por Makf | 23 Sep, 2025 | Eclesiastico
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Capítulo 28
1 El hombre vengativo sufrirá la venganza del Señor, que llevará cuenta exacta de todos sus pecados.
2 Perdona el agravio a tu prójimo y entonces, cuando ores, serán absueltos tus pecados.
3 Si un hombre mantiene su enojo contra otro, ¿cómo pretende que el Señor lo sane?
4 No tiene piedad de un hombre semejante a él ¡y se atreve a implorar por sus pecados!
5 El, un simple mortal, guarda rencor: ¿quién le perdonará sus pecados?
6 Acuérdate del fin, y deja de odiar; piensa en la corrupción y en la muerte, y sé fiel a los mandamientos;
7 acuérdate de los mandamientos, y no guardes rencor a tu prójimo; piensa en la Alianza del Altísimo, y pasa por alto la ofensa.
8 Evita los altercados y pecarás mucho menos, porque el hombre iracundo enciende las disputas.
9 El pecador siembra la confusión entre los amigos y crea división entre los que vivían en paz.
10 El fuego arde según el combustible, y la disputa se enciende en la medida del empecinamiento; según sea su fuerza, será la furia de un hombre, y según su riqueza, dará libre curso a su ira.
11 Una discordia repentina enciende un fuego, y una disputa precipitada hace correr la sangre.
12 Si soplas una chispa, se inflama; si le escupes encima, se extingue, y ambas cosas salen de tu boca.
13 Maldice al murmurador y al de lengua doble: ellos han arruinado a mucha gente que vivía en paz.
14 La lengua triple ha hecho tambalear a muchos y los dispersó de nación en nación; ella arrasó ciudades fortificadas y echó por tierra casas de potentados;
15 hizo repudiar a mujeres valerosas y las privó del fruto de sus trabajos.
16 El que le presta atención, no encuentra más descanso y ya no puede vivir en paz.
17 Un golpe de látigo deja una marca, pero un golpe de lengua quiebra los huesos.
18 Muchos han caído al filo de la espada, pero son menos que los caídos a causa de la lengua.
19 ¡Feliz el que está al resguardo de ella y no ha quedado expuesto a su furor, el que no ha tirado de su yugo ni ha sido atado a tus cadenas!
20 Porque su yugo es un yugo de hierro y sus cadenas son cadenas de bronce.
21 ¡Muerte funesta es la que inflige y es preferible el Abismo a una lengua así!
22 Pero ella no tiene poder sobre los hombres buenos y ellos no se quemarán en sus llamas.
23 Los que abandonan al Señor serán sus víctimas: ella los abrasará sin extinguirse, se lanzará sobre ellos como un león y los destrozará como una pantera.
24 Por eso, rodea tu posesión con un cerco de espinas, guarda bien tu plata y tu oro;
25 fabrícate una balanza y una pesa para tus palabras, y una puerta y un cerrojo para tu boca.
26 Presta atención, se sea que resbales a causa de la lengua y caigas ante los que acechan.
por Makf | 23 Sep, 2025 | Eclesiastico
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Capítulo 27
1 Muchos han pecado por amor a las ganancias y el que busca enriquecerse hace como quien no ve.
2 Entre la juntura de las piedras se clava la estaca, y entre la compra y la venta se desliza el pecado.
3 El que no se aferra resueltamente al temor del Señor verá muy pronto su casa en ruinas.
4 Cuando se zarandea la criba, quedan los residuos: así los desechos de un hombre aparecen en sus palabras.
5 El horno pone a prueba los vasos del alfarero, y la prueba del hombre está en sus conversación.
6 El árbol bien cultivado se manifiesta en sus frutos; así la palabra expresa la índole de cada uno.
7 No elogies a nadie antes de oírlo razonar, porque allí es donde se prueban los hombres.
8 Si buscas la justicia, la alcanzarás, y te revestirás de ella como de una túnica gloriosa.
9 Los pájaros buscan la compañía de sus semejantes y la verdad retorna a aquellos que la practican.
10 El león está al acecho de su presa y el pecado, de los que practican la injusticia.
11 La conversación del hombre bueno es siempre sabia, pero el insensato es variable como la luna.
12 Mide tu tiempo cuando estés entre los necios, pero quédate largo rato entre la gente de criterio.
13 La conversación de los necios es odiosa y sólo les causa gracia el vicio desenfrenado.
14 Los que juran constantemente hacen erizar los cabellos y cuando discuten, hay que taparse los oídos.
15 Las disputas de los orgullosos hacen correr la sangre y es lamentable escuchar sus invectivas.
16 El que revela los secretos hace que le pierdan la confianza y no encontrará jamás un amigo íntimo.
17 Sé afectuoso y confiado con tu amigo, pero si has revelado sus secretos, no corras tras él,
18 porque como el asesino destruye a su víctima, así has destruido la amistad de tu prójimo:
19 como un pájaro que has dejado escapar de tu mano, así has perdido a tu amigo, y ya no lo recobrarás.
20 No corras detrás de él, porque está muy lejos, huyó como una gacela de la red.
21 Porque una herida puede ser vendada, y para la injuria puede haber reconciliación, pero el que revela los secretos nada puede esperar.
22 Algo malo trama el que guiña un ojo, y nadie logrará disuadirlo.
23 Delante de tus ojos, su boca es toda dulzura y se extasía con tus palabras, pero por detrás cambia de lenguaje y tiende una trampa con tus mismas palabras.
24 Yo detesto muchas cosas, pero más que nada a él, y el Señor también lo detesta. En el pecado, el castigo
25 El que tira una piedra hacia arriba, la tira sobre su cabeza, y un golpe traicionero hiere también al que lo da.
26 El que cava una fosa caerá en ella y el que tiende una red quedará enredado.
27 El mal que se comete recae sobre uno mismo, sin que se sepa siquiera de dónde proviene.
28 Sarcasmos e insultos son propios de los soberbios, pero el castigo los acecha como un león.
29 Caerán en la red los que se alegran de la caída de los buenos y el dolor los consumirá antes de su muerte.
30 También el rencor y la ira son abominables, y ambas cosas son patrimonio de pecador.
por Makf | 23 Sep, 2025 | Eclesiastico
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Capítulo 26
1 ¡Feliz el marido de una buena esposa: se duplicará el número de sus días!
2 La mujer hacendosa es la alegría de su marido y él vivirá en paz hasta el último de sus días.
3 Una buena esposa es una gran fortuna, reservada en suerte a los que temen al Señor:
4 sea rico o pobre, su corazón será dichosos y su rostro estará radiante en todo momento.
5 Hay tres cosas que me inspiran temor, y por la cuarta imploro misericordia: ciudad dividida, multitud amotinada y falsa acusación son más penosas que la muerte.
6 Pero pesadumbre y duelo es la mujer celosa de su rival, y en todo está presente el flagelo de la lengua.
7 Un yugo mal ajustado es una mala mujer: tratar de sujetarla es agarrar un escorpión.
8 Una mujer bebedora provoca indignación: ella no podrá ocultar si ignominia.
9 en el descaro de la mirada y en sus pupilas se reconoce la procacidad de una mujer.
10 Redobla la guardia ante una joven atrevida, no sea que descubra una ocasión se aproveche.
11 Cuídate de las miradas provocativas y no te sorprendas si te incitan al mal.
12 Ella abre la boca como un viajero sediento y bebe toda el agua que se le ofrece; se sienta ante cualquier estaca y abre su aljaba a todas las flechas.
13 La gracia de una mujer deleita a su marido y su buen juicio lo llena de vigor.
14 Una mujer discreta es un don del Señor y no tiene precio la esposa bien educada.
15 Una mujer pudorosa es la mayor de las gracias y no hay escala para medir a la que es dueña de sí misma.
16 Como el sol que se eleva por las alturas del Señor, así es el encanto de la buena esposa es una casa ordenada.
17 Como una lámpara que brilla sobre el candelabro sagrado, así es la belleza del rostro sobre un cuerpo esbelto.
18 Columnas de oro sobre un zócalo de plata son las piernas hermosas sobres talones firmes.
28 Hay dos cosas que me entristecen y por una tercera se enciende mi enojo: un guerrero sumido en la indigencia, los hombres inteligentes tratados con desprecio y el que vuelve de la justicia al pecado: a este, el Señor lo destina a la espada.
29 Difícilmente un comerciante se libra de incurrir en falta, y un negociante no estará exento de pecado.
por Makf | 23 Sep, 2025 | Eclesiastico
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Capítulo 25
1 Con tres cosas me adorno y me presento embellecida delante del Señor y de los hombres: la concordia entre hermanos, la amistad entre vecinos y una mujer y un marido que se llevan bien.
2 Pero hay tres clases de gente que aborrezco y que me irritan por su manera de vivir: un pobre soberbio, un rico mentiroso y un viejo adúltero que ha perdido el juicio.
3 Si no has ahorrado en la juventud, ¿cómo vas a encontrar algo en tu vejez?
4 ¡Qué bello adorno para las canas es saber juzgar y para los ancianos, ser hombres de consejo!
5 ¡Qué hermosa es la sabiduría de los ancianos, la reflexión y el consejo en la gente respetable!
6 Corona de los ancianos es una rica experiencia, y su orgullo, el temor del Señor.
7 Hay nueve cosas imaginables, que considero felices, y la décima, también las voy a mencionar: un hombre que está contento de sus hijos y uno que ve en vida la caída de sus enemigos.
8 ¡Feliz el que vive con una esposa inteligente, el que no ha incurrido en falta con su lengua y el que no ha servido a un patrón indigno de él!
9 ¡Feliz el que ha encontrado la prudencia y el que la expone ante un auditorio atento!
10 ¡Qué grande es aquel que encontró la sabiduría! Pero nadie aventaja al que teme al Señor:
11 el temor del Señor supera a todos lo demás, y el que lo posee ¿a quién se puede comparar?
12 El temor del Señor es el comienzo de su amor, y es por la fe que uno empieza a unirse a él.
13 ¡Cualquier herida, menos la del corazón! ¡Cualquier maldad, menos la de una mujer!
14 ¡Cualquier desgracia, menos la causada por el odio! ¡Cualquier venganza, menos la de un enemigo!
15 No hay peor veneno que el de la serpiente, ni peor furia que la de la mujer.
16 Preferiría habitar con un león o un dragón antes que vivir con una mala mujer.
17 La maldad de una mujer desfigura su semblante y vuelve su rostro huraño como un oso.
18 Su marido se va a sentar en medio de sus vecinos y no puede reprimir sus amargos gemidos.
19 Toda maldad es pequeña comparada con la de la mujer: ¡que caiga sobre ella la suerte del pecador!
20 Cuesta arenosa para los pies de un anciano es la mujer charlatana para un esposo apacible.
21 No te dejes cautivar por los encantos de una mujer ni te apasiones por ella.
22 Estallido de enojo, infamia y una gran vergüenza esperan al hombre que es mantenido por su mujer.
23 Corazón abatido, rostro sombrío y pena del alma es una mala mujer. Manos inertes y rodillas paralizadas es la mujer que no hace feliz al marido.
24 Por una mujer tuvo comienzo el pecado, y a causa de ella, todos morimos.
25 No dejes correr el agua ni des libertad a una mala mujer.
26 Si no camina como tú le indicas, arráncala de tu propia carne.
por Makf | 23 Sep, 2025 | Eclesiastico
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Capítulo 24
1 La sabiduría hace el elogio de sí misma y se gloría en medio de su pueblo,
2 abra la boca en al asamblea del Altísimo y se gloría delante de su Poder:
3 «Yo salí de la boca del Altísimo y cubrí la tierra como una neblina.
4 Levanté mi carpa en las alturas, y mi trono estaba en una columna de nube.
5 Yo sola recorrí el circuito del cielo y anduve por la profundidad de los abismos.
6 Sobre las olas del mar y sobre toda la tierra, sobre todo pueblo y nación, ejercí mi dominio.
7 Entre todos ellos busqué un lugar de reposo, me pregunté en qué herencia podría residir.
8 Entonces, el Creador de todas las cosas me dio una orden, el que me creó me hizo instalar mi carpa, él me dijo: «Levanta tu carpa en Jacob y fija tu herencia en Israel».
9 El me creó antes de los siglos, desde el principio, y por todos los siglos no dejaré de existir.
10 Ante él, ejercí el ministerio en la Morada santa, y así me he establecido en Sión;
11 él me hizo reposar asimismo en la Ciudad predilecta, y en Jerusalén se ejerce mi autoridad.
12 Yo eché raíces en un Pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su herencia.
13 Crecí como un cedro en el Líbano y como un ciprés en los montes del Hermón;
14 crecí como una palmera en Engadí y como los rosales en Jericó; como un hermoso olivo en el valle, y como los rosales en Jericó; como un hermosos olivo en el valle, y como un plátano, me elevé hacia lo alto.
15 Yo exhalé perfume como el cinamomo, como el aspálato fragante y la mirra selecta, como el gálbano, la uña aromática y el estacte, y como el humo del incienso en la Morada.
16 Extendí mis ramas como un terebinto, y ellas son ramas de gloria y de gracia.
17 Yo, como una vid, hice germinar la gracia, y mis flores son un fruto de gloria y de riqueza.
18 [Yo soy la madre del amor hermoso, del temor, de la ciencia y de la santa esperanza. Yo, que permanezco para siempre, soy dada a todos mis hijos, a los que han sido elegidos por Dios.]
19 ¡Vengan a mí, los que me desean, y sáciense de mis productos!
20 Porque mi recuerdo es más dulce que la miel y mi herencia, más dulce que un panal.
21 Los que me coman, tendrán hambre todavía, los que me beban, tendrán más sed.
22 El que me obedezca, no se avergonzará, y los que me sirvan, no pecarán».
23 Todo esto es el libro de la Alianza del Dios Altísimo, la Ley que nos prescribió Moisés como herencia para las asambleas de Jacob.
24 [No dejen de buscar su fuerza en el Señor; permanezcan unidos a él, para que él los fortalezca. El Señor todopoderoso es el único Dios y, fuera de él, no hay otro salvador.]
25 Ella hace desbordar la Sabiduría como el Pisón y como el Tigris en los días de los primero frutos;
26 inunda de inteligencia como el Eufrates y como el Jordán en los tiempos de la cosecha;
27 prodiga la instrucción como el Nilo, como el Guijón en los días de la vendimia.
28 El primero no terminó de conocerla y el último ni siquiera la vislumbra.
29 Porque su pensamiento es más vasto que el océano y su designio, más profundo que el gran Abismo.
30 En cuanto a mí, como un canal que brota de un río, como una acequia, salí a un jardín
31 y dije: «Regaré mi huerta y empaparé mis canteros». ¡De pronto, mi canal se convirtió en un río, y mi río se transformó en un mar!
32 Aún haré brillar la instrucción como la aurora e irradiaré su luz lo más lejos posible;
33 aún derramaré la enseñanza como una profecía y la dejaré para las generaciones futuras.
34 Porque yo no he trabajado sólo para mí, sino para todos los que buscan la sabiduría.
por Makf | 23 Sep, 2025 | Eclesiastico
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Capítulo 23
1 ¡Señor, Padre y Dueño de mi vida, no me abandones al capricho de mis labios ni me dejes caer por culpa de ellos!
2 ¿Quién aplicará el látigo a mi pensamiento, y a mi corazón, la disciplina de la sabiduría, para que no se perdonen mis errores ni se pasen por alto mis pecados?
3 Así no se multiplicarán mis errores ni se sobreabundarán mis pecados, ni caeré ante mis adversarios, ni mi enemigo se burlará de mí.
4 Señor. Padre y Dios de mi vida, no me des unos ojos altaneros
5 y aparta de mí los malos deseos.
6 ¡Que la sensualidad y la lujuria no me dominen, no me entregues a las pasiones vergonzosas!
7 Escuchen, hijos, cómo se educa la lengua: el que observe esto no caerá en el lazo.
8 El pecador se enreda en sus propias palabras, el maldiciente y el soberbio caen a causa de ellas.
9 No acostumbres tu boca a jurar ni te habitúes a pronunciar el nombre del Santo.
10 Así como el servidor vigilado constantemente nunca se libra de algún golpe, así el que jura y pronuncia el Nombre en todo momento no quedará limpio de pecado.
11 El que jura constantemente está lleno de iniquidad y el flagelo no se apartará de su casa. Si falta a su juramento, incurre en pecado; si lo menosprecia, peca doblemente; si juró en vano, no tendrá justificación y su casa se llenará de desgracias.
12 Hay un lenguaje comparable a la muerte: ¡que no se lo encuentre en la herencia de Jacob! Los hombres buenos están alejados de todas esas cosas: ¡que ellos no se revuelquen en los pecados!
13 No acostumbres tu boca a decir groserías, porque al decirlas se peca con la palabra.
14 Acuérdate de tu padre y de tu madre, cuando te sientes en medio de los grandes, no sea que los olvides en presencia de ellos y te comportes como un necio. Porque entonces preferirías no haber nacido y maldecirías el día de tu nacimiento.
15 Un hombre habituado a las palabras injuriosas no podrá ser corregido en toda su vida.
16 Dos clases de hombres multiplican los pecados y una tercera atrae la ira:
17 una pasión encendida como el fuego ardiente no cesará hasta que el fuego lo abrase; para el lujurioso toda comida es dulce, y no se calmará hasta que haya muerto.
18 El hombre que peca contra su propio lecho dice en su corazón: «¿Quién me ve? La oscuridad me rodea y los muros me cubren nadie me ve: ¿qué puedo temer? El Altísimo no se acordará de mis pecados».
19 Lo que él teme son los ojos de los hombres, y no sabe que los ojos del Señor son diez mil veces más luminosos que el sol, que observan todos los caminos de los hombres y penetran en los rincones más ocultos.
20 Antes de ser creadas, todas las cosas le eran conocidas, y lo son asimismo una vez acabadas.
21 Ese hombre será castigo en las plazas de la ciudad, será apresado donde menos lo esperaba.
22 Así también, la mujer que abandona a su marido y le da un heredero nacido de un extraño.
23 Porque, primero, ha desobedecido la Ley del Señor; segundo, ha faltado contra su marido; tercero, se ha prostituido con su adulterio, teniendo hijos con un hombre extraño
24 Ella será llevada a la asamblea y el castigo recaerá sobre sus hijos.
25 Sus hijos no echarán raíces y sus ramas no producirán fruto.
26 Ella dejará su recuerdo para una maldición y su infamia no se borrará.
27 Así sabrán los que vengan después que no hay nada mejor que el temor del Señor ni nada más dulce que obedecer sus mandamientos.
por Makf | 23 Sep, 2025 | Eclesiastico
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Capítulo 22
1 El perezoso se parece a una piedra ensuciada: todos silban despectivamente por su deshonra.
2 El perezoso se parece a un montón de excrementos: el que los levanta se sacude las manos.
3 La vergüenza de un padre es tener un hijo mal educado, y si es una hija, viene al mundo para su desgracia.
4 La hija prudente tendrá como herencia un marido, pero la desvergonzada será la tristeza de su padre.
5 La hija insolente avergüenza al padre y al marido, y es despreciada por los dos.
6 Música en un duelo son las palabras inoportunas, pero el castigo y la disciplina son sabiduría en todo tiempo.
7 Los hijos que llevan una vida honesta y tienen con qué alimentarse ocultan el origen humilde sus padres.
8 Los hijos jactanciosos y mal educados deshonran el noble origen de su familia.
9 Enseñar a un necio es reparar una vasija rota o despertar a alguien de un sueño profundo.
10 Razonar con un necio es razonar con un somnoliento: al final dirá: «¿De qué se trata?».
11 Llora por un muerto, porque ha perdido la luz; llora por un necio, porque ha perdido la inteligencia: llora serenamente por un muerto, porque él reposa; la vida del necio, en cambio, es peor que la muerte.
12 El duelo por un muerto dura siete días; por el necio y el impío, todos los días de su vida.
13 No hables demasiado con un insensato ni vayas con el que no tiene inteligencia; cuídate de él, para no tener molestias y no salpicarte cuando él se sacuda; apártate de él: estarás tranquilo y su estupidez no te fastidiará.
14 ¿Qué cosa es más pesada que el plomo, y cómo llamarlo sino «necio»?
15 La arena, la sal y una masa de hierro pesan menos que un hombre sin inteligencia.
16 Construcción trabada con vigas de madera no se desmorona por un terremoto: así, un corazón afirmado en una convicción madura no se acobardará llegado el momento.
17 Un corazón apoyado en una reflexión inteligente es como el estuco que adorna un muro bien pulido.
18 Una empalizada puesta sobre una altura no puede resistir los embates del viento: así, un corazón acobardado por ideas necias es incapaz de resistir el miedo.
19 El que lastima un ojo, hace brotar las lágrimas; el que lastima el corazón, hace aparecer los sentimientos.
20 El que tira una piedra a los pájaros, los espanta; el que afrenta a un amigo, rompe la amistad.
21 Si has sacado la espada contra un amigo, no desesperes: es posible volver atrás;
22 si has abierto la boca contra un amigo, no te inquietes: es posible la reconciliación. Pero ante la afrenta, el orgullo, la revelación de un secreto y el golpe traicionero, ante esas cosas, huirá cualquier amigo.
23 Gánate la confianza de tu prójimo en su pobreza, para saciarte con él en su prosperidad; permanece con él en el momento de la aflicción y, si él hereda, compartirás su herencia.
24 Antes del fuego, hay en el horno vapor y humo: así preceden los insultos a la sangre derramada.
25 No me avergonzaré de proteger a un amigo ni me ocultaré de su presencia;
26 y si por su culpa me sucede algún mal, todo el que se entere se cuidará de él.
27 ¡Quién le pusiera a mi boca un centinela y a mis labios un sello de discreción, para que yo no caiga a causa de ellos y mi lengua no me lleve a la ruina!
por Makf | 23 Sep, 2025 | Eclesiastico
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Capítulo 21
1 ¿Has pecado, hijo mío? No lo vuelvas a hacer, y pide perdón por tus faltas pasadas.
2 Huye del pecado como de una serpiente, porque si te acercas,, te morderá; sus dientes son dientes de león, que arrebatan la vida de los hombres.
3 Toda transgresión es como espada de dos filos: no hay remedio para su herida.
4 La violencia y la soberbia hacen perder las riquezas: así será arrasada la casa del orgulloso.
5 La oración del pobre va de su boca a los oídos del Señor, y la sentencia divina no se hace esperar.
6 El que odia la reprensión sigue las huella del pecador, pero el que teme al Señor se arrepiente de corazón.
7 Al charlatán se lo reconoce desde lejos, el hombre reflexivo le descubre sus deslices.
8 El que edifica su casa con dinero ajeno es como el que amontona piedras para el invierno.
9 Una banda de malhechores es como un montón de estopa, y su fin es la llama del fuego.
10 El camino de los pecadores está despejado de piedras, pero desemboca en lo profundo del Abismo.
11 El que observa la Ley domina sus inclinaciones, y el temor del Señor es la culminación de la sabiduría.
12 El que no es habilidoso no puede aprender, pero hay una habilidad que produce amargura.
13 La ciencia del sabio crece como una inundación y su consejo es como fuente de vida.
14 La mente del necio es como un vaso roto: no retiene ningún conocimiento.
15 Si un hombre instruido oye una palabra sabia, la aprueba y le añade algo de lo suyo; si la oye un alocado, le desagrada, y la echa detrás de sus espaldas.
16 La conversación del necio es como una carga para el viajero, pero los labios del inteligente causan deleite.
17 La opinión del prudente es requerida en la asamblea, y todos reflexionan sobre sus palabras.
18 Como una casa derruida es la sabiduría para el necio, y la ciencia del insensato es una serie de incoherencias.
19 La instrucción es para el tonto como un cepo en los pies y como esposas en su mano derecha.
20 El necio se ríe a carcajadas, pero el hombre sagaz sonríe apenas y sin estrépito.
21 La instrucción es para el prudente como un adorno de oro y como un brazalete en el brazo derecho.
22 El pie del necio entra rápido en la casa, pero el hombre experimentado se acerca con vergüenza.
23 El necio curiosea la casa desde la puerta, pero el bien educado se queda afuera.
24 Es falta de educación escuchar junto a la puerta: al prudente se le caería la cara de vergüenza.
25 Los labios de los charlatanes hablan sólo de oídas, pero los prudentes pesan bien sus palabras.
26 Los necios hablan siempre sin pensar; los sabios piensan, y luego hablan.
27 Cuando el impío maldice al adversario, se maldice a sí mismo.
28 El chismoso se mancha a sí mismo, y es detestado por lo que lo rodean.
por Makf | 23 Sep, 2025 | Eclesiastico
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Capítulo 20
1 Hay reprensiones que son inoportunas, y hay silencios que revelan al hombre prudente.
2 Más vale reprender que guardarse el enojo,
3 y el que confiesa su falta se libra de la desgracia.
4 Como un castrado que ansía desflorar a una joven, así es el que quiere hacer justicia por la fuerza.
5 Uno se calla, y es tenido por sabio, y otro se hace odioso por su locuacidad.
6 Uno se calla porque no tiene qué responder y otro, porque espera la oportunidad.
7 El sabio guarda silencio hasta el momento oportuno, pero el petulante y necio no se fija en el tiempo.
8 El que habla demasiado se vuelve abominable y el que pretende imponerse se hace odioso.
9 A veces se saca provecho de la adversidad, y oras veces, la suerte acaba en desgracia.
10 Hay regalos que no te dan provecho, y hay otros, que reditúan el doble.
11 Hay desgracias que provienen de los honores, y hay gente humilde que pudo levantar cabeza.
12 Hay quien compra mucho a bajo precio, y después lo paga siete veces más.
13 El sabio se hace amar por sus palabras, pero los cumplidos del necio caen en el vacío.
14 El regalo del insensato no te aprovechará, porque él espera que le devuelvan mucho más:
15 de poco y echa en cara mucho, abre la boca como un pregonero, presta hoy y mañana exige. ¡Qué detestable es un hombre así!
16 El necio dice: «No tengo ni un amigo; nadie agradece mis beneficios;
17 los que comen mi pan tienen la lengua olvidadiza». ¡Cuántos y cuántas veces se reirán de él!
18 Más vale resbalar en el piso que con la lengua; así es como de repente caen los malvados.
19 Un hombre grosero es como un cuento inoportuno, que siempre está en boca de los mal educados.
20 Nadie aprueba el proverbio dicho por un necio, porque nunca lo dice en el momento oportuno.
21 A algunos la indigencia los preserva del pecado y, cuando descansan, no sienten remordimientos.
22 Hay quien se pierde por timidez, y se pierde por temor a un insensato.
23 Hay quien por timidez hace promesas a un amigo y se gana un enemigo inútilmente.
24 La mentira es para el hombre una mancha infamante: siempre está en boca de los ignorantes.
25 Es preferible un ladrón a un mentiroso inveterado, aunque uno y otro heredarán la perdición.
26 El que se acostumbra a mentir cae en la deshonra y su ignominia lo acompaña constantemente.
27 El sabio se abre camino con sus palabras y el hombre prudente agrada a los poderosos.
28 El que cultiva la tierra levanta bien alto su parva, y el que agrada a los grandes se hace perdonar la injusticia.
29 Dones y regalos ciegan a los sabios y son como un bozal que acalla las críticas.
30 Sabiduría escondida y tesoro oculto: ¿de qué sirven una cosa y la otra?
31 Es preferible el hombre que disimula su necedad al que oculta su sabiduría.
por Makf | 23 Sep, 2025 | Eclesiastico
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Capítulo 19
1 Un obrero bebedor nunca se enriquecerá, y el que se descuida en lo pequeño, caerá poco a poco.
2 Vino y mujeres extravían a los inteligentes, y el que anda con prostitutas es más temerario aún:
3 la podredumbre y los gusanos se adueñarán de él, y el hombre temerario será extirpado.
4 El que se confía demasiado pronto, es un espíritu frívolo, y el que peca, se perjudica a sí mismo.
5 El que se complace en el mal será condenado,
6 y el que detesta la locuacidad se libra del mal.
7 No repitas jamás lo que has oído, y no perderás nada.
8 No se lo digas a nadie, sea amigo o enemigo, y a no ser que incurras en pecado, no lo reveles:
9 te escucharían, pero se pondrían en guardia contra ti y, llegado el momento, te odiarían.
10 ¿Has oído algo? Que muera contigo; no tengas miedo, no te hará reventar.
11 El necio sufre cuando guarda un secreto, como la parturienta por su criatura.
12 Como una flecha clavada en el muslo es el secreto en el pecho del necio.
13 Aclara las cosas con tu amigo: a lo mejor no hizo nada, y si lo hizo, para que no lo vuelva a hacer.
14 Aclara las cosas con tu prójimo: a lo mejor no dijo nada, y si lo dijo, para que no lo repita.
15 Aclara las cosas con tu amigo: con frecuencia se calumnia, y no debes fiarte de todo lo que se dice.
16 Se puede cometer un desliz sin querer, ¿y quién no ha pecado con su lengua?
17 Aclara las cosas con tu prójimo antes de amenazarlo, y luego da lugar a la Ley del Altísimo.
18 [Comienza por temer al Señor, y él te aceptará; si tienes sabiduría, él te amará.]
19 [El conocimiento de los mandamientos del Señor es una instrucción que da vida; los que hacen lo que le agrada recogerán los frutos del árbol de la inmortalidad.]
20 Toda sabiduría es temor del Señor y toda sabiduría entraña la práctica de la Ley.
21 [El servidor que dice a su señor: «No haré lo que te agrada», incluso si después lo hace, irrita a aquel que lo alimenta.]
22 No es sabiduría saber hacer el mal y no hay prudencia en el consejo de los pecadores.
23 Hay una astucia que resulta abominable, y el que carece de sabiduría es insensato.
24 Es preferible el poco inteligente que teme al Señor, al muy inteligente que quebranta la Ley.
25 Hay una astucia sutil, pero injusta, y hay quien usa de artimañas para hacer valer su derecho.
26 Hay un malvado que va encorvado por la tristeza, pero su interior está lleno de falsedad:
27 se cubre el rostro y aparenta no oír, pero si nadie lo ve, te saca ventaja.
28 Si le falta fuerza para pecar, cuando encuentre una ocasión, te perjudicará.
29 Por la mirada se reconoce a un hombre, y por su aspecto, al hombre sabio.
30 La vestimenta del hombre, su manera de reír y todo su porte revelan lo que él es.