por makf | 18 Sep, 2025 | Job
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Capítulo 4
1 Entonces Elifaz de Temán tomó la palabra y dijo:
2 ¿Se atrevería alguien a hablarte, estando tú tan deprimido? Pero ¿quién puede contener sus palabras?
3 Tú has aleccionado a mucha gente y has fortalecido las manos debilitadas;
4 tus palabras sostuvieron al que tropezaba y has robustecido las rodillas vacilantes.
5 Pero ahora te llega el turno, y te deprimes, te ha tocado a ti, y estás desconcertado.
6 ¿Acaso tu piedad no te infunde confianza y tu vida íntegra no te da esperanza?
7 Recuerda esto: ¿quién pereció siendo inocente o dónde fueron exterminados los hombres rectos?
8 Por lo que he visto, los que cultivan la maldad y siembran la miseria, cosechan eso mismo:
9 ellos perecen bajo el aliento de Dios, desaparecen al soplo de su ira.
10 Los leones cesan de rugir y bramar y los dientes de sus cachorros son quebrados;
11 el león perece por falta de presa] y las crías de la leona se dispersan.
12 Una palabra me llegó furtivamente, su leve susurro cautivó mis oídos.
13 Entre las pesadillas de las visiones nocturnas, cuando un profundo sopor invada a los hombres.
14 me sobrevino un temor, un escalofrío, que estremeció todos mis huesos:
15 una ráfaga de viento para sobre mi rostro, eriza los pelos de mi cuerpo;
16 alguien está de pie, pero no reconozco su semblante, es sólo una forma delante de mis ojos; hay un silencio, y luego oigo una voz:
17 ¿Puede un mortal ser justo ante Dios? ¿Es puro un hombre ante su Creador?
18 Si él no se fía de sus propios servidores y hasta en sus ángeles encuentra errores,
19 ¡cuánto más en los que habitan en casas de arcilla, y tienen sus cimientos en el polvo! Ellos son aplastados como una polilla,
20 de la noche a la mañana quedan pulverizados: sin que nadie se preocupe, perecen para siempre.
21 ¿No se les arranca la estaca de su carpa, y mueren por falta de sabiduría?
por makf | 18 Sep, 2025 | Job
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Capítulo 3
1 Después de esto, Job rompió el silencio y maldijo el día de su nacimiento.
2 Tomó la palabra y exclamó:
3 ¡Desaparezca el día en que nací y la noche que dijo: «Ha sido engendrado un varón»!
4 ¡Que aquel día se convierta en tinieblas! Que Dios se despreocupe de él desde lo alto y no brille sobre él ni un rayo de luz.
5 Que lo reclamen para sí las tinieblas y las sombras, que un nubarrón se cierna sobre él y lo aterrorice un eclipse de sol.
6 ¡Sí, que una densa oscuridad se apodere de él y no se lo añada a los días del año ni se lo incluya en el cómputo de los meses!
7 ¡Que aquella noche sea estéril y no entre en ella ningún grito de alegría!
8 Que la maldigan los que maldicen los días, los expertos en excitar a Leviatán.
9 Que se oscurezcan las estrellas de su aurora; que espere en vano la luz y nos vea los destellos del alba.
10 Porque no me cerró las puertas del seno materno ni ocultó a mis ojos tanta miseria.
11 ¿Por qué no me morí al nacer? ¿Por qué no expiré al salir del vientre materno?
12 ¿Por qué me recibieron dos rodillas y dos pechos me dieron de mamar?
13 Ahora yacería tranquilo estaría dormido y así descansaría,
14 junto con los reyes y consejeros de la tierra que se hicieron construir mausoleos,
15 o con los príncipes que poseían oro y llenaron de plata sus moradas.
16 O no existiría, como un aborto enterrado, como los niños que nunca vieron la luz.
17 Allí, los malvados dejan de agitarse, allí descansan los que están extenuados.
18 También los prisioneros están en paz, no tienen que oír los gritos del carcelero.
19 Pequeños y grandes son allí una misma cosa, y el esclavo está liberado de su dueño.
20 ¿Para qué dar a luz a un desdichado y la vida a los que están llenos de amargura,
21 a los que ansían en vano la muerte y la buscan más que a un tesoro,
22 a los que se alegrarían de llegar a la tumba y se llenarían de júbilo al encontrar un sepulcro,
23 al hombre que se le cierra el camino y al que Dios cerca por todas partes?
24 Los gemidos se han convertido en mi pan y mis lamentos se derramen como agua.
25 Porque me sucedió lo que más temía y me sobrevino algo terrible.
26 ¡No tengo calma, ni tranquilidad, ni sosiego, sólo una constante agitación!
por makf | 18 Sep, 2025 | Job
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Capítulo 2
1 El día en que los hijos de Dios fueron a presentarse delante del Señor, también fue el Adversario en medio de ellos, para presentarse delante del Señor.
2 El Señor le dijo: «¿De dónde vienes?». El Adversario respondió al Señor: «De rondar por la tierra, yendo de aquí para allá».
3 Entonces el Señor le dijo: «¿Te has fijado en mi servidor Job? No hay nadie como él sobre la tierra: es un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal. El todavía se mantiene firme en su integridad, y en vano me has instigado contra él para perderlo».
4 El Adversario respondió al Señor: «¡Piel por piel! Un hombre da todo lo que tiene a cambio de su vida.
5 Pero extiende tu mano contra él y tócalo en sus huesos y en su carne: ¡seguro que te maldecirá en la cara!».
6 El Señor respondió al Adversario: «Está bien. Ahí lo tienes en tu poder, pero respétale la vida».
7 El Adversario se alejó de la presencia del Señor, e hirió a Job con una úlcera maligna, desde la planta de los pies hasta la cabeza.
8 Job tomó entonces un pedazo de teja para rascarse, y permaneció sentado en medio de la ceniza.
9 Su mujer le dijo: «¿Todavía vas a mantenerte firme en tu integridad? Maldice a Dios y muere de una vez».
10 Pero él le respondió: «Hablas como una mujer insensata. Si aceptamos de Dios lo bueno, ¿no aceptaremos también lo malo?». En todo esto, Job no pecó con sus labios.
11 Tres amigos de Job se enteraron de todos los males que le habían sobrevenido, y llegaron cada uno de su país. Eran Elifaz de Temán, Bildad de Súaj y Sofar de Naamá, los cuales se pusieron de acuerdo para ir a expresarles sus condolencias y consolarlo.
12 Al divisarlo de lejos, no lo reconocieron. Entonces se pusieron a llorar a gritos, rasgaron sus mantos y arrojaron polvo sobre sus cabezas.
13 Después permanecieron sentados en el suelo junto a él, siete días y siete noches, sin decir una sola palabra, porque veían que su dolor era muy grande.
por makf | 18 Sep, 2025 | Job
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Capítulo 1
1 Había en el país de Us un hombre llamado, Job. Este hombre era íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal.
2 Le habían nacido siete hijos y tres hijas,
3 y poseía una hacienda de siete mil ovejas, y tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes y quinientas asnas, además de una servidumbre muy numerosa. Este hombre era el más rico entre todos los Orientales.
4 Sus hijos tenían la costumbre de ofrecer por turno un banquete, cada uno en su propia casa, e invitaban a sus tres hermanas a comer y a beber con ellos.
5 Una vez concluido el ciclo de los festejos, Job los hacía venir y los purificaba; después se levantaba muy de madrugada y ofrecía un holocausto por cada uno de ellos. Porque pensaba: «Tal vez mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en su corazón». Así procedía Job indefectiblemente.
6 El día en que los hijos de Dios fueron a presentarse delante del Señor, también el Adversario estaba en medio de ellos.
7 El Señor le dijo: «¿De dónde vienes?». El Adversario respondió al Señor: «De rondar por la tierra, yendo de aquí para allá».
8 Entonces el Señor le dijo: «¿Te has fijado en mi servidor Job? No hay nadie como él sobre la tierra: es un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal».
9 Pero el Adversario le respondió: «¡No por nada teme Job al Señor!
10 ¿Acaso tú no has puesto un cerco protector alrededor de él, de su casa y de todo lo que posee? Tú has bendecido la obra de sus manos y su hacienda se ha esparcido por todo el país.
11 Pero extiende tu mano y tócalo en lo que posee: ¡seguro que te maldecirá en la cara!».
12 El Señor dijo al Adversario: «Está bien. Todo lo que le pertenece está en tu poder, pero no pongas tu mano sobre él». Y el Adversario se alejó de la presencia del Señor.
13 El día en que sus hijos e hijas estaban comiendo y bebiendo en la casa del hermano mayor,
14 llegó un mensajero y dijo a Job: «Los bueyes estaban arando y las asnas pastaban cerca de ellos,
15 cuando de pronto irrumpieron los sabeos y se los llevaron, pasando a los servidores al filo de la espada. Yo solo pude escapar para traerte la noticia».
16 Todavía estaba hablando, cuando llegó otro y le dijo: «Cayó del cielo fuego de Dios, e hizo arder a las ovejas y a los servidores hasta consumirlos. Yo solo pude escapar para traerte la noticia».
17 Todavía estaba hablando, cuando llegó otro y le dijo: «Los caldeos, divididos en tres grupos, se lanzaron sobre los camellos y se los llevaron, pasando a los servidores al filo de la espada. Yo solo pude escapar para traerte la noticia».
18 Todavía estaba hablando, cuando llegó otro y le dijo: «Tus hijos y tus hijas comían y bebían en la casa de su hermano mayor,
19 y de pronto sopló un fuerte viento del lado del desierto, que sacudió los cuatro ángulos de la casa. Esta se desplomó sobre los jóvenes, y ellos murieron. Yo solo pude escapar para traerte la noticia».
20 Entonces Job se levantó y rasgó su manto; se rapó la cabeza, se postró con el rostro en tierra
21 y exclamó: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allí. El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó: ¡bendito sea el nombre del Señor!».
22 En todo esto, Job no pecó ni dijo nada indigno contra Dios.
por makf | 18 Sep, 2025 | Macabeos2
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Capítulo 15
1 Cuando Nicanor supo que los hombres de Judas se hallaban en las regiones de Samaría, resolvió atacarlos sin ningún riesgo el día de descanso.
2 Los judíos que iban con él por la fuerza, le dijeron: «No los mates tan despiadada y cruelmente; respeta más bien el día que ha sido santificado especialmente por Aquel que todo lo ve».
3 El muy perverso preguntó si había en el cielo un Soberano que hubiera ordenado celebrar el día sábado.
4 Ellos le respondieron: «El mismo Señor que vive en el cielo es el Soberano que ha mandado observar el séptimo día».
5 El replicó: «También yo soy soberano en la tierra y ordeno empuñar las armas para servir al rey». Sin embargo, no llegó a realizar su funesto designio.
6 Nicanor, ensoberbecido sobremanera, había decidido levantar un monumento público, con los trofeos ganados a los hombres de Judas.
7 Por el contrario, el Macabeo mantenía una confianza inalterable, esperando recibir la ayuda del Señor.
8 El exhortaba a sus compañeros a no temer el ataque de los paganos, y a contar con la victoria que también esta vez les vendría de la mano del Todopoderoso, recordando los auxilios que antes habían recibido del Cielo.
9 También los alentaba, por medio de la Ley y los Profetas, recordándoles los combates que habían sostenido exitosamente, y así reavivó su coraje.
10 Y al mismo tiempo que les infundía valor, los estimulaba mostrándoles la deslealtad de los paganos y cómo violaban sus juramentos.
11 De esa manera, armó a cada uno de ellos, no tanto con la seguridad que dan los escudos y las lanzas, cuanto con la confianza que infunden las palabras de aliento. Además les expuso un sueño totalmente fidedigno, que los alegró a todos.
12 El había visto lo siguiente: Onías, el que había sido Sumo Sacerdotes, hombre cabal, de trato modesto, de carácter afable, de hablar mesurado, ejercitado desde niño en todas las prácticas virtuosas, oraba con los brazos extendidos por toda la comunidad de los judíos.
13 Luego apareció también un personaje que se destacaba por sus cabellos blancos y su prestancia, revestido de una dignidad soberana y majestuosa.
14 Entonces Onías tomó la palabra y dijo: «Este es Jeremías, el profeta de Dios, que ama a sus hermanos, y ora sin cesar por su pueblo y por la Ciudad santa».
15 Después Jeremías extendió su mano derecha y entregó a Judas una espada de oro, diciendo mientras se la daba:
16 «Recibe esta espada santa como un don de Dios: con ella destruirás a tus enemigos».
17 Reconfortados con estas bellísimas palabras de Judas, capaces de llevar al heroísmo y de robustecer los corazones juveniles, todos decidieron no quedarse a la defensiva, sino lanzarse valerosamente a la ofensiva, y decidir la situación luchando con la mayor valentía, porque estaban en peligro la Ciudad, las instituciones sagradas y el Santuario.
18 El cuidado de las mujeres y los niños, de sus hermanos y parientes, pasaba a segundo plano; lo primero y principal era el Templo consagrado.
19 Y no era menor la angustia de los que habían quedado en la ciudad, preocupados como estaban por el combate que se iba a librar en campo abierto.
20 Todos aguardaban el desenlace inminente. Los enemigos ya se habían concentrado y el ejército se había alineado en orden de batalla; los elefantes estaban situados en lugares estratégicos y la caballería se había ubicado en los flancos.
21 Entonces el Macabeo, al ver las tropas que tenía delante, la variedad de las armas con que estaban equipadas y la ferocidad de los elefantes, extendió las manos hacia el cielo e invocó al Señor que hace prodigios, porque sabía muy bien que no es por medio de las armas, sino de la manera como él lo decide, que otorga la victoria a los que la merecen.
22 El hizo su invocación con estas palabras: «Tú, gran Señor, enviaste a tú ángel a Ezequías, rey de Judá, y él exterminó a ciento ochenta y cinco mil hombres del ejército de Senaquerib.
23 Envía también ahora, Soberano del cielo, un ángel protector delante de nosotros para sembrar el pánico y el terror.
24 ¡Que por la fuerza de tu brazo queden aterrados los que avanzan blasfemando contra tu Pueblo santo!». Así terminó su oración.
25 Mientras las tropas de Nicanor avanzaban al son de trompetas y cantos de guerra,
26 los hombres de Judas se enfrentaron con sus enemigos entre invocaciones y plegarias.
27 Ellos luchaban con sus manos, y con el corazón oraban a Dios. Así abatieron a no menos de treinta y cinco mil hombres, y se regocijaron por la visible intervención de Dios.
28 Cuando volvían gozosos del combate, reconocieron a Nicanor, tendido en tierra con su armadura.
29 Entre gritos y clamores, bendecían al Señor en la lengua de sus padres.
30 Después, el que se había entregado por entero, en cuerpo y alma, combatiendo en primera línea por sus compatriotas, el que había conservado hacia ellos el afecto de su juventud, mandó cortar la cabeza y un brazo entero de Nicanor, y ordenó que los llevaran a Jerusalén.
31 Al llegar allí, convocó a sus compatriotas y a los sacerdotes, se puso delante del altar y mandó buscar a los de la Ciudadela.
32 Entonces les mostró la cabeza del malvado Nicanor y el brazo que aquel blasfemo, en un arrebato de soberbia, había levantado contra la santa Casa del Todopoderoso.
33 Luego mandó que la lengua del impío Nicanor fuera cortada a pedazos y arrojada a los pájaros, y que su brazo fuera colgado frente al Santuario, como pago de su insensatez.
34 Todos elevaron sus bendiciones hacia el cielo, en honor del Señor que se les había manifestado, exclamando: «¡Bendito sea el que ha conservado sin mancha su Lugar santo!».
35 Judas mandó colgar de la Ciudadela la cabeza de Nicanor, como un signo manifiesto y visible a todos de la protección del Señor.
36 Todos decretaron de común acuerdo que aquel día no se dejara de conmemorar, sino que fuera celebrado el día trece del duodécimo mes –llamado Adar en arameo– víspera del día llamado de Mardoqueo.
37 Estos son los sucesos referentes a Nicanor. Como a partir de entonces la Ciudad quedó en poder de los hebreos, aquí mismo terminaré mi relato.
38 Si este ha sido bueno y bien logrado, no es otra cosa lo que yo pretendía. Si, por el contrario, es imperfecto y mediocre, lo cierto es que hice todo lo que pude.
39 Porque así como beber solamente vino o solamente agua es perjudicial y, en cambio, el vino mezclado con agua es agradable y produce un placer especial, de la misma manera la disposición armoniosa del relato agrada a los oídos de los que leen la obra. Y con esto, llegamos al fin.