por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 16
Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net
1. 95. La Masonería y sus ideales. Palabras mágicas. La Libertad.
Como al hablar de los fines de la Masonería, ella hace alarde de batallar por los ideales de la libertad, igualdad y fraternidad. Veamos qué hay en eso de sinceridad y de verdad.
Ya sabemos que para la Masonería la libertad es la independencia absoluta de toda autoridad, sea la de Dios, sea la del Rey, sea la de la Iglesia, o del padre, del esposo, &c. ‘Vos seréis libre; dice a sus adeptos, si sois soberano, si sois sacerdote, rey y dios, si sois el adorador como el adorador del templo.’ Es la antigua promesa de la serpiente a nuestros padres (Bénoit, F. M. I, 10.)
Semejante libertad en la revuelta, la rebelión contra toda autoridad. Si alguno creyere que hay en esto exageración, no tiene más que leer las declaraciones de autoridades masónicas ya citadas. Hay que darse cuenta también del simbolismo masónico y de los discursos rituales, para comprender toda la profundidad de la libertad masónica. Esos datos pueden verse en Bénoit (La F. M. I, 7.)
Cualquiera podría creer, después de leer estas declaraciones de la Masonería y de saber el continuo alarde que hace de esas palabras, libertad, liberalismo, que esa institución deja mucha libertad a sus adeptos. La verdad es todo lo contrario. Es cierto que en el sentido de libertinaje y de la licencia de costumbres hay muchos que han aprendido y practican la libertad masónica, viviendo sin Dios ni ley, como tantos otros que no son masones. La diferencia está en que unos lo hacen por principios y por flaqueza.
Pero no hay tiranía igual a la tiranía masónica. Yo mismo he oído decir a masones que sufre la presión que se les hace en las logias, aún contra sus conveniencias comerciales; he oído de otros que quieren recobrar su libertad, retirándose de las logias; he llegado a saber que cuando un hermano se ha tomado la libertad de ir a la iglesia por satisfacer quizás su curiosidad, luego tuvo la visita de otro hermano, para tomarle cuenta de lo que había hecho.
Estoy viendo que iniciarse un hermano y perder su libertad religiosa es la misma cosa; porque no puedo suponer que personas serias que vienen a misa el domingo pierdan inmediatamente su fe desde la iniciación cuando todavía no se han dado cuenta de la apostasía que aquella ceremonia significa.
96.- No existe libertad en la Masonería.
En cuanto a los políticos, por lo que se ha dicho poco antes poco antes, se puede ver que son todavía menos libres que los demás ciudadanos. Basta recordar las decisiones del Gran Oriente de Bélgica y la conclusión a que llega, que ‘es menester ser severo e inexorable contra los que, rebeldes a las advertencias, llevan la felonía hasta apoyar en la vida política actos que la Masonería combate con todas sus fuerzas, como contrarios a sus principios, sobre los cuales no puede ser permitido el transigir’ (Copin, P. O. 132-133.) Ahí tenéis, pues, al hermano masón, que no tiene aquella libertad de que goza el último de los ciudadanos; que ha renegado de la infalibilidad de la Iglesia para reconocer una infalibilidad que no sabe dónde está ni de dónde viene.
Mientras el profano obedece a autoridades legítimas, visibles, y a leyes que conoce, al Hermano está expuesto a ser manejado como el niño pequeñuelo, según el capricho de esa dirección oculta que, como se ha visto, en Francia lo pasó jugando a la política, haciendo adorar y derrocar sucesivamente a los jefes de la nación. Por algo se le obliga a hacer en las logias ejercicios infantiles.
Por algo también hace sus juramentos, en los cuales renuncia a su voluntad mucho más aún de lo que lo hace un religioso. ‘Juro obedecer sin restricción, tanto la Const.•. masónica, como los Reglamentos Generales de la Ord.•. etcétera’, dice en Chile el masón. El Minerval de los Iluminados decía: ‘Prometo un silencio eterno, una fidelidad y obediencia inviolables a todos los superiores y estatutos de la Orden. En lo que es objeto de esta misma Orden, renuncio plenamente a mi propio modo de ver y a mi propio juicio’ (Bénoit, F. M. I, 589.)
1. 97. Falsas promesas de libertad.
Por otra parte, desde que la Masonería puede imponer la ley, se pueden dar por perdidas aún aquellas libertades que son más naturales e inviolables, como es la libertad de conciencia, la de educar a los hijos, la de vivir cada cual conforme a sus inclinaciones, con tal de no perjudicar a terceros, &c.
En Méjico, por ejemplo, está prohibido el traje eclesiástico, desde hace muchos años. Allí, como en Francia y en otras partes, está prohibida la enseñanza religiosa en las escuelas públicas.
En Estados Unidos, la Masonería está empeñada en suprimir la enseñanza privada, para obligar a todos los niños a ir a la escuela laica.
En varios países, la Masonería ha desconocido las congregaciones religiosas, al mismo tiempo que amparaba toda clase de asociaciones inmorales o subversivas; las que ha expulsado y perseguido como no se persigue en ninguna parte a los anarquistas o subversivos.
La libertad que predica la Masonería es, pues, otra gran mixtificación con que engaña a los propios adeptos y prepara la tiranía para con los extraños y las sociedades en general. La Masonería sabe realizar las instrucciones ya citadas de Weishaupt: ‘Que la fuerza suceda al imperio invisible: ligad las manos a todos los que resisten, subyugad’, &c.
Los que saben entre nosotros el poderío que la Masonería ejerce en el ramo de la enseñanza y la tendencia a suprimir en ella toda libertad y lo mucho que ya se ha hecho en ese sentido, tendrán en casa una prueba de la libertad masónica.
1. 98. La igualdad masónica.
Cualquiera, al oír repetir con tanto entusiasmo esa palabra como las otras dos, creería que la igualdad se practica con mucha perfección dentro de la Masonería y para con los profanos. Precisamente, sucede todo lo contrario. Al hermano iniciado, desde su misma iniciación, se le hace creer que en la Masonería todos son iguales, salvo la distinción de cargos o dignidades, y sin embargo, no hay asociación alguna en que haya más desigualdad.
Los masones compañeros, maestros o de altos grados, llaman ‘hermano’ al aprendiz. ‘Pero es un hermanito de tres años solamente, que no está iniciado sino en la sociedad de los niños masones, y esta sociedad aún formando cuerpo con las sociedades masónicas de los altos grados, no solamente está debajo de todas, sino que, cosa mucho más importante, está penetrada y realmente dominada por todas.
Los aprendices, se puede decir, no pueden entrar en ninguna parte del templo masónico, si no es en cierta parte que se les ha asignado. Asignado, decimos, no reservado, porque ellos no pueden cerrar la puerta a los masones de los grados superiores. Éstos van y vienen como les place en las reuniones de los aprendices, lo mismo que los profesores pueden ir y venir en las diversas clases de los liceos, donde hacen cursos.’ Son palabras de un ex-masón (Copin, P. O.
210.)
Lo mismo les va pasando a los de los demás grados respecto de los grados superiores: no saben sus secretos, no pueden asistir a sus reuniones, y son constantemente espiados o vigilados, sin que ellos se den cuenta siquiera; lo que les hace ser de peor condición que los niños de la escuela, que al menos saben quién los vigila.
La Iglesia Católica, acusada por la Masonería de mantener la desigualdad entre los hombres, enseña que ante Dios todos los hombres son iguales, y de hecho todos los católicos tenemos la misma doctrina, no hay doctrina oculta para nadie; todos podemos llegar a la misma mesa eucarística, es decir, todos podemos tomar parte en el acto más elevado del culto que profesamos.
En la Masonería los masones de los grados inferiores no son más que el juguete de los grados superiores, especialmente de los ocultísimos, en donde se admirarán de la estupidez humana que se deja atraer con el cebo de un secreto que jamás se revela.
1. 99. La fraternidad masónica.
Éste es el otro lema con que la Masonería difunde en rededor suyo una atmósfera de simpatía, especialmente entre aquéllos que necesitan ser alentados en la vida. Esa fraternidad tiene, como se ha dicho, un doble sentido: el de borrar toda diferencia de familia, patria, religión, derechos, &c., y el de mutua protección entre los masones.
No niego que esta fraternidad se ejercite entre hermanos y que sea un derecho legítimo, el de buscar en la asociación esa ayuda mutua; pero con tal que sea dentro de ciertos límites, con tal que no sea contra los derechos que por equidad natural o justicia corresponden a un tercero, o no se causen perjuicios a la sociedad, a la nación o a particulares.
Así, por ejemplo, ¿quién negará que las preferencias por los hermanos en el ejército francés causaron gravísimo daño a la institución y pusieron en gravísimo peligro a la nación entera, que en la última guerra, guiada por el instinto de conservación, fue dejando a un lado a los jefes ineptos que la Masonería había encumbrado y llamando a los jefes católicos que ella había dejado en la sombra, y gracias a eso se salvó?
¿Quién negará que las preferencias para con los hermanos en la provisión de los empleos públicos ha dado en todas partes ocasión a grandes desfalcos al fisco y a grandes injusticias para con los particulares? Sería interesante leer la historia de la cuestión de los tabacos en que se vio envuelto el Ven. Crispi y el delegado Supremo Gran Comendador Adriano Lemmi, Gran Maestro de la Masonería Italiana, en 1890.
Los masones eran 300 en la Cámara; el total de los diputados 504. El diputado Imbriani pidió que se abriese una investigación. Los diputados masones se vieron en la alternativa de ser o buenos masones o buenos diputados, y para ser buenos masones y ayudar al hermano en sus apuros, negaron la investigación y salvaron al hermano Crispi y al Hno. Y Gran Maestro Lemmi. Margiotta suministra los datos sobre este asunto (Margiotta, A. L., 188 y sigs..)
1. 100. Nuestra Cámara y la Masonería.
En el debate que hubo en nuestra Cámara sobre la Masonería y el Ejército, se leyeron datos interesantísimos sobre la escandalosa cuestión de las fichas en el ejército francés, sistema que usó la Masonería para hacer ascender a los suyos y concederles todas las gollerías posibles y para postergar a los que no eran suyos y negarles todos los favores posibles. Es digna de leerse la interpelación que se hizo en la Cámara con este motivo.
Especialmente cuando se trató del castigo impuesto al coronel Quinemont, ‘que como jefe de regimiento poseía los más bellos estados de servicio del ejército; que había sido hecho subteniente en el campo de batalla de Morsbronn… y que no había cesado de ser soldado irreprochanle.’
¿Por qué fue puesto en reserva? Porque había castigado con toda justicia a un oficial prevaricador. Pero el oficial era hermano y la Masonería lo vengó: ‘Entre un prevaricador de oficina y un soldado heroico, terminaba el interpelante, dirigiéndose al Ministro, no habéis dudado: Habéis herido al soldado heroico y, habéis protegido al ladrón.’ (La Masonería ante el Congreso, p. 73-89.)
Ese asunto de las fichas que usó en Francia la Masonería para hacer su trabajo en el ejército, es uno de los más repugnantes y bajos que, sobre todo para un militar, puede haber. ¡Quiera Dios que esa horrible gangrena no esté minando también a nuestro glorioso ejército!
A esos extremos suele conducir la fraternidad interna de la Masonería, para con los suyos, y ésas son también muestras de la fraternidad que ejercita para con los profanos, muestras que, por desgracia y para vergüenza nuestra, comienzan a verse estampadas en la gran prensa del país y a vislumbrarse alrededor nuestro14[4]
1. 101. Odios masónicos.
Agregaré también que no he visto odios más encarnizados que los que nacen en las logias contra los infelices que caen en desgracia. Recuerdo principalmente dos casos que han tenido lugar en Iquique, durante el tiempo que he vivido aquí.
Quizás a eso se refiere lo que contó no ha mucho un señor Pallavicini a ‘La Unión’ de Valparaíso, del señor Llanos, el español que dio honrosa sepultura a los restos de Prat, que se suicidó en Iquique, en tiempo de la guerra con el Perú, y la razón que da del suicidio es que ‘se creyó lo más lógico aquí’ que lo hizo por orden de la Masonería.
1. 102. Las mejores muestras de la libertad, igualdad y fraternidad masónicas.
Ya se ha visto que la Masonería fue dueña en Francia durante la revolución Francesa, como lo ha sido últimamente, antes de la guerra, según confesión de los mismos masones. Han tenido, pues, la ocasión de manifestar al mundo la realización de aquellos sublimes ideales proclamados por el Cristianismo.
Ved lo que han hecho: ‘En nombre de esa fórmula se ha visto establecer, por decirlo así, de una manera legal, el saqueo, el incendio,, la proscripción, el despojo y el asesinato. Tres años después de su proclamación, nada más que tres años, el ideal de fraternidad revolucionaria terminaba con la innobles matanzas en las prisiones. ¡Sí! Tres años habían bastado para que se produjese esa atroz desfiguración!
‘Y un año más tarde era el Terror y los millares de cadáveres con que se ensangrentaba a Francia. En cuatro años la destrucción del verdadero espíritu cristiano y su reemplazo por la contrahechura de que hablamos, tenían, como consecuencia del establecimiento de la más espantosa tiranía de que la historia haya hecho mención jamás.’
A fin de explicar cómo la fraternidad revolucionaria pudo morder tan ferozmente la carne humana, se han buscado razones; pero no se han encontrado sino sinrazones.
Se ha dicho que los principios se encontraron falseados por los obstáculos que les fueron opuestos. (El Cristianismo los encontró también y no por eso se convirtió en el destructor de la humanidad: el Cristianismo moría, no mataba.)
‘Sin duda se encontraron obstáculos. Los hay siempre, cualquier cosa que se haga; pero es lo que reprochamos precisamente a los principios revolucionarios: el haberse dejado falsear tan fácilmente. Han sido falseados en 1789; falseados en 1871; falseados ahora; falseados siempre…’ (Copin, C. C. J., 243-244.)
1. 103. Odio a la Iglesia.
En los tiempos del Terror, el sacerdote, para poder celebrar una misa, tenía que ocultarse en los bosques y esperar las sombras y el silencio de la noche. Tal era la libertad. Y si era sorprendido, era fusilado o guillotinado por la fraternidad imperante.
Cuando volvió la Masonería a adueñarse del poder, a principios de este siglo, puso de nuevo en práctica sus ideales al revés: los ciudadanos franceses fueron expulsados del país por el delito de cargar sotana en una congregación religiosa.
¡Santa libertad! A ellos, que enseñaban la doctrina cristiana, se les prohibió enseñar, mientras que hasta los anarquistas podían predicar sus doctrinas disolventes con toda tranquilidad. ¡Santa fraternidad e igualdad! Sólo los religiosos no podían tener una casa en Francia.
1. 104. Deseo masónico entre nosotros.
Lo que se ha hecho en Francia, en Méjico y en Portugal, bajo el imperio de la Masonería, eso mismo se anhela hacer aquí. Ya están hechas las listas de las propiedades de la Iglesia. Después de la venida del Masón de alto grado M. Martinenche, que vino a despertar las logias chilenas de la inercia en que parecían vivir, se oyen con frecuencia los deseos de que se expulse a los sacerdotes extranjeros de este país, a donde llegan con toda facilidad los extranjeros de todo el mundo, aun los que vienen a predicar ideas subversivas.
De la libertad e igualdad en la enseñanza y en la distribución de los puestos públicos, no hay que hablar: todo el país sabe lo que pasa.
La libertad, la igualdad y la fraternidad masónicas son, pues, una mixtificación más, un engaño más, cruelísimo a veces, con la Masonería engaña al mundo profano, como engaña a sus propios adeptos.
14[4] ‘Aun la sospecha universalmente extendida de que la justicia en algunas veces estorbada y los criminales masones librados del debido castigo, no puede creerse sin fundamento. Dicha práctica de mutua ayuda es tan reprensible que aun autores masones
(e.g. Krause Macbach) la condenan severamente (CATH. ENCYCL.)
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 16
Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net
1. 84. La Masonería y la política.
‘La Masonería no se ocupa… de las constituciones civiles de los Estados… debe respetar y respeta las simpatías políticas de sus miembros… En consecuencia, toda discusión que tienda a este objeto, queda expresa y formalmente prohibida.’
Así dicen las constituciones masónicas. Veamos si dicen tanta verdad, como cuando se trata de religión. A este propósito no estará demás citar los que dice Copin-Albancelli: ‘Durante ciento cincuenta años la Francmasonería ha afirmado, ha proclamado en sus estatutos, como lo hemos dicho, que no ocupaba de política y que aún prohibía en las logias toda discusión que pudiera tener relación con esta materia.
Pues bien, ¡cosa verdaderamente extraordinaria de parte de una asociación que no se ocupa de política’! Ella apareció súbitamente en posesión de todos los puestos del Estado durante la Revolución, y en nuestros días se le ve renovar este milagro!
‘Agregaremos que se necesitarían volúmenes para citar todos los documentos que probarían que las reuniones de sus talleres están llenas por las discusiones políticas, a pesar de la declaración que está contenida en los estatutos.’
Y no de otro modo se podría explicar el hecho de que en 1900 ‘los masones, que no eran sino veinticinco mil en Francia, tuvieran más de cuatrocientos senadores y diputados, o sea un senador por sesenta masones, mientras que para el resto de los franceses, la proporción no era de un senador o diputado por diez mil electores. Los masones se encontraban, pues, trescientas veces más favorecidos que la masa de los franceses’ (Copin, P. O., 23, 97-98.)
En realidad, la Masonería estuvo preparando en Francia la caída de la monarquía, como preparó la caída de Napoleón I y de todos los gobiernos que siguieron después, hasta apoderarse completamente del poder en la República Francesa y quedar en aptitud de ejecutar sus planes contra la Iglesia.
Durante sesenta años había estado en Francia profesando el más profundo respeto a la monarquía y a la religión; había inscrito las declaraciones más formales sobre estos puntos en sus estatutos; había atraído a sus templos a miembros del clero, de la nobleza, y aún, de la misma familia real, que se había propuesto destruir, y había sostenido este papel con constante hipocresía. Un Convento Masónico reunido en Wilhelsbad, bajo Luis XVI, resolvió que la revolución humanitaria que se había preparado en ese tiempo, estallara en Francia más bien que en Alemania, y así se ejecutó.
Ya en 1746, en el libro La F. Mas.•. Ecrasée’, un experimentado exmasón, que cuando masón había visitado muchas logias en Francia e Inglaterra y consultando altos masones de puestos oficiales, describía como el verdadero programa de la Masonería, un programa que, según Boos, historiador de la Masonería (p. 192,) coincide de un modo que asombra con el programa de la Gran Revolución de 1789.
1. 85. Hipocresía masónica.
Cuando Napoleón llegó a ser el ídolo de la Revolución, la Masonería le dobló la rodilla y lo aduló, al mismo tiempo que trabajaba por derrocarlo. En 1812, en la fiesta de la Orden, el Gran Orador del Gran Oriente pronunciaba esta enfática abjuración: ‘Y nosotros, hermanos míos, colocados en este Oriente, como en otro tiempo uno de los jefes Hebreros sobre la montaña, mientras que los guerreros de Israel combatían, elevemos nuestras manos hacia el Eterno, que ha ligado la victoria a las águilas de su Predilecto y gocemos con reconocimiento de la paz interior que nos asegura su poder’ (Copin, P. O., 369.) Y sin embargo, las mismas logias militares, la mayor parte al menos, se habían hecho antinapoleónicas, hasta el punto que, durante la invasión, algunas llegaron a admitir a los oficiales masones de las potencias aliadas.
Cuando subió Luis XVIII al trono hizo con él como con Napoleón: el Gran Maestro Adjunto, el General Beurnonville, la puso a los pies del monarca, declarando que respondía de ella como de sí mismo. Pero llegó la nueva subida de Napoléon, a su vuelta de Elba, y al momento la Masonería, virando hacia él, dirigió un saludo de bienvenida al predilecto del Eterno.
Y cuando Napoleón desapareció, después de los cien días de Restauración, allí estaba de nuevo la Masonería a los pies de Luis el deseado, elevando oraciones por él y cantando himnos en su honor. Lo que no quita que al fin terminara por asesinarlo, llegando a falsificar el voto relativo a su condenación, cuando se vio que no había mayoría para la pena de muerte (Copin, P. O., 374.)
1. 86. La Masonería y los gobiernos.
Y la misma historia sigue repitiéndose con Carlos X, con Luis Felipe, con la República y con Napoleón III. Luis Felipe llegó a prohibir que los militares pertenecieran a las logias, sabiendo que la Masonería estaba trabajando a la sombra para derrocarlo. Todo fue inútil. Un gran congreso de masones alemanes, franceses y suizos, reunidos en Estrasburgo, el año 1847, decidió sustituir la Monarquía por la República.
Cinco directores 12[2] de logias parisienses prepararon la revolución, y Odilón Barrot, masón de la logia de los trinosofos, Presidente del Consejo de Ministros, después de haber jurado fidelidad a Luis Felipe, hizo cesar el combate contra los revolucionarios, y se organizó el gobierno provisorio.
La Masonería envió una diputación de la Gran Logia de Francia, compuesta de masones revestidos con sus insignias, a prestar su adhesión al Gobierno Provisorio, en un oficio que terminaba así: ‘Cuarenta mil masones, distribuidos en quinientas logias, que no tienen entre sí sino un mismo corazón y un mismo espíritu, os prometen su concurso para acabar la obra de la regeneración tan gloriosamente comenzada’ (Copin, P. O., 378.)
En ese Gobierno Provisorio, entre once Ministros, nueve eran masones conocidos. Sólo Lamartine y Dupont de l’Eure, no lo eran, pero recibían la sugestión masónica, rodeados como estaban de masones. El Gobierno era, pues, masónico.
Cuando el 10 de marzo de 1848, el Supremo Consejo del Rito Escocés fue a felicitar al Gobierno Provisorio, Lamartine, en el nombre del Gobierno, respondió a los masones delegados: ‘Estoy convencido de que es del fondo de vuestras logias de donde han emanado, primero en la sombra, después a media luz y finalmente en pleno día, los sentimientos que han acabado por hacer la sublime explosión de que hemos sido testigos en 1789 y de la cual el pueblo de París acaba de dar al mundo la segunda, y lo espero, la última representación hace pocos días’ (Copin, P. O., 380.)
1. 87. Incalificable conducta.
Como la nación eligió después una asamblea que no era masónica como el Gobierno, comenzó la lucha del Gobierno con la Asamblea, hasta llegar al golpe de estado que hizo de Luis Napoleón el Emperador Napoleón III, en noviembre de 1852. ¿Había tomado parte en todo este movimiento la Masonería que se había mostrado antes tan republicana?
Por supuesto: el 15 de octubre de 1852, la Masonería enviaba al Presidente Bonaparte un oficio en el que se le decía: ‘La Francia os debe la salvación. No os detengáis en medio de tan bella carrera. Asegurad la felicidad de todos, poniendo la corona imperial sobre vuestra noble frente. Aceptad nuestros homenajes y permitidnos haceros oír el grito de nuestros corazones: ¡Viva el Emperador!’
El Príncipe Murat, primo del Emperador, había sido elegido Gran Maestre al día siguiente del golpe de estado del 2 de diciembre de 1851, por el cual Napoleón disolvió las Cámaras, para hacer aprobar una nueva Constitución. Napoleón era saludado y vivado Emperador por las logias seis semanas antes de serlo.
Pero lo curioso es que, después de todo esto, la Masonería ha echado sus maldiciones al ‘hombre de diciembre’, ‘al bandido’, al ‘asesino de la libertad’, como lo llamaba Víctor Hugo, y le fue preparando la caída. ‘M. Charles Goyau, dice Copin-Albancelli, nos muestra en su hermoso libro sobre ‘La Idea de Patria y el Humanitarismo’, cómo la Masonería se opuso a la reorganización del Ejército, emprendida por el mariscal Niel; cómo la masonería francesa acogía con las muestras de la más estúpida ternura la fundación de una logia alemana en París; cómo el H.•. Brisson iba a esta logia, la Concordia, a estrechar con su corazón a sus HH.•. alemanes, y a celebrar con ellos la supresión de fronteras y la fraternidad universal.
Durante este tiempo, Alemania aumentaba incesantemente el poder de su organismo de combate. El Poder Oculto hacía predicar el pacifismo y el humanitarismo en Francia, por la Masonería francesa, mientras que hacía predicar el patriotismo en Alemania por la Masonería alemana. Atacado en sus recursos morales y en sus recursos materiales, el Imperio acabó por caer’ (Copin, P. O., 387-388.)
1. 88. Deseo de dominio absoluto.
Lo que pasó en Francia es lo que la Masonería ha procurado hacer en todas partes. En las confesiones del conde de Haugwitz, presentadas al Congreso de Verona, después de hablar de la división de la Masonería en dos partidos, uno con sede en Berlín y el otro con el Príncipe de Brunswick, como jefe aparente, agrega: ‘En lucha abierta entre sí, los dos partidos se daban la mano para llegar a la dominación del mundo. Conquistar los tronos, servirse de los reyes como de administradores, tal era su fin… Ejercer una influencia dominante sobre los tronos y sobre los soberanos, tal era nuestro fin, como había sido el de los Caballeros Templarios…’
Siento que el espacio no permita dar en toda su amplitud el testimonio de Weishaupt, Jefe de los ‘Iluminados’; citaré sólo algunas de sus palabras: ‘Soplar por todas partes un mismo espíritu, dirigir hacia el mismo objeto, en el mayor silencio y con toda la actividad posible, a todos los hombres esparcidos sobre la faz de la tierra: he ahí el problema por resolver aún en la política de los estados, pero sobre la cual se establece el dominio de las sociedades secretas.
Una vez establecido este dominio, por la unión y la multitud de los adeptos, haced que la fuerza suceda al imperio invisible: ligad las manos a todos los que resisten, subyugad, ahogad la maldad en su germen. Los sacerdotes y los príncipes resisten a nuestro gran proyecto…. Alrededor de los poderes de la tierra es menester reunir una legión de hombres infatigables… Pero todo esto debe hacerse en silencio. Nuestros hermanos deben sostenerse mutuamente, socorrer a los buenos en la opresión, y tratar de ganar todos los puestos que dan poder para el bien de la Orden’ (Bénoit, F. M., I, 173-175.)
¿Es o no el plan que aconsejaba Weishaupt el que se ha ejecutado o se está ejecutando en todas partes? ¿Qué se ha hecho en Méjico? ¿Qué se ha hecho en Uruguay, donde se ha llegado hasta prohibir la entrada a los eclesiásticos extranjeros, lo que no se prohíbe a los anarquistas? ¿Qué es lo que se está haciendo actualmente en Rusia?
1. 89. La Masonería en Italia.
No tendría espacio para dar una idea siquiera de lo que Masonería ha hecho en Italia, valiéndose de la política; pero de ello será una muestra la siguiente plancha secreta dirigida a todos los Venerables por el Gran Oriente del Valle del Tíber y firmada por Adriano Lemmi, el 10 de octubre de 1890. ‘A los Hermanos de las Venerables Logias Italianas.
‘El edificio que los Hermanos del mundo entero están en camino de elevar, no podrá ser declarado construido con solidez, mientras los Hermanos de Italia no hayan dado a la humanidad los escombros de la Institución del gran enemigo.
‘Nuestra obra se persigue con actividad en Italia, y el Gran Oriente del Valle del Tíber ha podido, en el aniversario de 1789, proclamar que las leyes en Italia se elaboran a la luz del espíritu de la Masonería universal. Vamos a aplicar el escalpelo al último refugio de la superstición, y la fidelidad del Hermano 33° que está a la cabeza del poder político (Crispi) nos sirve de garantía segura de que el Vaticano caerá bajo nuestro martillo vivificante.’
‘Pero para que este trabajo no tenga tregua y no pierda ninguno de los beneficios que de él espera la humanidad, es indispensable que en las próximas elecciones políticas entren en la Cámara Legislativa al menos 400 hermanos. En la legislatura actual son 300. Este número no basta para el trabajo futuro…
‘La Logia del Tíber adhiriéndose a las numerosas logias italianas, ha podido obtener que su Venerable Crispi prorrogase la disolución de la Cámara, a fin de que nosotros pudiésemos arreglar juntos las listas de nuestros candidatos a la representación nacional…
‘Los hermanos de las diferentes logias obrarán, pues, cerca de los Prefectos, que nos pertenecen en su mayoría, cerca de los Consejos Departamentales y de las personas influyentes por el triunfo de nuestras candidaturas. Quien haya cooperado a la difusión de la luz vivirá de la luz.
Es menester poner en la imposibilidad de hacernos daño a los sacerdotes, a los diarios de las tinieblas y aún a los irregulares que han atacado, durante la legislatura actual, a la Masonería bajo pretextos fútiles, tales como la cuestión de los tabacos o la de nuestras influencias. Y aprovechamos esta circunstancia para recordar que son legítimos los medios que nos permitan hacer dinero con el fin de sembrar una propaganda fecunda, y, respecto de nuestras influencias, a las cuales el Gran Oriente no debe renunciar, que las hagamos valer siempre en favor del interés supremo de la Orden.
‘El Gran Oriente invoca el Genio de la Humanidad, a fin de que todos los Hermanos trabajen haciendo el último esfuerzo por dispersar las piedras del Vaticano para construir con ellas el templo de la Razón…’ Adriano Lemmi, 33° Delegado Soberano Gran Comendador’ (Margiotta. A. L., 196-197.)
Es tanto el interés que suele reinar en las logias, que, cuenta Copin- Albancelli, que uno de los rarísimos casos en que advirtió que se daban órdenes en la Masonería, fue aquél en que la Masonería se empeñó por inutilizar para candidato a uno de los Hermanos que, como diputado elegido en 1898, no seguía sus inspiraciones respecto de la campaña antisemítica que se levantó en Francia por aquellos años.
1. 90. Dominio masónico sobre sus adeptos.
No repasaré el simbolismo de varios grados y ritos, que arman a sus adeptos para la revolución y contra los soberanos. Pueden verse en la obra de Bénoit. Siento no poder, por falta de espacio, manifestar hasta dónde llega la dominación masónica sobre sus adeptos políticos, si bien lo que ya se ha dicho es más que suficiente para comprender que con la intervención política de la Masonería resulta terriblemente verdadera la frase de D’Israeli:
‘Los que gobiernan el mundo no son los que parecen gobernarlo sino los que operan tras de bastidores.’ Con razón decía el H.•. Blatin, diputado, en 1888: ‘Hemos organizado en el seno del Parlamento un verdadero sindicato de Francmasones y me ha sucedido no diez sino cien veces a mí mismo el obtener intervenciones verdaderamente eficaces cerca de los poderes públicos.’
El autor tantas veces citado, Copin-Alancelli, dedica en su libro, Le Pouvoir Occulte, un artículo a los medios de coerción de que dispone la Masonería para mantener a los Diputados, Senadores y Ministros Francmasones en la disciplina masónica. Siento no poder darlo aquí, pero por él se ve que no hay medio: o el político obedece a la sugestión de las logias o cae en la nada de donde las logias lo han levantado.
1. 91. Supervigilancia masónica.
El Gran Oriente de Bélgica ha afirmado categóricamente ‘el derecho y el deber de las logias de supervigilar los actos de la vida pública de aquellos de sus miembros que ellas han hecho entrar en las funciones políticas, el deber de pedir explicaciones… el deber de aceptarlas con benevolencia cuando son satisfactorias, de reprimir, si dejan de desear, y aun de cortar del cuerpo masónico a los miembros que han faltado grave y voluntariamente a los deberes que su calidad de masón les impone, sobre todo en su vida pública’ (Copin, P. O, 132.)
¡No deja de ser envidiable la libertad de que gozan en la Masonería los hombres públicos!
92.- La Masonería en Estados Unidos.
Y para que no se crea que en Estados Unidos, donde hay tanto masón, se piensa de otra manera, terminaré este artículo citando algunas palabras pronunciadas por Mr. Merritt, Gran Maestro de Ceremonias y Gran Maestro, en su contestación al brindis ‘El Gran Consistorio de California.’
Nosotros sostenemos que ningún hombre o corporación de hombres tiene el derecho de influenciar nuestra conducta política. No reconocemos partido. Votamos según los principios de la Masonería del Rito Escocés, y el hombre que pertenece al Rito Escocés y no lo hace así, viola toda obligación, desde la primera hasta la trigésima tercera, cada una de ellas’ (Preuss, A. F. 284.)
No haré comentarios sobre la patente contradicción que está bastante clara entre la primera afirmación y la última.
1. 93. ¿La Masonería no sabe de política entre nosotros?
Así lo dice en sus Estatutos13[3] y lo proclama por boca de sus propagandistas y adeptos. Y, sin embargo, se ve también aquí realizado el milagro que se observó en Francia: que siendo, relativamente al resto de los electores, muy pocos los masones, sin embargo, son muchos sus representantes en las distintas ramas del poder de la nación y en los puestos públicos, como si la mayoría de los chilenos fueran masones. Es cosa sabida de cuántos tienen contacto con el manejo político del país. Éstos saben también que no son los méritos los que se toman en cuenta para dar esa preferencia a los masones, sino la insignia del mandil y las órdenes de las logias, órdenes mucho más respetadas que los acuerdos del Gobierno. Eso está en la conciencia de los que conocen a los hombres.
¡Ojalá me engañara! Los que hemos vivido algún tiempo en Iquique, donde hay más facilidad para conocer a los hombres, sabemos muy bien cuánto ha valido el ser masón para ocupar altos puestos y ser mantenidos en todos los órdenes del poder, al mismo tiempo que se hacía la busca de adeptos para la Masonería, pregonando que la Masonería es una asociación de beneficencia y que en ella no se trata ni de religión ni de política; cosa que se decía, por supuesto, a los que manifestaban temores o desconfianzas, mientras que a otros más preparados para recibir la verdad masónica se les prometía ayudarles a obtener buenos puestos.
Naturalmente, los puestos, por muchos que sean, no han de alcanzar para todos. Debe pasar ahora lo que se cuenta en la revista de la Orden que aconteció en tiempos de Santa María, contado por un exmasón: ‘Llegar yo al Ministerio y descargarse sobre mí una lluvia de cartas, de tarjetas, y hasta de telegramas para pedirme empleos públicos y comisiones, todo fue uno.
Me pedían LAS LOGIAS EN NOTAS OFICIALES para algunos de sus miembros o para los parientes de éstos, me pedían los hermanos para sí y para los extraños. No se imagine que exagero: hasta para clérigos de vida un tanto airada me pidieron ayuda. (¡Honor para la Orden!) La mayor parte de la correspondencia privada que recibía era de masones, que sin recapacitar en lo que hacían, iban en camino de convertir el Ministerio de mi cargo en oficina de colocación de empleados públicos… Aquello era para volver loco al Ministro y, sobre todo, era abusar de la Masonería, era prostituirla’ (‘La Verdad’, 15 enero 1921.)
Es de tener lástima a los señores Ministros cuando son masones, sobre todo si ignoran los consejos de los jefes de la Orden: ‘Nuestros hermanos deben sostenerse mutuamente… y tratar de ganar todos los puestos que dan poder para bien de la Orden.’
13[3] ‘La Masonería respeta tanto la fe religiosa como las simpatías políticas de sus miembros.’ (Const. de la Gr.•. Log. De Chile, 1912.)
1. 94. La Masonería influye poderosamente en política.
Los que hemos vivido algún tiempo en Iquique, podríamos refrescar en la memoria cambios de empleados o jefes, horribles hostilidades para con algunos, inesperados favores políticos para con otros, sin que haya habido otra explicación que la intervención de las logias, Se podría citar hechos y nombres; pero no debo herir a nadie. Mi propósito es sólo dar a conocer la verdad, si fuera posible aún a los mismos que han caído víctima del engaño inicial que los llevó a las logias, es decir, la palabra dada de que en ellas se respeta toda religión y toda opinión política.
Yo también había llegado a creerlo tratándose de la política, y parecía confirmarlo el hecho de que fuera masón uno que otro caballero que no pertenecía al partido radical, que sirve de instrumento a la Masonería; pero el que conozca a los hombres verá que esos caballeros o están anulados o están dentro de su partido sirviendo a las inspiraciones de la Masonería, y procediendo de acuerdo con ella en la realización del programa anticristiano, que es su fin principal entre nosotros.
Se suele oír en ciertos círculos esta frase: ‘Esto hay que arreglarlo por medio de la Masonería.’ Y hay en verdad cosas que a los ojos del profano no tienen más remedio que un carcelazo, o algún castigo disciplinario, o suspensión, o pérdida de empleo, y sin embargo, una mano oculta, que no es la de Dios, las arregla, con asombro de los pobres profanos, y los culpables se quedan riendo de los cándidos que pensaban que podían regir con ellos las leyes o sanciones públicas del país.
Tenemos, entonces, que la afirmación que hace la Masonería y que suelen hacer también sus adeptos de que en ella no se hace política, es otra gran mentira constitucional de la Asociación, y que las primeras víctimas de ese engaño son los propios adeptos de la Masonería.
12[2] Rosset. La F. M., p. 75.
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 16
Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net
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- La religión masónica.
He dicho antes que la Masonería tiene las características de un culto religioso. Hablando de la Masonería Americana de Estados Unidos, Preuss resume las pruebas con estas palabras:
‘Es evidentemente una religión distinta la que tiene sus altares distintos y propios; sus templos distintos y propios; su sacerdocio distinto y propio; y aún su Pontificado supremo propio; sus distintas y propias consagraciones y unciones; su ritual distinto y propio; su culto distinto y propio; su moral distinta y propia; su propia y distinta teoría acerca de la naturaleza del alma humana y de sus relaciones con la Deidad; su Dios propio, distinto y peculiar.
‘Pues bien, todas estas cosas se encuentran en la Masonería. Es, por tanto, la Masonería, una religión distinta.’ El autor prueba cosa por cosa con las mayores autoridades de la Masonería, las de Pike y de Mackey, y termina:
‘Nuestra enumeración no ha agotado los rasgos religiosos de la Masonería. Podíamos haber tratado de sus invocaciones, de sus bendiciones, de su bautismo, de la comunión de los hermanos, de sus himnos, de sus purificaciones, de los báculos usados en los altos grados, &c.; pero no queremos dedicar más tiempo a la prueba de un hecho tan evidente.
Llámese todo, si se quiere, un disfraz religioso; redúzcase todo a una mofa santa, no nos importa la sinceridad o falta de sinceridad de sus protestas.’ La Masonería, hemos visto, es una misma institución en todas partes, y basta leer los ritos de las iniciaciones, para comprender que lo que Preuss dice de la Masonería de Estados Unidos, se encuentra en todas partes. ¡Y sin embargo, la Masonería dice que no se ocupa de religión! ¡Siempre la sinceridad acostumbrada!
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- El culto masónico.
No es fácil decir en pocas palabras lo que se sabe acerca del culto masónico en las logias. La Masonería va introduciendo poco a poco a sus adeptos en el santuario de sus misterios, adaptando a su disposición y preparación la medida en que se la descorriendo el velo. El culto se practica en distintas fases o períodos: Primera fase: aquélla en que se adora al Gran Arquitecto del Universo, que, como he dicho, ha sido ya renegado por el Gran Oriente de Francia.
El adepto se imagina que se trata de Dios, de aquel Ser Supremo que tal vez aprendió a amar y adorar en el regazo de su madre, en la iglesia o en una escuela bien dirigida. El pobrete no se imagina que sólo se trata de un nombre simbólico, con que se encubre la verdadera divinidad. Cuándo y dónde el símbolo no fue ya necesario, se dejó a un lado. Es de advertir que los masones evitan nombrar a Dios, en sus actos oficiales al menos, para no nombrar una falsa divinidad.
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- El Gran Arquitecto.
Segunda fase: aquélla en que se adora a la Naturaleza, o sea, cuando la idea del Gran Arquitecto se traduce en la del Dios-Naturaleza, causa universal de las cosas, tal cual la concibe el materialista, el panteísta o el teósofo, que sólo discuerdan en el nombre y no en la idea que se forman de la primera causa de las cosas. Los doctores masones americanos, tras largas disquisiciones o rodeos, vienen a decir que la divinidad es el principio activo y pasivo, o masculino y femenino, de las cosas.
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- El sol y la vida.
Naturalmente, cuando se habla de la vida, de la fecundidad, &c., luego se presenta el sol, como el agente más activo y más grandioso de la fecundidad y de la producción de los seres, especialmente de los dotados de vida, que ocupan el grado más alto de la universalidad de las cosas. Es muy lógico que al rendir culto a la naturaleza, se tome al sol como su representante y símbolo más caracterizado del Dios-Naturaleza, que adoran los masones, a la par de los salvajes.
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- El culto de la carne.
De ahí el culto de la carne, no hay más que un paso: el sol no es más que un símbolo. Hay algo que se acerca más aún a la manifestación más sublime del dios-naturaleza, de la fuente de la vida y de la inmortalidad: son los principios por los cuales se difunde la vida y se evita que desaparezca, mediante la propagación. El culto de la carne se presenta entonces como el homenaje más natural de los adoradores de la naturaleza en su manifestación más sublime, y con ese culto se llega hasta los cultos paganos, más degradantes y corruptores.
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- Satanás y la Masonería.
Para quitar todo temor, para trastornar todas las ideas que se han adquirido en el contacto con una sociedad cristiana, y borrar aún las resistencias que una rectitud natural podría oponer, en ciertas logias al menos, se rinde culto a Lucifer o Satanás. Según las leyendas masónicas en conformidad con las cuales expuso aquí en Iquique la Belén de Sárraga el pecado de nuestros primeros padres, Satanás es el dios bueno o el ángel de luz, que vino a enseñar a Eva el secreto que había de hacer que el hombre fuera como Dios, seduciéndola carnalmente, conocimiento que ella participó a Adán, después.
¡Cómo entonces los adoradores de la naturaleza no han de manifestar a Satanás su gratitud, por los beneficios que hizo al hombre? Ellos, los albañiles, constructores del gran templo de la naturaleza, después de arreglar a su sabor la narración bíblica, no pueden menos de sentirse llenos de veneración, de amor y agradecimiento hacia el ángel que enseñó al hombre a tener la libertad masónica, despreciando a Dios, y con razón miran a Satanás como a su padre y fundador.
He ahí una breve síntesis del culto de la Masonería. He dicho y repito que muchos masones y aún en muchos grados, no sospechan el sentido oculto de los símbolos que usa, ni lo que se enseña y practica en grados más altos. En la orgía anticatólica en que viven los masones dirigentes o ilustrados, hablan de la diosa-razón, del sios-pueblo, del dios-hombre, o sea, el mismo hombre, &c. Todo viene a ser dios, para ellos, menos el verdadero Dios. Los que todavía no han renegado del Gran Arquitecto del Universo, como los ingleses y muchos americanos, abren sus sesiones, juran, &c., en su nombre, rindiéndole culto.
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- La idea de Dios en la Masonería.
En cuanto al culto de la naturaleza, dice Pike: ‘Hay un Ateísmo meramente formal, que es la negación de Dios en los términos, pero no en la realidad. Un hombre dice: No hay Dios; esto es, no hay Dios que se origine a sí mismo o que nunca fue originado, sino que siempre fue y ha sido, que es la causa de la existencia, que es la Mente y la providencia del Universo; y por tanto, el orden, la belleza y la armonía del mundo de la materia y de la mente no indica ningún plazo o propósito de Divinidad.
Pero él dice, la Naturaleza (significando con esta palabra la suma total de la existencia) eso es poderoso, sabio, activo y bueno; la Naturaleza se originó a sí misma, o sea, siempre fue y ha sido, la causa de su propia existencia, la mente del Universo y la Providencia de sí misma.
Claramente hay un plan y propósito donde se producen el orden, la belleza y la armonía. Pero esto es el plan y propósito de la Naturaleza.’En tales casos, continúa, la negación absoluta de Dios, s sólo formal y no real. Se admiten las cualidades de Dios y se afirma que existen y es un mero cambio de nombre el llamar al posesor de estas cualidades Naturaleza y no Dios. (Preuss, A. F., 157-8.)
Que no sea cuestión de nombre solamente, lo prueba la explicación que el mismo Pike, continúa dando, en la que reduce la trinidad divina del alma, al pensamiento del alma, y a la palabra con que se expresa ese pensamiento.
Nada agregaré a lo dicho sobre el culto de la carne, el culto que la Masonería ha heredado de los antiguos paganos. Preuss y Bénoit traen largas informaciones sobre él en sus obras tantas veces citadas. En Bénoit se verá que hasta en la ceremonia de la sepultación masónica, entra ese culto pagano, velado, naturalmente, con el símbolo. Lo que acerca de esto he sabido por testigos presenciales, me ha horrorizado.
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- El culto del sol y ceremonias masónicas.
Al culto del sol se refieren muchos símbolos o ceremonias que se acostumbran en las logias. Según Mackey, la circumambulación o procesión que se hace alrededor del altar en las logias, en la cual se comienza por el oriente, se encamina hacia el sur y se vuelve por el oeste, es una imitación del curso del sol, y una prueba manifiesta de que los ritos paganos de los adoradores del sol vienen de la fuente común a la cual la Masonería es deudora de su existencia.
‘Sólo la Masonería, dice, ha conservado la primitiva significación, que era una alusión simbólica al sol como fuente de la luz física y la más maravillosa obra del Gran Arquitecto del Universo.’El culto del sol, dice en otra parte, fue introducido en los misterios, no como una idolatría material, sino como un medio de expresar una restauración de la muerte a la vida, tomado de la reaparición en el este del orbe solar, después de su nocturna desaparición por el oeste.
Al sol también, como regenerador y vivificador de toda cosa, hay que atribuir el culto fálico que formaba una parte principal de los misterios.’ Los tres principios oficiales de la logia representan, según el mismo autor, al sol en sus principales posiciones, la salida, el mediodía y la puesta (Preuss, A. F., páginas 120 y siguientes.)
El culto del sol, dice Renán, alto dignatario de la Masonería francesa, era el solo culto razonable y científico; el sol es el dios particular de nuestro planeta.’El Titán o el sol es, , según una profesión de fe de los Jueces Filósofos desconocidos, el solo dios, autor del bien y del mal. El Juez Desconocido (el Juez Supremo) es el sol que debe gobernarlo todo, que debe regir el mundo y hacer la felicidad del género humano’ (Bénoit, F. M., I, 228.)
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- El Culto de Lucifer en la Masonería.
El culto de Lucifer no es tan misterioso que no haya llegado a oídos de los que se han preocupado de la Masonería. ‘En la iniciación del grado de Caballero de la Serpiente de Bronce, se adora a la Serpiente infernal, enemiga de Adonaí, amiga de los hombres, que con su triunfo hará volver a los hombres al Edén. En el 20° grado, el Presidente dice al que se inicia: ‘En el nombre sagrado de Lucifer, desarraigad el oscurantismo.’ Ya sabemos qué significa esa palabra en el lenguaje masónico. ‘Fue Juan Ziska, quien con Juan Huss, dice una hoja masónica, ha echado en Bohemia las bases de la Masonería.
Representaba a Satanás como la víctima inocente de un poder despótico; hacía de él un compañero de cadena de todos los oprimidos. Fue más lejos aún: puso a Satán sobre el Dios de la Biblia. Al antiguo saludo ‘Dios sea con vosotros’, sustituyó éste: ‘Que aquél a quien se hace injusticia os guarde.’ Por eso Proudhom lo invocaba diciéndole: ‘Ven, Satanás, el proscrito de los sacerdotes, el bendecido de mi corazón’ (Bénoit, F. M. I, 460-462.)
‘El Rito Paládico Reformado tiene por práctica fundamental y por fin, la adoración de Lucifer, dice Dom Bénoit, y está lleno de todas las impiedades y de todas las infamias de la magia. Establecido primero en Estados Unidos, ha hecho invasión en Europa y hace cada año progresos espantosos.’ Todo su ceremonial está lleno, como es de suponer, las blasfemias contra Dios y contra Nuestro Señor Jesucristo (F. M., I, Páginas 449 y siguientes.)
Adriano Lemmi, el supremo jefe de la Masonería italiana, ni disimulaba su culto a Satanás. ‘En Italia, dice Margiotta, todos saben que Ariano Lemmi es satanista.
‘En nombre de Satanás envía sus circulares, aunque acomodándose a vecs a la opinión de los imperfectos iniciados; pero basta hojear la colección de su diario reservado a los francmasones para conocer sus sentimientos de ocultismo y de renegado entregado al diablo.
‘Sí, como satanista organizó el movimiento anticlerical y se gloriaba de ello en 1883, haciendo insertar en su órgano oficial, la Rivista della Massonería italiana, (Vol del año 1884, página 306,) esta cínica declaración:
‘Vexilla regis prodeunt inferni, ha dicho el Papa. Pues bien, ¡sí! ¡sí! Los estandartes del Rey de los infiernos avanzan y si no hay un hombre que tenga conciencia de su ser, que tenga amor a la libertad, no hay uno que no venga a alistarse bajo esos estandartes, bajo esas banderas de la Francmasonería, que simbolizan las fuerzas vivas de la humanidad, la inteligencia en oposición con las fuerzas inertes de la humanidad embrutecida por la superstición.
‘¡Vexilla regis prodeunt inferni!… ¡Sí! ¡Sí! Los estandartes del Rey de los Infiernos avanzan, porque la Francmasonería, que por principio, por institución, por instinto, ha combatido siempre y combatirá siempre sin tregua y sin cuartel todo lo que pueda impedir el desarrollo de la libertad, de la paz y de la felicidad de la humanidad, tiene el deber de combatir hoy más enérgicamente y más abiertamente que nunca todos los ardides de la reacción clerical’ (Margiotta, A. L., 168-169.)
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- Palabras interesantes.
Terminaré lo del culto de Satanás con una cita que me parece oportuna: ‘Hace algunos años, dice Copin-Albancelli, una circunstancia me permitió tocar con el dedo la prueba de que hay ciertas sociedades masónicas, que son satánicas, no en sentido de que el diablo venga a presidir las reuniones, como lo pretendía ese mixtificador de Leo Taxil, sino en el de que los iniciados profesan el culto de Lucifer.
Adoran a éste como si fuera el verdadero Dios y están animados de un odio implacable contra el Dios de los cristianos, que declaran ser un impostor. Tienen una fórmula que resume el estado de ánimo; ya no es ‘A la Gloria del Gran Arquitecto del universo’, como en las dos masonerías inferiores; es: G.•. E.•. A.•. A.•. L.•. H.•. H.•. H.•. A.•. D.•. M.•. M.•. M.•.; lo que quiere decir (traducido: ¡Gloria y Amor a Lucifer! ¡Odio! ¡odio! ¡odio! Al Dios maldito! ¡maldito! ¡maldito! ¡maldito!
‘Se confiesa en esas sociedades que todo lo que el Dios cristiano ordena de desagradable a Lucifer; que, al contrario, todo lo que prohíbe, es agradable a Lucifer; que, en consecuencia, es menester hacer todo lo que el Dios cristiano prohíbe y que es preciso guardarse como del fuego que todo lo ordena. Repito que de todo esto he tenido la prueba en mis manos. He leído y estudiado cientos de documentos relativos a una de estas sociedades, documentos que no me es permitido publicar y que emanan de miembros, hombres y mujeres, del grupo en cuestión.
He podido comprobar que esta asociación es una verdadera escuela de lujuria que sobrepasa todo lo que se pueda imaginar (parece que eso agrada a Lucifer) que también se practica allí el asesinato, siempre porque es desagradable al Dios cristiano y agradable a Lucifer…’ (Copin, P. O., 291-292.)
Después de leer todo esto, recuerde el lector que la Masonería sostiene en sus estatutos y por boca de los que le hacen propaganda, que no se ocupa de religión y que respeta la fe religiosa de sus miembros, y vea si encuentra palabra con que calificar ese engaño, cuyas primeras víctimas son siempre sus propios
adeptos.
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 16
Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net
57.- La Masonería en acción contra la Iglesia Católica.
Todos saben que hace pocos años, en 1905, el gobierno de Francia rompió con la Santa Sede, expulsó del país a todas las congregaciones docentes y a muchas que no lo eran, se adueñó de sus bienes, quitó las iglesias, casas parroquiales y episcopales, después de haber suprimido a obispos y curas las rentas que, según convenio con la Santa Sede, se les debía.
En una palabra, se hizo el esfuerzo supremo para acabar con la religión Católica en Francia.
Se sacaron de las escuelas, como de los tribunales de justicia, los crucifijos; se borró el nombre de Dios de los libros de enseñanza oficial, y se intentó suprimir de un golpe toda la enseñanza religiosa.
Pues bien, ‘de documentos oficiales de la F.•. M.•., contenidos principalmente en el Boletín Oficial y Actas o Comptes-Rendus del Gran Oriente, se ha probado que todas las medidas anticlericales tomadas en el Parlamento francés, fueron decretadas de antemano en las logias masónicas y ejecutadas bajo la dirección del Gran Oriente, cuya mira declarada es controlar casa cosa y persona en Francia (que personne en bougera plus en France en dehors de nous) (Bullet, Gran Oriente, 1890, pág. 500 y siguientes.)
‘He dicho en la Asamblea de 1898, dice el diputado Massé, Orador oficial de la Asamblea de 1903, que es Supremo deber de la Franc Masonería el intervenir cada día más y más en las luchas políticas y profanas.’El triunfo (en el combate anticlerical) es debido en gran parte a la Franc Masonería, porque son su espíritu, su programa, sus métodos, los que han triunfado.
’Si el Blos ha sido establecido es debido a la Franc Masonería y a la disciplina aprendida en las logias. Las medidas que tenemos ahora que urgir son la separación de la Iglesia y del Estado y la ley de Instrucción. Pongamos nuestra confianza en el trabajo del H.•. Combes.’ (Cathol. Encyclop.. Mas.)
‘Desde 1894, el H.•. Gadaud declaraba en el Convento, como lo atestigua el acta, que ‘La Francmasonería no es otra cosa que la República a cubierto, así como la República no es otra cosa que la Masonería en descubierto.’
El H.•. Lucipia, que presidía el Consejo de la Orden, expresaba eso mismo, diciendo: ‘A la cabeza del Gobierno no hay, por decirlo así, sino francmasones. No de esos francmasones que, habiendo recibido la luz un día, han olvidado en seguida el camino de nuestros talleres, sino de francmasones que han quedado fieles y abnegados. Por tanto, que nadie se engañe, se dice en todas partes que nosotros no estamos ahora en República, que estamos en Masonería. La palabra es de un Obispo. Pues bien, tendría razón este Obispo, si Francmasonería y República no fueran precisamente la misma cosa.’
En fin, el Presidente de la Gran Logia Simbólica, en un banquete ofrecido a uno de los miembros del Gabinete, pronunciaba las palabras siguientes: ‘Encontraréis muy natural, hermanos míos, que por un encadenamiento lógico yo englobe en el mismo brindis al gobierno todo entero.
Desde mucho tiempo vosotros oís a nuestros adversarios clamar en todos los tonos que Francia está en manos de la Francmasonería. No tenían razón. Hoy día pueden decirlo. Con el H.•. Félix Fauré son también de la gran familia todos los miembros del gabinete, con excepción de dos o tres. Sí, tenemos de un gobierno de Francmasones y de Francmasones dignos de este nombre’ (Copin, P.O. 139- 140.)
De esas declaraciones consta que la persecución religiosa que ha habido en Francia en este siglo, fue obra de la Masonería, como lo fue también la que hubo en la época del Terror, a fines del siglo XVIII.
1. 58. La Masonería y la Revolución.
Luis Blanc, en su Historia de la Revolución, tiene un artículo titulado: ‘Los Revolucionarios Místicos’, en el cual él, masón poco disciplinado y sin estar bien al cabo de la suprema dirección de las logias, describe la parte que ellas tuvieron en la obra revolucionaria.
‘… Antes, dice, importa introducir al lector en la mina que socavaba entonces los tronos y los altares, revolucionarios bien distintamente profundos y activos de los enciclopedistas.’ Describe en seguida la Masonería, sus tres primeros grados, la creación de los grados de las traslogias, reservados a las almas ardientes, la constitución del Gran oriente, como dirección central de las logias, y agrega: ‘Desde ese momento la Masonería se abrió, día por día, a la mayor parte de los hombres que volveremos a encontrar en medio de la contienda revolucionaria’ (Copin, O.O., 305-311.)
Es sabido que la revolución no sólo destronó al rey, sino que intentó también destronar a Dios, declarando que ‘no hay Dios, que el hombre es para sí mismo su Dios, que la humanidad en adelante debe reemplazar el culto de la fe cristiana, que la cortesana más hermosa, símbolo de la belleza del ser divino en la humanidad, debe tomar el lugar del Salvador del mundo sobre los altares divinos y recibir el homenaje de la nación y de las autoridades públicas’ (Eckert 2°, Deuxieme époque.)
1. 59. Deseo masónico.
Cuenta Barruel que el 12 de agosto de 1792 comenzaron los revolucionarios a datar con la igualdad los años ya fechados con la libertad, y que a la lectura de ese famoso decreto estalló, en fin, públicamente, el secreto tan querido de los masones, exclamando ellos: ‘Henos aquí: La Francia entera no es ya sino una gran logia; los franceses son todos francmasones y el universo entero lo será pronto como nosotros.’
1. 60. Furor anticristiano de la Masonería.
Hay que leer en la historia hasta donde llevó el furor anticristiano esa gran logia. Por un tiempo toleró a los sacerdotes, es decir, a los que habían tenido la debilidad de reconocer la Constitución Civil del Clero, que era abiertamente cismática. A los demás, excepto los sexagenarios y enfermos, que en muchos departamentos siguieron la suerte común, fueron condenados a la deportación y muchos provisoriamente encarcelados en las ciudades cercanas al mar y tratados con la mayor inhumanidad. De setecientos amontonados en la rada de Rochefort, murieron en diez meses, quinientos.
La inmensa mayoría tuvo que ocultarse y expatriarse. Después de los sacerdotes, el furor se volvió contra las iglesias, sus monumentos, sus estatuas, sus objetos sagrados, &c. ‘No se exageraría, dice el convencional y apóstata Grégoire, diciendo que en el dominio del arte, la sola nomenclatura de los objetos robados, destruidos o degradados, llenaría muchos volúmenes’ (Marion, Hist. Eccles. T. 3°, pp. 596- 597.)
1. 61. La Masonería de todas las naciones es anticristiana.
Y lo que ha pasado en Francia se ha repetido en Portugal, en Méjico, en España, en Italia, aunque no en todas partes con igual crueldad y furor, cuando ha dominado en esos países la Masonería. En el Congreso Internacional Masónico, inaugurado el 20 de septiembre de 1921, en Roma, el señor Magalhaes Lima, G.•. m.•. de la Masonería Portuguesa, que fue frenéticamente aplaudido, hizo esta declaración:
‘En diez meses de gobierno hemos hecho lo que otros no han podido hacer en muchos años: hemos expulsado a los jesuitas, hemos suprimido las congregaciones religiosas, hemos proclamado la ley de divorcio y la separación de la Iglesia y del Estado… Estamos aquí reunidos… en un mismo pensamiento, en un mismo sentimiento, con una idéntica voluntad. Es el pensamiento, la idea de una moral nueva, de una religión nueva…’ El Orador fue saludado, añade la Rivista Massonica (1911, p. 347,) con una ovación delirante, de aquellas que jamás se olvidan (La Masonería ante el Congreso, p. 65.)
Y lo que se ha hecho en Portugal no es sólo lo que ha expresado el orador: Ha sido una persecución odiosa, tiránica, la contradicción más sangrienta e hipócrita de la libertad, igualdad y fraternidad, que tanto se pregonan en las logias. Y se recuerda esto omitiendo lo que ya la Masonería había hecho en tiempos de Pombal.
El Gran Oriente de Italia ha declarado muchas veces que es entusiastamente seguido en su lucha contra el papado por la Francmasonería de todo el mundo, y especialmente por los centros masónicos de París, Berlín, Londres, Madrid, Calcutta, Washington (Rivista, 1892, p. 219.) No ha sido contradicho por ninguna Gran Logia de ningún país; ni alguna logia alemana u otra Gran Logia ha roto sus relaciones con él a causa de su infame política o actividad antirreligiosa (Cath. Encycl. Masonry.)
1. 62. La Masonería en México.
En México, pasando también por alto tiranías ejercitadas en el siglo pasado, la Masonería ha dado en pleno siglo XX muestras de lo que es capaz de hacer para cumplir su programa de respetar las religiones, ha confiscado y profanado iglesias, prohibiendo hasta los actos más sencillos del culto; ha destrozado imágenes, ha perseguido al clero, con sed insaciable de oro y de sangre; ha cometido con personas consagradas a Dios y al servicio de la humanidad doliente o de la educación, brutalidades y excesos tales, que mi mano se resiste a estampar.
Me contentaré con citar a este respecto algo de lo que dice F. O. Kelly, en la obra que, por eso mismo, tituló:
‘The Book of the Red and Yellow (El lobro de los Rojo y Amarillo,) y cuya documentación ofrece a quien quiera verla: ‘Antes de que la revolución entrara a las ciudades, las logias atacaban fieramente la Religión Católica, por medio de calumnias lanzadas desde la prensa y desde la tribuna.
Sus miembros servían de espías e informadores, y aún descubrían los escondites de los sacerdotes y de los vasos sagrados. Esta no es una suposición. Es un hecho admitido en todo México. ‘El Liberal, órgano oficial de Carranza, puede ser citado como una autoridad sobre este punto…
‘Es indispensable, dice El Liberal, que para cumplir nuestra denominación, se haga un fuerte llamado a los seguidores de la verdad, para que vengan a la línea a combatir por la victoria o por la muerte, por la libertad y la fraternidad, en los templos consagrados por triunfos e inexplicables abnegaciones, las logias…
Nosotros, los mexicanos, amantes de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad, apresurémonos a unirnos al ejército en la defensa de estos ideales. Trabajemos en nuestras logias por su realización’ (Kelly,) ‘The Book of the Red and Yellow, p.66.)
Ese ideal de libertad, igualdad y fraternidad es el que ha hecho expulsar de México al Delegado Apostólico, por el crimen de haber asistido a la bendición de la primera piedra de un monumento religioso.11[1] ¡Y eso, según se dice, por instigaciones de la Belén de Sárraga!
Sería interminable si quisiera recordar las persecuciones religiosas en el viejo mundo como en el nuevo. No hay casi nación que no tenga mártires del respeto que la Masonería tiene por todas las religiones. Quizás habrá ocasión de citar algunos un poco después.
1. 63. La Masonería Italiana contra la Iglesia.
De furor anticristiano de la Masonería Italiana dará una idea el hecho siguiente contado por Margiotta. ‘Se sabe lo que ha hecho el judío de Stambul (Adriano Lemmi) al entrar en la morada del papa Paulo V (el Palacio Boghese, donde estableció su sede el Gran Oriente Italiano.)
Ello causó un gran escándalo, del cual se hicieron eco los diarios de la época, aún los de ordinario más indiferentes. Hizo construir las letrinas del Supremo Consejo encima de la Capilla particular, haciendo dirigir el desagüe sobre el altar mismo. Eso prueba bien su alma puerca; porque para cometer esta abominación, se veía obligado a apestar el local. Hubo protestas y el arquitecto, por razones de la higiene, tuvo que arreglar las letrinas en otra forma.
Pero Lemmi, entonces imaginó otra cosa: hizo colocar en los Waterclosets un Crucifijo, con la cabeza para abajo; y encima, por orden suya, se pegó un cartel, con estas palabras: ‘Antes de salir, escupir sobre el traidor. ¡Gloria a Satán! Para que el judío masón pudiera hacer eso, es claro que necesitaba contar con ánimos dispuestos a tolerar tales infamias (Margiotta, A. Lemmi, 250.)
1. 64. La Masonería en Estados Unidos.
Tratando de defender del cargo de irreligiosidad a la Masonería Americana, el H.•. John C. Strother, de Louisville, confiesa que la Masonería ‘como existe en Francia, Italia, España, Portugal y en las Repúblicas de Sud- América, es una asociación política antirreligiosa, que en los últimos años se ha desarrollado en una especie de secta antiteística que no hace secreto de su odio a la religión revelada.’
Agrega que el antagonismo entre la Orden y la Iglesia ha crecido tanto, que en 1891 el Gran Oriente de Francia pasó a sus logias subordinadas resoluciones obligatorias sobre que ‘es deber de todo buen masón usar toda su influencia para llevar a cabo la supresión de toda asociación eclesiástica, religiosa, educacional o caritativa y para ver de que sus propiedades sean confiscadas por el Estado; y es deber de todo masón el procurar la exclusión de todo alumno de colegios o escuelas religiosas, de todo puesto oficial dependiente del gobierno; en todo ramo de servicio, militar, naval o civil’ (Preuss, A. F., 413-415.)
Esto último ha sido también propugnado por la prensa masónica en Estados Unidos, al menos en lo que toca a la enseñanza. Tal vez el H.•. Strother está muy mal informado de lo que pasa en su propia secta que trata de defender del cargo del odio contra la Religión (Kenny, A. M. and C. E..)
1. 65. La acción masónica anticatólica entre nosotros.
En Chile, gracias a Dios aún no hemos tenido esos excesos de libertad, igualdad y fraternidad masónicas que han tenido que padecer nuestros hermanos de otros países; pero el terreno está desbrozado y sigue preparándose del mismo modo como se ha hecho en otras naciones.
La Masonería está bien dirigida y no se lanza fácilmente a un fracaso. Esa preparación dará sus frutos en el momento oportuno, aquí, como en otras partes, si una acción hábil, robusta y constante no desbarata sus planes.
Es táctica de la Masonería la de tratar de visionarios o de calumniadores a los que dan la voz de alarma o refieren sus hazañas.
No faltan tampoco católicos bien intencionados y pésimamente informados, que creen que la Masonería es una anacronismo, tan pasado de moda, que el hablar de ella está fuera de lugar en estos tiempos. Y, sin embargo, la acción masónica sigue haciéndose cada día más intensa y universal.
Se extiende hasta los puestos más humildes, desde los más altos, en los cuales está cumpliendo el consejo de Weishaupt: ‘Alrededor de los poderes de la tierra es menester reunir una legión de hombres infatigables que dirijan por todas partes sus trabajos según el plan de la Orden.’
¿En qué ramo de la administración no están esos hombres infatigables dirigiendo la cosa pública al sabor de la Orden? El país lo sabe; puede señalar a muchos con el dedo; los mismos masones, para hacer reclamo a la Orden, lo vociferan cuando les conviene: hay ramos de la Administración en los cuales el profano no entra sino con las recomendaciones o empeños de los H.•. o de los que obedecen sus sugestiones.
1. 66. La Masonería se sirve del engaño para obtener éxito.
La Masonería ha trabajado aquí, como en todas partes, por sugestionar la opinión pública en contra de la Religión Católica, por medio de las palabras mágicas, libertad. Liberalismo, igualdad, fraternidad, ciencia, progreso, tolerancia, &c., o bien con las declamaciones contra el fanatismo, la intolerancia, la reacción, el clericalismo, y otras parecidas.
Ella conoce por experiencia el valor y fuerza que tienen esas palabras para producir la sugestión, aunque se grite libertad y liberalismo, cuando se trata de ejercitar alguna expresión contra la conciencia y se declame contra el fanatismo. precisamente cuando se da muestras del más feroz fanatismo. Es difícil decir hasta qué punto ha conseguido la Masonería sugestionar la opinión pública y hacer de los partidos políticos y de hombres serios y honorables, humildes servidores, con el encanto o con el terror mágico de esas palabras repetidas en todos los tonos.
¡Cuántas veces, aún tomando formas muy discretas y disimuladas, la Masonería ha hecho sentir sus influencias no sólo en los círculos de señoras piadosas y de sacerdotes respetables, sino quizás aún en las mismas curias episcopales, como las ha hecho sentir aún en el trono pontificio por medio de hábiles diplomáticos, afiliados a ella!
1. 67. Nefasta obra masónica.
De las escuelas se ha desterrado el crucifijo y las imágenes, cómo si no estuviéramos en país católico; de los libros de enseñanza se ha suprimido hasta donde ha sido posible el santo Nombre de Dios y de Jesucristo. En las mismas revistas infantiles patrocinadas por miembros del magisterio, hay esmero por no nombrar al Creador ni nada que sepa a religión.
Hay recomendaciones, por no decir órdenes, para organizar, no sólo en los liceos sino también en las escuelas públicas, asociaciones de Boy-Scouts o centros, que tengan el propósito declarado de cultivar el cuerpo con ejercicios y el espíritu con enseñanzas sanas, y con el fin encubierto de alejar a los niños, tanto de la influencia del hogar, como de la Iglesia. Esas asociaciones harán que no les quede tiempo para ir a misa el domingo ni para instruirse en los catecismos, ni siquiera para sentir la influencia de padres católicos, cuya autoridad educadora es reemplazada insensiblemente por los maestros de una moral laica, sin religión.
68. Armas de que se sirve la Masonería.
En ciertas provincias es muy general el dar el nombre de fanatismo o de superstición a la Religión Católica, que es la del país y del Estado. Es el lenguaje de las logias. El oscurantismo es también una palabra que han usado como arma para hacer odiosa la Iglesia.
A fuerza de repetirlo se han convencido los mismos masones y, al menos confusamente, han convencido también a otros que no lo son y que tienen poca instrucción, de que la Iglesia es un antro donde se difunde por todas partes la oscuridad. En Iquique era cosa casi diaria, hace algunos años, la invocación del oscurantismo para denigrar a la Iglesia; y lo curioso era que así hablaban a veces aún los que ni siquiera sabían escribir una carta con corrección.
Eran simples fonógrafos que repetían, sin darse cuenta del porqué, lo que se había grabado en ellos. Ha sido menester hacerlos volver un poco a la realidad de las cosas, hacerles comprender que no eran ni con mucho los focos de luz que se imaginaban y que el clero tampoco era lo que pensaban, pura ignorancia y pobreza mental. Bien lo sabían los dirigentes, y por eso ponían todo empeño en no dejar hablar al clero.
1. 69. Plan Masónico.
De esa acción anticatólica se gloría la Masonería en sus documentos oficiales, como puede verse en el opúsculo ‘La Masonería ante el Congreso’, que debiera ser leído por todos los chilenos. De ahí tomo las siguientes declaraciones: ‘Hay que salir de los lindes del terruño; hay que conquistar nuevas plazas; hay que OPONER tantas logias y triángulos a cuantas catedrales y parroquias hay en la República.’
‘Durante el primer semestre de 1913 todos los masones chilenos y gran número de las logias proporcionaron muy efectiva cooperación a la campaña anticlerical que valerosamente emprendió en nuestro país la Belén de Sárraga…’Si los laureles de triunfo tocaron por entero a la intrépida propagandista liberal (¡ !) parte importante de los felices resultados correspondió a los masones asegurarla con su trabajo, con un entusiasmo y con su dinero.
Son declaraciones del Gran Maestre Luis Navarrete López, en su mensaje anual leído en la Asamblea de la Gran Logia de Chile, celebrada en mayo de 1914.
Hablando de la campaña contra Monseñor Sibilia, Representante de la Santa Sede, agrega el señor Navarrete. ‘Fue un francmasón quien organizó la primera jornada hostil a Monseñor Sibilia y en la que éste perdió su capello. En seguida consejos, dinero, influencias y simpatías aportaron los masones a la Federación de Estudiantes en apoyo de su estruendosa campaña pública.
Las logias establecidas fuera de Santiago constituyeron los centros organizadores de las manifestaciones populares que hicieron eco en las provincias a la agitación metropolitana’ (‘La Masonería ante el Congreso’, 69-71.)
Todavía me acuerdo de que en esa campaña tomaron parte algunos católicos que odiaban la Masonería, y sin embargo, cayeron en sus redes y sirvieron su causa, hipnotizados por el encantamiento de la palabra liberal de que se gloriaban. Después reconocieron el engaño.
1. 70. Obediencia a la influencia extranjera secreta.
Compárese ahora el trabajo de la Masonería chilena con el consiguiente programa de trabajo del Gran oriente de Francia, y se llegará a la conclusión que es un Poder Oculto extranjero el que está dirigiendo, por medio de las logias chilenas, gran parte de nuestra vida nacional.
En sus principales líneas, ese programa es como sigue: ‘La Francmasonería, que preparó la Revolución de 1789, tiene el deber de continuar su trabajo’ (Circular del Gran Oriente de Francia, 2 de abril de 1889.) Medios para alcanzar los ideales de la masonería: Los siguientes son tenidos como los principales:
1° Destruir radicalmente por franca persecución de la Iglesia o por el fraudulento e hipócrita sistema de separación de la Iglesia y del Estado, toda influencia social de la Religión, llamada insidiosamente ‘Clericalismo’, y en cuanto sea posible destruir la Iglesia y toda religión verdadera o revelada, que es algo más que un culto vago de la Madre Patria y de la Humanidad; 2° laicizar o secularizar, por medio de un sistema parecido, hipócrita y fraudulento de ‘no sectarismo’, toda vida pública y privada y sobre todo la instrucción y educación popular.
El ‘no sectarismo’, como lo entiende el Gran Oriente, es sectarismo anticatólico y aún anticristiano, ateo, positivista y agnóstico, con el traje de ‘no sectarismo.’
La libertad de pensamiento y de conciencia de los niños se ha de desarrollar en ellos sistemáticamente en la escuela y ha de protegerse tanto como sea posible contra las influencias perturbadoras, no sólo de la Iglesia y de los sacerdotes, sino también de los propios padres de los niños, aún, sin es necesario, por medio de la compulsión moral o física.
El Partido del Gran Oriente lo considera indispensable y un camino infaliblemente seguro para el definitivo establecimiento de la república Social universal, etc… (Chaine d’Union, 1889,) páginas 134, 121 y siguientes; 291 y siguientes; Actas oficiales del Congreso Masónico Internacional de París, 16-17 de julio de 1889, 31 de agosto y 1-2 se septiembre de 1900. Rivista Masonica, 1880-1910, citada por Cath. Encyclop.)
Hay, pues, una mentira constitucional, internacional tanto en los Estatutos de la Masonería, como en los labios que, para conquistarse adeptos, comienzan por decir que en la Masonería se respetan todas las religiones y no se trata de religión. ¡Y las primeras víctimas de ese engaño son siempre los mismos afiliados a la Masonería!
1. 71. La tolerancia masónica.- Antifanatismo.
La Masonería hace profesión de observar la más absoluta tolerancia de todas las opiniones y de combatir tenazmente el fanatismo. Veamos si en esto es más sincera y veraz que en sus demás afirmaciones. Tomo las ideas de Copin_Albancelli (La Consp. Juive, páginas 130 y siguientes.)
La Masonería, o más bien el Poder Oculto que la dirige, para hacerla aceptar, invocaba en sus comienzos el espíritu de tolerancia; así lograba que muchos católicos la aceptasen. En seguida combatió a la Iglesia en nombre de la misma tolerancia que le había permitido existir. ‘De suerte que nos es dado asistir a un espectáculo verdaderamente extraño: hay, en efecto, según la Masonería. Dos iglesias por delante: la una digna de odio a causa de su intolerancia: es el Catolicismo; la otra, admirable a causa de su tolerancia: es la Masonería. Es lo que dicen los masones; pero ved lo que pasa en realidad. La Iglesia de la intolerancia existía antes de la que se dice iglesia de la tolerancia. Por tanto, ha tolerado la existencia de ésta. Al contrario, ahora que esta última está constituida, ahora que está en pleno triunfo, es ella la que no permite el mantenimiento de la otra. Es, pues, la Intolerancia la que tolera y la Tolerancia la que no tolera. Y lo que hace más gracia, es que los que se dicen tolerantes y no toleran, en nombre de su tolerancia, no se daban cuenta absolutamente de su intolerancia. Es un poco bufo esto para ser verdad; y sin embargo, es el espectáculo que el mundo entero puede contemplar.
¡Tan profundo es el obcecamiento que resulta de las sugestiones lanzadas en la Masonería por el Poder Oculto! ¿Cómo pueden ser así falseadas las conciencias? Sería cosa imposible de comprender y explicar para mí si la mía no hubiese sido arrastrada, como tantas otras, en el torbellino de demencia, si yo no hubiese sido actor y víctima a la vez.’
El mismo autor, para manifestar hasta dónde llega la intolerancia y el fanatismo que se apodera de los masones a fuerza de las sugestiones que se les hacen, dice más adelante: ‘Yo he oído a esos ‘fanáticos de la tolerancia’, cuando comenzaban a ser furiosamente intolerantes en nombre de su amor desordenado de la tolerancia. He asistido aún a escenas de un cómico irresistible. Una de ellas tuvo por causa el bacalao que ciertos masones confesaban haber comido el Viernes santo de 1884.
El hecho de observar las prescripciones católicas era, en esa época, considerado como un pecado mortal masónico por algunos que se decían apóstoles de la tolerancia. Pues bien, uno de esos avanzados, el Viernes Santo de 1884, pidió en su logia un voto de censura contra los masones que, ‘comiendo bacalao el Viernes Santo, contribuían a mantener los prejuicios de otra edad.’
72.- Contrasentido de las palabras y obras de la Masonería.
Yo pregunto a los masones, pregunto a sus esposas, madres o hermanas, si esa tolerancia, por ese mismo motivo, es cosa desconocida o rara entre nosotros. Ya he dicho antes lo que yo mismo he tenido ocasión de ver y de oír en el ataque que se hizo a la Procesión con que celebrábamos el Centenario de Constantino, ataque que fue fraguado como consecuencia de las predicaciones de la masona Belén de Sárraga y a cuya cabeza había conocidos masones. Esa es la muestra de intolerancia con que combatían la intolerancia de nuestra religión.
En cambio, cuando ellos, o los sugestionados por ellos, hacían desfiles insultando a tirando piedras, los católicos ni siquiera hemos contestado el insulto con el insulto, ni hemos experimentado ese ataque nervioso y frenético que experimenta el masón al ver una imagen o encontrarse con un cura en casa de un enfermo. Mis compatriotas de casi todas las ciudades de Chile, casi con seguridad, podrán atestiguar los mismos hechos y recoger las mismas experiencias. La historia moderna de todas las naciones donde ha denominado la Masonería, está llena de la misma comprobación.
La Masonería, una vez más, hace profesión de una cosa que no tiene intención de practicar, sólo para engañar a los inocentes, que desgraciadamente son muchos en este mundo: hace profesión de tolerancia y es satánicamente intolerante.
1. 73. El furor anticatólico.
¿Quién creyera que, después de tan serias y constantes afirmaciones y protestas de la Masonería y de los masones sobre el respeto a todas las religiones, y sobre que la Masonería no se ocupa de religión, quién creyera, digo, que la preocupación por la religión y el odio por la religión católica llegara a convertirse en furor? Es, sin embargo, lo que se ha visto, no sólo en la época del Terror y de la Comuna, en Francia, en Madrid, en 1834, en Italia, &c., sino lo que existe en ciertos grados, en que se blasfema de Cristo, se blasfema de Dios, diciendo de él que es el ángel o el principio malo; se profanan las hostias consagradas, atravesándolas con un puñal.
Yo mismo he visto un diploma en que se daba poder para fundar logias, diploma sin duda emanado de alguna Gran Logia, con varias figuras o emblemas que manifiestan el espíritu de la logia. Uno de esos emblemas era el del cáliz derramándose y de la hostia atravesada por un puñal; otro, el del mundo con la cruz para abajo; otro, el del Corazón de Jesús con el mote de exsecrandum, &c.
En la recepción de las Elegidas del Rito Paládico Reformado, se enseña a la que va a ser recibida a castigar al traidor Jesús y a matar a Adonaí, el Dios de la Biblia, con su divinidad malhechora, y eso lo hace atravesando la Maestra, y después de ella la iniciada, una hostia con un puñal, en medio de horribles blasfemias, después que se ha garantizado que es una hostia consagrada. En 1894, dice Dom Bénoit, se comprobó, en una iglesia de París, la desaparición de 800 hostias, sacrílegamente robadas por los sectarios para sus misterios abominables (Bénoit, F. M. I, 456.)
11[1] La Revista Católica de El Paso ha dado cuenta que hasta se había prohibido continuar el trabajo para elevar ese monumento.
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 16
Autor: Cardenal José María Caro Rodríguez (1924) Fuente: Catholic.net
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- Instrucción masónica.
La iniciación no es más que el comienzo del trabajo interno de la Masonería. Viene en seguida el trabajo que ha de dar la luz y disipar las tinieblas, el trabajo de la instrucción masónica.
Para ello la Masonería tiene sus instructores en algunas sectas y para algunos grados. El jefe del Iluminismo, Weishaupt, dio reglas muy hábiles para que los instructores desempeñaran con más éxito su trabajo. Encarga, sobre todo, estudiar mucho a los iniciados, espiarlos mucho.
Pero de ordinario, la instrucción resulta de los símbolos, de las leyendas y de las conferencias. Comencemos por:
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- Los Símbolos.
Todo es simbólico en la Masonería. La de los tres primeros grados suele llamarse también Masonería Simbólica, a diferencia de la otra, que es la de los grados filosóficos. El símbolo, según lo explica Macker, es una imagen sensible empleada para expresar un sentido oculto, pero analógico.
Pero esta imagen simbólica es solamente convencional, es decir, que no tiene más que una relación convencional, acordada libremente entre los que la usan, con la cosa significada. Por tanto, es imposible que el que no está en el recuerdo se dé cuenta de su sentido (Preuss, E. F., 39-40.)
No sería posible que diera aquí el sentido simbólico de todo lo que hay en una logia y de todas las ceremonias que en ella se usan. Sería menester mucho espacio para ello. Sin embargo, para muestra, voy a presentar a los lectores algunos símbolos.
La logia representa al mundo. El origen de las palabras, según Ragón, es la palabra loga, que en la lengua sagrada del Ganges, significa mundo. En los grados inferiores está pintada de azul, y en ella representados el sol, la luna y los demás astros.
Las dos columnas Booz y Jakín, representan los dos principios, que según los gnósticos y maniqueos, han producido el mundo, el bien y el mal, la luz y las tinieblas, Osiris y Thyphon, Ormuz y Arimán, satanás y Jesucristo, ‘la forma y la materia, el fuego y el agua, el macho y la hembra.’ La columna blanca es el emblema del sexo femenino, la negra, emblema del sexo masculino. ‘Leyendo las letras de atrás para adelante, se tiene el secreto de la naturaleza formulado en hebreo…’ Esa explicación es de Pike (Benoit, F. M., 224-225.)
El triángulo representa al Gran Arquitecto del Universo, o trinidad masónica, o sea la naturaleza con sus tres reinos, mineral, vegetal y animal. La palabra Dios comienza en muchos idiomas con la letra D, letra que en griego es un triángulo. En el medio está la letra G, que significa generación. ‘Este Dios trino, dice Ragón, tiene tres misterios que simbolizan también los tres lados del triángulo: 1° Todo es formado por la generación. 2° La destrucción sigue a la generación en todas sus obras. 3° La regeneración, bajo otras formas, sigue los efectos de la destrucción.’
El sol, representado con frecuencia en las decoraciones masónicas, es un dios querido de los masones, como a los gnósticos y maniqueos, y representa las fuerzas de la naturaleza, el verdadero dios de la Masonería. En su honor se eleva en el templo masónico al Oriente, la presidencia y altar de la logia.
La escuadra y el compás significan la equidad, la igualdad, y en un sentido más profundo, el principio masculino y el femenino de la regeneración, que está entre esos símbolos representada por una G.
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- La Masonería y la Biblia.
En muchas, si no en todas las logias, está la Biblia, y sin duda, al verla, el protestante que aún conserva algo de cristianismo, y el católico, que tiene alguna idea vaga de su religión y de la Biblia, se sentirán alentados ante la sospecha de que su entrada en la Masonería podría ser contraria a sus creencias. En algunas partes aún se ve la cruz; lo que aumenta la confianza de los tímidos. ¿Cómo no ha de ser algo cristiana una institución en la cual se honra la Biblia y la cruz? Sin embargo, eso sólo manifiesta la ignorancia del verdadero significado de esos emblemas y de la hipocresía que se usa con los ignorantes.
Ahí está la Biblia, para ir acostumbrando a los masones a despreciarla; a tenerla, mediante la tolerancia masónica, al igual de tantos otros libros sagrados, como el Corán, por ejemplo; para interpretarla al sabor masónico y formar con ella las leyendas que convienen a la Orden, y para corromperla, traduciéndola como les da la gana. Preuss dedica al estudio de la Biblia masónica un capítulo de su obra, y voy a transcribir su conclusión:
‘Ciertamente no hemos negado el uso del Libro (Biblia) en la Masonería Americana; pero hemos probado que la Biblia cristiana no es el objeto de la reverencia masónica; que tales objetos, como son la Biblia, la escuadra y el compás, ‘han de tomarse como un conjunto inseparable’, si hemos de dar a los pasajes de la Biblia ‘su debida importancia masónica.’
Hemos mostrado, como si en realidad un hecho tan evidente necesitara demostración, que esa Biblia es una Biblia masónica, no una Biblia cristiana, porque el libro material es nada cuando su contenido es mutilado, rechazado o tergiversado. Hemos mostrado que en las solemnes procesiones masónicas el lugar de la Biblia y del que la lleva simboliza su inferioridad respecto del libro de las Constituciones Masónicas.
Hemos mostrado que las alabanzas dadas a la Biblia nada significan en los labios de masones, desde que para la Masonería la Biblia es sólo uno de los libros de divina revelación, con todos los cuales (el Corán, Vedas, Zendavesta, &c.,) la Sagrada Escritura está en un exacto nivel. Hemos mostrado cómo los textos son sacados de su significación cristiana por la supresión del nombre de Cristo; hemos visto con qué absurdos es rechazada la autenticidad de los libros; hemos visto la Biblia rebajada en su comparación con la Cábala, un libro que aún el H.•. Pike admite ser una mezcolanza de absurdos confundidos con lo que él llama filosofía. Aún es tenida por una forma imperfecta de la misma Cábala. Si esto es reverencia masónica de la Sagrada Escritura ¿cuál será el desprecio?’ (Preuss, A. F., 248)8[8]
Con que ya saben los señores masones, especialmente los protestantes de buena fe, lo que significa la presencia de la Biblia en la logia.
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- La Masonería y la Cruz.
La presencia de la Cruz ¿tendrá acaso mejor suerte? No, por cierto. Al símbolo cristiano del sacrificio y del dolor, se le ha dado el sentido del placer carnal, sobre todo cuando se junta con la rosa, símbolo de la caridad, que en sentido masónico significa la condescendencia sensual (Benoit, F. M. I, 27.) La inscripción de la cruz INRI, tiene también un sentido sensual, encerrado en el dicho latino Igne Natura Renovatur Integra. Por el fuego la naturaleza se renueva íntegra. Ese fuego es el sol, es la concupiscencia en último término (Preuss, A. F., 49 y sigs.; Benoit, F. M. 271.) Naturalmente, estos símbolos y todos los demás se van interpretando de diversas maneras, según los grados, porque la enseñanza masónica se va graduando para no espantar al iniciado, manifestándole de golpe las inmundas profundidades de los misterios y del culto pagano de la carne.
- La Masonería y el Sol.
Al culto del sol, y detrás de él al de la naturaleza, &c., se refiere el celebrar las fiestas de la Masonería en los solsticios de verano y de invierno, por la fiesta de San Juan Bautista y de San Juan Evangelista. No es la devoción a estos santos, sino el culto del sol el que ha hecho elegir esas épocas para las solemnidades masónicas.
- Las leyendas y alegorías.
El ritual masónico está lleno de leyendas, sobre todo en los grados superiores, comenzando por el de maestro, en que está la leyenda e la muerte de Hiram. En esas leyendas van envueltas las alegorías de que se vale la Masonería para comunicar su haz a sus adeptos y ocultarla a los profanos, así como el símbolo sirve para ocultarla a los mismos adeptos. La diferencia entre la alegoría y el símbolo, según los doctores masones, consiste en que el símbolo tiene un significado puramente convencional, de modo que es imposible que el que no está en el secreto lo descubra; la alegoría, en cambio, ‘es un discurso o narración en la cual hay un sentido literal y otro figurado, un sentido patente y otro conexo, siendo la intención del que usa el sentido patente la de indicar por analogía o comparación, el figurado u oculto.’
La interpretación de la alegoría es fácil, y por eso alguien ha dicho que ‘la alegoría habita un palacio diáfano.’ Casi todas las leyendas de la Masonería son alegóricas. Únicamente por razón de sus alegorías o símbolos legendarios, tienen importancia, cualquiera que sea, por otra parte, su verdad histórica. Daré un resumen de la leyenda de Hiram o Adonhiram: Éste era un maestro que dirigía los trabajos del templo de Salomón, hombre muy sabio. Los albañiles estaban divididos en tres clases: aprendices, compañeros y maestros, y para reconocerse entre sí, cada gremio tenía una palabra. Hiram fue asesinado por tres compañeros que quisieron sacársela del maestro y con él se perdió la palabra.
Los masones se reúnen tristes, no sólo para llorar la muerte de Hiram, sino también para buscar la palabra perdida. Esta leyenda se amplía en los grados superiores sin que la palabra perdida venga a encontrarse sino en los últimos grados. ¿A quién representa Hiram, el asesinado y quiénes son los asesinos? Hiram representa, según los grados, a Jacobo Molay, el Gran Maestre Templario; para otros es Manes, fundador del maniqueísmo; para otros es Jesucristo; para otros es Jehovah, Dios de los judíos, en oposición con Dios uno y trino de los cristianos; para otros es el ‘pueblo soberano’, cuya soberanía ha sido destruida por los sacerdotes, por los reyes y por los soldados; para otros es el sol, que sufre una especie de muerte aparente en el invierno.
Según otras interpretaciones más profundas, es la humanidad, mortal en los individuos, inmortal en la especie. La representación de la humanidad en el santuario de la generación. Según otros, Hiram representa al estado de naturaleza, despojado, por el estado de sociedad, de la libertad, igualdad y fraternidad originales. Según otros, es el mismo Satán, el dios bueno de los masones, destronado de su imperio, por Adonai o el Dios de los cristianos, uno y trino en las personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
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- ¿Contra quiénes se dirige la venganza masónica?
Según quién se entienda por Hiram, así es también quien se entiende por los tres asesinos. En general, se puede decir que son los sacerdotes y los reyes, la sociedad, el cristianismo. Ya se comprende, entonces, contra quiénes se ha de ejecutar la venganza para la cual se preparan y disciplinan y de la cual se habla constantemente en las logias. Las explicaciones dadas son de los doctores masones, como puede verse en las obras citadas, especialmente en Benoit, en Preuss, en Serra y Caussa, en Espasa, &c.
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- Las Conferencias.
‘¿Qué he hecho en la Masonería? Es una pregunta dice Copin-Albancelli, que debe hacerme el lector. Es, en efecto, la que se oye siempre. ¿Qué se hace en las reuniones masónicas?
La respuesta es tan sencilla, que asombra siempre a los que la oyen por primera vez. En las reuniones masónicas se comienza por escuchar predicaciones, y más tarde, uno mismo las hace. Las logias son lugares donde a uno se le predica y donde uno predica, y nada más.
‘Si esta respuesta ha podido sorprender al lector al principio de nuestro estudio, no debe pasar lo mismo ahora; puesto que se trata de que el poder oculto arroje sugestiones en el espíritu de los masones, no tiene a su disposición sino un medio: la predicación.
¿Sobre qué versan las predicaciones? Sobre dos temas principales, que vuelven sin cesar, a propósito de todo y a propósito de nada. ‘Primer tema: La Francmasonería es una institución sublime, santa y sagrada. En la eterna iniciadora de todo lo que se hace de bien, de bueno y de grande en la humanidad.
Segundo tema: Esta asociación tan alta, tan respetable, tan venerable, tiene un enemigo. Este enemigo es el Catolicismo. De donde se saca esta conclusión: Puesto que el Catolicismo es el enemigo de la Masonería, es el enemigo de todas las grandes causas a las cuales ésta declara consagrarse. En consecuencia, si se aman verdaderamente estas grandes causas, es menester combatir el Catolicismo.’
Tales son las dos ideas matrices que sirven de quicio a la enseñanza masónica. Tales son las dos sugestiones que el Poder Oculto quiere a toda costa introducir en el espíritu de sus adeptos; las que intenta imponerles a la buena o a la mala; hasta el punto de que en definitiva se arroja fuera de la Masonería a los que rehúsan aceptarlas. Eso ante todo, porque debe servir de base a todo lo demás.
‘Alrededor de eso hay estudios en común, bajo forma de conferencia y discusiones, a las cuales son incitados los adeptos, y que versan sobre todas las cuestiones políticas y sociales, &c.’
A inculcar estas dos grandes ideas van encaminados el ritual, los símbolos, el catecismo y las leyendas, especialmente aquélla en que se dice que la Masonería tiene por padre a Hiram, o la otra, más atrevida aún, la de que fue fundada por Caín, nacido, según las leyendas masónicas, de Satanás o Eblis, el ángel de luz, y de Eva, seducida por él. ‘Los masones creen todo eso, y creen también todo lo que se les dice sobre el influjo de la Masonería en el desarrollo humano.’ ¿Por qué? Pregunta el autor citado; no lo sabíamos ni lo preguntábamos. La Viuda nos tenía bajo su fluido; literalmente nos había hipnotizado.’
El esfuerzo gastado para hacer entrar en los masones la primera sugestión no tiene otro fin que el de hacer más fácil la segunda. Ved lo que sigue diciendo el mismo autor: ‘Su éxito ha sido completo. Ha sugestionado tan bien a los masones (el Poder Oculto,) por medio de esta sublime y santa Masonería, siempre ocupada (ella es quien lo dice,) en el bien de la humanidad; los ha cegado tan completamente; los ha alucinado, hipnotizado, fanatizado; les ha inyectado tan profundamente el virus anticatólico, que la inmensa mayoría de ellos ha llegado a ser presa de una rabia que no les deja reposo.
Lo que hace el alcohol con el cerebro del ebrio, lo hace en los suyos, la sugestión anticatólica. Ya no razonan, sinrazonan. No piensan: mastican y vuelven a masticar la sugestión, como los rumiantes el heno que se les ha dado que comer. Reaccionan de un modo automático bajo las excitaciones repetidas del Poder Oculto. Habladles de la Masonería: decidles que esta asociación es la madre de la civilización, del progreso, de la luz; saltarán de gozo.
No creáis que sepan lo que es la civilización, el progreso, la luz, mucho más de lo que saben qué es la Masonería de la que forman parte. El Poder Oculto se ha cuidado muy bien de no enseñarle eso. Se ha limitado a insinuarles hábilmente que la civilización es el progreso, que el progreso es la luz, que la luz es la Masonería. No han preguntado más tampoco y cada vez que les es dado oír las mismas afirmaciones y cada vez que les dado oír las mismas afirmaciones, aplauden con el más delirante entusiasmo.
‘Pronunciad, por el contrario, delante de ellos las palabras, nada más que las palabras, catolicismo, clericalismo, oscurantismo. Eso bastará para hacerles echar espuma. Serán sacudidos como por un golpe eléctrico el sólo ruido que harán esas palabras al pasar por vuestros labios. Se levantará en ellos un furor de destrucción. No es porque sepan tampoco qué es el catolicismo, el clericalismo, el oscurantismo. De ninguna manera: su santa y sublime madre, al Masonería, les ha mentido sobre eso; pero ellos creen con fe profunda lo que se les dice porque están persuadidos a priori de su sublimidad’ (Copin, C.J., cap. V.) ¡Y sin embargo cuando los hermanos os inviten a entrar en la Masonería, os dirán que en ella no se trata ni de religión ni de política y que podéis ser masones y católicos a la vez; y os lo dirán con toda seriedad!
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- La autoridad docente en la Masonería.- La fe que exige.
‘Ella es quien lo dice.’ La Masonería afirma solamente las cosas a sus adeptos, no se las prueba: El magister dixit de Pitágoras es su modelo. Confiesa, por medio de sus doctores, que ningún hombre o corporación es infalible; confiesa que no tiene documentos ni narraciones auténticas, habladas o escritas en que apoyarse acerca de sus afirmaciones sobre el origen antiquísimo de la secta ni para remontarse a los primeros orígenes de hombre y, sin embargo, forma un castillo de enseñanzas filosóficas, sin más base que las de haber sido enseñadas por aquellas sectas o sabios antiguos.
No prueba sus afirmaciones y, sin embargo, pretende dar a luz a los entendimientos de sus adeptos, enseñarles la verdad, la divina verdad, la verdad de Dios y del alma, la naturaleza y esencia de ambas, lo que constituye el principal fin de la enseñanza masónica.’ Y de esa enseñanza, el último tribunal aparente, es la Gran logia. Y ante esa autoridad que se declara falible, que manifiesta afirmar sus doctrinas porque sí no más, y que es esencialmente mentirosa, como el lector ya lo supondrá y lo verá, van el católico y el protestante que se inician a hacer la abjuración de su fe cristiana, abjuración hipócritamente envuelta en los velos del simbolismo y del ceremonial masónico.
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- La sociedad esencialmente mentirosa.
Sinceridad personal de muchos masones. He dicho ya y lo repito ahora, que reconozco que hay muchos masones que son personas serias, incapaces de asentir al espíritu de la masonería y de prestarse a sus manejos, y que están en ella, contribuyendo a su obra con su dinero y con su prestigio, únicamente porque ignoran todo o casi todo lo que hay en la Masonería, sus fines, sus doctrinas, sus medios y sus hechos. Apenas conocen de ella un ligero esbozo, trazado ante sus ojos expresamente con el fin de mantenerlos engañados.
Podría aún nombrar a algunos que yo conozco y de quienes estoy seguro de que el día en que se dieran cuenta de lo que ignoran, en parte siquiera, se retirarían horrorizados de la institución que los ha estado engañando, explotando su prestigio y su cooperación. De otros, sin duda se puede decir que andan en la penumbra; que algo sospechan o saben ya y que ignoran también mucho y padecen la lucha que debe haber entre su conciencia honrada y los compromisos contraídos, ya en virtud de un engaño o de una serie de engaños anteriores.
Hecha esta advertencia, paso a probar la mendicidad constitucional de la Masonería.
49.- ¿La Masonería no se ocupa de Religión?
Eso es lo que dicen los masones; eso es lo que sabe todo el mundo, aún las señoras y las señoritas: que la Masonería es sólo una sociedad de beneficencia o filantropía y de socorros mutuos; y eso es lo que declaran las Constituciones masónicas: ‘La Masonería no se ocupa ni de las diversas religiones existentes en el mundo, ni de las constituciones civiles de los Estados: a la altura que se coloca, debe respetar y respeta, tanto la fe religiosa como las simpatías políticas de sus miembros.
En consecuencia, en sus reuniones, toda discusión que tienda a este objeto, queda expresa y formalmente prohibida.’ Así se lee en la ‘Constitución de la Orden Masónica en Chile’, artículo 2°, 1862. En la de 1912 se lee: ‘La Masonería respeta tanto la fe religiosa como las simpatías políticas de sus miembros’ (Tit. 1°, art. 2°.)
‘No se preocupa de las diversas religiones;’debe respetar y respeta… la fe religiosa… de sus miembros.’ Eso dice la Constitución: la verdad es precisamente lo contrario; la Masonería se ocupa de la religión cristiana, especialmente la católica, para combatirla y, en consecuencia, es una burda falsedad que respete la religión de todos sus miembros. Y eso se hace de una manera sistemática. He aquí algunas declaraciones que pondrán en evidencia la veracidad de la Masonería sobre este punto: ‘La Francmasonería es la contra- Iglesia, el contra-Catolicismo, la Iglesia de la Herejía.’ (Art. Programa de la Revista Masónica ‘L’Acacia’, en 1902) ‘El Catolicismo… nosotros los masones debemos perseguir su demolición definitiva’ (Boletín del Gran Oriente de Francia, septiembre de 1885.)
Un memorándum del Supremo Consejo confirmaba estas declaraciones con la siguiente: ‘La lucha empeñada entre el Catolicismo y las Mas.•. es guerra a muerte, sin tregua y sin cuartel.’ En 1902, el H.•. Delpech, en su discurso pronunciado en el banquete oficial, decía entre otras cosas los siguiente: ‘El triunfo de galileo ha durado veinte siglos. Muere a su vez… La Iglesia Romana, fundada sobre el mito Galileo, ha comenzado a decaer rápidamente el día en que se ha constituido la asociación masónica. Desde el punto de vista político, los masones han variado con frecuencia. Pero en todo tiempo, la Francmasonería ha estado firme en este principio; guerra a todas las supersticiones; guerra a todos los fanatismos’ (Copin, P. O. 89-90.)
Hace como dos años, en uno de los banquetes solemnes, del solsticio de verano, se pronunciaron en Iquique discursos tan blasfemos contra Nuestro Señor Jesucristo y la Santísima Virgen, que los masones ingleses, que habían sido invitados por las logias chilenas, protestaron y se retiraron. Y la primera vez que vino la Belén de Sárraga a esta ciudad, en el banquete que le ofreció la Masonería, reconociéndola como hermana, se declaró; que la Masonería había tenido la honra de traerla a Iquique. Todos en Chile saben que no hacía otra cosa que combatir la religión católica con una trama de mentiras, leyendas masónicas, de las mismas que se leen en ciertos grados, y blasfemias.
¿Quién no ha oído muchas veces a los masones que en la Masonería se exige la fe en Dios? ¿Quién no ha oído la frase: ‘A la gloria del Gran Arquitecto del Universo’, que se ha dado como una prueba de la religiosidad de la Masonería? Pues bien, el 14 de septiembre de 1877 quedó abolida la frase en el Gran Oriente de Francia9[9], que es el que domina no sólo en la Masonería latina, sino también en la de Estados Unidos. ‘Antes de esta fecha se banqueteaba a su gloria (del Gran Arquitecto;) en su honor se inauguraban las logias. ¡No se pronunciaba una palabra; no se expresaba un voto; no se escribía una carta; no se daba una comisión, sino sobre un papel que llevara a la cabeza la piadosa frase! Ese día, del 14 de septiembre, es decir, en una época en que se sintió suficientemente libre para manifestar sus verdaderos sentimientos, el Gran Oriente ha renegado sin pudor de su Gran Arquitecto!
Aun ha ido más lejos: se ha declarado su enemigo; a tal punto que, a despecho de las profesiones de fe liberales que se contienen en los estatutos de esta federación, llegó a ser una mala nota para un profano que pide la iniciación el declarar que no estaba absolutamente convencido de que el Gran Arquitecto haya sido jamás otra cosa que un mito. ¡Después del deísmo en solfa, el materialismo fanático e intransigente! ¡Qué extraordinaria asociación filosófica!10[10] (Copin. P.O. 96-97,)
Proudhom, uno de los masones más nombrados del siglo pasado, decía: ‘Nuestro principio propio es la negación de todo dogma; nuestro punto de partida, la nada. Negar, siempre negar, es nuestro método. Él nos ha conducido a poner como principio: en religión, el ateísmo; en política, la anarquía; en economía política, al no-propiedad’ (Benoit, F. M. I, 17.)
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- La ignorancia mundana aplastada por el masón.
En la iniciación del grado 28 del Rito Escocés Antiguo Aceptado, grado llamado del Príncipe Adepto, entre otras cosas que el Presidente, llamado Adán, dice al iniciado, se encuentran las siguientes declaraciones: ‘Muchos profanos tienen la felicidad de entrar en nuestros santuarios; pero bien pocos son bastante felices para llegar a conocer la sublime verdad (el secreto que se les promete revelarles.)
Si preguntáis cuáles son las cualidades que un masón debe tener para llegar al centro del verdadero bien, es menester haber aplastado la serpiente de la ignorancia mundana; es menester haber sacudido el yugo de los prejuicios de la infancia, concernientes a la religión dominante del país en que uno ha nacido… He ahí el monstruo bajo la figura de serpiente que tenéis que exterminar. Es la pintura fiel de lo que el imbécil vulgar adora bajo el nombre de religión’ (Benoit, F. M. I, 284.)
El grado Gran Escocés de San Andrés, del mismo rito, se resume en estas palabras: ‘Guerra a la cruz de Jesucristo; culto de Lucifer, del fuego y de la carne.’
En algunas logias del grado 30, Caballero Kadosh, del rito escocés, que, según Ragón, es el non plus ultra en la alta masonería filosófica, se hace pisotear un crucifijo al iniciado, diciéndole: ‘Pisotea esa imagen de la superstición; quiébrala’ Si no lo hace, se le aplaude y se le recibe sin revelarle los secretos. Si lo quiebra, se re recibe y se le hace ejecutar la venganza, sobre tres cadáveres, si es posible, o sobre tres simulacros, que representan, la superstición, al rey y al papa (Benoit, F. M., 292-293.)
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- El Carbonarismo y Nuestro Señor Jesucristo.
El carbonarismo, en sus siete primeros grados, habla mucho de cristianismo; pero ya en los tres últimos se declara la guerra a toda religión y sociedad. En el grado de maestro se acusa a nuestro Señor Jesucristo por haber atentado a la igualdad original de los hombres, diciéndose Hijo de Dios. En el 7° grado, el iniciado jura guerra a toda religión y gobierno positivo (Benoit, F. M. I., 312-326.)
En otros ritos, como el de Mizraim, se rinde culto, en los últimos grados a la naturaleza, al sol; se practica el espiritismo y se recomienda la preferencia de los malos espíritus sobre los buenos (Benoit, F. M. I, 326-330.)
52.- La Masonería se ocupa de Religión.
Creo que lo dicho basta y sobra para que se vea la sinceridad de la Masonería cuando proclama en sus estatutos, que no se ocupa de religión y que respeta todas las religiones. ‘Hubo un momento, no de regla, sino de formalismo, decía el H.•. Gonnaud, en un banquete de clausura del Convento, de 1886, en que había que declarar que la Masonería no se ocupaba ni de religión ni de política. ¿Era Hipocresía? No lo diré yo. Era que estábamos obligados bajo la presión de las leyes y de la policía a disimular lo que todos nosotros teníamos misión de hacer, o más bien, de hacer únicamente.
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- La Masonería, el clericalismo y el catolicismo.
Para combatir mejor al catolicismo, la Masonería inventó la distribución entre clericalismo y catolicismo, haciendo alarde de respetar al catolicismo y de combatir únicamente el clericalismo, es decir, la intervención del clero en la política.
‘Nosotros queremos, decía el H.•. Chassaing, en el banquete de clausura de la Asamblea General del Gran Oriente de Francia, en 1886, nosotros queremos la fusión de todas las potencias masónicas en una federación general que, mejor que nuestros esfuerzos actualmente diseminados, podrá combatir y podrá vencer ‘al Clericalismo y a la reacción.’ Esta distinción, dice Copin- Albancelli, fue inventada, precisamente en el tiempo en que había en la Cámara trescientos masones y sólo un sacerdote; pero la sotana se veía y los mandiles no se veían.
Es digna de tenerse en cuenta la declaración hecha a este respecto por el H.•. Courdavaux, profesor de letras de Douai, que en 1888 y 1889 daba cierta conferencia en las logias de provincia y en las de París. En esa conferencia se leía: ‘la distinción entre el catolicismo y el clericalismo es puramente oficial, sutil, para las necesidades de la tribuna. Pero aquí en logia, digámoslo en voz alta, en favor de la verdad: El catolicismo y el clericalismo no son sino una misma cosa’ (Copin, C. J., 145-147-157.)
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- La Masonería chilena es anticatólica.
¿Se dirá que la Masonería chilena tiene distinto espíritu que la de otros países? Pero si está en la conciencia de todos los que observan lo que pasa en las distintas esferas de acción social, que la Masonería, tiene, entre nosotros, un fin opuesto a la religión católica, de tal manera que cuando se quiere indicar que una persona es hostil a la religión, la frase más breve y segura para decirlo es ésta: ‘Es masón.’
Por lo que respecta a Iquique, bastará recordar el asalto a la procesión con que los católicos celebrábamos el aniversario de Constantino, el año de 1913. Los dirigentes del ataque eran masones reconocidos. Ese ataque fue el epílogo de las conferencias de la masona Belén de Sárraga, traída ex-profeso a Iquique en esa fecha para perturbar las fiestas católicas..
Cuando se trató de contestar a mi refutación de la primera conferencia, se puso de vuelta y media la Biblia, esa Biblia que estaba sobre la mesa de la presidencia de la logia y sobre la cual juraban los iniciados, y se publicó un folleto lleno de blasfemias, después de haber sido aprobado en tenida de una de las logias. Y si no hay esa hostilidad para con el catolicismo, ¿por qué apenas se inicia uno que es católico y observante, al menos de la asistencia a misa, luego deja de serlo y se aleja de la Iglesia, como he tenido ocasión de conocer a varios que me han contado su ingreso en las logias, con sentimiento de haberlo hecho?
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- Obras son amores y no buenas razones.
No hay argumento en contra de los hechos, dice un antiguo adagio filosófico. Veamos, pues, a qué nos hemos de atener, si a lo que la Masonería dice en sus estatutos y repite a los profanos, o a lo que dice a los iniciados que son capaces de comprenderla, acerca de su neutralidad religiosa y su respeto a todas las religiones. Comencemos por la prensa. 1. 56. Las publicaciones masónicas.
‘De lo que abunda en el corazón habla la boca’, decía el Divino Maestro, y ciertamente, en las publicaciones masónicas no es el respeto a las religiones, especialmente a la católica, lo que abunda, sino una continua descarga en todos los tonos y formas, contra ella. Testimonio de ello ‘La verdad’, revista que circula entre los hermanos, y que se procura hacer que también lean aquellos que se cree están ya preparados para aceptar sus ataques a la religión.
En ella se echa mano de cuanto recurso hay para atacar a la Iglesia, y combatir su doctrina. A ese fin se acomodan los hechos. Si hay algún pasaje de la Biblia que ofrezca dificultad, se tomará, por cierto, el lado más difícil, como si fuera la enseñanza católica, y se olvidará o ignorará la explicación más obvia, más conforme al texto, al sentido general de la Escritura, &c., para crear el antagonismo irreconciliable entre la fe y la razón, o la historia.
En Santiago, se publica también bajo los auspicios de la Masonería, un Almanaque, ‘El Almanaque Popular’, y una revista popular, ‘La Tribuna’, que siguen la misma norma.
En Iquique, hemos conocido hojas escritas y distribuidas con gran celo por Hermanos reconocidos como tales, en que se han divulgado las calumnias y las injurias más viles y groseras contra el clero o contra los dogmas de la religión, hemos visto folletos escritos con el mismo fin, fuera de las injurias y calumnias, atroces a veces, que han publicado diarios inspirados por hermanos masones, sin que jamás se viera un sincero desmentido.
En Estados Unidos, donde se cree ordinariamente, que aún los masones son muy respetuosos de la religión, se publican más de cuarenta periódicos que escriben al unísono con ‘The New Age’, de Washington, en el cual se envilece a la Iglesia en cada número y se pide su destrucción, con tanta insistencia, como se hacía en Francia y en Portugal. Al Papa se le llama ‘el enemigo y la maldición de la humanidad;’ se proclama que el propósito de la Masonería es ‘librar al mundo de la tiranía de Roma sobre la conciencia y sobre el libre pensamiento.’Contra este siniestro ogro, se dice, está alineada la Masonería, el único poder del mundo que es el eterno enemigo de este paganismo modernizado.’
Es el lenguaje que se usa en la nación que se ha creído más tolerante de toda religión. Por ahí se puede sacar el lenguaje universal de la Masonería, sobre todo cuando ya no necesita de mucho disimulo (Kenny, A. M. and C. E..)
8[8] ‘La Biblia como símbolo masónico ha de interpretarse como el libro de la Naturaleza o el Código de la Razón y de la Conciencia humana’ (Cath. Enciclop..)
9[9] El tenor del 1er. Art. de las Constituciones del Gran Oriente de Francia quedó así: La F.•. Mas.•., institución esencialmente filantrópica y progresiva, tiene por objeto la investigación de la verdad y el estudio de la moral universal, de las ciencias y artes y la práctica de la Beneficencia. Tiene por principios propios la libertad de conciencia y la solidaridad humana: A nadie excluye por razón de su creencia, su divisa, es Libertad, Igualdad, Fraternidad.