Eclesiastico (Eclo / Si) 38

[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ][ 32. ][ 33. ][ 34. ][ 35. ][ 36. ][ 37. ][ 38. ]
[ 39. ][ 40. ][ 41. ][ 42. ][ 43. ][ 44. ][ 45. ][ 46. ][ 47. ]
[ 48. ][ 49. ][ 50. ][ 51. ]

«AnteriorSiguiente»


Capítulo 38

1 Honra al médico por sus servicios, como corresponde, porque también a él lo ha creado el Señor.

2 La curación procede del Altísimo, y el médico recibe presentes del rey.

3 La ciencia del médico afianza su prestigio y él se gana la admiración de los grandes.

4 El Señor hizo brotar las plantas medicinales, y el hombre prudente no las desprecia.

5 ¿Acaso una rama no endulzó el agua, a fin de que se conocieran sus propiedades?

6 El Señor dio a los hombres la ciencia, para ser glorificado por sus maravillas.

7 Con esos remedios el médico cura y quita el dolor, y el farmacéutico prepara sus ungüentos.

8 Así, las obras del Señor no tienen fin, y de él viene la salud a la superficie de la tierra.

9 Si estás enfermo, hijo mío, no seas negligentes, ruega al Señor, y él te sanará.

10 No incurras en falta, enmienda tu conducta y purifica tu corazón de todo pecado.

11 Ofrece el suave aroma y el memorial de harina, presenta una rica ofrenda, como si fuera la última.

12 Después, deja actuar al médico, porque el Señor lo creó; que no se aparte de ti, porque lo necesitas.

13 En algunos casos, tu mejoría está en sus manos,

14 y ellos mismos rogarán al Señor que les permita dar una alivio y curar al enfermo, para que se restablezca.

15 El hombre que peca delante de su Creador, ¡que caiga en manos del médico!

16 Hijo mío, por un muerto, derrama lágrimas, y entona un lamento, como quien sufre terriblemente. Entierra su cadáver en la forma establecida y no descuides su sepultura.

17 Llora amargamente, golpéate el pecho, y observa el duelo que él se merece, uno o dos días, para evitar comentarios, y luego consuélate de tu tristeza.

18 Porque la tristeza lleva a la muerte y un corazón abatido quita las fuerzas.

19 En la desgracia la tristeza es permanente, y el corazón maldice una vida miserable.

20 No te dejes llevar por la tristeza, aléjala, acordándote de tu fin.

21 Nunca lo olvides: ¡no hay camino de retorno! Al muerto, no podrás serle útil y te harás mal a ti.

22 «Recuerda mi destino, que será también el tuyo: ayer a mí y hoy a ti».

23 Ya que el muerto descansa, deja en paz su memoria, y trata de consolarte, porque ha partido su espíritu.

24 La sabiduría del escriba exige tiempo y dedicación, y el que no está absorbido por otras tareas, se hará sabio.

25 ¿Cómo se hará sabio el que maneja el arado y se enorgullece de empuñar la picana, el que guía los bueyes, trabaja con ellos, y no sabe hablar más que de novillos?

26 El pone todo su empeño en abrir los surcos y se desvela por dar forraje a las terneras.

27 Lo mismo pasa con el artesano y el constructor, que trabajan día y noche; con los que graban las efigies de los sellos y modifican pacientemente los diseños: ellos se dedican a reproducir el modelo y trabajan hasta tarde para acabar la obra.

28 Lo mismo pasa con el herrero, sentado junto al yunque, con la atención fija en el hierro que forja: el vaho del fuego derrite su carne y él se debate con el calor de la fragua; el ruido del martillo ensordece sus oídos y sus ojos están fijos en el modelo del objeto; pone todo su empeño en acabar sus obras y se desvela por dejarlas bien terminadas.

29 Lo mismo pasa con el alfarero, sentado junto a su obra, mientras hace girar el torno con sus pies: está concentrado exclusivamente en su tarea y apremiado por completar la cantidad;

30 con su brazo modela la arcilla y con los pies vence su resistencia; pone todo su empeño en acabar el barnizado y se desvela por limpiar el horno.

31 Todos ellos confían en sus manos, y cada uno se muestra sabio en su oficio.

32 Sin ellos no se levantaría ninguna ciudad, nadie la habitaría ni circularía por ella.

33 Pero no se los buscará para el consejo del pueblo ni tendrán preeminencia en la asamblea; no se sentarán en el tribunal del juez ni estarán versados en los decretos de la Alianza.

34 No harán brillar la instrucción ni el derecho, ni se los encontrará entre los autores de proverbios. Sin embargo, ellos afianzan la creación eterna y el objeto de su plegaria son los trabajos de su oficio.

Eclesiastico (Eclo / Si) 37

[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ][ 32. ][ 33. ][ 34. ][ 35. ][ 36. ][ 37. ][ 38. ]
[ 39. ][ 40. ][ 41. ][ 42. ][ 43. ][ 44. ][ 45. ][ 46. ][ 47. ]
[ 48. ][ 49. ][ 50. ][ 51. ]

«AnteriorSiguiente»


Capítulo 37

1 Todo amigo dice: «También yo soy tu amigo», pero hay amigos que lo son sólo de nombre.

2 ¿No entristece acaso hasta la muerte ver a un amigo querido transformarse en enemigo?

3 ¡Perversa inclinación! ¿De dónde te han hecho rodar para cubrir la tierra de falsedad?

4 ¡Un compañero comparte las alegrías del amigo y en el momento de la aflicción, se vuelve contra él!

5 ¡Otro sufre con el amigo para llenarse su vientre, y a la hora del combate, empuña el escudo!

6 Nunca te olvides de un buen amigo, y acuérdate de él cuando tengas riquezas.

7 Todo el que aconseja recomienda su consejo, pero hay quien aconseja pensando sólo en sí mismo.

8 Sé precavido con el que da consejos y averigua primero qué le hace falta, porque entonces aconsejará lo que le convenga a él; no sea que le dé lo mismo una cosa que otra

9 y te diga: «Vas por el buen camino», mientras se pone enfrente a ver qué te pasa.

10 No consultes al que te subestima, y al que tiene celos de ti, ocúltale tus designios.

11 No pidas consejo a una mujer sobre su rival, ni a un cobarde sobre la guerra, ni a un comerciante sobre un negocio, ni a un comprador sobre una venta, ni a un envidiosos sobre la gratitud, ni a un despiadado sobre un beneficio, ni a un perezoso sobre cualquier trabajo, ni al que trabaja por horas sobre la conclusión de una obra, ni a un servidor holgazán sobre un trabajo difícil: no cuentes con estos para ningún consejo.

12 Pero recurre asiduamente a un hombre piadoso, de quien te consta que cumple los mandamientos, capaz de sentir lo que tú mismo sientes, y que sufrirá contigo si das un traspié.

13 Déjate llevar por lo que te dicta el corazón, porque nadie te será más fiel que él:

14 el alma de un hombre suele advertir a menudo mejor que siete vigías apostados sobre una altura.

15 Y por encima de todo ruego al Altísimo, para que dirija tus pasos en la verdad.

16 Principio de toda obra es la conversación, y antes de toda acción, está el consejo.

17 Raíz de los pensamientos es el corazón, y él hace brotar cuatro ramas:

18 el bien y el mal, la vida y la muerte, y la que decide siempre en todo esto es la lengua.

19 Un hombre puede ser hábil para instruir a muchos y, sin embargo, ser inútil para sí mismo.

20 El que es sabio de labios para afuera, se hace odioso y acabará sin tener qué comer:

21 no se le ha concedido el favor del Señor, porque estaba desprovisto de toda sabiduría.

22 Si un hombre es sabio para sí mismo, los frutos de su inteligencia están en su boca y son dignos de fe.

23 Un hombre sabio instruye a su propio pueblo y los frutos de su inteligencia son dignos de fe.

24 Un hombre sabio es colmado de bendiciones y, al verlo, todos lo felicitan.

25 El hombre tiene sus días contados, pero los días de Israel son incontables.

26 Un hombre sabio se gana la confianza de su pueblo y su nombre sobrevive para siempre.

27 Hijo mío, para tu régimen de comida, pruébate a ti mismo: mira qué te hace mal y prívate de ello.

28 Porque no todo es conveniente para todos ni a todos les gusta lo mismo.

29 No seas insaciable de placeres ni te excedas en las comidas.

30 Porque el exceso en las comidas acarrea enfermedades y la glotonería provoca cólicos.

31 La glotonería causó la muerte de muchos, pero el que se cuida prolongará su vida.

Eclesiastico (Eclo / Si) 36

[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ][ 32. ][ 33. ][ 34. ][ 35. ][ 36. ][ 37. ][ 38. ]
[ 39. ][ 40. ][ 41. ][ 42. ][ 43. ][ 44. ][ 45. ][ 46. ][ 47. ]
[ 48. ][ 49. ][ 50. ][ 51. ]

«AnteriorSiguiente»


Capítulo 36

1 Ten piedad de nosotros, Dueño soberano, Dios de todas las cosas, y mira, infunde tu temor a todas las naciones.

2 Levanta tu mano contra las naciones extranjeras y que ellas vean tu dominio.

3 Así como les manifestaste tu santidad al castigarnos, manifiéstanos también tu grandeza castigándolas a ellas;

4 y que ellas te reconozcan, como hemos reconocido nosotros que no hay otro Dios fuera de ti, Señor.

5 Renueva los signos y repite las maravillas, glorifica tu mano y tu brazo derecho.

6 Despierta tu furor y derrama tu ira, suprime al adversario y extermina al enemigo.

7 Apresura la hora y acuérdate del juramento, para que se narren tus hazañas.

8 Que el fugitivo sea devorado por el ardor del fuego, y que encuentren su perdición los que maltratan a tu pueblo.

9 Aplasta la cabeza de los jefes enemigos, que dicen: «¡No hay nadie fuera de nosotros!».

10 Congrega a todas las tribus de Jacob, y entrégales su herencia, como al comienzo.

11 Ten piedad, Señor, del pueblo que es llamado con tu Nombre, de Israel, a quien trataste como a un primogénito.

12 Ten compasión de Ciudad santa, de Jerusalén, el lugar de reposo.

13 Llena a Sión de alabanzas por tu triunfo, y a tu pueblo, cólmalo de tu gloria.

14 Da testimonio a favor de los que tú creaste en el principio, y cumple las profecías anunciadas en tu Nombre.

15 Dales la recompensa a los que te aguardan, y que se compruebe la veracidad de tus profetas.

16 Escucha, Señor, la oración de los que te suplican, conforme a la bendición de Aarón sobre tu pueblo,

17 para que todos los que viven en la tierra reconozcan que tú eres el Señor, el Dios eterno.

18 El estómago asimila toda clase de alimentos, pero hay unos mejores que otros.

19 El paladar distingue los manjares y el corazón inteligente descubre las mentiras.

20 Un corazón tortuoso provoca contrariedades, pero el hombre de experiencia le da su merecido.

21 Una mujer acepta cualquier marido, pero unas jóvenes son mejores que otras.

22 La hermosura de la mujer alegra el rostro y supera todos los deseos del hombre.

23 Si en sus labios hay bondad y dulzura, su marido ya no es más uno de tantos hombres.

24 El que adquiere una mujer tiene el comienzo de la fortuna, una ayuda adecuada a él y una columna donde apoyarse.

25 Donde no hay valla, la propiedad es saqueada, y donde no hay mujer, el hombre gime y va a la deriva.

26 ¿Quién puede fiarse de un salteador que va rápidamente de ciudad en ciudad?

27 Así sucede con el hombre sin nido, que se alberga donde lo sorprende la noche.

Eclesiastico (Eclo / Si) 35

[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ][ 32. ][ 33. ][ 34. ][ 35. ][ 36. ][ 37. ][ 38. ]
[ 39. ][ 40. ][ 41. ][ 42. ][ 43. ][ 44. ][ 45. ][ 46. ][ 47. ]
[ 48. ][ 49. ][ 50. ][ 51. ]

«AnteriorSiguiente»


Capítulo 35

1 Observar la Ley es como presentar muchas ofrendas y ser fiel a los mandamientos es ofrecer un sacrificio de comunión;

2 devolver un favor es hacer una oblación de harina y hacer limosna es ofrecer un sacrifico de alabanza.

3 La manera de agradar al Señor es apartarse del mal, y apartarse de la injusticia es un sacrificio de expiación.

4 No te presentes ante el Señor con las manos vacías, porque todo esto lo prescriben los mandamientos.

5 Cuando la ofrenda del justo engrasa el altar, su fragancia llega a la presencia del Altísimo.

6 El sacrificio del justo es aceptado y su memorial no caerá en el olvido.

7 Glorifica al Señor con generosidad y no mezquines las primicias de tus manos.

8 Da siempre con el rostro radiante y consagra el diezmo con alegría.

9 Da al Altísimo según lo que él te dio, y con generosidad, conforme a tus recursos,

10 porque el Señor sabe retribuir y te dará siete veces más.

11 No pretendas sobornarlo con un don, porque no lo aceptaría, y no te apoyes en un sacrificio injusto.

12 Porque el Señor es juez y no hace distinción de personas:

13 no se muestra parcial contra el pobre y escucha la súplica del oprimido;

14 no desoye la plegaria del huérfano, ni a la viuda, cuando expone su queja.

15 ¿No corren las lágrimas por las mejillas de la viuda y su clamor no acusa al que las hace derramar?

16 El que rinde el culto que agrada al Señor, es aceptado, y su plegaria llega hasta las nubes.

17 La súplica del humilde atraviesa las nubes y mientras no llega a su destino, él no se consuela:

18 no desiste hasta que el Altísimo interviene, para juzgar a los justos y hacerles justicia.

19 El Señor no tardará y no tendrá paciencia con los impíos,

20 hasta quebrar el poderío de los despiadados y dar su merecido a las naciones;

21 hasta extirpar la multitud de los prepotentes y quebrar el cetro de los injustos;

22 hasta retribuir a cada hombre según sus acciones, remunerando las obras de los hombres según sus intenciones;

23 hasta juzgar la causa de su pueblo y alegrarlo con su misericordia.

24 ¡Qué hermosa es la misericordia en le momento de la aflicción, como las nubes de lluvia en tiempo de sequía!

Eclesiastico (Eclo / Si) 34

[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ][ 32. ][ 33. ][ 34. ][ 35. ][ 36. ][ 37. ][ 38. ]
[ 39. ][ 40. ][ 41. ][ 42. ][ 43. ][ 44. ][ 45. ][ 46. ][ 47. ]
[ 48. ][ 49. ][ 50. ][ 51. ]

«AnteriorSiguiente»


Capítulo 34

1 Vanas y engañosas son las esperanzas del insensato, y los sueños dan alas a los necios.

2 Tratar de asir una sombra o correr detrás del viento es dar crédito a los sueños.

3 Las visiones de los sueños no son más que un espejismo: un rostro ante el reflejo de su propia imagen.

4 ¿Puede sacarse algo puro de lo impuro o de la mentira puede salir la verdad?

5 Adivinaciones, augurios y sueños son cosas vanas, puras fantasías, como las de una parturienta.

6 A no ser que los envíe el Altísimo en una visita, no les prestes ninguna atención.

7 Porque los sueños han extraviado a muchos que cayeron por esperar en ellos.

8 La Ley debe cumplirse sin falsedad, y la sabiduría expresada fielmente es perfecta.

9 El que ha viajado mucho sabe muchas cosas, y el hombre de experiencia habla inteligentemente.

10 El que no ha sido probado sabe pocas cosas, pero el que ha andado mucho adquiere gran habilidad.

11 Yo he visto muchas cosas en el curo de mis viajes, y sé mucho más de lo que podría expresar.

12 Muchas veces estuve en peligro de muerte, y gracias a todo eso escapé sano y salvo.

13 El espíritu de los que temen al Señor vivirá, porque han puesto su esperanza en aquel que los salva.

14 El que teme al Señor no se intimida por nada, y no se acobarda, porque él es su esperanza.

15 ¡Feliz el alma del que teme al Señor! ¿En quién se sostiene y cuál es su apoyo?

16 Los ojos del Señor miran a aquellos que lo aman: él es escudo poderoso y apoyo seguro, refugio contra el viento abrasador y el ardor del mediodías, salvaguardia contra el tropiezo y auxilio contra la caída.

17 El levanta el ánimo e ilumina los ojos, da salud, vida y bendición.

18 Ofrecer en sacrificio el fruto de la injusticia es presentar una ofrenda defectuosa, y los dones de los impíos no son aceptados.

19 El Altísimo no acepta las ofrendas de los impíos, y no es por el número de víctimas que perdona los pecados.

20 Como inmolar a un hijo ante los ojos de su padre, es presentar una víctima con bienes quitados a los pobres.

21 Un mendrugo de pan es la vida de los indigentes: el que los priva de él es un sanguinario.

22 Mata a su prójimo el que lo priva del sustento, derrama sangre el que retiene el salario del jornalero.

23 Si uno edifica y otro destruye, ¿qué ganan con eso sino fatigas?

24 Si uno suplica y otro maldice, ¿qué voz escuchará el Dueño de todo?

25 El que vuelve a toca a un muerte después de haberse lavado, ¿qué ha ganado con purificarse?

26 Así es el hombre que ayuda por sus pecados y luego vuelve a cometerlos ¿quién escuchará su plegaria y qué ha ganado con humillarse?

Eclesiastico (Eclo / Si) 33

[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ][ 32. ][ 33. ][ 34. ][ 35. ][ 36. ][ 37. ][ 38. ]
[ 39. ][ 40. ][ 41. ][ 42. ][ 43. ][ 44. ][ 45. ][ 46. ][ 47. ]
[ 48. ][ 49. ][ 50. ][ 51. ]

«AnteriorSiguiente»


Capítulo 33

1 El que teme al Señor no sufrirá ningún mal y en la prueba será librado una y otra vez.

2 Un hombre sabio nunca detesta la Ley, pero el que finge observarla es como un barco en la tempestad.

3 Un hombre inteligente confía en la Ley y la tiene tanta fe como a un oráculo divino.

4 Prepara lo que vas a decir, y así serás escuchado, resume lo que sabes, y luego responde.

5 Los sentimientos del necio son una rueda de carro y su conversación, como un eje que da vueltas.

6 Un amigo burlón es como un caballo en celo: relincha bajo cualquier jinete.

7 ¿Por qué un día es más importantes que otro, si a todos los días del año la luz les viene del sol?

8 Es la ciencia del Señor la que los hizo diferentes, y él diversificó los tiempos y las fiestas:

9 a unos días los exaltó y consagró, y a otros los computó entre los días ordinarios.

10 Todos los hombres provienen del suelo, y Adán fue creado de la tierra;

11 pero, en su gran sabiduría, el Señor los distinguió y los hizo marchar por caminos diversos:

12 a unos los bendijo y exaltó, los consagró y los acercó a él; a otros los maldijo y humilló, y los derribó de sus puestos.

13 Como está la arcilla en las manos del alfarero, que dispone de ella según su voluntad, así están los hombres en las manos de su Creador, y él les retribuirá según su decisión.

14 Frente al mal, está el bien y frente a la muerte, la vida: así, frente al hombre bueno, está el pecador.

15 Considera asimismo todas las obras del Altísimo: están de dos en dos, una frente a otra.

16 Yo, el último en llegar, me mantuve alerta como quien recoge detrás de los viñadores.

17 Por la bendición del Señor, he llegado a tiempo, y como un viñador, he llenado el lagar.

18 Sepan que no me fatigué para mí solamente, sino para todos los que buscan la instrucción.

19 Escúchenme, grandes del pueblo, y ustedes, jefes de la asamblea, préstenme atención.

20 Sea hijo o mujer, hermano o amigo, a nadie des autoridad sobre ti mientras vivas. Tampoco entregues tus bienes a otro, no sea que te arrepientas y los tengas que reclamar.

21 Mientras vivas y tengas aliento, no te dejes enajenar por nadie:

22 es mejor que tus hijos te pidan que tener tus ojos fijos en sus manos.

23 En todo lo que hagas, sé tú el que dirige, y no manches con nada tu reputación.

24 Cuando lleguen a su término los días de tu vida, a la hora de la muerte, reparte tu herencia.

25 Al asno el forraje, el bastón y la carga; al servidor el pan, la disciplina y el trabajo.

26 Obliga a trabajar a tu esclavo, y encontrarás descanso; déjalo desocupado, y buscará la libertad.

27 El yugo y las riendas doblegan la nuca, y para el servidor perverso, están la tortura y el tormento.

28 Fuérzalo a trabajar, para que no se quede ocioso, porque el ocio enseña muchas cosas malas.

29 Oblígalo a trabajar como le corresponde, y si no obedece, ata sus pies con cadenas.

30 Pero a nadie le exijas más de la cuenta, y no hagas nada sin justicia.

31 Si no tienes más que un servidor, considéralo como a ti mismo, porque lo has adquirido con sangre;

32 si no tienes más que un servidor, trátalo como a un hermano, porque lo necesitas tanto como a ti mismo.

33 Si tú lo maltratas y él termina por escaparse, ¿por qué camino lo irás a buscar?

Eclesiastico (Eclo / Si) 32

[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ][ 32. ][ 33. ][ 34. ][ 35. ][ 36. ][ 37. ][ 38. ]
[ 39. ][ 40. ][ 41. ][ 42. ][ 43. ][ 44. ][ 45. ][ 46. ][ 47. ]
[ 48. ][ 49. ][ 50. ][ 51. ]

«AnteriorSiguiente»


Capítulo 32

1 ¿Te toca presidir la mesa? No te envanezcas: compórtate con los demás como uno de ellos y atiéndelos bien antes de sentarte.

2 Una vez cumplido todo tu oficio, ocupa tu puesto para alegrarte a causa de los comensales y verte coronado porque todo está en orden.

3 Habla, anciano, porque te corresponde hacerlo, pero con discreción y sin interrumpir la música.

4 Mientras se escucha, no te pongas a charlar ni te hagas el sabio fuera de tiempo

5 Sello de rubí en una alhaja de oro es un concierto musical mientras se bebe vino;

6 sello de esmeralda en un engaste de oro es la música melodiosa sobre la dulzura del vino.

7 Habla, joven, cuando sea necesario, pero dos veces a lo más, y si te preguntan.

8 Habla concisamente, di mucho en pocas palabras: sé como uno que sabe y sin embargo se calla.

9 En medio de los grandes, no pretendas igualarlos, y si otro habla, sé parco en tus palabras.

10 El relámpago brilla antes del trueno y el encanto precede al hombre modesto.

11 Levántate a tiempo, se seas el último en irte, ve derecho a tu casa, sin entretenerte por el camino.

12 Diviértete allí como más te guste, pero sin pecar con palabras arrogantes.

13 Y por todo eso, bendice a tu Creador, que te embriaga con sus bienes.

14 El que teme al Señor acepta ser instruido y los que lo buscan ardientemente alcanzarán su favor.

15 El que busca la Ley se saciará de ella, pero al que finge observarla le sirve de tropiezo.

16 Los que temen al Señor descubren lo que es recto y hacen brillar sus preceptos como una lámpara.

17 El hombre pecador no tolera ningún reproche y encuentra pretextos para hacer lo que quiere.

18 El hombre de consejo no descuida la reflexión; el impío y el arrogante proceden temerariamente.

19 No hagas nada sin el debido consejo y no te arrepentirás de tus acciones.

20 No vayas por un camino lleno de obstáculos y no tropezarás contra las piedras.

21 No te fíes del camino despejado

22 y cuídate hasta de tus hijos.

23 En todo lo que hagas, sé fiel a ti mismo, porque también eso es observar los mandamientos.

24 El que confía en la Ley presta atención a los mandamientos y el que confía en el Señor no sufrirá menoscabo.

Eclesiastico (Eclo / Si) 31

[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ][ 32. ][ 33. ][ 34. ][ 35. ][ 36. ][ 37. ][ 38. ]
[ 39. ][ 40. ][ 41. ][ 42. ][ 43. ][ 44. ][ 45. ][ 46. ][ 47. ]
[ 48. ][ 49. ][ 50. ][ 51. ]

«AnteriorSiguiente»


Capítulo 31

1 Los desvelos del rico terminan por consumirlo y el afán de riquezas hace perder el sueño.

2 La preocupación por el sustento no deja dormir, y priva del sueño más que una grave enfermedad.

3 El rico se fatiga por amontonar una fortuna, y si descansa, es para hartarse de placeres;

4 el pobre se fatiga por amontonar una fortuna, y si descansa, cae en la indigencia.

5 El que ama el oro nunca podrá ser justo, y el afán de lucro hace extraviar a un hombre.

6 Muchos acabaron en la ruina por culpa del oro y se enfrentaron con su propia perdición,

7 porque el oro es una trampa para los que se enloquecen por él, y todos los insensatos se dejan atrapar.

8 ¡Feliz el rico que se conserva íntegro y no corre detrás del oro!

9 ¿Quién es él? Y lo felicitaremos porque ha hecho maravillas en su pueblo.

10 ¿Quién pasó por esta prueba y demostró ser perfecto? Tiene un buen motivo para gloriarse. ¿Quién pudo transgredir y no transgredió, hacer el mal y no lo hizo?

11 Sus bienes estarán asegurados y la asamblea publicará sus beneficios.

12 ¿Estás sentado a la mesa de un grande? No digas, relamiéndote los labios: «¡Cuántas cosas hay aquí!».

13 Acuérdate que está mal tener un ojo ávido: ¿ha sido creado algo peor que el ojo? Por eso derrama lágrimas por cualquier cosas.

14 No extiendas la mano a todo lo que veas, para no tropezar con tu vecino en el plato.

15 Juzga al prójimo por lo que tú mismo sientes y reflexiona siempre que hagas algo.

16 Come como persona educada lo que pongan delante y no mastiques ruidosamente, para no hacer odioso.

17 Sé el primero en dejar de comer, por buena educación, y no seas insaciable, para no chocar.

18 Si estás sentado entre muchos comensales, no extiendas tu mano antes que los demás.

19 ¡Qué poco le basta a un hombre bien educado! Por eso no se sofoca cuando está en su lecho.

20 A estómago sobrio, sueño saludable: uno se levanta temprano, y está bien despierto. Insomnio penoso, náuseas y cólicos: eso le espera al hombre insaciable.

21 Y si te han forzado a excedente en la comida, levántate, ve lejos a vomitar y sentirás alivio.

22 Escúchame, hijo mío, no me desprecies, y al final comprenderás mis palabras: sé moderado en todas tus acciones y nunca caerás enfermo.

23 Los labios bendicen al que sirve bien de comer y el testimonio de su generosidad es digno de fe.

24 La ciudad murmura del que mezquina el pan y el testimonio de su mezquindad es exacto.

25 No te hagas el valiente con el vino, porque el vino ha sido la perdición de muchos.

26 Como la fragua pone a prueba el temple del acero, el vino prueba al hombre en las disputas de los prepotentes.

27 El vino es como la vida para el hombre, siempre que se lo beba con moderación. ¿Qué es la vida cuando falta el vino? Porque él fue creado para alegría de los hombres.

28 Gozo del corazón y alegría del alma es el vino bebido a su tiempo y en la medida conveniente.

29 Amargura del alma es el vino bebido en exceso, con ánimo de desafiar y provocar.

30 La embriaguez enfurece al necio hasta el escándalo, disminuye sus fuerzas y le provoca heridas.

31 Mientras se bebe vino, no reprendas a tu prójimo ni lo humilles si se pone alegre; no le dirijas palabras injuriosas ni lo importunes con reclamos.

Eclesiastico (Eclo / Si) 30

[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ][ 32. ][ 33. ][ 34. ][ 35. ][ 36. ][ 37. ][ 38. ]
[ 39. ][ 40. ][ 41. ][ 42. ][ 43. ][ 44. ][ 45. ][ 46. ][ 47. ]
[ 48. ][ 49. ][ 50. ][ 51. ]

«AnteriorSiguiente»


Capítulo 30

1 El que ama a su hijo lo castiga asiduamente, para poder alegrarse de él en el futuro.

2 El que educa bien a su hijo encontrará satisfacción en él y se sentirá orgulloso entre sus conocidos.

3 El que instruye a su hijo dará envidia a su enemigo y se sentirá dichoso delante de sus amigos,

4 Muere el padre, y es como si no muriera, porque deja detrás de sí a uno igual a él.

5 Mientras vive, se alegra de verlo, y a su muerte, no siente ningún pesar:

6 deja a alguien que lo vengará de sus enemigos y devolverá los favores a sus amigos.

7 El que mima a su hijo vendará sus heridas y a cada grito que dé, se le conmoverán las entrañas.

8 Un caballo sin domar se vuelve reacio, y un hijo consentido se vuelve insolente.

9 Malcría a tu hijo, y te hará temblar; juega con él, y te llenará de tristeza.

10 No hagas bromas con él, para no sufrir con él ni rechinar tus dientes al final.

11 No les des rienda suelta en su juventud,

12 pégale sin temor mientras es niño, no sea que se vuelva rebelde y te desobedezca.

13 Educa a tu hijo y fórmalo bien, para que no tengas que soportar su desvergüenza.

14 Más vale pobre sano y vigoroso que rico lleno de achaques.

15 La salud y el vigor valen más que todo el oro y el cuerpo robusto, más que una inmensa fortuna.

16 No hay mejor riqueza que la salud del cuerpo ni mayor felicidad que la alegría del corazón.

17 Es preferible la muerte a una vida amarga y el descanso eterno a una enfermedad incurable.

18 Manjares derramados sobre una boca cerrada son los alimentos depositados sobre una tumba:

19 ¿de qué le sirve al ídolo la ofrenda si no puede comer ni gustar? Así pasa con el hombre perseguido por el Señor:

20 mira con sus ojos y lanza un suspiro, como un eunuco cuando abraza a una virgen.

21 No dejes que la tristeza se apodere de ti ni te atormentes con tus cavilaciones.

22 Un corazón alegre es la vida del hombre y el gozo alarga el número de sus días.

23 Vive ilusionado y consuela tu corazón, y aparta lejos de ti la tristeza, porque la tristeza fue la perdición de muchos y no se saca de ella ningún provecho.

24 La envidia y la ira acortan la vida y las preocupaciones hacen envejecer antes de tiempo.

25 Un hombre de corazón alegre tiene buen apetito y lo que come le hace provecho.

Eclesiastico (Eclo / Si) 29

[ 1. ][ 2. ][ 3. ][ 4. ][ 5. ][ 6. ][ 7. ][ 8. ][ 9. ][ 10. ][ 11. ]
[ 12. ][ 13. ][ 14. ][ 15. ][ 16. ][ 17. ][ 18. ][ 19. ][ 20. ]
[ 21. ][ 22. ][ 23. ][ 24. ][ 25. ][ 26. ][ 27. ][ 28. ][ 29. ]
[ 30. ][ 31. ][ 32. ][ 33. ][ 34. ][ 35. ][ 36. ][ 37. ][ 38. ]
[ 39. ][ 40. ][ 41. ][ 42. ][ 43. ][ 44. ][ 45. ][ 46. ][ 47. ]
[ 48. ][ 49. ][ 50. ][ 51. ]

«AnteriorSiguiente»


Capítulo 29

1 El que practica la misericordia presta a su prójimo, y el que acude en su ayuda observa los mandamientos.

2 Presta a tu prójimo cuando esté necesitado, y restitúyele a tu vez en el momento convenido.

3 Cumple tu palabra y sé leal con él, y encontrarás en todo momento lo que necesites.

4 Muchos consideran el préstamo como una ganga y ponen en aprietos a quienes los han ayudado.

5 Hasta que reciben, besan las manos de la gente y hablan con humildad de las riquezas del prójimo, pero en el momento de restituir, piden prórroga, sólo devuelven con palabras quejumbrosas y echan la culpa a las circunstancias.

6 Si llegan a pagar, el acreedor recibe apenas la mitad y tiene que aceptarlo como un favor. Si no, lo despojan de sus riquezas, y él se gana inútilmente un enemigo que le paga con maldiciones e insultos y le devuelve desprecio en vez de honrarlo.

7 Así, muchos se niegan a prestar, no por maldad, sino por temor a ser despojados sin razón.

8 Pero tú sé indulgente con el humilde y no le hagas esperar tu limosna.

9 Socorre al pobre para cumplir el mandamiento y, en su indigencia, no lo despidas con las manos vacías.

10 Pierde tu dinero por un hermano y un amigo: que no se herrumbre bajo una piedra y lo pierdas.

11 Deposita tu tesoro según los mandamientos del Altísimo y te reportará más provecho que el oro;

12 que el tesoro encerrado en tus graneros sea la limosna, y ella te preservará de todo mal:

13 mejor que un fuerte escudo y una lanza pesada combatirá a tu favor frente al enemigo.

14 El hombre de bien sale fiador de su prójimo, pero el que perdió la vergüenza lo deja abandonado.

15 No olvides los favores de tu fiador, porque él ha expuesto su vida por ti.

16 El pecador dilapida los bienes de su fiador y el desagradecido abandona al que lo salvó.

17 La fianza perdió a muchos que vivían prósperamente, los sacudió como una ola del mar;

18 obligó a expatriarse a hombres poderosos, que anduvieron fugitivos por países extraños.

19 El pecador que se ofrece como fiador y busca ventaja, se expone a ser procesado.

20 Socorre a tu prójimo en la medida de tus recursos, pero ten cuidado de no arruinarte.

21 Lo esencial para la vida es el agua, el pan, la ropa, y una casa para albergarse dignamente.

22 Más vale vida de pobre en una cabaña que comida exquisita en casa ajena.

23 Conténtate con lo que tienes, sea poco o mucho, y no oirás que te reprochan por ser un extraño.

24 Triste vida es andar de casa en casa: donde eres un extraño, no puedes abrir la boca.

25 Sirves de comer y beber a gente desagradecida, y encima tienes que oír cosas amargas:

26 –Ven aquí, forastero, prepara la mesa, y si tienes algo a mano, dame de comer».

27 –»Deja el lugar para alguien más importante; mi hermano viene a hospedarse, y necesito la casa».

28 ¡Qué duro es para un hombre sensible que le reprochen la hospitalidad y le echen en cara una deuda!

Categorías