en Romanos es el personal. Por eso es que en el "todos" de Pablo no está incluido Cristo. Pero ¿está incluida María?

De lo que dice Romanos 3,23 no puede deducirse, pues, que Cristo ha tenido pecado, por mucho que 1Jn 1,8 enseZe que quien diga que no tiene pecado es un mentiroso. De lo contrario, el autor de Hebreos 4,15 sería un mentiroso ("porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado"). Por lo tanto, el error de fondo del pensamiento protestante evangélico es que no se ha comprendido que en Romanos 3,23 y en 1Jn 1,8 se trata del pecado personal y no del original. Romanos 5,12 sí abordará el tema del pecado original.

En 1Jn 1,9 se dice que si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel para perdonárnoslos: no confesamos nunca el pecado original, sino el personal. El pecado original, nos enseZa el Nuevo Catecismo de la Iglesia, no lo cometemos, sino que lo heredamos y se transmite por propagación, por ello es que se trata de un pecado en sentido análogo (NCIC 405). Hay muchas personas que son excepciones al pecado personal, como son los subnormales o ciertos minúsvalidos y los niZos que aún no llegan al estado de conciencia.

Ahora pasamos a Lc 1,28. ¿Qué es lo que ocurre aquí? Primero, sorprende que en vez de que el ángel llame a la Virgen por su nombre, le diga "llena de Gracia". Este hecho nos recuerda algo llamativo en el Antiguo Testamento (y que se repetirá, por ejemplo, en el Nuevo en el caso de Mt 16,16-19), y es el nuevo nombre que recibe una persona (Gn 3,20; 17,5.15; 32,28). Génesis 3,20 dice así: "Y el hombre le puso por nombre Eva (en hebreo "Hawa") a su mujer, porque ella era la madre de todos los vivientes". En hebreo el verbo "hayah" significa "vivir". Las letras "y" y "w" en hebreo se suelen intercambiar con facilidad: por ello es que la mujer de Adán recibe el nombre de Eva, nombre cuya raíz hebraica designa "vivir".

Algo similar ocurre con María y el ángel: para nombrarla, el ángel emplea precisamente lo que en Eva equivalía a su misión -"Madre de los vivientes"- en María se trata de "colmada de gracia" por el hecho de que será Madre de Dios, que es lo que el ángel le viene a anunciar. Como el nombre de María en griego consiste en un tiempo en perfecto (kejaritomene), ello pone de relieve que es una acción que ha tenido lugar en el pasado: lo que decíamos antes, fue preservada del pecado por parte de Dios; y ella se ha mantenido en dicho estado; de lo contrario, el ángel no la podría llamar así. Ello muestra que su estado de gracia es pleno y perfecto.

En la Biblia, además, encontramos varios pasajes que confirman que María es inmaculada. Génesis 3,15 habla de la enemistad entre la serpiente y la mujer, entre su simiente y la de Ella… Se habla de la descendencia de la mujer con el término "simiente" y Ella no está incluida en la de la serpiente: la enemistad es absoluta, y dicha oposición no tendría ningún sentido si María también tuviera pecado. En el Evangelio de Juan Jesús se dirige a su Madre siempre con el apelativo de "mujer" (Jn 2,5; 19,26; en el Apocalipsis se habla de Ella como "mujer" unas ocho veces: cf Ap 12,1.4.6.13.14.15.16.17). 1Cor 15,45 habla del primer Adán y del nuevo Adán. Al llamar Jesús a su Madre "mujer" pone de relieve que es la "nueva Eva": la nueva Eva, María, trae la salvación con su "hágase" en el momento del anuncio del ángel, aceptándo así el ser Madre de Dios.

Además de nueva Eva, María es el "Arca de la alianza". El Antiguo Testamento enseZa que el Arca de la Alianza debía ser santa e inmaculada, intocable de hombre pecador ninguno: "Cuando Aarón y sus hijos hayan terminado de cubrir los objetos sagrados y todos los utensilios del santuario, cuando el campamento esté para trasladarse, vendrán después los hijos de Coat para transportarlos, pero que no toquen los objetos sagrados pues morirían. Éstas son las cosas que transportarán los hijos de Coat en la tienda de reunión" (Num 4,15; cf Ex 25,10; 2Sam 6,1-9): dentro de los objetos sagrados se encuentra el Arca como el principal. Si el Arca tenía que ser pura, con ¡cuánta mayor razón María, Madre del Hijo de Dios encarnado!

En Ap 11,19 se abre el templo de Dios y se muestra el arca de la alianza en un contexto típico de "revelación" como son los relmápagos, las voces, los truenos. En el siguiente versículo se muestra a María: es la mujer vestida de sol… En el Antiguo Testamento el arca contenía tres cosas que en el Nuevo serán atributos de Cristo: el maná, el cayado de Aarón y los diez mandamientos ["Y detrás del segundo velo había un tabernáculo llamado el Lugar Santísimo, el cual tenía el altar de oro del incienso y el arca del pacto cubierta toda de oro, en la cual había una urna de oro que contenía el maná y la vara de Aarón que retoZó y las tablas de la alianza", Heb 9,3-4]: Jesús es el verdadero maná (Jn 6,32; Ap 2,17), el sumo sacerdote de Dios verdadero (Hb 3,1; 9,11; ap 1,13) y la palabra que se ha hecho carne (Jn 1,1.14; 1Jn 1,1; Ap 19,13).

En el Antiguo Testamento el Espíritu de Dios se cernía cobre el Arca en forma de nube (Ex 40,32-33), así como el Espíritu Santo cubrió a María con su sobra (Lc 1,35). David exclama ante el arca: ¿Cómo podrá venir a mí el arca del SeZor? (2Sam 6,9). Así como David salta de gozo ante el arca (2Sam 6,14-16) Juan Bautista salta en el seno de su madre al llegar María a casa de Isabel (Lc 1,43). El arca del SeZor permanece seis meses en casa de Obededón (2Sam 6,11) y María permanece unos tres meses en casa de su prima (Lc 1,56).

El cumplimiento del Antiguo Testamento por parte del Nuevo, implica no sólo que se le lleva a plenitud, sino que lo supera con mucho. Por ejemplo, Cristo en la cruz lleva a cumplimiento varios pasajes veterotestamentarios sobre el cordero pascual, entre otros, pero los supera en cuanto que además de cordero es el Hijo de Dios altísimo que muere en una cruz para redimirnos del pecado. Las citas de la Escritura “no quebrantarán ninguno de sus huesos” (Jn 19,35; cf Éxodo 12,46) y la alusión a la rama de hisopo” (Jn 19,29; cf Éxodo 12,22) ponen de relieve que ambos pasajes hallan su cumplimiento en Él. Mas su muerte no se limita al solo cordero, ya que lleva a cumplimiento otra profecía:

"Mirarán al que traspasaron" (Jn 19), que se refiere a la muerte del rey Josías, rey piadoso que en el Antiguo Testamento había llevado a cabo la reforma religiosa del pueblo (Zc 12,10-11; cf 2Re 23,29): además, de morir como cordero, muere también como rey. La cruz es su propio trono (Jn 19,19). En el caso de María, si hubiera nacido en pecado, sería entonces inferior a Eva que fue creada en pefección y sin pecado, lo que implicaría que también Adán es superior a Cristo.

Volviendo a la muerte de Cristo en la cruz, todo parece verificarse, ya que Jesús la llama "mujer" . La designación carecería de sentido si Ella no fuera la nueva Eva y Él el nuevo Adán. Más aún así como del fruto del árbol comieron el hombre y la mujer, de modo que pecaron, del mismo modo, el fruto del madero de la cruz son la sangre y el agua de Cristo. Por el fruto del primer árbol los hombres pecaron, por el fruto del madero son regenerados (el agua) y reciben un alimento de vida (la Eucaristía).

Ahora volvemos al pasajes de Rm 5,12: Allí el punto de la comparación es entre Cristo y Adán. Si la comparación fuera entre María y Eva, tampoco María estaría incluida en ese "todos" de Rm 5,12, ya que de otro modo la comparación carecería de sentido (en el Génesis aparecen tanto Adán como Eva y ambos caen en el pecado de comer del fruto del árbol). Y es aquí donde entra el texto del Génesis, y en el que aparece la figura de la mujer. Esto lo vio muy claro ya san Justino en el siglo II en el Diálogo 100 (PG 6,172); posteriormente otros padres de la Iglesia profundizaron y siguieron meditando en esta realidad, como Ireneo (Adversus Haereses 3,22,4), San Efrén Sirio (Carmina Nisibena 27,8).

San Jerónimo profundiza la relación de Cristo con María a la luz del Sl 67,6 ["La tierra ha dado su fruto; nos bendice el SeZor nuestro Dios"]: el fruto es Cristo, y la tierra, la Virgen, su Madre: el SeZor que nace de la esclava; el Dios de la criatura humana; el Hijo de la Madre, el fruto de la tierra. Así como Dios formó a Adán del barro de la tierra a la que no había afectado el pecado originall, Dios formó a Cristo, de la tierra nueva que también tenía que estar inmune de dicho pecado . La creación tuvo inicio sin pecado; la nueva creación también. Pero a diferencia de la primera creación, la nueva creación es la naturaleza humana del Hijo de Dios en el seno purísimo de María santísima: así ha tenido lugar la nueva creación.

De todos modos, a pesar de que el fundamento bíblico sea Lc 1,28, no puede tratarse de una verdad explícita. De lo contrario, no haría falta el pronunciamiento dogmático. Si una verdad está clara en la Biblia, no es necesario el dogma: el no matar no necesita que se proclame como dogma. Es evidente que la Biblia lo rechaza y condena. Para la explicitación de verdades dogmáticas implícitas en la Biblia contamos con la guía segura del Santo Padre, que no es arbitraria sino que se basa en Mt 16,16-20.

El dogma de la Inmaculada, pues, no puede consistir en ninguna invención, sino en una tradición antiquísima, que parte del siglo II con san Justino (al que siguen los padres elencados antes, entre otros); dicha tradición se refuerza en el S. IV con la figura de Máximo de Turín, Teocteno de Livia y Andrés de Creta. En el S. VII nace la fiesta de la Inmaculada en oriente y luego se va extendiendo a Irlanda, Inglaterra, Francia, Bélgica, EspaZa y Alemania. A ello siguió un período de controversias entre los SS XII-XIV, de modo que la piedad se consolidó en el XV. Sixto IV dio un nuevo renovó la Misa de la Inmaculada, Alejandro VII precisa el objeto de la fiesta en términos ya muy cercanos a la definición dogmática de Pío IX.

Una experiencia que me ha ayudado mucho a comprender y asimilar mejor dogmas como este es si de veras conozco a fondo los diversos datos no sólo escriturísticos, sino también de la tradición, y las motivaciones de los mismos (descuidar que la Biblia es fruto también de la tradición es descuidar el elemento humano que ha influido en su composición por inspiración divina). Una vez me pregunté ante una postura que el Santo Padre había tomado y que me costaba asimilar: "¿Sé yo más que el Papa y los diversos santos y personajes que le han precedido? Obviamente, no". Fue entonces cuando me percaté de la importancia de la humildad para dar el asentimiento de la fe y de lo limitada que es mi pobre razón. "Si comprehendis non est Deus" decía san Agustín.

II. Algunas referencias ulteriores

A.Sobre Eusebio de Cesarea

Habla de la Virgen María en unos 20 pasajes. Ulteriormente trataré de citar los que me parezcan más relevantes. Fue obispo de Cesarea marítima, Palestina. Pero se ignora dónde nació (murió el 340). Asumió el apelativo "Pánfilo" para honrar a su preceptor y amigo que llevaba ese nombre. Pánfilo enriqueció grandemente la boblioteca que en Cesarea había fundado Orígenes. Parece que durante la persecución de Diocleciano hubo de huir a Tiro y luego a la Tebaida. El 313 fue hecho obispo de Cesarea.

Ingenuamente o por debilidad cedió a las presiones arrianas durante su episcopado: no compartía, sin embargo, sus extremismos. Desempeñó un papel importante en el sínodo de Cesarea que declaró ortodoxa la doctrina de Arrio. El sínodo de Antioquía del 325 depuso a Eusebio por no haber firmado una profesión de fe contra Arrio. Sin embargo, sí firmó el credo de Nicea del mismo año, así como el acto de condena pública contra Arrio. Después del concilio, siguió respaldando Arrio por motivos políticos.

En los últimos 20 años de su vida fue un ferviente partidario de Constantino, en cuyo favor redactó 2 panegíricos y un largo elogio.

Se dice que con Eusebio se abre la edad de oro de la literatura patrística, y si bien no es muy digna de estima su figura humana -por sus compromisos políticos y volubilidad- a ella ha de reconocérsele el mérito de que después de Orígenes fue el de los escritores más grandes por su gran erudición.

Sus obras son entre otras la Historia Eclesiástica, el Comentario a los Salmos, Comentario a Isaías, dos tratados contra Marcelo (de carácter dogmático).

Gracias a Eusebio se sabe con certeza que en la palestina del S. IV se conocía el nombre "Theótokos" aplicado a María (es decir, Madre de Dios), asimismo la llama en sus obras "Madre del Señor", y cree en el nacimiento virginal de Cristo. Él ve en María a la profetisa preanunciada por Is 8,3. Para él María es también Panhagia (toda Santa).

Quisiera ahora colocar algunos textos en que Eusebio habla de María

  • "Bajará como lluvia sobre la hierba, como agua que empapa la tierra".

[…] La generación de nuestro Salvador según la carne tuvo lugar de un modo del todo similar a la lluvia, que imperceptiblemente y sun ruido baja sobre la tierra; sucedió así para que nadie tuviera conocimiento u oyera el misterio de la concepción del parto de la santa Virgen, ni siquiera entre aquellos que habitaban en los alrededores.
Comentario a los Salmos 71,6-8; PG 23, 800 B-C

  • "A ti el principado en el día de tu poder entre santos esplendores: Desde el seno de la aurora Tienes tú el rocío de tu juventud" (Sl 109,3)

[…]Con tales expresiones él parece significar el modo de su generación carnal. Del vientre, dice, será el rocío matutino de tu juventud o bien desde el vientre tendrá lugar para ti tu rocío matutino en tu juventud. Con ello creo que se declara que su generaicón carnal está constituida no por el semen de un hombre, sino del Espíritu Santo.

De hecho, como rocío que fluye desde lo alto del cielo, así en el seno grávido de su madre fue hecha la constitución de la carna en su juventud. Pero en lugar de el vientre o de el útero el texto hebreo usa Mariam. Por este motivo, prestando oídos de lo otro, sé que el término hebreo aquí indica el nombre de María; de suerte que con ellos María es mencionada con el nombre.
Comentario a los Salmos 109,4; PG 23, 1341 D-1344 C

*Sin duda que los profetas anunciaron por su nombre que Cristo, Verbo de Dios, Él mismo Dios y Señor (…) sería niño, sería llamdo hijo del hombre; anunciaron el origen del cual descendería, así como su nacimiento de una Virgen de modo nuevo y extraordinario.
Demostración evangélica 1,1,1-2; PG 22,16 C-D

  • El profeta, al decir "he aquí la Virgen concebirá y dará a luz un Hijo (Is 7,14) interponiendo muchísimas cosas, vaticina para el mismo día lo que iba a ocurrir en el tiempo de la llegada de nuestro Salvador…
    Cuando sucedan estas cosas el día señalado, es decir, cuando nazca de la Virgen aquel del que se habla, entonces el profeta lo predice como hombre abandonado a causa de la ruina de todas las gentes.
    Églogas proféticas 2,3, 88-90; PG 22, 140 A-B

*"En el sol puso su tienda" (Sl 18,6). El sol indica la divinidad en la que puso su sede como su fuera una tienda; o bien, indica el cuerpo que asumió de la Virgen, el cual era como una tienda del poder divino permanente en Él.
Églogas proféticas 2,19; PG 22, 1105 B

*“Creció como un retoño”

Y por lo tanto fue predicho también el lugar donde nacería. Sin embargo, el profeta Isaías coloca el milagro del nacimiento ora de modo oscuro y figurado, ora de modo abierto y manifiesto. De modo oscuro, cuando dice: “Oh Señor, ¡quién creará nuestro anuncio? ¿A quién será revelado el brazo del Señor? Ha crecido como un retoño ante Él y como raíz en tierra árida” (Is 53,1-2).

Por lo tanto, el retoño que se nutre de la leche materna indica claramente el nacimiento de Cristo, La tierra inaccesible y árida, en cambio, indica que la Virgen lo engendró. Aquella a la que ningún hombre osó acercarse y de la que, aunque ‘árida’ derivó la exaltada raíz y aquel retoño nutrido con la lecha materna.

Mientras que estas cosas las indicó de modo bastante oscuro, en cambio el mismo profeta interpreta más abiertamente su pensamiento, cuando dice: “He aquí la virgen concebirá y dará a luz un Hijo, al que llamará Dios con nosotros” (Is 7,14).

¿Qué es lo que falta por tanto a estas cosas? De hecho, una ez que los profetas han preanunciado sea la tribu sea la estirpe sea el modo del nacimiento y el milagro de la Virgen, sea el tipo de vida, se deduce claramente que ellos no puede pasar en silencio ni siquiera el tema de su muerte.
Églogas proféticas 3,12, 48-54; PG 22, 180 A-181 A)

*Por “profetisa” es indicada María

“Después me uní a la profetisa, la cual concibió y dio a luz un hijo” (Is 8,3), y lo que sigue. Desdiría de la dignidad y de la veracidad profética pensar que el profeta, sobre todo cuando siendo parte de los testimonios (que vaticinan al Salvador), está inspirado divinamente, y estando afectado por una vergonzosa unión, acercase a una mujer por muy profetisa que fuera.

¿Acaso no sería verosímil dicho acercamiento a una mujer, ni la concepción ni el parto de ésta? A nos parece que el sentido es el mismo que de la profecía precedente, según la cual dice: “He aqui la Virgen concebirá en el seno” (Is 7,14). Allí, pues, había predico que una Virgen concebiría en el seno y daría a luz un hijo; en cambio aquí se indica el modo con el que la profecía llega a su cumplimiento. “En el seno –dice- concebirá y dará a luz un Hijo”.

Por lo tanto, ¿quién sería aquel que dice “me uní a una profetisa”, sino sólo el Espíritu Santo, inspirado por el cual hablaba el profeta, y del que fue dicho a María “El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y sobre ti el poder del altísimo extenderá su sombra?” (Lc 1,34). Por ello no sin motivo bien podría denominarse profetisa también aquella que concibiendo del Espíritu Santo, engendró a aquel que es llamado Emanuel, mientras que aquí se le denomina de modo un tanto diverso.
Églogas proféticas 4,5; PG 22, 1205 A-C

B. Sobre san Agustín

Arriba se comentó que San Agustín dice: “María murió por causa del pecado Original, transmitido desde Adán a todos sus descendientes” (salmo 34, sermón III); sin embargo, ¿cómo aclara se compagina esta afirmación a la luz de otra del mismo santo Padre: “al tratarse de pecados, no hago referencia a la Virgen María”? (PL 44,247), y de esta otra: “no hacemos entrega de María al demonio por su condición natural de nacer, sino que su misma condición se quita por la gracia de renacer”.

Sobre el tema del pecado original no ha de olvidarse que hay un progreso espiritual y doctrinal –y también terminológico- en torno a la santidad de María, lo que se percibe de un modo particular en san Agustín y la polémica pelagiana. Ello explica la necesidad de una mayor profundización en el dogma del pecado original.

C. Sobre Santo Tomás

En la Suma Teológica III q 27 a.2 ad 2 se donde aborda la cuestión.

El motivo de la no exención del pecado original en María según el Doctro Angélico se debía al recelo de que se negara la universalidad absoluta de la salvación de Cristo. Si se dijera que Ella no tuvo pecado, ¿se negaba la salvación por parte de Cristo? ¿Hay cabida a un Salvador en tal caso?

Primero hemos de decir que la doctrina de un doctor de la Iglesia no constituye de suyo una enseñanza definitiva del magisterio mismo. Un teólogo no es tampoco toda la tradición, sino que la Iglesia va profundizando en el conocimiento de las verdades reveladas con la guía del Espíritu Santo. Cabe decir asimismo, que la Iglesia no inventa, ni crea nuevos dogmas; más bien, propone a los fieles de manera infalible determinadas verdades que estaban ya contenidas en el “Depositum fidei”, pero ello no significa que antes de tales pronunciamientos algunos teólogos o pensadores hayan tenido reservas o titubeos. El depósito no cambia, sino que somos nosotros los que crecemos en su comprensión bajo la dirección infalible de la Iglesia, asistida por el Espíritu Santo.

Santo Tomás negaba la Inmaculada Concepción por salvaguardar la redención universal de Cristo.

Segundo, Duns Escoto propuso la idea de que María está incluida en la redención de Cristo, pero -ojo- con la salvedad de que la salvación universal de Cristo no está reñida con la preservación del pecado original en María, sino que implica una redención más perfecta. Escoto no es una figura aislada tampoco en cuanto a la doctrina. De hecho es tributario de Eadmero, gran amigo, secretario y biógrafo de san Anselmo de Cantórbery. Eadmero fue quien argumentó en favor de la Inmaculada con los términos siguientes: “Pudo, convino, lo hizo” ("potuit, decuit ergo fecit" verbos referidos a Dios).

De hecho es lo que enseña la Escritura en Judas 24-25: salvar no es sólo sacar a alguien del "hoyo" en el que ha caído, también es evitar que caiga, preservándolo así de caer, y esto es una salvación más perfecta que la de haber caído en él.

Concluimos con las reflexiones siguientes:

A veces se lee en los escritos protestantes que hay padres o escritores que no hablan de la Virgen, y que ello muestra que no se le tenía devoción en la Iglesia antigua o algo por el estilo.

Es una afirmación a decir verdad absurda: el que no la mencionen se debe a que sus escritos son en la actualidad o muy fragmentarios o porque no era ese el problema que intentaban abordar. Negar la veracidad de la tradición mariana de la Iglesia católica porque algunos de ellos no hablan de la devoción a María es como decir que como no todos hablan de la Trinidad, ésta no existe: tampoco aparece el término en la Biblia y en cambio los evangélicos la conservan por tradición, así como por tradición conservan contradictoriamente el principio de la “sola Escritura” , ya que no figura ni en la Biblia ni en los Padres de la Iglesia. Por otro lado, no olvidemos que una cosa es lo que opinan los teólogos –por santos y eminentes que muchos hayan sido- y otra muy diversa lo que la Iglesia ora, vive, determina…

La devoción mariana por parte de la Iglesia católica es una de las muestras de su carácter universal. Además, del Nuevo Testamento, de María nos hablan los primeros padres, como ya se dijo: san Ignacio de Antioquia, san Justino, san Ireneo. A ello ha de sumarse el testimonio que de María ofrecen las catacumbas, como las de Priscila que data del S. III.

Se encuentra en la tradición de la Iglesia alejandrina con Orígenes que habla de la perfección de María, de su virginidad y de su mediación, así como hablan de ella Clemente de Alejandría, Dídimo el Ciego, Atanasio y Cirilo: estos dos hablan de la presencia de María en el AT, de la maternidad divina, de su mediación y de la perfección de María; en este período se difunde el testimonio anónimo “Sub tuum praesidium” (Bajo tu amparo del S. III; lo testimonia el papiro 470 encontrado en una localidad de Egipto y adquirido por la Rylands Lybrary en 1917), que ha tenido una grande resonancia en los textos litúrgicos de las iglesias bizantina, copta, ambrosiana y de Roma.

Se encuentra en la tradición de la iglesia de África; lo testimonian los escritos de Tertuliano, Cipriano y Agustín. Tocan temas variados como la perfección de María, su fe, la virginidad, la exención de pecado, María en el AT, la maternidad espiritual.

De María dan testimonio los Padres del Asia Menor (lo que hoy es Turquía más o menos): san Metodio de Olimpo, san Basilio, san Gregorio de Nisa y san Gregorio de Nacianzo, Anfiloquio de Iconio, san Nilo y Teodoreto de Ancira (devoción, maternidad divina, María en el AT, asunción, santidad excelsa, mediación).

También hablan de María los Padres de la así llamada escuela antioquena: Diódoro de Tarso, Teodoro de Mopsuestia, san Juan Cristóstomo, Severiano de Gábala, Ático de Constantinopla, Proclo, Antípatro de Bostra, Teodoreto de Ciro y Basilio de Seleucia (María y el AT, maternidad divina, santidad, inmaculada concepción y asunción, virginidad, mediación).

Padres de Siria y Palestina: Afraates, San Efrén, san Epifanio, Fión de Carpasia, Eusebio de Cesarea, san Cirilo de Jerusalén, Esiquio de Jerusalén, Procopio de Gaza (maternidad divina, María y el AT, santidad, inmaculada concepción y asunción, virginidad, mediación).

Padres de tradición romana: san Hipólito, Novaciano, san Jerónimo, san León Magno (fe, María en el AT, santidad de María, virginidad, maternidad espiritual).

Padres que pertenecen al resto de la iglesia de Italia: san Zenón de Verona, san Ambrosio, san Gaudencio, Firmicio Materno, Sedlio, Rufino, san Paulino de Nola, san Pedro de Rávena, san Máximo de Turín, Boecio y Casiodoro. (maternidad divina, fe de María, santidad, María en el AT, virginidad, maternidad espiritual y mediación).

Padres de la tradición de las iglesias del resto de occidente: San Hilario de Poitiers, Baquiario, Gregorio de Elvira, Prudencio, Casiano, san Próspero de Aquitania, san Vicente de Lérins, Fausto de Riez, Genadio de Marsella, san Eleuterio de Tournai, san Cesáreo de Arlés, san Gregorio de Tours, san Leandro, y san Isidoro de Sevilla (abordan estos temas: maternidad divina, pefección de María, María en el AT, fe de María, virginidad, mediación y asunción).

Mito 35: El Credo del Papa Pio IV fue impuesto como el Credo Oficial 1560 años después de Cristo

Autor: Catholic.net  

El contenido del credo, es la fe que el cristiano profesa personalmente desde el día que se convierte en hijo de Dios.

Mito 35. El Credo del Papa Pio IV fue impuesto como el Credo Oficial 1560 años después de Cristo y de los apóstles, en 1560 AD. 

Los verdaderos Cristianos conservan las Santas Escrituras como su único credo. Por lo tanto, el credo de los Cristianos es 1,500 años más antiguo que el credo de los Católicos Romanos. 

Refutación y Argumentos Católicos

Aquí el mito se permite una afirmación desconcertante: “los verdaderos cristianos conservan las Escrituras como su único credo”. ¿Nos pueden decir en qué parte de la Escritura se dice eso? En ninguna se dice que las Escrituras son el único credo de los verdaderos cristianos.

Pero es que hay una realidad que contradice a todo lo dicho anteriormente, y que es el origen del término "católico". 

I. Origen del término "católico"

La "palabra" está formada de la preposición “katá” (según, en conformidad con) y “holos” (total, completo). 

“Católico” aparece en la literatura griega: figura en las obras de Hipócrates, de Dionisio de Halicarnaso ("Tratado sobre los nombres de las conciencias" 12.6), en Filódemo de Gágara (Tratado de Retórica 1.926) con el significado de “general”, “universal”, de Hermógenes (Peri Methodou deinótetos 418.2), en las sentencias Estoicas 2.74 figura el adjetivo neutro al lado del artículo para designar “la descripción general” de las cosas; en los fragmentos de Polibio al lado de la palabra “historia” aparece el adjetivo “católico”: se habla allí, pues, de la “historia universal (8.2.11); Sexto Empírico habla de katholykoteroi logoi para designar los lugares más comunes (Hypotipóseis Pirronianas 2.84); Anfiloquio de Iconio habla de “epístolas católicas” para dar a entender el significado de “epístolas generales” (Yambos en honor de Seleuco, 310).

El término “católico” figura en el Antiguo Testamento griego: LXX Ez 13.3.22; 17,14; LXX Am 3,3.4; LXX Dn 3,50; en el Nuevo Testamento: Hechos de los Apóstoles 4,18. En los dos Testamentos se trata no de un adjetivo, sino de un adverbio que significa “en absoluto”.

En los primeros siglos que siguieron al Nuevo Testamento el término comenzó a aplicarse a la Iglesia en contraposición a las herejías y tendencias sectarias, así como a las 7 cartas del Nuevo Testamento que tienen por título no el de sus destinatarios, sino el de sus autores; o mejor, no tienen un destinatario concreto al modo paulino, sino genérico (con todo, las cartas 2 y 3 de Juan sí tienen destinatario concreto, pero se enlistan bajo del nombre de “Católicas”).

De todos modos, el contenido de dichos escritos es ciertamente universal (como de hecho lo son los escritos del NT). Según algunos autores, el término “católico” pudo haberse aplicado originalmente para identificar el carácter “encíclico” de un documento; y ulteriormente se dio el paso a la dimensión canónica o autoritativa.


Parece que el primero que empleó el término fue san Ignacio de Antioquía: Ad Smyrn No 8: en este pasaje san Ignacio contrapone la Iglesia universal a las particulares; pero se trata de un concepto más bien geográfico.

En el martirio de Policarpo, el adjetivo asume el significado de “ortodoxo” en contraposición a los grupos heréticos: se trata de la Iglesia que conserva la totalidad de la fe.

Dionisio de Corinto (año 170) había enviado a diversas comunidades unas cartas católicas, indicando con ese nombre que tenían un alcance universal, pero que nunca se consideraron parte de la Escritura (Hist Eccl 2.23.1-10).
 
Clemente de Alejandría considera católica también la carta del concilio de Jerusalén de Hechos 15,23-29 así como la carta del Pseudobernanbé (Stromata 6.97.3). Orígenes en la primera mitad del S. III emplea el término con el mismo significado para designar la primera carta de Jn (Jo 1.22.137; 2.23.149) y 1Pe (Jo 6.35.175). Orígenes, al igual que Clemente de Alejandría, denomina “católica” la carta del Pseudobernabé (Contra Celso I, 63).

En la Homilía sobre 2timoteo 1-10 de san Juan Crisóstomo el término asume dicho sentido de universal.

Con el significado de “universal” figura en Eusebio de Cesarea (Historia Eclesiástica 3.3.2) [Eusebio vivió del 260 al 340 d.C.]. El antimontanista Apolonio romano llamaba la atención a Temístones por haber escrito una carta católica, es decir, dirigida a la Iglesia entera, “al modo de los apóstoles” (Eusebio, Hist. Eccl V. 18.5).
San Cirilo de Jerusalén (348) emplea el término para designar la totalidad doctrinal y adaptación a las necesidades de los hombres de todo tipo, la perfección moral y espiritual.

El Credo constantinopolitano I profesa la catolicidad como propiedad esencial de la Iglesia de Cristo, y lo recogen los concilios de Éfeso, de Calcedonia, de Trento y Vaticano II: “La única Iglesia de Cristo es aquella que confesamos en el símbolo como una, santa, católica y apostólica, y que nuestro salvador, después de su resurrección encomendó a Pedro para que la apacentara (Jn 21,27), y que ordenó a Pedro y a los demás apóstoles que difundieran y rigieran (Mt 28,18).
San Cipriano dice que la ubicuidad de la Iglesia designa su visibilidad (PL IV Col 502).

San Agustín en su controversia con los donatistas emplea el término con el significado de “todo lo que se ha enseñado universalmente” y que es la “comunión de todo el orbe”; asimismo enseña que es la “Iglesia universalmente perfecta que no claudica en nada” (Epístola 93,23).
Vicente de Lérins (434) en su commonitorium II, 3, entiende la catolicidad como todo aquello que la Iglesia ha enseñado y creído por todos, siempre y en todas partes.

Leoncio de Bizancio (543) comenta que las 7 cartas católicas son aquellas que no estaban destinadas a un grupo determinado como hace Pablo, sino genérico o de modo general (katholou).

II. La verdad sobre el "credo"

¿Qué decir de esto: “El Credo del Papa Pio IV fue impuesto como el Credo Oficial 1560 años después de Cristo y de los apóstles, en 1560 AD.”?

Primero, que reaparece la dichosa abreviación típica del inglés: AD, que no se estila en castellano. 

Segundo, que el Papa no impuso ningún credo oficial, sino que la Iglesia a lo largo de su historia ha ido explicitando de varias maneras por medio de símbolos el credo que se profesa en el bautismo. Así que desde que hay bautismo hay credo. Punto.

El Nuevo Catecismo de la Iglesia católica nos enseña esto:

167 "Creo" (Símbolo de los Apóstoles): Es la fe de la Iglesia profesada personalmente por cada creyente, principalmente en su bautismo. "Creemos" (Símbolo de Nicea-Constantinopla, en el original griego): Es la fe de la Iglesia confesada por los obispos reunidos en Concilio o, más generalmente, por la asamblea litúrgica de los creyentes. "Creo", es también la Iglesia, nuestra Madre, que responde a Dios por su fe y que nos enseña a decir: "creo", "creemos".

168 La Iglesia es la primera que cree, y así conduce, alimenta y sostiene mi fe. La Iglesia es la primera que, en todas partes, confiesa al Señor ("Te per orbem terrarum sancta confitetur Ecclesia", cantamos en el Te Deum), y con ella y en ella somos impulsados y llevados a confesar también : "creo", "creemos". Por medio de la Iglesia recibimos la fe y la vida nueva en Cristo por el bautismo. En el Ritual Romanum, el ministro del bautismo pregunta al catecúmeno: "¿Qué pides a la Iglesia de Dios?" Y la respuesta es: "La fe". "¿Qué te da la fe?" "La vida eterna".

169 La salvación viene solo de Dios; pero puesto que recibimos la vida de la fe a través de la Iglesia, ésta es nuestra madre: "Creemos en la Iglesia como la madre de nuestro nuevo nacimiento, y no en la Iglesia como si ella fuese el autor de nuestra salvación" (Fausto de Riez, Spir. 1,2). Porque es nuestra madre, es también la educadora de nuestra fe.

170 No creemos en las fórmulas, sino en las realidades que estas expresan y que la fe nos permite "tocar". "El acto (de fe) del creyente no se detiene en el enunciado, sino en la realidad (enunciada)" (S. Tomás de A., s.th. 2-2, 1,2, ad 2). Sin embargo, nos acercamos a estas realidades con la ayuda de las formulaciones de la fe. Estas permiten expresar y transmitir la fe, celebrarla en comunidad, asimilarla y vivir de ella cada vez más.

171 La Iglesia, que es "columna y fundamento de la verdad" (1 Tim 3,15), guarda fielmente "la fe transmitida a los santos de una vez para siempre" (Judas 3). Ella es la que guarda la memoria de las Palabras de Cristo, la que transmite de generación en generación la confesión de fe de los Apóstoles. Como una madre que enseña a sus hijos a hablar y con ello a comprender y a comunicar, la Iglesia, nuestra Madre, nos enseña el lenguaje de la fe para introducirnos en la inteligencia y la vida de la fe.


172 Desde siglos, a través de muchas lenguas, culturas, pueblos y naciones, la Iglesia no cesa de confesar su única fe, recibida de un solo Señor, transmitida por un solo bautismo, enraizada en la convicción de que todos los hombres no tienen más que un solo Dios y Padre (cf. Ef 4,4-6). S. Ireneo de Lyon, testigo de esta fe, declara:

173 "La Iglesia, en efecto, aunque dispersada por el mundo entero hasta los confines de la tierra, habiendo recibido de los apóstoles y de sus discípulos la fe... guarda (esta predicación y esta fe) con cuidado, como no habitando más que una sola casa, cree en ella de una manera idéntica, como no teniendo más que una sola alma y un solo corazón, las predica, las enseña y las transmite con una voz unánime, como no poseyendo más que una sola boca" (haer. 1, 10,1-2).

174 "Porque, si las lenguas difieren a través del mundo, el contenido de la Tradición es uno e idéntico. Y ni las Iglesias establecidas en Germania tienen otro fe u otra Tradición, ni las que están entre los Iberos, ni las que están entre los Celtas, ni las de Oriente, de Egipto, de Libia, ni las que están establecidas en el centro el mundo..." (ibid.). "El mensaje de la Iglesia es, pues, verídico y sólido, ya que en ella aparece un solo camino de salvación a través del mundo entero" (ibid. 5,20,1).

175 "Esta fe que hemos recibido de la Iglesia, la guardamos con cuidado, porque sin cesar, bajo la acción del Espíritu de Dios, como un contenido de gran valor encerrado en un vaso excelente, rejuvenece y hace rejuvenecer el vaso mismo que la contiene" (ibid., 3,24,1).

185 Quien dice "Yo creo", dice "Yo me adhiero a lo que nosotros creemos". La comunión en la fe necesita un lenguaje común de la fe, normativo para todos y que nos una en la misma confesión de fe.

186 Desde su origen, la Iglesia apostólica expresó y transmitió su propia fe en fórmulas breves y normativas para todos (cf. Rom 10,9; 1 Cor 15,3-5; etc.). Pero muy pronto, la Iglesia quiso también recoger lo esencial de su fe en resúmenes orgánicos y articulados destinados obre todo a los candidatos al bautismo:

Esta síntesis de la fe no ha sido hecha según las opiniones humanas, sino que de toda la Escritura ha s ido recogido lo que hay en ella de más importante, para dar en su integridad la única enseñanza de la fe. Y como el grano de mostaza contiene en un grano muy pequeño gran número de ramas, de igual modo este resumen de la fe encierra en pocas palabras todo el conocimiento de la verdadera piedad contenida en el Antiguo y el Nuevo Testamento (S. Cirilo de Jerusalén, catech. ill. 5,12).

187 Se llama a estas síntesis de la fe "profesiones de fe" porque resumen la fe que profesan los cristianos. Se les llama "Credo" por razón de que en ellas la primera palabra es normalmente : "Creo". Se les denomina igualmente "símbolos de la fe".

188 La palabra griego "symbolon" significaba la mitad de un objeto partido (por ejemplo, un sello) que se presentaban como una señal para darse a conocer. Las partes rotas se ponían juntas para verificar la identidad del portardor.

El "símbolo de la fe" es, pues, un signo de identificación y de comunión entre los creyentes. "Symbolon" significa también recopilación, colección o sumario. El "símbolo de la fe" es la recopilación de las principales verdades de la fe. De ahí el hecho de que sirva de punto de referencia primero y fundamental de la catequesis.

189 La primera "profesión de fe" se hace en el Bautismo. El "símbolo de la fe" es ante todo el símbolo bautismal. Puesto que el Bautismo es dado "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28,19), las verdades de fe profesadas en el Bautismo son articuladas según su referencia a las tres personas de la Santísima Trinidad.

190 El Símbolo se divide, por tanto, en tres partes: "primero habla de la primera Persona divina y de la obra admirable de la creación; a continuación, de la segunda Persona divina y del Misterio de la Redención de los hombres; finalmente, de la tercera Persona divina, fuente y principio de nuestra santificación" (Catech. R. 1,1,3). Son "los tres capítulos de nuestro sello (bautismal)" (S. Ireneo, dem. 100).

191 "Estas tres partes son distintas aunque están ligadas entre sí. Según una comparación empleada con frecuencia por los Padres, las llamamos artículos. De igual modo, en efecto, que en nuestros miembros hay ciertas articulaciones que los distinguen y los separan, así también, en esta profesión de fe, se ha dado con propiedad y razón el nombre de artículos a las verdades que debemos creer en particular y de una manera distinta" (Catch.R. 1,1,4). Según una antigua tradición, atestiguada ya por S. Ambrosio, se acostumbra a enumerar doce artículos del Credo, simbolizando con el número de los doce apóstoles el conjunto de la fe apostólica (cf.symb. 8).

192 A lo largo de los siglos, en respuesta a las necesidades de diferentes épocas, han sido numerosas las profesiones o símbolos de la fe: los símbolos de las diferentes Iglesias apostólicas y antiguas (cf. DS 1-64), el Símbolo "Quicumque", llamado de S. Atanasio (cf. DS 75-76), las profesiones de fe de ciertos Concilios (Toledo: DS 525-541; Letrán: DS 800-802; Lyon: DS 851-861; Trento: DS 1862-1870) o de ciertos Papas, como la "fides Damasi" (cf. DS 71-72) o el "Credo del Pueblo de Dios" (SPF) de Pablo VI (1968).

193 Ninguno de los símbolos de las diferentes etapas de la vida de la Iglesia puede ser considerado como superado e inútil. Nos ayudan a captar y profundizar hoy la fe de siempre a través de los diversos resúmenes que de ella se han hecho.

Entre todos los símbolos de la fe, dos ocupan un lugar muy particular en la vida de la Iglesia:

194 El Símbolo de los Apóstoles, llamado así porque es considerado con justicia como el resumen fiel de la fe de los apóstoles. 

195 Es el antiguo símbolo bautismal de la Iglesia de Roma. Su gran autoridad le viene de este hecho: "Es el símbolo que guarda la Iglesia romana, la que fue sede de Pedro, el primero de los apóstoles, y a la cual él llevó la doctrina común" (S. Ambrosio, symb. 7).

El Símbolo llamado de Nicea-Constantinopla debe su gran autoridad al hecho de que es fruto de los dos primeros Concilios ecuménicos (325 y 381). Sigue siendo todavía hoy el símbolo común a todas las grandes Iglesias de Oriente y Occidente.

196 Nuestra exposición de la fe seguirá el Símbolo de los Apóstoles, que constituye, por así decirlo, "el más antiguo catecismo romano". No obstante, la exposición será completada con referencias constantes al Símbolo de Nicea-Constantinopla, que con frecuencia es más explícito y más detallado.

197 Como en el día de nuestro Bautismo, cuando toda nuestra vida fue confiada "a la regla de doctrina" (Rom 6,17), acogemos el Símbolo de esta fe nuestra que da la vida.

Recitar con fe el Credo es entrar en comunión con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, es entrar también en comunión con toda la Iglesia que nos transmite la fe y en el seno de la cual creemos:

Este Símbolo es el sello espiritual, es la meditación de nuestro corazón y el guardián siempre presente, es, con toda certeza, el tesoro de nuestra alma (S. Ambrosio, symb. 1).

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