por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 15
Autor: frmaria.org
¿Por qué Dios ha consentido el “tsunami” que ha arrasado Asia?
Esta pregunta se la han hecho y la han hecho muchos recientemente.
Con variaciones, se repite cada vez que hay una catástrofe o cada vez que, a nivel personal, algún problema zarandea violentamente nuestra existencia.
Es, quizá, el mayor de los interrogantes a que debe responder quien tiene la osadía, como es el caso de los cristianos, de creer en el amor de Dios.
“Si el cerebro del ser humano fuera tan sencillo que lo pudiéramos entender, entonces seríamos tan estúpidos que tampoco lo entenderíamos”.
La frase no es de un teólogo, o de un santo, sino de un filósofo de nuestro tiempo con fama de ateo: Jostein Gaarder, autor del conocido y discutible “Libro de Sofía”.
No sé si un neurólogo le daría plenamente la razón, pero yo sí estoy dispuesto a dársela si ampliamos el concepto y pasamos de considerar el cerebro humano a considerar a Dios.
Porque, si Dios es Dios, es decir, si Dios es lo que decimos que es Dios: el Creador Todopoderoso, ¿cómo podemos pretender entenderle del todo?.
La fe, sin embargo, no es creer cosas absurdas. Fe es creer cosas posibles que, al menos de momento, no se pueden demostrar.
Además, la fe no es una cuestión exclusivamente religiosa. Tienen fe los enamorados en la fidelidad del otro.
Tienen fe -a veces excesivamente ingenua- los ciudadanos en las promesas de los políticos y por eso les votan.
Tienen fe los conductores en que pueden cruzar un semáforo en verde porque los contrarios están parados respetando el rojo.
En el ámbito religioso, la fe comienza por la existencia de Dios. Kant, el concienzudo filósofo alemán, afirmó que “es moralmente necesario suponer la existencia de Dios”.
En realidad, no es difícil creer que Dios existe. De hecho, la inmensa mayoría de los hombres lo han creído y lo creen así.
Entre otras cosas, porque alguien ha tenido que poner en marcha este invento maravilloso que es la creación y que es, en particular, la vida.
Los que dicen que no creen porque sólo aceptan lo que pueda ser demostrado en un laboratorio, deberían recordar el diálogo que dicen tuvo lugar entre un astronauta y un neurólogo de la Unión Soviética que discutían sobre religión. El neurólogo era cristiano y el astronauta no.
“He estado en el espacio muchas veces”, se jactó el astronauta, “pero no he visto ni a Dios ni a los ángeles”.
“Y yo he operado muchos cerebros inteligentes”, contestó el neurólogo, “pero nunca he visto un solo pensamiento”.
Y, sin embargo, los pensamientos existen, como existe el amor. Tienen, naturalmente, una base fisiológica, química, pero son mucho más que eso.
No es difícil creer en Dios y tienen más fe los que creen que no existe -porque, sin poderlo demostrar, rechazan todas las pruebas de su existencia- que los que creen que sí existe.
Es más fácil, lógico e inteligente creer que Dios existe que creer que no existe
Lo difícil, sin embargo, es creer en el amor de Dios. Y es difícil precisamente porque una y otra vez la realidad parece confirmar que no es así.
La muerte de un niño, la enfermedad imprevista, el huracán asolador, el maremoto destructor o, simplemente, el problema que te aqueja a ti en concreto y para resolver el cual habías suplicado la ayuda de Dios.
¿Cómo puede ser amor un Dios que, aparentemente, no hace nada para resolver esos problemas, que permite que exista el mal y el dolor, que se encoje de hombros ante el sufrimiento de los inocentes?.
Con Julián Marías coincido en su afirmación de que ”aquellos contenidos de la fe que no son evidentes ni obvios no se pueden proponer como si lo fueran, si no se quiere caer en lo que hace ya muchos años llamé el “cinismo de la fe” -actitud bien poco cristiana-.
Quiero decir que en el trato con los demás, el cristiano, por muy firme que sea su certidumbre personal, debe presentar como incierto lo que para otros muchos hombres lo es, y tiene que justificar su certidumbre hasta donde sea posible”.
Yo tengo la certeza de que Dios es amor y no sólo la seguridad de que existe. O dicho de otra manera, estoy seguro de que existe y tengo fe en que es amor.
¿En qué baso esa fe?
¿Qué argumentos tengo para, partiendo de la fe, llegar a la certeza?.
Ante todo, mi fe en el amor de Dios se basa en Cristo. Y, en segundo lugar, en una concepción de mí mismo como un ser limitado que -como he dicho antes- no puede llegar a conocer del todo a Dios, ni entender del todo los planes de Dios.
Es decir, la inteligencia, de la mano de la humildad que es la actitud del sabio, me lleva a aceptar el misterio. El misterio no es absurdo.
Al contrario, en lo referente a Dios, el misterio es lo probable, lo inteligente. Pero ese misterio, ese “silencio de Dios”, ese “no entender el por qué Dios permite ciertas cosas”, se ve iluminado por la experiencia de Cristo. Iluminado, digo, no anulado. La oscuridad permanece, a veces más intensa y otras menos, pero siempre está.
Siempre es fe lo que me hace dar el salto al “sí, creo”. En todo caso, como digo, la persona de Cristo, su vida, su mensaje, su muerte, su resurrección, son una luz en la oscuridad, una luz a veces tan fuerte que la fe casi desaparece y deja paso a la certeza.
¿Por qué Cristo es la puerta que nos permite creer en el amor de Dios?.
Porque Él fue quien nos enseñó que Dios es amor, primero. Y, segundo, porque Él, siendo Dios, es la prueba definitiva de ese amor.
Puedo sufrir, puedo enfermar, puedo perder a los seres más queridos, puedo morir; sin embargo, siempre resonarán en mi corazón las palabras de Juan:
“Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo único para la salvación del mundo”. ¿Podía hacer algo más Dios para demostrarnos su amor?.
Podía, efectivamente, hacer otras cosas, otra cosa: suprimir el mal que hay en el corazón humano y devolver a la humanidad y a la creación a aquella situación idílica que había antes del pecado original, verdadera causa de la introducción del mal, del dolor, de la muerte en el mundo.
Podía hacer eso, efectivamente, y el por qué no lo hace es el misterio, es la oscuridad, es la dosis de fe que tengo que aceptar.
Podía hacer otra cosa, pero no podía hacer nada más, en el sentido de que no podía hacer algo mayor, más convincente que lo que hizo: enviar a su Hijo al mundo para que diese la vida por nosotros y nos demostrase, no con palabras sino con hechos, lo mucho que nos ama.
¿Y si no soy capaz de creer en el amor de Dios al ver a Cristo crucificado me va a dar esa fe la salud o el dinero? ¿Por qué no creer, entonces, al ver las muchas cosas que van bien en la vida, en mi vida?
Creo en el amor de Dios porque Cristo me lo enseña así. Porque creo en Cristo creo en el Dios-Amor.
Porque existió Cristo, soy capaz de convivir con el misterio, con la duda, con la fe.
Y porque tengo fe, soy capaz de no dejarme aplastar por el sufrimiento, soy capaz de luchar, de ver la parte buena de las cosas, de darme cuenta de lo mucho que va bien y no sólo de lo que va mal.
En definitiva, porque tengo fe soy capaz de resucitar.
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 15
Autor: frmaria.org
Algunos creen que la Iglesia sólo está preocupada por cuestiones morales que conciernen al sexo o al origen y finalización de la vida.
Piensan que el resto no le importa.
Y, en ese resto, está nada menos que el conjunto del transcurrir de la vida del ser humano.
Afirmar esto es ignorar la realidad, pues la iglesia tiene una elaboradísima y completa “doctrina social”, en la que da respuestas a los problemas morales que afectan a la economía y al trabajo.
El Compendio de Doctrina Social de la Iglesia dedica un capítulo especial a considerar la actividad económica en general.
Como otros capítulos, éste comienza con un repaso de algunos principios bíblicos.
En el Antiguo Testamento, las riquezas se consideran una bendición de Dios.
La abundancia no es vista como un problema en sí misma, sino que hay una fuerte condena del mal uso de los bienes materiales -fraude, usura, injusticia- especialmente cuando es el pobre el que sufre estos abusos.
La otra cara de la moneda, la pobreza, es vista como parte de la condición humana. En este contexto el Antiguo Testamento invita a las personas a reconocer su pobreza ante Dios.
Él, a su vez, es retratado como respondiendo a los gritos del pobre, que recibirá su recompensa a través de un nuevo David.
«La pobreza adquiere el estatus de valor moral cuando se convierte en una actitud de disponibilidad y apertura humilde a Dios, de confianza en Él» (No. 324).
En el Nuevo Testamento, Jesús llama a la conversión de los corazones y a estar atentos a las necesidades de los demás.
Trabajar por la justicia y ayudar al pobre es una forma de construir el Reino de Dios.
En general, la Biblia considera la actividad económica como parte de la vocación por la que se invita a la humanidad a administrar los dones recibidos de Dios.
La parábola de los talentos también enseña que «lo que se ha recibido debería usarse apropiadamente, preservarse y aumentarse» (No. 326).
Los bienes materiales, incluso cuando son propiedad legítima de alguien, conservan su destino universal.
«Las riquezas satisfacen su función de servicio al hombre cuando se destinan a producir beneficios para los demás y para la sociedad» (No. 329).
Este nexo entre moralidad y vida económica es una constante en la doctrina de la Iglesia.
«Así como en el área de la moralidad uno debe tener en cuenta las razones y requisitos de la economía, igualmente también en el área de la economía uno debe abrirse a las exigencias de la moralidad» (No. 331).
El compendio sugiere que la moralidad y los principios económicos tienen algunos puntos en común.
Por ejemplo, producir bienes de modo eficiente puede verse como un deber moral, en el sentido de que no hacerlo sería una pérdida de recursos.
Pero la producción de riquezas también necesita una orientación moral, en orden a asegurar que la riqueza económica se distribuye de modo equitativo y se guía por principios como la justicia y la caridad.
La actividad económica llevada a cabo de esta manera se convierte en una oportunidad para practicar la solidaridad y construir una sociedad más equitativa y un mundo más humano.
La Iglesia también considera que términos como desarrollo no pueden simplemente verse en una dimensión económica, como acumulación de bienes.
Una concentración exclusiva sobre el aspecto material corre el riesgo de caer en el error del consumismo y no es el camino para lograr la auténtica felicidad.
Una sección del capítulo sobre economía explica la postura de la doctrina social de la Iglesia con respecto a la iniciativa privada y la actividad económica.
La libertad de las personas para implicarse en la actividad económica es «un valor fundamental y un derecho inalienable que ha de ser promovido y defendido» (No. 336).
La iniciativa en la economía es parte de la actividad creativa humana y los negocios también tienen un papel social importante que jugar a través de la producción de bienes y servicios.
Aunque este papel necesita llevarse a cabo según criterios económicos, el compendio añade: «no deben descuidarse los valores auténticos que causan el desarrollo concreto de la persona y de la sociedad» (No. 338).
En este contexto el compendio recuerda que la Iglesia ha apoyado desde siempre los negocios familiares y de tamaño pequeño y medio, junto con las actividades cooperativas, que pueden hacer una contribución valiosa a la actividad económica y humana.
De hecho, la actividad económica proporciona la oportunidad de practicar muchas virtudes, como la diligencia, la prudencia, la fidelidad y el coraje.
El texto también tiene palabras positivas para el papel de lograr beneficios, que son un signo de que los factores productivos implicados en la empresa se están usando bien.
Sin embargo, los negocios deben servir también a la sociedad de modo apropiado y esto no se hace cuando se violan las obligaciones de la justicia social o los derechos de los trabajadores.
El compendio también observa que en el mundo de hoy los Estados individuales pueden encontrar difícil regir las operaciones de negocios y que esto pone en la empresa privada una mayor responsabilidad para abrirse a los valores de la solidaridad y el auténtico desarrollo humano.
En materia de mercado libre en general, el compendio explica que «es una institución de importancia social por su capacidad de garantizar resultados efectivos en la producción de bienes y servicios» (No. 347).
Un mercado verdaderamente competitivo, continúa el texto, «es un instrumento efectivo para obtener objetivos importantes de justicia».
No obstante, el compendio agrega que, en un mercado libre, deben tomarse en cuenta los fines del bien común y el desarrollo humano, y no sólo la motivación del beneficio.
Hay necesidades humanas importantes y bienes que no puede comprarse y venderse en el mercado.
En cuanto al papel del Estado en la regulación del mercado, el compendio invoca la aplicación de dos principios: solidaridad y subsidiariedad.
Solidaridad es estimular acciones que defiendan a los pobres y desaventajados; subsidiariedad es garantizar que la intervención del Estado no se vuelve excesivamente invasora.
En varios números el compendio insiste en que el Estado no debe interferir demasiado en el funcionamiento de la economía, de manera que restrinja indebidamente las libertades de los individuos y de los negocios.
Por otro lado, también defiende el papel legítimo de los impuestos y del gasto público, que juega un importante papel, especialmente al proteger al débil.
Por lo tanto, pagar impuestos es «parte del deber de solidaridad» (No. 355), pero el Estado tiene la correspondiente obligación de asegurar que los impuestos son «razonables y justos», y los recursos públicos son administrados con «precisión e integridad».
La última parte del capítulo considera algunos de los recientes desarrollos relacionados con la globalización y los mercados financieros internacionales.
«La globalización da lugar a nuevas esperanzas y al mismo tiempo plantea cuestiones preocupantes» (No. 362).
El compendio reconoce que la globalización ha abierto muchas oportunidades, pero expresa su preocupación sobre las desigualdades entre las economías avanzadas y los países en desarrollo.
Citando a Juan Pablo II el texto pide una «globalización en la solidaridad» para ocuparse de este problema.
Un sistema más equitativo del comercio internacional, y una fuerte defensa de los derechos humanos están entre las reformas pedidas por el compendio.
Respetar las diferencias culturales y religiosas y asegurar una mayor solidaridad entre generaciones son puntos a tratar.
En cuanto a los mercados financieros, el texto reconoce su papel positivo en facilitar el crecimiento económico y las inversiones a gran escala.
Sin embargo, existe el riesgo de que el sector financiero pierda de vista el servir al desarrollo humano y se convierta en «un fin en sí mismo». Y haciendo frente con los graves problemas causados por la inestabilidad financiera, también es necesario hacer que estos mercados sean más estables.
La globalización también requiere una mayor cooperación de los Estados para coordinar la economía, dado que los gobiernos individuales con frecuencia ya no son capaces de ejercitar una guía efectiva.
El compendio pide la creación de «instrumentos políticos y jurídicos adecuados y efectivos» (No. 371) que asegurarán «el bien común de la familia humana».
En los números concluyentes observa que lograr esto será también lograr beneficios para países más ricos, donde la abundancia de bienes materiales suele acompañarse por «un sentido de alienación y pérdida de su propia humanidad» (No. 374).
El capítulo concluye llamando a educar a las personas de manera que tengan claro la actividad económica debe verse en un contexto humano más amplio.
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 15
Autor: frmaria.org
La Iglesia se opone a la investigación con “células madre”. Eso es lo que se dice.
Y es verdad, pero no es toda la verdad.
Para que lo fuera habría que añadir que sólo lo hace cuando, para obtener esas células, se utilizan embriones humanos que, en el proceso, son destruidos -asesinados-.
También se oculta que los datos médicos demuestran que los resultados obtenidos de “células madre embrionarias” son nulos e incluso peligrosos.
Según un artículo publicado en el diario “La Razón” (Madrid, 1 de diciembre), un grupo de científicos de élite revelan que las células madre de embriones no son seguras y causan tumores, estos mismos científicos aseguran que sólo las procedentes de otras partes del organismo -células madres adultas y no procedentes de embriones- han demostrado capacidad para curar.
Actualmente, no hay ensayos clínicos en humanos con células madre embrionarias con resultados fiables: los estudios realizados en animales muestran que, tarde o temprano, estas células, capaces de transformarse en cualquier tejido, terminan desarrollando tumores en los animales de laboratorio.
Así lo aseguraron expertos internacionales y nacionales en un simposio celebrado en la Fundación Areces, en Madrid.
Sin renunciar a la investigación de estas células, afirmaron que las células madre de tejido adulto son más seguras y algunos ensayos en pacientes empiezan a dar sus frutos.
Tumores y cáncer. A las seis semanas de la inyección de células madre embrionarias en los estudios con los ratones de laboratorio, el resultado es tan contundente como desalentador.
«Por el conocimiento médico actual, las células embrionarias no son viables en la clínica», indicaba la doctora Catherine Verfaillie, directora del Instituto de Células Madre Adultas de la Universidad de Minnesota (EE UU).
Verfaillie participa en un simposio de varios expertos, organizado por la Fundación Ramón Areces en Madrid, sobre las posibilidades de las células madre adultas en la «medicina regenerativa».
Las células madre embrionarias o ES no han demostrado la misma seguridad que las adultas, que «se han inyectado en centenares de ratones, y no hemos visto que se hayan producido tumores dos años después de su administración», según esta experta.
En contraste, las experiencias con células ES en ratones demuestran que «a las seis semanas de su inyección desarrollan tumores». La probabilidad de desarrollar un cáncer es más alta si se usa este tipo de células.
Aunque no hay conocimientos de ensayos en humanos con células ES, la administración de células madre adultas en ensayos en 40 pacientes no han desarrollado «ningún tumor» hasta la fecha.
El cirujano cardíaco Christof Stamm, del Instituto de Terapia Regenerativa Tisular de la Universidad de Rostock, en Alemania, trabaja con células madre adultas que fabrican vasos sanguíneos, cuyo potencial es enorme para tratar pacientes que han sufrido un infarto.
En un ensayo en fase II que comprende a 36 pacientes que sufrieron un ataque al corazón, se les practicó un by-pass, y a la mitad se les administré células madre adultas para que construyeran nuevos vasos.
En este último grupo, asegura, los resultados preliminares arrojan una mejoría con respecto al «by-pass» como única opción.
Otros campos en los que las células madre adultas están empezando a dar resultados se refieren a la cicatrización de heridas y las suturas en las intervenciones, de acuerdo con Damián García Olmo, del Departamento de Cirugía de la Universidad Autónoma de Madrid.
«Es algo que no se ha resuelto en el mundo de la cirugía, sólo en Madrid hay más de mil intervenciones diarias», indica.
García Olmo y su equipo trabajan en ensayos clínicos en el Hospital La Paz de Madrid con células madre extraídas de la grasa humana que intervienen en los procesos de cicatrización, en especial para tratar la fístula anal.
Mediante el trasplante, «tratamos de aumentar la cantidad de estas células madre adultas», asegura.
En la misma línea se ha manifestado, en declaraciones a la agencia Zenit, la doctora Claudia Navarini, profesora de la Facultad de Bioética del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum (Roma).
Aludiendo a un editorial del pasado 24 de noviembre, del diario italiano “Il Foglio”, en el que se denunciaba la existencia de «un extraño síndrome que afecta a no pocos comentaristas y políticos italianos cuando se habla de estaminales», que consiste en «emparejar ritualmente a la noticia de los éxitos en estaminales adultas el anatema contra quien se opone al uso de las estaminales embrionales», la doctora Navarini dijo que este «síndrome» se manifiesta habitualmente de dos formas:
«Magnificar, a cada resultado obtenido con las estaminales de adulto, los resultados “posibles” con las estaminales embrionales»; y «omitir sistemáticamente el adjetivo “adultas”, dejando creer que toda investigación de éxito con las células estaminales se refiere a las embrionales».
Lo cierto es que -constata Navarini-, «mientras las estaminales embrionales no han dado resultados -por razones técnicas y no económicas- que son bien conocidas a la comunidad científica, la terapia con las estaminales adultas es una reconfortante realidad que va enriqueciéndose casi a diario de nuevos descubrimientos y nuevas aplicaciones».
Así lo documentó la Santa Sede ante los Estados miembros de la ONU. En un mensaje enviado el 27 de septiembre de 2004, el Vaticano afirma lo siguiente:
“Hay dos fuentes potenciales de células estaminales para la investigación humana: en primer lugar las células estaminales «adultas», que derivan de las sangre del cordón umbilical, de la médula ósea y otros tejidos, y en segundo lugar las células estaminales «embrionales», que son obtenidas de la desagregación de embriones humanos.
La Santa Sede se opone a la donación de los embriones humanos con el propósito de su destrucción para obtener de ahí sus células estaminales, incluso por un noble objetivo, porque es incompatible con el fundamento y el motivo de la investigación biomédica humana, esto es, el respeto por la dignidad de los seres humanos.
Sin embargo, la Santa Sede aplaude la investigación que utiliza las células estaminales adultas, porque es completamente compatible con el respeto de la dignidad de los seres humanos.
La inesperada plasticidad de las células estaminales adultas ha hecho posible usar con éxito este tipo de célula en la curación de distintos tejidos y órganos humanos.
En cambio, la investigación que utiliza células estaminales embrionales ha sido obstaculizada por importantes dificultades técnicas.
Los experimentos en células estaminales embrionales no han producido aún un solo éxito terapéutico claro, ni siquiera en animales. Además las células estaminales embrionales han causado tumores en los animales y podían generar cáncer si se administraran a pacientes humanos.
El uso de células estaminales embrionales implica un alto riesgo de introducir en los pacientes células de embriones anormales. Ha sido bien probado que la mayoría de los embriones no-humanos producidos por clonación con transferencia nuclear son anómalos.
La transferencia de células estaminales embrionales extraídas de ellos sería por lo tanto extremadamente peligroso: estas células podrían provocar desórdenes genéticos, o iniciar leucemias u otros cánceres”.
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 15
Autor: frmaria.org
La aprobación por parte del Gobierno español de una ley que equipara con la familia las uniones homosexuales y que les da la oportunidad de adoptar niños, ha sido contestada por amplios sectores sociales. A la vez, ha sido apoyada por otros.
Se han alzado voces a favor y en contra, también en los ámbitos científicos especializados.
Ofrecemos a continuación un elenco de argumentos en contra de dichas adopciones.
El psicólogo Aquilino Polaino (Catedrático de psicopatología de la Universidad Complutense de Madrid, autor de 50 libros y cientos de artículos, entre otras cosas), escribe en el Lexicón recién publicado en español por el Pontificio Consejo para la Familia (Ed. Palabra, Madrid 2004), lo siguiente sobre la adopción de niños por parejas gays: “Hay muchas razones para oponerse a este supuesto derecho, tal y como a continuación se indican:
1.- Entre los niños deprivados de sus padres, y luego adoptados, se da una mayor incidencia de alteraciones psicopatológicas (trastornos de conducta, fracaso escolar, agresividad, ansiedad de separación, retraso psicomotor, hiperactividad, dislexia, depresión, conducta antisocial, suicidio, psicopatías, psicosis, etc.), que en los niños que no sufren esta deprivación.
2.- El niño tiene derecho a adquirir, fundar y establecer, de forma adecuada, algo tan relevante e irrenunciable como su propia identidad sexual.
Este derecho resulta impedido o gravemente amenazado cuando el niño se expone a solo modelos de conducta, como el homosexual, en los que precisamente está en crisis esa misma identidad.
3.- El niño tiene derecho a ser protegido contra una patología adicional derivada de esa exposición, que se sumaría a la ya anteriormente suscitada por el simple hecho de no convivir con sus padres biológicos y de haber sido separado de ellos.
4.- El niño y la niña tienen necesidad del padre y de la madre para identificarse con la persona de su mismo género, y para aprender el respeto, afecto y complementariedad que la persona del otro género le debe proporcionar.
El apego y la vinculación que resulta de esa relación le son imprescindibles para fundar su identidad personal.
5.- El niño tiene derecho a madurar su afectividad, observando el vínculo -afectivo, cognitivo y personal- que se establece en las relaciones entre el padre y la madre.
Esta relación constituye la urdimbre donde se acuna y consolida la madurez de su afectividad y de su futura personalidad.
6.- En el perfil psicológico del homosexual se observa una mayor incidencia de rasgos psicopatológicos (egocentrismo, autocompasión, inmadurez afectiva, celotipias, infidelidades, depresión, etc.), que en modo alguno contribuyen al desarrollo armónico del niño así adoptado y expuesto a ese modelo de conducta.
7.- El niño que sólo convive con homosexuales ni experimenta ni aprende las diferencias de género existentes entre el hombre y la mujer.
Por contra, aprende algo que es falso y antinatural: la irrelevancia de la necesidad y complementariedad de las personas del otro sexo y de las diferencias que les caracterizan.
8.- El niño que sólo conviviera con los homosexuales adoptantes sufriría un déficit en su socialización -al no interiorizar el genuino espíritu de familia que hunde sus raíces en la comunidad entre un hombre y una mujer-, además de un empobrecimiento en su autoestima y de un relevante deterioro en su autoconcepto, por haber sido este solo parcialmente estructurado.
9.- En consecuencia, en el niño que fuese adoptado por homosexuales, su identidad resultaría maltrecha, incompleta, sectorizada y parcialmente deprivada, mutilada, incorrecta y, por consiguiente, insatisfactoria..
10.- En el niño que fuese adoptado por homosexuales no se satisfarían los criterios que definen la adopción, por lo que propiamente se incurriría en una “adoptio sine adoptione”, es decir, en una adopción sin adopción, en una ficción jurídica..
El fin de la adopción es la protección del menor desvalido y no la satisfacción del adulto sin descendencia.
De otra parte, como se sostiene en el viejo principio jurídico, “adoptio imitatur naturam”, la adopción debe imitar la naturaleza.
Se trata de la familia constituida por el padre y la madre adoptantes, con unas relaciones estables, de manera que se facilite el crecimiento y desarrollo de la persona adoptada”
Otros argumentos
Además de lo expuesto, se puede afirmar que con la adopción por parejas gays se transgrede el principio II de la declaración universal de los derechos del niño, en cuanto establece que al dictar leyes que atañen al niño se tomará exclusivamente el interés de éste como objetivo.
Es claro que el agitacionismo sobre el tema responde en cambio al deseo de algunos homosexuales en ser consolados respecto a la imposibilidad biológica de ser padres entre sí y que no hay una oferta insuficiente de matrimonios heterosexuales dispuestos a adoptar, como lo prueba el tráfico ilegal de niños.
Es posible, incluso, que se aumente ese tráfico debido a la mayor demanda proveniente de las nuevas parejas homosexuales deseosas de adoptar.
No hay que olvidar que en una familia normal, el amor conyugal está claramente diferenciado del amor paterno-filial y que a esto ayudan tanto la adjudicación de roles padre-madre, como el tabú del incesto.
Ahora, con la indiferenciación de roles, junto con la ausencia del nexo biológico, se va a producir una progresiva desaparición del tabú del incesto, lo cual supondrá un aumento de las relaciones sexuales entre adoptantes y adoptados, sin que eso signifique que la mayor parte de los homosexuales sean pederastas.
Aunque los especialistas dicen que no se podrán hacer estudios serios hasta que no hayan pasado al menos 30 años, y eso contando con niños educados en un ambiente de pareja homosexual y no en una “familia” en la cual uno u otro ha tenido una relación heterosexual fruto de la cual ha aportado un hijo, ya hay voces que hablan, en uno u otro sentido, con una pretendida autoridad científica.
Así, mientras un estudio elaborado por la Universidad de Sevilla sobre 28 casos se declara a favor de estas adopciones, porque, dice María del Mar González, su directora, “parece que a los niños no les escandaliza el amor, porque ellos no tienen los prejuicios que tenemos nosotros”, Mercedes Valcarce, profesora titular de Psicología Evolutiva de la Complutense, descalifica, desde un punto de vista científico, el informe elaborado por la Universidad de Sevilla, puesto que, dice: “la metodología empleada en el trabajo es inaceptable”.
Para esta doctora en Psicología, “el homosexual tiene una identidad lábil, quiere una relación en espejo, busca una continuidad de sí mismo, y eso es lo peor para el desarrollo de un niño, para que pueda crecer como persona armónica e independiente.
Todo niño adoptable -añade- ya tiene problemas porque ha sido rechazado por los padres biológicos, es un punto de partida muy malo. Por eso, necesita padres en unas condiciones excelentes”.
No hay que olvidar, por último, que está comprobada la mayor promiscuidad de las uniones homosexuales, las cuales se rompen cuatro veces más que las heterosexuales.
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 15
Autor: frmaria.org
De vez en cuando, de forma cíclica y quién sabe si ligada a la caída de beneficios de las grandes productoras de preservativos, aparecen en los medios de comunicación ataques a la Iglesia por su oposición al uso de esos instrumentos en el control de natalidad o en la lucha contra el sida.
Ofrecemos un interesante artículo del periodista Justo Aznar, aparecido en el diario “Las Provincias” de Valencia, el 7 de noviembre, bajo el título “El Cardenal y el sida”, y distribuido después por correo electrónico por el Comité Independiente Antisida.
“El cardenal y el sida “.
Con este mismo título publiqué en LAS PROVINCIAS (10-03-1999) un artículo en defensa del cardenal Carles, nuestro paisano arzobispo de Barcelona, que había sido injustamente atacado por unas declaraciones suyas sobre cómo evitar la transmisión del sida.
Ahora ha pasado algo similar con el cardenal López Trujillo, presidente del Consejo Pontificio para la Familia, que también ha sido ampliamente criticado en diversos medios de comunicación por sus declaraciones a la BBC (12-10-2003) sobre el mismo tema.
En efecto, el cardenal López Trujillo, al parecer, afirmó que «el espermatozoide puede pasar fácilmente a través de la red formada por el preservativo».
Si estas declaraciones fueran ciertas, indudablemente habría que admitir que son equivocadas, pero sin duda parece razonable pensar que la idea de fondo que el cardenal quiso transmitir en su entrevista es que el preservativo no es un método seguro para prevenir la transmisión del sida. Y a ello quiero referirme.
Método poco seguro
En efecto, el preservativo es uno de los métodos menos seguros para prevenir embarazos no deseados, pues según abundantes datos de la literatura médica tiene un índice de fallos que oscila entre 10 y 12 embarazos al año por cada 100 parejas que lo utilizan.
Por tanto, si falla para prevenir el embarazo, con más razón puede fallar para evitar el contagio de cualquier enfermedad de transmisión sexual, y entre ellas el sida. Y así lo confirman los datos.
En efecto, en el más amplio estudio realizado hasta la fecha para valorar la capacidad del preservativo para impedir la transmisión del VIH, trabajo que recoge todos los publicados en lengua inglesa hasta 1990 (Soc Sci Med 36; 1335, 1993), se concluye que el preservativo reduce la posibilidad de contagio en un 69,9%.
Datos más recientes publicados por los Institutos de la Salud de Estados Unidos (N Engl J Med 344; 611, 2001) incrementan esta tasa de protección hasta un 85%, por lo que siempre queda un porcentaje de 15% a 30% de contactos sexuales no protegidos.
Sin embargo, a mi juicio, la forma más objetiva para valorar en qué medida protege el preservativo de la transmisión heterosexual del sida es estudiar si se contagia la persona sana de una pareja heteróloga (uno sano y otro VIH positivo), que tengan relaciones sexuales normales y que usen sistemáticamente el preservativo.
En un estudio realizado con parejas en las que el varón era hemofílico y VIH positivo y ella no lo era, tras dos años de seguimiento, se comprobó que el 27% de las mujeres se habían contagiado (V Internacional Congreso on AIDS. 1989. Abstract MAO 33).
Estos, y otros datos parecidos, han hecho que importantes asociaciones médicas, no precisamente afines a la ideología del cardenal López Trujillo, claramente subrayen la insuficiencia del preservativo para garantizar la no transmisión del VIH.
El Centro para el Control y la Prevención de las Enfermedades Infecciosas de Atlanta afirma: «La abstinencia y las relaciones sexuales con una pareja sana son las únicas estrategias absolutamente seguras para evitar el sida.
El adecuado uso del condón en cada acto sexual puede reducir, pero no eliminar, el riesgo de transmisión de enfermedades sexuales». (JAMA 259; 1921, 1988).
También el Consejo de la Sociedad Americana de Enfermedades Infecciosas indica que «el mejor consejo para evitar la transmisión del sida es abstenerse de las relaciones sexuales, y para aquellos con riesgo de infectarse, seguir una relación monógama con una pareja sana.
El uso del condón en las relaciones sexuales reduce, pero no elimina totalmente el riesgo de transmisión del sida (J Infec Disease 158; 273, 1988).
Aumentan los casos
Pero hay otro dato más que merece ser considerado. Las grandes campañas publicitarias realizadas para incrementar el uso del preservativo no solo no han disminuido el número de contagios de enfermedades de transmisión sexual, sino que incluso las han aumentado.
En un reciente informe (BMJ 327; 62, 2003), se constata que en los últimos seis años, en el Reino Unido, las infecciones por clamidia han aumentado un 108% y la sífilis un 500%.
Aunque en este trabajo no se dan porcentajes respecto a la infección por el VIH, también se refiere que el número de personas infectadas por el virus del sida ha aumentado cada año.
Finalmente, un último aspecto que considero de interés, porque también a él se han referido con insistencia los medios de comunicación que han comentado las declaraciones del cardenal López Trujillo, es en qué medida la actitud del responsable vaticano podría afectar a la prevención del sida en África.
En este sentido, creo que es de interés resaltar que datos recientes demuestran de forma inequívoca que la gran disminución de la infección por VIH conseguida en Uganda, el país de África donde mejor se ha combatido la expansión de este virus, es atribuible al éxito de la campaña educacional que promueve en los jóvenes la abstinencia sexual.
La educación en la abstinencia es poco eficaz cuando los adolescentes ya se han iniciado en las prácticas sexuales, pero es muy eficaz en los adolescentes más jóvenes y no es incompatible con una educación sexual que contemple también la contracepción (Lancet 360, 1792,2002).
Efecto contrario
Es decir, parece una evidencia médica que el preservativo disminuye las posibilidades de contagio del sida, pero no las excluye totalmente; pero si las campañas realizadas para promocionar su uso indirectamente inducen a que aumenten los contactos sexuales, el incremento absoluto de infectados por enfermedades de transmisión sexual no solamente no disminuye, sino que incluso, como se ha constatado ya en el Reino Unido, aumentan.
Por todo ello, estoy convencido de que el mensaje de fondo del cardenal López Trujillo es que el preservativo disminuye significativamente, pero no elimina del todo el riesgo de infección por el VIH.
Por esto, para aquellas personas que quieran tener relaciones sexuales promiscuas no cabe duda de que el preservativo reduce ampliamente la posibilidad de contagio, pero no la elimina del todo, por lo que para evitar con seguridad la posibilidad de infectarse por el VIH solo existe un método absolutamente seguro y es tener relaciones sexuales con una persona sana.