por Makf | 3 Abr, 2026 | Apologética 4
Autor: Catholic.net
El secularismo que se da en cierto tipo de educación laica, quiere desaparecer a la religión detro del salón de clases.
Mito 39. En el año 1930, Pio XI condenó a las escuelas públicas.
Refutación y Argumentos Católicos
He de confesar que no he encontrado ningún dato histórico serio que corrobore esta afirmación.
Desde el punto de vista de la personalidad de Pío XI, la afirmación no sólo carece de sentido, sino que se presenta contradictoria. Sería muy extraño que un papa que fuera profesor en el seminario de Padua de 1888 a 1911, colaborador y director de la biblioteca Ambrosiana de Mián, experto paleógrafo, Prefecto de la Biblioteca Vaticana, bien dotado para las lenguas –fue visitador apostólico en Polonia y rehusó salir de Varsovia el año 1920 ante una amenaza de ataque bolchevique- condenara las escuelas públicas.
El lema que adoptó como papa fue: “la paz de Cristo en el reino de Cristo” para significar que la Iglesia y la cristiandad habían de ser operantes en la sociedad y no aisladas de ella. Con la encíclica “Ubi Arcano” de 1922 inauguró la Acción católica para establecer el trabajo entre laicos y jerarquía. Instituyó la fiesta de Cristo rey para hacer frente al secularismo, y fomentar la fe y la vida sobrenatural.
Para seguir afrontanto el mismo problema del secularismo publicó el 31 de diciembre de 1929 la encíclica “Divini illius Magistri”: no se condenan las escuelas públicas lo que se condena es el secularismo que una determinada educación laica pretende inocular en las escuelas.
El Papa siguió contrarrestando el secularismo con la “Casti Connubii”, donde define el matrimonio cristiano y condena la anticoncepción.
Con la Quadragesimo anno del 15 de mayo de 1931 reafirma la doctrina social de León XIII.
Su más importante éxito diplomático lo constituyeron los pactos de Letrán (11 de febrero de 1929), gracias a los cuales se fundó el Estado Vaticano independiente y neutral. La Santa Sede reconocía el reino de Italia con Roma como capital.
El estado italiano indemnizó a la Iglesia con la pérdida de los estados pontificios y aceptó al catolicismo como religión oficial. Sin embargo, no ha de desuicarse que el Papa se mostró hostil al fascismo en 1931 cuando Mussolini disolvió en 1931 los movimientos juveniles católicos, pero sobre todo en 1938, cando el fascismo asumió las mismas teorías raciales de Hitler.
En los años 1933-1936 dirigió al nazismo 34 notas de protesta a causa de la situación de opresión en que se veía la Iglesia, hasta que el 14 de marzo de 1937 se llegó a la ruptura definitiva con la encíclica “Mit brennender Sorge”, que denunciaba las continuas violaciones del concordato del 20 de julio de 1933 y declaraba al nazismo como esencialmente anticristiano.
El Papa protestó contra la persecución anticatólica en México: en abril de 1937 con la encíclica “Nos es muy conocida” exhortó a los católicos a organizarse pacíficamente y a promover la Acción Católica.
Pío XI logró que se calmaran las tensiones surgidas a raíz del debate sobre el modernismo: rehabilitó a algunos de sus exponentes que se veían marginados; se propuso promover la ciencia y la investigación, modernizó la Biblioteca Vaticana, en 1925 fundó el Instituto Pontificio de Arqueología Cristiana, transfirió a Castel Gandolfo el Observatorio Vaticano. Reformó la fomración del Clero.
En 1936 fundó la Pontificia Academia de las Ciencias, admitiendo entre sus miembros a ilustres científicos de varias partes del mundo. En 1931 instaló una estación de radio en la ciudad del Vaticano.
Fue el primer Papa que empleó el radio para fines pastorales.
por Makf | 3 Abr, 2026 | Apologética 4
Autor: Catholic.net
«La ciencia moderna descubre a Dios detrás de cada nueva puerta que abre». Pío XII.
Mito 38: El Papa Pio X, en el año 1907 A.D. condenó junto con el "Modernismo", todos los descubrimientos de la ciencia moderna que no son aprobados por la iglesia.
Pio IX había hecho la misma cosa en el concilio de 1864.
Refutación y Argumentos Católicos
También aquí hay afirmaciones deplorables: la condena del modernismo no ha significado jamás la condena de los descubrimiento de la ciencia moderna en sí. Tampoco es verdad que hubiera un concilio en 1864.
Por modernismo se entiende el peligro moral que representaron para la Iglesia las novedades profanas de lenguaje y sofismas originados por una falsa ciencia propugnada por los modernistas, de suerte que se da a la razón una autonomía total y se la quiere emancipar de la autoridad y de la tradición: nada ha de escapar a su libre examen.
Sin embargo, no ha de confundirse “modernismo” con “modernidad”, siendo ésta última un proceso cultural que influye en el conjunto del mundo contemporáneo. Así, por ejemplo, el modernismo niega la realidad de lo sobrenatural, niega una religión revelada y todo se reduce a condicionamientos culturales o mitos (como han hecho los protestantes liberales con la Biblia, con Bultmann a la cabeza). Según eso, el nacimiento del cristianismo implica el final de las religiones paganas precedentes, pero nautralmente debe llevar al final de la religión.
A partir del S. XVIII se fue acrecentando una tendendencia muy marcada de ciertos personajes (enciclopedistas ilustrados) de criticar al cristianismo; esto con Pío X llegó a su culmen.
Dicha crítica se hacía desde ángulos diversos: la historia comparada de las religiones, la prehistoria, la geología, paloentología, arqueología, historiografía y la filología. Se creía que el estudio de los fósiles, el evolucionismo iban contra la doctrina de la creación del hombre; las excavaciones en Oriente Medio trajeron a la luz civilizaciones de las que se ignoraban muchas cosas, y a partir de ellas se comenzó a dudar del valor histórico del Antiguo Testamento; se comenzaron a aplicar de modo indiscriminado los métodos de las ciencias historiográficas a los orígenes del cristianismo, a las formulaciones doctrinales, a los relatos bíblicos. Se dejó de lado al revelación e inspiración de la Biblia para tratar los escritos sagrados como documentos humanos.
Cuando Pío X era patriarca de Venecia, había visto con preocupación cómo se erguía el así llamado modernosmo, de suerte que ya como Papa con el decreto “Lamentabili” calificó al modernismo “síntesis de todas las herejías”: Con ello se condenaban 65 proposiciones modernistas. El mismo año publicó la encíclica “Pascendi” para abordar el mismo problema.
La supresión del modernismo quedó completada con el “motu proprio” “Sacrorum antistitum” del 1 de septiembre de 1910 con el que se impuso el juramento antimodernista contra el así llamdo “espíritu de novedad” en el clero. Es verdad que hubo ciertos abusos en no pocos casos, lo que provocó una fuerte presión a menudo molesta sobre los intelectuales.
Una última observación: el protestantismo no se vio exento tampoco de críticas. ¿Cómo se reaccionó ante el modernismo? Con la creación del fundamentalismo bíblico, y el nacimiento de las comunidades y sectas evangélicas. El fundamentalismo bíblico opina tuvo lugar con la publicación de doce obras escritas entre 1910 y 1912, publicadas por A. Dixon y R. Torrey.
En 1918 tuvo lugar la fundación de la "World´s Christian Fundamentals Association", base del movimiento fundamentalista protestante. El aZo 1920 un semanario anabaptista, "The Watchman Examiner", lanzó un proclama en favor de los fundamentalistas: restaurar el evangelio bíblico en las iglesias de los EUA y combatir el ambiente secularista –modernista- del país.
En "The Fundamentals: A Testimony to the Truth", obra financiada por el petrolero Lyman Stewart, fundador de la "Union Oil Company", se proclaman de modo estable los principios del fundamentalismo: la infalibilidad literal de la Biblia, la concepción virginal de Jesús, la resurrección física de Jesús, la expiación por sustitución de Cristo, la segunda venida de Cristo, inminente y física.
Así es como en 1948 las comunidades fundamentalistas de diversos países decidieron formar el "Consejo Internacional de las Iglesias Cristianas" en contra de la "Conferencia Mundial de las Iglesias" de Ámsterdam, que es de cuZo ecuménico. El fundamentalismo dio origen a la difusión o nacimiento de las sectas milenaristas. La versión unificada de la Biblia para los protestantes de 1952, la "Revised Standard Version", constituyó una reacción clara contra el fundamentalismo bíblico protestante.
por Makf | 3 Abr, 2026 | Apologética 4
Autor: Catholic.net
Mito 37: En el año 1870 después de Cristo, el Papa Pio IX proclamó el dogma de la Infalibilidad Papa
Ésta es una blasfemia y la muestra de la apostasía y del anti-cristo profetizado por San Pablo. (II Tes. 2:2-12; Apocalipsis 17:1-9; 13:5-8,18)
Muchos estudiantes de la Biblia ven el número de la bestia (Apocalipsis 13:18) 666 en las letras Romanas del título del Papa: " VICARIVS FILLII DEI. " - V.5, I-1; C-100, l-l: v-5, 1-1; L-50, 1-1; 1-1-Total, 666.
Refutación y Argumentos Católicos
Estamos ante una de tantas manipulaciones. Si bien Pío IX ocupaba la sede de Pedro para el año 1870, la proclamación de la infalibilidad se encuentra declarada en la Constitución “Pastor Aeternus” del Concilio Vaticano I (18 de juilio de 1870).
Dicha constitución declara que las definiciones del Papa sobre cuestiones de fe y mora, formuladas “ex cathedra” son infalibles “per se” y no por el consentimiento de la Iglesia. Esta declaración es desenlace de un desarrollo doctrinal que ha durado siglos, y elimina al mismo tiempo toda interpretación conciliarista sobre la misión del papado.
En las citas que coloca el enunciado del mito no se dice en ninguna de ellas que el Papa sea el anticristo, que la infalibilidad sea blasfemia ni muestra del anticristo.
En cuanto a la designación del Papa como Vicarius Filii Dei, cabe decir lo siguiente:
Ellen Gould White es quien recogió ciertas afirmaciones de Lutero contra el Vicario de Cristo, el Papa [Lutero había dicho que la ramera era la Iglesia de Roma de Ap 17,4; Carlos V la bestia del mar de Ap 13,1 y el Papa la bestia de la tierra (Ap 13,13) o el anticristo (Ap 13,18; 19,20). Resulta curioso que Lutero tomara el Apocalipsis para realizar estas aplicaciones, dado que él la consideraba una obra de dudosa apostolicidad e incluso llegó a decir que las visiones le resultaban incomprensibles…].
En Apocalipsis 13,18, se dice que el número de la bestia es el 666. La Sra. Gould White parte de que el nombre del Papa en latín es: "Vicarivs filii Dei" (Vicario del Hijo de Dios). Si se toman las letras que en latín son números, se deduce la cifra 666. Ahora bien, "Vicarius filii Dei" nunca ha sido el nombre del Papa, sino "Vicarivs Christi". Y las letras de dicho nombre suman el número 212. Si hacemos lo mismo con la fundadora de los Adventistas en Michigan, Ellen Govld White sí deducimos el número 666 sin necesidad de traducirlo al latín:
ELLEN (50+50 = 100) GOVLD (5+50+500 = 555) WHITE (5+5+6 = 11).
A ser honestos, ni siquiera es esa la correcta interpretación de Ap 13,18. Los exegetas están casi todos de acuerdo en que lo equivalente al 666 es el nombre "Nerón César" cuyos caracteres en hebreo -se le reconoce por criptograma- sí suman 666.
Según los datos del Nuevo Testamento, en concreto, según la primera carta de Juan (2,18.22; 4,3) y la segunda (2,17) el anticristo es quien se opone a la verdad central de la fe cristiana; es el opositor al mensaje divino de salvación, lo cual asume diversas maneras, como la negación de la encarnación, quien niega la divinidad de Cristo, etc.
Ahora bien, en tales citas el autor, Juan apóstol y evangelista, parece hacer una distinción entre quien niega dichas verdades y quien inspira dichas negaciones. Por lo tanto, por un lado, el negador de la verdad central de la fe, el opositor y enemigo del mensaje de salvación es el demonio; y todo el que se presta a él y a la mentira que infunde, es en cierto modo anticristo también.
La diferencia entre ambas figuras es que el hombre que se presta al juego del demonio tiene siempre la puerta abierta al perdón y a la reconciliación de parte de Dios, mientras que en el demonio no hay vuelta de hoja.
por Makf | 3 Abr, 2026 | Apologética 4
Autor: Catholic.net
María fue salvada por Cristo como todos los hombres…
Mito 36: La Concepción Inmaculada de la Virgen María fue proclamada por el Papa Pio IX en el año 185
Refutación y Argumentos Católicos
I. Datos bíblicos
Nuestros hermanos protestantes evangélicos suelen acusarnos de que las enseñanzas de la Iglesia son confusas y mantienen a la gente alejada de la sencillez de Cristo en el Evangelio. Uno de esos temas confusos (a veces nos dicen que son invenciones o falacias nuestras) es el tema de la Inmaculada concepción.
Los protestantes se amparan en varias citas para negar el dogma. Romanos 3,23 dice: "por cuanto todos pecaron y necesitan la gloria de Dios". Si todos pecaron, María pecó, debiera ser la conclusión lógica de la que según ellos la Iglesia hace caso omiso. Más aún, la primera carta de Juan 1,8 afirma que "quien dijera que no tiene pecado es un mentiroso y la verdad no está en él". María misma dice que Dios es su salvador (Lc 1,47), de manera que ella reconocería que tiene pecado.
En primer lugar hay que aclarar lo que se entiende por enseñanzas de la Iglesia o "dogmas". La Iglesia hace explícita una verdad que no se encuentra palmariamente en la Escritura, sino que la ha ido comprendiendo cada vez más y mejor a lo largo de los siglos. Así pues, no es del todo cierto que en 2000 aZos los papas no tienen bases bíblicas para el dogma de la de la Inmaculada o de la asunción.
El que la Iglesia proclame dogmas ha de comprenderse como un don de Cristo a la Iglesia. Si ha habido hombres antes y después de Cristo que posean el don de profecía, Cristo sería injusto con su esposa, la Iglesia, si ella no gozara de este don, mientras que sus hijos sí lo tienen. Pero en la Iglesia se trata de un don que se limita a lo que concierne a la fe y costumbres.
A lo largo de su historia bimilenaria, la Iglesia ha definido nuevos dogmas que enriquecen el contenido de la fe.
¿Cómo comprender dicho desarrollo?
No de modo sustancial u objetivo, sino accidental y subjetivo.
Lo que la Iglesia ha ido haciendo a través de los siglos ha sido una mayor comprensión y explicación de los dogmas; más concretamente, se ha tratado de la definición explícita de determinadas verdades que ya estaban contenidas en la revelación divina (Escritura y Tradición = depósito de la palabra de Dios), pero que la Iglesia ha propuesto de manera explícita a la fe de los fieles. De ahí se deducen dos consecuencias: La Iglesia no inventa, ni crea nuevos dogmas; más bien, propone a los fieles de manera infalible determinadas verdades que estaban ya contenidas en el “Depositum fidei”. El depósito no cambia, sino que somos nosotros los que crecemos en su comprensión bajo la dirección infalible de la Iglesia, asistida por el Espíritu Santo
El fundamento bíblico de la inmaculada concepción es el texto de Lucas 1,28. Antes de llegar a Lucas 1,28, conviene aclarar que en efecto María fue salvada como el resto de los hombres. Judas 24 enseñanza que "Dios todopoderoso es capaz de guardarnos sin caída y de presentaros sin mancha en presencia de su gloria". Si aplicamos el pasaje a la Inmaculada concepción deducimos que al igual que nosotros, María fue salvada del pecado, mas en su caso no significó una salvación después de caer en pecado, sino previamente, como quien es advertido de un peligro antes de que caiga en él y no después…
El contexto de Romanos 3,23, es muy diverso del de Lc 1,26-38. Dejando de lado la diferencia de los géneros literarios de ambos escritos (uno es narrativo y otro doctrinal), no ha de descuidarse que el pecado de que se habla en Romanos es el personal. Por eso es que en el "todos" de Pablo no está incluido Cristo. Pero ¿está incluida María?
De lo que dice Romanos 3,23 no puede deducirse, pues, que Cristo ha tenido pecado, por mucho que 1Jn 1,8 enseZe que quien diga que no tiene pecado es un mentiroso. De lo contrario, el autor de Hebreos 4,15 sería un mentiroso ("porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado"). Por lo tanto, el error de fondo del pensamiento protestante evangélico es que no se ha comprendido que en Romanos 3,23 y en 1Jn 1,8 se trata del pecado personal y no del original. Romanos 5,12 sí abordará el tema del pecado original.
En 1Jn 1,9 se dice que si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel para perdonárnoslos: no confesamos nunca el pecado original, sino el personal. El pecado original, nos enseZa el Nuevo Catecismo de la Iglesia, no lo cometemos, sino que lo heredamos y se transmite por propagación, por ello es que se trata de un pecado en sentido análogo (NCIC 405). Hay muchas personas que son excepciones al pecado personal, como son los subnormales o ciertos minúsvalidos y los niZos que aún no llegan al estado de conciencia.
Ahora pasamos a Lc 1,28. ¿Qué es lo que ocurre aquí? Primero, sorprende que en vez de que el ángel llame a la Virgen por su nombre, le diga "llena de Gracia". Este hecho nos recuerda algo llamativo en el Antiguo Testamento (y que se repetirá, por ejemplo, en el Nuevo en el caso de Mt 16,16-19), y es el nuevo nombre que recibe una persona (Gn 3,20; 17,5.15; 32,28). Génesis 3,20 dice así: "Y el hombre le puso por nombre Eva (en hebreo "Hawa") a su mujer, porque ella era la madre de todos los vivientes". En hebreo el verbo "hayah" significa "vivir". Las letras "y" y "w" en hebreo se suelen intercambiar con facilidad: por ello es que la mujer de Adán recibe el nombre de Eva, nombre cuya raíz hebraica designa "vivir".
Algo similar ocurre con María y el ángel: para nombrarla, el ángel emplea precisamente lo que en Eva equivalía a su misión -"Madre de los vivientes"- en María se trata de "colmada de gracia" por el hecho de que será Madre de Dios, que es lo que el ángel le viene a anunciar. Como el nombre de María en griego consiste en un tiempo en perfecto (kejaritomene), ello pone de relieve que es una acción que ha tenido lugar en el pasado: lo que decíamos antes, fue preservada del pecado por parte de Dios; y ella se ha mantenido en dicho estado; de lo contrario, el ángel no la podría llamar así. Ello muestra que su estado de gracia es pleno y perfecto.
En la Biblia, además, encontramos varios pasajes que confirman que María es inmaculada. Génesis 3,15 habla de la enemistad entre la serpiente y la mujer, entre su simiente y la de Ella… Se habla de la descendencia de la mujer con el término "simiente" y Ella no está incluida en la de la serpiente: la enemistad es absoluta, y dicha oposición no tendría ningún sentido si María también tuviera pecado. En el Evangelio de Juan Jesús se dirige a su Madre siempre con el apelativo de "mujer" (Jn 2,5; 19,26; en el Apocalipsis se habla de Ella como "mujer" unas ocho veces: cf Ap 12,1.4.6.13.14.15.16.17). 1Cor 15,45 habla del primer Adán y del nuevo Adán. Al llamar Jesús a su Madre "mujer" pone de relieve que es la "nueva Eva": la nueva Eva, María, trae la salvación con su "hágase" en el momento del anuncio del ángel, aceptándo así el ser Madre de Dios.
Además de nueva Eva, María es el "Arca de la alianza". El Antiguo Testamento enseZa que el Arca de la Alianza debía ser santa e inmaculada, intocable de hombre pecador ninguno: "Cuando Aarón y sus hijos hayan terminado de cubrir los objetos sagrados y todos los utensilios del santuario, cuando el campamento esté para trasladarse, vendrán después los hijos de Coat para transportarlos, pero que no toquen los objetos sagrados pues morirían. Éstas son las cosas que transportarán los hijos de Coat en la tienda de reunión" (Num 4,15; cf Ex 25,10; 2Sam 6,1-9): dentro de los objetos sagrados se encuentra el Arca como el principal. Si el Arca tenía que ser pura, con ¡cuánta mayor razón María, Madre del Hijo de Dios encarnado!
En Ap 11,19 se abre el templo de Dios y se muestra el arca de la alianza en un contexto típico de "revelación" como son los relmápagos, las voces, los truenos. En el siguiente versículo se muestra a María: es la mujer vestida de sol… En el Antiguo Testamento el arca contenía tres cosas que en el Nuevo serán atributos de Cristo: el maná, el cayado de Aarón y los diez mandamientos ["Y detrás del segundo velo había un tabernáculo llamado el Lugar Santísimo, el cual tenía el altar de oro del incienso y el arca del pacto cubierta toda de oro, en la cual había una urna de oro que contenía el maná y la vara de Aarón que retoZó y las tablas de la alianza", Heb 9,3-4]: Jesús es el verdadero maná (Jn 6,32; Ap 2,17), el sumo sacerdote de Dios verdadero (Hb 3,1; 9,11; ap 1,13) y la palabra que se ha hecho carne (Jn 1,1.14; 1Jn 1,1; Ap 19,13).
En el Antiguo Testamento el Espíritu de Dios se cernía cobre el Arca en forma de nube (Ex 40,32-33), así como el Espíritu Santo cubrió a María con su sobra (Lc 1,35). David exclama ante el arca: ¿Cómo podrá venir a mí el arca del SeZor? (2Sam 6,9). Así como David salta de gozo ante el arca (2Sam 6,14-16) Juan Bautista salta en el seno de su madre al llegar María a casa de Isabel (Lc 1,43). El arca del SeZor permanece seis meses en casa de Obededón (2Sam 6,11) y María permanece unos tres meses en casa de su prima (Lc 1,56).
El cumplimiento del Antiguo Testamento por parte del Nuevo, implica no sólo que se le lleva a plenitud, sino que lo supera con mucho. Por ejemplo, Cristo en la cruz lleva a cumplimiento varios pasajes veterotestamentarios sobre el cordero pascual, entre otros, pero los supera en cuanto que además de cordero es el Hijo de Dios altísimo que muere en una cruz para redimirnos del pecado. Las citas de la Escritura “no quebrantarán ninguno de sus huesos” (Jn 19,35; cf Éxodo 12,46) y la alusión a la rama de hisopo” (Jn 19,29; cf Éxodo 12,22) ponen de relieve que ambos pasajes hallan su cumplimiento en Él. Mas su muerte no se limita al solo cordero, ya que lleva a cumplimiento otra profecía:
"Mirarán al que traspasaron" (Jn 19), que se refiere a la muerte del rey Josías, rey piadoso que en el Antiguo Testamento había llevado a cabo la reforma religiosa del pueblo (Zc 12,10-11; cf 2Re 23,29): además, de morir como cordero, muere también como rey. La cruz es su propio trono (Jn 19,19). En el caso de María, si hubiera nacido en pecado, sería entonces inferior a Eva que fue creada en pefección y sin pecado, lo que implicaría que también Adán es superior a Cristo.
Volviendo a la muerte de Cristo en la cruz, todo parece verificarse, ya que Jesús la llama "mujer" . La designación carecería de sentido si Ella no fuera la nueva Eva y Él el nuevo Adán. Más aún así como del fruto del árbol comieron el hombre y la mujer, de modo que pecaron, del mismo modo, el fruto del madero de la cruz son la sangre y el agua de Cristo. Por el fruto del primer árbol los hombres pecaron, por el fruto del madero son regenerados (el agua) y reciben un alimento de vida (la Eucaristía).
Ahora volvemos al pasajes de Rm 5,12: Allí el punto de la comparación es entre Cristo y Adán. Si la comparación fuera entre María y Eva, tampoco María estaría incluida en ese "todos" de Rm 5,12, ya que de otro modo la comparación carecería de sentido (en el Génesis aparecen tanto Adán como Eva y ambos caen en el pecado de comer del fruto del árbol). Y es aquí donde entra el texto del Génesis, y en el que aparece la figura de la mujer. Esto lo vio muy claro ya san Justino en el siglo II en el Diálogo 100 (PG 6,172); posteriormente otros padres de la Iglesia profundizaron y siguieron meditando en esta realidad, como Ireneo (Adversus Haereses 3,22,4), San Efrén Sirio (Carmina Nisibena 27,8).
San Jerónimo profundiza la relación de Cristo con María a la luz del Sl 67,6 ["La tierra ha dado su fruto; nos bendice el SeZor nuestro Dios"]: el fruto es Cristo, y la tierra, la Virgen, su Madre: el SeZor que nace de la esclava; el Dios de la criatura humana; el Hijo de la Madre, el fruto de la tierra. Así como Dios formó a Adán del barro de la tierra a la que no había afectado el pecado originall, Dios formó a Cristo, de la tierra nueva que también tenía que estar inmune de dicho pecado . La creación tuvo inicio sin pecado; la nueva creación también. Pero a diferencia de la primera creación, la nueva creación es la naturaleza humana del Hijo de Dios en el seno purísimo de María santísima: así ha tenido lugar la nueva creación.
De todos modos, a pesar de que el fundamento bíblico sea Lc 1,28, no puede tratarse de una verdad explícita. De lo contrario, no haría falta el pronunciamiento dogmático. Si una verdad está clara en la Biblia, no es necesario el dogma: el no matar no necesita que se proclame como dogma. Es evidente que la Biblia lo rechaza y condena. Para la explicitación de verdades dogmáticas implícitas en la Biblia contamos con la guía segura del Santo Padre, que no es arbitraria sino que se basa en Mt 16,16-20.
El dogma de la Inmaculada, pues, no puede consistir en ninguna invención, sino en una tradición antiquísima, que parte del siglo II con san Justino (al que siguen los padres elencados antes, entre otros); dicha tradición se refuerza en el S. IV con la figura de Máximo de Turín, Teocteno de Livia y Andrés de Creta. En el S. VII nace la fiesta de la Inmaculada en oriente y luego se va extendiendo a Irlanda, Inglaterra, Francia, Bélgica, EspaZa y Alemania. A ello siguió un período de controversias entre los SS XII-XIV, de modo que la piedad se consolidó en el XV. Sixto IV dio un nuevo renovó la Misa de la Inmaculada, Alejandro VII precisa el objeto de la fiesta en términos ya muy cercanos a la definición dogmática de Pío IX.
Una experiencia que me ha ayudado mucho a comprender y asimilar mejor dogmas como este es si de veras conozco a fondo los diversos datos no sólo escriturísticos, sino también de la tradición, y las motivaciones de los mismos (descuidar que la Biblia es fruto también de la tradición es descuidar el elemento humano que ha influido en su composición por inspiración divina). Una vez me pregunté ante una postura que el Santo Padre había tomado y que me costaba asimilar: "¿Sé yo más que el Papa y los diversos santos y personajes que le han precedido? Obviamente, no". Fue entonces cuando me percaté de la importancia de la humildad para dar el asentimiento de la fe y de lo limitada que es mi pobre razón. "Si comprehendis non est Deus" decía san Agustín.
II. Algunas referencias ulteriores
A.Sobre Eusebio de Cesarea
Habla de la Virgen María en unos 20 pasajes. Ulteriormente trataré de citar los que me parezcan más relevantes. Fue obispo de Cesarea marítima, Palestina. Pero se ignora dónde nació (murió el 340). Asumió el apelativo "Pánfilo" para honrar a su preceptor y amigo que llevaba ese nombre. Pánfilo enriqueció grandemente la boblioteca que en Cesarea había fundado Orígenes. Parece que durante la persecución de Diocleciano hubo de huir a Tiro y luego a la Tebaida. El 313 fue hecho obispo de Cesarea.
Ingenuamente o por debilidad cedió a las presiones arrianas durante su episcopado: no compartía, sin embargo, sus extremismos. Desempeñó un papel importante en el sínodo de Cesarea que declaró ortodoxa la doctrina de Arrio. El sínodo de Antioquía del 325 depuso a Eusebio por no haber firmado una profesión de fe contra Arrio. Sin embargo, sí firmó el credo de Nicea del mismo año, así como el acto de condena pública contra Arrio. Después del concilio, siguió respaldando Arrio por motivos políticos.
En los últimos 20 años de su vida fue un ferviente partidario de Constantino, en cuyo favor redactó 2 panegíricos y un largo elogio.
Se dice que con Eusebio se abre la edad de oro de la literatura patrística, y si bien no es muy digna de estima su figura humana -por sus compromisos políticos y volubilidad- a ella ha de reconocérsele el mérito de que después de Orígenes fue el de los escritores más grandes por su gran erudición.
Sus obras son entre otras la Historia Eclesiástica, el Comentario a los Salmos, Comentario a Isaías, dos tratados contra Marcelo (de carácter dogmático).
Gracias a Eusebio se sabe con certeza que en la palestina del S. IV se conocía el nombre "Theótokos" aplicado a María (es decir, Madre de Dios), asimismo la llama en sus obras "Madre del Señor", y cree en el nacimiento virginal de Cristo. Él ve en María a la profetisa preanunciada por Is 8,3. Para él María es también Panhagia (toda Santa).
Quisiera ahora colocar algunos textos en que Eusebio habla de María
- "Bajará como lluvia sobre la hierba, como agua que empapa la tierra".
[…] La generación de nuestro Salvador según la carne tuvo lugar de un modo del todo similar a la lluvia, que imperceptiblemente y sun ruido baja sobre la tierra; sucedió así para que nadie tuviera conocimiento u oyera el misterio de la concepción del parto de la santa Virgen, ni siquiera entre aquellos que habitaban en los alrededores.
Comentario a los Salmos 71,6-8; PG 23, 800 B-C
- "A ti el principado en el día de tu poder entre santos esplendores: Desde el seno de la aurora Tienes tú el rocío de tu juventud" (Sl 109,3)
[…]Con tales expresiones él parece significar el modo de su generación carnal. Del vientre, dice, será el rocío matutino de tu juventud o bien desde el vientre tendrá lugar para ti tu rocío matutino en tu juventud. Con ello creo que se declara que su generaicón carnal está constituida no por el semen de un hombre, sino del Espíritu Santo.
De hecho, como rocío que fluye desde lo alto del cielo, así en el seno grávido de su madre fue hecha la constitución de la carna en su juventud. Pero en lugar de el vientre o de el útero el texto hebreo usa Mariam. Por este motivo, prestando oídos de lo otro, sé que el término hebreo aquí indica el nombre de María; de suerte que con ellos María es mencionada con el nombre.
Comentario a los Salmos 109,4; PG 23, 1341 D-1344 C
*Sin duda que los profetas anunciaron por su nombre que Cristo, Verbo de Dios, Él mismo Dios y Señor (…) sería niño, sería llamdo hijo del hombre; anunciaron el origen del cual descendería, así como su nacimiento de una Virgen de modo nuevo y extraordinario.
Demostración evangélica 1,1,1-2; PG 22,16 C-D
- El profeta, al decir "he aquí la Virgen concebirá y dará a luz un Hijo (Is 7,14) interponiendo muchísimas cosas, vaticina para el mismo día lo que iba a ocurrir en el tiempo de la llegada de nuestro Salvador…
Cuando sucedan estas cosas el día señalado, es decir, cuando nazca de la Virgen aquel del que se habla, entonces el profeta lo predice como hombre abandonado a causa de la ruina de todas las gentes.
Églogas proféticas 2,3, 88-90; PG 22, 140 A-B
*"En el sol puso su tienda" (Sl 18,6). El sol indica la divinidad en la que puso su sede como su fuera una tienda; o bien, indica el cuerpo que asumió de la Virgen, el cual era como una tienda del poder divino permanente en Él.
Églogas proféticas 2,19; PG 22, 1105 B
*“Creció como un retoño”
Y por lo tanto fue predicho también el lugar donde nacería. Sin embargo, el profeta Isaías coloca el milagro del nacimiento ora de modo oscuro y figurado, ora de modo abierto y manifiesto. De modo oscuro, cuando dice: “Oh Señor, ¡quién creará nuestro anuncio? ¿A quién será revelado el brazo del Señor? Ha crecido como un retoño ante Él y como raíz en tierra árida” (Is 53,1-2).
Por lo tanto, el retoño que se nutre de la leche materna indica claramente el nacimiento de Cristo, La tierra inaccesible y árida, en cambio, indica que la Virgen lo engendró. Aquella a la que ningún hombre osó acercarse y de la que, aunque ‘árida’ derivó la exaltada raíz y aquel retoño nutrido con la lecha materna.
Mientras que estas cosas las indicó de modo bastante oscuro, en cambio el mismo profeta interpreta más abiertamente su pensamiento, cuando dice: “He aquí la virgen concebirá y dará a luz un Hijo, al que llamará Dios con nosotros” (Is 7,14).
¿Qué es lo que falta por tanto a estas cosas? De hecho, una ez que los profetas han preanunciado sea la tribu sea la estirpe sea el modo del nacimiento y el milagro de la Virgen, sea el tipo de vida, se deduce claramente que ellos no puede pasar en silencio ni siquiera el tema de su muerte.
Églogas proféticas 3,12, 48-54; PG 22, 180 A-181 A)
*Por “profetisa” es indicada María
“Después me uní a la profetisa, la cual concibió y dio a luz un hijo” (Is 8,3), y lo que sigue. Desdiría de la dignidad y de la veracidad profética pensar que el profeta, sobre todo cuando siendo parte de los testimonios (que vaticinan al Salvador), está inspirado divinamente, y estando afectado por una vergonzosa unión, acercase a una mujer por muy profetisa que fuera.
¿Acaso no sería verosímil dicho acercamiento a una mujer, ni la concepción ni el parto de ésta? A nos parece que el sentido es el mismo que de la profecía precedente, según la cual dice: “He aqui la Virgen concebirá en el seno” (Is 7,14). Allí, pues, había predico que una Virgen concebiría en el seno y daría a luz un hijo; en cambio aquí se indica el modo con el que la profecía llega a su cumplimiento. “En el seno –dice- concebirá y dará a luz un Hijo”.
Por lo tanto, ¿quién sería aquel que dice “me uní a una profetisa”, sino sólo el Espíritu Santo, inspirado por el cual hablaba el profeta, y del que fue dicho a María “El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y sobre ti el poder del altísimo extenderá su sombra?” (Lc 1,34). Por ello no sin motivo bien podría denominarse profetisa también aquella que concibiendo del Espíritu Santo, engendró a aquel que es llamado Emanuel, mientras que aquí se le denomina de modo un tanto diverso.
Églogas proféticas 4,5; PG 22, 1205 A-C
B. Sobre san Agustín
Arriba se comentó que San Agustín dice: “María murió por causa del pecado Original, transmitido desde Adán a todos sus descendientes” (salmo 34, sermón III); sin embargo, ¿cómo aclara se compagina esta afirmación a la luz de otra del mismo santo Padre: “al tratarse de pecados, no hago referencia a la Virgen María”? (PL 44,247), y de esta otra: “no hacemos entrega de María al demonio por su condición natural de nacer, sino que su misma condición se quita por la gracia de renacer”.
Sobre el tema del pecado original no ha de olvidarse que hay un progreso espiritual y doctrinal –y también terminológico- en torno a la santidad de María, lo que se percibe de un modo particular en san Agustín y la polémica pelagiana. Ello explica la necesidad de una mayor profundización en el dogma del pecado original.
C. Sobre Santo Tomás
En la Suma Teológica III q 27 a.2 ad 2 se donde aborda la cuestión.
El motivo de la no exención del pecado original en María según el Doctro Angélico se debía al recelo de que se negara la universalidad absoluta de la salvación de Cristo. Si se dijera que Ella no tuvo pecado, ¿se negaba la salvación por parte de Cristo? ¿Hay cabida a un Salvador en tal caso?
Primero hemos de decir que la doctrina de un doctor de la Iglesia no constituye de suyo una enseñanza definitiva del magisterio mismo. Un teólogo no es tampoco toda la tradición, sino que la Iglesia va profundizando en el conocimiento de las verdades reveladas con la guía del Espíritu Santo. Cabe decir asimismo, que la Iglesia no inventa, ni crea nuevos dogmas; más bien, propone a los fieles de manera infalible determinadas verdades que estaban ya contenidas en el “Depositum fidei”, pero ello no significa que antes de tales pronunciamientos algunos teólogos o pensadores hayan tenido reservas o titubeos. El depósito no cambia, sino que somos nosotros los que crecemos en su comprensión bajo la dirección infalible de la Iglesia, asistida por el Espíritu Santo.
Santo Tomás negaba la Inmaculada Concepción por salvaguardar la redención universal de Cristo.
Segundo, Duns Escoto propuso la idea de que María está incluida en la redención de Cristo, pero -ojo- con la salvedad de que la salvación universal de Cristo no está reñida con la preservación del pecado original en María, sino que implica una redención más perfecta. Escoto no es una figura aislada tampoco en cuanto a la doctrina. De hecho es tributario de Eadmero, gran amigo, secretario y biógrafo de san Anselmo de Cantórbery. Eadmero fue quien argumentó en favor de la Inmaculada con los términos siguientes: “Pudo, convino, lo hizo” ("potuit, decuit ergo fecit" verbos referidos a Dios).
De hecho es lo que enseña la Escritura en Judas 24-25: salvar no es sólo sacar a alguien del "hoyo" en el que ha caído, también es evitar que caiga, preservándolo así de caer, y esto es una salvación más perfecta que la de haber caído en él.
Concluimos con las reflexiones siguientes:
A veces se lee en los escritos protestantes que hay padres o escritores que no hablan de la Virgen, y que ello muestra que no se le tenía devoción en la Iglesia antigua o algo por el estilo.
Es una afirmación a decir verdad absurda: el que no la mencionen se debe a que sus escritos son en la actualidad o muy fragmentarios o porque no era ese el problema que intentaban abordar. Negar la veracidad de la tradición mariana de la Iglesia católica porque algunos de ellos no hablan de la devoción a María es como decir que como no todos hablan de la Trinidad, ésta no existe: tampoco aparece el término en la Biblia y en cambio los evangélicos la conservan por tradición, así como por tradición conservan contradictoriamente el principio de la “sola Escritura” , ya que no figura ni en la Biblia ni en los Padres de la Iglesia. Por otro lado, no olvidemos que una cosa es lo que opinan los teólogos –por santos y eminentes que muchos hayan sido- y otra muy diversa lo que la Iglesia ora, vive, determina…
La devoción mariana por parte de la Iglesia católica es una de las muestras de su carácter universal. Además, del Nuevo Testamento, de María nos hablan los primeros padres, como ya se dijo: san Ignacio de Antioquia, san Justino, san Ireneo. A ello ha de sumarse el testimonio que de María ofrecen las catacumbas, como las de Priscila que data del S. III.
Se encuentra en la tradición de la Iglesia alejandrina con Orígenes que habla de la perfección de María, de su virginidad y de su mediación, así como hablan de ella Clemente de Alejandría, Dídimo el Ciego, Atanasio y Cirilo: estos dos hablan de la presencia de María en el AT, de la maternidad divina, de su mediación y de la perfección de María; en este período se difunde el testimonio anónimo “Sub tuum praesidium” (Bajo tu amparo del S. III; lo testimonia el papiro 470 encontrado en una localidad de Egipto y adquirido por la Rylands Lybrary en 1917), que ha tenido una grande resonancia en los textos litúrgicos de las iglesias bizantina, copta, ambrosiana y de Roma.
Se encuentra en la tradición de la iglesia de África; lo testimonian los escritos de Tertuliano, Cipriano y Agustín. Tocan temas variados como la perfección de María, su fe, la virginidad, la exención de pecado, María en el AT, la maternidad espiritual.
De María dan testimonio los Padres del Asia Menor (lo que hoy es Turquía más o menos): san Metodio de Olimpo, san Basilio, san Gregorio de Nisa y san Gregorio de Nacianzo, Anfiloquio de Iconio, san Nilo y Teodoreto de Ancira (devoción, maternidad divina, María en el AT, asunción, santidad excelsa, mediación).
También hablan de María los Padres de la así llamada escuela antioquena: Diódoro de Tarso, Teodoro de Mopsuestia, san Juan Cristóstomo, Severiano de Gábala, Ático de Constantinopla, Proclo, Antípatro de Bostra, Teodoreto de Ciro y Basilio de Seleucia (María y el AT, maternidad divina, santidad, inmaculada concepción y asunción, virginidad, mediación).
Padres de Siria y Palestina: Afraates, San Efrén, san Epifanio, Fión de Carpasia, Eusebio de Cesarea, san Cirilo de Jerusalén, Esiquio de Jerusalén, Procopio de Gaza (maternidad divina, María y el AT, santidad, inmaculada concepción y asunción, virginidad, mediación).
Padres de tradición romana: san Hipólito, Novaciano, san Jerónimo, san León Magno (fe, María en el AT, santidad de María, virginidad, maternidad espiritual).
Padres que pertenecen al resto de la iglesia de Italia: san Zenón de Verona, san Ambrosio, san Gaudencio, Firmicio Materno, Sedlio, Rufino, san Paulino de Nola, san Pedro de Rávena, san Máximo de Turín, Boecio y Casiodoro. (maternidad divina, fe de María, santidad, María en el AT, virginidad, maternidad espiritual y mediación).
Padres de la tradición de las iglesias del resto de occidente: San Hilario de Poitiers, Baquiario, Gregorio de Elvira, Prudencio, Casiano, san Próspero de Aquitania, san Vicente de Lérins, Fausto de Riez, Genadio de Marsella, san Eleuterio de Tournai, san Cesáreo de Arlés, san Gregorio de Tours, san Leandro, y san Isidoro de Sevilla (abordan estos temas: maternidad divina, pefección de María, María en el AT, fe de María, virginidad, mediación y asunción).
por Makf | 3 Abr, 2026 | Apologética 4
Autor: Catholic.net
El contenido del credo, es la fe que el cristiano profesa personalmente desde el día que se convierte en hijo de Dios.
Mito 35. El Credo del Papa Pio IV fue impuesto como el Credo Oficial 1560 años después de Cristo y de los apóstles, en 1560 AD.
Los verdaderos Cristianos conservan las Santas Escrituras como su único credo. Por lo tanto, el credo de los Cristianos es 1,500 años más antiguo que el credo de los Católicos Romanos.
Refutación y Argumentos Católicos
Aquí el mito se permite una afirmación desconcertante: “los verdaderos cristianos conservan las Escrituras como su único credo”. ¿Nos pueden decir en qué parte de la Escritura se dice eso? En ninguna se dice que las Escrituras son el único credo de los verdaderos cristianos.
Pero es que hay una realidad que contradice a todo lo dicho anteriormente, y que es el origen del término "católico".
I. Origen del término "católico"
La "palabra" está formada de la preposición “katá” (según, en conformidad con) y “holos” (total, completo).
“Católico” aparece en la literatura griega: figura en las obras de Hipócrates, de Dionisio de Halicarnaso ("Tratado sobre los nombres de las conciencias" 12.6), en Filódemo de Gágara (Tratado de Retórica 1.926) con el significado de “general”, “universal”, de Hermógenes (Peri Methodou deinótetos 418.2), en las sentencias Estoicas 2.74 figura el adjetivo neutro al lado del artículo para designar “la descripción general” de las cosas; en los fragmentos de Polibio al lado de la palabra “historia” aparece el adjetivo “católico”: se habla allí, pues, de la “historia universal (8.2.11); Sexto Empírico habla de katholykoteroi logoi para designar los lugares más comunes (Hypotipóseis Pirronianas 2.84); Anfiloquio de Iconio habla de “epístolas católicas” para dar a entender el significado de “epístolas generales” (Yambos en honor de Seleuco, 310).
El término “católico” figura en el Antiguo Testamento griego: LXX Ez 13.3.22; 17,14; LXX Am 3,3.4; LXX Dn 3,50; en el Nuevo Testamento: Hechos de los Apóstoles 4,18. En los dos Testamentos se trata no de un adjetivo, sino de un adverbio que significa “en absoluto”.
En los primeros siglos que siguieron al Nuevo Testamento el término comenzó a aplicarse a la Iglesia en contraposición a las herejías y tendencias sectarias, así como a las 7 cartas del Nuevo Testamento que tienen por título no el de sus destinatarios, sino el de sus autores; o mejor, no tienen un destinatario concreto al modo paulino, sino genérico (con todo, las cartas 2 y 3 de Juan sí tienen destinatario concreto, pero se enlistan bajo del nombre de “Católicas”).
De todos modos, el contenido de dichos escritos es ciertamente universal (como de hecho lo son los escritos del NT). Según algunos autores, el término “católico” pudo haberse aplicado originalmente para identificar el carácter “encíclico” de un documento; y ulteriormente se dio el paso a la dimensión canónica o autoritativa.
Parece que el primero que empleó el término fue san Ignacio de Antioquía: Ad Smyrn No 8: en este pasaje san Ignacio contrapone la Iglesia universal a las particulares; pero se trata de un concepto más bien geográfico.
En el martirio de Policarpo, el adjetivo asume el significado de “ortodoxo” en contraposición a los grupos heréticos: se trata de la Iglesia que conserva la totalidad de la fe.
Dionisio de Corinto (año 170) había enviado a diversas comunidades unas cartas católicas, indicando con ese nombre que tenían un alcance universal, pero que nunca se consideraron parte de la Escritura (Hist Eccl 2.23.1-10).
Clemente de Alejandría considera católica también la carta del concilio de Jerusalén de Hechos 15,23-29 así como la carta del Pseudobernanbé (Stromata 6.97.3). Orígenes en la primera mitad del S. III emplea el término con el mismo significado para designar la primera carta de Jn (Jo 1.22.137; 2.23.149) y 1Pe (Jo 6.35.175). Orígenes, al igual que Clemente de Alejandría, denomina “católica” la carta del Pseudobernabé (Contra Celso I, 63).
En la Homilía sobre 2timoteo 1-10 de san Juan Crisóstomo el término asume dicho sentido de universal.
Con el significado de “universal” figura en Eusebio de Cesarea (Historia Eclesiástica 3.3.2) [Eusebio vivió del 260 al 340 d.C.]. El antimontanista Apolonio romano llamaba la atención a Temístones por haber escrito una carta católica, es decir, dirigida a la Iglesia entera, “al modo de los apóstoles” (Eusebio, Hist. Eccl V. 18.5).
San Cirilo de Jerusalén (348) emplea el término para designar la totalidad doctrinal y adaptación a las necesidades de los hombres de todo tipo, la perfección moral y espiritual.
El Credo constantinopolitano I profesa la catolicidad como propiedad esencial de la Iglesia de Cristo, y lo recogen los concilios de Éfeso, de Calcedonia, de Trento y Vaticano II: “La única Iglesia de Cristo es aquella que confesamos en el símbolo como una, santa, católica y apostólica, y que nuestro salvador, después de su resurrección encomendó a Pedro para que la apacentara (Jn 21,27), y que ordenó a Pedro y a los demás apóstoles que difundieran y rigieran (Mt 28,18).
San Cipriano dice que la ubicuidad de la Iglesia designa su visibilidad (PL IV Col 502).
San Agustín en su controversia con los donatistas emplea el término con el significado de “todo lo que se ha enseñado universalmente” y que es la “comunión de todo el orbe”; asimismo enseña que es la “Iglesia universalmente perfecta que no claudica en nada” (Epístola 93,23).
Vicente de Lérins (434) en su commonitorium II, 3, entiende la catolicidad como todo aquello que la Iglesia ha enseñado y creído por todos, siempre y en todas partes.
Leoncio de Bizancio (543) comenta que las 7 cartas católicas son aquellas que no estaban destinadas a un grupo determinado como hace Pablo, sino genérico o de modo general (katholou).
II. La verdad sobre el "credo"
¿Qué decir de esto: “El Credo del Papa Pio IV fue impuesto como el Credo Oficial 1560 años después de Cristo y de los apóstles, en 1560 AD.”?
Primero, que reaparece la dichosa abreviación típica del inglés: AD, que no se estila en castellano.
Segundo, que el Papa no impuso ningún credo oficial, sino que la Iglesia a lo largo de su historia ha ido explicitando de varias maneras por medio de símbolos el credo que se profesa en el bautismo. Así que desde que hay bautismo hay credo. Punto.
El Nuevo Catecismo de la Iglesia católica nos enseña esto:
167 "Creo" (Símbolo de los Apóstoles): Es la fe de la Iglesia profesada personalmente por cada creyente, principalmente en su bautismo. "Creemos" (Símbolo de Nicea-Constantinopla, en el original griego): Es la fe de la Iglesia confesada por los obispos reunidos en Concilio o, más generalmente, por la asamblea litúrgica de los creyentes. "Creo", es también la Iglesia, nuestra Madre, que responde a Dios por su fe y que nos enseña a decir: "creo", "creemos".
168 La Iglesia es la primera que cree, y así conduce, alimenta y sostiene mi fe. La Iglesia es la primera que, en todas partes, confiesa al Señor ("Te per orbem terrarum sancta confitetur Ecclesia", cantamos en el Te Deum), y con ella y en ella somos impulsados y llevados a confesar también : "creo", "creemos". Por medio de la Iglesia recibimos la fe y la vida nueva en Cristo por el bautismo. En el Ritual Romanum, el ministro del bautismo pregunta al catecúmeno: "¿Qué pides a la Iglesia de Dios?" Y la respuesta es: "La fe". "¿Qué te da la fe?" "La vida eterna".
169 La salvación viene solo de Dios; pero puesto que recibimos la vida de la fe a través de la Iglesia, ésta es nuestra madre: "Creemos en la Iglesia como la madre de nuestro nuevo nacimiento, y no en la Iglesia como si ella fuese el autor de nuestra salvación" (Fausto de Riez, Spir. 1,2). Porque es nuestra madre, es también la educadora de nuestra fe.
170 No creemos en las fórmulas, sino en las realidades que estas expresan y que la fe nos permite "tocar". "El acto (de fe) del creyente no se detiene en el enunciado, sino en la realidad (enunciada)" (S. Tomás de A., s.th. 2-2, 1,2, ad 2). Sin embargo, nos acercamos a estas realidades con la ayuda de las formulaciones de la fe. Estas permiten expresar y transmitir la fe, celebrarla en comunidad, asimilarla y vivir de ella cada vez más.
171 La Iglesia, que es "columna y fundamento de la verdad" (1 Tim 3,15), guarda fielmente "la fe transmitida a los santos de una vez para siempre" (Judas 3). Ella es la que guarda la memoria de las Palabras de Cristo, la que transmite de generación en generación la confesión de fe de los Apóstoles. Como una madre que enseña a sus hijos a hablar y con ello a comprender y a comunicar, la Iglesia, nuestra Madre, nos enseña el lenguaje de la fe para introducirnos en la inteligencia y la vida de la fe.
172 Desde siglos, a través de muchas lenguas, culturas, pueblos y naciones, la Iglesia no cesa de confesar su única fe, recibida de un solo Señor, transmitida por un solo bautismo, enraizada en la convicción de que todos los hombres no tienen más que un solo Dios y Padre (cf. Ef 4,4-6). S. Ireneo de Lyon, testigo de esta fe, declara:
173 "La Iglesia, en efecto, aunque dispersada por el mundo entero hasta los confines de la tierra, habiendo recibido de los apóstoles y de sus discípulos la fe... guarda (esta predicación y esta fe) con cuidado, como no habitando más que una sola casa, cree en ella de una manera idéntica, como no teniendo más que una sola alma y un solo corazón, las predica, las enseña y las transmite con una voz unánime, como no poseyendo más que una sola boca" (haer. 1, 10,1-2).
174 "Porque, si las lenguas difieren a través del mundo, el contenido de la Tradición es uno e idéntico. Y ni las Iglesias establecidas en Germania tienen otro fe u otra Tradición, ni las que están entre los Iberos, ni las que están entre los Celtas, ni las de Oriente, de Egipto, de Libia, ni las que están establecidas en el centro el mundo..." (ibid.). "El mensaje de la Iglesia es, pues, verídico y sólido, ya que en ella aparece un solo camino de salvación a través del mundo entero" (ibid. 5,20,1).
175 "Esta fe que hemos recibido de la Iglesia, la guardamos con cuidado, porque sin cesar, bajo la acción del Espíritu de Dios, como un contenido de gran valor encerrado en un vaso excelente, rejuvenece y hace rejuvenecer el vaso mismo que la contiene" (ibid., 3,24,1).
185 Quien dice "Yo creo", dice "Yo me adhiero a lo que nosotros creemos". La comunión en la fe necesita un lenguaje común de la fe, normativo para todos y que nos una en la misma confesión de fe.
186 Desde su origen, la Iglesia apostólica expresó y transmitió su propia fe en fórmulas breves y normativas para todos (cf. Rom 10,9; 1 Cor 15,3-5; etc.). Pero muy pronto, la Iglesia quiso también recoger lo esencial de su fe en resúmenes orgánicos y articulados destinados obre todo a los candidatos al bautismo:
Esta síntesis de la fe no ha sido hecha según las opiniones humanas, sino que de toda la Escritura ha s ido recogido lo que hay en ella de más importante, para dar en su integridad la única enseñanza de la fe. Y como el grano de mostaza contiene en un grano muy pequeño gran número de ramas, de igual modo este resumen de la fe encierra en pocas palabras todo el conocimiento de la verdadera piedad contenida en el Antiguo y el Nuevo Testamento (S. Cirilo de Jerusalén, catech. ill. 5,12).
187 Se llama a estas síntesis de la fe "profesiones de fe" porque resumen la fe que profesan los cristianos. Se les llama "Credo" por razón de que en ellas la primera palabra es normalmente : "Creo". Se les denomina igualmente "símbolos de la fe".
188 La palabra griego "symbolon" significaba la mitad de un objeto partido (por ejemplo, un sello) que se presentaban como una señal para darse a conocer. Las partes rotas se ponían juntas para verificar la identidad del portardor.
El "símbolo de la fe" es, pues, un signo de identificación y de comunión entre los creyentes. "Symbolon" significa también recopilación, colección o sumario. El "símbolo de la fe" es la recopilación de las principales verdades de la fe. De ahí el hecho de que sirva de punto de referencia primero y fundamental de la catequesis.
189 La primera "profesión de fe" se hace en el Bautismo. El "símbolo de la fe" es ante todo el símbolo bautismal. Puesto que el Bautismo es dado "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28,19), las verdades de fe profesadas en el Bautismo son articuladas según su referencia a las tres personas de la Santísima Trinidad.
190 El Símbolo se divide, por tanto, en tres partes: "primero habla de la primera Persona divina y de la obra admirable de la creación; a continuación, de la segunda Persona divina y del Misterio de la Redención de los hombres; finalmente, de la tercera Persona divina, fuente y principio de nuestra santificación" (Catech. R. 1,1,3). Son "los tres capítulos de nuestro sello (bautismal)" (S. Ireneo, dem. 100).
191 "Estas tres partes son distintas aunque están ligadas entre sí. Según una comparación empleada con frecuencia por los Padres, las llamamos artículos. De igual modo, en efecto, que en nuestros miembros hay ciertas articulaciones que los distinguen y los separan, así también, en esta profesión de fe, se ha dado con propiedad y razón el nombre de artículos a las verdades que debemos creer en particular y de una manera distinta" (Catch.R. 1,1,4). Según una antigua tradición, atestiguada ya por S. Ambrosio, se acostumbra a enumerar doce artículos del Credo, simbolizando con el número de los doce apóstoles el conjunto de la fe apostólica (cf.symb. 8).
192 A lo largo de los siglos, en respuesta a las necesidades de diferentes épocas, han sido numerosas las profesiones o símbolos de la fe: los símbolos de las diferentes Iglesias apostólicas y antiguas (cf. DS 1-64), el Símbolo "Quicumque", llamado de S. Atanasio (cf. DS 75-76), las profesiones de fe de ciertos Concilios (Toledo: DS 525-541; Letrán: DS 800-802; Lyon: DS 851-861; Trento: DS 1862-1870) o de ciertos Papas, como la "fides Damasi" (cf. DS 71-72) o el "Credo del Pueblo de Dios" (SPF) de Pablo VI (1968).
193 Ninguno de los símbolos de las diferentes etapas de la vida de la Iglesia puede ser considerado como superado e inútil. Nos ayudan a captar y profundizar hoy la fe de siempre a través de los diversos resúmenes que de ella se han hecho.
Entre todos los símbolos de la fe, dos ocupan un lugar muy particular en la vida de la Iglesia:
194 El Símbolo de los Apóstoles, llamado así porque es considerado con justicia como el resumen fiel de la fe de los apóstoles.
195 Es el antiguo símbolo bautismal de la Iglesia de Roma. Su gran autoridad le viene de este hecho: "Es el símbolo que guarda la Iglesia romana, la que fue sede de Pedro, el primero de los apóstoles, y a la cual él llevó la doctrina común" (S. Ambrosio, symb. 7).
El Símbolo llamado de Nicea-Constantinopla debe su gran autoridad al hecho de que es fruto de los dos primeros Concilios ecuménicos (325 y 381). Sigue siendo todavía hoy el símbolo común a todas las grandes Iglesias de Oriente y Occidente.
196 Nuestra exposición de la fe seguirá el Símbolo de los Apóstoles, que constituye, por así decirlo, "el más antiguo catecismo romano". No obstante, la exposición será completada con referencias constantes al Símbolo de Nicea-Constantinopla, que con frecuencia es más explícito y más detallado.
197 Como en el día de nuestro Bautismo, cuando toda nuestra vida fue confiada "a la regla de doctrina" (Rom 6,17), acogemos el Símbolo de esta fe nuestra que da la vida.
Recitar con fe el Credo es entrar en comunión con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, es entrar también en comunión con toda la Iglesia que nos transmite la fe y en el seno de la cual creemos:
Este Símbolo es el sello espiritual, es la meditación de nuestro corazón y el guardián siempre presente, es, con toda certeza, el tesoro de nuestra alma (S. Ambrosio, symb. 1).
por Makf | 3 Abr, 2026 | Apologética 4
Autor: Catholic.net
Apócrifo viene del griego apokrýpto que significa “esconder, ocultar”, y se usaba para designar los libros destinados al uso privado de alguna secta, y después vino a utilizarse para designar los libros de dudosa autenticidad o de origen incierto.
Mito 34: Los libros apócrifos fueron agregados a la Biblia también por el concilio de Trento en 1546
Refutación y Argumentos Católicos
Esta afirmación no respeta la historia del proceso histórico por el que reconoció por canónicos los libros inspirados. Hablar de una Iglesia judía es además establecer una distinción extraña a la Iglesia de los orígenes, ya que en el NT se citan obras canónicas y obras no canónicas, y la cita con que se pretende probar esta afirmación no habla que la Iglesia judía no haya reconocido como canónicos los que el enunciado llama apócrifos.
Esto es lo que dice Ap 22,8-9:“Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas. Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios”.
Sobra decir que la Iglesia ha hecho de la palabra de Dios objeto de culto en su liturgia, oración, contemplación, etc. De este modo, la Biblia ha formado parte de la vida de la Iglesia. La Biblia la ha enriquecido, fortalecido y ayudado de diversas maneras. En un momento determinado la Iglesia quiso fijar con claridad cuáles han sido esos libros que han formado parte de su vida. Es lo que se conoce como "canonicidad".
Esta palabra deriva también del griego: canon es metro o medida. Por dar una definición, la canonicidad es la lista de los libros reconocidos como inspirados por Dios y que tienen un valor de regla de fe y costumbres (el término asume este significado en el aZo 360, con ocasión del Sínodo de Laodicea, en la carta pascual de Atanasio de Laodicea).
No se ha tratado de un concepto abstracto, sino que la Iglesia ha reconocido lo que ha sido siempre su patrimonio espiritual y doctrinal. En dicho reconocimiento, la Iglesia se ha percatado de que no sólo se han usado los libros de la Biblia judía en su liturgia, en su oración, en su estudio, en su vida; sino también varias obras que los judíos –atención los judíos y no “la Iglesia judía- no tienen por sagradas. Estas obras se llaman deuterocanónicas. Este término fue acuZado en 1569 por Sixto de Siena para distinguir de algún modo a las obras que no formaban parte de la Biblia judía.
A las obras que en campo católico se denomina como deuterocanónicas, los protestantes llaman "apócrifas". En campo católico se entiende por “apócrifos” aquellos libros que no forman parte del canon de las Escrituras. Hay libros apócrifos tanto para el Antiguo como para el Nuevo Testamento. Apócrifos del Antiguo Testamento son, por ejemplo, el Libro de los jubileos, el Testamento de los doce patriarcas, el Libro de Enoc.
De entre los del Nuevo Testamento se encuentran, entre otros, el Protoevangelio de Santiago, el Evangelio de Tomás, el Apocalipsis de Pablo. Estas obras no han sido siempre parte de la vida de la Iglesia; por ello, se las ha excluido del conjunto de obras que son parte del legado espiritual y doctrinal de nuestra fe. No son Sagrada Escritura. Por lo general, carecen de valor histórico cuando tratan de transmitir o reflejar datos sobre la vida de Jesús o sobre la Iglesia de los orígenes.
Una mención especial merece a este respecto el Apocalipsis de Juan, el último libro no sólo del Nuevo Testamento, sino también de toda la Biblia cristiana. Durante muchos aZos no se la consideró perteneciente a las Escrituras, porque algunas sectas primitivas, conocidas como "milenaristas", decían apoyarse en ella para hablar de lo inminente del fin del mundo. Concretamente hablaban del final de los tiempos al cabo de "mil aZos". Una vez que la Iglesia antigua -gracias sobre todo a Orígenes, san Agustín y san Jerónimo-, dirimió el sentido que el Apocalipsis quería a dar al pasaje de Ap 21,3-8, se reconoció a esta obra su inspiración divina.
Volvamos al tema del canon, más exactamente al proceso histórico que llevó a la Iglesia a establecer el conjunto de sus libros sagrados. A decir verdad, no se cuenta con mucha información sobre el modo como se procedió para incluir los libros en el canon. Lo que sí es cierto es que una vez que los judíos terminaron por dirimir la discusión y delimitaron el conjunto de sus libros sagrados, la Iglesia decidió hacer lo mismo, sólo que para entonces la Iglesia ya era lo suficientemente autónoma de la sinagoga como para resentirse directamente de su influjo: el canon judío, si se le puede llamar así, es posterior a la época de la formación del Nuevo Testamento.
Los diversos indicios históricos hacen suponer que entre los judíos la discusión se prolongó hasta el siglo III; incluso antes de fijar rígidamente su “canon”, los rabinos citaban obras que luego serían deuterocanónicas con expresiones como “está escrito”, y que corresponde a la manera típica de introducir un determinado pasaje de la Biblia.
La Iglesia de oriente, sobre todo a partir de Orígenes (185-253) intentó en un principio hacer coincidir el número de sus escritos con el de los 22 ó 24 de los judíos. Pero ello no fue motivo para admitir en el canon cristiano obras que excluían los judíos o que se encontraban en la Biblia de los LXX. En occidente, sobre todo gracias a san Agustín (354-430), se adoptó la práctica habitual de la Iglesia. En el siglo V varios concilios, bien que regionales, expresaron su parecer sobre la lista de los libros inspirados por Dios.
San Jerónimo tradujo al latín los libros que procedían de un original en hebreo; para las obras deuterocanónicas, lo que hizo fue corregir la antigua versión de la “Vetus Latina”. Desde entonces la Iglesia reconoce una doble tradición bíblica: la del texto hebreo para los libros del canon judío, y la de la Biblia griega para los demás, sólo que en una versión o tradición latina.
En 1442 el concilio de Florencia, y en 1564 el de Trento disiparon toda posible duda sobre el conjunto de los libros canónicos de la Iglesia católica. Este fue el modo como la Iglesia recibió el canon definitivo, y que se basó en su uso constante. Con ello se preservó la memoria continua de los orígenes cristianos
por Makf | 3 Abr, 2026 | Apologética 4
Autor: Catholic.net
La tradición y la sagrada escritura están íntimamente unidas y compenetradas, porque siguen ambas la misma fuente y tienden al mismo fin.
Mito 33. La tradición son sólo enseñanzas humanas
El concilio de Trento de 1545 A.D. declaró que la Tradición es de igual autoridad a la de la Biblia 1545 A.D. Tradición se refiere a las enseñanzas humanas.
Los Fariseos creían de la misma manera, y Jesús los condenó amargamente, porque practicando las tradiciones humanas, ellos anulaban los mandamientos de Dios (Marcos 7:7-13; Col. 2:8; Apocalipsis 22:18).
Refutación y Argumentos Católicos
Hay en este enunciado un grave error, y es que la tradición se refiera a las solas enseñanzas humanas. Las enseñanzas de Cristo, ¿cómo nos han llegado? ¿No dice algo san Pablo al respecto en 1Cor 11,23; 15,3? Más aún, ¿por qué se descuida que la Biblia es fruto de la tradición.
¿Por qué los judíos llaman "massora" al texto hebreo del AT, ya que significa "tradición? Así que si se descarta la tradición por ser enseñanzas humanas, se debe descartar ante todo la Biblia, fruto de la tradición.
Es curioso que los protestantes olviden que algunas cosas que también ellos conservan lo hacen por tradición: el término "Trinidad" para las tres divinas personas, el término "pecado original", y pero aún más desconcertante es el principio de la "sola Escritura".
¿Les devolvemos la acusación de que se trata de enseñanzas humanas? ¿Cómo distinguen cuándo una tradición es válida y cuándo no? ¿Recurriendo a los textos que nos ponen de Mc 7,7-13; Col 2,8 y Ap 22,18? De ser así, el principio de la sola Escritura es una enseñanza.
Lo que más sorprende, pues, de este enunciado es que se saquen las citas de su contexto: en Mc 7,5-13 se trata de que los discípulos de Cristo no se laven las manos antes de comer. Cabe preguntarles si Cristo hablaba contra lo que Trento diría sobre la Tradición.
Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas?
Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí.
Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.
Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes. Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente.
Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte, y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre,invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas".
Col 2,5-10:
Porque aunque estoy ausente en cuerpo, no obstante en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro buen orden y la firmeza de vuestra fe en Cristo.
Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias.
Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.
Tampoco se refiere Pablo aquí a la Tradición a que hace referencia la Iglesia Católica, sino que Pablo pone en guardia a los cristianos de Colosas contra los que aprovechándose de la ausencia del apóstol, pretenda engañarles con filosofías y huecas sutilezas.
Ahora bien, de ser verdad que san Pablo arremete contra toda tradición, ¿cómo se explica que termine por contradecirse con lo que enseña en 1Cor 11,23; 15,2? ¿Es que Pablo desconocía el principio de tradición humana de la sola Escritura? ¿Es que la Biblia contradice a la Biblia?
La cita de Ap 22,18 no se refiere ni siquiera a la tradición, sino a no quitar ni añadir nada extraño a lo que enseña Apocalipsis: "Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro"; así que la acusación se dirige precisamente contra el enunciado del mito, ya que añade el tema de la tradición al Apocalipsis cuando el Apocalipsis no se refiere a ella. Sería bueno que se reflexionara seriamente en la amenaza clara de la obra, pues se está manipulando el Apocalipsis para algo que no ha dicho.
A decir verdad, la transmisión de los elementos constitutivos de la propia historia es un hecho típicamente humano, cultural y universal. El hombre vive inmerso en la propia finitud por un lado, y el sentido de lo trascendente, por otro. La tradición es lo le permite mantener viva dicha tensión y expresarla.
Gracias a la tradición, los grupos culturales se comunican entre sí, de suerte que la historia de un pueblo se puede dar a conocer a otro. Por ello es que el instrumento esencial para la tradición lo constituye el lenguaje. Sin tradición no se da ninguna posibilidad de comprensión de sí mismo ni de la historia.
En la tradición se suelen distinguir tres elementos: el proceso de transmisión; el contenido de lo transmitido, y los sujetos de la tradición. En el origen de la tradición cristiana está la persona misma de Cristo : convoca a un grupo de discípulos, les transmite su enseñanza para que la conservasen íntegra y así la comunicasen a todos los que creyeran en su predicación.
Por ello es que les imparte este mandamiento después de su resurrección: "Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra: id, pues, y haced discípulos míos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñandoles a observar todo lo que os he transmitido a vosotros"(Mt 28,18-20).
La comunidad primitiva de este modo fue transmitiendo de modo universal y en todos los tiempos la palabra de salvación de Cristo, tal como él lo había hecho de parte del Padre. La comunidad se ve constantemente guiada por la acción del Espíritu Santo que la acompaña en la conservación íntegra y pura de las enseñanzas del Señor.
Desde los primeros siglos, a raíz de las primeras herejías, la comunidad especifica este concepto llegando a distinguir entre la Escritura y la Tradición. En contra de las sectas gnósticas, se empieza a formular un primer criterio de tradición que se centra en regla de fe.
Ireneo y Tertuliano fueron los primeros en explicitar el concepto de los verdaderos transmisores del kerigma, que fueron los apóstoles, que por la imposición de manos hicieron de sus sucesores transmisores autorizados y garantizados de la verdadera tradición. La síntesis de todo este proceso se encuentra en la famosa fórmula de Vicente de Lérins «quod ubique, quod semper, quod ab omnibus creditum est" (lo que en todas partes, lo que siempre y por todos ha sido creído).
El concilio de Trento en la sesión IV, con el decreto sobre los libros sagrados y de las tradiciones que han de recibirse ofrece la enseñanza siguiente:
a] La Iglesia ha de permanecer "en la pureza del Evangelio», es decir, vinculada al "evento Cristo", que constituye la fuente única y última de la verdad de fe y de norma moral; él es la misma continuidad de la revelación.
b] La revelación está contenida y mediada necesariamente "en los libros sagrados y en las tradiciones no escritas"; el concilio, reconoce dos mediaciones de la Palabra de Dios: la Escritura y la Tradición.
c] Se definen las tradiciones no escritas en las que el Evangelio se transmite como todo aquello que " a partir de la voz del propio Cristo, de los apóstoles bajo la inspiración del Espíritu Santo, ha llegado hasta nosotros como transmitido de mano en mano" (DS 1501).
La Constitución dogmática Dei Verbum, el Vaticano II propone una enseñanza renovada sobre la Tradición, acorde con la nueva comprensión de lo que es la revelación. Recupera la persona de Jesucristo como fuente y sujeto de tradición, ya que él a su vez transmite lo que ha recibido del Padre.
Se la presenta como un don que es participado y que ha de conservarse íntegro para siempre, y se inserta en un proceso histórico que garantiza su progreso (DV 7-8). En efecto, la sagrada Escritura «es Palabra de Dios en cuanto que está escrita por inspiración» y «se transmite íntegramente por la santa tradición» (DV 9).
Otro error grave en que cae el enunciado del mito es la confusión y no distinción entre Tradición y tradiciones. Nada mejor para aclararlo que la enseñanza del Nuevo Catecismo.
II LA RELACION ENTRE LA TRADICION Y LA SAGRADA ESCRITURA
Una fuente común...
80 La Tradición y la Sagrada Escritura "están íntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin" (DV 9). Una y otra hacen presente y fecundo en la Iglesia el misterio de Cristo que ha prometido estar con los suyos "para siempre hasta el fin del mundo" (Mt 28,20).
Dos modos distintos de transmisión
81 "La Sagrada Escritura es la palabra de Dios, en cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo".
"La Tradición recibe la palabra de Dios, encomendada por Cristo y el Espíritu Santo a los apóstoles, y la transmite íntegra a los sucesores; para que ellos, iluminados por el Espíritu de la verdad, la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicación"
82 De ahí resulta que la Iglesia, a la cual está confiada la transmisión y la interpretación de la Revelación "no saca exclusivamente de la Escritura la certeza de todo lo revelado. Y así se han de recibir y respetar con el mismo espíritu de devoción" (DV 9).
Tradición apostólica y tradiciones eclesiales
83 La Tradición de que hablamos aquí es la que viene de los apóstoles y transmite lo que estos recibieron de las enseñanzas y del ejemplo de Jesús y lo que aprendieron por el Espíritu Santo. En efecto, la primera generación de cristianos no tenía aún un Nuevo Testamento escrito, y el Nuevo Testamento mismo atestigua el proceso de la Tradición viva.
Es preciso distinguir de ella las "tradiciones" teológicas, disciplinares, litúrgicas o devocionales nacidas en el transcurso del tiempo en las Iglesias locales. Estas constituyen formas particulares en las que la gran Tradición recibe expresiones adaptadas a los diversos lugares y a las diversas épocas. Sólo a la luz de la gran Tradición aquellas pueden ser mantenidas, modificadas o también abandonadas bajo la guía del Magisterio de la Iglesia.
por Makf | 3 Abr, 2026 | Apologética 4
Autor: Catholic.net
"Dios te salve María" el gran saludo que el ángel dió a la que fue elegida para ser madre de Dios.
Mito 32. El Ave María, comenzó en la última mitad de 1508 A.D.
Fue terminado 50 años después y finalmente fue aprobado por el Papa Sixths V, al final del décimosexto siglo.
Refutación y Argumentos Católicos
Aquí el problema no es que en la Iglesia se comience a rezar el avemaría a partir de una fecha u otra, sino que para el autor de este mito, el hombre no tiene por qué recurrir a María para contar con su intercesión.
El mito descuida, en efecto, que el avemaría es una muestra de la admirable conjunción en la Iglesia del aspecto divino y el eclesial: no puede negarse la presencia de la acción divina en las palabras pronunciadas por el ángel y santa Isabel, por otro lado, la Iglesia goza de la asistencia del Espíritu Santo que prometió la guiaría hasta la verdad completa (Jn 16,13).
Por otro lado, todo lo que el vicario de Cristo ate o desate en la tierra quedará atado o desatado en el cielo por boca del mismo Cristo (Mt 16,19). Hay, pues, continuidad entre la acción del Espíritu Santo antes, ya que Dios no puede engañarse ni engañarnos.
El avemaría es, por lo tanto, una oración bíblica.
1. La primera parte se remonta a Lucas 1,26-28:
"Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
Y a Lucas 1,42:
"Y exclamando con gran voz, dijo: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno".
2. La segunda parte se remonta igualmente a la Biblia en cuanto a su sentido, sólo que su elaboración literal es posterior y de origen eclesiástico, pero está en sintonía con la Biblia:
Santa María Madre de Dios: "Y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?" (Lc 1,43).
"Ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén": que María puede interceder por nosotros, no nos cabe la menor duda. Lo hizo en Caná: "Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: «No tienen vino». Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora». Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,3-5).
De hecho, en el Apocalipsis los santos del cielo pueden interceder en favor o en contra de los habitantes de la tierra. ¡Con cuánta mayor razón la "Madre del Señor" !: "Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los degollados a causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron. Se pusieron a gritar con fuerte voz: «¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin tomar venganza por nuestra sangre de los habitantes de la tierra?» Entonces se le dio a cada uno un vestido blanco y se les dijo que esperasen todavía un poco, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos que iban a ser muertos como ellos" (Ap 6,9-11).
No es correcto decir que esta oración inicia en el 1508. Los datos siguientes hablan por sí solos.
El saludo del ángel y el macarismo de Isabel ("dichosa la que ha creído...")se encuentran ya unidos en Severo de Antioquía (+ 538). En efecto, Severo se hace eco de ello en una fórmula ritual del bautismo (cfr Acta Sanctorum VII). De hecho, hay un testimonio arqueológico interesante: en Lúxor, Egipto, se ha encontrado un óstracon (inscripción en vasijas de barro) con las palabras del ángel y de santa Isabel formando parte de un todo.
Más aún para el 749 San Juan de Damasco las hace objeto de sus homilías. También figura en occidente, en la así llamada "Vida de san Ildefonso", atribuida a san Julián de Toledo (S. IX). Su uso quedó generalizado gracias a los antifonarios gregorianos como ofertorio para el IV domingo de adviento. En el S. XII la práctica se acentúa como puede constatarse en el Sermón III in Missis de san Bernardo. Los obispos encarecen entonces su aprendizaje por parte de los fieles, como Odón de Soliac en 1198. Gracias a Urbano IV la Iglesia añadió los nombres de «María» -"Dios te salve, María
Nada mejor que el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica para explicarnos el significado del avemaría:
2674 Desde el sí dado por la fe en la anunciación y mantenido sin vacilar al pie de la cruz, la maternidad de María se extiende desde entonces a los hermanos y a las hermanas de su Hijo, "que son peregrinos todavía y que están ante los peligros y las miserias" (LG 62). Jesús, el único Mediador, es el Camino de nuestra oración; María, su Madre y nuestra Madre es pura transparencia de él: María "muestra el Camino" ["Hodoghitria"], ella es su "signo", según la iconografía tradicional de Oriente y Occidente.
2675 A partir de esta cooperación singular de María a la acción del Espíritu Santo, las Iglesias han desarrollado la oración a la santa Madre de Dios, centrándola sobre la persona de Cristo manifestada en sus misterios. En los innumerables himnos y antífonas que expresan esta oración, se alternan habitualmente dos movimientos: uno "engrandece" al Señor por las "maravillas" que ha hecho en su humilde esclava, y por medio de ella, en todos los seres humanos (cf Lc 1, 46-55); el segundo confía a la Madre de Jesús las súplicas y alabanzas de los hijos de Dios ya que ella conoce ahora la humanidad que en ella ha sido desposada por el Hijo de Dios.
2676 Este doble movimiento de la oración a María ha encontrado una expresión privilegiada en la oración del Ave María:
"Dios te salve, María [Alégrate, María]". La salutación del Angel Gabriel abre la oración del Ave María. Es Dios mismo quien por mediación de su ángel, saluda a María. Nuestra oración se atreve a recoger el saludo a María con la mirada que Dios ha puesto sobre su humilde esclava (cf Lc 1, 48) y a alegrarnos con el gozo que El encuentra en ella (cf So 3, 17b)
"Llena de gracia, el Señor es contigo": Las dos palabras del saludo del ángel se aclaran mutuamente. María es la llena de gracia porque el Señor está con ella. La gracia de la que está colmada es la presencia de Aquél que es la fuente de toda gracia. "Alégrate... Hija de Jerusalén... el Señor está en medio de ti" (So 3, 14, 17a). María, en quien va a habitar el Señor, es en persona la hija de Sión, el arca de la Alianza, el lugar donde reside la Gloria del Señor: ella es "la morada de Dios entre los hombres" (Ap 21, 3). "Llena de gracia", se ha dado toda al que viene a habitar en ella y al que entregará al mundo.
"Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús". Después del saludo del ángel, hacemos nuestro el de Isabel. "Llena del Espíritu Santo" (Lc 1, 41), Isabel es la primera en la larga serie de las generaciones que llaman bienaventurada a María (cf. Lc 1, 48): "Bienaventurada la que ha creído... " (Lc 1, 45): María es "bendita entre todas las mujeres" porque ha creído en el cumplimiento de la palabra del Señor.
Abraham, por su fe, se convirtió en bendición para todas las "naciones de la tierra" (Gn 12, 3). Por su fe, María vino a ser la madre de los creyentes, gracias a la cual todas las naciones de la tierra reciben a Aquél que es la bendición misma de Dios: Jesús, el fruto bendito de su vientre.
2677 "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros... " Con Isabel, nos maravillamos y decimos: "¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?" (Lc 1, 43). Porque nos da a Jesús su hijo, María es madre de Dios y madre nuestra; podemos confiarle todos nuestros cuidados y nuestras peticiones: ora para nosotros como oró para sí misma: "Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38). Confiándonos a su oración, nos abandonamos con ella en la voluntad de Dios: "Hágase tu voluntad".
"Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte". Pidiendo a María que ruegue por nosotros, nos reconocemos pecadores y nos dirigimos a la "Madre de la Misericordia", a la Virgen Santísima. Nos ponemos en sus manos "ahora", en el hoy de nuestras vidas. Y nuestra confianza se ensancha para entregarle desde ahora, "la hora de nuestra muerte". Que esté presente en esa hora, como estuvo en la muerte en Cruz de su Hijo y que en la hora de nuestro tránsito nos acoja como madre nuestra (cf Jn 19, 27) para conducirnos a su Hijo Jesús, al Paraíso.
2678 La piedad medieval de Occidente desarrolló la oración del Rosario, en sustitución popular de la Oración de las Horas. En Oriente, la forma litánica del Acathistós y de la Paráclisis se ha conservado más cerca del oficio coral en las Iglesias bizantinas, mientras que las tradiciones armenia, copta y siríaca han preferido los himnos y los cánticos populares a la Madre de Dios. Pero en el Ave María, los theotokia, los himnos de San Efrén o de San Gregorio de Narek, la tradición de la oración es fundamentalmente la misma.
2679 María es la orante perfecta, figura de la Iglesia. Cuando le rezamos, nos adherimos con ella al designio del Padre, que envía a su Hijo para salvar a todos los hombres. Como el discípulo amado, acogemos (cf Jn 19, 27) a la madre de Jesús, hecha madre de todos los vivientes.
Podemos orar con ella y a ella. La oración de la Iglesia está sostenida por la oración de María. Le está unida en la esperanza (cf LG 68-69).
por Makf | 3 Abr, 2026 | Apologética 4
Autor: Catholic.net
Los sacramentos como signos visibles de la gracia de Dios, fueron instituidos por Jesucristo.
Mito 31. La doctrina de 7 sacramentos fue afirmada en 1439 A.D.
La Biblia dice que Cristo instituyó solamente dos ordenanzas, el bautismo y la Santa Cena. (Mat. 28:19-20; 26:26-28).
Refutación y Argumentos Católicos
De nuevo nos encontramos con afirmaciones sorprendentes en el mejor de los casos. ¿La Biblia dice que Cristo instituyó solamente dos ordenanzas (el bautismo y la santa cena)? Primero aquí hay cierto retorcimiento de los términos: parece que según el autor de este escrito es preferible el uso de "ordenanza" a sacramento; segundo, en las citas que nos pone debiera decirse explícitamente que Cristo ha institutido sólo dos ordenanzas.
¿Ambas cosas son verdad? ¿En qué pasaje se dice que sacramento es lo mismo que ordenanza? ¿En qué pasaje se dice que sólo el bautismo y la cena son solamente las dos ordenanzas instituidas por Cristo?
Mt 28,19-20 dice esto:
"Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén".
Mt 26,26-28 pone esto otro:
"Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados".
¿Son éstas las únicas dos ordenanzas de Jesús? ¿Cómo es que se olvida esta otra?
Jn 20,22-23: "Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos".
Pero en dado caso estas otras ordenanzas debieran ser sacramentos, lo cual demuestra que Jesús no dio sólo dos ordenanzas, ni que toda ordenanza es necesariamente un sacramento:
Lc 11,2: "Y les dijo: ´Cuando oréis, decid: ´Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra´...".
Lc 11,9-10: Y yo os digo: "Pedid y se os dará. Buscas y hallaréis. Llamad y se os abrirá, porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abre".
Jn 13,12-15: "Después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis".
Mt 6,33: "Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas lo demás se os dará por añadidura".
Para la negación de los siete sacramentos hemos de remontarnos una vez más a Lutero.
He aquí lo que dijo (año 1520): "Desde el principio debo negar que los sacramentos sean siete y por el momento admito solamente tres: el bautismo, la penitencia y el pan (eucarístico), y a todos ellos nos los ha reducido a miserable cautividad la curia romana, despojando a la Iglesia de toda su libertad. Aunque conforme al uso de la Escritura debería habla de un solo sacramento y tres signos sacramentales" (Weimarer Ausgaber, 501).
García Villoslada comenta que así Lutero "rompía la esencia misma de los sacramentos y mataba en su raíz la mística vitalidad de la liturgia cristiana. Sigue abogando con encendida elocuencia por la comunión de los laicos bajo las dos especies, proque, si se les niega el cáliz, con la misma razón se les podrá negar parte del bautismo y parte de la penitencia; después de lo cual, dando por rota la primera cadena, se empeña en romper la seguna, que es la transustanciación eucarística" [pero de esto ya se ha hablado en otra parte de la lista del mito] (R. García Villoslada, Martín Lutero I, El fraile hambriento de Dios, Madrid 1973, 477).
Pero no queda todo ahí, para 1523, Lutero ya no admitía que la penitencia fuera un sacramento.
De hecho, la "Confesión de Augsburgo" de 1530 así como Mélanchton en 1531 aceptan el número ternario del primer Lutero; pero Zwinglio y Calvino conservan el número binario.
Ahora bien, ninguno de los 7 sacramentos resulta haber sido instituido por un concilio, por un Romano Pontífice, por una comunidad o iglesia particular. Se trata de una verdad de antigua tradición. Recordemos lo que enseña san Agustín: "Quod universa tenet Ecclesia, nec Conciliis institutum est sed semper retentum est, nonnisi auctoritate apostolica traditum rectissime creditur" (De Baptismo IV, 24,13). La Iglesia ortodoxa admite y celebra los siete sacramentos como lo muestran los libros litúrgicos, las declaraciones de los concilios unionistas de Lyón y Florencia, las profesiones oficiales de fe y las respuestas dadas a los protestantes con ocasión de los intentos de éstos por atraer a los ortodoxos orientales a su propio ámbito.
El hecho es que a cuantos presentaron la versión griega de la "Confessio Augustana como base para intentos unionistas, el patriarca Jeremías II de Jerusalén, de cuerdo con Simeón de Tesalónica escribió en 1576: "Los misterios o sacrmanetos que se encuentran en la Iglesia católica de los cristianos ortodoxos son siete (Bautismo, Confirmación, Penitencia Eucaristía, Orden, Matrimonio y Unción de enfermos). Siete, de hecho son los dones del Espíritu divino, como dice Isaías, y siete los misterios [palabra griega para "sacramento"] de la Iglesia que tienen eficacia por obra del Espíritu". Declaraciones similares se encuentran en la confesión ortodoxa del metropolita Pedro Moguila de Kíev (1642). El patriarca Dositeo de Jerusalén (1672) califica de "estultez herética" la confesión de entonación calvinista del patriarca Lucaris de Constantinopla.
La Iglesia monofisita, cuya separación se remonta al S. V, a una época posterior a la elaboración doctrinal del concepto de sacramento, conserva el firme parecer del número septenario de los sacramentos, como está escrito en el catecismo del obispo Barsaum: "Los sacramentos de la Iglesia son bautismo, myron, eucaristía, penitencia, orden, unción de enfermos y matrimonio" (E. I. Barsaum, Pequeño catecismo de los sirios disidentes Der Zafran 1912).
Los mismos nestorianos, que también en el S. V se constituyeron en Iglesia independiente, según el testimonio del teólogo Ebedjesu (1318) conservan el número septenario para los sacramentos, si bien se percibe cierta vacilación al indicar cada uno de ellos, por ejemplo, no mencionan la confirmación y señalan el signo de la cruz.
¿Qué decir de este enunciado, al que corona la típica abreviación que se estila en el inglés -AD-: "La doctrina de 7 sacramentos fue afirmada en 1439 A.D.?
Primero, el número septenario de los sacramentos de la nueva ley, es objeto de una definición del concilio de Trento (Sesión 7, c1; DS 1607) [1547 d.C.]. Dicha definición supone que la Iglesia posee una noción exacta y común de "sacramento" en ese sentido preciso que permite hacer una enumeración integral.
Si antes del Concilio de Trento, ha habido autores católicos que se habían excedido en cuanto a la enumeración de los sacramentos, en tiempos del concilio los reformadores protestantes no eran parte de ellos, sino de lo contrario. Así, pues, Trento va contra el error por exceso como contra el error por defecto.
Pareció oportuno, pues, a los padres conciliares atenerse a una afrimación asertiva, al fin de evitar toda declaración exclusivista. Entonces se tenían ya todas las premisas para fijar una sentencia ineludible de la doctrina de la Iglesia y que era necesario hacerlo, a causa de los trastornos originados por los protestantes.
Segundo, es coronamiento de un progreso dogmático que ha durado siglos, al que preceden otros pronunciamientos del magisterio.
Tercero, tales pronunciamientos son:
la Profesión de fe prescrita para los Valdenses (DS 794) [1208 d.C.],
la Profesión de fe de Miguel Paleólogo del II Concilio de Lyón (DS 860) [1274 d.C. ]
el Decreto Pro Armenis del Concilio de Florencia (DS 1310) [1439 d.C.].
por Makf | 1 Abr, 2026 | Apologética 4
Autor: Catholic.net
Las almas que llegaron a la muerte en estado de gracia, pero no totalmente purificadas para entrar al Cielo, pasan a un estado de purificación que conocemos con el nombre de Purgatorio.
Mito 30. La doctrina del purgatorio fue proclamada como un dogma de la fe por el concilio de Florencia
No hay una sola palabra en la Biblia que enseñe lo del purgatorio. La sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado. (I Juan 1:7-9; 2:1-2; Juan 5:24; Rom. 8).
Refutación y Argumentos Católicos
"Lo que ocurre es que en el Dial 4,39.57; Ep 2321 san Gregorio Magno demuestra la existencia del fuego purificador con Mt 12,32 como base: "A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero" [cf Altaner, Patrologia (Asís 1997) p 503]. El error del mito es que como san Gregorio muestra esta realidad, se le acusa de invetarla. Como es lógico, la base no es Gregorio, sino la Escritura".
Por lo tanto, sería bueno que los autores de esta mitología se aclararan sobre la fecha de la proclamación del dogma., ya que el II concilio de Lyón (1274) afirma que los que murieron en la caridad de Dios "con verdadero arrepentimiento de sus pecados, antes de haber satisfecho por ellos con verdaderos frutos de penitencia», son purificados después de la muerte con «penas purgatorias».
Dicho concilio afirma también la validez de los sufragios (Profesión de fe de Miguel Paleólogo: DS 856). En cuanto al concilio de Florencia (1439) lo que este concilio hace es recoger los mismos principios en el Decreto para los griegos (DS 1304).
El concilio de Trento (1536) confirmará la doctrina sobre el purgatorio (DS 1820) contra los reformadores, sobre todo Lutero, que excluía toda posibilidad de purificación personal, basándose en que con ello se negaba la eficacia universal expiatoria de la muerte de Cristo. Por lo tanto, nos encontramos ante una tradición protestante más.
No ha de olvidarse que el dato más importante de los primeros siglos (I-IV) es la práctica de los sufragios, como se deduce de las inscripciones funerarias, las actas de los mártires, etc. de la Iglesia antigua.
Por otro lado, los contextos de las citas que coloca el enunciado del mito, ¿contraponen la sangre de Cristo a la purificación del purgatorio? Es decir, si la Biblia, según los protestantes con Lutero a la cabeza no enseña una sola palabra sobre el purgatorio, ¿cómo es que ponen esas citas que no dicen nada sobre el rechazo de una doctrina de la que la Biblia no habla?
Sin embargo, la Biblia sí habla, y mucho, sobre el purgatorio. Otra cosa es que no se emplee el término "purgatorio"; pueden llamarlo como quieran si el nombre lo les gusta. La enseñanza de la palabra de Dios y de la Iglesia en consonancia con ella, es clara. De lo contrario, ¿cómo es que los protestantes aceptan la doctrina del pecado original? ¿En qué parte de la Escritura aparece el término "pecado original" y cómo es que lo aceptan? De lo que sí no dice una palabra la Escritura es del principio protestante de la sola Escritura.
Las reflexiones que siguen hacen ver que la Biblia sí habla del purgatorio.
Los protestantes suelen acusarnos de que el purgatorio no figura en la Biblia, de que a su decir para la Iglesia católica no consiste sino en una "teología de segunda oportunidad" (o categoría) y un rechazo de la suficiencia del sacrificio propiciatorio de Cristo. Si hemos de sufrir para que nuestros pecados queden completamente purgados, bien puede deducirse que el sacrificio de Cristo no es suficiente".
Cabe decir ante todo que hay muchos malentendidos en lo que revela la Biblia y lo que enseña la Iglesia católica
[1].La Iglesia católica no niega que el sacrificio de Cristo sea suficiente:
La justificación nos fue merecida por la pasión de Cristo, que se ofreció en la cruz como hostia viva, santa y agradable a Dios y cuya sangre vino a ser instrumento de propiciación por los pecados de todos los hombres (NCIC 1992).
Cristo es la expiación por nuestros pecados y no sólo por los nuestros sino por los del mundo entero (1Jn 2,2). Además, en ningún documento de la Iglesia aparece "teología ninguna de una segunda oportunidad", pues cuando morimos queda sellado el tiempo de merecer: o estamos en gracia, de suerte que vamos al cielo o no lo estamos, de suerte que vamos al infierno:
"Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo" (NCIC 1030).
El mismo catecismo explica:
"Salvo que elijamos libremente amarle, no podemos estar unidos con Dios. Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra Él, contra nuestro prójimo o contra nosotros mismos: "Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él" (1 Jn 3, 15).
Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de El si omitimos socorrer a las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos (cf. Mt 25, 31-46). Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de Él para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra ´infierno´".
[2] Esto aclara que no se trata de una teología de "segunda oportunidad"; con todo, los protestantes suelen argüir preguntando en qué parte de la Escritura el cristiano ha de "purgarse de su pecado o imperfecciones".
La Escritura sí habla sobre el concepto y la realidad del purgatorio. El término "purgatorio" no aparece en la Biblia, pero eso no es ningún requisito para la doctrina cristiana: es como decir que como en la Biblia no se dice que Cristo tuviera orejas, de hecho no las tuvo, o que como Pablo no habla de Belén, Cristo no nació ahí. No aparece la palabra Trinidad y todos creemos en ella.
En 2Mac 12,39-46 se dice que "Judas Macabeo y su ejército fueron a recoger los cadáveres de los que habían caído y depositarlos con sus parientes en los sepulcros de sus padres. Entonces encontraron bajo las túnicas de cada uno de los muertos objetos consagrados a los ídolos de Yamnia, que la Ley prohíbe a los judíos. Fue entonces evidente para todos por qué motivo habían sucumbido aquellos hombres. Bendijeron, pues, todos las obras del Señor, juez justo, que manifiesta las cosas ocultas, y pasaron a la súplica, rogando que quedara completamente borrado el pecado cometido.
El valeroso Judas recomendó a la multitud que se mantuvieran limpios de pecado, a la vista de lo sucedido por el pecado de los que habían sucumbido. Después de haber reunido entre sus hombres cerca de 2.000 dracmas, las mandó a Jerusalén para ofrecer un sacrificio por el pecado, obrando muy hermosa y noblemente, pensando en la resurrección. Pues de no esperar que los soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar por los
Ahora bien, para los hermanos separados estamos ante una obra "apócrifa", sólo que para los católicos es deuterocanónica. Hay dos puntos que tener en cuenta, lo que aquí está en juego no es la canocidad de Macabeos: es innegable que Macabeos 1 y 2 nos proporcionan una información crucial sobre la fe y práctica de los judíos poco antes del tiempo de Cristo.
El hecho es innegable: los judíos creían en la oración por los pecados de los muertos y de los vivos para que se les perdonaran los pecados". Segundo, en toda la Biblia no aparece el tema de que Dios creara las cosas de la nada, y es precisamente 2Macabeos el que nos habla de ello: se crea canónico o no, refleja en qué creían los judíos poco antes de los tiempos de Cristo. Católicos y protestantes aceptan que Dios creó las cosas de la nada: "Te ruego, hijo, que mires al cielo y a la tierra y, al ver todo lo que hay en ellos, sepas que a partir de la nada lo hizo Dios y que también el género humano ha llegado así a la existencia" (2Macabeos 7,28).
Esa es la fe con que fueron educados Cristo y los apóstoles, y en este contexto ha de leerse lo que Cristo dice en el Nuevo Testamento: "Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero" (Mt 12,32).
La afirmación de Cristo supone que hay almenos algunos pecados que se pueden perdonar en la otra vida. Si Jesús hubiera querido condenar esta enseñanza, lo habría hecho; en cambio no la modifica, sino que la respeta.
Se podría objetar también que el libro de los macabeos no habla del purgatorio de los católicos porque los personajes de quienes se habla, habrían sido castigados por su idolatría. Es un pecado mortal según la enseñanza católica, y por ese motivo, el lugar para ese pecado no es el purgatorio, sino el infierno.
Primeramente, el pecado de tales hombres era llevar pequeños amuletos para ir a la batalla. Podría parecer similar a cualquier cristiano que lleva una pata de conejo, o a un jugador de fútbol que realiza algunas supersticiones cuando anota un gol, va a tirar un pénalty, o un tiro de esquina. Eso era probablemente un pecado venial para tales hombres. Mas aun en el caso de que fuera un pecado grave, creemos que hemos de rezar siempre por las almas que han muerto, ya que sólo Dios conoce los corazones de los hombres (2Crónicas 6,30). Sólo Él conoce el grado de culpabilidad de estos pecadores. Algunos pudieron haberse arrepentido antes de morir.
Como cristianos, siempre esperamos y siempre oramos. Pero más importante aún es que el texto de Macabeos indica que los judíos creían en un estado en que se encuentran algunos pecadores hasta que se expíen sus pecados.
[3] En Mt 5,24-25 Jesús es más explícito sobre el purgatorio. No se ha de olvidar que Cristo pronunció estas palabras durante el Sermón de la montaña.
Es el sermón en el que nos habló del cielo (v 20), infierno (v 29-30), pecados mortales (v 22) y veniales (v 19). Todo esto indica que el Reino de los cielos es la meta definitiva (vv 3-12). Precisamente en medio de este discurso, Cristo dijo: "ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo". Notemos que esta cárcel es un lugar de castigo, donde la reparación se hace por las ofensas cometidas.
Se podría objetar ahora que en los evangelios no hay distinción entre pecados mortales y veniales, y que Cristo no habla de una prisión espiritual después de la muerte sino de una cárcel física antes de la muerte. ¿No nos estará enseñando sólo a vivir sabiamente en esta vida? ¿Acaso no nos aconseja más bien que nos reconciliemos con nuestros enemigos ahora, para que no paguemos las consecuencias de la cárcel luego?
Bien, Cristo es bastante claro en cuanto al tema del pecado mortal y venial. En Mt 5,19 dice el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos". Éstos son los pecados veniales. Una persona puede no observarlos y enseña a los demás a hacer así, e ir de todos modos al cielo. Pero en el v 22 dice que todo el que llame a otro "renegado" será reo de la gehenna de fuego". Y en los vv 29-30 Jesús nos advierte contra contra el quebrantamiento del 9º Mandamiento. ¿Por qué? Porque todo el que lo quebrante será arrojado al infierno. No se pueden buscar mejores definiciones para los pecados mortal y venial.
En cuanto a que "cárcel" se refiere a esta vida, ¿qué decir del contexto? Mt 5 versa de la eternidad. Cristo dice que si no amamos a los enemigos, ¿qué recompensa tendremos (v 46)? Luego, conforme continúa el sermón, aclara muy bien que tales recompensas no son de este mundo. Son tesoros en el cielo (6,19) y "recompensas de vuestro Padre que está en el cielo" (6,1). Asimismo, san Juan 20,31 señala que su evangelio se ha escrito para que creyendo "tengamos vida eterna". Ello sugiere que la Escritura ha de verse en el contexto de la total realización en el mundo futuro. Nuestra vida presente es "puro vapor, que hoy aparece y que mañana se marchita" (Santiago 1,17). Así pues, cabe preguntarse por qué han de descubrirse principios eternos en las palabras de Cristo durante el sermón de la montaña menos en este caso.
El contexto es obvio. Jesús está hablando de cosas espirituales, recurriendo a un ejemplo conocido en su tiempo sobre la cárcel, a fin de relacionarlo con una realidad espiritual más profunda. Las parábolas son sus ejemplos más notorios. La "cárcel" es una imgen que resultaba familiar a los oyentes de Cristo sobre la verdad del purgatorio como "estado" (lugar) de castigo tanto temporal como de reparación.
Se podría decir que Jesús se refería al infierno y no al purgatorio, y que la expresión "no saldrás de allí hasta que hayas pagado hasta el último céntimo" indicaría que de hecho no se puede salir de ahí, pues el precio por el pecado es impagable.
Sin embargo, no es eso lo que el texto dice: la imagen de Cristo se refiere a un castigo temporal y no eterno y como expiación para un pueblo que creía firmemente en este concepto [cf Pr 6,30-31: "No se desprecia al ladrón si roba para saciarse cuando tiene hambre; mas cuando es sorprendido, paga siete veces; tiene que dar todos los bienes de su casa"]. En tal caso, se ha de decir que Jesús no era un buen maestro, ya que recurre a dicho ejemplo no para hablar del purgatorio sino del infierno eterno. No dice, de hecho que se trata de un castigo "eterno". Cuando Cristo habla del infierno, se sabe perfectamente que habla del infierno. Así, la mayoría de lo que se sabe del fuego del infierno, se debe a que salió de los labios de Cristo. Y es bastante explícito cuando dice que es "eterno" (cf Mt 5,24-25). El término griego para prisión "phylake" es la misma que emplea 1Pe 3,19 para describir el sitio al que descendió Jesús tras su muerte para liberar a los espíritus creyentes del AT que lo estaban aguardando. Es
[4] Asimismo, 1Cor 3,11-15 es uno de los pasajes más claros para hablar del purgatorio:
"Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo. Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego".
Se podría objetar que este texto no habla del purgatorio, sino del juicio final... No hay duda que el texto habla del juicio; sin embargo, se aplica tanto al juicio particular como al final. Ambos son juicios, y este texto enseña algo sobre la naturaleza de ambos. Dejando de lado a qué tipo de juicio se hace referencia, no puede negarse que se habla claramente de un momento de juicio después de la muerte.
El texto dice que la calidad de la obra de cada cual la probará el fuego. El fuego en la Escritura se emplea de modo figurado para dos realidades: es agente purificador (Mt 3,11; Mc 9,49) y es agente abrasador (Mt 3,12; 2Tes 1,7-8). Es pues un símbolo conveniente para el juicio de Dios. Algunas de estas obras son quemadas y otras son purificadas según sea su cualidad. Es pues un estado en que se purifica o limpia. No puede ser el cielo, ya que hay imperfecciones que necesitan quemarse (Ap 21,27; Hab 1,13). No es el infierno, ya que en el cielo están los salvados. Es pues un juicio "purificador" que los cató
[5] ¿En 1Cor 3,11-15 se habla de purgar los pecados, pues sólo se habla de probar la obra por el fuego?
Parecería, en efecto, que el meollo del asunto es la recompensa para los creyentes por su servicio y no cómo su alma es purificada del pecado. Aquí los creyentes ven cómo sus obras son probadas por el fuego.
Sin embargo, los pecados son obras malas o imperfecciones: si estas obras no fueran pecados o imperfecciones, ¿por qué necesitan purificarse (Cf Mt 7,23; Jn 8,40; Gal 5,19-21. En segundo lugar, es imposible que una obra sea purificada fuera de la persona que la ha realizado: el obrar depende siempre del ser humano que es el sujeto de tal operación. Quien mata es un asesino... ¿Es que hay obras que flotan por ahí, separadas de la persona que las realiza? La idea de las obras separadas de las personas no tiene sentido, y contradice también el texto: el texto dice que las obras serán probadas por el fuego, pero si la obra sobrevive... él recibirá recompensa. Si la obra es quemada, él sufrirá una pérdida. Obviamente esto no es la salvación, sino sufrimiento real y experimenta una pérdida real, ya que no se puede separar el obrar humano del hombre. Finalmente, los creyentes no ven que sus obras se quemen y escapen del fuego. El texto en el v 15dice "se salvarán como por el fuego" (hôs dia pyrós). Esta es la defin
La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820: 1580).
La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7), habla de un fuego purificador: Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquel que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro (San Gregorio Magno, dial. 4, 39) [NCIC 1031].
Según 1Cor 3, tanto las obras del creyente como el creyente pasarán por el fuego purificador descrito por san Pablo, a fin de poder ser salvo, purificado y preparado para estar en presencia de Dios. Por lo tanto, las obras purificadas no se han de separar del que las realiza y contradice al texto el decir que sólo las obras son las que se purifican.
[Readaptado y del artículo de Tim Staples, revista Envoy No, 7.1.].