por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 15
Autor: frmaria.org
Cada vez se alzan más voces, dentro y fuera de la Iglesia, en contra del celibato del clero.
Tal parece que no hubiera motivo alguno y que sólo una voluntad malvada lo siguiera exigiendo a los aspirantes al sacerdocio.
En este artículo, y en los que le seguirán los próximos meses, damos razones prácticas del por qué del celibato sacerdotal que, sin ser las más importantes, sí pueden ser entendidas fácilmente por todos.
Uno de los asuntos de los cuales más se habla en algunos ambientes eclesiásticos (y no eclesiásticos), y hacia el cual más de una denominación cristiana orienta sus críticas, es la disciplina actual de la Iglesia Católica, según la cual, quien se acerca a las Sagradas Ordenes (sacerdocio) debe profesar votos de castidad perpetua (celibato).
Digamos desde un primer momento que se trata de una disciplina eclesiástica sujeta a cambio, que de hecho cambió y puede, teóricamente, seguir cambiando. No se trata de un dogma de fe.
La Iglesia Ortodoxa, que ordena sacerdotes «válidamente» según el juicio de la Iglesia Católica, admite casados al sacerdocio.
Es más, la misma Iglesia Católica en los países donde predomina el rito Bizantino (por ejemplo en Ucrania) ordena sacerdotes a hombres casados, los cuales continúan viviendo vida matrimonial después de la ordenación.
Pero al mismo tiempo la Iglesia cree que el celibato sacerdotal es un don de Dios, y que hoy por hoy sería un error cambiar la legislación actual. Y la bimilenana Iglesia tiene sus buenos motivos.
Dejamos de lado las muchas razones de orden teológico y pastoral que evidencian la oportunidad de esta disciplina (y que son en verdad cuantiosas y de no poca monta), y vemos solamente el proceso histórico de esta decisión.
Quien quiera profundizar sobre los motivos de orden teológico que han llevado a la Iglesia por el camino del celibato sacerdotal, puede leer con provecho la magistral encíclica de Pablo VI «Sacerdotalis Caelibatus».
Nuevo Testamento
Para entender el motivo último de esta práctica eclesiástica y valorar los alcances profundos de la misma hay que leer y meditar Mateo 19:10-12 y, sobretodo, el capítulo 7 de la primera carta de San Pablo a los Corintios. Estos textos dan «el espíritu» que late tras la legislación del celibato sacerdotal.
Leyendo estos pasajes, el fiel entiende que se trata de una vocación de Dios, en vistas al Reino de Dios, y que sólo sin razonar puede alguien rápidamente afirmar que «es un invento de los curas»; en efecto, más allá de la disciplina eclesiástica, que puede cambiar y de hecho fue cambiando con el paso del tiempo, sin embargo quedarán siempre en pié aquellas claras palabras del apóstol: «el célibe se ocupa de los asuntos del Señor…, mientras que el casado de los asuntos del mundo.., y está dividido» (1 Cor 7).
Si perdemos de vista estos textos bíblicos, perdemos de vista el centro de la cuestión.
En la evolución histórica de la legislación celibataria pueden distinguirse tres momentos principales: De los comienzos al siglo IV; Del siglo IV al XII; Del siglo XII a nuestros días.
La comunidad apostólica y los tres primeros siglos de la Iglesia.
Hay algunos textos ya en los escritos del Nuevo Testamento que nos ilustran sobre la situación de la Iglesia primitiva en esta materia. San Pablo pide que los obispos y diáconos sean «casados una sola vez», o «maridos de una sola mujer» (1 Tim 3:2.12; Tito 1:6).
Esto, en un primer momento, como se apresuran a hacérnoslo saber algunos hermanos evangélicos, parecería excluir la idea de un sacerdote u obispo «célibe». Ahora bien, no debemos olvidar que el mismo Pablo nos hablaba de la conveniencia de «no estar divididos» (es decir, no estar casados), y agregaba que él quisiera que «todos fuesen como él» (1 Cor 7:7-8), dejando claro que él mismo no tenía mujer, y que prefería -ciertamente no imponía- que el servidor de Dios tampoco la tuviese (incluye también la virginidad femenina, como camino ideal de quien quiera servir a Dios con corazón indiviso).
Es decir, lo que San Pablo pedía con «que sean de una sola mujer» no era que necesariamente se casaran y tuvieran al menos una mujer, lo cual sería exactamente lo contrario de todo lo que el mismo Pablo escribió en 1 Cor 7 - sino que no sean personas que lleven una vida disoluta, con varias mujeres, o que se hayan casado más de una vez.
Se trata de una orden que señala un límite (no más de una mujer), y no una obligación (al menos una mujer).
Es por otro lado obvio que en el comienzo de la predicación cristiana, cuando el celibato no era un estado admitido en la sociedad, los Apóstoles no esperasen encontrar hombres célibes en número suficiente para regir las numerosas comunidades cristianas que iban surgiendo, pues simplemente no los había, y no se podía pensar que el deseo de Pablo de que el servidor sea célibe fuese inmediatamente aceptado y practicado en toda la Iglesia.
No había entonces seminarios: había que fundar las comunidades cristianas con la predicación, y para ello se escogía a los hombres más capacitados en ese momento.
Por ello Pablo exige al menos lo indispensable, a saber, que no sean libertinos, o que no hayan tenido ya varias mujeres.
Incluso es de admirarse que, en ese ambiente naturalmente contrario a la abstención sexual, Pablo haya tenido la claridad y el valor de predicar que «es mejor no casarse». Sus palabras son sin duda de un gran calibre profético.
Lo mismo cabe decir de los textos donde Pablo señala que «si el obispo no es capaz de ordenar su propia casa, cómo será capaz de ordenar la iglesia».
No está diciendo que los candidatos deben ser necesariamente casados, y que un célibe no puede ejercer ese cargo, sino que el candidato, que debía ser una persona de cierta edad y experiencia, y por lo tanto bien casado, debía dar muestras de buen gobierno de su propia familia antes de querer gobernar a la Iglesia de Dios.
Esta fue la práctica de la Iglesia durante los primeros siglos, admitía los candidatos casados a las órdenes sagradas, siempre y cuando diesen testimonio de un matrimonio vivido de manera irreprensible; al mismo tiempo, y siguiendo las enseñanzas de Jesús y de Pablo, siempre fue estimado por todas las iglesias el don del celibato por el Reino de los Cielos, y es lógico pensar que muchos comenzaban ya a vivir ese estado de vida tan particular.
En otras palabras, había ministros casados y ministros célibes, aunque no podemos determinar la cantidad y la proporción con respecto a los casados, o los oficios que se reservaban a unos u a otros, etc.
Además, las costumbres de las distintas iglesias locales eran diversas en este sentido, aunque los principios que enunciamos eran respetados en todos lados.
Recordemos que a la hora de acudir a los documentos escritos, no es mucho lo que de aquella lejana historia podemos asegurar con ciencia cierta en el campo que vamos tratando.
Algunos estudiosos, por ejemplo, se inclinan a pensar que, si bien no era obligatorio, la mayoría de las iglesias locales, tal vez celosas de las palabras del Apóstol, guardaban la costumbre de admitir a las órdenes sagradas preferiblemente a los célibes.
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 15
Autor: frmaria.org
Tanto católicos como protestantes creemos que Jesús tiene más hermanos, pero cada uno entiende algo diferente por ello.
Los católicos profesamos que todos los cristianos somos hermanos de Jesús por el bautismo. Profesamos al mismo tiempo que Jesús no tuvo hermanos naturales.
Los protestantes, en cambio, creen que María Santísima tuvo más hijos naturales. Se basan en los pasajes que mencionan a los «hermanos» de Jesús.
Los controvertidos pasajes en los que se habla de los “hermanos” de Jesús son:
Mateo 12,46: «Todavía estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con él.
Marcos 6,3: «¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?» Y se escandalizaban a causa de él».
Juan 7,5: «Es que ni siquiera sus hermanos creían en él».
Hechos 1,14: «Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.»
1 Corintios 9,5: «¿No tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer cristiana, como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas?»
Significado de “hermano”
Para entender los pasajes anteriores es esencial entender el uso de las palabras en la cultura de los judíos de aquel tiempo.
Tanto el hebreo como el arameo (lenguaje de Jesús y sus discípulos) utilizaban la misma palabra para designar a los hermanos, a los primos y a miembros del mismo clan.
Los autores del Nuevo Testamento eran de cultura hebrea y escribieron en griego. El Antiguo Testamento también fue traducido al griego por ser el lenguaje más popular de la época. Es la llamada Biblia de “los Setenta”.
La palabra hebrea para hermanos y primos fue traducida al texto original griego de la Biblia como «adelphos».
A diferencia del hebreo o el arameo, el griego tiene una palabra específica para primos: «anepsios», pero los traductores de la Biblia de “los Setenta” y del Nuevo Testamento, siendo de cultura hebrea, prefirieron usar «adelphos» cuando se utilizaba la palabra aramea «hermanos» que, como hemos dicho incluye primos y otras relaciones.
Es decir, utilizaron la palabra griega pero en el sentido original del lenguaje de Jesús. Por eso, para saber si se trata de hermanos de sangre, de primos o de otras relaciones, hay que estudiar el contexto de la cita. Esto lo podemos saber por varios ejemplos encontrados en el Antiguo Testamento.
A Lot se le llama «hermano» de Abraham en Gen. 14,14, pero sabemos por la misma Biblia que era su sobrino (Gen. 11,26-28). A Jacob le llaman «hermano» de Laban quien es en realidad su tío (Gen. 29,15). I Crónicas 23,21-22 habla de los «Hijos de Majlí: Eleazar y Quis. Eleazar murió sin tener hijos; sólo tuvo hijas, a las que los hijos de Quis, sus hermanos, tomaron por mujeres.»
Otros ejemplos están en 1 Sam. 9,13; 20,32; 2 Sam. 1,26; Amos 1,9. Deuteronomio 23,8: «No tendrás por abominable al idumeo, porque es tu hermano». II Reyes 10,13-14: Los 42 «hermanos» del rey Ocozías que bajaban a saludar a los hijos del mismo rey y de la reina. Nehemías 5,8: «y les dije: «Nosotros hemos rescatado, en la medida de nuestras posibilidades, a nuestros hermanos judíos que habían sido vendidos a las naciones. ¡Y ahora sois vosotros! vendéis a vuestros hermanos».
Jeremías 34,9: «en orden a dejar cada uno a su siervo o esclava hebreos libres dándoles la libertad de suerte que ningún judío fuera siervo de su hermano.»
Hijos de José
Para algunos, los «hermanos de Jesús» podrían ser hijos de San José con una primera esposa si éste era viudo.
Pero el gran maestro de las Sagradas Escrituras en los primeros siglos (Siglo IV), San Jerónimo, planteó más bien que se trata de primos, lo cual cabe perfectamente, como hemos visto, dentro del sentido de «hermanos» sostenido por los judíos de la época.
San Jerónimo, como los demás padres de la Iglesia, defendió la virginidad perpetua de María Santísima.
No existe una sola sugerencia en la Biblia de que la Virgen tuviera otros hijos. Cuando la Sagrada Familia huye a Egipto o cuando se les pierde el niño en Jerusalén (Lucas 2,41-51), siempre se refiere a un solo hijo.
Los de Nazaret, aun cuando hablan de los «hermanos» de Jesús, se refieren a Él como «el hijo de María», no como «un hijo de María» (Mc 6,3). Sería este uso de palabras muy extraño si fueran de hecho esos otros «hermanos» hijos de María.
Hay además otras razones culturales que indican que los «hermanos» de Jesús no eran de sangre. Entre los judíos, los hermanos menores no podían aconsejar a los mayores.
Por eso cuando en una cita un hermano aconseja al otro se entiende que quien aconseja es el mayor.
Sin embargo los «hermanos» de Jesús le aconsejan que se vaya a Judea (Juan 7,3-4). En otra ocasión tratan de llevárselo (Marcos 3,21). Estos hermanos no pueden entonces ser hermanos de sangre ya que Jesús es el primogénito (no tenía hermanos mayores: Lucas 2,7).
En el año 2002 salió a la luz un osario con la inscripción: «Jacob [Santiago], hijo de José, hermano de Jesús». Muchos pensaron que este «hallazgo» ponía en duda la doctrina católica sobre la Virginidad perpetua de María.
Sin embargo resultó ser un fraude. Así lo determinó el director de Antigüedades de Israel, Shuka Dorfman, quien anunció (junio 18, 2003): «El osario es real. Pero la inscripción es falsa.
Lo que significa que alguien cogió una caja real y labró la escritura en ella, probablemente para darle una importancia religiosa».
Lamentablemente los medio de comunicación que tan ampliamente propagaron el engaño, no hicieron casi nada por rectificarlo.
La hora de la muerte
Juan 19,26-27: «Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.».
El Evangelio nos da el nombre de cuatro de los «hermanos» de Jesús: Santiago, José, Simón y Judas. Si fueran sus hermanos de sangre serían hijos de María.
¿Por qué entonces Jesús la entregó a Juan?. Así lo entendió San Hilario de Poitiers, Padre de la Iglesia:
«Si ellos (los hermanos del Señor) hubiesen sido hijos de María y no aquellos del primer matrimonio de José, ella nunca hubiese sido entregada en el momento de la pasión al apóstol Juan como su madre”.
Jesús establece una relación de madre-hijo que no es por naturaleza sino por gracia. Como Juan, todos los bautizados somos hijos de María y somos hermanos de Jesús.
En el Apocalipsis vemos, en efecto, quiénes son los otros hijos de María.
Apocalipsis 12,17: «Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.»
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 15
Autor: frmaria.org
En el capítulo anterior veíamos cómo las diferentes Iglesias protestantes justifican su existencia diciendo que la Iglesia fundada por Cristo se corrompió y que fue necesario fundar una nueva.
Cada una de ellas, a su vez, dice que es la verdadera porque también las demás están corrompidas.
Vemos ahora cómo Cristo quiso deliberadamente fundar una institución, la Iglesia, que debía ser mediadora entre Dios y los hombres.
Cuando la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida por el cardenal Ratzinger, publicó el documento “Dominus Iesus” en el año 2000, la Iglesia pretendía dejar las cosas claras a propósito del origen divino de la Iglesia y de su misión mediadora, querida explícitamente por su fundador, Jesucristo.
“La misión universal de la Iglesia nace del mandato de Jesucristo y se cumple en el curso de los siglos en la proclamación del misterio de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y del misterio de la encamación del Hijo, como evento de salvación para toda la humanidad”, dice el documento, para añadir más adelante:
“La Iglesia, en el curso de los siglos, ha proclamado y testimoniado con fidelidad el Evangelio de Jesús”, saliendo así al paso de las acusaciones de los protestantes sobre que la Iglesia se ha corrompido y ha dejado de ser fiel a la misión encomendada por Cristo.
Además, se denuncian los ataques contra “verdades tales como el carácter definitivo y completo de la revelación de Jesucristo, la naturaleza de la fe cristiana con respecto a la creencia en las otras religiones, el carácter inspirado de los libros de la Sagrada Escritura, la unidad personal entre el Verbo eterno y Jesús de Nazaret, la unidad entre la economía del Verbo encamado y del Espíritu Santo, la unicidad y la universalidad salvífica del misterio de Jesucristo, la mediación salvífica universal de la Iglesia, la inseparabilidad —aun en la distinción— entre el Reino de Dios, el Reino de Cristo y la Iglesia, la subsistencia en la Iglesia católica de la única Iglesia de Cristo”.
Cristo fundó la Iglesia
“Dominus Iesus” deja claro que Jesucristo es el mediador y el redentor universal, pero insiste en que fundó una Iglesia y que ésta ha seguido fielmente cumpliendo su misión hasta nuestros días, al margen de los pecados personales de sus miembros, y que está representada de forma plena sólo en la Iglesia católica, esto fue lo que no gustó a los que en realidad no entienden el significado del verdadero ecumenismo y creen que éste consiste en una especie de acuerdo por consenso donde todas las partes deben renunciar a algo para llegar a un compromiso final.
El hecho de que la Iglesia católica, basándose en los datos históricos tanto como en la persistencia de la misma doctrina, se presente como la única capaz de enseñar el mensaje íntegro de Cristo a los hombres, les pareció ofensivo.
En la Iglesia católica, dice el documento, subsiste la Iglesia de Cristo. ¿Y que significa subsiste? Pues quiere decir lo contrario de lo que afirman los protestantes. Ellos afirman que la Iglesia de Cristo se corrompió, y al corromperse algo, necesariamente desaparece, deja de existir.
Pero esto no puede provenir sino de la más supina ignorancia, porque la base del protestantismo es esa: la Iglesia de Cristo se corrompió.
Y ¿porque dicen eso?, porque están obligados, ya que si la Iglesia de Cristo no se corrompió, entonces, cuando ellos fundan una Iglesia, ¿a quién le están haciendo la competencia?.
Si Cristo fundó una cosa y su pastor evangélico funda otra, ¿a quien le está haciendo la competencia?. A Cristo.
Sin justificación
Los pastores evangélicos no son tontos. Ellos saben que si la Iglesia de Cristo subsiste, si esta todavía viva e intacta después de 2000 años, ellos no tienen justificación para fundar otra Iglesia.
Por eso la fuerza de los protestantes no está en las verdades que afirman, sino en los ataques que hacen a la Iglesia de Cristo, por eso se llaman protestantes porque no pueden hacer otra cosa sino protestar, y ¿contra qué protestan?: contra la corrupción de la Iglesia de Cristo y de esta manera creen que ya se justifica el fundar otra.
Pero hay algo que falla en esa afirmación que ellos mismos hacen al decir que la Iglesia de Cristo se corrompió. Ellos creen defender a Cristo, pero de hecho lo están atacando. ¿Por qué?.
La respuesta es obvia. ¿Qué es la Iglesia de Cristo? ¿Es una institución humana o es una Institución divina?.
Cristo dijo: sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Si es así, si añadió que las puertas del infierno no prevalecerían sobre ella, entonces la Iglesia no se ha corrompido nunca y lo que han hecho ellos al fundar otras Iglesias es dividirla en lugar de contribuir, como han hecho los santos, a purificarla.
Al afirmar que la Iglesia se corrompió creen estar atacando a la Iglesia para justificar la existencia de sus múltiples Iglesias. En cambio, están diciendo que Cristo se equivocó. Están diciendo la Iglesia que Cristo instituyó no sirvió, pues en menos de trescientos años se corrompió. Según ellos, en tiempos de Constantino ya se había introducido la idolatría.
Entonces afirman: Yo pastor evangélico, yo pastor protestante voy a hacer una Iglesia más santa y mejor que la de Cristo. ¡Claro que no lo dicen así, pero en el fondo es lo que proclaman!. Porque si la Iglesia de Cristo se corrompió, eso significa que Cristo no sabe hacer las cosas, y no solo eso, sino que Cristo no pudo cumplir su promesa de que las puertas del infierno no prevalecerían contra ella.
En pocas palabras, ellos pretendiendo defender el Evangelio, se auto-nombran fundadores de una Iglesia mejor que la de Cristo. Posiblemente esto no lo hacen conscientemente, sino que procede del error de concebir la Iglesia como una institución humana y no como una institución divina; desgraciadamente este error se da incluso dentro de algunos círculos católicos.
Ese es el origen de la rebeldía y desobediencia al Santo Padre, de la petición de que lodo se decida por voto popular; eso no es sino considerar a la Iglesia como una sociedad humana.
Unidad inseparable
Por eso el documento “Dominus Iesus”, después de hablar de que Cristo es nuestro único salvador, pasa a hablar en el capitulo IV de la Iglesia. Y afirma que la Iglesia es de Cristo y, aunque los miembros y la cabeza que es Cristo no se identifiquen, están unidos inseparablemente.
La Iglesia con Cristo forma el Cristo total. La Iglesia es el cuerpo de Cristo, lo cual es una verdad contenida en el Nuevo Testamento.
Cristo es la cabeza, nosotros sus miembros, si la Iglesia es el cuerpo de Cristo ¿puede acaso el cuerpo de Cristo corromperse?. Esta es la pregunta que se deberían hacer tanto los protestantes como los católicos rebeldes y los teólogos disidentes.
¿Si Cristo es la cabeza de la Iglesia, debemos o no obediencia a esa Iglesia? ¿Si la Iglesia es el cuerpo de Cristo, debemos amor a esa Iglesia? ¿Si la iglesia es la esposa de Cristo, podemos afirmar que Cristo se divorció de su Iglesia y se fue con otra?.
Es necesario ser honrados y sacar las conclusiones lógicas. Si Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella, tu decides por el contrario odiarla y perseguirla ¿y todavía te atreves a llamarte cristiano?.
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 15
Autor: frmaria.org
Las Iglesias protestantes y evangélicas difieren en muchas de sus enseñanzas pero todas coinciden en una: La Iglesia fundada por Cristo se corrompió.
Esa supuesta corrupción es, según ellos, lo que justifica la creación de nuevas Iglesias, las cuales pretenden, a su vez, ser la verdadera porque también las demás están corrompidas o son falsas o no tienen la verdad plena. ¿Qué se puede decir sobre estos argumentos?.
Empezando por citar a una de las sectas más agresivas, los Testigos de Jehová, en su revista “El Centinela”, en un artículo sobre la caída de Babilonia, dice así:
«La Iglesia post-apostólica se apartó paulatinamente de la Biblia como su única norma de fe y práctica… La reforma protestante les devolvió a las Escrituras su lugar apropiado dentro de la Iglesia y sacó a la luz la doctrina apostólica de la justificación por la fe».
Otra cita significativa: «La Iglesia no cumplió los mandatos de Cristo, sino que con el pasar del tiempo se fueron introduciendo errores.
A partir de Constantino se fue corrompiendo poco a poco hasta que llegó Lutero con la Reforma. Los cristianos evangélicos vienen a corregir todos los errores y falsedades que introdujo la Iglesia Católica». Cfr. Roman Catholicism p. 20.
Por lo tanto, la argumentación protestante para justificar la ruptura con la Iglesia católica es la de que en la Iglesia de Cristo se introdujo la corrupción porque, si esto no fuera verdad, ellos no tendrían razón de existir.
Construida sobre roca
Cristo recomendó que cuando fuéramos a construir una casa no la construyéramos sobre arena sino sobre roca.
Acaso Cristo no iba a seguir sus propias reglas. Si fuera verdad que la Iglesia que Cristo edificó, se corrompió poco tiempo después de su muerte entonces habría que decir que Cristo no sabe hacer las cosas. La Iglesia que él fundó, no sirvió, se descompuso.
Cristo dijo que todo aquello que se edifica sobre roca no se puede derrumbar jamás. (Lucas 6, 48). Cristo es la Roca y el fundamento de su Iglesia. «y la roca era Cristo» (1 Corintios, 10, 4). Él es la piedra angular. (Marcos 12,10).
Todos los cristianos evangélicos reconocen que Cristo es la roca. Por tanto afirmar que la Iglesia que Cristo fundó se corrompió, significa enseñar que el fundamento, que es Cristo mismo, no sirvió y contradice la Escritura.
Cristo es la Verdad y Él no puede engañarse ni engañamos. Pero Él prometió, con respecto a la Iglesia, que «las puertas del infierno no prevalecerán contra ella». (Mateo 16, 18).
Si fuera verdad que la Iglesia post-apostólica se apartó de las enseñanzas de Cristo y prevalecieron Satanás, el error y la mentira, eso querría decir que o Cristo nos engaña, o se engaña. Si nos engaña, no es la Verdad; si se engaña y no pudo cumplir su promesa, no es Dios.
Cristo es el Esposo. (Juan 3, 29). La Iglesia es su esposa. (Efesios 5, 25 y Apocalipsis 19, 7). Afirmar que Cristo repudió a su Iglesia por ser una pecadora y se fue con otra es acusarle de adulterio. «El que repudie a su mujer y se casa con otra comete adulterio”. (Marcos 10,11).
Cristo es misericordioso y no repudia a las mujeres adúlteras sino que las perdona. (Lucas 7, 44-50 y Juan 8, 10). A la Samaritana adúltera no la rechaza sino que la convierte en su apóstol. (Juan, capítulo 4). Por tanto, el Cristo que rechaza a su esposa la Iglesia, que no la perdona y se va con otra, no es el Cristo de la Biblia.
La oración de Cristo es infalible: Cristo le dijo a Pedro: «Yo rogaré para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos». (Lucas 22, 31). Aunque Pedro haya pecado, su fe no desfallece, porque está sostenida por la oración infalible de Cristo.
Al afirmar que Iglesia Católica Romana enseña cosas contrarias a la fe, los cristianos evangélicos niegan el poder infalible de la oración de Cristo. La Iglesia es la columna y fundamento de la verdad. (1 Timoteo 3, 15).
Si fuera verdad que esa Iglesia que Cristo fundó se apartó paulatinamente de la verdad, eso quiere decir que ese fundamento y esa columna puestos por Cristo se derrumbaron. ¿Será verdad eso?.
Cristo inauguró su Reino hace 2000 años (Marcos 1, 15). Los cristianos evangélicos contradicen la Escritura porque esta afirma que el Reino de Dios establecido por Cristo «jamás será destruido…y subsistirá para siempre». (Daniel 2, 44).
Errores
Primer error: Confundir «Iglesia pecadora» con «Iglesia apóstata».
El que no distingue confunde: que la Iglesia de Cristo sea pecadora es una cosa, y el que se haya corrompido y apostatado es otra. Si la Iglesia, como los protestantes afirman se corrompió desde tiempos de Constantino ¿Cómo es que todavía subsiste?.
Segundo error: Creer que la Iglesia debe ser impecable.
Si la Iglesia pide perdón es porque ha pecado; si en la Iglesia católica rezamos el «Yo pecador» es porque reconocemos que en ella hay pecadores. Pero por el hecho de ser pecadora, no deja de ser la Iglesia de Cristo, de la misma manera que no porque en el mundo haya pecadores deja de ser creación divina.
Muchos pretenden hacernos creer que porque han habido escándalos y malos Papas en la Iglesia, ya por eso la Iglesia Católica deja de ser la Iglesia de Cristo. Pero Cristo, por el contrario, afirmó que en su campo iban a estar mezclados trigo y cizaña hasta el fin del mundo y no permitió a sus siervos arrancar la cizaña. (Mateo 13, 24-30).
Tercer error: Mas aún, precisamente porque la Iglesia de Cristo es pecadora, debemos creer que es obra de Cristo porque, ¿cómo se explica el que una sociedad subsista desde hace 2000 años a pesar de sus pecados e imperfecciones? Todos los imperios que se han corrompido han desparecido, la Iglesia subsiste, está más viva y fuerte que nunca. ¿A qué se debe?.
Indudablemente a la fuerza poderosa y divina de aquel que dijo:
«Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo». ¿A quién debemos creer? ¿a esos que dicen que Cristo abandonó a su Iglesia o al mismo Cristo que promete no hacerlo jamás?.
Resulta que los protestantes dicen que la Iglesia es invisible. O sea que para amar a la Iglesia y para adherirse a ella, dicen que ésta no se ve, que nadie sabe cual es; pero para atacarla y denigrarla todos la identifican fácilmente y saben que es la Iglesia Católica Romana.
Incoherencias
Afirman que la iglesia que Cristo fundó se descompuso, se corrompió y después ellos fundan otra. ¿A quien le están haciendo la competencia?. Dicen que la iglesia se corrompió y sin embargo esta viva y presente en todo el mundo.
Si lo que se corrompe desaparece, entonces ¿por qué está viva la Iglesia? ¿si ellos siguen atacando a la Iglesia y protestando, no significa eso que la Iglesia sigue igual de viva y de fuerte?.
Dicen que da lo mismo estar en una Iglesia que en otra. Si da lo mismo, entonces ¿por qué no venirse todos a la de los católicos?.
Dicen que todas son iguales. Si todas son iguales, por qué ellos hacen una diferente.
por Makf | 12 Abr, 2026 | Apologética 15
Autor: frmaria.org
Continuamos, en este artículo, con la exposición de los argumentos que pueden servir para desmentir la tesis protestante de que la Iglesia tenía “secuestrada” la Palabra de Dios y la hacía inaccesible para la mayoría de los fieles.
Por ejemplo, se dice que Lutero fue el primer traductor al alemán de la Biblia, pero cuando él la tradujo había en circulación catorce versiones en lengua erudita y cinco en lengua corriente.
Lutero se jactaba de haber sido el primero en traducir la Biblia al alemán, pero ya el heresiarca Calvino le recordó que dicho honor no le pertenecía; en efecto, sabemos que el fraile editó en 1522 el Nuevo Testamento, y en 1532 lo restante, y que «se ha dicho de esta versión, con gran falta de verdad histórica, que era la primera versión alemana en lengua vernácula, cuando para entonces sólo en Alemania había catorce versiones en lengua erudita y cinco en lengua corriente.
Además había muchas versiones parciales, como del Nuevo Testamento, de los Salmos… (cf. Janssen: Geschichte des deutschen Volkes seit dem Ausgang des Mittelalters, 8 vv., Friburgo, 1883-1893, tomo 1, pág. 51)» (Francisco J. Montalbán, S.I., Los Orígenes de la Reforma Protestante, Razón y Fe, Madrid 1942, pág. 129).
156 ediciones
El gran historiador Ricardo García-Villoslada nos informa también de las versiones germánicas de la Biblia antes de Lutero:
«Muchos opinan que la obra principal de Martín Lutero en su vida fue la traducción de la Sagrada Escritura al idioma de su pueblo.
No cabe duda que la versión vernácula de la Biblia y la divulgación de la misma, ofreciéndola como única norma de fe, jugó un papel importantísimo en la fundación y establecimiento de la Iglesia luterana.
Exagerando sus méritos, por otra parte innegables, solía repetir que en la Iglesia, antes de él, nadie conocía ni leía la Biblia Hoy el lector se ríe de tan injustas aseveraciones, dictadas por la pasión.
Recuérdese lo que dijimos de la lectura de la Biblia cuando Fr. Martín era novicio en Erfurt. Francisco Falk ha contado no menos de 156 ediciones desde la invención de la imprenta hasta 1520.
Traducciones alemanas de toda la Sagrada Escritura existían no pocas antes de Lutero, por lo menos catorce en alto alemán y cuatro en bajo alemán, sin contar las versiones parciales, salterios, evangeliarios, etc.
En el siglo XIV se hizo en Baviera una traducción total, que el impresor alsaciano Juan Mentelin hizo estampar en Estrasburgo en 1466, y que con algunas modificaciones fue reimpresa trece veces antes de que apareciese la de Lutero, llegando a ser como una Vulgata alemana, según Grisar.
(Puede consultarse la gran edición de W. Kurrelmeyer, Die erste deutsche Bibel [Tubinga 1903-15], 10 tomos con el texto primigenio y las correcciones de las 13 ediciones posteriores. Véase también W. Kurrelmeyer, The Genealogy of the Prelutheran Bibles, en The Journal of Germanic Philology, 3,2 [1900] 238-47; W. Walter, Die Deutsche Bibel: übersetzung des Mittelalters, Braunschweig 1889-92)» (García-Villoslada, Martín Lutero, BAC, Madrid 1976, t. II, pág. 399).
También se puede mencionar la traducción de la Biblia, en la Edad Media, a otras lenguas indoeuropeas, como el armenio (cf. UNED, op. cit., pág. 30 y Molina Yébenes, op. cit., pág. 4), hecha en el siglo V, ¡el siglo en que comienza la «Edad de las tinieblas»!.
Con lo dicho hasta ahora es suficiente para demoler uno de los mitos de la historiografía protestante: la tremenda ignorancia en punto a la Biblia en que la malvada Iglesia católica mantenía a los pueblos cristianos medievales.
Cultura medieval
Otro de los mitos protestantes es el que afirma que en la Edad Media «la mayoría de las personas no sabían leer ni escribir. Así que estaban ‘a oscuras’ por lo que respecta a toda clase de conocimiento, ya que no podía ser comunicado» (Lección 34 de la Sección 1, pág. 5.8).
Veamos lo que nos dice sobre este asunto esa ciencia llamada Historia: «En la Edad Media, como en todas las épocas, el niño va a la escuela.
Por lo general, es la escuela de su parroquia o del monasterio más cercano. En efecto, todas las iglesias tienen una escuela: a ello obliga el Concilio de Letrán de 1179, y en Inglaterra, país más conservador que el nuestro, todavía puede verse la iglesia junto a la escuela y el cementerio.
Muchas veces son fundaciones señoriales las que garantizan la instrucción de los niños; Rosny, una pequeña aldea a orillas del Sena, tenía desde comienzos del siglo XIII una escuela que había fundado hacia el año 1200 su señor Gui V Mauvoisin.
Otras veces se trata de escuelas exclusivamente privadas; los habitantes de un poblado se asocian para mantener a un maestro que toma a su cargo la enseñanza de los niños. (…)También los capítulos de las catedrales estaban sometidos a la obligación de enseñar dictada por el Concilio de Letrán.
El niño entraba en ellas [en las escuelas] a los siete u ocho años de edad, y la enseñanza que preparaba para los estudios universitarios se extendía a lo largo de una década, lo mismo que hoy, de acuerdo con los datos que proporciona el abad Gilles el Muisit.
Varones y niñas estaban separados; para las niñas había establecimientos particulares, tal vez menos numerosos, pero donde los estudios alcanzaban a veces niveles muy altos.
La abadía de Argenteuil, donde se educó Eloísa, proporcionaba el aprendizaje de la Sagrada Escritura, letras, medicina y hasta cirugía, aparte del griego y el hebreo, que introdujo Abelardo.
En general, las escuelas daban a sus alumnos nociones de gramática, aritmética, geometría, música y teología; algunas incluían alguna enseñanza técnica. La Histoire Littéraire menciona como ejemplo la escuela de Vassor en la diócesis de Metz, donde al mismo tiempo que aprendían la Sagrada Escritura y las letras, los alumnos trabajaban el oro, la plata y el cobre.
En esta época los niños de las diferentes clases sociales se educaban juntos, como lo atestigua la conocida anécdota que presenta a Carlomagno irritado contra los hijos de los barones, que eran perezosos, contrariamente a los hijos de los siervos y los pobres.
La única distinción que se hacía era la de la retribución, dado que la enseñanza era gratuita para los pobres y de pago para los ricos. Veremos que esa gratuidad podía prolongarse mientras duraran los estudios.
Origen humilde
Ésta es sin duda la razón por la cual hay tantos grandes de origen humilde: Suger, que gobernó Francia durante la cruzada de Luis VII, era hijo de siervos; Maurice de Sully, el obispo de París que hizo construir la iglesia de Nôtre-Dame, nació de un mendigo; San Pedro Damián fue porquero en su infancia, y Gerbert d’Audrillac, una de las luces de la ciencia medieval, fue también pastor; el Papa Urbano VI era hijo de un zapatero de Troyes, y Gregorio VII, el gran Papa de la Edad Media, de un pobre cabrero.
Todo lo anterior, pura historia, nos presenta un cuadro de la Edad Media muy distinto del dibujado por la mitología protestante: la instrucción era vastísima, todo el mundo tenía acceso al conocimiento de las Escrituras, y la cultura era gratuita para los pobres.