por Makf | 17 Abr, 2026 | Apologética 18
Autor: Por Guido Rojas | Fuente: Defiendetufe.org
¿Cuáles son nuestras raíces bíblicas e históricas?.
Comunmente se oye decir a evangélicos y protestantes "Yo soy cristiano" o también "Ahora soy cristiano". La verdad es que la mayoría de estas iglesias nuevas no tienen sino 50, 100 o 200 años de haberse iniciado.
El Cristianismo verdadero y pleno viene desde hace 2000 años y es precisamente por medio de la Iglesia católica que fue la que Cristo fundó.
Estudiemos la Palabra de Dios para conocer las raíces bíblicas del catolicismo en el cristianismo primitivo.
1.- Herederos del Pueblo de Dios.
Se denomina cristianismo a la religión en conjunto que fue fundada por Cristo Jesús, "piedra angular de toda su doctrina" (1Corintios 3,10-11 ; 1Pedro 2,4.6-8). Esta religión heredó del pueblo judío la fe en un único y verdadero Dios (Exodo 20,2-3), que tiene sus inicios desde la "santa alianza" entre Yahvé con el patriarca Abraham (Génesis 12,1-2); convirtiendo al pueblo de Israel, en una "nación santa y reino de sacerdotes" (Exodo 19,5-6).
2.- De la Antigua a la Nueva Alianza
Sin embargo, "cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer, sometido a la ley de Moisés"(Gálatas 4,4). El es el gran sumo sacerdote" (Hebreos 4,14), que establece un "nuevo pacto"(Hebreos 8,6), por su muerte salvadora en la cruz (Efesios 2,16; Colosesnes 1,20 ), dando origen al "verdadero pueblo de Dios" (Gálatas 6,16).
Por consiguiente, "Ya no importa el ser judío o griego, esclavo o libre, hombre o mujer; porque unidos a Cristo Jesús, todos ustedes son uno solo. Y si son de Cristo, son descendientes de Abraham y herederos de la promesa que Dios le hizo" (Gálatas 3,28-29).
3.- El cristianismo durante los primeros años
La Iglesia de Cristo fue vista durante al menos los diez primeros años, como una "nueva secta" salida del Judaísmo (Hechos 28,22), pero en realidad era un "nuevo camino"(Hechos 24,14); ya que estaba centrado en Jesucristo, quien es "el camino, la verdad y la vida" (Juan 14,6).
Y a los hombres y mujeres que se atrevían a seguirlo, eran perseguidos a muerte, arrestados y encarcelados (Hechos 22,4). No obstante, ellos estaban unidos en un mismo amor (Colosenses 3,14), como verdaderos "amigos" (3Juan 15), compartiendo sus bienes entre sí (Hechos 2,44), y llevando una vida según las enseñanzas del "sermón del monte", para conseguir el "reino de los cielos"(Mateo 5,3-12).
Ya en cuanto al término "cristiano" con que se identifica a los discípulos de Cristo, empezó a utilizarse en la provincia romana de Antioquía (actual Antakya, en Turquía) (Hechos 11,26). Este nombre fue aceptado por todos aquellos que soportaban los sufrimientos de su fe (1Pedro 4,16); convirtiéndose así en auténticos soldados de Cristo (2Timoteo 2,3).
4.- Mi nombre es Cristiano y mi apellido es Católico
El cristianismo estuvo conformado en sus mismo albores históricos por el catolicismo, que tiene a Jesús como cabeza (Coloseses 1,18; Efesios 5,23), al fundar su congregación sobre el apóstol Pedro (roca) (Jn 1,42; Mateo 16,16-18; Lucas 22,32; Juan 21,15-17).
La palabra griega " Iglesia " asamblea de fieles (1Corintios 1,2) "Católica" universal (apocalipsis 7,9); fue utilizada por primera vez por san Ignacio de Antioquía a principios del siglo segundo de nuestra era (8). Ella es "la familia de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, la cual sostiene y defiende la verdad"(1Timoteo 3,15).
5.- De la Iglesia de Cristo a las iglesias y sectas
¡Cuántas veces no nos hemos preguntado ante la gran avalancha de iglesias cristianas! ¿Cuál de todas ellas es la verdadera?. Al respecto, decía San Cipriano en el siglo III, que "nadie puede tener a Dios por Padre, sino tiene a la Iglesia Católica por Madre"(9).
Asimismo, el cardenal John henry newman agregaba que "para conocer la historia del cristianismo, es necesario dejar de ser protestante" (10). Por esta razón, los católicos afirmamos que nuestra religión no fue fundada por ningún hombre, como ocurre con las demás confesiones cristianas, que muchas veces como "lobos feroces" quieren acabar con la iglesia (Hechos 20,29-30). Sino por el contrario, tiene sus orígenes en Jesucristo que es la "roca firme" (Mateo 7,24-25), y por lo tanto, nadie puede construir sobre otro cimiento (1Corintios 3,9-11).
La existencia de la Iglesia Católica y su impacto han sido muy profundos; hablamos de una institución que ha existido más que ningún imperio en la historia de la civilización. Ha durado tres veces más que el imperio romano y dos veces más que la Dinastía China.
6.- Una Iglesia Visible
La Iglesia Católica es vista teológicamente como el "cuerpo místico" de Cristo (Efesios 1,23), sin "mancha ni pecado"(Efesios 5,27), como "la esposa del Cordero"(Apocalipsis 21,9;22,17); a la que el Señor no deja de cuidarla (Efesios 5,29). Ya que su intención era que hubiera "un solo rebaño y un solo pastor"(Juan 10,16), donde El es "el gran pastor de las ovejas"(Hebreos 13,20), llamado también el "buen pastor" (Juan 10,11); que vela permanentemente por ellas (1Pedro 2,25).
Para cumplir esta santa labor el Hijo de Dios escogió a doce apóstoles (enviados) (Mateo 10,2-4; Juan 20,21); dándoles plena autoridad para gobernar su iglesia a la cabeza del apóstol Pedro (roca) (Mateo 16,19; 18,18; 19,28; Efesios 2,20); con cinco grandes misiones: predicar el Evangelio (Mateo 28,20) acompañado de la oración (Hechos 6,4), Bautizar (Mateo 28,19; Marcos 16,15-16), celebrar la eucaristía (Lucas 22,19), perdonar los pecados (Juan 20,23; Lucas 24,47), y realizar señales milagrosas en su nombre (Mateo 10,1; Marcos 16,17-18); como Pedro que curaba con su sombra (Hechos 5,15) y Pablo con su ropa (Hechos 19,11-12).
Del mismo modo, el Santo de Dios antes de regresar al cielo, les promete a sus amigos enviarles la ayuda divina del Espíritu Santo, que les hará recordar todo lo que El les había dicho (Juan 14,26; 16,13); Haciéndose visiblemente presente en la fiesta del Pentecostés (Hechos 2,1-4.33). Y muchas otras veces, con la colaboración de los ángeles del cielo (Hechos 5,17-20; 8,26; 10,3-8.22; 12,7-11; 27,23-24).
7.- Una Iglesia con Jerarquía
Los apóstoles conforme se iba extendiendo la "Buena Nueva" en los templos y las casas (Hechos 5,42), nombraron a su vez obispos (pastores), presbíteros (ancianos) y diáconos (servidores); por medio de la oración, el ayuno y la imposición de las manos (Hechos 13,3; 14,23; 1Timoteo 4,14; 2Timoteo 1,6) {rito sagrado que se ha mantenido hasta nuestros días en la jerarquía eclesiástica católica}.
Prueba de ello es la escogencia de Matías por los once apóstoles, para que ocupara el lugar de Judas (Hechos 1,15-26); al igual que el nombramiento por parte de Pablo de nuevos obispos como Tito en Creta, Timoteo en Efeso y Bernabé en Asia menor , para que cuidaran la "iglesia" o el "rebaño" de Dios (Hechos 20,28; Hebreos 13,7.17), y se dedicaran a "predicar y enseñar" (1Timoteo 5,17).
Estos nuevos obispos se les dio el legado de ordenar presbíteros (Tito 1,5), que dieran a conocer la sana doctrina (1Corintios 4,1; 2Timoteo2,2; Tito 1,9), y curaran a los enfermos por medio de la oración y la imposición del óleo (Santiago 5,14; Marcos 6,13). También por solicitud de los apóstoles, la comunidad de Jerusalén nombraron siete diáconos que se encargaban del cuidado material de los fieles (Hechos 6,2-6); uno de ellos , Esteban, fue el primer mártir (testigo) del cristianismo (Hechos 7,59-60). Incluso, entre los apóstoles, profetas, pastores y maestros habían diferentes dones y cualidades . ( hechos 13,1; Romanos 12,6-8; 1Corintios 12,27-31; Efesios 4,11).
Fue tal el éxito que en poco tiempo "las iglesias se afirmaban en la fe, y el número de creyentes aumentaba cada día" (Hechos 16,5; 9,31); teniendo como dirigentes en cada lugar a los apóstoles, obispos y diáconos (Hechos 15,4; Filipenses 1,1); todos ellos con los fieles en general conformaban las "iglesias de Dios"(2Tesalonisenses 1,4), llamada también como "iglesias de Cristo"(Romanos 16,16), el "pueblo santo"(Hechos 9,13) o "pueblo de Dios"(Apocalipsis 5,8; 8,3; 19,8); la "casa de Dios"(Hebreos 3,6) o "familia de Dios"(Efesios 2,19).
Del mismo modo, los príncipes de los apóstoles Pedro y Pablo, en sus cartas pastorales pusieron de manifiesto como debía de ser la vida ejemplar y recta de los obispos (1Pedro 5,1-4; 1Timoteo 3,1-7; 4,17), presbíteros (Tito 1,6-9), diáconos (1Timoteo 3,8-13); y de todos los cristianos (Romanos 12,9-21; 13,1-14; 14,1-23; 15,1-6).
Sobre el particular, se conoce una carta de San Ignacio de Antioquía, de los primeros años del siglo II, en la que dice que cada comunidad de creyentes, contaba con un único obispo, asistido por los presbíteros y diáconos. Se conservan además las listas de los obispos católicos de las principales iglesias como Roma, Jerusalén, Antioquía, Alejandría; todas las cuales se remontan hasta los propios apóstoles. (12)
8.- La Iglesia Cristiana fue perseguida: Todos ellos eran Católicos. Todos.
Por otra parte, y a medida que se iba cumpliendo las palabras del apóstol de los gentiles que señalaba a Cristo como el "salvador de la iglesia" (Efesios 5,23); el Diablo, como "león rugiente", provocaba a la vez persecuciones a los creyentes en todo el mundo (1Pedro 5,8-9); el mismo Divino Maestro así lo había profetizado (Juan 15,20).
Los primeros cristianos soportaban con mucha paciencia varias penalidades (2Corintios 6,4-5), convirtiéndose en verdaderos "testigos de Jesús"(Apocalipsis 17,6), para estar con El en su gloria (Romanos 8,17).
En este punto, nuestra iglesia es la que ha dado más mártires en el cristianismo; se estima que en veintiún siglos han sido 40 millones, entre los que se encuentran papas, obispos, sacerdotes, religiosos, monjas, misioneros, catequistas, neo-catecúmenos, seglares, niños y niñas. Solamente en el siglo XX hubo 27 millones que murieron por la fe; como en las persecuciones religiosas en España, México, la Alemania nazi , en la época de la ex unión soviética, en la China comunista, en las guerras internas de algunos países de Africa y demás.
Ellos son "los que han lavado sus ropas y las han blanqueado en la sangre del Cordero"(Apocalipsis 7,14), están "vestidos de blanco y llevando hojas de palma en las manos"(Apocalipsis 7,9); y por eso, San Agustín decía que "La Iglesia Católica va peregrinando entre las persecuciones de los hombres y los consuelos de Dios" (11).
Si usted investiga en cualquier biblioteca las persecuciones del imperio romano y mira quienes fueron martirizados encontrará los nombre de grande martires católicos a los que hoy recordamos y amamos como santos que dieron su vida por el Evangelio. Incluso cuando hoy se celebra el día del Amor y de la amistad es en relacion con San Valentin, un martir católico de principios del siglo IV. Todos ellos eran catolicos y fue antes de que Constantino diera liberad de culto. El cristianismo primitivo es el catolicismo.
(Si alguien que lea este artículo no esta de acuerdo o no cree esto, le pedimos que investigue y que nos envíe un solo nombre de cualquier martir de esos primeros siglos que haya sido protestante o evangélico. Aunque se que nunca lo enviarán, pues no existían, lo estaré esperando con mucha paciencia).
9.- La Iglesia Católica extendio el cristianismo por todo el mundo.
Esta labor evangelizadora que se cumple desde la misma orden dada por el Señor Jesús de dar a conocer su mensaje hasta los confines de la tierra (Hechos 1,8); se ha visto testificada en la historia con la conversión del gran imperio de los Cesares con Constantino en el siglo IV. Posteriormente, misioneros y monjes católicos hicieron lo mismo con las tribus bárbaras de los godos, vikingos, francos, germanos y demás.
A partir del siglo XVI el catolicismo se extendió por América, la India, China, Japón y el Africa gracias a la predicación de valientes sacerdotes y religiosos franciscanos, dominicos, jesuitas, mercedarios y agustinos. Igualmente, otro sello distintivo era la atención que se prestaba a los huérfanos y a las viudas (Santiago 1,27); en las iglesias el día domingo se recogía una colecta voluntaria para tal propósito (1Corintios 16,1-2).
Esta característica bíblica también se ha visto presente hasta nuestros días en la Iglesia Católica, con la gran cantidad de hospitales, dispensarios, leprosarios, centros de salud, ancianatos, orfelinatos, guarderías, escuelas públicas, talleres de capacitación, restaurantes infantiles, bancos de alimentos para los pobres, comedores populares, centros de rehabilitación para drogadictos y alcohólicos, para enfermos del sida y otros. Obedeciendo con esto el mandato del apóstol Santiago: "la fe sin obras, esta muerta"(2,14-18).
Hoy en día es común oir a muchos decir que ellos son la Iglesia verdadera de Cristo y el verdadero cristianismo, pero la pregunta es sencilla. Si ellos son los supuestos verdaderos cristianos ¿Por que ellos no vineron a America a evangelizar y a otros continenetes?. La respuesta es rápida: NO vinieron porque no existían.
10.- La Iglesia de Cristo: La Católica, desde el principio tiene un rostro humano y Divino.
Hay que reconocer que la Iglesia de Cristo en su parte humana, se ha cumplido la parábola de "la cizaña en el trigo"(Mateo 13,24-30), a través de los tiempos. De hecho el Papa Juan Pablo II declaró honradamente que en el catolicismo han habido "luces y sobras".
No obstante, el poder del infierno no podrá vencerla (Mateo 16,18), pues el Mesías siempre estará con los suyos (Mateo 28,20; 1Corintios 5,4); según la sentencia del maestro de la ley, Gamaliel (Hechos 5,38-39); ya que existe una íntima unión entre Dios, la iglesia y Cristo Jesús, "por todos los siglos y para siempre"(Efesios 3,21).
Dios te siga bendiciendo y dale gracias a Dios si eres católico. Lucha por tener una relación personal con Jesucristo y testimonia con tu vida que El esta vivo. Si no eres católico y deseas ser un cristiano al 100% las puertas de la Iglesia Católica están abiertas. Te esperamos.
Para profundizar este tema te recomiendo el libro de Respuestas Catolicas
Dios te siga bendiciendo en abundancia.
por Makf | 17 Abr, 2026 | Apologética 18
Autor: Christian | Fuente: apologia21.com
Autor: P. Eduardo María Volpacchio | Fuente: www.algunasrespuestas.com
¿Debo obedecer a Dios y a la Iglesia sólo para no irme al infierno?.
Reflexiones en torno a la obediencia
De todas la virtudes, hoy una de las más incomprendidas es la obediencia. No se sabe qué sentido tiene ni para qué sirve. La mayoría de las personas la ven como un hecho a soportar, una imposición que no es posible evitar: el pez grande se come al pez chico, el más fuerte manda y el más débil obedece, uno es jefe y el otro empleado... porque no les queda otra opción.
Y de la que uno conseguirá liberarse cuando crezca, progrese, tenga más dinero… pueda ¡por fin! hacer lo que le da la gana, sin tener que obedecer a nadie.
Desde esta perspectiva la obediencia supondría –estaría unida a– debilidad, falta de edad, sometimiento, humillación. Es decir, algo que no sólo carece de valor, sino que es un antivalor: cuanto antes uno se libere del yugo de la obediencia, mejor; uno será más uno mismo en la medida que no tenga encima una voluntad ajena que obedecer.
Esta visión llega a extenderse a las relaciones con Dios: tengo que obedecerlo para no irme al infierno... pero lo mejor sería no tener que hacerlo.
La obediencia, ¿una virtud?
Si tener que obedecer es algo no deseable y hasta malo ¿cómo puede ser algo virtuoso?
Una virtud es una perfección de nuestra naturaleza. Si la obediencia fuera una virtud, una persona obediente sería más perfecta que una desobediente. Tendría una personalidad más madura, más desarrollada, más perfecta. Pero, afirmar esto es contradictorio con la visión de la obediencia que describimos en el párrafo anterior. ¿Qué es lo que no funciona?
En una cultura individualista, donde se busca la afirmación de sí mismo sobre todas las cosas, se hace muy difícil entender la obediencia.
Para nuestra cultura la obediencia lejos de ser una virtud –algo valioso, bueno, meritorio–, es algo malo, o al menos deseable que se evite. Es bueno mandar, es malo tener que obedecer. Si hay que hacerlo se hace, ya que así son las reglas.
Se parte de una especie de contrato: cedo en algunas cosas para ganar en otras. Para evitar problemas, tener seguridad... -en el fondo siempre motivos de conveniencia personal- me someto y obedezco leyes, para que las leyes me protejan de los demás, etc.
Pero para un cristiano el punto de referencia es Cristo. Es el modelo a imitar. Y Cristo quiso, El mismo, obedecer.
Dios se hace hombre y quiere someterse a unos padres (María y José) muy santos pero muy inferiores a El; a las leyes religiosas (se circuncida, asiste al Templo…); a las autoridades civiles (nace en Belén por cumplir con un censo, paga impuestos…). Además lo enseña: presenta la obediencia como una virtud fundamental para sus discípulos.
Y los primeros cristianos así lo entendieron, valoraron y vivieron.
Entonces es razonable preguntarse ¿por qué será tan importante la obediencia? ¿Qué sentido tiene?
Necesitamos hacer todo un descubrimiento: la obediencia no somete, armoniza; no empequeñece, lleva a la plenitud; no separa, une… Es parte del camino a la perfección.
Para entender la obediencia... hay que entender la autoridad
Se obedece a alguien constituido en autoridad. Si tengo obligación de obedecer, el otro tiene derecho a que le obedezca y viceversa. ¿Por qué?
Lo que la autoridad no es: no es arbitrariedad, no un privilegio, no un medio para satisfacer los propios caprichos, no supone autoritarismo...
Básicamente es un servicio. El que manda debe ser quien más sirve. Su mando está al servicio de los “mandados”. Corrompería su autoridad quien se sirviera de ella para su propio beneficio.
Tiene sentido que haya una autoridad. Es necesaria. Para que un grupo de personas pueda formar una unidad: funcionar al unísono, como si fueran una sola persona. Orgánicamente: distintos miembros organizados, coordinados. Esto requiere una cabeza que señale la dirección.
Por esto, en todo grupo de personas, en toda sociedad, el bien común exige una autoridad. Esa es su razón de ser: servir a quienes mandan y al todo del que ella misma es parte. No es el “dueño” de los demás, sino su servidor. Cada uno sirve desde su lugar.
Así evita el caos y hace posible la armonía.
Esto no es inmovilismo: a medida que una persona crece, madura, se perfecciona adquiere mayor responsabilidad porque está en condiciones de poder servir mejor.
Sólo quien sabe obedecer, sabe mandar. Sería peligrosísimo que quien no sabe o no quiere obedecer ejerza el mando: fácilmente se convertiría en un tirano. Por otro lado, todos obedecemos.
De aquí que quien manda debe ser el primero en someterse a la ley, a lo pactado, al honor… a Dios. Si quien manda desobedeciera, estaría minando su propia autoridad.
Sólo se debe mandar lo que es bueno para el todo (el bien común) siéndolo también para quien lo ejecuta -aunque a veces le cueste esfuerzo y sacrificio: el bien que trae consigo lo justifica-.
El arte de saber mandar: encontrar el puesto de cada uno: descubrir sus aptitudes y potencialidades, ver donde es más eficaz, saber animar, enseñar coordinar. Conseguir que cada uno dé lo mejor de sí mismo y así se desarrolle.
La autoridad hay que ganársela. Es sobre todo autoridad moral. No bastan los "títulos" (ser padre, profesor, gobernante…). La autoridad moral es una gran ayuda a la obediencia. Si quien tiene que obedecer ve el ejemplo, tiene en gran estima a quien manda, la obediencia se ve muy facilitada.
No hay que abusar de la autoridad: usarla para propio beneficio o arbitrariamente haría perderla. El que manda está sujeto a la virtud de la justicia: “dar a cada uno lo que le corresponde”: reparte tareas, cargas y beneficios equitativamente. Si no lo hiciera así, sería injusto.
¿Qué sentido tiene obedecer?
No es la mera ejecución de la voluntad de otro. La materialidad de hacer lo que me dicen no es virtuoso en sí mismo: si lo mandado fuera algo bueno podría hacerlo por miedo, falta de personalidad, con odio, etc. Si fuera malo, haría una acción mala. Un perro puede hacer lo que le ordena su amo para recibir como premio un hueso o evitar un golpe, sin embargo no puede obedecer porque no es libre.
Sin libertad no hay obediencia. Sin adhesión interna no hay obediencia como acto virtuoso. La obediencia como acto virtuoso supone la unión de voluntades, el actuar libre y responsablemente.
La obediencia no es sometimiento del más débil al más fuerte. No es una imposición del poder. No es tampoco una mera cuestión funcional (aunque también lo es).
Miembros de un cuerpo social
La obediencia procede de la naturaleza social del hombre: no es un ser aislado, se relaciona e interactúa con los otros, formando «cuerpos» sociales, organizados que requieren organización y estructura.
Todo lo jerárquico supone la obediencia. Es lo que hace orgánico.
Y cuánto más dependa de la obediencia más importante será obedecer. En un ejército, donde la vida de muchos compañeros depende de que cada uno cumpla su parte, la obediencia es mucho más férrea que en un equipo de fútbol, donde sólo están en juego tres puntos de un campeonato.
El hecho de ser sociales y relacionarnos con otras personas crea y exige vínculos: son lo que nos unen a los demás: necesitamos vínculos: desde los afectivos hasta los laborales. Ahora bien, esos vínculos que de alguna manera nos atan, ¿nos limitan? No, en realidad ¡nos realizan!
De la misma manera que en el cuerpo humano los ligamentos, tendones, músculos… no limitan los movimientos del brazo sino que lo posibilitan.
El trabajo en equipo requiere coordinación. La organización supone jerarquía. Sin obediencia todo es desorden. Se necesita una estructura, de otro modo todas las piezas están sueltas. Vale para todo, desde empresas hasta equipos de fútbol, desde familia hasta países.
La coordinación de esfuerzos aumenta la eficacia. Se ve hasta en las «cinchadas»: cuando todos tiran al unísono son capaces de “arrastrar” al otro equipo. Hace posible funcionar en equipo, donde todos son importantes: la resistencia de una cadena se mide por el eslabón más débil. Aún en la maquinaria más sofisticada un tornillo es importante: si se desajusta...
Camino de crecimiento personal
Durante los períodos de formación una persona necesita aprender de otro. El aprendizaje se basa en hacer lo que me dicen. Haciendo lo que me dicen me entreno, me ejercito. La enseñanza “funciona” según este principio. De manera que aprendo obedeciendo.
Además adquiero disciplina interna: estando sujeto a otro voy consiguiendo dominio de mí mismo. Difícilmente una persona consiga una voluntad fuerte si no aprende a obedecer. Sujetándome a la voluntad de quien tiene autoridad sobre mí, consigo tenerla sobre mí mismo. Quien no quiere obedecer posiblemente sea muy caprichoso.
¿Y cuando no me gusta lo que me piden? ¿Cuando no tengo ganas?
Si una persona sólo está dispuesta a obedecer si comparte la orden... no tiene la virtud de la obediencia, que supone mirar al conjunto antes que a nosotros, saber funcionar en equipo, ser responsables de la parte que nos toca en bien de todos.
No hace falta entender lo que me piden para obedecer “inteligentemente”. Basta que quien lo mande tenga autoridad y que no sea malo lo mandado. Aunque no lo comparta del todo. Me doy cuenta de que quien está a la cabeza tiene más datos, ve todo el conjunto, sabe a dónde dirige el todo, coordina distintos esfuerzos, etc. La mayor parte de las cosas pertenecen al ámbito de la libre opinión, y quien tiene que decidir elige una opción entre las distintas posibles.
Aún cuando no entienda, si obedezco es meritorio: me venzo por el todo. Y esto no es indigno del hombre; al revés: obedeciendo, me someto, porque entiendo que es necesario para el funcionamiento de la sociedad, aunque en este caso concreto no me guste, sé que lo que se me pide no es malo y que obedecer es un bien.
Y si sucediera que se me pide algo ilícito, obviamente no debo hacerlo. Tengo derecho a obrar de acuerdo a mi conciencia y a no ir contra ella. Es lo que se llama el derecho a la objeción de conciencia.
Mejora en las virtudes
El ejercicio de la obediencia requiere otras virtudes, a las que al mismo tiempo potencia: humildad, generosidad, servicialidad, sentido de justicia, responsabilidad. Los principales obstáculos para la obediencia son la envidia, la soberbia y el egoísmo. Por lo mismo, la obediencia es uno de los mejores atajos para vencer la soberbia y crecer en humildad. Y un termómetro para ver cómo andamos en estas virtudes.
Desde la dependencia a la independencia para llegar a la interdependencia
En un primer momento el proceso de maduración personal supone ser cada vez más independiente: ser capaz de funcionar con autonomía, por uno mismo. Ahora bien, no acaba ahí. Una persona sola, actuando independientemente consigue muy poco y su obra no tendrá continuidad. La independencia personal no puede ser el objetivo final de nadie razonable. Cuanto más independiente, más limitado, más incapacitado de hacer cosas grandes.... Comparemos un tren con una bicicleta.
La bici tiene sus “ventajas”: me permite ir por donde quiero, parar cuando me canso, tirarme a tomar sol a mitad de camino... Pero el tren no representa una limitación, aunque me limite el movimiento -no puedo salirme de las vías-, necesite que haya quien esté en una boletería, quien repare las vías, exija horarios muy estrictos, etc. ¡Me permite ser mucho más eficaz que una bicicleta! ¡Puede transportar a miles de personas!
Formar parte de un todo -el cuerpo social- que valora y respeta a las partes: cada uno no es un mero engranaje de un mecanismo, sino que tiene su dignidad y autonomía personal.
Se podría decir que el itinerario de maduración tiene dos etapas: de la dependencia a la independencia, de la independencia a la interdependencia. La independencia no es un fin en sí mismo. Y la autosuficiencia es mala: aísla, separa. Pero es necesario alcanzar la independencia para seguir creciendo. Crear lazos, unirse a otros, tener proyectos comunes.
La apertura a los demás enriquece enormemente. Entonces, siendo independientes, somos también interdependientes: hay entre nosotros una mutua relación de colaboración.
De alguna manera todos dependemos de todos.
¿Y Dios que tiene que ver con la obediencia?
Creó un mundo en estado de desarrollo hacia la perfección y lo dirige hacia ella con su Providencia (plan de Dios para gobernar el universo). Los seres no inteligentes se dirigen a ella necesariamente: hacen lo que Dios quiere -lo que los lleva a su plenitud- de modo "automático", porque no son libres, no pueden obedecer. Lo suyo no es meritorio.
Dios quiso que el hombre se adhiriera libremente a su plan y tomara parte de él. Y esto, por amor al hombre: para engrandecerlo haciéndolo partícipe de semejante tarea.
El pecado original que perturbó el orden creado, fue precisamente un pecado de desobediencia.
Dios se hizo hombre para redimir al hombre y lo salvó a través de la obediencia.
Y nos pide obediencia: ¡por nuestro bien! Tonto sería pensar que Dios “necesita” que lo obedezcamos. Dios no quiere "robots", quiere hijos que le hagan caso por amor. Su voluntad nos guía a la plenitud. Lo importante no es “cumplir” meramente, sino amar a través del cumplimiento de su voluntad.
Además cuando obedecemos a hombres establecidos en autoridad en sociedades humanas (a todo nivel: Estado, familia, club...) o en la Iglesia (Papa, Obispos) -cuando ejercen esa autoridad dentro del ámbito que le es propio-, estamos obedeciendo a Dios. No porque Dios determine el mandato concreto (decir “esto es la voluntad de Dios” de un modo absoluto en cosas intramundanas -no reveladas-, sería caer en un fundamentalismo inaceptable), sino por el origen divino de toda autoridad.
Al hacer al hombre social, Dios quiso que hubiera una autoridad. Esto porque la sociedad, por definición, exige tener una autoridad (no es posible que exista una sociedad sin autoridad). Es un silogismo elemental: la sociedad exige autoridad, Dios quiso la sociedad, por tanto, Dios quiso la autoridad.
Entonces es voluntad de Dios que obedezcamos a esa autoridad que necesariamente debe haber. Esto no implica que cada mandato recibido sea una voluntad de Dios explícita. Dios quiere que obedezcamos. Y punto. A quien manda le pedirá muchísima cuenta –para qué y cómo usó de su autoridad–, ya que el único fundamento de la misma es la voluntad de Dios. Y quien lo obedece lo hace, queriendo obedecer a su Creador.
¿Y si quien manda, manda mal?
El planteo que venimos haciendo no supone convertir a quien obedece en un robot que cumple órdenes, ni la sujeción absoluta en un ideal de vida. La obediencia no suprime la libertad. Podemos obedecer porque somos libres, como ya hemos dicho. Pero sobre todo porque los ámbitos de autonomía son enormes, ya que abarcan la mayor parte de la vida.
De aquí, que quien manda arbitrariamente sea un tirano (sea presidente de un país, padre de una familia, directivo de una empresa o párroco en una parroquia) que va perdiendo su autoridad. Esto hasta el punto de que en determinados casos sea obligatorio desobedecer: cuando se manda algo moralmente malo. Allí no hay legítima autoridad y, por lo mismo no se debe obediencia. Si la autoridad sale del ámbito que le da sentido, pierde su razón de ser.
Las persona erigidas en autoridad tienen que respetar los amplios márgenes de legítima autonomía de las personas a su cargo como condición de legitimidad de su misma autoridad.
Obediencia y ámbitos de autonomía
Ser padres no significa ser "dueños" de los hijos. Antes de hijos suyos, son hijos de Dios. Tienen además una dignidad personal. La consecuencia es inmediata: la autoridad paterna está en función de la formación de los hijos: de su bien (no del bienestar, gusto o capricho de sus padres). No se extiende a todo.
Es interesante citar el Catecismo de la Iglesia Católica: «Mientras vive en el domicilio de sus padres [por tanto no señala límite de edad], el hijo debe obedecer a todo lo que estos dispongan para su bien o el de la familia [es decir, tiene un ámbito muy concreto]. "Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, porque esto es grato a Dios en el Señor" (Col 3,20; cf Ef 6,1).
Los hijos deben obedecer también las prescripciones razonables de sus educadores y de todos aquellos a quienes sus padres los han confiado. Pero si el hijo está persuadido en conciencia de que es moralmente malo obedecer esa orden, no debe seguirla» (n. 2217).
La dependencia de los hijos respecto a sus padres es algo elástico, que va desde la dependencia total en los primeros años (cuando los padres deciden qué comen, cómo se visten, dónde van... todo) hasta la independencia total cuando se van a vivir por su cuenta. Es un proceso… a veces un poco traumático (los mayores no olvidemos nuestras rebeldías adolescentes). Es natural que sea así.
Los hijos necesitan límites y también –progresivamente a medida que crecen– mayor autonomía: es un equilibrio a conseguir. Y requiere guiarse por la cabeza.
Dos actitudes extremas ante la autoridad
Obediencia y sumisión
Cuando subrayamos los valores de la obediencia no estamos proponiendo como ideal un tipo de persona sumisa y sometida. Hay quienes por cobardía, o por falta de personalidad, por comodidad, para evitar complicaciones, lo aceptan todo, no discuten nada, se someten a todo. Prefieren hacer algo que no les gusta, o incluso está mal o los ofende, antes que pasar un mal rato. Esto no es virtuoso, ni es obediencia.
Obviamente cumplir un mandato malo no es un acto de obediencia, ya que en este caso la virtud exige resistirse a ese mandato.
La obediencia debe ser inteligente y voluntaria. Enriquecedora. Es un servicio al bien.
Requiere madurar e involucrarse personalmente al hacer las cosas, sin huir de los problemas.
Obediencia y rebeldías
En el ámbito de la obediencia es natural que, a veces, sintamos rebeldías al recibir un mandato. Las causas pueden ser múltiples. Algunas son defectos nuestros: soberbia –nos revienta que nos manden–, egoísmo –nos cambian planes que no estamos dispuestos a ceder–, pereza –no tener ganas–, etc.
Otras son debidas a defectos de quien manda: tono en que exige, circunstancias en las que nos lo dice, falta de consideración de nuestras cosas... O también el mandato en sí mismo que puede no ser del todo razonable y, por tanto irritarnos.
En esas circunstancias el asunto será aprender a manejar las rebeldías con la cabeza.
Las rebeldías en sí mismas no son algo bueno ni malo. Expresan nuestra inadaptación a algunas cosas del mundo exterior. Es bueno sentir rebeldía ante lo que no es bueno. Presenciar una injusticia, por ejemplo, debería producir indignación en cualquier persona.
En este sentido las rebeldías son factor de progreso social: no acepto una serie de cosas de una sociedad y quiero mejorarlas.
La rebeldía es una reacción pasional y por tanto no racional. Esto por definición. Entonces una persona cuerda analizará primero la razonabilidad de la misma. Y después, la manejará según sea el caso (la seguirá racionalmente o la rechazará por su falta de lógica).
Como reacción anímica -y, por tanto, no racional- ante lo que incomoda es posible -y con frecuencia ocurre- que se sienta rebeldía contra cosas buenas, que en algún aspecto me molestan. Entonces se con claridad que las rebeldías deben ser tamizadas por la inteligencia, encargada de discernir la razonabilidad de las cosas.
En el caso de las rebeldías “irracionales” la voluntad deberá encarrilarlas por caminos razonables.
La rebeldía sistemática y por principio ante todo y todos, es una manifestación de infantilismo y de poca inteligencia.
Hay ámbitos en los cuales la dependencia y el deber –por ejemplo, un empleado en una empresa– hacen que una persona tenga que "tragarse" su rebeldía: no puede exteriorizarla sin perjuicio propio. Quienes no tienen este mínimo autocontrol sufren las consecuencias de su mal carácter perdiendo trabajos, sufriendo multas, aplazos, etc.
Hay otros ámbitos en los que estos "filtros" no existen y es más necesario que actúe la virtud. Uno de ellos es la familia, donde la confianza mutua facilita que uno se manifieste “tal cómo es”... y a veces, tan bruto como realmente es.
Habrá que aprender a decir la cosas razonablemente y de buena manera. A charlar, cambiar impresiones. A «negociar» permiso, encargos… Esto requiere un plus de amabilidad y de autodominio.
Pero sería absurdo que en nombre de la confianza que engendra el cariño… los miembros de una familia se trataran como si no se quisieran…
Conclusión
La obediencia es una virtud necesaria y positiva. Engrandece a quien la tiene.
No todo mandato entra dentro de los ámbitos de la obediencia. Sólo en la medida que se ajuste al sentido y objetivo de la autoridad, que es el servicio.
Hay que aprender a obedecer y a mandar. A lo segundo se aprende a través de lo primero.
por Makf | 17 Abr, 2026 | Apologética 18
Autor: Jorge Enrique Mújica, L.C. | Fuente: Catholic.net
Es fácil escuchar acusaciones sin fundamento sobre lo que la Iglesia Católica lucra en dinero.
Es fácil escuchar o leer acusaciones sin fundamento sobre que la Iglesia católica lucra con el dinero.
Es, por tanto, necesario dar respuesta a estas tres preguntas:¿a dónde va a parar el destino del dinero que los fieles aportan?, ¿qué hace la Iglesia por los necesitados? y ¿qué diferencia a la Iglesia de una ONG?
En agosto de 2007, la revista The Economist exigió abiertamente, en una de sus editoriales semanales, que la Iglesia “renuncie a su estatus diplomático especial y se defina como lo realmente es: la Organización No Gubernamental (ONG) más grande del mundo”.
A decir verdad, aunque orientado hacia otros matices, parte del reclamo de esa revista de conocida orientación anti-católica, parece ser una opinión más o menos generalizada, incluso entre algunos de los miembros de la Iglesia misma.
Es fácil escuchar o leer acusaciones sin fundamento sobre que la Iglesia católica lucra con el dinero. En consecuencia nacen espontáneas interrogantes sobre el destino de las aportaciones que los creyentes hacen. Es, por tanto, necesario dar respuesta a estas tres preguntas:¿a dónde va a parar el destino del dinero que los fieles aportan?, ¿qué hace la Iglesia por los necesitados? y ¿qué diferencia a la Iglesia de una ONG?
La Iglesia católica destina parte de sus recursos económicos principalmente a cinco áreas: 1) sostener al clero y a sus ministros, 2) al ejercicio de su apostolado en diversas formas y en distintos ámbitos de la vida pública, 3) mantener el culto y las actividades religiosas (se incluye la conservación de los templos y obras que la Iglesia administra así como el sueldo de los laicos contratados para ayudar en ello) y 4) a acciones pastorales, caritativas, formativas y de promoción social. Centrémonos en este último punto pues suele ser el más olvidado.
La acción del Papa y de la Iglesia
Posiblemente la mayor tragedia de los pobres, marginados, enfermos, desvalidos, ancianos, etc., es la de no poder hacer escuchar su voz ante quienes pueden ayudar a paliar o cambiar su situación. En este sentido, el Papa presta uno de los servicios más nobles e importantes al ser la voz de los que no la tienen.
Precisamente por ello, constantemente en audiencias, discursos, mensajes y cartas a líderes políticos y económicos, tanto Benedicto XVI como muchos de sus antecesores, han abordado de frente el tema de la pobreza promoviendo y potenciando proyectos que ayuden a quienes la padecen, incluso y sobre todo en foros gubernamentales.
Alzar la voz por quienes no la tienen y perseverar en ese servicio, posee ya un gran mérito. Pero no es lo único que hace el Papa. También está su ayuda monetaria real a nombre de la Iglesia universal.
La Santa Sede ha institucionalizado su ayuda caritativa. Desde 1971 tiene el Pontificio Consejo Cor Unum, un organismo creado por Pablo VI para expresar la solicitud de la Iglesia católica hacia los necesitados para que se favorezca la fraternidad humana.
Uno de los objetivos de este dicasterio romano es el de ser el instrumento ejecutivo del Papa cuando él desea emprender iniciativas humanitarias en caso de calamidad o en el campo de la promoción humana (y ahí están como ejemplos los donativos de más de 100 mil dólares para los afectados por el terremoto de agosto de 2007 en Perú y para las víctimas del reciente conflicto bélico en Georgia).
Es Cor Unu la encargada de seguir, coordinar y acompañar la actividad de Caritas Internacional (www.caritas.org), la confederación de más de 160 organismos caritativos esparcidos por el mundo. Entre 2005 y 2007, Cor Unum-Caritas han donado más de 15 millones de dólares en obras de caridad. Pero no es todo.
Juan Pablo II creó en 1984 la Fundación Juan Pablo II para el Sahel (fundación que lucha contra la sequía y la desertización y ayuda a los afectados) y la Fundación Popolorum Progressio al servicio de la población indígena, mestiza, afroamericana y de los campesinos pobres de América Latina y del Caribe. Ambas están vinculadas a Cor Unum.
La acción de católicos comprometidos y otros organismos de la Iglesia en el mundo
Pero la acción de la Iglesia católica es mucho más amplia y diversa. Conferencias episcopales, diócesis, órdenes y congregaciones religiosas, movimientos eclesiales, asociaciones de fieles y laicos comprometidos, han echado a andar diferentes iniciativas de promoción y ayuda a los más necesitados.
Los Caballero de Colón (http://www.kofc.org/un/index.cfm) son una de esas asociaciones. En la 125° Convención Anual de la organización laical católica más grande del mundo, el caballero supremo declaró en su informe que en 2007 habían hecho donativos para obras de caridad en todo el mundo por un concepto de 143 millones de dólares. Sin embargo, lo más importante para ellos son las 68.200.000 horas de voluntariado y la filiación de 1,7 millones de miembros varones.
Manos Unidas (www.manosunidas.org) es otra de las organizaciones estrechamente vinculadas a la Iglesia Católica que se preocupa por las personas que padecen hambre. Nació en 1960 con el nombre de “Campaña contra el hambre”, aunque en 1978 adoptó el actual. Su fin principal es la financiación de proyectos de desarrollo en el Tercer Mundo. Obtiene los recursos de donativos y subvenciones. En 2007 destinó más de 30 millones de euros a iniciativas contra el hambre, especialmente en África.
La asociación Ayuda a la Iglesia Necesitada (www.ain-es.org) es otro de los organismos que más contribuyen a nombre de la Iglesia. Tan solo en 2007 destinaron casi 165 millones de euros para iniciativas en 136 países, algunos de ellos de mayoría musulmana como Pakistán, Irán e Iraq.
Otra organización que cada vez se está posicionando como un referente de la caridad cristiana para los más necesitados es la Fundación Altius (www.altius.org). Altius ha desarrollado especialmente numerosas obras educativas a favor de personas de escasos recursos (www.centrosmanoamiga.org) así como otros programas como los CIDECO (pequeñas “ciudades” para los afectados por catástrofes naturales), centro de salud y atención médica, etc. Actualmente Altius opera en más de 15 países.
No son las únicas obras, es verdad, pero sí dejan ver un poco de la gran magnitud del trabajo que realizan. Tampoco es el único campo pues también están el educativo (guarderías, escuelas, universidades, centros de postgrado, escuelas de educación especial y de readaptación social), el sanitario (hospitales, centros de salud, ambulatorios, dispensarios médicos), el asistencial (orfanatos, asilos de ancianos, centro para atención de discapacitados, a madres solteras, para niños down, centros de consultoría familiar, juvenil, de atención a la mujer, etc.) y espiritual (pastoral penitenciaria en las cárceles, pastoral de la familia, de la juventud y de la niñez, etc.).
Es un hecho: ninguna otra institución en el mundo lleva adelante una actividad social, de ayuda humanitaria y asistencia como la Iglesia católica. Los lugares más recónditos son atendidos por religiosos o laicos católicos y esto es posible gracias a la generosidad de quienes dan su sí a Cristo como de aquellos que les ayudan con bienes materiales.
Muchas entidades han nacido y funcionan por su raíz católica y su perseverancia en la fidelidad a esos principios que les dieron origen. La Iglesia no es una ONG porque, más allá de sus acciones, es ante todo la “conciencia moral del mundo”. La mayor aportación de la Iglesia no son únicamente sus obras sino también sus palabras y su perseverancia en la defensa de ellas: de la ley natural, de la ética, etc. La Iglesia no es una ONG porque no es fruto del voluntarismo ni es una iniciativa humana.
Como dijo Benedicto XVI en su visita a Austria, “ el cristianismo es algo más que un sistema moral, es el regalo de una amistad que incluye una gran fuerza moral que tanto necesita hacer frente a los desafíos de nuestra época”. Esa amistad de la que habla el Papa, es con Cristo. Una amistad que se hace viva en las demás personas y que precisa de la oración para ser más fecunda. Con razón decía la madre Teresa: “sin oración, la atención a los desheredados quizá se pueda aguantar unos días, unas semanas, pero no de forma permanente entregando la propia vida”.
Cuentas claras: último balance económico de la Santa Sede
El pasado mes de julio de 2008, el arzobispo Velasio De Paolis, C.S., presidente de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede, hizo público el balance económico de la Santa Sede correspondiente al año 2007. Es el balance más actual. En ese informe se refleja un déficit (número rojos) de 9 millones de euros, es decir, algo más de 14 millones de dólares. Durante el año 2007 la Santa Sede tuvo entradas por 236.737. 207 euros y salidas por 245.805.167 euros.
El balance depende de las entradas directas de donativos de diócesis, congregaciones religiosas y fieles de todo el mundo. Sus servicios sólo generan gastos. En la curia romana, por ejemplo, trabajan en total 2.748 personas (44 más que en 2006). Hay 929 jubilados.
Aunque no es el único, uno de los motivos del déficit se debe a la pérdida del valor del dólar estadounidense pues buenas parte de las entradas de dinero que recibe son en esa moneda.
Es ejemplar que, año con año, la Santa Sede haga público su balance económico de manera que cualquier persona o investigador pueda saber de dónde vinieron sus entradas de dinero y a qué fueron destinadas.
por Makf | 17 Abr, 2026 | Apologética 18
Autor: P. Eduardo M. Volpacchio | Fuente: www.algunasrespuestas.com
Con monótona repetición se oye hablar de las riquezas del Vaticano, como si esos supuestos tesoros -de los que nadie dice en qué consisten- le quitaran confiabilidad a la Iglesia.
Los tesoros vaticanos… ¿Por qué la Iglesia tiene tantos tesoros en el Vaticano mientras hay tantos pobres en el mundo?
Esta sencilla frase hace sufrir a muchos católicos. Se sienten mal al escucharla y no saben qué pensar, contestar, explicar… ellos mismos se quedan un poco confundidos.
Analicemos un poco el asunto.
Lo primero es acotar el problema, cosa no fácil. ¿Qué es lo que se quiere decir con esa frase?
1. El cuestionamiento
Con el asunto de las riquezas de la Iglesia, no es claro qué es lo que se cuestiona o critica. Lo primero que se observa al analizar la cuestión es la falta de datos y acusaciones concretas.
Estamos frente a un cuestionamiento difuso, nada claro, sin datos. Porque nunca es claro a qué riquezas se refiere, qué es lo malo de esas riquezas hipotéticas, quiénes son los culpables (porque los pobres también son parte de la Iglesia), y exactamente cuál es la culpa, qué es lo que se espera que la Iglesia debería hacer, etc.
A simple vista lo primero que se intuye es que se trataría de una acusación a la Iglesia de insensibilidad ante el problema de la pobreza:
¿cómo es posible que la Iglesia viva con tantas riquezas cuando hay tantos pobres en el mundo?
Esta acusación se presentaría como hecho que desacreditaría a la Iglesia en cuanto tal: es decir, una institución que vive semejante hipocresía (decir que ama a los pobres, mientras está llena de riquezas que no pone al servicio de los mismo) no sería digna de ser tomada, en cuenta ni creída, ni aceptada.
Esta sería una de las mayores vergüenzas de la Iglesia, ante la cual no habría defensa ni explicación posible.
2. Lo real ¿De qué riquezas estamos hablando?
Seamos serios, que alguien aporte datos. Si se da por supuesto que en el Vaticano hay grandes tesoros que se diga ¿qué tipo de tesoros? ¿Joyas, cuentas bancarias…? ¿Dónde están? ¿Cuánto es su valor? Pero uno comienza a preguntarse, ¿acaso alguien considera a la Iglesia como una institución millonaria? ¿Quién pensaría encontrar obispos en las revistas con listas de millonarios tipo Fortune? ¿Tiene la Iglesia fines de lucro? ¿Da dividendos…? ¿Cotiza en bolsa?
La acusación, de entrada, sugiere cosas falsas: la vida lujosa del Papa, obispos, curas, monjas, etc., que serían quienes usufructuarían de esos tesoros. Afán de lucro escondido bajo la excusa de la religión… Además estimula imaginaciones frondosas: al hablar de "tesoros" uno imagina cuartos llenos de lingotes de oro, cofres llenos de joyas, películas de piratas…
Pero en la realidad, ¿a qué "riquezas" se refieren?
Basta que mires las pertenencias de la Iglesia que están a tu alcance -tu parroquia, tu catedral…- para no encontrar cosas lujosas por ningún lado.
Los "tesoros" -como los llaman- son un tesoro cultural, espiritual, histórico, pues se trata de iglesias, imágenes, cuadros, frescos, cálices, ornamentos, … Esos "tesoros" no tiene ningún valor comercial, ni financiero.
Están dedicados al culto divino en iglesias o expuestos en Museos que conservan el patrimonio cultural de dos mil años de cristianismo.
3. ¿Una solución al problema de la pobreza?
Desde el punto de vista económico…y si rematamos todo ¿qué pasa?
Antes de entrar en el problema de fondo y demostrar que estamos frente a un debate artificial y sin sentido… detengámonos a considerar el tema desde el mero punto de vista utilitario: lo inútil de una supuesta venta del Vaticano.
Porque el anónimo acusador insinúa que la Iglesia debería deshacerse de todo… para el bien de los pobres… y de los millonarios que participarían del remate… Bueno, hagamos números.
¿Cuánto representa en plata todo lo contenido en el Vaticano? No tengo ni idea… pero digamos ¿cien millones de dólares? ¿Mil? ¿Diez mil?… ¿Qué es eso para el problema del hambre o del subdesarrollo? ¿Alguien de buena fe puede pensar que sería una solución real para los problemas de los pobres? Si se vendiera todo… ¿a cuántos ayudaría durante un día? ¿Serviría para algo? ¿No sería más bien un empobrecimiento inútil de la Iglesia… (lo que en realidad estarían deseando los acusadores… aunque se contentan con sembrar desprestigio con argumentos sentimentales y vacíos de valor racional)?
En realidad, desde el punto de vista económico, el sólo hecho de plantear el problema de las riquezas del Vaticano es algo prehistórico, ya que hoy en día la riqueza no está dada por la propiedad de algunos terrenos o piezas de museo sino por marcas (¿cuánto valen los logos de Mc Donald, Shell, Coca o Telefonica?), acciones en Bolsa, etc. Y de este género de riqueza -la que es real riqueza hoy- la Iglesia no tiene nada (ni siquiera tiene la Biblia patentada…).
Cualquier Estado del mundo con un pequeño porcentaje de su presupuesto anual podría posiblemente aportar mucho más que la venta total de todo el Vaticano, territorio incluido.
Además, el problema de la pobreza no se arregla con una donación: es un problema de desarrollo y requiere un flujo permanente de recursos. Por ejemplo, ¿de qué serviría la donación de un hospital a un país que no contara con recursos para mantenerlo, pagar sueldos, comprar medicinas…? Hacer funcionar un hospital en no mucho tiempo es más caro que el hospital mismo… La deuda externa argentina ha llegado a los 250 mil millones… Si se tratara de vender todo lo que existe en Argentina para pagarla… no alcanzaría… Esto muestra que nadie puede seriamente proponer que vendiendo cuatro imágenes, tres iglesias y unos cuadros… se podría arreglar algún problema de pobreza.
Es como proponer que le vendamos a los ingleses las Malvinas a cambio de una disminución de la deuda externa… No creo que los mexicanos sientan mucha felicidad cuando piensan que vendieron Texas a los Estado Unidos… Desprenderse de la tierra que contiene la propia historia y valores artísticos y culturales… no es un gran negocio para nadie. La pérdida del patrimonio cultural conduce a la pérdida de la propia identidad.
4. El patrimonio de los pobres …
Además, contrariamente a lo que la acusación sugiere, las supuestas riquezas de la Iglesia son patrimonio de los pobres, que lo sienten como suyo, porque realmente lo son.
Un botón de muestra. Cuando Juan Pablo II hizo su primer viaje a Brasil, después de una ceremonia salió del protocolo, se metió en medio de una favela y visitó una familia. Conmovido, les dejó de regalo su anillo de Papa.
¿Vos pensás que fueron lo suficientemente idiotas como para venderlo por su peso en oro y comprarse unas cocas…? Es su tesoro, lo conservan en la capillita de la favela. Los pobres son pobres, pero no tontos…
¿Y qué pobre argentino no se siente orgulloso de la basílica de Luján? ¿Acaso preferiría vendérsela a los musulmanes para que la transformen en una mezquita y que el fruto de la venta se reparta entre los pobres argentinos a los que tocaría quizá menos de un peso a cada uno… para comprarse un "choripán"? ¿Pensás que sería un buen negocio para los pobres?
Nunca he escuchado a un pobre quejarse de supuesta riqueza de su parroquia o capilla… en cambio los he visto trabajar y sacrificarse duramente para mejorarla. Son los que con más orgullo muestran sus "tesoros".
Además, la experiencia también enseña… En los ´60 y ´70 hubo algunos sacerdotes que, quizá víctimas de esta acusación, vendieron imágenes, cálices, custodias… ¿Qué pasó con el fruto de su venta? Lo único claro es que no existe más… ¿Alguien puede pensar que esos cálices están mejor en vitrinas de las casas de los ricos que en un altar de cualquier iglesia?
5. ¿Por qué la Iglesia tiene bienes?
Yendo al fondo de la cuestión. ¿Cuál es el problema de los supuestos tesoros vaticanos? ¿Es malo que la Iglesia tenga bienes? ¿Qué conserve obras de arte? ¿De dónde los saca? ¿A quién perjudica el tenerlos? ¿Es acaso contrario a la enseñanza de Cristo?
En realidad no existe ningún problema. Basta recordar el elogio de Jesús a María por haber derramado un perfume carísimo sobre sus pies y a la viuda que puso todo lo que tenía como limosna al templo. Es más, es lógico que necesite bienes materiales. Como no está compuesta sólo por ángeles, para enseñar a la gente el camino al cielo necesita edificios, bibliotecas, computadoras, autos… Para dar culto a Dios necesita templos, altares… Para ayudar a la piedad necesita imágenes, libros…
Para enseñar a las gentes necesita escuelas, universidades… No parece que en estos dos mil años la Iglesia se haya dedicado a acumular dinero: esos "tesoros" acumulados en dos mil años de donaciones… son objetos de culto, etc. Normalmente quienes han cuidado de esos bienes han sido personas que vivieron voluntariamente la pobreza, que dejaron todo por seguir a Cristo, que no han tenido nada de patrimonio personal.
¿Qué bienes tiene la Iglesia? Los que juzga necesarios para el cumplimiento de su misión, que es de orden exclusivamente espiritual.
Si lees la Sagrada Escritura descubrirás que la magnificencia del culto divino es un mandato que la Iglesia ha recibido de Dios. Tratando de dar a Dios cosas buenas… está siendo fiel a lo que su Señor le ha pedido. La tan vapuleada riqueza está compuesta por cosas que no se guardan con avaricia, sino que se usan en el ejercicio de la misión de la Iglesia. Por ejemplo, anualmente por la basílica de San Pedro pasan cuatro millones de peregrinos…, se celebran veinte mil misas, hay ochenta ceremonias solemnes… de las que unas treinta son presididas por el Santo Padre… O sea que tiene un uso bastante más intenso que la cancha de River… ¿Te parecería razonable vender la Pietá de Miguel Angel y poner en su reemplazo una copia plástico inflable para que la gente le rece?
Por otro lado los cuida, los usa y les saca el jugo bastante bien. La Basílica de San Pedro tiene 500 años… lo que mostraría que está bastante amortizado… que fue una idea genial hacerla con buenos materiales… que la hacen tan barata a largo plazo…
Por otro lado, la acusación parece sugerir una conexión entre las "riquezas" y la pobreza de los pobres. Pero, no hay relación alguna entre la belleza de la Basílica de San Pedro y la pobreza de una villa de Buenos Aires… Creo que es suficientemente claro que la primera no es la causa de la segunda. Por tanto no veo porqué conectar ambas cosas. Carece de sentido hacerlo. El problema es inventado, no es real.
Si se fuera coherente con el planteo, ¿porqué no poner también en tela de juicio al Islam y las mezquitas; el judaísmo y las sinagogas… y hasta el edificio del congreso, la casa rosada, todos los museos, los Mc Donalds, shopping centers, el parque de la costa, los boliches… en fin, con todo lo que no sea un rancho miserable?… Y comenzando por tu propia casa: ¿cómo podés vivir ahí mientras haya gente que se muere de hambre? Este cuestionamiento carece de sentido. ¿Porqué podría estar mal que la Iglesia tenga templos lindos? ¿Qué aportaría a la bondad de la Iglesia la fealdad y la pobretería?
6. ¿Es necesaria la belleza? ¿la historia?
Como los "tesoros" de los que se habla son básicamente artísticos y forman parte del patrimonio histórico de la Iglesia, parece necesario plantearse si la belleza es buena o mala, si tiene alguna función en la vida humana.
Definitivamente, la belleza mueve al espíritu. Eleva del materialismo… Hace un gran bien al alma. Rezar frente a una imagen linda inspira, eleva el alma. Como criaturas espirituales, el arte es una de las manifestaciones más altas del espíritu humano. Nos eleva y dignifica.
La historia es parte de nuestro ser: a través de la obra de quienes no precedieron -su arte, trabajo, etc.- entramos de alguna manera en comunión con ellos.
Necesitamos permanecer unidos a nuestras raíces, a nuestros antepasados en la fe… y el cuidado de lo que nos legaron cumple una misión muy importante al respecto.
Los museos vaticanos muestran que la Iglesia siempre ha fomentado la cultura y todas las manifestaciones del espíritu humano, llegando a ser en ciertos casos la mejor protectora del arte, la ciencia y la cultura. La historia humana le debe mucho al respecto, ya que ha protegido el patrimonio cultural de las ochenta generaciones que nos separan de la época de Cristo.
7. ¿Y en cuanto a la legitimidad de esas propiedades…?
Parece al menos curiosa la pretensión de disponer de bienes ajenos. Es decir, ¿quién es el que critica y ataca para decidir qué debería hacer la Iglesia con sus bienes (bienes que evidentemente no pertenecen al acusador)? Porque en el fondo, los bienes que causan tanto escándalo son una propiedad legítima de una institución con dos mil años de historia. No han sido robados ni saqueados, como por otro lado sí lo han sido muchos de los tesoros históricos, artísticos y culturales de los más grandes museos del Mundo como el Louvre, el Británico… (Cualquier duda preguntá a los franceses por los "regalitos" que Napoleón les llevó de Egipto o los "recuerdos" que los ingleses se llevaron del Partenón…).
En este caso, han sido fruto de donaciones explícitamente hecha para ese fin: gente que ha donado sus propios bienes para que fueran usados para el culto divino, la educación, la formación del pueblo fiel, el Santo Padre, etc. Es decir, su legitimidad está fuera de toda duda.
8. Pero, al final, la Iglesia ¿hace algo por los pobres?
Lo más curioso e insostenible de la acusación, es la insinuación de inacción frente al problema de la pobreza.
Te desafío a buscar una institución que haya aportado tanto bien al mundo -y si queréis, en particular a los pobres- como la Iglesia Católica. Si bien su fin es espiritual -la salvación de las almas-, ninguna institución con fines temporales podría haber representado tanto bien desde el mero punto de vista humano.
No te olvides de quién "inventó" los hospitales y universidades. Quién promovió la educación a través de los siglos. Quién luchó contra la esclavitud. Quién se ha dedicado a atender a los minusválidos, a los huérfanos, inmigrantes, moribundos, leprosos, chicos de la calle… Quién atiende la mitad de los enfermos de SIDA que hay en el mundo… Una visita al Pequeño Cotolengo Don Orione no te vendría mal. O a algún comedor infantil de alguna villa, o a algún hogar de la Madre Teresa, o cualquier local de Caritas parroquial, o … En nuestro país, a la hora de catástrofe naturales, la única institución fiable para repartir ayudas es Caritas… la gente no confía en nadie más.
Algunos datos. Veamos la contabilidad del objeto del ataque de las riquezas del Vaticano. El presupuesto anual de la Santa Sede es de 145 millones de dólares. A esto se debe añadir el Óvolo de San Pedro: 60 millones que se destina enteramente a obras de caridad y ayuda a necesitados. Es decir, estamos hablando de una institución que destina el 29,26% de sus ingresos brutos sólo a obras de caridad… No contemos los millones de dólares que instituciones católicas (muchas pertenecientes a Conferencias Episcopales) dan de ayuda al los países pobres: Adveniat, Ayuda a la Iglesia Necesitada, Manos Unidas, y un largo etc.
Busca una institución que hoy haga más por los pobres que la Iglesia Católica. ¿No parece una burla esta crítica a la institución que -por lejos- hace más por los pobres? La lista de las labores asistenciales de la Iglesia Católica es realmente impresionante: tiene 5.900 hospitales, 16.700 dispensarios, 700 leprosarios, 12.600 hogares de ancianos, 19.500 orfanatos y guarderías, 11.500 centros de orientación familiar, 11.600 centros de educación especial y 44.500 centros asistenciales. Un total de 123.000 instituciones de asistencia en todo el mundo (cfr. “La Iglesia Católica”, de Pedro Brunori, Ed. Rialp, España).
En resumen y como conclusión: el cuestionamiento es ridículo.
¿Hay alguna relación entre las obras de arte de los Museos Vaticano y las imágenes de las iglesias con la pobreza? La respuesta no admite ninguna duda: ¡NO!
1. No existe una relación causal. Los primeros no son la causa de la segunda.
2. Si el Vaticano no existiese, la situación de los pobres sería peor, porque desaparecería el mayor benefactor de los necesitados.
3. La existencia de bienes artísticos y religiosos, ¿afecta de alguna manera la pobreza? No, en absoluto.
4. ¿Es ofensivo? En el sentido que sería una cachetada a la pobreza… No, a los pobres también les gustan la cosas lindas y gozan con ellas.
5. ¿Es verdad que la Iglesia tenga grandes tesoros económicos en la actualidad? No.
6. Si se vendiese todo lo que tenga algún valor, ¿mejoraría la situación de los pobres del mundo? No afectaría en lo más mínimo la situación económica de los pobres.
7. ¿Es quizá una muestra de indiferencia ante el problema de la pobreza? En absoluto, ya que el trabajo de la Iglesia en favor de los pobres está absolutamente fuera de duda.
8. ¿El mantenimiento de esos bienes no supondrá gastos extraordinarios que podrían destinarse a la lucha contra el hambre? No, porque se auto-mantiene con el valor de la entrada a museos… y contratos como los que facilitaron la restauración de la Capilla Sixtina sin poner un peso.
9. ¿Se invierten actualmente grandes sumas de dinero en incrementar esos bienes? No, es el fruto de dos mil años de cristianismo… Esperemos que nosotros sepamos dejarle a nuestros descendientes algo de valor y buen gusto.
Me parece que en está página queda suficientemente demostrado, que las supuesta riquezas del Vaticano, no representan ningún problema real ni amenaza para los pobres. Es más, que la tan mentada crítica es una tomada de pelo. Una burla que no resiste el más elemental análisis racional.
Usar a los pobres para atacar a la Iglesia es, al menos, una broma de mal gusto… Y más todavía que sea hecho por quienes nunca han hecho nada por los pobres…
por Makf | 17 Abr, 2026 | Apologética 18
Autor: P. Eduardo María Volpacchio | Fuente: algunasrespuestas.wordpress.com
Una misa de un funeral cuesta para los pobres y para los ricos. Casarse….cuesta dinero. Una misa cuesta dinero. ¿Será verdad?.
En estos días he recibido un mail, en el que escuetamente me comentan sobre el valor de una Misa:
Una misa de un funeral cuesta para los pobres y para los ricos. Casarse….cuesta dinero. Una misa cuesta dinero.
Quisiera compartir la respuesta:
La Misa es el mayor tesoro que tenemos: la entrega de Cristo mismo -de su vida, de todo su amor y gracia- a toda la humanidad y a cada uno de nosotros.
Vivir la Misa no cuesta nada: podés asistir en cualquier iglesia, de cualquier pueblo del mundo, y todos estarán felices de contarte entre los feligreses que viven la entrega de Cristo.
Como es natural, es necesario sostener el culto, los edificios, los trabajos pastorales. Cada parroquia, cada capilla se sostiene con la contribución de los mismos fieles que participan de ella.
La Iglesia no es como un Estado que cuenta con la financiación de los impuestos de todas las cosas que hacen los ciudadanos (cuando hablás por teléfono, tomas un colectivo, compras comida o un caramelo, hagas lo que hagas -trabajar, descansar, pasear, etc.- estás pagando impuestos al Estado).
Es natural que con ocasión de ceremonias que encargamos -un casamiento, por ejemplo- contribuyamos a los costos que la misma ceremonia lleva consigo (gasto de luz, limpieza, sueldos, flores, mantenimiento, etc.). De modo que es razonable que en esas ocasiones se pida una contribución.
Al mismo tiempo, te puedo asegurar que no conozco nadie que no se haya casado por el costo de la ceremonia, ya que lo caro es la fiesta. Además, cualquier parroquia casará sin costo alguno al feligrés (es decir, al miembro de esa comunidad) que lo necesite.
Es decir, que el dinero no es problema.
Sí te animaría a descubrir el valor infinito del amor de Cristo en la Eucaristía: el sentido y el valor de la Misa, la locura de amor de recibir a Dios en nosotros.
Para asistir a Misa no tenés ningún requerimiento. Para comulgar sí hay algo que necesitás: estar en gracia de Dios (es decir, purificar tu alma de los pecados que hayas cometido -todos los cometemos-, en la confesión).
Una vez más se confirma que si explicamos las cosas de buena manera y quien pregunta tiene buena voluntad, las cosas siempre se aclaran. Quien me envió la pregunta, me respondió a vuelta de correo:
Gracias, Padre creo que esta vez he comprendido mejor.