6. A – Teología: Ante la ciencia: ¿existe Dios?

Autor: Christian | Fuente: apologia21.com 

La ciencia es limitada, pero creer en Dios supera y resuelve muchas preguntas del hombre.

E¿Es Dios un invento del hombre, producto de su ignorancia, su miedo a las fuerzas de la naturaleza y a lo desconocido? Esto y cosas semejantes dicen ateos, no creyentes (a algunos gusta esta diferenciación) y los enemigos de la religión.

Creer en Dios es de estricta lógica y no de la imaginación, o de la ignorancia científica o de debilidades y miedos humanos. Las ciencias nos dan conocimiento de la realidad física y de las leyes que gobiernan al universo, pero no explican su origen o su por qué; creer en Dios sí da esa respuesta.

Entre la ciencia y creer en Dios

¿Es Dios un invento del hombre, producto de su ignorancia, su miedo a las fuerzas de la naturaleza y a lo desconocido? Esto y cosas semejantes dicen ateos, no creyentes (a algunos gusta esta diferenciación) y los enemigos de la religión.

Preguntemos de otra manera, ¿por qué la gente de las diversas culturas humanas cree en la existencia de una o más deidades todopoderosas? ¿Por qué no se conforma con ir descubriendo las leyes de la naturaleza? Si la gente "inventa" o realmente descubre sistemáticamente un Dios, un ser todopoderoso, omnipresente, no es por miedo, sino al revés. La gente deduce la existencia de un ser semejante porque su conocimiento heredado y adquirido, no le dan ninguna otra explicación del mundo y de su ser humano espiritual.

Reconocer la existencia de Dios es producto de la razón, resultado de un proceso deductivo, es de estricta lógica y no de la imaginación, o de la ignorancia científica o de debilidades y miedos humanos. Por muchas razones también, el hombre descubre la trascendencia anímica sobre su muerte.

El hombre encuentra la respuesta a sus preguntas sobre el universo y la mente humana en la religión, después de que su conocimiento general y del llamado científico, no le dan respuesta a la existencia de ambas cosas. No la dan porque no la tienen. Las ciencias llamadas exactas, naturales, nos dan conocimiento de la realidad física y de las leyes que gobiernan al universo, pero no explican su origen o su por qué; no pueden, en cambio creer en Dios sí da esa respuesta.

La ciencia, así en general, -como usan el término quienes oponen el conocimiento científico a creer en Dios-, no es solamente limitada, sino que a través de los tiempos va cambiando sus enseñanzas, según se descubren tanto nuevas cosas como los errores en que habían caído sus creadores.

Así, la ciencia griega enseñó que había cuatro elementos: agua, tierra, aire y fuego; pero los científicos llegaron a descubrir muchos elementos de la materia, que el científico ruso Mendelejeff encuadró en su "tabla periódica de los elementos". Pero la misma ha sido enriquecida al descubrirse nuevos elementos.

La ciencia enseñó que la tierra es plana, que el sol gira alrededor de ella; hasta que nuevos científicos dedujeron que era al revés, como ahora sabemos "a ciencia cierta". Los científicos del siglo XIX afirmaban que había generación espontánea, pero Louis Pasteur, un científico creyente, demostró lo contrario. La ciencia enseñó que el átomo es indivisible -significado exacto del término. Ahora conocemos más y más elementos subatómicos.

La ciencia dice que la velocidad "terminal" es la de la luz, que nada puede moverse más rápido, pero otros lo ponen en duda; quizá en algunos años sepamos una nueva "verdad" científica al respecto. La duda es lo que ha llevado al hombre a adquirir nuevos conocimientos, cuando los de su entorno no responden a su raciocinio, y así descubre verdades antes ignoradas y/o rechazadas.

También el conocimiento mágico es superado por la racionalidad. La magia intenta explicar lo que no se entiende, pero sus intentos no son racionales, sino emocionales, y son tentativas (muy fructíferas, por cierto) de controlar voluntades ajenas, de crearse el mago, hechicero o brujo un halo de superioridad que infunde temor, respeto, veneración y dominio.

Cuando la ciencia, la magia y otros intentos de conocer la verdad del universo y de su origen, no responden a la sed de saber del hombre, de entender su entorno y sobre todo su propia persona, su ser, entonces, por racionamiento, deduce que debe haber alguien, un ser que tenga el poder de crear esa naturaleza, esas leyes que la humanidad aprende. Es entonces cuando deduce que Dios existe. Sí, creer en un Dios todopoderoso, omnipresente y creador, es producto de la deducción, no del miedo o debilidad mental. La gente temerosa prefiere no creer en nada, o saberse comprometida en responsabilidades con un Dios juzgador y exigente.

El gran centro de la creencia en Dios está en dos cosas básicamente: el origen del universo y el del espíritu humano, con toda su superioridad inmensa sobre otros seres vivientes. La ciencia enseña la realidad, pero no su origen, no puede, está fuera de sus fronteras; la teología sí, porque es su campo de conocimiento: Dios.

La ciencia no explica el espíritu humano, su inteligencia, su conciencia que distingue el bien del mal. Con la tecnología actual las ciencias: la anatomía, la fisiología, y otras, nos informan qué sucede en el cerebro humano cuando piensa, o tiene emociones, pero no nos dicen nada sobre la actividad inmaterial de la mente, sólo la del cerebro, la del sistema nervioso, es decir de las manifestaciones físicas de los procesos del sentir afectivo o del pensar, pero no sobre éstos en sí.

El ingenio humano, su creatividad, hacer poesía o música, y el arte en general, están fuera del ámbito científico; no son actos materiales, aunque para llevarlos a cabo el hombre utilice su cuerpo, son mentales. La afectividad humana no se comparte con los animales, cuyos "afectos" son instintivos; pero el hombre sobrepasa con creces sus instintos, como los de protección a la descendencia.

Las ciencias de la conducta intentan conocer las funciones de la mente humana, pero no explican el por qué de su existencia, sólo investigan su realidad, es todo. La mente humana, el espíritu del hombre, que están por encima del resto de los seres vivos, solamente tienen explicación cuando se deduce que fueron creados por "alguien", con ese poder y esa voluntad.

La ciencia es limitada, pero creer en Dios supera y resuelve muchas preguntas del hombre. Así, creer en Él no es resultado ni del miedo, ni de debilidades, sino de la razón. Ciencia y religión no se oponen, se complementan en el ser humano, y por eso las gentes de diversos tiempos y culturas encuentran en la existencia de la deidad todopoderosa la respuesta a sus preguntas; la respuesta: Dios existe.

5. A – Teología: El retorno del gnosticismo

Fuente: Conoze.com || ApologeticaCatolica.org

Los creyentes católicos debemos conocer realmente estas nuevas sensibilidades religiosas que hablan de sincretismo, niegan la revelación cristiana y propugnan el culto del yo y de numerosas falsificaciones de la verdadera fe cristiana..

Me gustaría decir que yo inventé este diálogo, de este modo, podrían pensar "¡Qué poco imaginativo! nadie afirmaría algo como eso (por el argumento de Nora Eva", pero en realidad hubo una persona que envió este comentario a una página muy importante de apologética en inglés.

El gnosticismo en sentido estricto significa una corriente de espiritualidad e incluso una religión extracristiana o, cuando menos, heterodoxa, que se está poniendo "de moda" gracias al New Age.

El retorno del gnosticismo

El crecimiento continuo del movimiento New Age es una de entre tantas manifestaciones del retorno religioso en forma de neopaganismo y de gnosis. El New Age propone una forma nueva de religiosidad que, por algunas manifestaciones propias, que ya analizaremos, coincide con el sentimiento religioso contemporáneo.

Pero, ¿qué es exactamente el New Age? ¿Una nueva moda religiosa? ¿Una evasión del mundo real o la proyección de un mundo lleno de ilusión?, ¿Es aquello que algunos llaman el retorno al IV Reich? ¿O más bien es una nueva mentalidad religiosa que surge en el mundo científico, frío y sin sentido trascendental de Occidente?

En este escrito, quiero presentar las líneas filosoficoteológicas generales de lo que es en realidad el New Age y mediante qué signos o características se manifiesta al hombre de hoy.

Los creyentes católicos debemos conocer realmente estas nuevas sensibilidades religiosas que hablan de sincretismo, niegan la revelación cristiana y propugnan el culto del yo y de numerosas falsificaciones de la verdadera fe cristiana.

I. Definición y origen

A. ¿Qué es el New Age?


El New Age es un conjunto de prácticas aparentemente heteróclitas, pero unificadas por una visión de humanización total (holista): técnicas de ´´ampliación de la conciencia´´ y medicina del alma, astrología o channelling (comunicación con la entidad del mundo invisible), control del cuerpo por medio de artes marciales, y mediante el aislamiento sensorial o las terapias inocuas; control de la naturaleza con el arte foral, la ecología o el vegetarianismo. El New Age es un nuevo modo de ver la realidad de las cosas. Según lo definen los propios fundadores del New Age, este movimiento es ´´un nuevo paradigma´´.

Por otra parte, Donald Leonard afirma que es un ´´lago esotérico y misterioso donde fluyen las corrientes de los años ´60: Ecologistas, movimientos radicales, ambientalistas y pacifistas´´. El movimiento de la Nueva Era busca la liberación de la naturaleza humana y cósmica de sus múltiples dolencias y sufrimientos, no a través de paradigmas políticos o ideológicos, si bien el New Age de hecho está unido al partido verde, sino por medio de la meditación y del conocimiento. Hace que la humanidad penetre en el nivel de conocimiento espiritual-planetario, para entrar en una ´´nueva era´´ caracterizada por la paz y la felicidad.

La conocida newager Marilyn Ferguson, afirma que el New Age es una ´´red sin líderes, que trabaja para realizar cambios radicales en los Estados Unidos´´. Pero, según Franc Rodé, se trata de un ´´supermercado de religiones donde cada uno toma lo que le gusta y deja el resto´´. Y según los sondeos sociológicos, se trata de una religiosidad destinada a convertirse en fenómeno de masas por su ambigüedad, su fuerza y su capacidad de servir al romanticismo y al sentimentalismo religioso de la sociedad actual.

B. Origen y sus inspiradores

A la pregunta de cómo nace el New Age, podemos responder que posee dos fuentes principales de nacimiento: la corriente del Acuario con Paul Le Cour y la Sociedad Teosófica con Alice Balley, que más adelante veremos.

M. F. Jacques define con el nombre de ´´precursores de la era del Acuario´´ las corrientes esoteroocultistas, nacidas en la segunda mitad del siglo XIX. Este pensamiento esotérico trata sobre la transformación de la civilización: Cada vez que el sol entra en un nuevo signo zodiacal, esto es, alrededor de cada 2.160 años.

La última transformación acaecida fue la del cristianismo en la era de Piscis. Por esto, el próximo gran cambio que se acompañará al advenimiento de la era del Acuario corresponderá a una hecatombe, a la que seguirá la venida de un ´´gran Rey´´, el retorno del Cristo-Acuario, que marcará el inicio de una nueva edad de oro. La nueva religión, entonces, será un esoterismo cristiano y gnóstico, basado en el Evangelio de San Juan, el verdadero evangelio del Acuario.

También, Alice Bailey (1880-1949), discípula de la Sociedad Teosófica, esperaba la transición hacia una nueva era, donde se reconciliarían todas las religiones en la identidad de sus orígenes, basados en lo que ella denominaba la verdad eterna. Bailey desarrolló las ideas gnósticas de Helena Blavatsky (1831-1891), como la nueva encarnación del Cristo cósmico.

´´La doctrina teosófica de la Sra. Blavatsky estriba en un esquema de tipo gnóstico-neoplatónico; unidad esencial de todo, ley cósmica (karma), manifestaciones del espíritu en la materia (avatara) y el regreso del hombre al espíritu´´. Se creará una religión mundial donde Dios será similar al Brahman hindú, anunciado por todos los avatares, como Cristo, era tras era. El espíritu de la Nueva Era está en la ley de la reencarnación y continuará la revelación por el nuevo Salvador o avatar.

II. Características

La característica principal del New Age es su preferencia por la reflexión oriental de estilo panteísta, como camino para vivir una nueva religiosidad. Propugna un sistema religioso donde Dios se disuelve en lo Divino y viene a ser una ´´energía cósmica´´. Dios se identifica con lo último de la realidad de las cosas, especialmente con la psique humana. El movimiento de la Nueva Era busca lo trascendente, y no lo sensible, para liberarse en su totalidad de lo terreno, y se une a la conciencia cósmica o conciencia colectiva. Excluye la noción de creación y refuta toda visión dualista de la realidad.

También se trata de una visión ´´científica´´ de la realidad basándose en el holismo y en la evolución. El holismo de la física moderna, que identifica la materia con las ondas de la energía, hace del universo, según Fritjof Capra, un ´´océano de energía´´ donde todo nace, participa de la misma realidad y se halla en evolución constante.

Como técnicas, el New Age adopta la música, la danza, el arte en general, las artes marciales, el yoga, el budismo zen, el misticismo, la búsqueda de la sabiduría en las civilizaciones antiguas, la magia, la droga, el contracto con la naturaleza (la diosa Gaia) y otros métodos y técnicas. Utiliza la psicología de Jung (conciencia colectiva) y la psicología humanística de Maslow, que se basa en la experiencia de la unidad con el cosmos.

El New Age busca una transformación cultural de la sociedad, que incluye la sustitución de todas las religiones en nombre de una Nueva Era (tal y como es la traducción propia en lengua inglesa: new age). Este movimiento también niega las verdades más fundamentales de la fe cristiana, si bien tiene como texto básico de estudio la Biblia, especialmente el Evangelio según San Juan.

III. La fe del New Age

El New Age expresa una concepción innovativa del mundo (del cosmos, en su concepción más extensa) con los siguientes adjetivos:

· holística (la realidad de las cosas se encuentra en el Todo),

· ecológica (la diosa Gaia es la madre Tierra, que debe ser adorada),

· andrógina (el mundo es una unión de lo masculino y lo femenino),

· mística (lo divino pertenece a un Todo),

· mundial (conciencia colectiva).

En el movimiento de la Nueva Era, se transita de la fe sencilla a lo gnóstico o creencias ocultas, de la religión a la espiritualidad, de la oración-súplica a la oración-mantra, de la obediencia a la experiencia... La fe está fundamentada en una espiritualidad esotérico-mística, donde se busca la unidad con una visión totalizante de la realidad de las cosas. También, se promueven un complejo de técnicas para explorar las fuentes del Ser y del Uno donde se refuerza el narcisismo del ego.

En la fe del New Age hay un sentido de profundo vacío existencial y de un deseo divino no colmado, donde se buscan las razones para vivir. Lo espiritual se identifica con lo emocional, aparece el culto de uno mismo, y existe un misticismo pagano, en donde se adora una divinidad sin nombre.

Según el New Age, el mundo va ´´hacia una mayor unidad´´ (en palabras de Teilhard de Chardin). La cosmogénesis, o la organización de la materia en aglomeraciones siempre diversificadas, con el paso del tiempo produce la biogénesis, o la vida en la tierra.

La vida crea la biosfera, que se desarrolla en formas más complejas hasta llegar a la creación del cerebro. Aquí nos encontramos con la antropogénesis, la ascensión hacia el hombre. El hombre es el resultado final por encima de todos los seres del universo. Por ello, el hombre es persona en cuanto es conciencia pensante a sí misma. Después se origina un desarrollo de nivel cósmico: la conciencia no es solamente vida, sino reflexión. Entonces, la unidad logra el dominio absoluto sobre la propia evolución, y puede decidir sobre sí misma. Posteriormente, el hombre evoluciona hacia la noegénesis, o la génesis del espíritu, creando una nueva era de luz y de amor.

El objetivo planetario del New Age es la creación de un verdadero y propio sistema nervioso de la nueva humanidad: la comunidad científica mundial (educación mundial). Ésta es la transformación de la era del Acuario que nos llevará a la Omega, que es la realidad total y totalizante, el primer motor de la actividad humana que posee dimensiones universales. También es incorruptible, trascendente, unificadora, es el Amor divino.

Gnosis y razón se encuentran relacionadas entre sí, y esto se debe a una duda fundamental contemplando la capacidad de la razón y de la conciencia moderna de responder a los más profundos interrogantes del hombre. El objetivo de los neognósticos del New Age es reconducir el desgarrón que el saber puramente racionalista (positivismo y materialismo ateo) ha producido en un mundo todavía desilusionado y sin esperanza.

El semanario NEWSWEEK publicaba no hace mucho tiempo un análisis sobre las inclinaciones espirituales y religiosas en Estados Unidos, indicando que la ley de la oferta y de la demanda y los trucos comerciales se están aplicando ya a las diferentes comunidades religiosas cristianas.

De este modo la ley del mercado hace que la eficacia de un pastor protestante o de un sacerdote católico no se mida por su ejemplo fiel a las Sagradas Escrituras o a la predicación propia, sino a la cantidad de gente que acude a la iglesia y a la cantidad de dólares recaudados en las ceremonias religiosas. Así, para que la religión convenza deberá observar las ´´prescripciones de calidad´´ propias de un mercado competitivo, porque aparentemente esto es de lo que se trata, de ganar clientela. NEWSWEEK anota tres:

1. Se presenta como un menú de restaurante. Las diversas confesiones e iglesias ofrecen doctrinas entre las que cada persona escoge, según sus gustos. No se trata de pertenecer a una fe determinada, sino de írsela haciendo a la medida, escogiendo un poco de esta religión y un poco de la otra.

2. Religiosidad entendida como feeling, sentimiento. No existe ningún interés por la formación religiosa ni por la profundización en la fe o en los fundamentos propios de la religión. Las creencias que se admiten son epidérmicas y no exigen una adhesión comprometedora a ninguna religión en concreto.

3. Religión fácil. Es una religiosidad basada en una intensa vida social, en vistas a satisfacer el sentimiento religioso propio de todos los hombres.

Por otra parte, el Credo del New Age es ambiguo y busca la satisfacción de todos los gustos y medias espirituales a elegir. Evidentemente, posee ´´dogmas´´ o directrices adoctrinales, aunque no se sostienen como tales, y son éstos los que fundamentan su Credo:

1. Rechazo radical de la filosofía y la religión de la ´´Old Age´´, Era Antigua. Esto significa una oposición frontal frente a la civilización judeocristiana. Promueve las religiones paganas (ritos celtas, mitología germánica...).

2. Se enfrenta al dualismo creado por Occidente denominado ´´Dios y hombre´´, considerando que la humanidad es una, la naturaleza y la humanidad son una sola realidad, el Universo y Dios son uno.

3. Propone el libre examen de la percepción de la realidad, donde cada uno interpreta como quiere las religiones y la realidad existencial que las rodea, frente al dogmatismo religioso de las religiones tradicionales.

4. Predica la Era del Acuario, que teóricamente nos traerá una era de armonía y paz cósmica a lo largo del Tercer Milenio. Nacerá así una nueva religión, bajo la llegada de un Cristo Aquarius liberador.

Frente a este Credo, nos encontramos con otra realidad, y es el hecho palpable de la expansión vertiginosa del New Age por todo el globo terrestre: múltiples seminarios, un sin fin de cursos, revistas y librerías. Concretamente se han creado unos 50.000 centros y librerías New Age que, con imágenes y rótulos diversos, se reproducen por doquier, comercializando todo tipo de objetos, plantas, curiosidades diversas. Existen actualmente más de 100.000 libros publicados sobre cualquier tema que desarrolle el pensamiento newager, como si se tratara de un apostolado escrito. Además de poseer numerosos supermercados y farmacias especializados en alimentos newagers (alimentos ecológicos, vegetarianos, de relajación...) y medicina alternativa.

Conclusión

He realizado una explicación breve de la Era de Acuario, del New Age. Debido al factor tiempo no ha sido una explicación completa ni exhaustiva. Esto podría hacerse en un Seminario sobre esta temática. Sí que hay abundante bibliografía. Precisamente en una colección que dirige Mons. González se publicará un trabajo mío sobre el New Age y su relación actual con el cristianismo.

A lo largo de esta conferencia hemos caminado por el sendero de la Nueva Era. Conocemos las ideas básicas de la espiritualidad del New Age, cuáles son sus características fundamentales y cómo se manifiesta al hombre y mujer del siglo XXI. Pero me surge una pregunta que me inquieta: ¿cómo podemos vivir nuestra religión católica ante el influjo irremediable de este nuevo movimiento sincrético, esotérico y ocultista?

Por una parte, conviene reconocer que la Era del Acuario nos propone una visión ambigua del mundo en lo espiritual y en lo religioso. Intrínsecamente, es una respuesta a las preguntas y a la sed de trascendencia del hombre actual. Pero el agua que presenta el New Age es un agua no potable, contaminada de lo pagano, lo gnóstico y lo sincrético.

Por otra parte, Juan Pablo II insiste en una nueva evangelización que supere al New Age, y también a todos los nuevos movimientos religiosos denominados ´´sectas´´.

Urge defender la fe frente a estas nuevas concepciones descristianizadoras. Considero que tal defensa consiste en efectuar un refuerzo de la identidad cristiana, ligar de nuevo la relación auténtica entre fe y obras (praxis), fe y vida cristiana, y una conciencia vital de aquello a lo que oramos y en lo que cristianamente creemos. Potenciar nuestras creencias cristianas básicamente desde la reflexión del Credo de nuestra fe católica, completada a través de una catequesis profunda y desde la vivencia de la fe personal, que logre adentrar a todo creyente en la auténtica senda del itinerarium Dei. La catequesis está destinada a llevar a cabo esta función evangelizadora, frente al mundo actual, necesitado de dar respuesta a cuestiones inquietantes de la existencia humana.

En este sentido, Francesc Torralba afirma: ´´Hay un redescubrimiento de la dimensión invisible del ser humano, de la interioritas agustiniana. (...) Después del eclipse de Dios que ha caracterizado el siglo XX, el hombre contemporáneo parece abrirse, desde múltiples perspectivas, al Reino del Espíritu, a la esfera de lo sagrado, pero le faltan pedagogos, maestros espirituales´´.

Y podemos añadir: Tales pedagogos o maestros espirituales los encontramos en Edith Stein, John Henry Newman, Teresa de Lisieux, von Balthasar, Henry de Lubac, Teresa de Calcuta... y tantos otros. Estos pensadores y testimonios cristianos del siglo XX nos ofrecen su peculiar espiritualidad, madurada tras la experiencia personal con el Dios-Amor, y tras los duros golpes de la vida. Nos presentan una catequesis desde la vivencia coherente de la fe, llevada incluso hasta el extremo de dar la vida heroicamente, como Edith Stein al morir en la cámara de gas de Auschwitz en 1942. Urge una nueva proclamación entusiasta y con convicción clara del Evangelio, sin miedos, escuchando constantemente en nuestro interior el mensaje esperanzador del Papa Wojtyla: ´´Abrir las puertas de vuestros corazones a Cristo´´.

4. A – Teología: ¿Qué es la idolatría?

Autor: Cristian Kesternich | Fuente: facebook.com/comics.catolicos.va

Ateos, Nueva Era, Agnósticos y otros que siguen tan sólo lo que ellos mismos quieren ver. Cómics con contenido doctrinal y apologético Católico.

"Idolatría" es una palabra que le gusta mucho a los protestantes.

¿Qué es la idolatría? Es poner algo que no es Dios, en el lugar de Dios.

Cada vez que ponemos nuestra fe en algo que no es Dios (estamos siendo idólatras, con supersticiones, rituales, etc).

Así mismo cada vez que ponemos como centro de nuestra atención algo que no es Dios, estamos siendo idólatras (Centrando nuestra vida en el trabajo, el deporte, etc.).

3. A – Teología: ¿Es malo creer en los horóscopos?

Autor: Alejandro García del Olmo | Fuente: Catholic.net

Comienza hoy a hacer las cosas que harías si supieras tu futuro. Nuestros actos no están dirigidos por las estrellas....

El horóscopo no sólo es una pseudociencia sin mucho sentido, sino que también es pecado =O

Aunque los fanáticos de la nueva era opinen diferente, los astros no rigen nuestra vida, sino Dios.

Querer saber el futuro es querer ser iguales a Dios -la tentación de la serpiente en el paraíso-. Debemos confiar a la Providencia divina nuestra vida, confiar en Dios como Padre que es.

¿Es malo creer en los horóscopos?

Es muy normal que tengamos curiosidad por saber qué pasará en el futuro, pero dime ¿qué harías si supieras qué va a ser de ti mañana? 

Quizá si supieras que vas a ser un gran empresario, empezarías a ver de qué manera manejar mejor tu dinero; o si supieras que te enfermarás, comenzarías con poner todos los medios para prever dicha enfermedad y, si en el peor de los casos, te dicen que morirás, seguramente comenzarías de inmediato a dejar listos esos pendientes que tienes, y sobre todo te acercarías a la confesión para estar en gracia. 

¡Cuántas cosas haríamos, ¿verdad?! Nosotros, cristianos, no consultamos horóscopos o personas que supuestamente dicen el futuro, porque ello contradice el honor y el respeto que debemos a Dios. 

Querer saber el futuro es querer ser iguales a Dios, pretensión tan soberbia como absurda. Debemos confiar a la Providencia divina nuestra vida, confiar en Dios como Padre que es.

Así que olvídate de andar por ahí con consultas a los astros, horóscopos y adivinos. 

Lo que te recomiendo es que comiences hoy por hacer todas esas cosas que harías si supieras tu futuro. No te preocupes del mañana, mejor ocúpate del presente.

La ciencia que responde a los interrogantes que nos provocan las estrellas es la astronomía. Esta disciplina nació entre los caldeos hace unos treinta o cuarenta siglos y sigue progresando hoy gracias a los programas espaciales de Estados Unidos y Rusia. 

Junto a este saber, como hongo nacido en medio de un hermoso jardín, apareció la astrología, ficción que pretende determinar una supuesta influencia sobre nuestras vidas por parte de los cuerpos celestes.

La palabra "horóscopo" se utilizaba en los siglos pasados para designar a los sacerdotes encargados de observar el curso de las estrellas. Luego pasó a significar la influencia que los astros habrían de tener sobre nuestras vidas. Esta creencia tan absurda, sigue influyendo en algunas personas de nuestro nuevo siglo XXI.

El zodiaco es una franja imaginaria del firmamento donde aparecen doce constelaciones que se pueden observar a simple vista. Las doce constelaciones del zodiaco son Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpión, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis.

Estos doce nombres provienen de palabras latinas que indican diversas divinidades mitológicas veneradas entre los antiguos caldeos. Los horóscopos dicen que nuestra vida depende de la constelación zodiacal que hace sentir su influencia en el mes de nuestro nacimiento. Si nací en enero soy Acuario; si nací en agosto, soy Leo... etc. 

La creencia en los horóscopos es peligrosa. Casi es como creer en otra religión. Porque intentan hacernos creer que no somos libres sino que estamos determinados en todo por nuestro signo zodiacal. No sería yo quien realiza su propia vida, sino que todo mi obrar estaría dirigido por una extraña fuerza proveniente de las estrellas.

Pero nada de lo que dicen los horóscopos está científicamente fundado. Lo que afirman sobre Sagitario hoy, lo dirán mañana de Piscis y viceversa. Es un triste problema que los horóscopos sigan haciéndose y, peor aún, que haya quienes se creen todo lo que leen.

No es lícito ni conveniente, pues puede robar nuestra confianza en Dios.

Por otra parte, el que verdaderamente confía , cree y ama a Dios no busca símbolos o signos del cielo ni de la tierra, como bien lo explica Nuestro Señor: ¿Sabéis interpretar el aspecto del cielo y de la tierra y no sabéis distinguir los signos de los tiempos...? (Mt. 16, 1-4).

A veces nos puede ganar la curiosidad de saber lo que dirán de nuestro futuro; pero lo único que conseguimos es poner nuestro mayor tesoro, la vida, en manos de suposiciones tan genéricas y ambiguas que le podrían pasar a cualquiera.

Dios te cuida y te ama personalmente, ¿por qué quieres encerrarte en 12 símbolos?, que si los dividimos entre la población mundial, 6 mil millones de habitantes, a 500 millones de personas les pasaría lo mismo, lo cual no sólo es aburrido sino incluso contrario a nuestra experiencia ¿no crees?

Los cristianos debemos más bien dedicar nuestro tiempo a pedir a Dios que nos aumente la fe y que nos ayude a evitar todo lo que nos aparte de Él.

2. A – Teología: ¿Existe realmente el infierno?

Autor:  Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Catholic.net 

El infierno es un estado que corresponde, en el más allá, a los que mueren en pecado mortal y enemistad con Dios...

Probablemente muchos hemos llegado a este razonamiento, conversando con ateos, bueno, esto ya lo había popularizado Pascal.

Aún así, es un razonamiento que vale la pena comentarlo en un Cómic.

¿Crees que si no existiera el infierno, Jesús hubiera empleado su tiempo, que Él sabía muy valioso, hablando de una mentira, algo ficticio, sólo para asustar a los hombres?

¿Qué es el infierno?

El infierno es un estado que corresponde, en el más allá, a los que mueren en pecado mortal y enemistad con Dios, habiendo perdido la gracia santificante por un acto personal, es decir, inteligente, libre y voluntario.


¿En verdad existe el infierno?

Jesucristo habla del infierno muchísimas veces en el Evangelio y expresa claramente su carácter de castigo doloroso y eterno.

¿Crees que si no existiera el infierno, Jesús hubiera empleado su tiempo, que Él sabía muy valioso, hablando de una mentira, algo ficticio, sólo para asustar a los hombres?

Jesucristo sabía lo que es el infierno y por eso vino al mundo: a librarnos de ese castigo, a enseñarnos el camino para llegar al Cielo.

Por otra parte, si el infierno no existiera, ¿qué sentido tendría la salvación? ¿A qué hubiera venido Jesús al mundo? ¿A salvarnos de qué?

No podemos escapar de creer que el infierno es algo real. Debemos tomar en serio la posibilidad de ser desgraciados para siempre. La existencia del infierno y de que es eterno, fue definido dogma de fe en el IV Concilio de Letrán.


¿Cómo es posible que exista el infierno si Dios es infinitamente misericordioso?

"Dios quiere que todos los hombres se salven" nos lo dice San Pablo en la primera carta a Timoteo. Esto nos puede llevar a pensar que si Dios quiere que todos nos salvemos entonces no debería existir el infierno. Pero el apóstol nos dice que Dios "quiere", no que Dios "afirma" que todos los hombres se salvarán. Es como si yo dijera: "quiero aprobar mi examen final", ese "quiero" no significa que aprobaré. De mí depende el que pase o no. 

Muchas veces se oye entre estudiantes: "El profesor me reprobó". Pero no es verdad, el profesor no le reprobó, él se reprobó a sí mismo al no estudiar lo suficiente para pasar el examen. Y así sucede con Dios. Él no nos condena. Respeta nuestra libertad. De nosotros depende si queremos prepararnos para el examen final o seguir tan campantes esperando aprobarlo sin tocar un libro. Dios cuando nos crea, nos crea para que nos salvemos, puso dentro de nosotros unas leyes que debemos respetar y nos mandó a su Hijo para enseñarnos cómo respetarlas, pero no puede hacer nada si nosotros no queremos colaborar. 

Si a un automóvil no le cambiamos el aceite, si en vez de ponerle gasolina le ponemos alcohol o agua, si no le revisamos el motor... seguramente se descompondrá. Lo mismo sucede con el hombre, si no respeta las leyes inscritas en su naturaleza, no podrá cumplir con su fin último que es la salvación eterna. Ojalá que todos nos preparemos para pasar el examen final, el más importante que haremos en toda nuestra vida, ante el tribunal de Dios, pues si lo pasamos podemos decir que nuestra vida ha tenido un sentido.


¿En qué consistirán las penas del infierno?

Así como en el Cielo disfrutaremos plenamente como hombres formados de cuerpo y alma, en el infierno también habrá dos elementos de sufrimiento:

  • El sufrimiento del alma por no poder ver a Dios, llamado pena de daño. Este sufrimiento se deriva de que los que fueron condenados ya vieron a Dios, con toda su belleza y grandiosidad, en el día del juicio y… ya no lo podrán ver jamás. Es el sufrimiento ocasionado por sentirse irresistiblemente atraídos hacia Dios sabiéndose eternamente rechazados por Él.

  • El sufrimiento del cuerpo o pena de sentido. Aquí se trata de un elemento material que causa un daño físico, un dolor intensísimo en el cuerpo. Para significar este gran sufrimiento, Cristo habla en el Evangelio de "fuego", y aunque no necesariamente es un fuego como el que conocemos en la Tierra, ésta es la imagen que comúnmente tenemos de las penas del infierno.


    ¿Puede un condenado arrepentirse?

    ¡Ojalá pudiera, pero ya no tiene esta posibilidad! El hombre que ha rechazado en su vida la amistad con Dios, ya no es admitido a ella.

    En el momento de la muerte, el alma separada, por ser espíritu puro, queda fija para siempre en la posición a favor o en contra de Dios que tenía en el último momento de vida. Dios rechaza eternamente al condenado, pero no porque lo odie, pues su amor es siempre fiel, sino porque el condenado está eternamente cerrado a recibir el perdón. ¿Cómo poder perdonar a alguien que no quiere ser perdonado?

    Esta conciencia de no admisión y el saber que ya no tiene remedio, que ya no hay posibilidad de conversión, hace que surja en el condenado el odio y el endurecimiento. Sufren por no estar con Dios, pero ese sufrimiento se transforma en envidia y en odio. Se convierten en enemigos de Dios.

    Santa María Magdalena de Pazzi oyó una vez la voz de Dios que le dijo: 
    Entre los condenados reina el odio, pues cada uno ve ahí a aquél que fue la causa de su condenación y lo odia por haberlo llevado ahí. De esta manera, los recién llegados aumentan la rabia que ya existía antes de su llegada.


    ¿Podemos imaginar el infierno?

    Si hacemos la operación inversa a pensar en el Cielo podemos darnos una idea aproximada acerca de cómo podrá ser el infierno, aunque será una analogía, pues el cuerpo resucitado no será un cuerpo como el que ahora tenemos, sino diferente, que ya no estará sujeto al espacio y al tiempo.

    Para hacerte una idea de lo que es el infierno, imagina el lugar más horrible que puedas, quítale lo poco bello que le quede y llénalo de las cosas más repugnantes y aterradoras. Imagínate haciendo lo que más aborreces, sufriendo unos dolores indecibles en todo el cuerpo: contemplando imágenes espantosas; escuchando sonidos estridentes y desafinados; experimentando los sabores más amargos; sufriendo con los olores más desagradables y sintiendo en tu corazón los peores sentimientos: envidia, celos, remordimiento, rencor, odio. Después, rodéate de las personas más abominables que te puedas imaginar: orgullosas, envidiosas, egoístas, criticonas, sarcásticas, sádicas y degeneradas. Y lo peor de todo… te sientes irresistiblemente atraído hacia Dios y sabes que nunca podrás llegar a estar con Él. Piensa que en ese lugar estás aprisionado para siempre, sin posibilidad alguna de escapar. Esta puede ser una imagen semejante al infierno, pero debes tener la seguridad de que cualquier cosa que te imagines será mínima frente a la realidad, pues nuestra condición humana nos hace incapaces de imaginar un sufrimiento sin límites.


    ¿Hay alguien que realmente esté en el infierno?

    Eso no lo podemos afirmar. Sabemos que existe el infierno con tanta certeza como sabemos que existe el Cielo. La Iglesia nos asegura que hay gente en el Cielo y que son aquellas personas que han sido canonizadas, pero nunca se ha hecho una "canonización al revés", que nos asegure que cierta persona está en el infierno.

    Sin embargo, hay muchos santos a quienes Dios les ha concedido una visión del infierno y que nos han dicho: Ví almas que caían al infierno como hojas que caen en el otoño.


    ¿Puedo salvarme si me arrepiento en el último momento?

    Es demasiado arriesgado pensar que puedes vivir como quieras y arrepentirte en el momento de la muerte, pues ese momento será muy difícil para ti. 

    Como dice la Madre Teresa: En el momento de la agonía, el hombre sufre tanto, que es muy fácil que se sienta invadido por la desesperación y la angustia, y estos sentimientos lo vuelvan incapaz de arrepentirse y recibir el perdón de Dios.

    Será muy difícil que en el último momento tengas la fuerza y la valentía para arrepentirte, si viviste toda tu vida lejos de Dios. Sin embargo, si te empeñas en arriesgarte, es verdad que Dios te da la posibilidad de arrepentirte hasta el último instante de vida y puedes salvarte con ese único acto de arrepentimiento.


    Algunas citas evangélicas sobre el infierno:

    Mt 5,22: ...y quien dijere a su hermano "insensato", será reo de la gehena del fuego. 
    Mt 10,28: No temáis a los que matan el cuerpo… temed más bien a los que pueden arruinar el cuerpo y el alma en el fuego eterno.
    Mc 9,43-48: ...más te vale entrar manco al Cielo, que entrar con las dos manos a la gehena, al fuego inextinguible. 
    Mt 13,50: ...y los echarán al horno de fuego; allí llorarán y les rechinarán los dientes.
    Mt 25,41: Apartaos de mi malditos al fuego eterno. 
    Mt 22,13: ...atadlo y echadlo fuera a las tinieblas, donde habrá llanto y crujir de dientes.
    Mt 25,30: ...y el siervo inútil será arrojado a las tinieblas. 
    Lc16,28: ...para que no vengan también ellos a este lugar de tormento…
    Mt 25,46: ...e irán estos al tormento eterno.

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