Salmos (Sal) 15

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SALMO 15

1 Salmo de David.

Señor, ¿quién habitará en tu santa Montaña?

2 El que procede rectamente y practica la justicia;

el que dice la verdad de corazón

3 y no calumnia con su lengua. El que no hace mal a su prójimo

ni agravia a su vecino,

4 el que no estima a quien Dios reprueba

y honra a los que temen al Señor.

El que no se retracta de lo que juró,

aunque salga perjudicado;

5 el que no presta su dinero a usura

ni acepta soborno contra el inocente.

El que procede así, nunca vacilará.

Salmos (Sal) 14

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SALMO 14

1 Del maestro de coro. De David.

El necio se dice a sí mismo:

«No hay Dios».

Todos están pervertidos, hacen cosas abominables,

nadie practica el bien.

2 El Señor observa desde el cielo

a los seres humanos,

para ver si hay alguien que sea sensato,

alguien que busque a Dios.

3 Todos están extraviados,

igualmente corrompidos;

nadie practica el bien,

ni siquiera uno solo.

4 Nunca aprenderán los malvados,

los que devoran a mi pueblo

como si fuera pan,

y no invocan al Señor?

5 Miren cómo tiemblan de espanto,

porque Dios está a favor de los justos.

6 ustedes se burlan de las aspiraciones del pobre,

pero el Señor es su refugio.

7 ¡Ojalá venga desde Sión la salvación de Israel!

Cuando el Señor cambie la suerte de su pueblo,

se alegrará Jacob, se regocijará Israel.

Salmos (Sal) 13

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SALMO 13

1 Del maestro de coro. Salmo de David.

2 ¿Hasta cuándo me tendrás olvidado, Señor? ¿Eternamente?

¿Hasta cuándo me ocultarás tu rostro?

3 ¿Hasta cuándo mi alma estará acongojada

y habrá pesar en mi corazón, día tras día?

¿Hasta cuándo mi enemigo prevalecerá sobre mí?

4 ¡Mírame, respóndeme, Señor, Dios mío!

Ilumina mis ojos,

para que no caiga en el sueño de la muerte,

5 para que mi enemigo no pueda decir: «Lo he vencido»,

ni mi adversario se alegre de mi fracaso.

6 Yo confío en tu misericordia:

que mi corazón se alegre porque me salvaste.

¡Cantaré al Señor porque me ha favorecido!

Salmos (Sal) 12

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SALMO 12

1 Del maestro de coro. En octava. Salmo de David.

2 ¡Sálvanos, Señor, porque ya no hay gente buena,

ha desaparecido la lealtad entre los hombres!

3 No hacen más que mentirse unos a otros,

hablan con labios engañosos y doblez de corazón.

4 Que el Señor elimine los labios engañosos

y las lenguas jactanciosas de los que dicen:

5 «En la lengua está nuestra fuerza;

nuestros labios no defienden, ¿quién nos dominará?».

6 «Por los sollozos del humilde y los gemidos del pobre,

ahora me levantaré –dice el Señor–

y daré mi ayuda al que suspira por ella».

7 Las promesas del Señor son sinceras

como plata purificada en el crisol,

depurada siete veces.

8 Tú nos protegerás, Señor,

nos preservarás para siempre de esa gente;

9 por todas partes merodean los malvados

y se encumbran los hombres más indignos.

Salmos (Sal) 11

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SALMO 11

1 Del maestro de coro. De David.

Yo tengo mi refugio en el Señor,

¿Cómo pueden decirme entonces:

«Escapa a la montaña como un pájaro,

2 porque los malvados tienden su arco

y ajustan sus flechas a la cuerda,

para disparar desde la penumbra

contra los rectos de corazón?

3 Cuando ceden los cimientos,

¿qué puede hacer el justo?»

4 Pero el Señor está en su santo Templo,

el Señor tiene su trono en el cielo.

Sus ojos observan el mundo,

sus pupilas examinan a los hombres:

5 el Señor examina al justo y al culpable,

y odia al que ama la violencia.

6 Que él haga llover brasas y azufre sobre los impíos,

y les toque en suerte un viento abrasador.

7 Porque el Señor es justo y ama la justicia,

y los son rectos verán su rostro.

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