por Makf | 24 Abr, 2026 | Apologética 26
Autor: P. Jorge Loring
Jamás se puede legitimar el quitar la vida a un inocente».
(Conferencia pronunciada en la Escuela de Magisterio de Son Serra. Palma de Mallorca)
El Papa Juan Pablo II, en sus palabras de la misa celebrada en el Paseo de la Castellana, de Madrid, ante más de un millón de personas,1 dijo: «Jamás se puede legitimar el quitar la vida a un inocente».
En efecto, condenar a muerte a un criminal profesional, que es un peligro para la sociedad, será una cosa discutible. Unos opinan que basta con la cadena perpetua. Otros opinan que de la cárcel se puede escapar y por lo tanto, la pena de muerte es el único modo de evitar que haya nuevas víctimas inocentes a quienes la autoridad civil tiene la obligación de proteger.
Hay razones en pro y en contra. Por eso es una cosa opinable. Pero condenar a muerte a un inocente, es una monstruosidad tal, que nadie puede considerarlo moral. Ni católico, ni no católico.
Pues eso es el aborto.
Por eso el Concilio Vaticano II lo llama «crimen abominable2. Y la Comisión Permanente de los Obispos Españoles dice, en el número 11 de su Declaración, «que la Ley que justifique el aborto es gravemente injusta»3.
Los abortistas se escudan en que en los primeros meses del embarazo no se sabe si es o no persona humana. Pero ni en caso de duda puede ser lícito el aborto.
En efecto, si a ti te dan un envoltorio para que lo tires al mar, diciendo que se trata de un gato muerto y tú sospechas que es un niño vivo, no puedes tirarlo al mar sin salir de la duda. Y si lo tiras con la duda de que quizás sea un niño vivo, y resulta que era así, serías responsable de su muerte.
De igual modo, un cazador no puede disparar sobre un objeto que se mueve entre unas matas con la duda de si es un hombre o un animal. Y si dispara sin salir de la duda y resulta que es un hombre, será responsable de un homicidio.
Para que el aborto fuera lícito, los abortistas tendrían que estar seguros de que no hay vida humana desde el primer momento. Y esto es imposible, pues los científicos afirman, que la vida humana comienza en el momento de la concepción.
El Dr. D. Ramiro Rivera, Presidente del Consejo General de los Colegios Médicos de España, dijo por Televisión Española la noche del 5 de enero de 1983, en el espacio «Estudio abierto»: «Para un médico es indiscutible que desde el primer momento de la concepción tenemos un nuevo ser humano».
El 19 de febrero de 1983 se reunió en Madrid el Consejo General de los Colegios Médicos de España. En esta asamblea se elaboró un documento que se presentó a los medios informativos. El manifiesto fue aprobado por los Presidentes de todos los Colegios Médicos de España, por 47 votos a favor y una sola abstención.
En la declaración se recoge una serie de resoluciones y estudios internacionales sobre aspectos científicos relacionados con el aborto, en los que se ratifica la existencia de vida humana independiente de la de la madre desde el primer momento de la concepción4.
Lo mismo opina el Dr. D Jerónimo Lejeune, especialista en el estudio de los cromosomas y una de las más altas autoridades en el mundo actual sobre genética y biología humana, Catedrático de Genética de la Universidad de la Sorbona de París, y Director del Centro de Investigación Científica de Francia5 dice: «La condición humana del nuevo ser desde la concepción, no es opinable, es una evidencia experimental»6.
El Premio Nobel de Medicina, Dr. Alfredo Kastler, afirma: «Desde el primer momento de la concepción empieza una nueva vida. El feto es un ser humano, un ser completo, con un código genético irrepetible»7.
Apoyando esta idea, dijo el Dr. Botella Llusiá, Catedrático de Ginecología de la Universidad Complutense de Madrid, en el periódico YA: «Desde el primer momento el nuevo ser tiene su código genético individual distinto de los códigos genéticos de los padres». En ese código genético está programado ya si esa nueva persona va a ser hombre o mujer, alta o baja, rubia o morena, ojos azules o negros, sus enfermedades, su carácter, etc.
El Dr.D. Luis Zamorano, Catedrático de Histología y Embriología General de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, ha dicho en la Revista del Consejo General de los Colegios Médicos de España: «El óvulo fecundado es un ser vivo que pertenece a la especie de sus progenitores. Es por lo tanto un individuo completo de esa especie en fase de embrión. Tiene su personalidad biológica propia. Es un individuo como puede serlo un adulto de su especie.
Querer justificar el aborto basándose en que el embrión o el feto no es un ser humano vivo es muestra de incultura, de hipocresía o de cinismo, cuando no de las tres cosas»8.
Esta confirmación científica de que la persona humana se constituye en el momento de la concepción, es lo que ha hecho rectificar al Dr. Bernard Nathanson, que ha realizado personalmente cinco mil abortos y ha estado al frente de una clínica en Nueva York en la que durante su dirección se han practicado setenta mil abortos; aproximadamente 120 diarios. En una conferencia que ha pronunciado en Camberra (Australia), en febrero de 1981, dijo:
«Ahora veo el aborto como un mal. Indefendible éticamente a la luz de los conocimientos actuales sobre el niño aún no nacido»9. Este mismo Dr. Nathanson que hoy es Catedrático de Ginecología de la Universidad de Cornell, de Nueva York, dijo por TVE, en el espacio «La Clave» del 30-IX-83: «Hoy sabemos de modo indiscutible que la vida comienza en el momento de la concepción». Y añadió: «La ley actual española da pie al aborto libre. En Estados Unidos, empezamos con una ley similar a la española, y hoy el aborto es libre.
La diferencia está en que cuando yo practicaba el aborto, no era claro que el aborto fuera un crimen, y hoy es indiscutible que lo es». Dijo también el Dr. Nathanson: «Por eso los argumentos a favor del aborto sólo son válidos si sirven para justificar la condena a muerte de un inocente».
Dice el Dr. Rubio: «Argumentar que sólo cuando llega a su nacimiento o sólo cuando adquiere capacidad de viabilidad, es ser humano, es una absoluta falacia. El ser humano existe con su propia y exclusiva identidad genética desde el primer momento de la concepción « Desde el primer instante de la concepción hasta la muerte el individuo humano está en etapas distintas de un mismo proceso evolutivo con sólo diferencias morfogenéticas cuantitativas, pero no cualitativas»10. Hay continuidad de naturaleza entre lo que hay en el útero y lo que después nace. Es una célula humana desde el primer momento. Tiene los 46 cromosomas característicos de la especie humana. Lo concebido por padres humanos es humano. Aunque no puede vivir fuera del seno materno hasta los 6 ó 7 meses, a los tres meses comienza la actividad cerebral; a los seis meses ya puede ser viable, y a los dos años podrá hablar. Pero siempre en línea humana de desarrollo.
Como dice el biólogo, padre jesuita Javier Gafo, Profesor de la Universidad de Comillas en Madrid: «La realidad que se constituye en la concepción es vida humana, ya que los factores genéticos del cigoto son indiscutiblemente humanos: los factores hereditarios contenidos en los 50.000 genes del cigoto son los característicos de la especie humana»11.
A veces se oye decir a alguno que se autodenomina católico e incluso a algún clérigo, palabras ambiguas sobre la despenalización del aborto. A este respecto es muy acertado lo que dice el periódico YA, en un editorial: «Los obispos han hablado como obispos de la Iglesia Católica. Y en materia gravísima de moral. Y en un tema en el que la unanimidad del magisterio católico es absoluta. Por consiguiente, nadie que se considere católico puede no compartir la norma recordada por los obispos españoles en materia de aborto... En la Iglesia Católica los maestros son el Papa, los Concilios y el Episcopado entero con el Papa. Y nadie más»12.
La Asamblea General de la Asociación Médica Mundial declaró en Ginebra y confirmó después en Sidney (Australia), como obligación del médico, la de «velar por la vida humana desde el primer momento de la concepción».
Y la ONU: «El niño necesita una apropiada protección legal antes y después de nacido».
La Organización Mundial de la Salud, en un documento que aprobó en el año 1979, invita a los gobiernos que reconozcan el derecho a la vida desde el momento de la concepción, en que comienza la vida humana13.
La Declaración del Parlamento Europeo sobre los derechos del niño (1980), dice en su Principio Primero: «El niño que va a nacer debe gozar desde el momento de su concepción de todos los derechos enunciados en la presente Declaración».
El artículo 15 de la Constitución del Consejo de Europa dice: «Que se promueva la defensa de la vida desde el momento de la concepción»14.
El artículo tercero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice: «Todo individuo tiene derecho a la vida»15.
La Real Academia de Doctores de todas las Academias de España, en un documento publicado el 25 de abril de 1983, ha estudiado el aborto desde los puntos de vista biológico, jurídico, ético y político y emite su opinión contraria a la despenalización del aborto.
Por lo tanto es claro que desde el primer momento ese nuevo ser es una persona humana. Está amparada por los Derechos Humanos. Eliminarlo es eliminar a un hombre. Un homicidio.
Y un hombre que, además del derecho que él tiene a la vida, lleva en sí el derecho a vivir de toda una cadena de otros posibles seres humanos en el futuro; entre ellos puede haber genios, artistas, sabios y santos.
Esa muerte injusta de un niño inocente puede privar de grandes hombres a la Humanidad.
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En el artículo 29 del Código Civil Español se dice: «El concebido se tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables». Por ejemplo, recibir una herencia. ¿Es que el feto es persona humana para recibir una herencia y no lo es para tener derecho a vivir? ¡Esto es un contrasentido! «Vivir es el primero de los derechos humanos, raíz y condición de todos los demás» (nº 5), como dice la Declaración de la Comisión Permanente del Episcopado Español. El derecho a vivir es anterior al Estado. El Estado tiene obligación de proteger el derecho a vivir de los ciudadanos, pero no es el Estado quien le concede el derecho a vivir.
Y aunque no sea persona jurídica hasta después de nacer, no hay duda de que se es persona humana desde la concepción, según dicen los médicos, que son los que saben de esto.
Incluso puede decirse que el mismo Derecho considera persona humana al concebido no nacido, pues le concede el derecho a recibir una herencia.
Es paradójico que el niño tenga más derechos -se vea más protegido-, fuera del claustro materno que en el seno de su madre. ¿Podemos admitir que el cuerpo materno sea para el niño un patíbulo o pelotón de ejecución?
Decir que la mujer puede hacer de su cuerpo lo que quiera, es otra falacia. El nuevo ser que una mujer lleva en sus entrañas no es como una verruga que ella puede extirpar sin problema moral. Lo que esa mujer lleva en sus entrañas es un ser humano inocente a quien no se puede eliminar impunemente. Si se permite asesinar impunemente a un ser inocente e indefenso, ¿qué otra cosa más grave se puede castigar? Estarían de sobra todas las cárceles.
Y si se quiere dar permiso a una madre para que mate a su hijo no deseado, ¿por qué no dar también permiso a un hijo para que mate a su madre cuando ésta le estorbe?
Es una hipocresía que los mismos que niegan la pena de muerte para asesinos evidentes, que son un auténtico peligro para la sociedad, condenen a muerte a un inocente.
Está muy bien defender los pajaritos y las flores, como hacen los ecologistas; pero mucho más importante es defender la vida de un ser humano inocente.
Los medios de comunicación social bombardean al pueblo insistentemente, con viejos y manidos sofismas, para convencerle de que la despenalización del aborto es un signo de progreso. ¿Progreso condenar a muerte a un niño inocente por comodidad de los mayores? ¡Qué hipocresía!
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Y si quien desea la muerte de ese niño inocente es la propia madre, eso no lo hacen ni las fieras. Todas las fieras defienden a sus crías. Las madres que asesinan a sus propios hijos son peores que !as fieras. Es horrible el cuadro de Goya donde pinta a Saturno devorando a sus hijos.
Quizás esas madres asesinas no sean castigadas por las leyes de los hombres, pero lo serán por Dios. Porque las cosas malas no se convierten en buenas por leyes humanas. La calumnia seguirá siendo una injusticia aunque hubiera leyes humanas que la admitieran. Las cosas tienen un valor objetivo independientemente de lo que digan los hombres. Por mucho que repitieran algunos que los ríos corren del mar a la montaña, la verdad será siempre lo contrario. Por mucho que algunos quieran justificar el aborto, siempre seguirá siendo verdad que condenar a muerte a un inocente es una monstruosidad. Las leyes humanas podrán despenalizar el aborto, pero lo que jamás podrán hacer las leyes humanas es quitar el remordimiento a las mujeres que abortan.
Me decía una chica que había abortado: «Muchas noches me despierto sobresaltada y me parece ver al niño que asesiné».
Y un ginecólogo me dijo hace poco que era frecuente que muchas mujeres abortistas terminaran enfermas mentales.
De momento es fácil salir del niño que estorba. Pero cuando después ven a un niño bonito, un niño gracioso, un niño acariciando a su madre, es inevitable que piensen: «Así podría ser el mío, si yo no lo hubiera asesinado». Esto lleva a perturbaciones mentales.
Eso de que no hay derecho que las mujeres ricas puedan ir a Londres a abortar y las pobres no tengan ese privilegio, es una barbaridad. EI que una madre pueda asesinar a sus hijos no es ningún privilegio, sino una desgracia. La justicia no está en dar facilidades a todas las mujeres para que maten a sus hijos, sino que en todo el mundo se castigue a las madres que asesinan a sus hijos.
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Y que no se nos diga que la despenalización del aborto no obliga a nadie a abortar. ¡Faltaría más, que la ley obligara a las madres a que maten a sus hijos! Es ya una monstruosidad permitir a algunas madres que asesinen a sus hijos.
No se trata de imponer a todos los principios religiosos católicos, sino de defender el derecho a la vida de seres humanos inocentes. Derecho a la vida que deben proteger las leyes, atendiendo al bien común. Se trata de prestar nuestra voz a quienes carecen aún de ella, y no pueden hacer valer el primero y más elemental de sus derechos16.
Tampoco podemos decir que si de hecho hay abortos haya por eso que despenalizarlos. Eso es un error. Las cosas no se convierten en buenas por ser frecuentes. En ese caso habría que permitir también los asesinatos de los terroristas y los atracos a los Bancos y comerciantes.
Aparte de que de todos es sabido que se exageran las cifras de los abortos clandestinos, para impresionar a la opinión pública. Dicen que en España se dan 300.000 abortos clandestinos al año. Pero los abortos clandestinos son difíciles de contabilizar, en cambio los nacimientos es muy fácil. Si las estadísticas dan 600.000 nacimientos al año,17 es evidente que en España no aborta una mujer por cada dos que dan a luz.
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Decir que hay que despenalizar el aborto, porque los abortos clandestinos suponen mayores riesgos para la mujer que aborta, es tan absurdo como decir que deban permitirse los asesinatos para evitar riesgos a los asesinos.
Ni siquiera se puede permitir eliminar la vida de un inocente en los casos límite, como son: peligro de muerte de la madre, posibilidad de que el niño nazca anormal o un embarazo consecuencia de una violación.
El mismo Dr. Rivera, antes citado, en el periódico YA del 5 de enero de 1983, dice que «hoy la técnica médica puede salvar cualquier situación difícil en una mujer embarazada». Y el Dr. Rubio, en el mismo artículo antes citado dice: «Tanto mi experiencia profesional, como las comunicaciones de las más prestigiosas autoridades nacionales e internacionales niegan rotundamente que tal circunstancia se dé en la medicina actual».
El Dr. D. Fernando Muñoz Ferrer, Jefe del Servicio de Obstetricia y Ginecología de la Residencia de la Seguridad Social de Cádiz, que ha cumplido recientemente cuarenta años como profesional de la Medicina y ha asistido a unos 60.000 partos, afirma: «En mis cuarenta años de profesión, nunca he tenido que escoger entre la vida de la madre y del hijo»18. El peligro de vida para la madre es sólo una excusa para poder justificar el «aborto libre».
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El permitir una aborto cuando se teme un niño anormal es otra barbaridad. El modo de acabar con una enfermedad no es matar al enfermo. El mismo derecho a la vida tiene el niño no nacido que el ya nacido. Y, ¿es que vamos a quitar la vida a todos los niños enfermos o a los ancianos decrépitos? ¿Qué sociedad egoísta queremos montar? ¿Qué clase de sociedad es ésa que permite «liquidar» a todo el que nos estorbe?
Además, la previsión de la anormalidad en los fetos, según dicen los médicos, tiene un enorme margen de error. La prueba es que a las embarazadas de Seveso (Italia), cuando la nube tóxica, se les recomendó abortar. Pues las mil quinientas madres que no quisieron abortar dieron a luz hijos perfectamente sanos19.
Y en España, a las embarazadas enfermas de la colza se les recomendó el aborto, porque podían tener hijos anormales. Luego resultó, según el Dr. Zamarriego, Presidente del Consejo del Plan Nacional de Prevención de la Subnormalidad, que de 450 partos de mujeres afectadas por el síndrome tóxico, ninguno de los nacidos ha presentado malformaciones. Si se hubiera hecho caso de las predicciones, se hubieran cometido 450 asesinatos de niños inocentes20.
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Incluso en caso de violación no es lícito el aborto.
¿Es que vamos a remediar una injusticia con otra mayor? Si la violación es una injusticia, que se castigue al violador, pero no condenar a muerte al niño que no tiene culpa de nada. Si el hijo no deseado traumatiza a la madre, puede entregarlo a un matrimonio que desee adoptarlo. Pero no matarlo, que ese pobre niño no ha hecho nada malo para que lo condenen a muerte.
La adopción traería la felicidad para todos: para la madre, a la que se libra del trauma de asesinar a su hijo; al hijo a quien se salva de la muerte, y finalmente a los adoptantes a quienes se les permite alcanzar la ilusión de tener un hijo.
Recuerdo la frase de la Madre Teresa de Calcuta, Premio Nobel de la Paz: «Los hijos que vosotras no queráis, no los matéis. Dádmelos a mí. Yo los cuidaré».
El hijo no querido, puede ser acogido en una asociación para la adopción y entregarlo a uno de los muchos matrimonios que no pueden tener hijos y lo están deseando.
En Madrid, la Asociación para la Protección de la Adopción (A.E.P.A.), está en la calle Fernández de la Hoz, n.º 35, teléfono (91) 448 96 96.
Las madres solteras con problemas serán atendidas en ADEVIDA, calle Fuencarral n.º 41, 1º, 5, Madrid, teléfono (91 ) 231 93 15.
Todo católico está obligado a oponerse al aborto con todos los medios legales a su alcance. Así lo recomiendan los Obispos en su Declaración de la Comisión Permanente.
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Por lo tanto, está claro que es inmoral, injusto, egoísta y criminal el aborto voluntario. Por eso el nuevo Código de Derecho Canónico confirma la excomunión para los que provoquen un aborto voluntario. Los responsables del aborto tienen las manos manchadas de sangre inocente.
1 YA, 6-III-83.pg. 13.
2 Gaudium et Spes: 51,3
3 YA, 6-II-83.
4 YA, 21-IV-83, pg.3 y 44.
5 YA, 21-IV-83, pg.38.
6 YA, 8-V-84, pg.26.
7 YA, 17-II-83, pg.35.
8 YA, 11-II-83, pg.40.
9 La Voz del Bajo Ebro, Tortosa, 4-II-83
10 Diario de Cádiz, 11-III-83, pg.6.
11 YA, 5-VI-83, pg.5.
12 YA, 13-II-82, pg.5.
13 YA, 20-I-83, pg.21.
14 YA, 9-II-83, pg.32.
15 YA, 9-II-83, pg.32.
16 Declaración de la Comisión Permanente del Episcopado Español, nº3. YA, 6-II-83, pg.3.
17 Revista ECCLESIA nº 2218, 27-IV-85, pg.20
18 Diario de Cádiz, 30-I-83.
19 YA, 13-V-83, pg.28.
20 YA, 15-II-83, pg.25.
N.B.: Esta conferencia está disponible en vídeo. Todos los sistemas.
Pedidos al autor:
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por Makf | 20 Abr, 2026 | Apologética 25
Autor: Diosexiste.com
l verdadero nombre de Dios.
- Leer el libro del Génesis,capítulo 2, versículo 4b-25.
- Seguro de que sea ha dado cuenta de un cambio muy sutil en la manera de hablar de Dios. Observe que aquí el redactor dice "Señor Dios".
Pero, si vuelve la página al capítulo 1, verá que allí el redactor no dice "Señor Dios", sino que dice "Dios", así, a secas. La razón es muy sencilla. Tenemos a dos redactores, uno tan inspirado como el otro, y los dos textos son igualmente Palabra de Dios.
Ambos se refieren al mismo Dios, pero con dos palabras diferentes. Aquí se ve la importancia de interpretar bien la Sagrada Escritura (Dei Verbum 12,12).
- Al dar un nombre a Dios el primer redactor usa la palabra hebrea "Elohim". En cambio, el segundo redactor usa "Yahveh". Por eso decimos que en la redacción del Génesis hay dos tradiciones: una la llamada sacerdotal o elohísta, la que usa la palabra Elohim, y otra la yahvista, la que usa el término Yahveh.
Las dos se mezclan y entrelazan en todo el libro. La tradición elohísta es técnica, como un catecismo, y proclama la fe y la esperanza en Dios frente al escepticismo reinante; da normas de conducta para una comunidad que vive entre paganos.
La tradición yahvista hace uso de tradiciones, usos y costumbres populares llevadas a la actualidad.
El hombre es el centro en torno al cual gira lo demás.
- Tal vez llame la atención si decimos que "Elohim" es el plural de "Eloha", Dios. Aquí es un plural llamado de majestad. No se extrañe. Es como cuando un rey decía: "Nos ordenamos que…". Este plural se refiere a Dios,
único y verdadero. Se usa para indicar el poder o la justicia de Dios.
El singular, Eloha, se usa mucho menos. Lo vemos con más frecuencia en el libro de Job. La palabra Yahvé es curiosa por cuanto no indica ningún atributo de Dios sino que es el mismísimo nombre de Dios tal y como fue revelado a Moisés en el episodio de la zarza ardiente.
Léalo que le va a gustar. Está en Éxodo 3,1-14. Es impresionante (Catecismo de la Iglesia 205-209).
- El caso es que la lengua hebrea se escribe sin vocales. Las pronuncian, pero nunca las escriben. Algo parecido a nuestra manera de escribir los nombres de las ciudades en los billetes de avión. Se escribe BCN, pero decimos Barcelona; escribimos VLC y decimos Valencia. Al escribir el nombre de Dios los judíos lo hacían así: YHVH, cuatro consonantes, sin vocales.
- Lo más curioso es que, por respeto al nombre de Dios y a que algunos rabinos empezaron a enseñar que pronunciar el nombre de Dios acarreaba un castigo eterno, la pronunciación de YHVH cayó en desuso. Al llegar a esa
palabra, se inclinaba la cabeza, se hacía una pausa y proseguía la lectura.
Es de verdad un ejemplo muy hermoso de reverencia al nombre de Dios. Pero, con el correr de los siglos y de tanto no pronunciar YHVH, se olvidaron de cómo eran las vocales y, cuando quisieron recuperarlas, los que leían la
Escritura ya no sabían cuáles eran.
- Fueron unos sabios judíos, entre los siglos VI y X después de Jesucristo, quienes empezaron a escribir la lengua hebrea con vocales. Fue toda una novedad, pero una ayuda muy grande para quienes no sabían leerla bien.
Idearon una serie de puntos y rayitas que ponían por encima, dentro o por debajo de las consonantes. La palabra YHVH los frenó. Ni ellos sabían qué vocales poner. Entonces se les ocurrió tomar las vocales de la palabra hebrea "Adonai", que quiere decir "Señor", y las intercalaron entre las consonantes de YHVH.
No queremos cansar con disquisiciones lingüísticas, pero así fue como se creó en la palabra ficticia Yehovah y, en nuestro idioma, las más correctas, Yahvé o Yavé.
Los cristianos proclaman la divinidad de Jesucristo dándole el título de "Señor", Adonai, (Catecismo de la Iglesia 209). Hoy día los judíos de origen español, cuando llegan a YHVH, por lo general lo sustituyen por "Ha Shem" que en hebreo quiere decir "El Nombre", mientras que los judíos originarios del Este europeo dicen sin más
"Adonai", el Señor. Siempre hay modos de salvar un escollo.
- El significado de YHVH es "Yo Soy". Dios reveló este nombre a Moisés diciéndole: "Yo soy el que soy. Esto dirás a los israelitas: Yo Soy me envía a vosotros" (Éxodo 3, 14). Los expertos dicen que la raíz de esta palabra es un verbo, HYH, que significa "ser", con el matiz de que dura, algo así como "el que será porque es".
En nuestro idioma escribimos Yahvé o Yavé, la forma admitida hoy día, pero que resultaría pretencioso considerar como exacta. Cuando los Testigos de Jehová comenzaron sus actividades a finales del siglo pasado, no se llamaban Testigos de Jehová, sino Miembros de la Sociedad. Usaban las traducciones inglesas de la Biblia de aquel tiempo que decían que el nombre de Dios era Jehová.
Es por eso que Joseph F. Rutherford, el sucesor de Charles T. Russell, fundador de los testigos, cambió el nombre de la Sociedad a Testigos de Jehová, pero no se dio cuenta de que así estaba proponiendo como revelado por Dios un error filológico, la palabra Jehová.
Los Testigos de Jehová hoy día reconocen la equivocación.
por Makf | 20 Abr, 2026 | Apologética 25
Autor: P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá Fuente: Para dar razón de nuestra Esperanza, sepa defender su Fe
Lo que nos importa es hablar de Dios como Jesús hablaba de El. Jesús vino a aclarar el misterio más profundo que hay en el Ser Divino: «Dios es amor».
En las Biblias evangélicas encontramos que a Dios se lo nombra como a «Jehová» y en las Biblias católicas le damos el nombre de «Yahvé».
Muchos cristianos se preguntan: ¿por qué esta diferencia en el nombre de Dios? ¿qué debemos pensar de esto?
En el fondo no sirve de nada discutir por el nombre antiguo de Dios. Nosotros vivimos ahora en el Nuevo Testamento y lo que nos importa es hablar de Dios como Jesús hablaba de El.
Jesús vino a aclarar el misterio más profundo que hay en el Ser Divino: «Dios es amor». Dios es un «Padre» que ama a todas sus creaturas y los hombres son sus hijos queridos. Jesús mismo nos enseñó que debemos invocar a Dios como «nuestro Padre» (Mt. 6, 9).
Para los estudiosos de la Biblia quiero aclarar en esta carta el nombre antiguo de Dios, aquel nombre que los israelitas del Antiguo Testamento usaban con profundo respeto. La explicación es un poco difícil, porque debemos comprender algo del idioma hebreo, la lengua en la cual Dios se manifestó a Moisés.
Los nombres de Dios en el Antiguo Testamento
Los israelitas del Antiguo Testamento empleaban muchos nombres para referirse a Dios. Todos estos nombres expresaban una relación íntima de Dios con el mundo y con los hombres.
En esta carta quiero indicar solamente los nombres más importantes, por ejemplo:
En Ex. 6, 7 encontramos en el texto hebreo el nombre «Elohim», que en castellano significa: «El Dios fuerte y Poderoso».
En el Salmo 94 encontramos «Adonay» o «Edonay», que en castellano es «El Señor».
En Gén. 17, 1 se habla de Dios como «Shadday» que quiere decir el Dios de la montaña.
El profeta Isaías (7, 14) habla de «Emmanuel» que significa «Dios con nosotros».
Y hay muchos nombres más en el A. T., como por ejemplo: Dios Poderoso, el Dios Vivo, el Santo de Israel, el Altísimo, Dios Eterno, El Dios de la Justicia, etc.
Pero el nombre más empleado en aquellos tiempos era «Yahvé» que significa en castellano: «Yo soy» o «El que es».
Leemos en Éxodo Cap. 3 que Dios se apareció a Moisés en una zarza ardiente y lo mandó al Faraón a hablar de su parte.
Moisés le preguntó a Dios: «Pero si los israelitas me preguntan cuál es tu nombre, ¿qué voy a contestarles?». Y Dios dijo a Moisés: «YO SOY EL QUE SOY». Así les dirás a los israelitas: YO SOY me manda a ustedes. Esto les dirás a ellos: YO SOY, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob me manda a ustedes. Este es mi nombre para siempre» (Ex. 3, 13-15).
¿De dónde viene la palabra «Yahvé»?
Esta palabra es una palabra hebrea, el hebreo es el idioma de los israelitas o judíos del Antiguo Testamento. En este idioma no se escribían las vocales de una palabra sino únicamente las consonantes. Era bastante difícil leerlo correctamente, porque al leer un texto hebreo, uno mismo debía saber de memoria qué vocales tenía que pronunciar en medio de las consonantes.
El nombre de Dios: «YO SOY» se escribía con estas cuatro consonantes: Y H V H que los judíos pronunciaban así «Yahvé», y en castellano se escribe YAVE. La pronunciación «Yahvé» es sin duda la pronunciación más correcta del hebreo original para indicar a Dios como «Yo soy el que soy» (Los judíos del A.T. nunca dijeron Jehová).
¿De dónde viene la palabra Jehová?
Los israelitas del A.T. tenían un profundo respeto por el nombre de Dios: «Yahvé». Era el nombre más sagrado de Dios, porque Dios mismo se había dado este nombre.
Con el tiempo los israelitas, por respeto al nombre propio de Dios, dejaron de pronunciar el nombre de «Yahvé» y cuando ellos leían en la Biblia el nombre de «Yahvé», en vez de decir «Yahvé» dijeron otro nombre de Dios: «Edonai» (el Señor).
Resultó que después de cien años los israelitas se olvidaron por completo de la pronunciación original (Y H V H, Yahvé) porque siempre decían «Adonay» (el Señor).
En la Edad Media (1.000 a 1.500 años después de Cristo) los hebraístas (que estudiaban el idioma hebreo antiguo) empezaron a poner vocales entre las consonantes del idioma hebreo. Y cuando les tocó colocar vocales en la palabra hebrea Y H V H (el nombre antiguo de Dios) encontraron muchas dificultades.
Por no conocer la pronunciación original de las cuatro consonantes que en las letras castellanas corresponden a YHVH y en letras latinas a JHVH, y para recordar al lector que por respeto debía decir: «Edonay» en vez de «Yahvé», pusieron las tres vocales (e, o, a) de la palabra Edonay; y resultó Jehová en latín. Es decir: tomaron las 4 consonantes de una palabra (J H V H) y metieron simplemente 3 vocales de otra palabra (Edonay) y formaron así una nueva palabra: Jehová.
Está claro que la palabra «Jehová» es un arreglo de dos palabras en una. Por supuesto la palabra «Jehová» nunca ha existido en hebreo; es decir, que la pronunciación «Jehová» es una pronunciación defectuosa del nombre de «Yahvé».
En los años 1600 comenzaron a traducir la Biblia a todas las lenguas, y como encontraron en todos los textos bíblicos de la Edad Media la palabra «Jehová» como nombre propio de Dios, copiaron este nombre «Jehová» literalmente en los distintos idiomas (castellano, alemán, inglés...).
Y desde aquel tiempo empezaron a pronunciar los católicos y los evangélicos como nombre propio de Dios del Antiguo Testamento la palabra «Jehová» en castellano.
Ahora bien, aun las Biblias católicas usan el nombre de «Yahvé» y no el de «Jehová».¿Está bien? Está bien porque todos los hebraístas modernos (los que estudian el idioma hebreo) están de acuerdo que la manera original y primitiva de pronunciar el nombre de Dios debía haber sido «Yahvé» y no «Jehová».
«Yahvé» es una forma del verbo «havah» (ser, existir) y significa: «Yo soy el que es» y «Jehová» no es ninguna forma del verbo «ser», como lo hemos explicado más arriba. Por eso la Iglesia Católica tomó la decisión de usar la pronunciación original «Yahvé» en vez de «Jehová» y porque los israelitas del tiempo de Moisés nunca dijeron «Jehová».
¿Cuál es el sentido profundo del nombre de «Yahvé»?
Ya sabemos que «Yahvé» significa: «Yo soy.» Pero ¿qué sentido profundo tiene este nombre?
Para comprenderlo debemos pensar que todos los pueblos de aquel tiempo eran politeístas, es decir, pensaban que había muchos dioses. Según ellos, cada nación, cada ciudad y cada tribu tenía su propio Dios o sus propios dioses. Al decir Dios a Moisés:
«YO SOY EL QUE SOY» El quiere decir: «Yo soy el que existe: el Dios que existe; y los otros dioses no existen, los dioses de los egipcios, de los asirios, de los babilonios no existen. Yo soy el único Dios que existe».
Dios, dándose el nombre de YAVE (YO SOY), quería inculcar a los judíos el monoteísmo (un solo Dios), y rechazar de plano todo politeísmo (muchos dioses) y la idolatría de otros pueblos.
El Dios de los judíos (Yahvé) es un Dios celoso, no soporta a ningún otro dios a su lado. El dice: «No tendrás otro Dios fuera de mí» (Ex. 20, 3). «Yo soy Yahvé, tu Dios celoso» (Deut. 4, 35 y 32, 39).
El profeta Isaías explica bien el sentido del nombre de Dios. Dice Dios por medio del profeta: «YO SOY YAVE, y ningún otro». «¿No soy yo Yahvé el único y nadie mejor que yo?» (Is. 45, 18).
La conclusión es: La palabra «Yahvé» significa que «El es el UNICO DIOS», el único y verdadero Dios, y que todos los otros dioses y sus ídolos no son nada, no existen y no pueden hacer nada.
El nombre de Dios en el Nuevo Testamento
Más importante para nosotros, que vivimos en el Nuevo Testamento, es saber cómo Jesús hablaba del misterio de Dios. Jesús y sus apóstoles, según la costumbre judía de aquel tiempo, nunca pronunciaban el nombre «Yahvé» o «Jehová». Siempre leían la Biblia diciendo: «Edonay» -el Señor- para indicar el nombre propio de Dios.
Todo el Nuevo Testamento fue escrito en griego, por eso encontramos en el Nuevo Testamento la palabra Kyrios (el Señor) que es la traducción de «Edonay».
Pero Jesús introdujo también una novedad en las costumbres religiosas y nombró a Dios «Padre»: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra». «Mi Padre sigue actuando y yo también actúo». «Por eso los judíos tenían ganas de matarlo: porque El llamaba a Dios Padre suyo haciéndose igual a Dios» (Jn. 5, 17-18).
Además Jesús enseñó a sus seguidores a hacer lo mismo: «Por eso, oren ustedes así: Padre Nuestro, que estás en los cielos» (Mt. 6, 9). Ahora, el nombre más hermoso que nosotros podemos dar a Dios es el de: «Padre nuestro».
¿Es verdad que en las Biblias de los Testigos de Jehová aparece el nombre Jehová en el Nuevo Testamento?
Así es. Los Testigos de Jehová hacen aparecer en el Nuevo Testamento 237 veces la palabra «Jehová», pero eso no es correcto. Cuando en el Nuevo Testamento se habla de Dios con el nombre «Señor» (Kyrios en griego, Edonay en hebreo) ellos lo traducen como Jehová, pero esto es claramente una adulteración de los textos bíblicos.
El Nuevo Testamento habla de Dios como «Padre» o «Señor», pero nunca como «Jehová». Una vez más desconocen la gran revelación de Jesucristo que fue la de anunciarnos a Dios como Padre.
¿Qué es lo mejor para nosotros?
Lo mejor es hablar de Dios como Jesús hablaba de El. Meditando los distintos nombres de Dios que aparecen en la Biblia, nos damos cuenta de que hay una lenta evolución acerca del misterio de Dios, y cada nombre revela algo de este gran misterio divino:
1) Dios se manifestó a Moisés como el único Dios que existe, significando esto que los otros dioses no existen. Es lo que significa la palabra «Yahvé».
2) Luego ese único Dios se manifestó a los profetas como el Dios de la Justicia.
3) Finalmente en Jesucristo, Dios se manifestó como un Padre que ama a todos sus hijos. Dios es amor y nosotros tenemos esta gran vocación a vivir en el amor. La oración del Padre Nuestro es la mejor experiencia de fraternidad universal.
¿Qué hay que hacer cuando los Testigos de Jehová, los Mormones y los seguidores de otras sectas llegan a la casa de uno para entablar una conversación?
«En primer lugar hay que precisar cuál es la verdadera intención de su visita. Por lo general ellos dicen que quieren hablar de la Biblia y conversar acerca de Dios y de la religión.
Pero su verdadera intención no es ésta, sino la de arrebatar la fe a los católicos. Eso y nada más es lo que quieren. Quitar a los fieles su fe católica. Hablar de la Biblia o de Dios es sólo el pretexto para llegar a este final que es quitar la fe a los católicos.
Y los hechos comprueban esta afirmación, porque sabemos de algunos buenos católicos que por cortesía, buena educación, o por otras razones, aceptaron conversar con ellos sobre la Biblia o sobre Dios, y se pasaron a ser Testigos de Jehová, Mormones o de otras sectas y abominaron después contra su antigua fe católica.
Es decir, hay que tener claro que esta visita de los Testigos de Jehová, de los Mormones o de otras sectas a las casas y familias católicas no tiene otra intención ni otro propósito que arrebatarles su fe católica.
Conociendo esta realidad, la respuesta es obvia: ¿Quiere usted conservar y defender su fe católica? No los reciba. ¿Quiere usted poner en peligro su fe católica? Piense mejor lo que debe hacer».
Cuestionario
¿Es correcto nombrar hoy a Dios con la palabra Jehová? ¿Por qué no? ¿Qué aconteció históricamente? ¿Por qué los israelitas usaban la palabra Adonai? ¿Qué pasó cuando los hebraístas de la Edad Media empezaron a poner vocales a las consonantes?
¿Qué significa la palabra Yahvé? ¿Es correcto utilizar hoy la palabra Yahvé?
¿Es correcto utilizar la palabra Jehová? ¿Cómo se refirió Jesús a su Padre? ¿Cómo tenemos que nombrar a Dios los cristianos de hoy?
¿Qué evolución del nombre de Dios hay entre A. y N. Testamento?
por Makf | 20 Abr, 2026 | Apologética 24
Autor: Pedro María Reyes Vizcaíno
En térmimos generales, no es posible recibir o administrar sacramentos a cristianos no católicos. A veces, sin embargo, se hace necesario acudir a un ministro no católico, pues puede estar en juego incluso la salvación eterna de un alma.
En derecho canónico se denomina communicatio in sacris, ocomunicación en las cosas sagradas, o más expresamente comunión en los sacramentos, a la posibilidad de que cristianos de diferentes confesiones y denominaciones puedan participar conjuntamente de los sacramentos y otros bienes sagrados, como los templos y lugares sagrados y demás.
Por medio hay consideraciones de ecumenismo, de facilitar la unidad de los cristianos y de ayudar al mutuo conocimiento.
Pero se deben tener en cuenta las razones de unidad: los sacramentos y los bienes sagrados en general representan la unidad de los cristianos entre sí, y con Cristo; y no se puede representar lo que de hecho no existe.
Por referirnos sólo a los sacramentos, se puede contemplar la communicatio in sacris de dos modos:communicatio activa, que se refiere a la posibilidad de que un fiel católico acceda a los sacramentos de manos de un ministro no católico, y communicatio pasiva, o posibilidad de que un fiel no católico pueda recibir los sacramentos de un ministro católico.
Se deja de lado aquí la posibilidad de que participen conjuntamente en una concelebración eucarísticasacerdotes católicos y no católicos; pero se puede apuntar que Juan Pablo II, en la Encíclica Ecclesia de Eucharistia, recuerda que no son lícitas estas celebraciones:
"Precisamente porque la unidad de la Iglesia, que la Eucaristía realiza mediante el sacrificio y la comunión en el cuerpo y la sangre del Señor, exige inderogablemente la completa comunión en los vínculos de la profesión de fe, de los sacramentos y del gobierno eclesiástico, no es posible concelebrar la misma liturgia eucarística hasta que no se restablezca la integridad de dichos vínculos.
Una concelebración sin estas condiciones no sería un medio válido, y podría revelarse más bien un obstáculo a la consecución de la plena comunión, encubriendo el sentido de la distancia que queda hasta llegar a la meta e introduciendo o respaldando ambigüedades sobre una u otra verdad de fe" (n. 42).
Esta es la norma en vigor en el Código de Derecho Canónico acerca de la communicatio in sacris:
Canon 844 § 1: Los ministros católicos administran los sacramentos lícitamente sólo a los fieles católicos, los cuales, a su vez, sólo los reciben lícitamente de los ministros católicos, salvo lo establecido en los §§ 2, 3 y 4 de este canon, y en el can. 861, § 2. § 2:
En caso de necesidad, o cuando lo aconseje una verdadera utilidad espiritual, y con tal de que se evite el peligro de error o de indiferentismo, está permitido a los fieles a quienes resulte física o moralmente imposible acudir a un ministro católico recibir los sacramentos de la penitencia, Eucaristía y unción de los enfermos de aquellos ministros no católicos en cuya Iglesia son válidos esos sacramentos.
§ 3: Los ministros católicos administran lícitamente los sacramentos de la penitencia, Eucaristía y unción de los enfermos a los miembros de Iglesias orientales que no están en comunión plena con la Iglesia católica, si los piden espontáneamente y están bien dispuestos; y esta norma vale también respecto a los miembros de otras Iglesias que, a juicio de la Sede Apostólica, se encuentran en igual condición que las citadas Iglesias orientales, por lo que se refiere a los sacramentos.
§ 4: Si hay peligro de muerte o, a juicio del Obispo diocesano o de la Conferencia Episcopal, urge otra necesidad grave, los ministros católicos pueden administrar lícitamente esos mismos sacramentos también a los demás cristianos que no están en comunión plena con la Iglesia católica, cuando éstos no puedan acudir a un ministro de su propia comunidad y lo pidan espontáneamente, con tal de que profesen la fe católica respecto a esos sacramentos y estén bien dispuestos.
§ 5: Para los casos exceptuados en los §§ 2, 3 y 4, el Obispo diocesano o la Conferencia Episcopal no deben dar normas generales sin haber consultado a la autoridad, por lo menos local, de la Iglesia o comunidad no católica de que se trate.
El canon 861, citado en la norma precedente, recuerda que en caso de peligro de muerte puede administrar el bautismo cualquier persona, con tal de que tenga la debida intención.
Por lo tanto, se establece la regla general de que no es lícita la communicatio in sacris. La razón del Legislador al establecer esta norma es que para administrar los Sacramentos hace falta la unidad de los que intervienen, ministro y fiel.
Ciertamente, como ya se indicó, los sacramentos significan la unidad -y entre los sacramentos especialmente la Eucaristía-, pero no la producen sino que la presuponen, y por lo tanto, debe existir antes de administrarlo. Sin embargo, no se puede privar de la fuente de la salvación a quien esté verdaderamente necesitado de un sacramento. Por eso se establecen algunas excepciones.
El Papa Juan Pablo II apunta los motivos de que la legítima Autoridad establezca estas excepciones: "Si en ningún caso es legítima la concelebración si falta la plena comunión, no ocurre lo mismo con respecto a la administración de la Eucaristía, en circunstancias especiales, a personas pertenecientes a Iglesias o a Comunidades eclesiales que no están en plena comunión con la Iglesia católica.
En efecto, en este caso el objetivo es satisfacer una grave necesidad espiritual para la salvación eterna de los fieles, singularmente considerados, pero no realizar una intercomunión, que no es posible mientras no se hayan restablecido del todo los vínculos visibles de la comunión eclesial" (Juan Pablo II, Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 45).
Esta es la descripción pormenorizada de los distintos casos en que es legítima la communicatio in sacris:
Fiel católico que pide sacramentos a un ministro no católico
Para que sea lícita tal petición, se requiere:
a) Sólo es lícito pedir la Eucaristía, Penitencia y Unción de los enfermos.
b) Se puede pedir al ministro de una confesión no católica en cuya Iglesia son válidos esos sacramentos.
c) Se puede pedir si hay necesidad, o al menos una verdadera utilidad espiritual.
d) Se debe evitar el peligro de error o de indiferentismo.
Como orientación, se puede indicar que las Iglesias orientales que no están en comunión con el Romano Pontífice -la Iglesia Ortodoxa, los monofisitas, como son los coptos de Egipto y los armenios, los nestorianos, etc- administran válidamente los sacramentos. En las Iglesias separadas de Roma en Occidente, en cambio, no es posible dar ninguna regla general.
El Código señala estos tres sacramentos. Con los demás sacramentos no es legítima la communicatio in sacris.
Acerca de la necesidad o utilidad espiritual, hay que señalar que no es fácil dar un criterio general. A veces es cuestión de interpretación. Se aconseja consultar cada caso, en la medida en que se puede prever.
Pero se puede adelantar que no es necesidad o utilidad el cumplimiento del precepto dominical, si uno se encuentra en una ciudad en la que es difícil o imposible encontrar una iglesia católica, pues en ese caso, según señalan los moralistas, uno no está obligado al precepto de oír Misa. Menos aún si se pretende asistir a una Misa de diario, pues en este caso nunca hay obligación.
El indiferentismo a que alude el canon es el riesgo de que alguien -un compañero en el viaje, o un feligrés de la iglesia a que acudimos, o el ministro- suponga que uno piensa que es indiferente una confesión religiosa que otra, que tenemos fe por igual en ambas. Si existe este peligro, debemos evitar pedir los sacramentos.
Ministro católico al que se acerca un fiel de otra confesión
El canon 844 distingue, a su vez, dos supuestos:
1º Si el fiel pertenece a una Iglesia oriental
Estos son los requisitos:
a) Es lícito administrar los tres sacramentos: Penitencia, Eucaristía y Unción de los enfermos.
b) Lo deben pedir espontáneamente.
c) Deben estar bien dispuestos.
Nótese, como ya se señaló antes, que el canon habla de Iglesias orientales, lo cual incluye a la Iglesia Ortodoxa y a otras confesiones: Iglesia monofisita copta de Egipto, armenia, etc. Puede haber otras denominaciones, no orientales, en las mismas condiciones que éstas. El juicio de esta similitud lo hace la Santa Sede.
Obsérvese que para estos fieles no se exige ningún requisito en cuanto a la necesidad: sólo se pide que lo soliciten espontáneamente. Tampoco es requisito que no pueda acudir a un ministro de su propia Iglesia: compárese con el siguiente párrafo, en que sí se pide este requisito. Por lo tanto, es legítimo que el fiel de una iglesia oriental se confiese periódicamente, o comulgue los domingos u otras veces, en una iglesia católica, aunque exista una iglesia de su denominación en la misma ciudad.
Eso sí, con tal de que no haya peligro de indiferentismo. No lo indica expresamente el canon, pero no parece que sea lícito en otro caso.
2º Si el fiel pertenece a otra confesión cristiana
Si se trata de un cristiano, y no pertenece a una de las Iglesias señaladas en el párrafo anterior, debe cumplir los siguientes requisitos, para que sea lícito administrarle un sacramento:
a) Es lícito administrar los tres sacramentos ya conocidos: Penitencia, Eucaristía y Unción de los enfermos.
b) Que haya peligro de muerte u otra necesidad grave, a juicio del Obispo diocesano o de la Conferencia episcopal.
c) Que no puedan acudir a un ministro de su propia confesión, y lo pidan espontáneamente.
d) Que profesen la fe católica respecto a estos sacramentos.
e) Que estén bien dispuestos.
Hay que indicar que se habla de cristianos. No es posible administrar sacramentos a fieles de otras religiones. Por cristianos la Santa Sede entiende aquéllas confesiones que creen en Cristo, y en su Divinidad.
No se puede detallar aquí cada una de las confesiones y denominaciones, pero a modo de ejemplo se debe decir que en este caso no están los Testigos de Jehová, los cuales creen en Jesucristo, pero no en su divinidad. No son cristianos, por lo tanto, a estos efectos.
Además, se requiere que haya peligro de muerte u otra necesidad grave. La necesidad que se puede considerar grave, a estos efectos, lo determina la Conferencia Episcopal o el Obispo diocesano.
Según el párrafo 5º del canon 844, la autoridad católica, antes de dar normas en esta materia ha de consultar a la autoridad al menos local de la Iglesia o comunidad no católica de que se trate. Tal consulta no es vinculante.
Esta indicación es una deferencia a los hermanos separados, y una llamada al entendimiento, en una materia tan delicada como son los sacramentos, entre las autoridades de quienes rezamos al mismo Dios Uno y Trino y, aunque no completamente, compartimos la misma fe.
por Makf | 20 Abr, 2026 | Apologética 24
Autor: P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá Fuente: Para dar razón de nuestra Esperanza, sepa defender su Fe
El hecho de la Resurrección de Cristo en el día Domingo para los discípulos era altamente significativo y será desde entonces el centro de la fe cristiana.
El otro día una familia me contó que recibió una visita de un señor muy educado. Y con la mejor de las sonrisas, el hombre les ofreció en venta unos hermosos libros de cultura general.
Dicen que habló tan bonito de tantas cosas... pero al final terminó con un tema de religión, diciendo que los católicos están equivocados, que, según la Biblia, deben reemplazar la celebración del Domingo por la del sábado, pues el sábado es el día bíblico y el Domingo es una adulteración de los católicos.
Le expliqué que tal caballero seguramente era un misionero de la religión Adventista del Séptimo día. Pues son ellos quienes observan el día sábado y proclaman que ellos son los únicos que cumplen con la Biblia.
¿Qué debemos pensar de todo esto?
Bueno, antes que hablar del día Domingo o sábado, debemos decir que los hermanos adventistas son, en esta observancia del día sábado, tan escrupulosos como los fariseos que nos pinta el santo Evangelio. No han aprendido nada de la «libertad de espíritu» con que Jesús hablaba del día sábado.
Además los adventistas estudian la Biblia en base a textos aislados, y olvidan que la Revelación Divina sigue en la Sagrada Escritura una evolución progresiva; y, sin seguir esa evolución en los diversos libros inspirados, es prácticamente imposible comprender el verdadero sentido de una enseñanza bíblica.
No debemos quedarnos con unas pocas páginas de la Biblia, sino que debemos leer toda la Biblia.
¿Qué nos enseña el A. T. acerca del día sábado?
La palabra «sabat» (sábado)significa «descanso» «reposo» o «cesación.» Es decir, que «sábado» significa simplemente «un tiempo de descanso» y no tiene originalmente ningún significado como «el séptimo día de la semana»
De hecho se emplea en la Biblia la palabra «sábado» con diversas significaciones. A veces significa «un reposo» de un día (Ex. 20,10). Otras veces este reposo es de «un año» (Lev. 25,4). Alguna vez indica también un período de 70 años (2 Crón. 36, 21).
Ahora bien, ¿de dónde viene el día sábado como séptimo día consagrado a Dios? Leemos la Biblia: «Así fueron hechos el cielo y la tierra y todo lo que hay en ellos. Dios terminó su trabajo el séptimo día, y descansó en este día de todo lo que había hecho. Bendijo Dios el séptimo día y lo hizo santo porque ese día El descansó de todo su trabajo de creación». (Gén. 2, 2-3)
«En seis días Yahvé hizo el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto hay en ellos, pero el séptimo día Yahvé descansó, y por eso bendijo el sábado y lo hizo sagrado». (Ex. 20, 11).
«Seis días trabajarás y harás tus obras, pero el séptimo es sábado de Yahvé tu Dios» (Deut. 5, 13-14).
Nos damos cuenta de que en estos textos la palabra «sábado» (descanso) tiene para los israelitas del Antiguo Testamento un nuevo sentido, un sentido religioso.
El sábado les recordaba la creación de Dios en seis días con su descanso en el Séptimo día; este último día es consagrado a Dios. Y el hombre también con su trabajo imita la actividad de Dios Creador y con su «descanso» («sabat») del séptimo día el hombre imita el reposo sagrado de Dios. (Ex. 31, 13).
Así el día sábado se convirtió para los israelitas en una señal, en una de sus prácticas más típicas e importantes.
Esta señal del día sábado y la circuncisión eran características mediante las cuales el pueblo de Israel se distinguía de los otros pueblos que lo rodeaban. Y durante toda la historia del A.T. el pueblo de Israel guardó fidelidad a estas dos señales.
Con el tiempo la práctica del reposo del sábado fue asumida por la ley judía en forma muy estricta, con 39 prohibiciones de trabajo: prohibición de recoger leña (Núm. 15, 32); prohibición de preparar alimentos (Ex. 16, 23); prohibición de encender fuego (Ex. 35, 3); etc. Poco a poco la práctica del reposo del sábado se convirtió en una observancia escrupulosa e hipócrita. Los profetas del A.T. lanzan una dura crítica contra la práctica legalista del sábado que ha convertido a los israelitas en un pueblo sin devoción interior (Os. 1, 2 y Os. 2, 13).
¿Celebraba Jesús el día sábado?
Jesús no suprime explícitamente la ley del sábado. El, en día sábado, visitaba la sinagoga y aprovechaba la ocasión para anunciar el Evangelio (Lc. 4, 16). Pero Jesús, al igual que los profetas, atacaba el rigorismo formalista de los fariseos y de los maestros de la Ley: «El sábado está hecho para el hombre y no el hombre para el sábado.» (Mc. 2, 27).
Para Jesús el deber de la caridad es anterior a la observancia material del reposo; por eso El hizo varias sanaciones en día sábado, obras prohibidas en este día. (Mc. 3, 1-6; Lc. 14, 1-6; Lc. 6, 1-5). Además Jesús se atribuyó poder sobre el sábado: «el Hijo del hombre es Señor del sábado.» (Mc. 2, 28). En otras palabras, Jesús es dueño del sábado. (Lc. 6, 1-5).
Por supuesto que esta nueva manera de observar el sábado chocó violentamente con la mentalidad legalista de los fariseos. Y éste era uno de los cargos graves contra Jesús (Jn. 5, 9). Pero El estaba consciente de que, haciendo el bien en día sábado, imitaba a su Padre, el cual habiendo reposado el sexto día, al final de la creación, continúa rigiendo el mundo y vivificando a los hombres. «Mi Padre ha trabajado hasta ahora, y yo también trabajo» (Jn. 5-17).
La actitud de Jesús frente al día sábado nos enseña que él actuó con libertad de espíritu frente a esa ley, y nunca consideró la observancia del sábado como algo esencial en su prédica, esto era para Jesús algo menos importante.
Pero Jesús dijo claramente«que no vino a suprimir la ley sino a darle su verdadero significado» (Mt. 5, 17). En su actitud no se trata de cumplir la ley al pie de la letra, sino que promueve una evolución de la ley hacia su perfección.
La Resurrección de Jesús
El argumento fundamental para optar por el día Domingo procede de la Resurrección del Señor. Los cuatro evangelistas concuerdan en que la Resurrección de Cristo tuvo lugar en «el primer día de la semana», que corresponde al día Domingo de ahora. (Mt. 28, 1; Mc. 16, 2; Lc. 24, 1; Jn. 20, 1 y 19). El hecho de la Resurrección de Cristo en el día Domingo para los discípulos era altamente significativo y será desde entonces el centro de la fe cristiana.
Hay dos razones fundamentales para celebrar este día de la Resurrección:
1) Con su Muerte y Resurrección, Jesús comenzó la Nueva Alianza y terminó la Antigua Alianza. Durante la última Cena, Jesús proclamó: «Esta copa es la Alianza Nueva, sellada con mi sangre, que va a ser derramada por ustedes.» (Lc. 22, 20).
Los discípulos de Jesús poco a poco se dieron cuenta de que en esta Nueva Alianza la ley de Moisés y sus prácticas tendrían otro sentido.
La Muerte y Resurrección de Cristo significaban también para los primeros cristianos la Nueva Creación, ya que Jesús culminaba su obra precisamente con su Muerte y Resurrección justo en el día Domingo, que será desde entonces «el día del Señor».
Nosotros también hemos recibido la promesa de entrar con Cristo en este reposo (Hbr. 4, 1-16). Entonces, el día Domingo, «el día del Señor», será el verdadero día de descanso, en que los hombres reposarán de sus fatigas a imagen de Dios que reposa de sus trabajos (Hbr. 4, 10 y Apoc. 14, 13).
De ahí en adelante la fe de los cristianos tiene como centro a Cristo Resucitado y Glorificado. Y para ellos era muy lógico celebrar el «Día del Señor» (Domingo) como el «Nuevo día» de la Creación. (Is. 2, 12).
La práctica de los primeros cristianos
Los primeros cristianos siguieron en un principio observando el sábado y aprovechaban las reuniones sabáticas para anunciar el Evangelio en el ambiente judío. (Hch. 13, 14). Pero luego el primer día de la semana (el Domingo) empezó a ser el día del culto de la primitiva Iglesia.
«El primer día de la semana, estando nosotros reunidos para partir el pan...» (Hch. 20, 7). Sabemos que «partir el pan» es la expresión antigua para designar la santa Misa o Eucaristía. Es entonces muy claro que los primeros cristianos tenían su reunión litúrgica -la Santa Misa- en el día Domingo, tal como se hace hoy. Escribe Juan, el autor del libro Apocalipsis: «Sucedió que, un día del Señor, quedé bajo el poder del Espíritu Santo» (Ap. 1, 10).
¿Qué nos enseña el apóstol Pablo?
Jesús había dicho: «Yo no vine a terminar con la ley , sino a completar la ley, dándole su última perfección» (Mt. 5, 17). San Pablo en sus cartas desarrolla esta misma idea: «El fin de la ley es Cristo» (Rom. 10, 4). Así para el apóstol la plenitud de la ley no se encuentra en el cumplimiento literal de la ley, sino en la fe en Cristo. Pablo dice que «la ley ha sido nuestro maestro hasta Cristo» (Gal. 3, 24) y con Cristo se inicia la Nueva Alianza (1 Cor. 11, 25).
El apóstol Pablo tuvo sus discusiones acerca del día del Señor. Al comienzo tenía la costumbre de predicar en las sinagogas el día sábado para los judíos, pero cuando le rechazaban sus enseñanzas, él se volvía a los gentiles. En este ambiente no judío, Pablo no daba importancia a las costumbres judías, como la circuncisión, el día sábado, etc. Pablo se reunía con los nuevos creyentes el primer día de la semana, y trasladaban las prácticas que los judíos solían hacer en día sábado, como la colecta de la limosna, al primer día de la semana. (1 Cor. 16, 1-2)
Esta actitud en favor de los gentiles convertidos provocó una fuerte discusión en la Iglesia. Luego, este asunto fue tratado en una reunión en Jerusalén, con los apóstoles y ancianos de esta Iglesia.
Ahí tomaron la decisión de no imponer a los gentiles convertidos ninguna carga o práctica judía, salvo lo absolutamente necesario (Hch. 5, 28-29). Con esta decisión quedó abierta la puerta a los gentiles, sin obligarlos a la ley judía. Ahora bien, Pablo escribe a los Colosenses:
«Que nadie los moleste a ustedes por lo que comen o beben, o con respecto a días de fiesta, lunas nuevas o días de descanso.» (Col. 2, 16) Además criticó el afán de dar demasiada importancia a ciertos días (sábado), meses, fechas y años (Gál. 4, 10). El siempre recomendó evitar estas polémicas secundarias y dar importancia a la caridad.
Consideración final
No cabe la menor duda de que los primeros cristianos santificaron, descansaron y celebraron el Domingo como «el día del Señor.» Esta práctica tiene pleno fundamento en la Biblia. Respetamos el hecho de que los judíos celebren el sábado en la forma indicada en el Antiguo Testamento (ellos no son una religión cristiana).
En cuanto a algunos grupos, como los adventistas, que se dicen ser cristianos, y que defienden la celebración del sábado -no del Domingo- tenemos que decir que no interpretan bien toda la Biblia, ya que se quedan con una práctica judía del A. T. y no siguieron el cumplimiento del N. T. Esto sucede porque interpretan la Biblia en forma literal y parcial, y olvidan que Jesús completó y perfeccionó el A. T.
Los católicos, entonces, estamos en la verdad al celebrar el día Domingo. Para terminar, repito las palabras del apóstol Pablo: «Que nadie les critique por cuestiones de comidas o bebidas o con respecto a días de fiestas, lunas nuevas o días de descanso... Todo esto es sombra de lo venidero» (Col. 2, 16-17).
Me consta que muchos adventistas pasan como obsesionados casa por casa llamando a los católicos a cambiarse de religión por la cuestión del día sábado. ¡Como si esto fuera lo más importante de la Biblia! Y me consta que muchos adventistas al pasar por las casas de los católicos les piden la Biblia y les leen los textos aislados del A. T, donde el Señor llama al pueblo judío a santificar el sábado, y dicen a la gente: «Fíjense, en su misma Biblia católica Dios manda observar el sábado... ¿No ven que ustedes están equivocados?».
Esto es abusar de la Biblia y de la buena fe del pueblo sencillo. Es usar de una verdad a medias para sembrar dudas y perturbar a la gente sencilla. Por eso es conveniente que ustedes, amigos, lean varias veces este tema hasta que se empapen bien de lo que aquí se dice, y cuando pasen los adventistas sepan qué responderles, con caridad sí, pero también con energía y con claridad.
En definitiva, los católicos no hemos quedado petrificados en el Antiguo Testamento ni somos esclavos de frases sacadas de su verdadero contexto. Los católicos aceptamos este evolución querida por Dios entre Antiguo y Nuevo Testamento y aceptamos a Jesús como Amo y Señor de la Historia y tenemos muy claro que la realidad presente deja muy atrás los signos con que fue prefigurada. Es por eso que santificamos el día Domingo.
Cuestionario
¿Qué enseñan con insistencia los Adventistas sobre la observancia del sábado? ¿Qué dice la Biblia en el A. T.?
¿Cómo la Iglesia Católica pasó del Sábado al Domingo? ¿Hay una evolución entre A. T. y N. T? ¿Consideró Jesús la observancia del Sábado como algo esencial?
¿Qué dijo Jesús en Mc. 2, 28? ¿Por qué los católicos observamos el Domingo? ¿Cuál fue la práctica de San Pablo?