por Makf | 26 Abr, 2026 | Apologética 26
Autor: DAFNE | Fuente: blogdeazulmarina.blogspot.com
Los ángeles existen, eso es dogma de fe, pero debemos tener cuidado con la Nueva Era y sus falsos ángeles..
La falsa angelogía de la Nueva Era
Los Ángeles y la Nueva Era
Los Ángeles...es uno de ésos temas urgentes, ya que el material que anda circulando en librerías, audiolibros, cursos, talleres, cita con tu ángel, consulta con tu ángel, la visita del ángel a tu casa, etc, hay un enorme desorden en éste tema en el sentido de que lo que anda por ahí esparciéndose, dista años luz de ser lo que es la sana doctrina, de lo que enseña nuestra Iglesia Católica sobre los Ángeles, los verdaderos Ángeles de Dios.
Hoy desafortunadamente se habla de contacto con los ángeles por medio de canalizadores (espiritistas) y meditaciones, la nueva era enseña a los ángeles de una forma mágica y supersticiosa, mezclan nombres raros, rituales, velas, cuarzos, cadenas, incluso mezclan el rezo del Santo Rosario y como éste muchos casos más. En algunos libros y audiolibros mencionan hasta la Sagrada Escritura y luego revuelven espantosamente la verdad con la mentira.
Lo que enseña la Iglesia Católica: (Catecismo de la Iglesia Católica):
La existencia de los ángeles, una verdad de Fé.
328 La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición.
Quiénes son los ángeles
329 San Agustín dice respecto a ellos: "Angelus officii nomen est, non naturae. Quaeris nomen huius naturae, spiritus est; quaeris officium, angelus est: ex eo quod est, spiritus est, ex eo quod agit, angelus" ("El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel"). Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan "constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos" (Mt 18, 10), son "agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra" (Sal 103, 20).
330 En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales e inmortales. Superan en perfección a todas las criaturas visibles. El resplandor de su gloria da testimonio de ello. Cristo "con todos sus ángeles"
331 Cristo es el centro del mundo de los ángeles. Los ángeles le pertenecen: "Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles... (Mt 25, 31). Le pertenecen porque fueron creados por y para El: "Porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él" (Col 1, 16).
Le pertenecen más aún porque los ha hecho mensajeros de su designio de salvación: "¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación?" (Hb 1, 14).
332 Desde la creación y a lo largo de toda la historia de la salvación, los encontramos, anunciando de lejos o de cerca, esa salvación y sirviendo al designio divino de su realización: cierran el paraíso terrenal protegen a Lot, salvan a Agar y a su hijo, detienen la mano de Abraham, la ley es comunicada por su ministerio (cf Hch 7, 53), conducen el pueblo de Dios, anuncian nacimientos y vocaciones, asisten a los profetas, por no citar más que algunos ejemplos. Finalmente, el ángel Gabriel anuncia el nacimiento del Precursor y el de Jesús.
333 De la Encarnación a la Ascensión, la vida del Verbo encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los ángeles. Cuando Dios introduce "a su Primogénito en el mundo, dice: `adórenle todos los ángeles de Dios´" (Hb 1, 6). Su cántico de alabanza en el nacimiento de Cristo no ha cesado de resonar en la alabanza de la Iglesia: "Gloria a Dios... (Lc 2, 14). Protegen la infancia de Jesús, sirven a Jesús en el desierto, lo reconfortan en la agonía, cuando El habría podido ser salvado por ellos de la mano de sus enemigos como en otro tiempo Israel. Son también los ángeles quienes "evangelizan" (Lc 2, 10) anunciando la Buena Nueva de la Encarnación, y de la Resurrección de Cristo. Con ocasión de la segunda venida de Cristo, anunciada por los ángeles, éstos estarán presentes al servicio del juicio del Señor.
Los ángeles en la vida de la Iglesia
334 De aquí que toda la vida de la Iglesia se beneficie de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles.
335 En su liturgia, la Iglesia se une a los ángeles para adorar al Dios tres veces santo; invoca su asistencia (así en el "Supplices te rogamus..." ["Te pedimos humildemente..."] del Canon romano o el "In Paradisum deducant te angeli..." ["Al Paraíso te lleven los ángeles..."] de la liturgia de difuntos, o también en el "Himno querúbico" de la liturgia bizantina) y celebra más particularmente la memoria de ciertos ángeles (san Miguel, san Gabriel, san Rafael, los ángeles custodios).
336 Desde la infancia a la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia y de su intercesión. "Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida". Desde esta tierra, la vida cristiana participa, por la fe, en la sociedad bienaventurada de los ángeles y de los hombres, unidos en Dios.
Nuestra doctrina nos enseña que debemos comunicarnos con nuestro Angel de la guarda por medio de la Oración, pero No cumple deseos como lo promueve la Nueva Era. Nuestro Ángel de la guarda seguramente tiene un nombre pero no lo sabemos y no se nos ha revelado, le debemos decir así: “Ángel de la Guarda” como dice la oración.
Los seres humanos contamos con nuestro Ángel de la guarda desde que nacemos hasta que abandonemos el planeta, la fiesta de los ángeles custodios es el 2 de Octubre, después de Dios y la Virgen María son lo que mas nos cuidan, inspiran nuestras oraciones y animan nuestro fervor. Nos auxilian en nuestras necesidades más sencillas, nos protegen del peligro, nos sugieren motivos para huir de la tentación, nos anima a hacer el bien y evitar el mal, presenta nuestras oraciones a Dios y reza por nosotros.
San Bernardo enseñaba que podemos platicar con nuestro ángel de la guarda: "No calles, no guardes silencio en su presencia, háblale para que también él te hable..." (extraído del libro: Los Angeles del P.Julio Baduí Dergal, imu ediciones) Pero no nos habla de meditaciones y rituales, ni de conocer el nombre ni hacer contactos espiritistas.
Los Ángeles según la Nueva Era
El problema con el movimiento de la Nueva Era es que están desinformando mucho, son innumerables las publicaciones que hablan de personas con experiencias con ángeles y contactos angélicos, cartas de los ángeles a manera de baraja (adivinación), meditaciones con ángeles, canalización (channeling ó espiritismo), prendedores con angelitos con la piedrita del signo zodiacal, colgantes de ángeles para el feng shui, oraciones de los santos angeles incluyendo nombres bastante raros, Técnicas y prácticas con canalización de energía, eneagrama, astrología, ejercicios derivados del Yoga, utilización de mantras y mandalas, visualización creativa, metafísica de la nueva era, cábala, etc. ésta angelología se promueve también en películas y series de tv enfocados a la manera de la Nueva Era, material que confunde y desinforma a personas incluso cristianas que ignoran los detalles verdaderos de los Ángeles de Dios.
La Nueva Era presenta una Angelología no Bíblica, ofrecen contactos, talleres, cursos, formas para conocer el nombre, conferencias e infinidad de libros titulados "angeles del amor, angeles de protección", "angeles de la prosperidad", "mensaje de la Virgen María para la nueva era”, ésto confunde mucho a los creyentes que mencionan a la Virgen María y revuelven nombres de ángeles sacados desde los evangelios apócrifos hasta sacados de debajo de la manga, presentan también una devoción desordenada, es decir no veneran en un principio a la Reina de los Angeles: La Virgen María y a Nuestro Señor Jesucristo lo tienen por un "maestro" más. Los evangelios apócrifos no son aptos para enseñar doctrina cristiana.
¿De donde proviene el culto desordenado a los Ángeles?
Todo ésto se origina en el gnosticismo primitivo (Siglo I y II d.C), San Pablo preso en Roma, les escribió a los cristianos de Colosas denunciando sobre la confusión de doctrina entre ellos: la gnosis y su culto desordenado a los ángeles:
"Que nadie con afectada humildad o con el culto de los ángeles os prive del premio, haciendo alarde de visiones, hinchándose sin fundamento de su inteligencia carnal" Colosenses 2,18
"Al partir de Macedonia te rogué te quedaras en Efeso; debías advertir a algunos que no cambiaran la doctrina, ni se metieran en leyendas y recuentos interminables de ángeles. Ésas cosas alimentan discusiones" 1Timoteo 1,3
Los nombres de los Verdaderos Ángeles de Dios
Los Nombres de los Angeles que menciona la BIBLIA únicamente son:
El Arcángel Gabriel, El Arcángel Rafael y a San Miguel Arcángel. Todos los demás ángeles si tienen nombre pero no se nos han sido revelados y existen millones de Angeles (Dn, 7,10) (Ap 5,11), y existen también Jerarquías.
La Nueva Era enseña nombres de ángeles como Uriel, Barachiel, etc y otros como Jeliel, Caliel, etc son sacados de la cábala judía, pero éstos nombres no son doctrina católica ni enseñanzas de la Iglesia Católica, son revolturas.
Peligros para la Fé
Nuestro Señor Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, no es un maestro más como Buda, Saint Germain y demás. Leer libros de angelología de la nueva era, asistir a talleres y cursos lo que sucede es que confunden mucho a los creyentes y les enseñan una doctrina errónea sobre los Ángeles, los contactos y canalizaciones son peligrosas porque puede haber infestación y obsesión diabólica, pues no se trata de los verdaderos Ángeles de Dios.
Lo mejor es ser obediente y seguir lo que nos enseña la Iglesia Católica que como una madre nos guía y nos enseña la verdadera y sana doctrina.
El espiritismo, las canalizaciones, los contactos con ángeles y channeling son contrarios al Primer Mandamiento.
por Makf | 26 Abr, 2026 | Apologética 26
Autor: Cristian Kesternich | Fuente: facebook.com/comics.catolicos.va
En la parábola del rico Epulón (Lc 16,19-31), Jesús contó cómo al morir un pobre mendigo los ángeles lo llevaron inmediatamente al cielo.
Por aquellos días murió también un hombre rico e insensible, y fue llevado al infierno para ser atormentado por el fuego de las llamas.
No dijo Jesús que a este hombre rico le correspondiera reencarnarse para purgar sus numerosos pecados en la tierra.
Al contrario, la parábola explica que por haber utilizado injustamente los muchos bienes que había recibido en la tierra, debía pagar sus culpas (v25).
por Makf | 26 Abr, 2026 | Apologética 26
Autor: Alex Rosal | Fuente: www.arbil.org
Todos buscamos la seguridad. La prueba de ello es el pujante negocio de las aseguradoras. No queremos que nada se nos escape. Seguro contra incendios, por la rotura de una pierna, por los cuadros de casa. Planificación total y no sólo en lo material…
Confiar en Dios en los brujosQueremos tener el control absoluto de nuestra vida, y eso es imposible. Somos frágiles y pequeños. Dependemos de Dios. Lo sabemos, pero no acabamos de creérnoslo.
Se sustituye a Dios por una baraja de cartas, una bola de cristal o una sesión de espiritismo. No es tema baladí. Ya lo dice la Biblia: "No acudiréis a nigromantes ni consultaréis a adivinos, para no mancharos. Yo soy el Señor, vuestro Dios"
Confiar en Dios o en los brujos
Cuando los hombres no creen en Dios, no es que no creen en nada, es que se lo creen todo (Chesterton)
Todos buscamos la seguridad. La prueba de ello es el pujante negocio de las aseguradoras. No queremos que nada se nos escape. Seguro contra incendios, por la rotura de una pierna, por los cuadros de casa. Planificación total y no sólo en lo material. Queremos tener el control absoluto de nuestra vida, y eso es imposible. Somos frágiles y pequeños. Dependemos de Dios. Lo sabemos, pero no acabamos de creérnoslo.
La fe en sí misma es oscuridad e incertidumbre. Cuando llega el sufrimiento y la cruz pedimos a Dios ayuda. Imploramos su poder. A veces Dios calla. Igual que con la peregrinación del pueblo elegido a Israel.
Entonces tenemos dos caminos: Dejar nuestras seguridades y sus muletas para andar, y abandonarnos así a las manos del Señor; o bien, poner nuestra confianza en los magos, mediums y quiromantes. Es la tentación de los hombres en todas las épocas. Caer en los cantos de sirena de las promesas de "otros dioses". Poner nuestra felicidad en los nuevos "becerros de oro", abandonando la confianza en Dios.
Se sustituye a Dios por una baraja de cartas, una bola de cristal o una sesión de espiritismo. No es tema baladí. Ya lo dice la Biblia: "No acudiréis a nigromantes ni consultaréis a adivinos, para no mancharos. Yo soy el Señor, vuestro Dios". La ansiedad por un futuro incierto, nos arrastra a confiar en las artes del adivino de turno, dejando de lado al Dios vivo, Señor también de nuestro futuro.
Exactamente igual que las amenazas que acechaban a los judíos en su peregrinación por en desierto: ante los desalientos y dudas por los aparentes "eclipses" de la presencia de Dios, la mayoría, se lanzaba a adorar a los nuevos dioses, y a practicar las artes esotéricas que les prometían "seguridad en esta vida".
Poco hemos cambiado los hombres del siglo XXI. Son las mismas tentaciones e idénticas "teóricas" soluciones. Ya lo decía Chesterton, el famoso escritor inglés de principios de siglo: "cuando dejamos de creer en Dios, no es que no creamos en nada, sino que podemos creer en todo".
Es triste, pero los hay que creen que ser feliz es algo que deciden los astros o algún adivino. Consideran que deben "esperar" algo, más que "hacer" algo. Y esa inoperancia es una camino sin retorno. Delegan en el "destino" y en el brujo, echador de cartas o en el astrólogo de turno la posibilidad de ser felices. Y, claro, no avanzan. No consiguen la ansiada dicha, y frenéticamente siguen buscando más brujos o adivinos. Creen que con pagar una sesión de tarot, ya tienen acceso a lo que buscaban.
No se dan cuenta que la felicidad se encuentra en Dios. En poner nuestra confianza en Él, que quiere lo mejor de nosotros. Debemos aprender a descifrar el designio de Dios en nuestra vida. Saber lo que Él quiere de nosotros. Para ello sólo hay un camino: orar. Orar mucho. Tener un profundo diálogo con Dios para interpretar su voluntad..
por Makf | 26 Abr, 2026 | Apologética 26
Autor: Fernando Renau | Fuente: apologetica.org
Reflexiones sobre un gran misterio.
Si hay Dios, ¿porqué existe el mal y el sufrimiento?, no debemos escandalizarnos por formular la pregunta.
El propio Juan Pablo II, en su catequesis sobre el credo (audiencia general de 4 de junio de 1986), indica que la presencia del mal y del sufrimiento en el mundo “constituye para muchos la dificultad principal para aceptar la verdad de la Providencia Divina”
La experiencia del mal y la idea de Dios. Reflexiones sobre un gran misterio.
Si hay Dios, ¿porqué existe el mal y el sufrimiento? La historia de la humanidad es una interminable sucesión de sangre, sudor y lágrimas, de dolor, tristeza y miedo, de abandono, desesperación y muerte. Ante esa experiencia de sufrimiento es inevitable que el hombre se haya formulado desde antiguo esa pregunta. Es bien conocida la respuesta escéptica de Epicuro: o Dios quiere eliminar el mal, pero no puede, y entonces es impotente y no es Dios; o puede y no quiere, y entonces es malo, es el verdadero demonio; o ni quiere ni puede, lo que lleva a las dos conclusiones anteriores; o quiere y puede, pero entonces, ¿de dónde viene el mal? ¿Qué hemos de decir al respecto?
Como punto de partida, no debemos escandalizarnos por formular la pregunta con la que hemos comenzado esta reflexión: ésta ha sido planteada también por parte de la teología católica. Es el mismo Catecismo de la Iglesia Católica el que afirma en su número 272 que “la fe en Dios Padre Todopoderoso puede ser puesta a prueba por la experiencia del mal y del sufrimiento” y que “a veces Dios puede parecer ausente e incapaz de impedir el mal”, llegando a plantearse en su número 310 la pregunta de “¿por qué Dios no creó un mundo tan perfecto que en el no pudiera existir ningún mal?”.
El teólogo y obispo católico Walter Kasper llega a señalar que “estas experiencias del sufrimiento inocente e injusto constituyen un argumento existencialmente mucho más fuerte contra la creencia en Dios que todos los argumentos basados en la teoría del conocimiento, en las ciencias, en la crítica de la religión y de la ideología y en cualquier tipo de razonamiento filosófico”.
El teólogo Hans Küng afirma que “el dolor es continua piedra de toque de la confianza en Dios”, tras lo que se pregunta “¿donde encuentra la confianza en Dios mayor desafío que en el dolor concreto?”.
Y nada menos que el propio Juan Pablo II, en su catequesis sobre el credo (audiencia general de 4 de junio de 1986), indica que la presencia del mal y del sufrimiento en el mundo “constituye para muchos la dificultad principal para aceptar la verdad de la Providencia Divina”, a lo que añade que “en algunos casos esta dificultad asume una forma radical, cuando incluso se acusa a Dios del mal y del sufrimiento presente en el mundo llegando hasta rechazar la verdad misma de Dios y de su existencia” , todo ello por “la dificultad de conciliar entre sí la verdad de la Providencia Divina, de la paterna solicitud de Dios hacia el mundo creado, y la realidad del mal y el sufrimiento”.
Para dar respuesta a esta inquietante pregunta, hemos de distinguir claramente entre el mal “en sentido físico” y el mal “en sentido moral”. El mal moral se distingue del físico, sobre todo, por comportar culpabilidad y por depender de la libre voluntad del hombre; en cambio, el que estamos denominando mal físico no depende directamente de la voluntad del hombre, sino que se deriva de la propia naturaleza limitada, contingente y finita del hombre y de la creación. Las calamidades provocadas por terremotos, inundaciones y otras catástrofes naturales, las epidemias, las enfermedades, así como la muerte, serían ejemplos de este mal que hemos denominado “físico”; los desastres producidos por la guerra, el terrorismo, el odio, la violencia de todo tipo que tiene por origen al hombre serían ejemplos de ese mal que hemos llamado “moral”. A partir de esta diferenciación, cabe señalar lo siguiente:
a.- El mal físico es inherente a la condición del hombre y de la creación. El hombre es un ser finito que está sujeto a la enfermedad y a la muerte; además, ha de vivir en un universo en el que se producen determinados fenómenos naturales productores de daño y de sufrimiento. Las limitaciones y la caducidad propias de todas las criaturas es el origen último de este tipo de males, que son consustanciales a la propia estructura del hombre y del universo. En última instancia, puede decirse que este mal en el orden físico es permitido por Dios, como se señala en la catequesis de Juan Pablo II antes citada, “con miras al bien global del cosmos natural”,
b.- Algo bastante distinto sucede respecto al que hemos denominado mal moral. En palabras de Juan Pablo II, “este mal decidida y absolutamente Dios no lo quiere”. El mal moral es radicalmente contrario a la voluntad de Dios y su autor es exclusivamente el hombre, al haber hecho mal uso de su libertad. ¿Por qué tolera Dios este mal? Porque para Dios la existencia de unos seres libres es un valor más importante y fundamental que el hecho de que aquellos seres libres abusen de su propia libertad contra el propio Creador y que, por eso, la libertad pueda llevar al mal moral.
La anterior constituye la primera explicación que la teología nos ofrece de que la existencia del mal en el mundo no es incompatible con la idea de Dios. Pero esto no es todo. Debemos darle la vuelta al argumento que implícitamente se oculta detrás de la pregunta con la que se abre este artículo, para afirmar con Hans Küng que “sólo habiendo Dios es posible contemplar el infinito sufrimiento de este mundo”, que “sólo creyendo confiadamente en el Dios incomprensible y siempre mayor puede el hombre tener fundadas esperanzas de atravesar el ancho y hondo río del dolor de este mundo: consciente de que por encima del abismo, del dolor y del mal, una mano se extiende hacia él”.
El hombre moderno no puede por sí solo erradicar los múltiples sufrimientos de la humanidad, pese a los adelantos de la ciencia y de la técnica. El sufrimiento es inherente a la condición humana y solamente mediante la intervención redentora de Dios es posible que surja un hombre nuevo liberado de la muerte, del dolor y del sufrimiento. En concreto, es la pasión, la muerte y la resurrección de Jesús la que implica la redención definitiva del dolor y del sufrimiento humano, la que transforma el dolor y la muerte en vida eterna.
Es desde la perspectiva del sufrimiento y de la muerte de Jesús como el dolor y el sufrimiento de cada hombre cobra un nuevo sentido. El sufrimiento, el dolor y la muerte siguen acompañando al hombre; pero en la pasión y en la resurrección de Jesús ese sufrimiento recibe un sentido.
En palabras de Kasper, “el interlocutor de una teología actual es el hombre doliente que tiene experiencia concreta de la situación de infelicidad y es consciente de la impotencia y la finitud de su condición humana”. La existencia del hombre, como señala Küng, “es un acontecimiento marcado por la cruz: dolor, angustia, sufrimiento y muerte”. La conciliación entre el mal y el sufrimiento en el mundo y la Providencia Divina no es posible sin hacer referencia a Cristo. Con la pasión, muerte y resurrección de Jesús se confirma que Dios está al lado del hombre en su sufrimiento. Y no sólo eso. Además, con Cristo el dolor, el sufrimiento y la muerte no tienen la última palabra, sino que son definitivamente vencidos mediante su resurrección que, como primicia de la de todos nosotros, supone una alegre promesa de vida eterna en la que no hay lugar para el dolor, ni para el sufrimiento y ni para la muerte.
Para conocer lo que el Beato Juan Pablo II nos enseñó sobre La Providencia y el mal en el mundo sigue este enlace
por Makf | 26 Abr, 2026 | Apologética 26
Autor: Padre Nicolás Schwizer | Fuente: Homilías del Padre Nicolás Schwizert
Ciclo A. Domingo 16 / Mt 13,24-43 - La historia del mundo y la historia de nuestra vida personal, es una coexistencia entre las fuerzas divinas y las fuerzas diabólicas.
Jesús enseñó por meido de parábolas, recordemos la del buen grano y la cizaña (Mateo 13, 24-43).
Esta parábola es una figura de la historia y de la vida humana. Porque la historia del mundo y la historia de nuestra vida personal, es una coexistencia entre las fuerzas divinas y las fuerzas diabólicas.
Dios nos da libertad, depende de nosotros el elegir entre el bien y mal en este mundo.
Bien y mal en este mundo
Otra parábola les propuso, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue.
Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña. Los siervos del amo se acercaron a decirle: ´Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?´
El les contestó: ´Algún enemigo ha hecho esto.´ Dícenle los siervos: ´¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?´ Díceles: ´No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega.
Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero.´» Otra parábola les propuso: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo.
Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas.» Les dijo otra parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo.»
Todo esto dijo Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas, para que se cumpliese el oráculo del profeta: Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo. Entonces despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo.»
El respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo.
El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.
Reflexión
De nuevo, Jesús nos enseña hoy por medio de una parábola. Se trata de la parábola del buen grano y la cizaña, una parábola tan sencilla que hasta los niños pueden entenderla.
Lucha en nuestro interior
Es una figura de la historia y de la vida humana. Porque la historia del mundo y la historia de nuestra vida personal, es una coexistencia entre las fuerzas divinas y las fuerzas diabólicas. Como el buen grano y la cizaña crecen, uno al lado del otro, así también el Reino de Dios y el reino del diablo se desarrollan, uno junto al otro, en este mundo y en los corazones de los hombres.
Cada uno de nosotros experimenta esta tensión, este conflicto en su propio interior. Estamos entre las dos fuerzas y de ambas llevamos algo dentro de nosotros. Siempre habrá lo bueno en el hombre, porque Dios está actuando continuamente. Pero también habrá lo malo dentro de él, porque también el diablo está actuando permanentemente.
Pero pasa que el mundo moderno ya no cree en el demonio. Él ha conseguido realizar en nuestros días su mejor maniobra: hacer que se dude de su existencia. El Padre José Kentenich, Fundador del Movimiento Apostólico de Schoenstatt, tomó siempre muy en serio el poder del demonio. Para él existe una prueba evidente de la existencia del demonio: que la presencia y la acción del mal en nuestro mundo sobrepasa mucho la capacidad y la maldad de los hombres que lo realizan.
Existe en la actividad del mal en nuestro mundo, algo tan bien organizado, que denuncia irremediablemente a su autor, el demonio.
Probablemente también cada uno de nosotros hemos sentido ese tremendo poder del mal que trabaja en nosotros y que en determinados momentos irrumpe en nuestra vida. ¿Quién de nosotros nunca se ha sentido asombrado al ver de lo que era capaz, de lo que llegaba a pensar, a desear o hacer?
En nuestra parábola, Jesús responde sobre todo al escándalo que nace en nosotros al ver la paciencia, el silencio, la pasividad de Dios frente a la actividad y el triunfo del mal.
Conocemos la objeción clásica contra Dios: O Dios es todopoderoso, y entonces no es bueno, porque podría suprimir el mal y no lo hace. O Dios es infinitamente bueno y odia el mal, pero no puede oponerse a él, y entonces deja de ser todopoderoso.
El bien y el mal están inseparablemente ligados en este mundo
A este dilema hoy nos responde Jesús: El bien y el mal están inseparablemente ligados en este mundo. Actualmente no existe ningún medio de separar el uno del otro. Somos incapaces de distinguir todo lo que hay de bueno en las cosas malas y de malo en las cosas buenas.
Al suprimir el mal, tendría que sufrir el bien, lo mismo que al arrancar la cizaña, podríamos perjudicar el buen grano. Esta mezcla del bien con el mal sobre la tierra es un misterio, pero la reflexión puede hacer surgir en él mucha luz.
Por ejemplo, el mal físico, el sufrimiento, es inevitable en un ser sensible. El sufrimiento no es más que la consecuencia de nuestra capacidad de sentir. Todo lo que se quite a nuestra capacidad de sufrir, tendrá que quitarse necesariamente a nuestra facultad de gustar y gozar.
¿Y el pecado? El hombre es capaz de amar a Dios, de entregarse a Él, de poner en Él su confianza - porque es libre. Y es la misma libertad que le permite obrar el mal, que le permite pecar. Al arrancar la cizaña del pecado, suprimiríamos a la vez todo el buen grano de las virtudes.
¿Qué sucedería si el hombre sirviese a Dios solamente con una libertad de esclavo? ¿Qué sucedería si cada una de nuestras faltas fuesen sancionadas inmediatamente y nos enseñasen a servir a Dios por miedo, pero nunca jamás por amor?
Además, incluso el pecado está ligado con el bien mucho más íntimamente de lo que creemos. Porque la consecuencia del pecado generalmente es la humillación: se descubre nuestra debilidad, queda manifiesta nuestra impotencia, conocemos hasta qué punto tenemos necesidad de Dios.
Dios no se asusta del mal, no se escandaliza del pecado
Dios sabe utilizarlo y hacer que sirva al bien. También de nosotros Dios espera esta misma actitud de paciencia y optimismo. Dios en este mundo no juzga a los malos, sino espera su conversión hasta el último momento. Entonces cuánto menos un juicio nos corresponde a nosotros.
Porque nosotros mismos todavía estamos en medio de esta lucha entre lo bueno y lo malo. Y si ya nos contamos entre los buenos, necesitamos un campo donde demostrar que lo somos. Así vamos a crecer y madurar hasta el día de la gran cosecha.
Queridos hermanos, con esta actitud de paciencia y confianza podemos esperar que en el día de la separación vamos a pertenecer definitivamente al buen grano, a los elegidos del Padre, para siempre.
¡Qué así sea!
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Padre Nicolás Schwizer
Instituto de los Padres de Schoenstatt