Mito 32: El Ave María, comenzó en la última mitad de 1508 A.D.

Autor: Catholic.net  

"Dios te salve María" el gran saludo que el ángel dió a la que fue elegida para ser madre de Dios.

Mito 32. El Ave María, comenzó en la última mitad de 1508 A.D.
Fue terminado 50 años después y finalmente fue aprobado por el Papa Sixths V, al final del décimosexto siglo.

Refutación y Argumentos Católicos


Aquí el problema no es que en la Iglesia se comience a rezar el avemaría a partir de una fecha u otra, sino que para el autor de este mito, el hombre no tiene por qué recurrir a María para contar con su intercesión.

El mito descuida, en efecto, que el avemaría es una muestra de la admirable conjunción en la Iglesia del aspecto divino y el eclesial: no puede negarse la presencia de la acción divina en las palabras pronunciadas por el ángel y santa Isabel, por otro lado, la Iglesia goza de la asistencia del Espíritu Santo que prometió la guiaría hasta la verdad completa (Jn 16,13).

Por otro lado, todo lo que el vicario de Cristo ate o desate en la tierra quedará atado o desatado en el cielo por boca del mismo Cristo (Mt 16,19). Hay, pues, continuidad entre la acción del Espíritu Santo antes, ya que Dios no puede engañarse ni engañarnos. 

El avemaría es, por lo tanto, una oración bíblica.


1. La primera parte se remonta a Lucas 1,26-28: 
"Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 
a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Y a Lucas 1,42:
"Y exclamando con gran voz, dijo: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno".

2. La segunda parte se remonta igualmente a la Biblia en cuanto a su sentido, sólo que su elaboración literal es posterior y de origen eclesiástico, pero está en sintonía con la Biblia:
Santa María Madre de Dios: "Y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?" (Lc 1,43).

"Ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén": que María puede interceder por nosotros, no nos cabe la menor duda. Lo hizo en Caná: "Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: «No tienen vino». Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora». Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,3-5).

De hecho, en el Apocalipsis los santos del cielo pueden interceder en favor o en contra de los habitantes de la tierra. ¡Con cuánta mayor razón la "Madre del Señor" !: "Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los degollados a causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron. Se pusieron a gritar con fuerte voz: «¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin tomar venganza por nuestra sangre de los habitantes de la tierra?» Entonces se le dio a cada uno un vestido blanco y se les dijo que esperasen todavía un poco, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos que iban a ser muertos como ellos" (Ap 6,9-11).

No es correcto decir que esta oración inicia en el 1508. Los datos siguientes hablan por sí solos.

El saludo del ángel y el macarismo de Isabel ("dichosa la que ha creído...")se encuentran ya unidos en Severo de Antioquía (+ 538). En efecto, Severo se hace eco de ello en una fórmula ritual del bautismo (cfr Acta Sanctorum VII). De hecho, hay un testimonio arqueológico interesante: en Lúxor, Egipto, se ha encontrado un óstracon (inscripción en vasijas de barro) con las palabras del ángel y de santa Isabel formando parte de un todo.

Más aún para el 749 San Juan de Damasco las hace objeto de sus homilías. También figura en occidente, en la así llamada "Vida de san Ildefonso", atribuida a san Julián de Toledo (S. IX). Su uso quedó generalizado gracias a los antifonarios gregorianos como ofertorio para el IV domingo de adviento. En el S. XII la práctica se acentúa como puede constatarse en el Sermón III in Missis de san Bernardo. Los obispos encarecen entonces su aprendizaje por parte de los fieles, como Odón de Soliac en 1198. Gracias a Urbano IV la Iglesia añadió los nombres de «María» -"Dios te salve, María

Nada mejor que el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica para explicarnos el significado del avemaría:

2674 Desde el sí dado por la fe en la anunciación y mantenido sin vacilar al pie de la cruz, la maternidad de María se extiende desde entonces a los hermanos y a las hermanas de su Hijo, "que son peregrinos todavía y que están ante los peligros y las miserias" (LG 62). Jesús, el único Mediador, es el Camino de nuestra oración; María, su Madre y nuestra Madre es pura transparencia de él: María "muestra el Camino" ["Hodoghitria"], ella es su "signo", según la iconografía tradicional de Oriente y Occidente.

2675 A partir de esta cooperación singular de María a la acción del Espíritu Santo, las Iglesias han desarrollado la oración a la santa Madre de Dios, centrándola sobre la persona de Cristo manifestada en sus misterios. En los innumerables himnos y antífonas que expresan esta oración, se alternan habitualmente dos movimientos: uno "engrandece" al Señor por las "maravillas" que ha hecho en su humilde esclava, y por medio de ella, en todos los seres humanos (cf Lc 1, 46-55); el segundo confía a la Madre de Jesús las súplicas y alabanzas de los hijos de Dios ya que ella conoce ahora la humanidad que en ella ha sido desposada por el Hijo de Dios.

2676 Este doble movimiento de la oración a María ha encontrado una expresión privilegiada en la oración del Ave María:

"Dios te salve, María [Alégrate, María]". La salutación del Angel Gabriel abre la oración del Ave María. Es Dios mismo quien por mediación de su ángel, saluda a María. Nuestra oración se atreve a recoger el saludo a María con la mirada que Dios ha puesto sobre su humilde esclava (cf Lc 1, 48) y a alegrarnos con el gozo que El encuentra en ella (cf So 3, 17b)

"Llena de gracia, el Señor es contigo": Las dos palabras del saludo del ángel se aclaran mutuamente. María es la llena de gracia porque el Señor está con ella. La gracia de la que está colmada es la presencia de Aquél que es la fuente de toda gracia. "Alégrate... Hija de Jerusalén... el Señor está en medio de ti" (So 3, 14, 17a). María, en quien va a habitar el Señor, es en persona la hija de Sión, el arca de la Alianza, el lugar donde reside la Gloria del Señor: ella es "la morada de Dios entre los hombres" (Ap 21, 3). "Llena de gracia", se ha dado toda al que viene a habitar en ella y al que entregará al mundo.

"Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús". Después del saludo del ángel, hacemos nuestro el de Isabel. "Llena del Espíritu Santo" (Lc 1, 41), Isabel es la primera en la larga serie de las generaciones que llaman bienaventurada a María (cf. Lc 1, 48): "Bienaventurada la que ha creído... " (Lc 1, 45): María es "bendita entre todas las mujeres" porque ha creído en el cumplimiento de la palabra del Señor.

Abraham, por su fe, se convirtió en bendición para todas las "naciones de la tierra" (Gn 12, 3). Por su fe, María vino a ser la madre de los creyentes, gracias a la cual todas las naciones de la tierra reciben a Aquél que es la bendición misma de Dios: Jesús, el fruto bendito de su vientre.

2677 "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros... " Con Isabel, nos maravillamos y decimos: "¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?" (Lc 1, 43). Porque nos da a Jesús su hijo, María es madre de Dios y madre nuestra; podemos confiarle todos nuestros cuidados y nuestras peticiones: ora para nosotros como oró para sí misma: "Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38). Confiándonos a su oración, nos abandonamos con ella en la voluntad de Dios: "Hágase tu voluntad".

"Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte". Pidiendo a María que ruegue por nosotros, nos reconocemos pecadores y nos dirigimos a la "Madre de la Misericordia", a la Virgen Santísima. Nos ponemos en sus manos "ahora", en el hoy de nuestras vidas. Y nuestra confianza se ensancha para entregarle desde ahora, "la hora de nuestra muerte". Que esté presente en esa hora, como estuvo en la muerte en Cruz de su Hijo y que en la hora de nuestro tránsito nos acoja como madre nuestra (cf Jn 19, 27) para conducirnos a su Hijo Jesús, al Paraíso.

2678 La piedad medieval de Occidente desarrolló la oración del Rosario, en sustitución popular de la Oración de las Horas. En Oriente, la forma litánica del Acathistós y de la Paráclisis se ha conservado más cerca del oficio coral en las Iglesias bizantinas, mientras que las tradiciones armenia, copta y siríaca han preferido los himnos y los cánticos populares a la Madre de Dios. Pero en el Ave María, los theotokia, los himnos de San Efrén o de San Gregorio de Narek, la tradición de la oración es fundamentalmente la misma.

2679 María es la orante perfecta, figura de la Iglesia. Cuando le rezamos, nos adherimos con ella al designio del Padre, que envía a su Hijo para salvar a todos los hombres. Como el discípulo amado, acogemos (cf Jn 19, 27) a la madre de Jesús, hecha madre de todos los vivientes.

Podemos orar con ella y a ella. La oración de la Iglesia está sostenida por la oración de María. Le está unida en la esperanza (cf LG 68-69).

Mito 31: La doctrina de 7 sacramentos fue afirmada en 1439 A.D.

Autor: Catholic.net  

Los sacramentos como signos visibles de la gracia de Dios, fueron instituidos por Jesucristo.

Mito 31. La doctrina de 7 sacramentos fue afirmada en 1439 A.D.

La Biblia dice que Cristo instituyó solamente dos ordenanzas, el bautismo y la Santa Cena. (Mat. 28:19-20; 26:26-28).

Refutación y Argumentos Católicos


De nuevo nos encontramos con afirmaciones sorprendentes en el mejor de los casos. ¿La Biblia dice que Cristo instituyó solamente dos ordenanzas (el bautismo y la santa cena)? Primero aquí hay cierto retorcimiento de los términos: parece que según el autor de este escrito es preferible el uso de "ordenanza" a sacramento; segundo, en las citas que nos pone debiera decirse explícitamente que Cristo ha institutido sólo dos ordenanzas.

¿Ambas cosas son verdad? ¿En qué pasaje se dice que sacramento es lo mismo que ordenanza? ¿En qué pasaje se dice que sólo el bautismo y la cena son solamente las dos ordenanzas instituidas por Cristo? 

Mt 28,19-20 dice esto:
"Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén".

Mt 26,26-28 pone esto otro:
"Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados".

¿Son éstas las únicas dos ordenanzas de Jesús? ¿Cómo es que se olvida esta otra?
Jn 20,22-23: "Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos".

Pero en dado caso estas otras ordenanzas debieran ser sacramentos, lo cual demuestra que Jesús no dio sólo dos ordenanzas, ni que toda ordenanza es necesariamente un sacramento:

Lc 11,2: "Y les dijo: ´Cuando oréis, decid: ´Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra´...".

Lc 11,9-10: Y yo os digo: "Pedid y se os dará. Buscas y hallaréis. Llamad y se os abrirá, porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abre".

Jn 13,12-15: "Después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis".

Mt 6,33: "Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas lo demás se os dará por añadidura".

Para la negación de los siete sacramentos hemos de remontarnos una vez más a Lutero. 

He aquí lo que dijo (año 1520): "Desde el principio debo negar que los sacramentos sean siete y por el momento admito solamente tres: el bautismo, la penitencia y el pan (eucarístico), y a todos ellos nos los ha reducido a miserable cautividad la curia romana, despojando a la Iglesia de toda su libertad. Aunque conforme al uso de la Escritura debería habla de un solo sacramento y tres signos sacramentales" (Weimarer Ausgaber, 501).

García Villoslada comenta que así Lutero "rompía la esencia misma de los sacramentos y mataba en su raíz la mística vitalidad de la liturgia cristiana. Sigue abogando con encendida elocuencia por la comunión de los laicos bajo las dos especies, proque, si se les niega el cáliz, con la misma razón se les podrá negar parte del bautismo y parte de la penitencia; después de lo cual, dando por rota la primera cadena, se empeña en romper la seguna, que es la transustanciación eucarística" [pero de esto ya se ha hablado en otra parte de la lista del mito] (R. García Villoslada, Martín Lutero I, El fraile hambriento de Dios, Madrid 1973, 477).

Pero no queda todo ahí, para 1523, Lutero ya no admitía que la penitencia fuera un sacramento. 

De hecho, la "Confesión de Augsburgo" de 1530 así como Mélanchton en 1531 aceptan el número ternario del primer Lutero; pero Zwinglio y Calvino conservan el número binario.

Ahora bien, ninguno de los 7 sacramentos resulta haber sido instituido por un concilio, por un Romano Pontífice, por una comunidad o iglesia particular. Se trata de una verdad de antigua tradición. Recordemos lo que enseña san Agustín: "Quod universa tenet Ecclesia, nec Conciliis institutum est sed semper retentum est, nonnisi auctoritate apostolica traditum rectissime creditur" (De Baptismo IV, 24,13). La Iglesia ortodoxa admite y celebra los siete sacramentos como lo muestran los libros litúrgicos, las declaraciones de los concilios unionistas de Lyón y Florencia, las profesiones oficiales de fe y las respuestas dadas a los protestantes con ocasión de los intentos de éstos por atraer a los ortodoxos orientales a su propio ámbito. 

El hecho es que a cuantos presentaron la versión griega de la "Confessio Augustana como base para intentos unionistas, el patriarca Jeremías II de Jerusalén, de cuerdo con Simeón de Tesalónica escribió en 1576: "Los misterios o sacrmanetos que se encuentran en la Iglesia católica de los cristianos ortodoxos son siete (Bautismo, Confirmación, Penitencia Eucaristía, Orden, Matrimonio y Unción de enfermos). Siete, de hecho son los dones del Espíritu divino, como dice Isaías, y siete los misterios [palabra griega para "sacramento"] de la Iglesia que tienen eficacia por obra del Espíritu". Declaraciones similares se encuentran en la confesión ortodoxa del metropolita Pedro Moguila de Kíev (1642). El patriarca Dositeo de Jerusalén (1672) califica de "estultez herética" la confesión de entonación calvinista del patriarca Lucaris de Constantinopla.
La Iglesia monofisita, cuya separación se remonta al S. V, a una época posterior a la elaboración doctrinal del concepto de sacramento, conserva el firme parecer del número septenario de los sacramentos, como está escrito en el catecismo del obispo Barsaum: "Los sacramentos de la Iglesia son bautismo, myron, eucaristía, penitencia, orden, unción de enfermos y matrimonio" (E. I. Barsaum, Pequeño catecismo de los sirios disidentes Der Zafran 1912).

Los mismos nestorianos, que también en el S. V se constituyeron en Iglesia independiente, según el testimonio del teólogo Ebedjesu (1318) conservan el número septenario para los sacramentos, si bien se percibe cierta vacilación al indicar cada uno de ellos, por ejemplo, no mencionan la confirmación y señalan el signo de la cruz.

¿Qué decir de este enunciado, al que corona la típica abreviación que se estila en el inglés -AD-: "La doctrina de 7 sacramentos fue afirmada en 1439 A.D.?

Primero, el número septenario de los sacramentos de la nueva ley, es objeto de una definición del concilio de Trento (Sesión 7, c1; DS 1607) [1547 d.C.]. Dicha definición supone que la Iglesia posee una noción exacta y común de "sacramento" en ese sentido preciso que permite hacer una enumeración integral.

Si antes del Concilio de Trento, ha habido autores católicos que se habían excedido en cuanto a la enumeración de los sacramentos, en tiempos del concilio los reformadores protestantes no eran parte de ellos, sino de lo contrario. Así, pues, Trento va contra el error por exceso como contra el error por defecto.

Pareció oportuno, pues, a los padres conciliares atenerse a una afrimación asertiva, al fin de evitar toda declaración exclusivista. Entonces se tenían ya todas las premisas para fijar una sentencia ineludible de la doctrina de la Iglesia y que era necesario hacerlo, a causa de los trastornos originados por los protestantes.

Segundo, es coronamiento de un progreso dogmático que ha durado siglos, al que preceden otros pronunciamientos del magisterio.

Tercero, tales pronunciamientos son:
la Profesión de fe prescrita para los Valdenses (DS 794) [1208 d.C.],
la Profesión de fe de Miguel Paleólogo del II Concilio de Lyón (DS 860) [1274 d.C. ]
el Decreto Pro Armenis del Concilio de Florencia (DS 1310) [1439 d.C.].

Mito 30: La doctrina del purgatorio fue proclamada como un dogma de la fe por el concilio de Florencia

Autor: Catholic.net  

Las almas que llegaron a la muerte en estado de gracia, pero no totalmente purificadas para entrar al Cielo, pasan a un estado de purificación que conocemos con el nombre de Purgatorio.

Mito 30. La doctrina del purgatorio fue proclamada como un dogma de la fe por el concilio de Florencia 

No hay una sola palabra en la Biblia que enseñe lo del purgatorio. La sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado. (I Juan 1:7-9; 2:1-2; Juan 5:24; Rom. 8).

Refutación y Argumentos Católicos

"Lo que ocurre es que en el Dial 4,39.57; Ep 2321 san Gregorio Magno demuestra la existencia del fuego purificador con Mt 12,32 como base: "A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero" [cf Altaner, Patrologia (Asís 1997) p 503]. El error del mito es que como san Gregorio muestra esta realidad, se le acusa de invetarla. Como es lógico, la base no es Gregorio, sino la Escritura".

Por lo tanto, sería bueno que los autores de esta mitología se aclararan sobre la fecha de la proclamación del dogma., ya que el II concilio de Lyón (1274) afirma que los que murieron en la caridad de Dios "con verdadero arrepentimiento de sus pecados, antes de haber satisfecho por ellos con verdaderos frutos de penitencia», son purificados después de la muerte con «penas purgatorias».

Dicho concilio afirma también la validez de los sufragios (Profesión de fe de Miguel Paleólogo: DS 856). En cuanto al concilio de Florencia (1439) lo que este concilio hace es recoger los mismos principios en el Decreto para los griegos (DS 1304).

El concilio de Trento  (1536) confirmará la doctrina sobre el purgatorio (DS 1820) contra los reformadores, sobre todo Lutero, que excluía toda posibilidad de purificación personal, basándose en que con ello se negaba la eficacia universal expiatoria de la muerte de Cristo. Por lo tanto, nos encontramos ante una tradición protestante más.

No ha de olvidarse que el dato más importante de los primeros siglos (I-IV) es la práctica de los sufragios, como se deduce de las inscripciones funerarias, las actas de los mártires, etc. de la Iglesia antigua. 

Por otro lado, los contextos de las citas que coloca el enunciado del mito, ¿contraponen la sangre de Cristo a la purificación del purgatorio? Es decir, si la Biblia, según los protestantes con Lutero a la cabeza no enseña una sola palabra sobre el purgatorio,  ¿cómo es que ponen esas citas que no dicen nada sobre el rechazo de una doctrina de la que la Biblia no habla?

Sin embargo, la Biblia sí habla, y mucho, sobre el purgatorio. Otra cosa es que no se emplee el término "purgatorio"; pueden llamarlo como quieran si el nombre lo les gusta. La enseñanza de la palabra de Dios y de la Iglesia en consonancia con ella, es clara. De lo contrario, ¿cómo es que los protestantes aceptan la doctrina del pecado original? ¿En qué parte de la Escritura aparece el término "pecado original" y cómo es que lo aceptan? De lo que sí no dice una palabra la Escritura es del principio protestante de la sola Escritura.

Las reflexiones que siguen hacen ver que la Biblia sí habla del purgatorio.

Los protestantes suelen acusarnos de que el purgatorio no figura en la Biblia, de que a su decir para la Iglesia católica no consiste sino en una "teología de segunda oportunidad" (o categoría) y un rechazo de la suficiencia del sacrificio propiciatorio de Cristo. Si hemos de sufrir para que nuestros pecados queden completamente purgados, bien puede deducirse que el sacrificio de Cristo no es suficiente".

Cabe decir ante todo que hay muchos malentendidos en lo que revela la Biblia y lo que enseña la Iglesia católica

[1].La Iglesia católica no niega que el sacrificio de Cristo sea suficiente:

La justificación nos fue merecida por la pasión de Cristo, que se ofreció en la cruz como hostia viva, santa y agradable a Dios y cuya sangre vino a ser instrumento de propiciación por los pecados de todos los hombres (NCIC 1992).

Cristo es la expiación por nuestros pecados y no sólo por los nuestros sino por los del mundo entero (1Jn 2,2). Además, en ningún documento de la Iglesia aparece "teología ninguna de una segunda oportunidad", pues cuando morimos queda sellado el tiempo de merecer: o estamos en gracia, de suerte que vamos al cielo o no lo estamos, de suerte que vamos al infierno: 

"Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo" (NCIC 1030). 

El mismo catecismo explica:

"Salvo que elijamos libremente amarle, no podemos estar unidos con Dios. Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra Él, contra nuestro prójimo o contra nosotros mismos: "Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él" (1 Jn 3, 15).

Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de El si omitimos socorrer a las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos (cf. Mt 25, 31-46). Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de Él para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra ´infierno´". 

[2] Esto aclara que no se trata de una teología de "segunda oportunidad"; con todo, los protestantes suelen argüir preguntando en qué parte de la Escritura el cristiano ha de "purgarse de su pecado o imperfecciones".

La Escritura sí habla sobre el concepto y la realidad del purgatorio. El término "purgatorio" no aparece en la Biblia, pero eso no es ningún requisito para la doctrina cristiana: es como decir que como en la Biblia no se dice que Cristo tuviera orejas, de hecho no las tuvo, o que como Pablo no habla de Belén, Cristo no nació ahí. No aparece la palabra Trinidad y todos creemos en ella. 

En 2Mac 12,39-46 se dice que "Judas Macabeo y su ejército fueron a recoger los cadáveres de los que habían caído y depositarlos con sus parientes en los sepulcros de sus padres. Entonces encontraron bajo las túnicas de cada uno de los muertos objetos consagrados a los ídolos de Yamnia, que la Ley prohíbe a los judíos. Fue entonces evidente para todos por qué motivo habían sucumbido aquellos hombres. Bendijeron, pues, todos las obras del Señor, juez justo, que manifiesta las cosas ocultas, y pasaron a la súplica, rogando que quedara completamente borrado el pecado cometido.

El valeroso Judas recomendó a la multitud que se mantuvieran limpios de pecado, a la vista de lo sucedido por el pecado de los que habían sucumbido. Después de haber reunido entre sus hombres cerca de 2.000 dracmas, las mandó a Jerusalén para ofrecer un sacrificio por el pecado, obrando muy hermosa y noblemente, pensando en la resurrección. Pues de no esperar que los soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar por los

Ahora bien, para los hermanos separados estamos ante una obra "apócrifa", sólo que para los católicos es deuterocanónica. Hay dos puntos que tener en cuenta, lo que aquí está en juego no es la canocidad de Macabeos: es innegable que Macabeos 1 y 2 nos proporcionan una información crucial sobre la fe y práctica de los judíos poco antes del tiempo de Cristo.

El hecho es innegable: los judíos creían en la oración por los pecados de los muertos y de los vivos para que se les perdonaran los pecados". Segundo, en toda la Biblia no aparece el tema de que Dios creara las cosas de la nada, y es precisamente 2Macabeos el que nos habla de ello: se crea canónico o no, refleja en qué creían los judíos poco antes de los tiempos de Cristo. Católicos y protestantes aceptan que Dios creó las cosas de la nada: "Te ruego, hijo, que mires al cielo y a la tierra y, al ver todo lo que hay en ellos, sepas que a partir de la nada lo hizo Dios y que también el género humano ha llegado así a la existencia" (2Macabeos 7,28). 

Esa es la fe con que fueron educados Cristo y los apóstoles, y en este contexto ha de leerse lo que Cristo dice en el Nuevo Testamento: "Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero" (Mt 12,32).

La afirmación de Cristo supone que hay almenos algunos pecados que se pueden perdonar en la otra vida. Si Jesús hubiera querido condenar esta enseñanza, lo habría hecho; en cambio no la modifica, sino que la respeta.

Se podría objetar también que el libro de los macabeos no habla del purgatorio de los católicos porque los personajes de quienes se habla, habrían sido castigados por su idolatría. Es un pecado mortal según la enseñanza católica, y por ese motivo, el lugar para ese pecado no es el purgatorio, sino el infierno.

Primeramente, el pecado de tales hombres era llevar pequeños amuletos para ir a la batalla. Podría parecer similar a cualquier cristiano que lleva una pata de conejo, o a un jugador de fútbol que realiza algunas supersticiones cuando anota un gol, va a tirar un pénalty, o un tiro de esquina. Eso era probablemente un pecado venial para tales hombres. Mas aun en el caso de que fuera un pecado grave, creemos que hemos de rezar siempre por las almas que han muerto, ya que sólo Dios conoce los corazones de los hombres (2Crónicas 6,30). Sólo Él conoce el grado de culpabilidad de estos pecadores. Algunos pudieron haberse arrepentido antes de morir.

Como cristianos, siempre esperamos y siempre oramos. Pero más importante aún es que el texto de Macabeos indica que los judíos creían en un estado en que se encuentran algunos pecadores hasta que se expíen sus pecados.


[3] En Mt 5,24-25 Jesús es más explícito sobre el purgatorio. No se ha de olvidar que Cristo pronunció estas palabras durante el Sermón de la montaña.

Es el sermón en el que nos habló del cielo (v 20), infierno (v 29-30), pecados mortales (v 22) y veniales (v 19). Todo esto indica que el Reino de los cielos es la meta definitiva (vv 3-12). Precisamente en medio de este discurso, Cristo dijo: "ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo". Notemos que esta cárcel es un lugar de castigo, donde la reparación se hace por las ofensas cometidas. 

Se podría objetar ahora que en los evangelios no hay distinción entre pecados mortales y veniales, y que Cristo no habla de una prisión espiritual después de la muerte sino de una cárcel física antes de la muerte. ¿No nos estará enseñando sólo a vivir sabiamente en esta vida? ¿Acaso no nos aconseja más bien que nos reconciliemos con nuestros enemigos ahora, para que no paguemos las consecuencias de la cárcel luego?

Bien, Cristo es bastante claro en cuanto al tema del pecado mortal y venial. En Mt 5,19 dice el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos". Éstos son los pecados veniales. Una persona puede no observarlos y enseña a los demás a hacer así, e ir de todos modos al cielo. Pero en el v 22 dice que todo el que llame a otro "renegado" será reo de la gehenna de fuego". Y en los vv 29-30 Jesús nos advierte contra contra el quebrantamiento del 9º Mandamiento. ¿Por qué? Porque todo el que lo quebrante será arrojado al infierno. No se pueden buscar mejores definiciones para los pecados mortal y venial.

En cuanto a que "cárcel" se refiere a esta vida, ¿qué decir del contexto? Mt 5 versa de la eternidad. Cristo dice que si no amamos a los enemigos, ¿qué recompensa tendremos (v 46)? Luego, conforme continúa el sermón, aclara muy bien que tales recompensas no son de este mundo. Son tesoros en el cielo (6,19) y "recompensas de vuestro Padre que está en el cielo" (6,1). Asimismo, san Juan 20,31 señala que su evangelio se ha escrito para que creyendo "tengamos vida eterna". Ello sugiere que la Escritura ha de verse en el contexto de la total realización en el mundo futuro. Nuestra vida presente es "puro vapor, que hoy aparece y que mañana se marchita" (Santiago 1,17). Así pues, cabe preguntarse por qué han de descubrirse principios eternos en las palabras de Cristo durante el sermón de la montaña menos en este caso.

El contexto es obvio. Jesús está hablando de cosas espirituales, recurriendo a un ejemplo conocido en su tiempo sobre la cárcel, a fin de relacionarlo con una realidad espiritual más profunda. Las parábolas son sus ejemplos más notorios. La "cárcel" es una imgen que resultaba familiar a los oyentes de Cristo sobre la verdad del purgatorio como "estado" (lugar) de castigo tanto temporal como de reparación.

Se podría decir que Jesús se refería al infierno y no al purgatorio, y que la expresión "no saldrás de allí hasta que hayas pagado hasta el último céntimo" indicaría que de hecho no se puede salir de ahí, pues el precio por el pecado es impagable.

Sin embargo, no es eso lo que el texto dice: la imagen de Cristo se refiere a un castigo temporal y no eterno y como expiación para un pueblo que creía firmemente en este concepto [cf Pr 6,30-31: "No se desprecia al ladrón si roba para saciarse cuando tiene hambre; mas cuando es sorprendido, paga siete veces; tiene que dar todos los bienes de su casa"]. En tal caso, se ha de decir que Jesús no era un buen maestro, ya que recurre a dicho ejemplo no para hablar del purgatorio sino del infierno eterno. No dice, de hecho que se trata de un castigo "eterno". Cuando Cristo habla del infierno, se sabe perfectamente que habla del infierno. Así, la mayoría de lo que se sabe del fuego del infierno, se debe a que salió de los labios de Cristo. Y es bastante explícito cuando dice que es "eterno" (cf Mt 5,24-25). El término griego para prisión "phylake" es la misma que emplea 1Pe 3,19 para describir el sitio al que descendió Jesús tras su muerte para liberar a los espíritus creyentes del AT que lo estaban aguardando. Es 

[4] Asimismo, 1Cor 3,11-15 es uno de los pasajes más claros para hablar del purgatorio:

"Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo. Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego".

Se podría objetar que este texto no habla del purgatorio, sino del juicio final... No hay duda que el texto habla del juicio; sin embargo, se aplica tanto al juicio particular como al final. Ambos son juicios, y este texto enseña algo sobre la naturaleza de ambos. Dejando de lado a qué tipo de juicio se hace referencia, no puede negarse que se habla claramente de un momento de juicio después de la muerte.

El texto dice que la calidad de la obra de cada cual la probará el fuego. El fuego en la Escritura se emplea de modo figurado para dos realidades: es agente purificador (Mt 3,11; Mc 9,49) y es agente abrasador (Mt 3,12; 2Tes 1,7-8). Es pues un símbolo conveniente para el juicio de Dios. Algunas de estas obras son quemadas y otras son purificadas según sea su cualidad. Es pues un estado en que se purifica o limpia. No puede ser el cielo, ya que hay imperfecciones que necesitan quemarse (Ap 21,27; Hab 1,13). No es el infierno, ya que en el cielo están los salvados. Es pues un juicio "purificador" que los cató

[5] ¿En 1Cor 3,11-15 se habla de purgar los pecados, pues sólo se habla de probar la obra por el fuego?

Parecería, en efecto, que el meollo del asunto es la recompensa para los creyentes por su servicio y no cómo su alma es purificada del pecado. Aquí los creyentes ven cómo sus obras son probadas por el fuego. 

Sin embargo, los pecados son obras malas o imperfecciones: si estas obras no fueran pecados o imperfecciones, ¿por qué necesitan purificarse (Cf Mt 7,23; Jn 8,40; Gal 5,19-21. En segundo lugar, es imposible que una obra sea purificada fuera de la persona que la ha realizado: el obrar depende siempre del ser humano que es el sujeto de tal operación. Quien mata es un asesino... ¿Es que hay obras que flotan por ahí, separadas de la persona que las realiza? La idea de las obras separadas de las personas no tiene sentido, y contradice también el texto: el texto dice que las obras serán probadas por el fuego, pero si la obra sobrevive... él recibirá recompensa. Si la obra es quemada, él sufrirá una pérdida. Obviamente esto no es la salvación, sino sufrimiento real y experimenta una pérdida real, ya que no se puede separar el obrar humano del hombre. Finalmente, los creyentes no ven que sus obras se quemen y escapen del fuego. El texto en el v 15dice "se salvarán como por el fuego" (hôs dia pyrós). Esta es la defin

La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820: 1580).

La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7), habla de un fuego purificador: Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquel que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro (San Gregorio Magno, dial. 4, 39) [NCIC 1031].

Según 1Cor 3, tanto las obras del creyente como el creyente pasarán por el fuego purificador descrito por san Pablo, a fin de poder ser salvo, purificado y preparado para estar en presencia de Dios. Por lo tanto, las obras purificadas no se han de separar del que las realiza y contradice al texto el decir que sólo las obras son las que se purifican.

[Readaptado y del artículo de Tim Staples, revista Envoy No, 7.1.].

Mito 29: La iglesia Romana le prohibió la copa de la comunión a los laicos, instituyendo una sola clase de comunión en el concilio de Constance en 1414 AD.

Autor: Catholic.net  

Y en las dos especies está presente Cristo con su alma, inseparable del cuerpo, y con su divinidad, unida para siempre a la humanidad.

Mito 29. La iglesia Romana le prohibió la copa de la comunión a los laicos, instituyendo una sola clase de comunión en el concilio de Constance en 1414 AD.

La Biblia nos ordena a que celebremos la Santa Cena con pan sin levaura y la fruta de la vid. (Mat. 26:27; I Cor 11:26-29)

Refutación y Argumentos Católicos

De nuevo reaparecen nombres y abreviaciones típicos de la lengua inglesa, e incluso una mala traducción del inglés (debiera decirse "fruto de la vid"): "Constance" y "AD", "fruta de la vid".

En el enunciado de este mito hay, curiosamente, una contradicción interna: si la santa Cena protestante no es para memorial del sacrificio en la cruz ni creen en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, debiera darles igual que la Iglesia no dé la comunión bajo las dos especies. Se ve en el fondo, por tanto, un deseo continuo de contradecir lo que la Iglesia diga o haga.

En las citas a que alude el mito no se habla de la santa cena protestante. Ni siquiera que Cristo da la orden de celebrar la santa cena protestante.

Mt 26,27: "Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos".

Pregunta: ¿En esta cita a que ha aludido el mito se dice que Jesús ordena que celebremos la santa cena protestante con pan sin levadura y el fruto de la vid? ¿Se dice eso? ¿Cómo sabe el protestantismo que Cristo ha dado esa orden así?

1Cor 11,26-29: "Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga. De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.

Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí". De nuevo los interrogantes: ¿En esta cita a que ha aludido el mito se dice que Jesús ordena que celebremos la santa cena protestante con pan sin levadura y el fruto de la vid? ¿Se dice eso? ¿Cómo sabe el protestantismo que Cristo ha dado esa orden así?

La práctica de la Sagrada Comunión bajo las dos ambas especies en la Misa se tuvo hasta fines del siglo XI. En el siglo XII se habla ya de la comunión bajo una especie es un tipo de "costumbre" de la Iglesia, y se siguió propagando hasta que el Concilio de Constanza pidió que se distribuyera únicamente bajo la especie del pan. Ahora bien, Cristo está presente en cada una de las especies.

En la consagración del pan, por obra de las palabras, es signo eficaz no solamente del cuerpo del Señor sino que al ser ahora su cuerpo inseparable de su sangre, con el cuerpo está también presente la sangre «por concomitancia». Lo mismo sucede con la especie del vino: en ella está presente la sangre en virtud de las palabras, y el cuerpo por concomitancia. Y en las dos especies está presente Cristo con su alma, inseparable del cuerpo, y con su divinidad, unida para siempre a la humanidad.

La Iglesia nos enseña esto en el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica:

"1390 Gracias a la presencia sacramental de Cristo bajo cada una de las especies, la comunión bajo la sola especie de pan ya hace que se reciba todo el fruto de gracia propio de la Eucaristía. Por razones pastorales, esta manera de comulgar se ha establecido legítimamente como la más habitual en el rito latino. "La comunión tiene una expresión más plena por razón del signo cuando se hace bajo las dos especies, ya que esta forma es donde más perfectamente se manifiesta el signo del banquete eucarístico" (IGMR 240). Es la forma habitual de comulgar en los ritos orientales".

Por otro lado, el Concilio Vaticano II ha autorizado autorizaron la extensión de la facultad para Sagrada Comunión bajo ambas especies en el documento Sacrosanctum Concilium, No. 55: "Se recomienda especialmente la participación más perfecta en la misa, la cual consiste en que los fieles, después de la comunión del sacerdote, reciban del mismo sacrificio el Cuerpo del Señor.

Manteniendo firmes los principios dogmáticos declarados por el Concilio de Trento, la comunión bajo ambas especies puede concederse en los casos que la Sede Apostólica determine, tanto a los clérigos y religiosos como a los laicos, a juicio de los Obispos, como, por ejemplo, a los ordenados en la Misa de su sagrada ordenación, a los profesos en la Misa de su profesión religiosa, a los neófitos en la Misa que sigue al bautismo".

Mito 28: El Escapulario fue inventado por Simon Stock, un monje Inglés, en el año 1287 A.D.

Autor: Catholic.net  

El escapulario es un signo exterior de la relación especial, filial y confiada, que se establece entre la Virgen, Reina y Madre del Carmelo, y los devotos que se confían a ella con total entrega y recurren con toda confianza a su intercesión maternal…

Mito 28. El Escapulario fue inventado por Simon Stock, un monje Inglés, en el año 1287 A.D.

El Escapulario es un pedazo del paño marrón, con una imagen de la Virgen y supuestamente es para obtener virtud supernatural y para protegerse contra los peligros a todos los que la vistan. Esto es fetichismo.

Refutación y Argumentos Católicos

Para comenzar figuran otra vez las típicas abreviaciones del inglés (AD, cosa que el autor del mito no ha querido nunca revelar). Nada de lo que describe el mito está expresado de modo correcto.

El llevar el escapulario tampoco es fetichismo: el criterio de la doctrina y prácticas de la Iglesia católica nunca lo han constituido los pareceres de los protestantes evangélicos.

¿Sería fetichismo también esto que nos dicen los Hechos de los apóstoles: <>(Hechos 19,11-12). ¿Otro indicio de idolatría? ¿Cómo van a sanar los paños y delantales de Pablo a los enfermos? ¿Es que Pablo era Dios? ¿Sería fetichismo esto que nos enseña la palabra de Dios?: Dios hace a Adán y a Eva unas túnicas de pieles después que pecaran (Gn 3,21).

Jonatán viste a David con su manto y le da otras vestiduras suyas como signo de amistad (incluidos su espada y tahalí) (1Sam 18,4). Dice el Apocalipsis: "El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles" (Ap 3,4-5).

“Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas”.

La palabra escapulario (latín "scapula", espalda) es en su origen una larga pieza de tela que cae sobre el pecho y la espalda. Primitivamente, para los monjes era una vestidura para el trabajo que protegía el vestido ordinario ("scapulare propter opera", dice la regla de san Benito, PL LXVI col 771; CIII col 1231). Con la ceremonia de su imposición se compara con la cruz de Jesucristo, con el yugo del Señor, con una armadura o con un escudo. Hoy día el escapulario se tiene entre las simples cofradías, pero lo empleaban sobre todo los benedictinos, dominicos, y los franciscanos.

Ell año 1246 san Simón Stock pasó a ser el sexto superior general de los carmelitas. Simón puso a la orden bajo la protección de María. María se le apareció el 16 de julio de 1251, de suerte que le da el escapulario para su orden con una promesa: "Este debe ser un signo y privilegio para ti y para todos los Carmelitas: quien muera usando el escapulario no sufrirá el fuego eterno". No es, pues, una invención de Simón Stock.

El llevar el escapulario es muestra de un deseo interior y sincero de buscar la perfección religiosa y cristiana la práctica de las virtudes. Se trata, pues, del mismo espíritu de los consejos evangélicos: servir a Dios. Ayuda también a llevar a cabo la comunión de los santos en la tierra y a recibir más abundantemente los frutos de dicha comunión. Quien lo lleva participa en los tesoros espirituales de que Cristo ha dotato a su Iglesia.

Con esto queda claro que el escapulario va contra la doctrina protestante de la sola fe; de ahí que los protestantes lo rechacen. Si creo que por la fe me salvo, ¿cómo puedo creer que cuento con un signo y privilegio para la hora de la muerte, ya que al llevarlo me he comprometido a servir mejor a Dios al tiempo que me beneficio de las gracias de la Iglesia?

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