15.7» Los santos y los Ángeles – Beato Bernardo Hoyos y San Antonio Maria Claret

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

EL BEATO BERNARDO HOYOS (1711-1735) escribe: La víspera del Corpus, al comulgar, me pareció estar rodeado de espíritus angélicos, que hacían compañía a su rey sacramentado. Sentí, en particular, la amable presencia de mi ángel y de san Juan Evangelista, que continuamente me asisten. Y luego recibí una luz especial para comprender la excelencia del Santísimo Sacramento del amor.

SAN ANTONIO MARÍA DE CLARET (1807-1870) escribe en su Autobiografía: El infierno me hacía una gran persecución, pero era muchísimo mayor la protección que recibía del cielo. Yo conocía visiblemente la protección de la Santísima Virgen y de los ángeles y santos. La Santísima Virgen y sus ángeles me guiaron por caminos desconocidos, me libraron de ladrones y asesinos y me llevaban a puerto seguro sin saber cómo25.

25 Autobiografía, Ed. Claret, Barcelona, 1985, p. 231.

15.6» Los santos y los Ángeles – Santa Margarita María de Alacoque

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE dice:

Una vez, estando en la labor común de escardar lana, me retiré a un pequeño patio próximo al sagrario del Santísimo Sacramento, donde trabajando arrodillada, me sentí al instante recogida por completo interior y exteriormente y se me representó, al mismo tiempo, el adorable Corazón de mi adorable Jesús más brillante que el sol.

Estaba en medio de las llamas de su puro amor, rodeado de serafines que cantaban con admirable concierto: El amor triunfa, goza el amor, placer derrama, su Corazón.

Estos bienaventurados espíritus me invitaron a unirme a ellos en las alabanzas al divino Corazón, diciéndome que habían venido a asociarse a mí con el objeto de tributarle un homenaje continuo de amor, de adoración y de alabanza y a este fin harían mis veces delante del Santísimo Sacramento para que yo pudiese, por su medio, amarle sin interrupción y ellos, a su vez, participar de mi amor, sufriendo en mi persona como yo gozaría en la suya.

Escribieron, al mismo tiempo, esta asociación en el Corazón Sagrado con letras de oro y con los caracteres indelebles del amor24.

24 Autobiografía VIII.

15.5» Los santos y los Ángeles – Venerable Sor María de Jesús de Agreda

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

La VENERABLE SOR MARÍA DE JESÚS DE ÁGREDA (1602-1665) escribe en su famoso libro Mística ciudad de Dios.

En una ocasión: Aparecióseme por mandato de Dios mucha multitud de ángeles de todos los coros y jerarquías, hermosísimos y con distinción de cada jerarquía, y me dijeron:

El Altísimo manda y dispone que seas nuestra compañera, que tu trato y conversación sea con nosotros y te has de asimilar a nuestra naturaleza, imitándonos en lo que hacemos.

A todos los coros y jerarquías has de imitar, mirando nuestros oficios, a unos en el amor fervoroso; a otros en la ciencia que recibimos…

En la reverencia, amor, adoración y culto que tenemos a Dios nos has de imitar; y en el trabajar por las almas has de imitar a los ángeles de la jerarquía inferior, que las guardan.

Pasado esto, sentí que me presentaban ante el trono de la Santísima Trinidad… Y el eterno Padre mandó a los ángeles que me admitiesen por compañera y a mí que lo fuese y que obrase como ellos22.

También vi multitud de ángeles de la primera jerarquía, que me decían: Compañera y amiga nuestra, ven con nosotros.

  • ¿A dónde van? - A pedir por las almas que tenemos a nuestro cargo, de las que somos custodios. Somos vigilantes y ayudadores fidelísimos. Las asistimos en todos sus trabajos, las quitamos de los peligros.

Repetidas veces, las apartamos de los demonios, les administramos santos pensamientos. Si vemos que se ponen en peligro de pecar, las amonestamos para que se aparten. Muchas veces, duermen y nos desprecian, no invocándonos y nosotros les estamos haciendo beneficios23.

22 Sor Ma de Jesús de Ágreda, Mística ciudad de Dios, Ed. Villena, Madrid, 1985, p. 317-318.
23 ib. p. 368

15.3» Los santos y los Ángeles – San Felipe Benicio, Santa Angela de Foligno, Francisca Romana y San Francisco de Regis

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

En la vida de SAN FELIPE BENICIO (1233-1285), Prior general de la Orden de los servitas de María, se cuenta que el día 2 de junio de 1259, cuando estaba celebrando su primera misa, todos los presentes, al momento de la elevación, oyeron un canto tan hermoso y sublime que quedaron como fuera de sí de emoción, pues parecía que un coro invisible de ángeles entonaba el Santo, Santo, Santo…

De esta manera, el cielo ratificaba la decisión que habían tomado los superiores de ordenarlo sacerdote, a pesar de las reticencias de algunos por parecer demasiado insignificante, humanamente hablando, para ser sacerdote.

SANTA ÁNGELA DE FOLIGNO (1248-1300) tenía mucho amor a su ángel de la guarda.

Ella escribió: El día de la fiesta de los santos ángeles yo estaba enferma y quería comulgar y no había quien me pudiera traer la comunión a mi casa.

De pronto, yo entendí la alabanza que los ángeles dan a Dios y la asistencia que prestan a los hombres. Y se me presentó una multitud de ángeles, que me condujeron en espíritu al altar de una iglesia y me dijeron:

“Éste es el altar de los ángeles”. Sobre el altar pude apreciar la alabanza que ellos daban a Jesús sacramentado. Y me dijeron: “Prepárate a recibirlo. Tú eres su esposa.

Jesús quiere ahora contraer contigo una unión nueva y más profunda”. No puedo expresar la alegría que sentí en ese momento20.

SANTA FRANCISCA ROMANA (1384-1440) veía continuamente a su ángel. Lo veía a su derecha. Si alguien hacía algo malo en su presencia, Francisca lo veía taparse la cara con las manos.

Despedía una luz tan grande que no lo podía mirar fijamente. A veces, disminuía su resplandor para que pudiera verlo y Francisca lo miraba con ternura e, incluso, se atrevía a posar su mano sobre la cabeza de su celestial compañero.

SAN FRANCISCO DE REGIS (1597-1640) tenía mucha devoción a los ángeles y, especialmente, a su ángel custodio, al que le encomendaba todas sus buenas obras para que las presentara ante Dios.

No pasaba nunca junto a una iglesia sin invocar al ángel guardián de la iglesia o de la parroquia y a los ángeles de sus habitantes.

Igualmente, cuando pasaba junto a un cementerio, se encomendaba a los ángeles de todos los difuntos enterrados allí y oraba por ellos, enviándoles su bendición sacerdotal.

Un día, pasaba por una calle, cuando una mano invisible lo detuvo y no podía caminar.

En ese momento, desde la ventana de una casa vecina le pidieron a gritos que subiera, pues había una persona moribunda.

Él subió a la casa y escuchó en confesión al moribundo y le dio los últimos sacramentos. Él nunca dudó que había sido su ángel quien le había detenido para que pudiera atender a aquel enfermo a bien morir.

20 Puede leerse esto en el libro Le livre des visions et instructions de la bienheureuse Angèle de Foligno, traducción francesa de Ernest Hello, Paris, 1914.

15.4» Los santos y los Ángeles Santa – Rosa de Lima

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

En las florecillas de SAN FRANCISCO se lee que un día se presentó un ángel en la portería del convento para hablar con fray Elías.

Pero la soberbia había hecho al hermano Elías indigno de hablar con el ángel.

En esto volvió del bosque san Francisco y reprendió fuertemente en alta voz al hermano Elías, diciéndole:

  • Haces mal, hermano Elías orgulloso, echando de nosotros a los santos ángeles que vienen a enseñarnos. A fe que temo mucho que esa soberbia te haga acabar fuera de esta Orden.

Y así sucedió, como san Francisco se lo había predicho, ya que murió fuera de la Orden.

Aquel mismo día y en la hora en que el ángel se marchó, este mismo ángel se apareció en aquella forma al hermano Bernardo que volvía de Santiago y estaba a la orilla de un gran río y le saludó en su lengua:

  • ¡Dios te dé paz, buen hermano!

No salía de su extrañeza el hermano Bernardo al ver la apostura del joven y escuchar el habla de su patria, con el saludo de paz y el semblante festivo.

  • ¿De dónde vienes buen joven?, le preguntó.
  • Vengo de tal lugar, donde se halla san Francisco. He ido para hablar con él; pero no he podido, porque estaba en el bosque absorto en la contemplación de las cosas divinas. Y no he querido molestarle. En el mismo lugar, están los hermanos Maseo, Gil y Elías.

Luego el ángel dijo al hermano Bernardo:

  • ¿Por qué no pasas a la otra parte?
  • Tengo miedo, porque veo que hay mucha profundidad - Pasemos los dos juntos, no tengas miedo, dijo el ángel. Y tomándolo de la mano, en un abrir y cerrar de ojos, lo puso al otro lado del río.

Entonces, el hermano Bernardo cayó en la cuenta de que era un ángel de Dios y exclamó con gran reverencia y gozo:

  • ¡Oh ángel bendito de Dios, dime cuál es tu nombre!
  • ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es maravilloso?

Dicho esto desapareció, dejando al hermano Bernardo consolado hasta el punto que hizo todo aquel viaje lleno de alegría19.

19 Puede encontrarse este relato completo en www.franciscanos.org/florcillas/florecillas01.htm.

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