Quién me diga que nunca se ha aburrido durante una misa, es un santo o un mentiroso.
Mientras más atención pongamos y más compenetrados estemos en la celebración, menos probable es que nos aburramos, pero como humanos falibles, no siempre logramos la profundidad adecuada.
Pero no debemos olvidar que la Santa Misa no está pensada para entretenerte, sino para salvarte.
Desde que se instituyó el nuevo pacto, el diezmo, que era para mantener el sacerdocio judío quedó abolido.
Lamentablemente hoy en día hemos postergado mucho la ayuda económica a nuestra madre Iglesia, como ya no estamos obligados al diezmo, muchas veces olvidamos el quinto mandamiento de la Iglesia:
Ayudar a la Iglesia en sus necesidades, ayudar, cada uno según su capacidad, a sufragar a las necesidades materiales de la Iglesia.
La sociedad nos enseña que nada es absoluto, que todo es relativo y depende de lo que "a mi me parece". Lamentablemente muchos católicos prefieren escuchar al mundo y hacen de su fe algo relativo.
No olvidemos que Cristo es La Verdad y no "una verdad", ÉL ES, independientemente si me gusta o de lo que a mi me parezca. Él es el creador, no la creación.
Es realmente triste el antitestimonio de aquellos que se dicen católicos, pero que no viven una fe católica.
Hay quienes creen que al ir a misa "cumplen con el Señor" y no se dan cuenta que son ellos los que reciben de Él.
Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le habrías pedido a Él, y Él te habría dado agua viva.» (Jn 4,10)