San Juan (Jn) 7

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Capítulo 7

1 Después de esto, Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo.

2 Se acercaba la fiesta judía de las Chozas,

3 y sus hermanos le dijeron: «No te quedes aquí; ve a Judea, para que también tus discípulos de allí vean las obras que haces.

4 Cuando uno quiere hacerse conocer, no actúa en secreto; ya que tú haces estas cosas, manifiéstate al mundo».

5 Efectivamente, ni sus propios hermanos creían en él.

6 Jesús les dijo: «Mi tiempo no ha llegado todavía, mientras que para ustedes cualquier tiempo es bueno.

7 El mundo no tiene por qué odiarlos a ustedes; me odia a mí, porque atestiguo contra él que sus obras son malas.

8 Suban ustedes para la fiesta. Yo no subo a esa fiesta, porque mi tiempo no se ha cumplido todavía».

9 Después de decirles esto, permaneció en Galilea.

10 Sin embargo, cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver.

11 Los judíos lo buscaban durante la fiesta y decían: «¿Dónde está ese?».

12 Jesús era el comentario de la multitud. Unos opinaban: «Es un hombre de bien». Otros, en cambio, decían: «No, engaña al pueblo».

13 Sin embargo, nadie hablaba de él abiertamente, por temor a los judíos.

14 Promediaba ya la celebración de la fiesta, cuando Jesús subió al Templo y comenzó a enseñar.

15 Los judíos, admirados, decían: «¿Cómo conoce las Escrituras sin haber estudiado?».

16 Jesús les respondió: «Mi enseñanza no es mía sino de aquel que me envió.

17 El que quiere hacer la voluntad de Dios conocerá si esta enseñanza es de Dios o si yo hablo por mi cuenta.

18 El que habla por su cuenta busca su propia gloria, pero el que busca la gloria de aquel que lo envió, ese dice la verdad y no hay nada de falso en él.

19 ¿Acaso Moisés no les dio la Ley? Pero ninguno de ustedes la cumple. ¿Por qué quieren matarme?».

20 La multitud respondió: «Estás poseído por el demonio: ¿quién quiere matarte?».

21 Jesús continuó: «Por una sola obra que realicé, ustedes están maravillados.

22 Moisés les dio la circuncisión –aunque ella no viene de Moisés, sino de los patriarcas– y ustedes la practican también en sábado.

23 Si se circuncida a un hombre en sábado para no quebrantar la Ley de Moisés, ¿cómo ustedes se enojan conmigo porque he curado completamente a un hombre en sábado?

24 No juzguen según las apariencias, sino conforme a la justicia».

25 Algunos de Jerusalén decían: «¿No es este aquel a quien querían matar?

26 ¡Y miren como habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías?

27 Pero nosotros sabemos de dónde es este; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es».

28 Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó: «¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen.

29 Yo sí lo conozco, porque vengo de él y es él el que me envió».

30 Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque todavía no había llegado su hora.

31 Muchos de la multitud creyeron en él y decían: «Cuando venga el Mesías, ¿podrá hacer más signos de los que hace este hombre?».

32 Llegó a oídos de los fariseos lo que la gente comentaba de él, y enviaron guardias para detenerlo.

33 Después Jesús dijo: «Poco tiempo estaré aún con ustedes y me iré a aquel que me envió

34 Me buscarán y no me encontrarán, porque allí donde yo estoy ustedes no pueden venir».

35 Los judíos comentaban entre ellos: «¿A dónde irá, para que no podamos encontrarlo? ¿Acaso irá a reunirse con los judíos dispersos entre los paganos, para enseñar a los paganos?

36 ¿Qué quiso decir con estas palabras: «Me buscarán y no me encontrarán, y allí donde yo estoy ustedes no pueden venir»?.

37 El último día, el más solemne de la fiesta, Jesús, poniéndose de pie, exclamó: «El que tenga sed, venga a mí; y beba

38 el que cree en mí». Como dice la Escritura: "De su seno brotarán manantiales de agua viva".

39 El se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en él. Porque el Espíritu no había sido dado todavía, ya que Jesús aún no había sido glorificado.

40 Algunos de la multitud que lo habían oído, opinaban: «Este es verdaderamente el Profeta».

41 Otros decían: «Este es el Mesías». Pero otros preguntaban: «¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea?

42 ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David y de Belén, el pueblo de donde era David?».

43 Y por causa de él, se produjo una división entre la gente.

44 Algunos querían detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él.

45 Los guardias fueron a ver a los sumos sacerdotes y a los fariseos, y estos les preguntaron: «¿Por qué no lo trajeron?».

46 Ellos respondieron: «Nadie habló jamás como este hombre».

47 Los fariseos respondieron: «¿También ustedes se dejaron engañar?

48 ¿Acaso alguno de los jefes o de los fariseos ha creído en él?

49 En cambio, esa gente que no conoce la Ley está maldita».

50 Nicodemo, uno de ellos, que había ido a ver a Jesús, les dijo:

51 «¿Acaso nuestra Ley permite juzgar a un hombre sin escucharlo antes para saber lo que hizo?».

52 Le respondieron: «¿Tú también eres galileo? Examina las Escrituras y verás que de Galilea no surge ningún profeta».

53 Y cada uno regresó a su casa.

San Juan (Jn) 6

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Capítulo 6

1 Después de esto, Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades.

2 Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía curando a los enfermos.

3 Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.

4 Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos.

5 Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: «¿Dónde compraremos pan para darles de comer?».

6 El decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer.

7 Felipe le respondió: «Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan».

8 Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo:

9 «Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?».

10 Jesús le respondió: «Háganlos sentar». Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran uno cinco mil hombres.

11 Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron.

12 Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada».

13 Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada.

14 Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: «Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo».

15 Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña.

16 Al atardecer, sus discípulos bajaron a la orilla del mar

17 y se embarcaron, para dirigirse a Cafarnaúm, que está en la otra orilla. Ya era de noche y Jesús aún no se había reunido con ellos.

18 El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento.

19 Cuando habían remado unos cinco kilómetros, vieron a Jesús acercarse a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo.

20 El les dijo: «Soy yo, no teman».

21 Ellos quisieron subirlo a la barca, pero esta tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban

22 Al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla vio que Jesús no había subido con sus discípulos en la única barca que había allí, sino que ellos habían partido solos.

23 Mientras tanto, unas barcas de Tiberíades atracaron cerca del lugar donde habían comido el pan, después que el Señor pronunció la acción de gracias.

24 Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús.

25 Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo llegaste?».

26 Jesús les respondió: «Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse.

27 Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello».

28 Ellos le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?».

29 Jesús les respondió: «La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado».

30 Y volvieron a preguntarle: «¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas?

31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo».

32 Jesús respondió: «Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo;

33 porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo».

34 Ellos le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan».

35 Jesús les respondió: «Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.

36 Pero ya les he dicho: ustedes me han visto y sin embargo no creen.

37 Todo lo que me da el Padre viene a mí, y al que venga a mí yo no lo rechazaré,

38 porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la del que me envió.

39 La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me dio, sino que lo resucite en el último día.

40 Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna y que yo lo resucite en el último día».

41 Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo».

42 Y decían: «¿Acaso este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madres. ¿Cómo puede decir ahora: «Yo he bajado del cielo»?

43 Jesús tomó la palabra y les dijo: «No murmuren entre ustedes.

44 Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día.

45 Está escrito en el libro de los Profetas: "Todos serán instruidos por Dios". Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí.

46 Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre.

47 Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna.

48 Yo soy el pan de Vida.

49 Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron.

50 Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera.

51 Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».

52 Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?».

53 Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.

54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

55 Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.

56 El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.

57 Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.

58 Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente».

59 Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaúm.

60 Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: «¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?».

61 Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: «¿Esto los escandaliza?

62 ¿Qué pasará entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes?

63 El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida.

64 Pero hay entre ustedes algunos que no creen». En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.

65 Y agregó: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede».

66 Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo.

67 Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?».

68 Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna.

69 Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios».

70 Jesús continuó: «¿No soy yo, acaso, el que los eligió a ustedes, los Doce? Sin embargo, uno de ustedes es un demonio».

71 Jesús hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote, que era uno de los Doce, el que lo iba a entregar.

San Juan (Jn) 5

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Capítulo 5

1 Después de esto, se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén,

2 Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que tiene cinco pórticos.

3 Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, paralíticos y lisiados, que esperaban la agitación del agua.

4 [Porque el Angel del Señor descendía cada tanto a la piscina y movía el agua. El primero que entraba en la piscina, después que el agua se agitaba, quedaba curado, cualquiera fuera su mal.]

5 Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años.

6 Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: «¿Quieres curarte?».

7 El respondió: «Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes».

8 Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y camina».

9 En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar. Era un sábado,

10 y los Judíos dijeron entonces al que acababa de ser curado: «Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla».

11 El les respondió: «El que me curó me dijo: «Toma tu camilla y camina».

12 Ellos le preguntaron: «¿Quién es ese hombre que te dijo: «Toma tu camilla y camina?».

13 Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí.

14 Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: «Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía».

15 El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado.

16 Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado.

17 el les respondió: «Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo».

18 Pero para los judíos esta era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre.

19 Entonces Jesús tomó la palabra diciendo: «Les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo sino solamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre, lo hace igualmente el Hijo.

20 Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace. Y le mostrará obras más grandes aún, para que ustedes queden maravillados.

21 Así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, del mismo modo el Hijo da vida al que él quiere.

22 Porque el Padre no juzga a nadie: él ha puesto todo juicio en manos de su Hijo,

23 para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.

24 Les aseguro que el que escucha mi palabra y cree en aquel que me ha enviado, tiene Vida eterna y no está sometido al juicio, sino que ya ha pasado de la muerte a la Vida.

25 Les aseguro que la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivirán.

26 Así como el Padre dispone de la Vida, del mismo modo ha concedido a su Hijo disponer de ella,

27 y le dio autoridad para juzgar porque él es el Hijo del hombre.

28 No se asombren: se acerca la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz

29 y saldrán de ellas: los que hayan hecho el bien, resucitarán para la Vida; los que hayan hecho el mal, resucitarán para el juicio.

30 Nada puedo hacer por mí mismo. Yo juzgo de acuerdo con lo que oigo, y mi juicio es justo, porque lo que yo busco no es hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió.

31 Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no valdría.

32 Pero hay otro que da testimonio de mí, y yo sé que ese testimonio es verdadero.

33 Ustedes mismos mandaron preguntar a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad.

34 No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para la salvación de ustedes.

35 Juan era la lámpara que arde y resplandece, y ustedes han querido gozar un instante de su luz.

36 Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: son las obras que el Padre me encargó llevar a cabo. Estas obras que yo realizo atestiguan que mi Padre me ha enviado.

37 Y el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca han escuchado su voz ni han visto su rostro,

38 y su palabra no permanece en ustedes, porque no creen al que él envió.

39 Ustedes examinan las Escrituras, porque en ellas piensan encontrar Vida eterna: ellas dan testimonio de mí,

40 y sin embargo, ustedes no quieren venir a mí para tener Vida.

41 Mi gloria no viene de los hombres.

42 Además, yo los conozco: el amor de Dios no está en ustedes.

43 He venido en nombre de mi Padre y ustedes no me reciben, pero si otro viene en su propio nombre, a ese sí lo van a recibir.

44 ¿Cómo es posible que crean, ustedes que se glorifican unos a otros y no se preocupan por la gloria que sólo viene de Dios?

45 No piensen que soy yo el que los acusaré ante el Padre; el que los acusará será Moisés, en el que ustedes han puesto su esperanza.

46 Si creyeran en Moisés, también creerían en mí, porque él ha escrito acerca de mí.

47 Pero si no creen lo que él ha escrito, ¿cómo creerán lo que yo les digo?».

San Juan (Jn) 4

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Capítulo 4

1 Cuando Jesús se enteró de que los fariseos habían oído decir que él tenía más discípulos y bautizaba más que Juan

2 –en realidad él no bautizaba, sino sus discípulos–

3 dejó la Judea y volvió a Galilea.

4 Para eso tenía que atravesar Samaría.

5 Llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José.

6 Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.

7 Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber».

8 Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.

9 La samaritana le respondió: «¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?». Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.

10 Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: «Dame de beber», tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva».

11 «Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva?

12 ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?».

13 Jesús le respondió: «El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed,

14 pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna».

15 «Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla».

16 Jesús le respondió: «Ve, llama a tu marido y vuelve aquí».

17 La mujer respondió: «No tengo marido». Jesús continuó: «Tienes razón al decir que no tienes marido,

18 porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad».

19 La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta.

20 Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar».

21 Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre.

22 Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.

23 Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre.

24 Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad».

25 La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo».

26 Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo».

27 En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: «¿Qué quieres de ella?» o «¿Por qué hablas con ella?».

28 La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente:

29 «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?».

30 Salieron entonces de al ciudad y fueron a su encuentro.

31 Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: «Come, Maestro».

32 Pero él les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen».

33 Los discípulos se preguntaban entre sí: «¿Alguien le habrá traído de comer?».

34 Jesús les respondió: «Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra.

35 Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega.

36 Ya el segador recibe su salario y recoge el grano para la Vida eterna; así el que siembra y el que cosecha comparten una misma alegría.

37 Porque en esto se cumple el proverbio: «Uno siembra y otro cosecha».

38 Y o los envié a cosechar adonde ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos».

39 Muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que hice».

40 Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días.

41 Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra.

42 Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo».

43 Transcurridos los dos días, Jesús partió hacia Galilea.

44 El mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo.

45 Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta.

46 Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaúm.

47 Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a curar a su hijo moribundo.

48 Jesús le dijo: «Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen».

49 El funcionario le respondió: «Señor, baja antes que mi hijo se muera».

50 «Vuelve a tu casa, tu hijo vive», le dijo Jesús. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino.

51 Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y la anunciaron que su hijo vivía.

52 El les preguntó a qué hora se había sentido mejor. «Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre», le respondieron.

53 El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y entonces creyó él y toda su familia.

54 Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.

San Juan (Jn) 3

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Capítulo 3

1 Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, que era uno de los notables entre los judíos.

2 Fue de noche a ver a Jesús y le dijo: «Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él».

3 Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios.»

4 Nicodemo le preguntó: «¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?».

5 Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.

6 Lo que nace de la carne es carne, lo que nace de Espíritu es espíritu.

7 No te extrañes de que te haya dicho: «Ustedes tienen que renacer de lo alto».

8 El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu».

9 «¿Cómo es posible todo esto?», le volvió a preguntar Nicodemo.

10 Jesús le respondió: «¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas?

11 Te aseguro que nosotros hablamos de lo que hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio.

12 Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo?

13 Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.

14 De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto,

15 para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.

16 Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.

17 Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

18 El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

19 En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas.

20 Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas.

21 En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios».

22 Después de esto, Jesús fue con sus discípulos a Judea. Permaneció allí con ellos y bautizaba.

23 Juan seguía bautizando en Enón, cerca de Salim, porque había mucha agua en ese lugar y la gente acudía para hacerse bautizar.

24 Juan no había sido encarcelado todavía

25 Se originó entonces una discusión entre los discípulos de Juan y un judío, acerca de la purificación.

26 Fueron a buscar a Juan y le dijeron: «Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán y del que tú has dado testimonio, también bautiza y todos acuden a él».

27 Juan respondió: «Nadie puede atribuirse nada que no haya recibido del cielo.

28 Ustedes mismos son testigos de que he dicho: "Yo no soy el Mesías, pero he sido enviado delante de él".

29 En las bodas, el que se casa es el esposo; pero el amigo del esposo, que está allí y lo escucha, se llena de alegría al oír su voz. Por eso mi gozo es ahora perfecto.

30 Es necesario que él crezca y que yo disminuya».

31 El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra. El que vino del cielo

32 da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio.

33 El que recibe su testimonio certifica que Dios es veraz.

34 El que Dios envió dice las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin medida.

35 El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos.

36 El que cree en el Hijo tiene Vida eterna. El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

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