3. La Iglesia surgida del Concilio de Nicea 2/4

Autor: Christian | Fuente: apologia21.com 

Muchos hoy afirman que en el Concilio de Nicea, año 325, Constantino paganizó la Iglesia creando así la Iglesia Católica. Vamos a dedicar estos artículo a analizar las acusaciones más comunes en este sentido y ver cuánto fundamento hay en ellas.

Muchos hoy afirman que en el Concilio de Nicea, año 325, Constantino paganizó la Iglesia creando así la Iglesia Católica. Esta es la parte segunda de un artículo dividido en cuatro partes en el que se analiza en particular la veracidad de las acusaciones vertidas en un artículo publicado en Internet. Si no ha leído la primera parte puede hacerlo aquí: Parte 1, allí encontrará también el mencionado artículo, que no es más que un ejemplo de lo que se suele decir sobre el tema.

Analizaremos ahora los puntos 6 al 10.

1- La liturgia católica
2- Dedicar un templo a un santo
3- Introducción de cánticos
4- Quema de incienso
5- Lámpara de aceite y velas
6- Utilización del agua bendita
7- El anillo de bodas
8- Fiestas religiosas
9- Vestimentas sacerdotales
10- La mitra

11- Constantino como "obispo de los obispos"
12- El papa como Sumo Pontífice
13- ¿Es el Nuevo Testamento un texto paganizado?
15- Descatalogación y quema de evangelios

Utilización del agua bendita

El texto que citamos en la Parte 1 de esta serie consideraba la costumbre católica de rociar con agua bendita algo tan sumamente pagano que llega a calificar al catolicismo como "paganismo rociado con agua". Algunos dicen que el agua bendita se empezó a usar con Nicea, otros dicen que empezó en el año 850, pero lo cierto es que siempre se usó. No era este un elemento extraño introducido como novedad en el cristianismo, la propia Biblia nos muestra en repetidas ocasiones que el agua puede transmitir purificación y bendición.

El agua bendita es un símbolo del agua viva de la que habla la Biblia (Ez 36,25-27: "Os rociaré con agua pura…"). En las Escrituras, el agua se usa para limpiar, purificar y sanar. Así, por ejemplo, en Éxodo 23:25 («Vosotros daréis culto a Yahveh, vuestro Dios, yo bendeciré tu pan y tu agua. Y apartaré de ti las enfermedades»), en Números 5:17 («Luego echará el sacerdote un poco de agua santa en un vaso de barro, y tomando del polvo que haya en el suelo del Tabernáculo, lo mezclará con el agua») y en Reyes 5:14 («Descendió entonces Naamán y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios, y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio»), entre muchos otros pasajes de la Biblia.

El bendecir a personas, lugares y cosas tampoco es innovación católica, es práctica frecuente en el Antiguo y Nuevo Testamento, el mismo Jesús bendice el pan, a los apóstoles, a los niños, etc. Utilizar el agua como instrumento para transmitir esa bendición es simplemente un medio, igual que la imposición de manos, pero un medio refrendado por la cultura bíblica; empezando por el propio bautismo, donde el agua también es instrumento para transmitir la bendición del Espíritu Santo, y muchas veces aparece en la Biblia como instrumento de purificación, como cuando se les ordena a Aarón y sus hijos purificarse con agua (Éxodo 29:4) y así harán todos los sacerdotes israelitas en adelante.

Si al agua bendita se le puede añadir un poco de sal no es maleficio pagano, es precisamente para asemejarla a la muy salada agua del Mar Muerto en Palestina, pero el mismo Eliseo echa sal en el agua para purificarla (Eliseo fue hacia los manantiales de las aguas, echó dentro la sal y dijo: Así ha dicho el Señor: "Yo sané estas aguas, ya no habrá en ellas muerte ni enfermedad". Y fueron saneadas las aguas hasta hoy, conforme a la palabra que pronunció Eliseo. 2 Reyes 2:21-22).

Además, tampoco es esta una innovación de Nicea, ya en el siglo II tenemos constancia documental de la costumbre de bendecir el agua antes de celebrar un bautismo (Tertuliano De Bap IV col 1203) y en el siglo III San Cipriano nos dice: "Oportet ergo mundari et sanctificari aquam prius a sacerdote", o sea, "Por lo tanto el agua debe ser antes purificada y bendecida por el sacerdote" (5º Conc. de Cartago; cf Cabrol, Monumenta Ecclesiae liturgica I. p. 2340.2349).

Bendecir y rociar con agua son también elementos de la tradición judía. La Mishnáh (Parah) y el Talmud jerosolimitano (Berakhot IV,1; Sota II,1) ofrecen enseñanzas sobre los ritos de la aspersión y el uso del agua lustral: la aspersión, que debía realizarla un sacerdote, se hacía dando siete golpes diversos sobre el objeto que se deseaba purificar.

En la Biblia vemos que el hecho mismo de tomar el agua pura y hacerla pasar por las cenizas era suficiente para su bendición (Num 19,9), y también hay ejemplos de cómo bendecir lugares y objetos rociando con sangre, como los cuernos del Altar.

Si bendecir el agua y tener sacerdotes son rasgos paganos como dicen algunos, entonces la Iglesia ya era bien pagana antes de Nicea, y la misma Biblia quedaría en entredicho pues el antiguo judaísmo mismo sería, según su vara de medir, una religión pagana. Y para los que afirman que el hisopo con el que el sacerdote esparce el agua bendita es un artilugio sacado de la religión egipcia, bastará con recordarles las palabras del rey David en su famoso miserere:

Purifícame con el hisopo y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve. (Salmo 51:9)

El hisopo era una planta, y se utilizaba para rociar algo con sangre o agua en los ritos de purificación. Los sacerdotes hebreos rociaban personas, casas, objetos, lugares, del mismo modo que los sacerdotes católicos siguen haciendo hoy en día.

El sacerdote católico también hoy utiliza a veces una planta o incluso una flor como hisopo para esparcir el agua bendita, pero lo que hoy llamamos "hisopo" suele ser una vara terminada en esfera, artilugio metálico que realiza más cómodamente la misma función que la planta usada por los hebreos (rociar líquido), por eso mantiene su mismo nombre.

Si el cristianismo sustituyó totalmente la frecuente aspersión con sangre por la también bíblica aspersión con agua es algo que hay que agradecer, pero tampoco es un invento católico; en el Nuevo Testamento vemos cómo a todos los niveles la sangre ritual del judaísmo pasa a convertirse en una metáfora con excepción del sacrificio de Jesús, y la purificación pasa exclusivamente al agua, como prueba el mismo bautismo ya desde Juan.

Todavía les quedaría a los protestantes el dudoso recurso de decir que rociar agua bendita con una planta de hisopo podría ser bíblico, pero que hacerlo con un instrumento metálico no es bíblico.

Pobre y gratuito razonamiento sería ese que confunde el fondo con la forma, similar al de confundir la llama con la vela, pero incluso ese argumento es refutado por la misma Biblia, pues cuando Salomón construye el Templo de Dios en sustitución a la tienda del Tabernáculo, igualmente manda hacer hisopos de metal en sustitución al ramillete vegetal usado en la época del desierto:

"las ollas, las palas y los aspersorios. Todos esos objetos que hizo Jiram para el rey Salomón, en la Casa del Señor, eran de bronce bruñido." (1 Reyes 7:45)

La palabra aquí traducida como "aspersorios", muchas veces se traduce por "vasos" porque no conocemos su forma, pero fuere como fuere su forma, su uso para rociar con agua bendita parece claro si tenemos en cuenta la raíz de la palabra original "mizraq", que deriva de la palabra "zaraq", que significa "rociar (con líquido)", por tanto estos recipientes metálicos del Templo no tenían forma de vaso, sino alguna forma que les permitía rociar con ellos para bendecir, pues esa era su función.

Una vez más hay que recordar que una cosa es encontrar algún tipo de paralelismos en otras religiones y otra cosa es afirmar que el origen de ciertos elementos católicos está en otras religiones no bíblicas. El razonamiento de quienes consideran el agua bendita un elemento pagano es el mismo que el de quienes consideran que la resurrección de Jesús es un invento posterior basado en la resurrección de Osiris, entre otros dioses paganos.

Similitud no presupone origen, y tal como hemos visto, el uso del agua bendita es un elemento bíblico que desgraciadamente se ha perdido en el protestantismo pero que se mantiene como siempre en las Iglesia Católica y Ortodoxa.

El anillo de bodas

Llegamos por fin a un elemento indiscutiblemente pagano, pues el intercambio de anillos como parte del ceremonial de bodas es de origen romano y no existe en la tradición bíblica. También los judíos del siglo I usaban a veces los anillos por influencia romana, y no lo consideraron una contaminación de su religión, pues solo es un elemento formal. Sí podría quizá considerarse contaminación de la doctrina cristiana si el intercambio de anillos fuese un elemento intrínseco del sacramento del matrimonio, pero en el catolicismo no se considera que los anillos sean parte del sacramento, sino un ritual asociado a él.

Si dos personas se casan sin anillos el sacramento es igualmente válido porque los anillos no son un signo, una vía de transmisión del sacramento al modo en que sí lo es el agua en el bautizo, sino una metáfora, como las arras. Por tanto, los anillos en el sacramento del matrimonio se pueden comparar al "tradicional" vestido blanco de novia y el ramillete de flores. Si en una boda suprimimos los anillos y las cámaras de fotos, el sacramento permanece inalterado porque no son elementos sacramentales, sino accesorios. Otra vez confundiendo las formas con el contenido.

Fijación de fiestas religiosas y procesionales

Un hecho religioso se puede celebrar cualquier día, da igual cuándo. El único día cuya fecha tenía significación precisa era la Pascua de Resurrección, porque era una fiesta del calendario judío y la Biblia prescribía cuándo debía celebrarse, y esa fecha no se tocó en Nicea ni en tiempos de Constantino (aunque hubo y hay diferentes opiniones de cuál sería la fecha actual más equivalente a la fecha bíblica para adaptar el calendario solar-lunar judío al solar cristiano). La otra fiesta heredada del calendario judío, Pentecostés, debía ser automáticamente 50 días posterior a la Pascua, como su propio nombre indica, y así la mantiene la Iglesia Católica.

También casi todas las fiestas principales (lo que hoy llamamos fiestas móviles) están fijadas con respecto a la fecha de Pascua (tantos días después de Pascua), y las fiestas que conmemoran a un santo se celebran en el día de su muerte, porque es el día en el que nacen en el Paraíso (excepto Juan Bautista que también se celebra el día de su nacimiento). Por tanto la mayoría del calendario festivo cristiano no tiene nada que ver con el pagano.

En cuanto al día de Navidad, si no sabían qué día del año había nacido Jesús, cuando varios siglos después decidieron celebrar su nacimiento cualquier día les venía bien, no era un asunto doctrinal sino práctico. Ponerlo en el día del nacimiento del Sol Invicto más que paganización supone, al contrario, la cristianización de un festival pagano muy popular (un gran golpe de efecto) y de paso presentaban a Jesús como el verdadero Sol Invicto.

Además la Iglesia vio esta fecha como la que podía aportar el símbolo perfecto para la encarnación de Dios, pues el 25 de diciembre en el hemisferio norte es la fecha en que por primera vez que la luz empieza a ganar tiempo a las sombras de la noche (los días alargan), simbolizando que la llegada de Jesús supuso el triunfo de la luz sobre las tinieblas. No comprendo qué se puede ver de malo en que los cristianos decidieran elegir un día para alegrarse y festejar el gran acontecimiento que recuerda el momento en el que Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros.

¿Pero qué más da cuándo se celebre una fiesta? Es de nuevo un asunto de formas, no de doctrina. La Iglesia empezó a situar algunas fiestas cristianas en fechas de fiestas paganas como una manera (que resultó muy efectiva) de cristianizar esas fiestas. Las fiestas tradicionales son costumbres muy arraigadas (y más antes) muy difíciles de eliminar, en vez de prohibirlas era mucho más sencillo y más sabio poner en su lugar una fiesta cristiana.

Esa táctica no es algo criticable, sino elogiable por su eficacia. El mismo sistema exitoso se está llevando a cabo hoy en día para paganizar de nuevo la sociedad en algunos países, colocando fiestas paganas en días de fiesta cristiana: las brujas y zombies de Halloween sustituyendo a la fiesta del Día de los Difuntos, los conejitos de Pascua sustituyendo a la Pasión de Jesús, Santa Claus sustituyendo al nacimiento de Jesús, etc.

La utilización de prendas y vestimentas sacerdotales suntuosas

La suntuosidad, del tipo que sea, es un rasgo perfectamente criticable dentro de cualquier iglesia, pero tampoco afecta la doctrina. De todas formas esa suntuosidad en todo caso parecería más propia de los obispos (si así fuera), porque los sacerdotes en su mayoría eran gente común y corriente y, al contrario que los obispos tras Nicea, no recibían un sueldo del emperador.

Sería en la Edad Media cuando obispos y sacerdotes empiecen a mostrar más ostentación en la vestimenta litúrgica, algo que se simplificó de nuevo tras Vaticano II. Y en cuanto a las ropas en sí, criticar los nuevos ropajes de los sacerdotes es el mismo caso que criticar el vestido de novia.

Ante esto los evangélicos suelen decir que el problema católico no es solo el hecho en sí de tener ciertas vestimentas reglamentadas, sino sobre todo el hecho de considerar esas vestimentas sagradas. Pero tener vestimentas "sagradas" (en el sentido de dedicadas en exclusiva para uso en ceremonias sacras) es un rasgo no solo del paganismo sino también del judaísmo y de casi todas las religiones.

En la Biblia tenemos a Dios dando instrucciones detalladas a Moisés sobre qué tipo de vestimenta deben usar los sacerdotes (Éxodo 28), por lo que de nuevo estamos ante un asunto sagrado, no meramente utilitario; es el mismo Dios quien dice "Harás vestiduras sagradas para Aarón, tu hermano, que muestren el honor y la dignidad de su función sacerdotal" (Éxodo 28:2). Una vez más nos encontramos que la Iglesia Católica es criticada y acusada de pagana por seguir obedeciendo los designios del Dios bíblico.

Sin embargo las vestimentas litúrgicas de la Iglesia no se derivaron de lo establecido en la ley mosaica, sino de la ropa normal (túnica talar) que usaba la gente honrada de Grecia y Roma en tiempos de la difusión del cristianismo. En el siglo I, pues, no había ropas con un diseño específico para oficiar, pero sí que el oficiante solía usar su mejor túnica para ello y la reservaba a tal fin, así que incluso entonces podemos hablar de "vestimentas sagradas" en el uso cristiano.

Cuando llegó la paz de Constantino y la Iglesia salió de la clandestinidad, se fijó exactamente qué modelo de túnica talar debía ser usado por los sacerdotes (algo en lo que Constantino no tuvo nada que ganar ni nada que ver). Será más tarde, en el siglo VI, al cambiar la moda, cuando empezará a notarse una marcada diferencia entre la manera de vestir de los sacerdotes, que sigue igual que siempre, y la del resto de la gente, que va a la nueva moda.

Las vestiduras sacerdotales actuales son, en gran medida, la manera normal de vestir de los hombres de la Roma y Grecia clásica, igual que los pastores evangélicos actuales suelen vestir con ropa occidental moderna y no por ello consideran que están contaminando su religión. Bueno es recordar que, al igual que comentamos con los anillos de boda, un sacerdote católico puede oficiar misa e impartir sacramentos sin necesidad de tener las vestiduras reglamentarias.

Debemos recalcar, una vez más, que cuando decimos que un objeto es "sagrado", tanto católicos como la Biblia queremos decir que ese objeto está "apartado" o "reservado" para ser usado en el culto a Dios, no que el objeto en sí tenga propiedades "mágicas" o "poderes divinos".

Si utilizásemos una vestidura sacerdotal sagrada para disfrazarnos en carnavales estaríamos cometiendo una profanación porque una vez hemos reservado algo para Dios, darle un uso pagano es desacralizarlo, profanarlo, es como robarle a Dios algo que teníamos a él consagrado en exclusiva, es como si entran en mi casa y se llevan sin mi permiso mi ordenador para "jugar a las casitas" en la calle, y en eso la Iglesia Católica mantiene el mismo concepto que vemos en la Biblia ante situaciones semejantes: una vez hemos apartado algo para Dios o su culto, solo para él queda reservado su uso: se convierte en algo sagrado.

La mitra

En cuanto a la famosa mitra episcopal, que desde El Código Da Vinci se ha convertido en uno de los símbolos de la paganización católica, hay que comentar que no procede del gorro frigio de los sacerdotes mitraicos, aunque tampoco importaría nada que ese fuera su origen porque no es más que un accesorio de las vestimentas episcopales.

La mitra en la Iglesia Oriental es ovoide y tiene su origen en unos antiguos gorros bizantinos (el camelauco) usados por oficiales de la corte imperial, y la mitra en la Iglesia Occidental es triangular y algunos dicen, sin razón, que pudiera tener su origen en unos gorros de sacerdotes romanos paganos, aunque viendo una y otros parece que lo único que tienen en común es que se llevaban sobre la cabeza (los gorros sacerdotales romanos se parecían más al gorro de lana peruano que a otra cosa).

El Código Da Vinci dice que la mitra es copia del gorro sacerdotal de los mitraicos (adoradores del dios Mitra), y que lo demuestra su propio nombre: "mitra". Esto es recurrir a lo aparentemente obvio sin molestarse en investigar. La palabra "mitra", en el sentido de tocado, no tiene nada que ver con el dios Mitra. Aparece por primera vez en el idioma griego. Homero la utiliza en el sentido de una especie de fajín que rodea la cintura. Por analogía, cuando el "fajín" se usa en la cabeza (una banda de tela para el pelo) se llamará igualmente "mitra". Heródoto usa esa palabra griega cuando intenta describir un tocado de tela usado por las mujeres babilónicas de su época.

Del mismo modo un griego podía usar la palabra "mitra" para describir el gorro sacerdotal de los sacerdotes judíos (el mitznefet) o de cualquier otro sacerdote o el de un simple campesino. Por tanto "mitra" en el griego de los primeros siglos de nuestra era equivale más bien a la palabra española "gorro". El gorro que empiezan a usar los obispos cristianos se llamará igualmente mitra, al igual que otros gorros, y la palabra pasará más tarde al latín ya en el sentido especializado de "tocado usado por los obispos".

En los primeros siglos no se usa una mitra como parte de la indumentaria eclesial. Los sacerdotes, obispos o gente normal usaban a veces diversos tipos de gorro para protegerse la cabeza, pero nunca con sentido litúrgico. En algún momento se incorporó el gorro a las vestimentas episcopales y la primera constancia que tenemos de un obispo en vestiduras clericales usando gorro (llamado "mitra", o sea, "gorro") es en dos miniaturas de mediados del siglo XI.

Parece que a mediados del siglo X se empezó a conceder a algunos obispos el "privilegio" de llevar gorro. Hasta casi el siglo XII no se generalizó este uso a todos los obispos, al menos en Occidente. Por tanto no hay ningún motivo para derivar la mitra cristiana de los tocados sacerdotales paganos, porque cuando la mitra se introduce en el cristianismo hacía siglos que el paganismo clásico había desaparecido.

Y desde luego tampoco esta vez podemos culpar al pobre Constantino de haberlo impuesto. Sin embargo sí sería posible suponer que si los obispos católicos y ortodoxos terminaron por añadir un tocado a sus vestimentas fue más bien por influencia de las "mitras" usadas por los sacerdotes del Templo de Jerusalén, lo cual, a alguien acostumbrado a leer la Biblia, acaba por resultar un complemento muy apropiado en quien tiene que oficiar ante Dios.

2. La Iglesia surgida del Concilio de Nicea 1/4

Autor: Christian | Fuente: apologia21.com 

Muchos hoy afirman que en el Concilio de Nicea, año 325, Constantino paganizó la Iglesia creando así la Iglesia Católica. Vamos a dedicar estos artículo a analizar las acusaciones más comunes en este sentido y ver cuánto fundamento hay en ellas..

Para hacernos una idea de lo que algunos protestantes y ateos dicen sobre la influencia de Constantino, empecemos viendo parte de un texto donde se defiende la idea de que el cristianismo como tal fue un invento de Pablo de Tarso y que la Iglesia Católica fue creación de Constantino.

Entre los cambios más importantes que Constantino efectúa en la liturgia católica, con el fin de atraer a los paganos, cabe destacar la práctica que lleva a cabo al destinar un templo en exclusiva para el culto a un santo en particular (adoración de imágenes), la introducción de cánticos, como era el Kyrie Eleison, o la quema de inciensos y plantas aromáticas, el uso de lámparas de aceite y velas, la utilización del agua bendita, la tonsura sacerdotal, el anillo de bodas, fijación de las fiestas religiosas y procesionales (la fecha del 25 de diciembre, que se correspondía con el solsticio de invierno y que era festejada como la fiesta del Solis Invictus, del que Constantino era adorador, pasó a ser el día de la Natividad del Señor, una efeméride que antes nunca había sido festejada por los cristianos), así como la utilización de prendas y vestimentas sacerdotales suntuosas, por poner un ejemplo, tal como explicase Eusebio de Cesárea en sus escritos y fuese recogido por el cardenal católico J. H. Newman, en su libro "An Essay on the Development of Christian Doctrine, pp. 359, 360″.

Como contrapartida, y a fin de contentar a la jerarquía eclesiástica, Constantino otorga una serie de prebendas y privilegios a la Iglesia Católica, como el derecho de asilo, la capacidad de heredar de terceros, la exención de pagar impuestos o percibir ingresos dinerarios por el alquiler de inmuebles, son sólo algunos de los ejemplos más destacables.

Constantino ostentaba el título de "Sumo Pontífice" en la religión pagana del Solis Invictus de la que era el jefe supremo, y a fin de seguir manteniendo dicho título en la nueva Iglesia del Imperio, se hizo nombrar "obispo de obispos" en el Concilio de Nicea. Después de la muerte de Constantino, el título de "Sumo Pontífice" fue heredado y desde entonces es ostentado por los Papas.

[…]En el Concilio de Nicea, la nueva Iglesia Católica, sienta las bases de su doctrina a través de los cuatro evangelios seleccionados, que formarán parte del canon, que hasta entonces era inexistente.[…] El Concilio de Nicea representaba una ruptura total con el concepto original que los cristianos tenían de Iglesia, donde el significado aceptado, hacía referencia a una "asamblea de fieles".

En el Concilio de Nicea, se descalificaron decenas de evangelios que, desde el origen del cristianismo y hasta entonces, habían sido aceptados y adoptados por las distintas comunidades cristianas, quienes tenían el derecho de poder decidir por sí mismas que textos aceptar y cómo interpretar los evangelios. Ahora, todos esos conceptos habían cambiado. […] No obstante, y a pesar de que la religión católica era la religión protegida por el emperador y por tanto la religión oficiosa del imperio, en realidad no llegó a ser confirmada como la religión oficial, sino hasta el año 380 d.C., bajo el mandato del emperador Teodosio. […]

Empecemos diciendo que en algo tiene razón, que Constantino no hizo al cristianismo religión oficial del estado (eso fue Teodosio) sino simplemente legalizó su culto y permitió que los cristianos pudiesen profesar su religión en público del mismo modo que el resto de las religiones.

Algunas de las cosas que cita (prebendas, cesiones, financiación, etc.) son cuestiones mundanas que son ciertas pero que no tocan la doctrina ni transforman la Iglesia en algo nuevo. El emperador devuelve a los cristianos y a las iglesias locales todos los bienes incautados durante las persecuciones, reconstruye sus iglesias (templos) y construye muchas más, les regala basílicas (palacios) que serán las futuras catedrales, le hace donaciones y da un sueldo a los obispos. Todas estas cosas materiales se pueden considerar acertadas o no, se pueden alabar o rechazar (independientemente de que seas católico o protestante), pero de ninguna forma implica que esa nueva Iglesia ahora favorecida y mimada por el poder sea una Iglesia apóstata diferente de la anterior Iglesia perseguida.

Si a un baptista le regalas un coche y le pagas un crucero por el Caribe seguirá siendo baptista si sus creencias permanecen intactas. Si él se va al Caribe con el dinero del diezmo de sus fieles, su conducta será muy reprobable, pero tampoco eso demuestra que su religión se haya corrompido, solo demuestra que él es un sinvergüenza y el que se ha corrompido es él.

Ya vimos en el artículo "El cristianismo antes de Nicea: persecuciones y herejía" con qué tipo de cristianos contamos en esa época y lo tremendamente susceptibles que eran ante cualquier cambio doctrinal por mínimo que fuera. Recordemos una vez más que todos esos adultos, obispos o no, eran cristianos curtidos en las persecuciones y que habían arriesgado su vida por mantener su doctrina intacta, sin concesiones.

No olvidemos tampoco que cuando hablamos de la Iglesia no estamos hablando solamente de obispos y clero, el pueblo cristiano también era esa Iglesia y también tuvo un papel muy activo en ese siglo, apoyando o rechazando a sus obispos y alzando su voz en muchas ocasiones, y más de una vez el emperador cambió sus decisiones ante la presión popular (como cada vez que tuvo que permitir al obispo Atanasio regresar del exilio y recuperar su sede). Constantino no podía amenazar a nadie con nada peor de lo que su predecesor Diocleciano había intentado ya.

Es un grave -y común- error pensar que la relación entre la jerarquía y el pueblo era comparable a la que después se daría en la Edad Media. Los obispos en el siglo IV no eran los señores del pueblo, sino sus líderes y servidores, y el pueblo cristiano no era una masa de fieles sumisos sin opinión propia, sino héroes supervivientes, celosos de su fe y su herencia religiosa. Si se pudiese sobornar a un obispo, no se sobornaría con él a todo su pueblo.

Si Constantino hubiera logrado que todos los obispos apostataran de su fe, el pueblo se rebelaría contra ello y habría sido necesaria una nueva y feroz persecución para intentar someterlos, pero si unos años antes esos mismos cristianos habían resistido bajo la terrible y larga persecución de Diocleciano, también habrían resistido esta nueva persecución de Constantino. Sin embargo no hubo tal persecución ni tal cisma ni los obispos defraudaron a su pueblo, porque no hubo tal cambio de doctrina como ahora muchos modernistas afirman.

En este y otros dos artículos próximos analizaremos una por una las cosas que esa página web cita como perversiones de la nueva iglesia y veremos si realmente son novedades impuestas por Constantino. Cuando estén publicados pondremos aquí los enlaces. Estos serán los puntos a tratar:

1- La liturgia católica;
2- Dedicar un templo a un santo;
3- Introducción de cánticos;
4- Quema de incienso;
5- Lámpara de aceite y velas;
6- Utilización del agua bendita;
7- El anillo de bodas;
8- Fiestas religiosas;
9- Vestimentas sacerdotales;
10- La mitra;
11- Constantino como «obispo de los obispos»;
12- El papa como Sumo Pontífice;
13- ¿Es el Nuevo Testamento un texto paganizado?;
14- La Iglesia como comunidad de fieles;
15- Descatalogación y quema de evangelios.

Veremos en este artículo los 3 primeros puntos:

La liturgia católica

Aunque ya se ha convertido en tópico la afirmación de que la liturgia católica (y ortodoxa) es una creación de Constantino en Nicea, en un próximo artículo demostraremos con citas y datos que la liturgia de la misa cristiana no cambió en Nicea, y que además, comparada con la misa católica actual, es en esencia la misma y hunde sus raíces en la Biblia. Ya desde finales del siglo I, incluso en vida del apóstol Juan, tenemos testimonios de cómo era el rito católico, y lo que vemos no tiene nada que ver con esos supuestos grupos de fieles que simplemente se reunirían para rezar y alabar a Dios sin necesidad de ritos ni fórmulas ni jerarquías.

No es de extrañar que muchos exégetas piensen que el evangelio de San Juan, de alto contenido simbólico, nos presenta la vida de Jesús desde una perspectiva que solo se puede entender bien como una reflexión posterior hecha desde el punto de vista litúrgico y doctrinal de una Iglesia que ya está organizada y asentada, al contrario que los otros libros del Nuevo Testamento, que son reflejo de una Iglesia en pleno proceso de creación y formación.

Cuando los apóstoles empezaron a predicar el evangelio lógicamente no se preocupaban de enseñar a los nuevos fieles cómo debían hacer la misa o cómo debía vestirse el sacerdote, bastante tenían con enseñarles el mensaje de Jesús. Si hay que reconstruir una ciudad arrasada en un terremoto, las autoridades no empiezan construyendo cines, piscinas, hermosos jardines y levantando bellas estatuas en medio de las plazas, eso vendrá luego, cuando la gente tenga un techo bajo el que dormir, pero en cuanto la vida se restablezca se necesitará urgentemente establecer un control para el tráfico, pensar en la seguridad, en escuelas para los niños, en el sistema de alcantarillado y una red de comercios.

Si las autoridades levantan la ciudad y después la dejan sin servicios la ciudad será un fracaso o los propios ciudadanos tendrán que tomar la iniciativa y organizarse ellos como puedan. Y luego cuando todo vaya sobre ruedas vendrá la tercera fase, la de jardines, cines y piscinas, que hará la vida más agradable pero que claramente puede considerarse accesoria con respecto a las dos fases anteriores.

Ese mismo proceso se dio también en la creación de la Iglesia de Jesús, la Ciudad de Dios. Las tres fases en la construcción de la Iglesia serían 1- fe y sacramentos, 2- liturgia y jerarquía y finalmente 3- cuestiones formales y de organización (lo accesorio). Los apóstoles tuvieron que empezar por "construir calles y casas" predicando el evangelio y estableciendo comunidades, y muchos de ellos realmente no tuvieron tiempo para mucho más porque pronto empezaron a ser asesinados. Otros sin embargo sí vivieron para conocer cómo las comunidades más grandes y antiguas pasaban ya a la segunda fase, la que necesita de los servicios.

Tal como vimos en la ciudad arrasada, o los apóstoles deciden cómo organizar esos "servicios" o las propias comunidades habrían tenido que tomar sus propias decisiones. La prueba de que las liturgias establecidas resultaron en esencia homogéneas en todas partes del imperio demuestra que esas decisiones se tomaron no en la dispersa base de la Iglesia, sino en su cúspide, que en la era apostólica eran los apóstoles (tras la muerte de los apóstoles quedarían los obispos, etc.).

Estas necesidades de organización las vemos también cuando Pablo intenta poner un poco de orden en las celebraciones cristianas del día del Señor. Al principio se trataba de partir el pan, bendiciéndolo, pero quizá no había reglas claras de cómo hacerlo, salvo citar las propias palabras de Jesús.

Los cristianos iban a la celebración con su propio pan y su propio vino y allí eran bendecidos y selo comían (cuando la Biblia dice que bendecían el pan en sus casas probablemente se está refiriendo a las casas donde se reunía la Iglesia, las domus-ecclesiae, pues al principio, cuando les cerraron las sinagogas, no tenían templos).

Esto pronto degeneró en algunos sitios y los más pudientes se hartaban de comer pan y se ponían ebrios de vino mientras que otros pobres no tenían ni pan que llevar, un escándalo, así que el apóstol tiene que recriminarles y decir que la celebración no es un sitio para comer y beber, sino para tomar el cuerpo y la sangre de Cristo, y el que tenga hambre que coma primero en casa, y quien tenga más que comparta con el que tiene menos. Como la cita es larga puede consultarla en 1 Corintios 11:17-34.

A finales del siglo, cuando ya solo quedaba el apóstol Juan, sin duda él sería la referencia última para todos los cristianos, y hubiera bastado con que él expresara su horror y rechazo ante esa liturgia que existía para que los cristianos hubieran considerado un gran error lo que estaban haciendo. El hecho de que en vida de Juan la liturgia y la primitiva jerarquía ya estuviese establecida prueba también que no fue fruto de decisiones locales, sino apostólicas.

Si Juan hubiese sido evangélico o Testigo de Jehová, por ejemplo, se habría pasado los últimos años de vida combatiendo tan grave error y declarándolo herético, en lugar de escribir por entonces otro libro bíblico, el Apocalipsis, donde vemos claramente los ecos de esa doctrina. Aunque Juan apóstol no fuese el autor del Apocalipsis, sigue en pie el hecho de que ese libro está en la Biblia y por tanto es inspirado. Incluso si el Apocalipsis no es fruto de la liturgia católica sino al revés, que la liturgia católica es reflejo del Apocalipsis, estamos teológicamente ante el mismo hecho, que la liturgia católica tiene bendiciones bíblicas. Pero eso lo veremos con más detalle en el próximo artículo que estamos anunciando.

Destinar un templo para el culto a un santo particular (adoración de imágenes)

Supongo que el autor del texto que vimos antes se refiere a dos cosas distintas aunque su uso del paréntesis parece explicar que el dedicar un templo a un santo consiste en adorarlo con sus imágenes. Primero, los católicos ni ahora ni en el s. IV ni nunca han adorado imágenes, las han usado como inspiración, nunca como un fin en sí mismo. Por lo demás, dedicar una iglesia a un santo no tiene nada de perverso, incluso muchos protestantes, y también los anglicanos, lo siguen haciendo hoy en día. Un tema diferente sería la veneración de los santos, de la que también tenemos numerosas pruebas históricas y arqueológicas, pero eso será en otro artículo futuro.

Ni la veneración de santos ni el uso de imágenes tienen nada que ver con Constantino. De hecho, las imágenes se utilizaban ya en el siglo II o antes, pero no fue hasta siglos después, mucho después de Constantino, cuando la Iglesia las aceptó oficialmente. En la época de Constantino ningún obispo dio sanción oficial a ese uso popular, aunque casi siempre fueron toleradas. Por lo tanto mezclar a Constantino y las imágenes es sencillamente un error histórico.

Introducción de cánticos

El Antiguo Testamento nos muestra abundantes pruebas del uso de cánticos en la adoración a Dios, empezando por el mismo libro de Salmos. La primera descripción de cánticos en la misa cristiana la hallamos también en la misma Biblia:

Concretando, hermanos: cuando os reunís, no hay inconveniente en que uno cante, otro enseñe, otro comunique una revelación, otro hable un lenguaje misterioso, otro, en fin, interprete ese lenguaje. Pero que todo se encamine al provecho espiritual. (1 Corintios 14:26)

Y también lo vemos en las posteriores narraciones de la Iglesia Primitiva, donde nos dicen que se reúnen en el Día del Señor a partir el pan, cantar y alabar a Dios. Si lo que quiere decir el autor del texto es que se introdujeron cantos nuevos basados en el paganismo (como el Kyrie Eleison que menciona) ¿qué más da? es cuestión de formas, a Dios se le puede alabar con cualquier canción, supongo que no pretenderán ahora que las únicas canciones verdaderamente cristianas son los salmos bíblicos, por esa regla de tres los cristianos deberíamos hablar todos hebreo, arameo o griego y nunca cantar en nuestras lenguas modernas. Para aquellos que no conocen el cántico pagano del Kyrie, aquí les dejo la letra tan simple que tiene:

Kyrie, eleison. Christe, eleison. Kyrie, eleison.

Es decir: Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad. (fin)

Totalmente pagano, ¿verdad? Pero quienes dicen semejante cosa lo hacen basándose en que la fórmula de adoración "kyrie eleison" la usaban los paganos griegos.

Flavio Arriano, el insigne historiador y filósofo pagano del siglo II nos cuenta: "Invocando a Dios decimos «Kyrie Eleison»" (Diatribae Epicteri, II, 7). Pero resulta casi malicioso decir que los cristianos del siglo IV recogieron la fórmula del Kyrie de los paganos cuando la expresión es también tan bíblica.

En el AT aparece al menos 7 veces y en el NT aparece otras 6. Por ejemplo:

"Señor, ten piedad de nosotros"
= kyrie eleison imas epi soi
(Isaías 33:2, versión de la Septuaginta griega)

Sugerir que "Christe eleison" (Cristo, ten piedad) también es una fórmula pagana parece ya ir demasiado lejos.

1. ¿Quiso Jesús fundar una Iglesia?

Autor: Christian | Fuente: apologia21.com 

En el siglo XIX algunos estudiosos empezaron a decir la Iglesia es invento de Pablo de Tarso, lo que supone una traición a la intención original de Jesús y crea meros instrumentos de poder y opresión. ¿Es esto verdad?

En el siglo XIX algunos estudiosos bíblicos empezaron a decir que Jesús no pretendía fundar una iglesia, que la iglesia la fundó Pablo de Tarso, el cual se inventó lo de que Jesús era Dios. Según ellos, esta doctrina retorcida extendida por la iglesia paulina es la que aparece en los evangelios, los cuales describen a un Jesús que en bien poco se parecería al Jesús histórico.

Por tanto, la misma existencia de la Iglesia (o de las iglesias actuales en general) supone una traición a la intención original de Jesús y meros instrumentos de poder y opresión. Jesús sólo quería reformar el judaísmo rechazando las normas, los templos y las jerarquías, de manera que los fieles pudiesen adorar a Dios "en espíritu", sin más ayuda que la de su propio corazón. Todavía hoy hay gente que sigue defendiendo eso. Veamos si estas afirmaciones se sostienen.

JESÚS ERA UN SIMPLE FILÓSOFO PREDICADOR

La suposición de que Jesús no quiso fundar una Iglesia es defendida sobre todo por estudiosos pertenecientes al llamado revisionismo histórico modernista, movimiento que se extendió por el siglo XIX y también bien entrado en el siglo XX, aunque en buena parte fue luego perdiendo fuerza desplazado por unos estudios exegéticos más serios y menos fantasiosos.

Esos estudiosos revisionistas, que defendían que el Jesús histórico tiene muy poco que ver con el Jesús de los cristianos, ignoran en gran medida los evangelios por considerarlos invenciones posteriores, salvo cuando encuentran un pasaje que creen que apoya sus ideas.

Niegan cualquier elemento divino o sobrenatural en Jesús, y por tanto necesitan reinterpretar o sencillamente rechazar como mentiras mucho de lo que los cristianos consideramos verdad.

Al final tratan la figura de Jesús como la de un simple artesano palestino del siglo I sin más pretensiones que predicar su visión del judaísmo como tantos otros predicadores del momento, empezando por Juan.

Lo consideran igual que otros filósofos o grandes maestros como Buda o Confucio, gente buena que intenta explicar "su" verdad. No es extraño que piensen que todo lo que vino después fue algo que Jesús jamás pudo prever y ni siquiera desear.

Pero una primera crítica que se les puede hacer es ¿Cómo puede ser que veinte siglos después el modernista pueda entender mejor la tradición cristiana y las Escrituras que los que estuvieron dispuestos a morir por su causa en el primer siglo? No tiene mucho sentido que esa gente en pocos años se invente un montón de historias y luego se las crean hasta el punto de estar dispuestos a dar su vida por ellas.

En esos primero años aún vivía mucha gente que había sido testigo de los acontecimientos, o hijos de los testigos. Ante unos evangelios inventados habrían levantado la voz. Parece más lógico pensar que esa misma Iglesia temprana que escribió los evangelios y que se refleja en ellos creía verdaderamente que todo lo que allí pone es la verdad. Una verdad tan grande y tan importante que incluso merece dar la vida por ella.

SAN PABLO FUE EL VERDADERO FUNDADOR DE LA IGLESIA

Dicen algunos que la Iglesia no la fundó Jesús, sino Pablo de Tarso. No se sabe bien en qué pruebas puedan basarse más allá de su propia imaginación. San Pablo dejó registrada la realidad de la fundación de la Iglesia en Cristo y su resurrección, si eso no fuera cierto, nos dice el mismo apóstol:

"Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lástima. Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos." (1 Corintios 15:19-20)

Es difícil aceptar que Pablo, un hombre ya maduro que tiene la vida hecha y disfruta de poder y prestigio en su sociedad, con un papel relevante en su comunidad judía, pueda abandonarlo todo, marcharse a recorrer el mundo como un pordiosero, viviendo de la caridad de los demás, sufriendo ataques, palizas y hasta la persecución de sus anteriores compañeros, y todo para terminar encarcelado y finalmente ejecutado en Roma por fundar un nuevo movimiento religioso que él mismo sabe que es falso.

Se necesita un convencimiento muy fuerte y una fe muy sólida en algo muy superior para ser capaz de dejarlo todo. Pablo, con su gran formación intelectual, aportó a la Iglesia mucho, formuló con claridad muchas ideas, pero no se inventó nada.

También es cierto que su papel en la configuración de la Iglesia primitiva está muy magnificado porque el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde vemos cómo esa Iglesia se va extendiendo y desarrollando, está escrito por Lucas, el cual acompañó a Pablo, y por tanto sabemos mucho de la labor misionera de Pablo, algo de Pedro y muy poco o nada de lo que hicieron los demás apóstoles. Eso nos puede transmitir la falsa imagen de que casi toda la evangelización la hizo Pablo, pero no fue así.

Pero de todas formas, su enorme capacidad de sacrificio y su gran entusiasmo sólo se explican porque verdaderamente se encontró con el Jesús resucitado y creyó que él era el Señor. Pablo, como nosotros, creyó verdaderamente que Cristo es el Hijo de Dios y que éste envió a sus seguidores (y a él mismo) a la historia para cumplir una misión que amplía y completa la misión del judaísmo y que no se separa de éste por mera escisión.

Si Pablo estuviera predicando una fe distinta a la predicada por los apóstoles, ambas creencias habrían chocado y se habrían producido conflictos que sencillamente no hubo. Tampoco los apóstoles hubieran permitido que un recién llegado les convenciese de que el mensaje de Jesús en realidad era bien distinto de lo que ellos creían.

La realidad nos muestra, tanto en la Biblia como en los escritos de la Iglesia primitiva, que Pedro y Pablo predicaban en armonía, y a finales del siglo I, el cristianismo de todas las naciones era idéntico (salvo por la irrupción de la herejía gnóstica llegada de Persia), no tenemos unas creencias procedentes de Pablo que finalmente se fuesen imponiendo a las creencias de otras naciones evangelizadas por otros apóstoles. La misma Roma, donde tanto Pedro como Pablo predicaron, mostraba una unidad doctrinal.

JESÚS ESTABA EN CONTRA DE LOS TEMPLOS

Otra de las escenas que se utilizan a veces en contra de la intención de fundar una iglesia es la de la mujer samaritana:

La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar». Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.

Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.» (Juan 4:19-24)

Según los modernistas este pasaje significa que Jesús rechaza los templos y que a Dios se le adorará en el corazón de cada uno, sin templos de piedra ni organizaciones eclesiásticas que te digan qué creer o cómo creerlo. Pero en realidad sacar todas esas conclusiones de este texto puede ser cualquier cosa menos una labor seria de exégesis.

Para empezar, Jesús dice que pronto llegará el momento en que ni en Garizim ni en Jerusalén se adorará a Dios. Cierto, varias décadas después Jerusalén y el templo serán arrasados y todos los judíos deportados, se acabó el culto en ambos sitios. Dice también Jesús que los creyentes "adorarán al Padre en espíritu y en verdad". Cierto, eso hacemos todos los cristianos, independientemente de nuestra denominación. Los cristianos consideramos que con el sacrificio de Jesús en la cruz se puso fin a todos los sacrificios.

A partir de ese momento ya no necesitamos un templo para adorar a Jesús, le adoramos "en espíritu y en verdad" en cualquier parte, en el campo, en nuestro dormitorio… ¡o dentro de una iglesia! acompañados de nuestra asamblea de creyentes. De hecho, una iglesia normalmente es un sitio especialmente acondicionado para entrar en oración. Se puede adorar a Dios y rezar en una discoteca, pero es evidente que resulta mucho más complicado.

Pero es más, no tiene sentido decir que Jesús estaba en contra de los templos, sino todo lo contrario. Jesús sintió el más profundo de los respetos hacia el Templo de Jerusalén. A los doce años decidió quedarse en el Templo en vez de irse con sus padres porque verdaderamente se sentía allí en casa de su Padre y sentía que ese era su lugar. Según nos cuenta Lucas 2:41, la familia de Jesús, como muchos otros, peregrinaba al Templo todos los años por Pascua.

Durante sus años de magisterio peregrinó al Templo con motivo de las principales fiestas judías. Jesús oraba con su Padre en cualquier sitio, pero es evidente que consideraba el Templo como un lugar privilegiado para el encuentro con Dios. Para él el Templo era la casa de su Padre, una casa de oración, por eso se indigna tanto cuando ve el atrio exterior del Templo (el exterior, ni siquiera el Templo propiamente dicho) convertido en un mercado y es la única ocasión en la que vemos a Jesús fuera de sí.

También el Templo fue uno de sus sitios preferidos para predicar cuando estaba en Jerusalén ¿De dónde sacan, pues, la idea de que a Jesús no le gustaban los templos? Los apóstoles iban al templo a orar (¡ya recibido el Espíritu en Pentecostés!), como consta en los Hechos ¿Será que se olvidaron de que Jesús no quería que fueran al templo? Si la revelación de Jesús es pura y exclusivamente personal. ¿Por qué pidió Jesús a los discípulos que permanecieran unidos y no se movieran de Jerusalén?

JESÚS ESTABA EN CONTRA DE LAS NORMAS RELIGIOSAS

Otro argumento es que Jesús pretendía liberar a su pueblo del peso de la religión y todos sus preceptos, y por tanto nunca tuvo intención de sustituir un yugo por otro nuevo.

Es cierto que Jesús estaba en contra de tantísimas reglas que los fariseos habían ido añadiendo a los preceptos de los judíos a mayores de la Ley, pero de ahí no se deduce que estuviese a favor de que no hubiese ninguna norma. De hecho Jesús critica a los dirigentes corruptos, no a los procedimientos e instituciones religiosas establecidas por Moisés y los Profetas hebreos.

Al contrario, afirma y reaviva el espíritu de esa ley y lo que critica es la hipocresía del fundamentalismo judío que transforma la ley mosaica en un instrumento de opresión para la gente y que eventualmente aleja a la gente de Dios y del amor al prójimo. Cuando Jesús llamó hipócritas a los fariseos no dijo "no hagáis caso de lo que os dicen los fariseos" sino "haced y cumplid todo lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen" (Mateo 21:3).

Jesús critica, por ejemplo, el corbán* (Marcos 7:11), no por ser malo, sino porque esa tradición frecuentemente era usada como manera de defraudar a los progenitores y por tanto iba en contra del 5º mandamiento; o una interpretación excesivamente restrictiva y radical de normas como la del descanso del sabath.

Jesús asiste al Templo y a la sinagoga y cumple con sus obligaciones mosaicas. Aun en aquellas veces en que la interpretación de Jesús parece modificar la ley de Moisés, a veces endureciendo (caso del divorcio) a veces ablandando la interpretación de la ley (caso del descanso sabático o del apedreamiento de la adúltera), hay siempre una revelación de una nueva dimensión espiritual del mandamiento que se explica.

[*Un hijo tenía la obligación de cuidar de sus padres ancianos y darles todo lo que necesitaban. El corbán era un juramento que se hacía de entregar a Dios como ofrenda algo tuyo, pero sin necesidad de fecha concreta. Muchos judíos declaraban corbán todos sus bienes, sin llegar nunca a ejecutarlo. Como lo ofrecido a Dios ya no podía ser entregado a otra persona, dejaban a sus padres sin amparo con la excusa de que todo lo que poseían en realidad era corbán y algún día tendrían que entregarlo. Aunque ese día nunca llegase]

Jesús dijo que no había venido a derogar la Ley, sino a darle cumplimiento (Mateo 5:17), y a continuación añade: "Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos". No suena a alguien que esté en contra de las normas y preceptos, más bien parece alguien que está en contra de quienes abusan de ellos, en contra de quienes defienden la letra de la Ley por encima del espíritu de ella.

Otra cosa hubiera sido que Jesús dijera cosas como "¿Quiso Moisés fundar una religión?" o tal vez "La Ley de Moisés es una ley del corazón y no hace falta ir al Templo" o cualquier otra objeción a la autoridad de la ley o su integridad histórica con el objeto de minar su importancia o veracidad. Es a partir del momento de la muerte de Jesús y su resurrección cuando se establece la Nueva Alianza y por tanto la ley antigua queda superada.

Ahora el pacto que establece Dios es con toda la humanidad y a medida que se vayan integrando cada vez más gentiles, los apóstoles se dan cuenta de que no tiene sentido exigirles también a ellos que cumplan las antiguas leyes judías.

A medida en que la nueva Iglesia se encontraba con una situación totalmente diferente, fue estableciendo sus propias normas de funcionamiento y sus propios preceptos basados en las enseñanzas de Jesús.

JESÚS NO QUERÍA CREAR UNA NUEVA RELIGIÓN

También dicen que lo que Jesús pretendía no era crear una religión nueva, sino reformar el judaísmo. El problema de este argumento es que (sorpresa) también los cristianos creemos que Jesús no vino a crear una religión nueva, sino a reformar el judaísmo y darle perfección y cumplimiento.

El mismo Jesús lo deja claro como el agua cuando dice en el Sermón de la Montaña, tal como hemos visto antes:

"No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento." (Mateo 5:17)

Si Jesús hubiera pretendido romper con el judaísmo y crear una religión nueva, entonces los cristianos no usaríamos el Antiguo Testamento como libro sagrado y palabra de Dios. Nosotros consideramos que somos el mismo Pueblo de Dios que se inició con la alianza hecha a Abraham. Nuestra religión no comenzó con la predicación de Jesús, comenzó con Abraham, y allí empezó una larga historia de salvación que obró primero a través del pueblo de Israel, y que todas las promesas del Antiguo Testamento tomaron forma con la llegada de Jesús.

Los judíos esperaban al Mesías, los profetas anunciaban la llegada de los tiempos en los que llegaría el Mesías, y entonces todas las naciones serían llamadas a él, y Dios sería llamado Señor por todas las razas. Ese día llegó.

El Mesías llegó, y tal como anunciaron los profetas, nadie quedó excluido. Tanto judíos como gentiles fueron llamados a participar en el Reino que Jesús predicaba, y en la iglesia que él fundó había sitio por igual para unos y para otros.

Los judíos que no aceptaron que Jesús era el Mesías que estaban esperando, quedaron atrás, encerrados en sus antiguas promesas pero sin ser capaces de ver que se habían cumplido; los judíos que reconocieron a Jesús como el Mesías esperado, junto con los gentiles que luego se sumaron, continuaron avanzando en una nueva fase de su religión, la fase en la que las promesas de la Antigua Alianza recibían cumplimiento y se abría una nueva fase, con una Nueva Alianza en la que se hacían promesas nuevas.

Es varios años después de la muerte de Jesús cuando el sanedrín declara a los judíos seguidores de Jesús herejes, les impide entrar en el templo y en las sinagogas y comienza luego a perseguirlos. Entonces es cuando esos judíos seguidores de Jesús empiezan a verse a sí mismos como una comunidad diferente. Años después, a esos judíos seguidores de Jesús les comienzan a llamar "cristianos", primero como insulto, luego como apelativo aceptado también por ellos mismos.

Por tanto dejemos esto claro para los que piensan que los cristianos pensamos de otro modo: Jesús no vino a fundar una religión nueva, vino a dar cumplimiento al judaísmo. Aunque ahora nos llamemos "cristianos", en realidad nosotros somos los descendientes espirituales de los judíos que aceptaron la nueva alianza, los hijos del Israel bíblico, el mismo Pueblo de Dios.

SIGNIFICADO DE LA PALABRA EKKLESIA EN EL NUEVO TESTAMENTO

Que Jesús quisiera fundar una Iglesia no es sólo cosa que nos revele la tradición, es él mismo quien nos lo dice en los evangelios:

"Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia [ekklesia], y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella." (Mateo 16:18)

La palabra griega que pronunciamos como "ekklesia" significa en griego "asamblea". Los griegos paganos a menudo la usaban para referirse a una asamblea o reunión de ciudadanos reunidos por convocatoria pública para tratar algún asunto, a menudo político. En este sentido aparece a veces usada en el libro de Hechos:

"Y otros gritaban otra cosa; porque la iglesia estaba confusa, y la mayoría no sabía por qué se habían reunido." (Hechos 19:32)

Pero la versión en griego del Antiguo Testamento (la Septuaginta), que era la usada por los cristianos, utiliza el término "ekklesia" para traducir la palabra hebrea "qahal", que se refiere a la congregación de Israel, al Pueblo de Dios:

"Anunciaré tu nombre a mis hermanos: en medio de la qahal te alabaré." (Salmos 22, 22)

Cuando Jesús habla de "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi ekklesia" (Mateo 16:18) no tendría sentido interpretarlo como una reunión puntual para tratar un tema concreto. Jesús está dando instrucciones para la creación de una asamblea de creyentes que continuará su labor cuando él se marche, no está haciendo una convocatoria a una reunión.

El término arameo/hebreo utilizado por Jesús, que el evangelista traduce en griego como "ekklesia" es, pues, "qahal", que es lo que usó Jesús. Por tanto Jesús está usando "qahal" para llamar a su iglesia del mismo modo que en el Antiguo Testamento se usaba "qahal" para referirse al Pueblo de Dios. La Iglesia que Jesús está fundando es, pues, el nuevo Pueblo de Dios, que ya no estará formada por los nacidos de mujer judía, sino por los bautizados que sigan a Jesús.

LA IGLESIA COMO COMUNIDAD ESPIRITUAL INVISIBLE

Tampoco podemos decir, como algunos, que Jesús no pretendía crear una organización, sino simplemente una comunidad de creyentes, una "ekklesia" en el sentido místico.

La iglesia como simple comunidad de creyentes ya existía, todos los seguidores de Jesús formaban su iglesia, su comunidad, y ya en vida de Jesús se habían fundado pequeñas comunidades de seguidores por Judea, Galilea y Samaria. Lo que Jesús está fundando aquí es una cosa nueva (dice "edificaré", futuro) y esa cosa nueva es la organización en sí, la estructura, con Pedro a la cabeza.

Así pues, Jesús no sólo sabe que dejará tras de sí una asamblea de creyentes, sino que en este acto fundacional anuncia la creación de un organismo que sea capaz de estructurar, coordinar y dirigir toda la obra que debe realizar esa asamblea de seguidores que deja y los que vendrán.

Es cierto que San Pablo también utiliza la palabra "ekklesia" en el sentido místico de la comunidad de todos los bautizados, "el cuerpo místico de Cristo", pero ese mismo San Pablo habla a la Iglesia de Cristo refiriéndose a una comunidad real, organizada y estructurada (o más bien, en pleno proceso de organización y estructuración).

No es el cristianismo una religión donde se pueda ir de por libre, pues está basada en la noción de comunidad y hermanamiento. "Porque donde hay dos o tres [o 500] reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos." (Mateo 18:20)

JESÚS ESTABA EN CONTRA DE LAS JERARQUÍAS RELIGIOSAS

Otro aspecto a favor de que Jesús pretendía crear una organización propia para propagar su mensaje es el hecho de que él mismo sentó las bases para esa organización antes de fundar la iglesia. Jesús no se limitó, como sí hizo Juan Bautista, a predicar a la gente su mensaje para que se marchase y cambiase de vida. Jesús no buscaba simplemente conversiones personales y dejar lo demás como estaba.

Jesús quería crear un movimiento, y un movimiento organizado que fuera extendiendo su mensaje y lo mantuviese vivo, una organización que luchase por establecer el Reino "en la tierra como en el cielo" y para eso se necesita organización y coordinación. Y no fue una idea que fue evolucionando con el tiempo, fue un plan premeditado.

Lo primero que hizo Jesús cuando se planteó empezar a predicar fue elegir a doce discípulos. Esos serían sus principales ayudantes y depositarios de su doctrina. Su objetivo no era simplemente convertirles a ellos, sino prepararles a fondo para que le ayudasen a convertir a los demás, y también pensando en que ellos serían los pilares de su iglesia cuando él no estuviera.

A continuación nombró a setenta discípulos como ayudantes y predicadores (segundo nivel de la jerarquía), y cuando su movimiento fue suficientemente grande nombró a un tercer nivel de quinientos predicadores y los mandó por todos los pueblos a difundir su mensaje. A eso se le llama organización.

Y en la cúspide estaba él. Por eso después de su muerte, antes de ascender a los cielos, necesita dejar en manos de los hombres lo que hasta entonces había estado en última instancia en sus manos: la dirección de esa organización. Le pasa el testigo a Pedro y sobre él funda su iglesia.

Antes él mismo había organizado a sus seguidores, él mismo era la organización. Ahora que él se marchaba necesitaba fundar una organización y ponerla enteramente en manos humanas confiando en que su mensaje y aliento les ayudase a ir por buen camino, pero sabiendo perfectamente, como bien lo sabe Dios, que esa andadura estaría plagada de tropiezos, errores, abusos, peleas, etc. porque así funcionan siempre las organizaciones humanas, sobre todo si les das suficiente tiempo.

Lo que sí prometió Jesús fue no dejar que su doctrina se corrompiese y enviar el Espíritu Santo para que les ayudara a comprender la verdad. En todo lo demás, bien sabía él que la iglesia que estaba fundando no se acercaría a la perfección que él deseaba, pero así es como tiene que aprender la humanidad, luchando contra sus propios errores y superándose. Ya llegaría el día en el que él mismo regresaría y por su propia mano establecería el Reino en su perfección.

(nota: algunas partes de este artículo han sido inspiradas o incluso copiadas de un artículo publicado por Carlos Caso-Rosendi, aunque él mismo declara que a su vez lo ha tomado de otras fuentes, no sé si copiado entero o inspirado a su vez).

19. La Inmaculada Concepción de María

Autor: Catholic.net

¿Cómo probar según la Biblia que María es Inmaculada y que es Asunta al cielo?.

¿Cómo probar según la Biblia que María es Inmaculada y que es Asunta al cielo?

Nuestros hermanos protestantes evangélicos suelen acusarnos de que las enseñanzas de la Iglesia son confusas y mantienen a la gente alejada de la sencillez de Cristo en el Evangelio. Uno de esos temas confusos (a veces nos dicen que son invenciones o falacias nuestras) es el tema de la Inmaculada concepción. 

Los protestantes se amparan en varias citas para negar el dogma. Romanos 3,23 dice: "por cuanto todos pecaron y necesitan la gloria de Dios". Si todos pecaron, María pecó, debiera ser la conclusión lógica de la que según ellos la Iglesia hace caso omiso. 

Más aún, la primera carta de Juan 1,8 afirma que "quien dijera que no tiene pecado es un mentiroso y la verdad no está en él". María misma dice que Dios es su salvador (Lc 1,47), de manera que ella reconoce que tiene pecado.

En primer lugar hay que aclarar lo que se entiende por enseñanzas de la Iglesia o "dogmas". La Iglesia hace explícita una verdad que no se encuentra palmariamente en la Escritura, sino que la ha ido comprendiendo cada vez más y mejor a lo largo de los siglos. Así pues, no es del todo cierto que en 2000 años los papas no tienen bases bíblicas para el dogma de la de la Inmaculada o de la asunción. 

El que la Iglesia proclame dogmas ha de comprenderse como un don de Cristo a la Iglesia. Si ha habido hombres antes y después de Cristo que posean el don de profecía, Cristo sería injusto con su esposa, la Iglesia, si ella no gozara de este don, mientras que sus hijos sí lo tienen. Pero en la Iglesia se trata de un don que se limita a lo que concierne a la fe y costumbres. 

El fundamento bíblico de la inmaculada concepción es el texto de Lucas 1,28. Antes de llegar a Lucas 1,28, conviene aclarar que en efecto María fue salvada como el resto de los hombres. Judas 24 enseña que "Dios todopoderoso es capaz de guardarnos sin caída y de presentaros sin mancha en presencia de su gloria". 

Si aplicamos el pasaje a la Inmaculada concepción deducimos que al igual que nosotros, María fue salvada del pecado, mas en su caso no significó una salvación después de caer en pecado, sino previamente, como quien es advertido de un peligro antes de que caiga en él y no después... 

El contexto de Romanos 3,23, es muy diverso del de Lc 1,26-38. Dejando de lado la diferencia de los géneros literarios de ambos escritos (uno es narrativo y otro doctrinal), no ha de descuidarse que el pecado de que se habla en Romanos es el personal. Por eso es que en el "todos" de Pablo no está incluido Cristo. Pero ¿está incluida María?

De lo que dice Romanos 3,23 no puede deducirse, pues, que Cristo ha tenido pecado, por mucho que 1Jn 1,8 enseñe que quien diga que no tiene pecado es un mentiroso. De lo contrario, el autor de Hebreos 4,15 sería un mentiroso ("porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado"). 

Por lo tanto, el error fondo del pensamiento protestante evangélico es que no se ha comprendido que en Romanos 3,23 y en 1Jn 1,8 se trata del pecado personal y no del original. Romanos 5,12 sí abordará el tema del pecado original. 

En 1Jn 1,9 se dice que si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel para perdonárnoslos: no confesamos nunca el pecado original, sino el personal. 

El pecado original, nos enseña el Nuevo Catecismo de la Iglesia, no lo cometemos, sino que lo heredamos y se transmite por propagación, por ello es que se trata de un pecado en sentido análogo (NCIC 405). 

Hay muchas personas que son excepciones al pecado personal, como son los subnormales o ciertos minusválidos y los niños que aún no llegan al estado de conciencia. 

Ahora pasamos a Lc 1,28. ¿Qué es lo que ocurre aquí? Primero, sorprende que en vez de que el ángel llame a la Virgen por su nombre, le diga "llena de Gracia". Este hecho nos recuerda algo llamativo en el Antiguo Testamento (y que se repetirá, por ejemplo, en el Nuevo en el caso de Mt 16,16-19), y es el nuevo nombre que recibe una persona (Gn 3,20; 17,5.15; 32,28).

Génesis 3,20 dice así: "Y el hombre le puso por nombre Eva (en hebreo "Hawa") a su mujer, porque ella era la madre de todos los vivientes". En hebreo el verbo "hayah" significa "vivir". Las letras "y" y "w" en hebreo se suelen intercambiar con facilidad: por ello es que la mujer de Adán recibe el nombre de Eva, nombre cuya raíz hebraica designa "vivir". 

Algo similar ocurre con María y el ángel: para nombrarla, el ángel emplea precisamente lo que en Eva equivalía a su misión -"Madre de los vivientes"- en María se trata de "colmada de gracia" por el hecho de que será Madre de Dios, que es lo que el ángel le viene a anunciar. 

Como el nombre de María en griego consiste en un tiempo en perfecto (kejaritomene), ello pone de relieve que es una acción que ha tenido lugar en el pasado: lo que decíamos antes, fue preservada del pecado por parte de Dios; y ella se ha mantenido en dicho estado; de lo contrario, el ángel no la podría llamar así. Ello muestra que su estado de gracia es pleno y perfecto. 

En la Biblia, además, encontramos varios pasajes que confirman que María es inmaculada. Génesis 3,15 habla de la enemistad entre la serpiente y la mujer, entre su simiente y la de Ella... 

Se habla de la descendencia de la mujer con el término "simiente" y Ella no está incluida en la de la serpiente: la enemistad es absoluta, y dicha oposición no tendría ningún sentido si María también tuviera pecado. 

En el Evangelio de Juan Jesús se dirige a su Madre siempre con el apelativo de "mujer" (Jn 2,5; 19,26; en el Apocalipsis se habla de Ella como "mujer" unas ocho veces: cf Ap 12,1.4.6.13.14.15.16.17). 

1Cor 15,45 habla del primer Adán y del nuevo Adán. Al llamar Jesús a su Madre "mujer" pone de relieve que es la "nueva Eva": la nueva Eva, María, trae la salvación con su "hágase" en el momento del anuncio del ángel, aceptando así el ser Madre de Dios.

Además de nueva Eva, María es el "Arca de la alianza". El Antiguo Testamento enseña que el Arca de la Alianza debía ser santa e inmaculada, intocable de hombre pecador ninguno: "Cuando Aarón y sus hijos hayan terminado de cubrir los objetos sagrados y todos los utensilios del santuario, cuando el campamento esté para trasladarse, vendrán después los hijos de Coat para transportarlos, pero que no toquen los objetos sagrados pues morirían. Éstas son las cosas que transportarán los hijos de Coat en la tienda de reunión" (Num 4,15; cf Ex 25,10; 2Sam 6,1-9). 

Dentro de los objetos sagrados se encuentra el Arca como el principal. Si el Arca tenía que ser pura, con ¡cuánta mayor razón María, Madre del Hijo de Dios encarnado!

En Ap 11,19 se abre el templo de Dios y se muestra el arca de la alianza en un contexto típico de "revelación" como son los relámpagos, las voces, los truenos. 

En el siguiente versículo se muestra a María: es la mujer vestida de sol... En el Antiguo Testamento el arca contenía tres cosas que en el Nuevo serán atributos de Cristo: el maná, el cayado de Aarón y los diez mandamientos ["Y detrás del segundo velo había un tabernáculo llamado el Lugar Santísimo, el cual tenía el altar de oro del incienso y el arca del pacto cubierta toda de oro, en la cual había una urna de oro que contenía el maná y la vara de Aarón que retoñó y las tablas de la alianza", Heb 9,3-4]: Jesús es el verdadero maná (Jn 6,32), el sumo sacerdote de Dios verdadero (Hb 3,1) y la palabra que se ha hecho carne (Jn 1,14). 

En el Antiguo Testamento el Espíritu de Dios se cernía cobre el Arca en forma de nube (Ex 40,32-33), así como el Espíritu Santo cubrió a María con su sobra (Lc 1,35). 

David exclama ante el arca: ¿Cómo podrá venir a mí el arca del Señor? (2Sam 6,9). Así como David salta de gozo ante el arca (2Sam 6,14-16) Juan Bautista salta en el seno de su madre al llegar María a casa de Isabel (Lc 1,43). El arca del Señor permanece seis meses en casa de Obededón (2Sam 6,11) y María permanece unos tres meses en casa de su prima (Lc 1,56).

El cumplimiento del Antiguo Testamento por parte del Nuevo, implica no sólo que se le lleva a plenitud, sino que lo supera con mucho. Por ejemplo, Cristo en la cruz lleva a cumplimiento varios pasajes veterotestamentarios sobre el cordero pascual, entre otros, pero los supera en cuanto que además de cordero es el Hijo de Dios altísimo que muere en una cruz para redimirnos del pecado. 

Las citas de la Escritura "no quebrantarán ninguno de sus huesos" (Jn 19,35; cf Éxodo 12,46) y la alusión a la rama de hisopo" (Jn 19,29; cf Éxodo 12,22) ponen de relieve que ambos pasajes hallan su cumplimiento en Él. 

Mas su muerte no se limita al solo cordero, ya que lleva a cumplimiento otra profecía: "Mirarán al que traspasaron" (Jn 19), que se refiere a la muerte del rey Josías, rey piadoso que en el Antiguo Testamento había llevado a cabo la reforma religiosa del pueblo (Zc 12,10-11; cf 2Re 23,29): además, de morir como cordero, muere también como rey. La cruz es su propio trono (Jn 19,19). 

En el caso de María, si hubiera nacido en pecado, sería entonces inferior a Eva que fue creada en perfección y sin pecado, lo que implicaría que también Adán es superior a Cristo. 

Volviendo a la muerte de Cristo en la cruz, todo parece verificarse, ya que Jesús la llama "mujer" . La designación carecería de sentido si Ella no fuera la nueva Eva y Él el nuevo Adán. 

Más aún así como del fruto del árbol comieron el hombre y la mujer, de modo que pecaron, del mismo modo, el fruto del madero de la cruz son la sangre y el agua de Cristo. Por el fruto del primer árbol los hombres pecaron, por el fruto del madero son regenerados (el agua) y reciben un alimento de vida: la Eucaristía.

Ahora volvemos al pasaje de Rm 5,12: Allí el punto de la comparación es entre Cristo y Adán. Si la comparación fuera entre María y Eva, tampoco María estaría incluida en ese "todos" de Rm 5,12, ya que de otro modo la comparación carecería de sentido (en el Génesis aparecen tanto Adán como Eva y ambos caen en el pecado de comer del fruto del árbol). 

Es aquí donde entra el texto del Génesis, y en el que aparece la figura de la mujer. Esto lo vio muy claro ya san Justino en el siglo II en el Diálogo 100 (PG 6,172); posteriormente otros padres de la Iglesia profundizaron y siguieron meditando en esta realidad, como Ireneo (Adversus Haereses 3,22,4), San Efrén Sirio (Carmina Nisibena 27,8). 

San Jerónimo profundiza la relación de Cristo con María a la luz del Sl 67,6 ["La tierra ha dado su fruto; nos bendice el Señor nuestro Dios"]: el fruto es Cristo, el Virgen, y la tierra, la Virgen, su Madre: el Señor que nace de la esclava; el Dios de la criatura humana; el Hijo de la Madre, el fruto de la tierra. 

Así como Dios formó a Adán del barro de la tierra a la que no había afectado el pecado original, Dios formó a Cristo, de la tierra nueva que también tenía que estar inmune de dicho pecado. 

La creación tuvo inicio sin pecado; la nueva creación también. Pero a diferencia de la nueva creación, la nueva creación es la naturaleza humana del Hijo de Dios en el seno purísimo de María santísima: así ha tenido lugar la nueva creación.

De todos modos, a pesar de que el fundamento bíblico sea Lc 1,28, no puede tratarse de una verdad explícita. De otro modo, no haría falta el pronunciamiento dogmático. 

Si una verdad está clara en la Biblia, no es necesario el dogma: el no matar no necesita que se proclame como dogma. Es evidente que la Biblia lo rechaza y condena. Para la explicitación de verdades dogmáticas implícitas en la Biblia contamos con la guía segura del Santo Padre, que no es arbitraria sino que se basa en Mt 16,16-20.

El dogma de la Inmaculada, pues, no puede consistir en ninguna invención, sino de una tradición antiquísima, que parte del siglo II con san Justino (al que siguen los padres elencados antes, entre otros); dicha tradición se refuerza en el S. IV con la figura de Máximo de Turín, Teocteno de Livia y Andrés de Creta. 

En el S. VII nace la fiesta de la Inmaculada en oriente y luego se va extendiendo a Irlanda, Inglaterra, Francia, Bélgica, España y Alemania. 

A ello siguió un período de controversias entre los SS XII-XIV, de modo que la piedad se consolidó en el XV. Sixto IV dio un nuevo renovó la Misa de la Inmaculada, Alejandro VII precisa el objeto de la fiesta en términos ya muy cercanos a la definición dogmática de Pío IX.

Una experiencia que me ha ayudado mucho a comprender y asimilar mejor dogmas como este es si de veras conozco a fondo los diversos datos no sólo escriturísticos, sino también de la tradición, y las motivaciones de los mismos (descuidar que la Biblia es fruto también de la tradición es descuidar el elemento humano que ha influido en su composición por inspiración divina). 

Una vez me pregunté ante una postura que el Santo Padre había tomado y que me costaba asimilar: "¿Sé yo más que el Papa y los diversos santos y personajes que le han precedido? Obviamente, no". 

Fue entonces cuando me percaté de la importancia de la humildad para dar el asentimiento de la fe y de lo limitada que es mi pobre razón. "Si comprehendis non est Deus" decía san Agustín.

Ahora pasemos al dogma de la Asunción. El núcleo de esta enseñanza se refiere a los siguientes contenidos: "Si María tuvo parte en la obra del Mesías y fue preservada del pecado por los méritos del Hijo, su participación quedaría parcial e incompleta sin una glorificación corporal".

Uno de los textos en que se meditó para este dogma es el pasaje de Ap 12,1 y SS, un texto donde la Madre del Mesías aparece radiante y trascendente, pero sin descuidar la situación terrena (de ahí los dolores del parto, la huida al desierto, etc.); pero no es el único: el dogma cita explícitamente los siguientes textos (no cita al Apocalipsis): Gn 3,15; en cuanto a la derrota sobre el pecado y la muerte por parte de Cristo, el dogma cita también Rm cc 5-6; 1Cor 15,21-26.54-57; 1Tim 1,17. 

Un estudio atento de los padres de la Iglesia muestra que la Iglesia siempre ha visto en la figura de la Virgen a la Iglesia sin poderlas separar y ello a partir de los diversos escritos de Juan. 

Por otro lado, no se trata de la opinión del pueblo, sino de la fe que la Iglesia ha tenido siempre, en todas partes y que toda la Iglesia ha profesado. 

Esto ya lo había expresado un famoso escritor de mediados de los SS. IV y V: Vicente de Lerins. Del tema de la asunción se comenzó a hablar en una fecha muy cercana a la redacción de los Evangelios.

En el siglo II d.C. comenzó con san Justino, con Gregorio de Tours (recuérdese que el manuscrito más cercano al cuarto Evangelio se remonta al año 120 y que Juan murió hacia el 100 de nuestra era), a lo que se sumó la liturgia de la dormición de la Virgen que se celebraba en Jerusalén a partir del S. VI y que se acogió en Roma en el siglo sucesivo. Es pues una tradición antiquísima. Los datos hablan por sí solos.

Fuente: T. Staples, "A Perfect Argument over the Lady", Revista Envoy, Issue 7.3(pp 16-21).

18. ¿María es intercesora o sólo Cristo lo es?

Autor: Aci Digital

El pasaje de las bodas de Caná pone de relieve el papel cooperador de María en la misión del Señor Jesús.

Los hermanos separados creen que llamar a María "intercesora", es antibíblico, según 1 Tim 2, 5 que dice "Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús". 

La Iglesia Católica nunca ha enseñado que María ocupe el lugar del Señor Jesús, todo lo contrario. La Iglesia ha proclamado siempre que Cristo es el único camino para llegar al Padre, y que sólo por Él es que somos reconciliados. Por ello, y en este sentido, Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres, el único en el cual Dios y el hombre son reconciliados. 

Sin embargo, hay otro sentido de la palabra "mediador". Por ejemplo, si le pides a alguien que ore por ti, entonces esa persona está "mediando" o "intercediendo" por ti ante Dios.

En este sentido, cualquiera puede interceder ante Dios por otra persona, y esto en nada oscurece o disminuye la mediación y la reconciliación traída por Jesucristo, todo lo contrario. Y es en este sentido que decimos que Santa María es intercesora, y lo es por excelencia, ya que es la que más estuvo unida al Verbo Encarnado, siendo su propia Madre.

¿Hay algún ejemplo en el cual Santa María haya intercedido por alguien más en los Evangelios? La respuesta la encontramos en el pasaje de las bodas de Caná:

"Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: «No tienen vino.»

Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.» Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que él os diga.» Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Les dice Jesús: «Llenad las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba. «Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala.» Ellos lo llevaron.

Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama el maestresala al novio y le dice: «Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora.» Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos." (Jn 2, 1-11)

El pasaje no es una simple anécdota del Evangelio, es el primer milagro del Señor Jesús. Juan dice que fue ahí donde Él empezó sus señales y manifestó su gloria. María se dirige al Señor, expresándole su preocupación por los novios con las palabras "No tienen vino", y espera de Él una intervención que la resuelva. La aparente negativa de Jesús no es sino eso, aparente.

María, que confía en su Hijo, le deja toda la iniciativa a Él, dirigiéndose a los sirvientes e invitándolos a hacer lo que Él les diga. Y su confianza es recompensada. El Señor obra el milagro, transformando el agua en vino. La intervención de Santa María en el primer milagro de su Hijo no es accidental.

El pasaje de las bodas de Caná pone de relieve el papel cooperador de María en la misión del Señor Jesús.

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