Eclesiastico (Eclo / Si) 18

[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ][ 32. ][ 33. ][ 34. ][ 35. ][ 36. ][ 37. ][ 38. ]
[ 39. ][ 40. ][ 41. ][ 42. ][ 43. ][ 44. ][ 45. ][ 46. ][ 47. ]
[ 48. ][ 49. ][ 50. ][ 51. ]

«AnteriorSiguiente»


Capítulo 18

1 El que vive para siempre creó todas las cosas por igual;

2 sólo el Señor será hallado justo y no hay otro fuera de él.

3 El gobierna el mundo con la palma de la mano y todo obedece a su voluntad, ya que él, por su poder, es el Rey de todas las cosas y separa las sagradas de las profanas.

4 A nadie le dio el poder de anunciar sus obras: ¿quién rastreará su grandeza?

5 ¿Quién podrá medir la magnitud de su fuerza y quién pretenderá narrar sus misericordias?

6 No hay nada que quitar, nada que añadir, y es imposible rastrear las maravillas del Señor.

7 Cuando el hombre llega al fin, está sólo al comienzo; cuando se detiene, no sale de su estupor.

8 ¿Qué es el hombre? ¿Para qué sirve? ¿Cuál es su bien y cuál es su mal?

9 La vida de un hombre dura cien años a lo más:

10 como una gota del mar y como un grano de arena, son sus pocos años frente a la eternidad.

11 Por eso el Señor es paciente con ellos y derrama sobre ellos su misericordia.

12 El ve y conoce qué miserable es su fin, y por eso multiplica su perdón.

13 El hombre sólo tiene misericordia de su prójimo, pero el Señor es misericordioso con todos los vivientes. El reprende, corrige y enseña, y los hace volver como el pastor a su rebaño.

14 El tiene misericordia con los que aceptan la instrucción y está siempre dispuestos a cumplir sus decretos.

15 Hijo mío, no eches en cara los beneficios que haces ni acompañes tus dones con palabras ofensivas.

16 ¿No calma el rocío el calor ardiente? Así, una buena palabra puede más que un regalo.

17 ¿Acaso no vale más una palabra que un obsequio? Pero el hombre caritativo sabe unir las dos cosas.

18 El necio reprende sin ningún miramiento y el don del avaro hace correr las lágrimas.

19 Antes de hablar, instrúyete, y cuídate antes de caer enfermo.

20 Antes de juzgar, examínate a ti mismo, y hallarás perdón cuando el Señor te visite.

21 Humíllate antes de caer enfermo y arrepiéntete apenas hayas pecado.

22 Que nada te impida cumplir tus votos en el momento debido, y no esperes hasta la muerte para estar en regla.

23 Antes de hacer un voto, prepárate a cumplirlo, y no seas como un hombre que tienta al Señor.

24 Recuerda la ira de los últimos días y el tiempo del castigo, cuando el Señor apartará su rostro.

25 En tiempo de abundancia, recuerda el tiempo de hambre, y en los días de riqueza, la pobreza y la penuria.

26 De la mañana a la tarde, el tiempo cambia, y todo pasa rápidamente delante del Señor.

27 El hombre sabio está siempre alerta, y en la ocasión de pecado, se cuida para no faltar.

28 Todo hombre prudente conoce la sabiduría y rinde homenaje al que la encuentra.

29 Los que hablan con sensatez son sabios ellos mismos y derraman como lluvia proverbios acertados

30 No te dejes guiar por tus pasiones, sino refrena tus deseos.

31 Si cedes a los impulsos de la pasión, ella hará de ti la irrisión de tus enemigos.

32 Que tu alegría no consista en darte todos los gustos ni te endeudes para pagar lo que ellos cuestan.

33 No te empobrezcas yendo de fiesta con dinero prestado, cuando no tienes nada en el bolsillo.

Eclesiastico (Eclo / Si) 17

[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ][ 32. ][ 33. ][ 34. ][ 35. ][ 36. ][ 37. ][ 38. ]
[ 39. ][ 40. ][ 41. ][ 42. ][ 43. ][ 44. ][ 45. ][ 46. ][ 47. ]
[ 48. ][ 49. ][ 50. ][ 51. ]

«AnteriorSiguiente»


Capítulo 17

1 El Señor creó al hombre de la tierra y lo hace volver de nuevo a ella.

2 Le señaló un número de días y un tiempo determinado, y puso bajo su dominio las cosas de la tierra.

3 Lo revistió de una fuerza semejante a la suya y lo hizo según su propia imagen.

4 Hizo que todos los vivientes lo temieran, para que él dominara las fieras y los pájaros.

5 [Ellos recibieron el uso de las cinco operaciones del Señor; como sexto don, les concedió la inteligencia; y como séptimo, el lenguaje que interpreta las obras de Dios.]

6 Le dio una lengua, ojos y oídos, el poder de discernir y un corazón para pensar.

7 El colmó a los hombres de saber y entendimiento, y les mostró el bien y el mal.

8 Les infundió su propia luz, para manifestarles la grandeza de sus obras,

9 y les permitió gloriarse eternamente de sus maravillas:

10 así alabarán su Nombre santo, proclamando la grandeza de sus obras.

11 Les concedió además la ciencia y les dio como herencia una Ley de vida;

12 estableció con ellos una alianza eterna y les hizo conocer sus decretos.

13 Ellos vieron con sus ojos la grandeza de su gloria y oyeron con sus oídos la gloria de su voz.

14 El les dijo: «Cuídense de toda injusticia», y dio a cada uno preceptos acerca del prójimo.

15 Los caminos de los hombres están siempre ante él y no pueden ocultarse a sus ojos.

16 [Sus caminos van hacia el mal desde la juventud, y no son capaces de transformar en corazones de carne sus corazones de piedra.]

17 El asignó un jefe a cada nación, pero Israel es la parte del Señor.

18 El es su primogénito, al que nutrió con su instrucción, y cuando dispensa la luz del amor, no lo abandona.

19 Todas sus obras son para él claras como el sol y él tiene los ojos fijos en sus caminos.

20 Sus injusticias no están ocultas para el Señor y todos sus pecados están delante de él.

21 [Pero el Señor es bondadoso y conoce a su criatura; no las deja ni abandona, sino que las perdona.]

22 La limosna de un hombre es para él como un sello, y tiene en cuenta un favor como la pupila de sus ojos.

23 Después, él se levantará para retribuirles y pondrá sobre sus cabezas la recompensa merecida.

24 A los que se arrepienten, les permite volver y reconforta a los que perdieron la constancia.

25 Vuelve al Señor y deja de pecar, suplica ante su rostro y deja de ofenderlo.

26 Vuelve al Altísimo, apártate de la injusticia y odia profundamente toda abominación.

27 ¿Quién alabará al Altísimo en el Abismo, si los vivientes no le rinden homenaje?

28 el muerto, el que ya no existe, deja de alabarlo: el que está vivo y sano debe alabar al Señor.

29 ¡Qué grande es la generosidad del Señor y su perdón para los que vuelven a él!

30 Un hombre no puede tenerlo todo, porque el ser humano no es inmortal.

31 ¿Hay algo más luminoso que el sol? ¡Y sin embargo, también él se eclipsa! ¡Cuánto más la carne y la sangre, que sólo conciben el mal!

32 El Señor pasa revista al ejército de los cielos, ¡cuánto más a los hombres, que son tierra y ceniza!

Eclesiastico (Eclo / Si) 16

[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ][ 32. ][ 33. ][ 34. ][ 35. ][ 36. ][ 37. ][ 38. ]
[ 39. ][ 40. ][ 41. ][ 42. ][ 43. ][ 44. ][ 45. ][ 46. ][ 47. ]
[ 48. ][ 49. ][ 50. ][ 51. ]

«AnteriorSiguiente»


Capítulo 16

1 No desees un gran número de hijos inútiles ni se alegres de los hijos impíos.

2 Por muchos que sean, no te alegres de ellos, si les falta el temor del Señor.

3 No esperes que vivan mucho tiempo ni te sientas seguro porque son numerosos: vale más uno solo que mil y es mejor morir sin hijos que tenerlos impíos.

4 Con uno solo inteligente se puebla una ciudad, pero la estirpe de los hombres sin ley es arrasada.

5 Mis ojos han visto muchas cosas semejantes y cosas peores aún escucharon mis oídos.

6 En la reunión de los pecadores arde el fuego y contra la nación rebelde se enciende la ira.

7 El Señor no perdonó a los antiguos gigantes que se rebelaron con toda su fuerza.

8 No dejó sin castigo a la ciudad donde vivía Lot, a los que abominaba a causa de su orgullo.

9 No se apiadó de la nación condenada al exterminio. de los que fueron expulsado a causa de sus pecados.

10 Así trató también a los seiscientos mil soldados que se amotinaron por la dureza de su corazón.

11 Aunque fuera uno solo el hombre obstinado, sería un milagro que quedara impune, porque en él está la misericordia, pero también la ira, es tan fuera para el perdón como pródigo para la ira.

12 Tan grande como su misericordia es su reprobación: él juzga a cada uno según sus obras.

13 El pecador no escapará con su presa ni será defraudada la constancia de los buenos.

14 El tiene en cuenta cada limosna y cada uno recibirá conforme a sus obras.

15 [El Señor endureció al Faraón para que no lo reconociera a fin de dar a conocer sus obras bajo el cielo.]

16 [Su misericordia se manifiesta a toda la creación; su luz y su oscuridad las repartió a los hijos de Adán.]

17 No digas: «Me ocultaré del Señor, y allá en lo alto, ¿quién se acordará de mí? Entre tanta gente pasaré inadvertido: ¿quién soy yo en la inmensa creación?».

18 Mira: el cielo y lo más alto del cielo, el Abismo y la tierra se conmueven cuando él los visita:

19 las montañas junto con los cimientos de la tierra tiemblan de espanto bajo su mirada.

20 Pero no se reflexiona en estas cosas ¿y quién presta atención a sus designio?

21 Como una tempestad que se desata sin que el hombre se dé cuenta, así la mayoría de sus obras permanecen ocultas.

22 «¿Quién anuncia las obras de justicia? ¿Quién las espera? Porque la alianza está lejos»:

23 así razona el que no tiene entendimiento; el insensato, el extraviado, sólo piensa necedades.

24 Escucha, hijo mío, e instrúyete, presta mucha atención a mis palabras.

25 Revelaré mi enseñanza con mesura y expondré la ciencia con exactitud.

26 Por decisión del Señor existen sus obras desde el principio: desde que fueron hechas, él fijó sus límites.

27 El ordenó sus obras para siempre, y su gobierno por todas las generaciones. Ellas no sufren hambre ni se fatigan y nunca interrumpen su actividad.

28 No se chocan unas contra otras y jamás desobedecen a su palabra.

29 Luego el Señor fijó sus ojos en la tierra y la colmó de sus bienes.

30 La cubrió con toda clase de vivientes y todos volverán a ella.

Eclesiastico (Eclo / Si) 15

[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ][ 32. ][ 33. ][ 34. ][ 35. ][ 36. ][ 37. ][ 38. ]
[ 39. ][ 40. ][ 41. ][ 42. ][ 43. ][ 44. ][ 45. ][ 46. ][ 47. ]
[ 48. ][ 49. ][ 50. ][ 51. ]

«AnteriorSiguiente»


Capítulo 15

1 El que teme al Señor hace todo esto y el que se aferra a la Ley logrará la sabiduría.

2 Ella le saldrá al encuentro como una madre y lo recibirá como una joven esposa,

3 lo alimentará con el pan de la inteligencia y le hará beber el agua de la sabiduría.

4 El se apoyará en ella, y no vacilará, se unirá a ella, y no quedará confundido.

5 Ella lo exaltará por encima de sus compañeros y le abrirá la boca en medio de la asamblea.

6 El encontrará el gozo y la corona de la alegría y recibirá en herencia un nombre perdurable.

7 Nunca la poseerán los que carecen de inteligencia, ni los hombres pecadores la verán jamás.

8 Ella se mantiene alejada del orgullo, y los mentirosos no piensan en ella.

9 No cabe la alabanza en labios del pecador, porque el Señor no se la envía:

10 sin sabiduría no hay alabanza, y es el Señor el que la inspira.

11 No digas: «Fue el Señor el que me hizo claudicar», porque él no hace nunca lo que detesta.

12 No digas: «El me hizo extraviar», porque él no necesita de un hombre pecador.

13 El Señor detesta toda abominación, y nada abominable es amado por los que lo temen.

14 El hizo al hombre en el principio y lo dejó librado a su propio albedrío.

15 Si quieres, puedes observar los mandamientos y cumplir fielmente lo que le agrada.

16 El puso ante ti el fuego y el agua: hacia lo que quieras, extenderás tu mano.

17 Ante los hombres están la vida y la muerte: a cada uno se le dará lo que prefiera.

18 Porque grande es la sabiduría del Señor, él es fuerte y poderoso, y ve todas las cosas.

19 Sus ojos están fijos en aquellos que lo temen y él conoce todas las obras del hombre.

20 A nadie le ordenó ser impío ni dio a nadie autorización para pecar.

Eclesiastico (Eclo / Si) 14

[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ][ 32. ][ 33. ][ 34. ][ 35. ][ 36. ][ 37. ][ 38. ]
[ 39. ][ 40. ][ 41. ][ 42. ][ 43. ][ 44. ][ 45. ][ 46. ][ 47. ]
[ 48. ][ 49. ][ 50. ][ 51. ]

«AnteriorSiguiente»


Capítulo 14

1 ¡Feliz el hombre que no ha faltado con su lengua ni es atormentado por el remordimiento!

2 ¡Feliz el que no tiene que reprocharse a sí mismo y no ve desvanecerse su esperanza!

3 ¿De qué le sirve la riqueza al mezquino y para qué tiene el avaro su fortuna.

4 El que acumula, privándose de todo, acumula para otros, y otros se darán buena vida con sus bienes.

5 El que es malo consigo mismo ¿con quién será bueno? Ni él mismo disfruta de su fortuna.

6 No hay nadie peor que el avaro consigo mismo, y ese es el justo pago de su maldad.

7 Si hace algún bien, lo hace por descuido, y termina por revelar su malicia.

8 Es un malvado el que mira con envidia, el que da vuelta la cara y menosprecia a los demás.

9 El ojo del ambicioso no está satisfecho con su parte y la ruindad reseca el alma.

10 El miserable mezquina el pan y tiene su mesa siempre vacía.

11 En la medida de tus recursos, vive bien, hijo mío, y presenta al Señor ofrendas dignas.

12 Recuerda que la muerte no tardará y que el pacto del Abismo no te ha sido revelado.

13 Antes de morir, haz el bien a tu amigo y dale con largueza, en la medida de tus fuerzas.

14 No te prives de un día agradable ni desaproveches tu parte de gozo legítimo.

15 ¿Acaso no dejarás a otro el fruto de tus trabajos, y el de tus fatigas, para que lo repartan en herencia?

16 Da y recibe, olvida tus preocupaciones, porque no hay que buscar delicias en el Abismo.

17 Todo ser viviente envejece como un vestido, porque está en pie la antigua sentencia: «Tienes que morir».

18 En el follaje de un árbol tupido, unas hojas caen y otras brotan: así son las generaciones de carne y de sangre, una muere y otra nace.

19 Toda obra corruptible desaparece y el que la hizo se irá con ella.

20 ¡Feliz el hombre que se ocupa de la sabiduría y el que razona con inteligencia,

21 el que reflexiona sobre los caminos de la sabiduría y penetra en sus secretos!

22 El la sigue como un rastreador y se queda al acecho de sus pasos;

23 espía por sus ventanas y escucha atentamente a sus puertas;

24 busca albergue cerca de su casa y clava una estaca en sus muros;

25 instala su carpa cerca de ella y se alberga en la mejor de las moradas;

26 pone a sus hijos bajo el abrigo de ella y vive a la sombre de sus ramas:

27 ella lo protege del calor y él habita en su gloria.

Eclesiastico (Eclo / Si) 13

[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ][ 32. ][ 33. ][ 34. ][ 35. ][ 36. ][ 37. ][ 38. ]
[ 39. ][ 40. ][ 41. ][ 42. ][ 43. ][ 44. ][ 45. ][ 46. ][ 47. ]
[ 48. ][ 49. ][ 50. ][ 51. ]

«AnteriorSiguiente»


Capítulo 13

1 El que toca el betún se queda manchado, y el que trata con el orgulloso se vuelve igual a él.

2 No levantes una carga demasiado pesada, ni trates con uno más fuerte y más rico que tú: ¿puede el vaso de arcilla juntarse con la olla? Esta lo golpeará y aquel se romperá.

3 El rico agravia, y encima se envalentona; el pobre es agraviado, y encima pide disculpas.

4 Mientras le seas útil, te explotará, pero si no tienes nada, te abandonará.

5 Si posees algo, vivirá contigo y te despojará sin lástima.

6 Cuando te necesite, tratará de engañarte, te sonreirá y te dará esperanzas; te dirigirá hermosas palabras y te preguntará: «¿Qué te hace falta?».

7 Te comprometerá con sus festejos hasta despojarte dos y tres veces, y al final se burlará de ti; después, cuando te vez, pasará de largo y meneará la cabeza delante de ti.

8 Presta atención, para no dejarte engañar ni ser humillado por tu insensatez.

9 Cuando te invite un poderoso, quédate a distancia, y te invitará con más insistencia.

10 No te precipites, para no ser rechazado, ni te quedes muy lejos, para no ser olvidado.

11 No pretendas hablarle de igual a igual ni te fíes si conversa demasiado: él te pone a prueba con su locuacidad y te examina entre risa y risa.

12 El que no se modera al hablar, es un despiadado, y no te ahorrará ni los golpes ni las cadenas.

13 Observa bien y presta mucha atención, porque estás caminando al borde de tu ruina.

14 [Cuando oigas esto en tu sueño, despiértate; ama al Señor toda tu vida e invócalo para tu salvación.]

15 Todo animal quiere a su semejante y todo hombre, al de su misma condición;

16 todo ser viviente se une a los de su especie y el hombre, a uno semejante a él.

17 ¿Qué tienen de común el lobo y el cordero? Así pasa con el pecador y el hombre bueno.

18 ¿Qué paz puede haber entre la hiena y el perro? ¿Y qué paz entre el rico y el pobre?

19 Los asnos salvajes en el desierto son presa de los leones: así los pobres son pasto de los ricos.

20 La humillación es abominable para el soberbio: así el rico abomina del pobre.

21 Cuando un rico da un mal paso, sus amigos lo sostienen; cuando un pobre cae, sus amigos lo rechazan.

22 Si un rico resbala, muchos corren en su ayuda; dice cosas irrepetibles, y le dan la razón. Resbala el humilde, y lo critican; se expresa con sensatez, y nadie le hace caso.

23 Si el rico habla, todos se callan y ponen sus palabras por las nubes; habla el pobre, y preguntan: «¿Quién es este?», y si tropieza, le dan un empujón.

24 Buena es la riqueza, si está libre de pecado, y mala es la pobreza a juicio del impío.

25 El corazón de un hombre lo hace cambiar de semblante, tanto para bien como para mal:

26 un rostro alegre refleja la dicha del corazón, y la invención de proverbios exige penosas reflexiones.

Eclesiastico (Eclo / Si) 12

[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ][ 32. ][ 33. ][ 34. ][ 35. ][ 36. ][ 37. ][ 38. ]
[ 39. ][ 40. ][ 41. ][ 42. ][ 43. ][ 44. ][ 45. ][ 46. ][ 47. ]
[ 48. ][ 49. ][ 50. ][ 51. ]

«AnteriorSiguiente»


Capítulo 12

1 Si haces el bien, mira a quién lo haces, y te darán las gracias por tus beneficios.

2 Haz el bien al hombre bueno, y tendrás tu recompensa, si no de él, ciertamente del Altísimo.

3 No recibe bienes el que persiste en el mal y el que no agradece la limosna.

4 Da al hombre bueno, pero no ayudes al pecador.

5 Sé bueno con el humilde, pero no des el impío: rehúsale su pan, no se lo des, no sea que así llegue a dominarte, y entonces recibirás un doble mal por todo el bien que le hayas hecho.

6 Porque también el Altísimo detesta a los pecadores y dará su merecido a los impíos.

7 Da al hombre bueno, pero no ayudes al pecador.

8 No es en las buenas cuando se conoce al amigo, ni en las malas se oculta el enemigo.

9 En las buenas, los enemigos se entristecen, y en las malas, hasta el amigo se aleja.

10 Nunca te fíes de tu enemigo, porque la maldad lo corroe como la herrumbre al metal:

11 aunque se haga el humilde y camine encorvado, ten mucho cuidado y está alerta contra él; trátalo como quien pule un espejo, a ver si la herrumbre no terminó de corroerlo.

12 No lo pongas junto a ti, no sea que te derribe para ocupar tu puesto; no lo hagas sentar a tu derecha, no sea que pretenda tu mismo sitial, y al fin comprendas mis palabras y sientas pesar al recordarlas.

13 ¿Quién compadece al encantador mordido por la serpiente o al domador de animales salvajes?

14 Lo mismo pasa con el que se acerca a un pecador y se entremezcla en sus pecados.

15 El permanecerá una hora contigo, pero si vacilas, no te dará una mano.

16 El enemigo tiene miel en los labios, pero por dentro piensa cómo arrojarte en la fosa. El enemigo tiene lágrimas en los ojos, pero, llegada la ocasión, no habrá sangre que lo sacie.

17 Si te pasa algo malo, lo encontrarás allí antes que a ti mismo; simulando ayudarte, te hará una zancadilla:

18 moverá la cabeza y aplaudirá, hablará entre dientes y pondrá otra cara.

Eclesiastico (Eclo / Si) 11

[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ][ 32. ][ 33. ][ 34. ][ 35. ][ 36. ][ 37. ][ 38. ]
[ 39. ][ 40. ][ 41. ][ 42. ][ 43. ][ 44. ][ 45. ][ 46. ][ 47. ]
[ 48. ][ 49. ][ 50. ][ 51. ]

«AnteriorSiguiente»


Capítulo 11

1 La sabiduría del humilde le hace erguir la frente, y lo hace sentar en medio de los poderosos.

2 No alabes a un hombre por su buena presencia ni desprecies a nadie por su aspecto.

3 La abeja es pequeña entre los animales que vuelan, pero lo que produce es más dulce que todo.

4 No te gloríes de la ropa que te cubre ni te enorgullezcas en los días de gloria, porque las obras del Señor son admirables y están ocultas a los ojos de los hombres.

5 Muchos tiranos se sentaron en el suelo y el que menos lo pensaba se ciñó la diadema.

6 Muchos potentados se hundieron en el deshonor y hombres ilustres cayeron en manos de otros.

7 No censures antes de averiguar: reflexiona primero, y luego reprocha.

8 No respondas antes de escuchar y no interrumpas cuando otro habla.

9 No discutas sobre lo que no te corresponde ni te entrometas en las disputas de los pecadores.

10 Hijo mío, no pretendas hacer demasiadas cosas: si lo haces, no quedarás libre de culpa. Si pretendes demasiado, no lo alcanzarás y aunque quieras huir, no escaparás.

11 Hay quien se esfuerza, se fatiga y se apura, y tanto más desprovisto se ve.

12 Otro es débil, necesitado de ayuda, falto de fuerza y lleno de privaciones; pero el Señor lo mira con bondad y lo levanta de su humillación;

13 el Señor le hace erguir la frente y muchos quedan maravillados a causa de él.

14 Bienes y males, vida y muerte, pobreza y riqueza vienen del Señor.

15 [La sabiduría, la ciencia y el conocimiento de la Ley vienen del Señor; el amor y el camino de las buenas obras proceden de él.]

16 [La necedad y la oscuridad han sido creadas para los pecadores; los que se complacen en el mal envejecen en él.]

17 el don del Señor permanece con los buenos y su benevolencia les asegura el éxito para siempre.

18 Un hombre se enriquece a fuerza de empeño y ahorro, ¿y qué recompensa le toca?

19 Cuando dice: Ya puedo descansar, ahora voy a disfrutar de mis bienes», él no sabe cuánto tiempo pasará hasta que muera y deje sus bienes a otros.

20 Sé fiel a tu obligación, entrégate a ella, y envejece en tu oficio.

21 No admires las obras del pecador: confía en el Señor y persevera en tu trabajo, porque es cosa fácil a los ojos del Señor enriquecer de un solo golpe al indigente.

22 La bendición del Señor es la recompensa de los buenos, y en un instante él hace florecer su bendición.

23 No digas: «¿Qué me hace falta? ¿Qué bienes puedo esperar todavía?».

24 No digas: «Ya tengo bastante; ¿qué males pueden sobrevenirme aún?».

25 En los días buenos se olvidan los malos, y en los malos, se olvidan los buenos.

26 Porque es fácil para el Señor, en el día de la muerte, retribuir a cada hombre según su conducta.

27 Una hora de infortunio hace olvidar la dicha, y las obras de un hombre se revelan al fin de su vida.

28 No proclames feliz a nadie antes que llegue su fin, porque sólo al final se conoce bien a un hombre.

29 No hagas entrar a cualquiera en tu casa, porque el falso tiende muchas emboscadas.

30 El corazón del soberbio es como una carnada, igual que un espía, espera que des un mal paso.

31 Está al acecho para deformar el bien en mal y es capaz de manchar las cosas más limpias.

32 Una chispa enciende muchos carbones y el pecador tiende emboscadas sangrientas.

33 Cuídate del malhechor, porque él engendra maldades, no sea que te deje manchado para siempre.

34 Alberga a un extraño, y te traerá complicaciones, y hará de ti un extraño para tus propios parientes.

Eclesiastico (Eclo / Si) 10

[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ][ 32. ][ 33. ][ 34. ][ 35. ][ 36. ][ 37. ][ 38. ]
[ 39. ][ 40. ][ 41. ][ 42. ][ 43. ][ 44. ][ 45. ][ 46. ][ 47. ]
[ 48. ][ 49. ][ 50. ][ 51. ]

«AnteriorSiguiente»


Capítulo 10

1 Un gobernante sabio educa a su pueblo y la autoridad del hombre inteligente se ejerce con orden.

2 Como el gobernante de un pueblo, así son sus ministros, y como el jefe de la ciudad, así son sus habitantes.

3 Un rey ignorante es la ruina de su pueblo y una ciudad prospera por la inteligencia de los príncipes.

4 En manos del Señor está el dominio de la tierra y, en el momento preciso, le envía el hombre que conviene.

5 En manos del Señor está el éxito de un hombre y él infundirá su gloria a la persona del legislador.

6 No guardes rencor a tu prójimo por ninguna injuria ni hagas nada en un arrebato de violencia.

7 La soberbia es odiosa al Señor y a los hombres y la injusticia es ofensiva para ambos.

8 La realeza pasa de una nación a otra, a causa de la injusticia, la prepotencia y la codicia.

9 ¿De qué se ensoberbece el que es polvo y ceniza, si aún en vida sus entrañas están llenas de podredumbre?

10 Una larga enfermedad desconcierta al médico, y el que hoy es rey, mañana morirá.

11 Cuando un hombre muere, recibe como herencia larvas, fieras y gusanos.

12 El orgullo comienza cuando el hombre se aparta del Señor y su corazón se aleja de aquel que lo creó.

13 Porque el comienzo del orgullo es el pecado y el que persiste en él, hace llover la abominación: por eso el Señor envió calamidad imprevistas y arrasó a los soberbios hasta aniquilarlos.

14 El Señor derribó los tronos de los poderosos y entronizó a los mansos en lugar de ellos.

15 El Señor arrancó de raíz a las naciones y plantó a los humildes en lugar de ellos.

16 El Señor arrasó los territorios de las naciones y las destruyó hasta los cimientos de la tierra.

17 A Algunos las arrasó y las hizo desaparecer, y borró hasta su recuerdo de la tierra.

18 El orgullo no fue creado para el hombre ni el arrebato de la ira para los nacidos de mujer.

19 ¿Qué raza es digna de honor? La raza humana. ¿Qué raza es digna de honor? Los que temen al Señor. ¿Qué raza es despreciable? La raza humana. ¿Qué raza es despreciable? Los que no cumplen la Ley.

20 Entre los hermanos se honra al que es su jefe, pero el Señor honra a los que lo temen.

21 [El comienzo de la aceptación es el temor del Señor, y el comienzo del rechazo es el endurecimiento y el orgullo.]

22 Para el rico, el ilustre o el pobre la única gloria es el temor del Señor.

23 No es justo despreciar a un pobre inteligente ni está bien glorificar a un hombre pecador.

24 El grande, el magistrado y el poderoso son dignos de honra, pero el que teme al Señor es superior a todos ellos.

25 Hombres libres servirán a un esclavo sabio y el hombre que entiende no lo tomará a mal.

26 No te hagas el sabio cuando realizas tu tarea ni te gloríes en el momento de la penuria.

27 Mas vale el que trabaja y vive en la abundancia que el que anda gloriándose y no tiene qué comer.

28 Hijo mío, gloríate con la debida modestia y estímate según tu justo valor.

29 ¿Quién justificará al que se daña a sí mismo y quién glorificará al que se desprecia?

30 Al pobre se lo honra por su saber y al rico por sus riquezas.

31 El que es glorificado en la pobreza, ¡cuánto más lo será en la riqueza! El que es menospreciado en la riqueza, ¡cuánto más lo será en la pobreza!

Eclesiastico (Eclo / Si) 9

[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ][ 32. ][ 33. ][ 34. ][ 35. ][ 36. ][ 37. ][ 38. ]
[ 39. ][ 40. ][ 41. ][ 42. ][ 43. ][ 44. ][ 45. ][ 46. ][ 47. ]
[ 48. ][ 49. ][ 50. ][ 51. ]

«AnteriorSiguiente»


Capítulo 9

1 No seas celoso de la mujer que amas, para no incitarla a comportarse mal contigo.

2 Note entregues ciegamente a una mujer, hasta el punto que llegue a dominarte.

3 No te acerques a una prostituta, no sea que caigas en sus redes.

4 No te entretengas con una cantante, para no ser atrapado por sus artimañas.

5 No mires demasiado a una joven, para no incurrir en su misma condena.

6 No te entregues a las prostitutas, para no arruinar tu patrimonio.

7 No vayas mirando por las calles de la ciudad ni rondes por sus lugares solitarios.

8 Aparta tu vista de la mujer hermosa y no fijes los ojos en la belleza ajena: muchos se extraviaron por la belleza de una mujer, y por su causa el deseo arde como fuego.

9 Nunca te sientes junto a una mujer casada ni bebas vino con ella en los banquetes, no sea que tu corazón se incline hacia ella y por tu pasión te precipites en la ruina.

10 No abandones a un viejo amigo, porque uno nuevo no vale tanto como él. Amigo nuevo es como vino nuevo: que se ponga añejo, y lo beberás con placer.

11 No envidies la gloria del pecador, porque no sabes cuál será su suerte.

12 No te deleites en lo que deleita a los impíos: recuerda que bajarán al Abismo sin ser justificados.

13 Aléjate del que tiene poder para matar y no experimentarás el temor a la muerte. Si te acercas a él, no cometas ninguna falta, no sea que te quite la vida: ten en cuenta que avanzas entre lazos y que caminas por las almenas de la ciudad.

14 Dentro de lo posible, recurre a tus vecinos y busca el consejo de los sabios.

15 Frecuenta el trato de las personas inteligentes y conversa siempre sobre la Ley del Altísimo.

16 Que los hombres justos sean tus comensales y que tu orgullo esté en el temor del Señor.

17 Por la mano del artista, la obra es digna de elogio, y el jefe del pueblo se muestra sabio por sus palabras.

18 El charlatán es el terror de su ciudad y el desmedido al hablar se hace odioso.

Categorías